Los otros “mártires” de la Guerra Civil española

Franco Queipo y cardenal Ilundain webBahamonde denuncia “la responsabilidad del clero beligerante”. Y sostiene que “El clero no ha sido perseguido en su calidad de representante de Cristo, sino por sus actos contrarios en absoluto a su ministerio y por su participación decidida en el conflicto en contra del pueblo”. Tras el golpe, uno de los primeros en visitar a Queipo de Llano fue el cardenal Ilundain. El 15 de agosto, en la misa de comunión general organizada por Falange, “el altar de la Virgen resplandecía rodeado de bayonetas… vi falangistas, que me constaba participaban en las matanzas, acercarse con gran fervor a la sagrada mesa”. Tras la procesión, con vítores continuos al general Queipo, el cardenal “animó a la lucha, implorando la protección de la Virgen para España y la rápida liberación de Madrid”.

Madrid, 21 de julio de 2010 (Por Trastevere).- De la historia de un pueblo pueden hacerse -y se han hecho y se hacen- diversas lecturas, sobre todo desde el lado de los vencedores. En España llevamos tiempo asistiendo a distintas campañas contra la Ley de Memoria Histórica, en contra de la búsqueda de “desaparecidos” enterrados en fosas comunes, y todo bajo la premisa de que no es bueno remover el pasado  cuando todavía quedan muchas heridas por cicatrizar. Mientras tanto la Iglesia católica sigue con las beatificaciones -ahora con más discreción y sin beatificaciones en masa en la plaza de San Pedro- de los denominados mártires de la Guerra Civil. Está en su derecho. Pero paralelamente conviene leer la otra historia -también los que la protagonizaron tienen su derecho al reconocimiento-, la de los horrores del otro lado, para no olvidar  y evitar, con ello, que  los viejos fantasmas del odio, del fanatismo y de la confrontación entre hermanos  vuelven a reproducirse. “Mártires” los hubo  en las dos Españas. Esta historia que me adjunta un asiduo seguidor del blog, es la del otro lado, la de los que no serán beatificados.

Un hombre que se bajó del Imperio

Por Braulio Hernández Martínez

En sus memorias, “Un año con Queipo de Llano (Memorias de un nacionalista)” Antonio Bahamonde cuenta que, el 18 de julio de 1936, tras conocer el golpe contra la República, sintió alegría: “un gobierno fuerte, pensó, pondría remedio a las continuas huelgas”. Él era un hombre conservador, “de temperamento profundamente religioso”, dueño de una pequeña editorial en Sevilla, que le permitía “vivir espléndidamente”. Pero, aunque “era feliz” en su catolicismo, confiesa que se sentía “más cerca de Dios en la cercana capilla, donde solía comulgar temprano, que en las fastuosas naves de la catedral”. Bahamonde, que no estaba adscrito a ningún partido, tras la atroz rebelión, fue a visitar a un viejo amigo: se había enterado que era el ayudante de campo del general Queipo de Llano. El antiguo amigo le dio un consejo: te conviene que te afilies a las milicias nacionales. 

Antonio Bahamonde se integró en las milicias. Empezó colaborando vigilando carreteras y cárceles. Después, los cementerios; presenciando escenas tan duras que incluso enfermó. Restablecido, fue a ver a su amigo y le soltó: “antes que aquello, prefiero ir al frente”. Dos días después, aquel le presentó al general Queipo; pero le previno: “no le comentes al general sobre la represión, ni del motivo por el que no quieres seguir colaborando con las milicias”. 

Tras el encuentro, Bahamonde fue nombrado Delegado de Prensa y Propaganda del “libertador de Andalucía”. En Andalucía y en Badajoz, vio la tragedia “en toda su intensidad”. Alternó con jefes de Falange, gobernadores, alcaldes, jefes de pelotones de fusilamiento. Y con curas como el de Zafra, “el pastor más querido del obispo”, que, pistola en cinto, presumía de “haber matado a más de 100 marxistas”. Cuenta que en Portugal –donde muchos republicanos españoles, refugiados, eran secuestrados  por guardias civiles “de la brigadilla Rebollo, de Sevilla”- un policía le informó del camión de la carne que “en los primeros meses del movimiento, salía todas las noches camino de la plaza de toros de Badajoz”. libro  portada un año con Queipo de Llano web

Gracias a los encargos de propaganda de guerra, su negocio editorial se incrementó. De los carteles (además del omnipresente retrato de Queipo),  destacaba uno: “águilas de alas desplegadas y la palabra repetida imperio, imperio”. Cuenta que una de las obsesiones del general Queipo era mostrar una situación de normalidad: los heridos que volvían del frente tenían restringido salir a la calle. Queipo puso fecha a la liberación, “inminente”, de Madrid: sería “el 25 de Julio”, el día de Santiago, patrón de España. Luego, el 15 de agosto, festividad de la patrona de Sevilla. Después, el 1 de octubre. Y, por último, antes del 10 de noviembre. Estaban tan seguros, que en el Ayuntamiento organizaron un lunch; y el Requeté organizó una expedición a la capital, “para celebrar una gran misa en la Puerta del Sol”. 

Testigo de primera fila, Bahamonde quiere remarcar que él “era uno de los españoles que había estado absolutamente en todas las capitales y pueblos en poder de los nacionales, entrando en la mayoría de ellos detrás de las tropas libertadoras”. Cuenta cómo, camino de Llerena a Azuaga, pudo contemplar los parajes donde, días antes, habían sido quemados montones de cadáveres de la “columna Sediles” (conocida como la “columna de los ocho mil”; civiles la mayoría, huían hacia el enclave republicano de Azuaga). “Me bajé del coche y me arrodillé ante uno de aquellos montones, rezando un padrenuestro”. En los dos días que estuvo en Azuaga, dice, “fusilaron a cuatrocientos y pico”. Camino de Alburquerque, uno de los escoltas del jefe de Falange, a los que acercó en su auto, le contó que “llevaba marcados cuatrocientos noventa y tres, incluido un primo hermano”. Aquel escolta era jefe de un pelotón de fusilamiento. Pero lo peor, según Bahamonde, fue en Gerena. “En las ciudades, el dolor, en cierto modo, se diluye… Para conocer en sus justos términos la matanza feroz cometida en Andalucía, hay que visitar los pueblos”. El propio Queipo tuvo que ordenar que no se fusilasen a los menores de quince años. 

Bahamonde describe la situación del siniestro patio número 3, de Jesús del Gran Poder: la cárcel más temida y conocida de Sevilla, donde él se cruzó, “muchas veces”, con los presos que esa noche serían fusilados. La víspera, “una dama catequista les preparaba con una plática” para morir cristianamente. De la tapia del cementerio de Córdoba, cuenta la “escena alucinante” vivida por un sacerdote cuando un preso, malherido tras la descarga, salió huyendo, refugiándose junto a él en el automóvil… Tras aquella ejecución, el sacerdote enfermó y pidió traslado. 

Oír al general Queipo de Llano en sus charlas radiofónicas “era un espectáculo”. Hablando del salvajismo republicano, el general contaba el prodigio de unas bombas, arrojadas sobre el Pilar de Zaragoza, que no estallaron, y cómo una de ellas, caída sobre la plaza, lanzó al aire adoquines que al caer formaron una frase: “¡Viva la Virgen del Pilar!”. En aquel ambiente de efervescencia del nacional catolicismo, ser acusado de masón implicaba lo peor. Es el caso de Fernando García de Leaniz, “de familia aristocrática relacionadísima y muy religiosa” a quien el propio delegado gubernativo lo tuvo en su casa detenido, para salvarlo. No fue posible: “los jesuitas no lo consintieron”. Pero a su familia le concedieron un privilegio, negado a los demás: una vez que oyeran las descargas, podrían ir a retirar el cadáver y llevárselo al panteón familiar (Edmundo Barbero, El infierno azul). 

Bahamonde denuncia “la responsabilidad del clero beligerante”. Y sostiene que “El clero no ha sido perseguido en su calidad de representante de Cristo, sino por sus actos contrarios en absoluto a su ministerio y por su participación decidida en el conflicto en contra del pueblo”. Tras el golpe, uno de los primeros en visitar a Queipo de Llano fue el cardenal Ilundain. El 15 de agosto, en la misa de comunión general organizada por Falange, “el altar de la Virgen resplandecía rodeado de bayonetas… vi falangistas, que me constaba participaban en las matanzas, acercarse con gran fervor a la sagrada mesa”. Tras la procesión, con vítores continuos al general Queipo, el cardenal “animó a la lucha, implorando la protección de la Virgen para España y la rápida liberación de Madrid”. 

Y es que, según Bahamonde, “muchos fusilamientos, se debían a los informes facilitados por los sacerdotes”. Pero también ensalza casos de “verdadero heroísmo”. Cita el caso de cura de Carmona, cuyo cadáver apareció en la cuneta. Por protestar contra los crímenes; y llamar “asesinos” a los falangistas. O el de dos confesores, del Corazón de María, que, “ante la monstruosidad de la muerte de tanto inocente” tuvieron el valor de ir a ver al capitán Díaz Criado, mano derecha de Queipo, y temible Delegado Gubernativo de Orden Público (“firmaba una media de sesenta sentencias de muerte diarias sin tomar declaración a los detenidos” y “siempre estaba ebrio”).  Ni les dejó terminar de hablar. Y aún tuvieron valor para ir a ver a Queipo. Éste les prometió que “tomaría medidas”. Pero “fueron trasladados, ocupando sus puestos los jesuitas: los más decididos propulsores de la rebelión”. 

El cardenal Ilundain falleció en mitad de la guerra. Su sucesor, el cardenal Segura, lo primero que hizo fue “organizar rogativas por el pronto triunfo de los nacionales”. Como creyente, Bahamonde sintió desasosiego y desorientación: “Los hechos que yo he visto realizar con el beneplácito y la bendición de la Iglesia, de su más caracterizados representantes, y la cantidad de crímenes cometidos para los que nunca, en ningún caso, han mantenido la más ligera insinuación de protesta, es lo que ha hecho vacilar mi fe…”. Sobre la represión en ambos bandos, Bahamonde afirma que “No hay punto de comparación entre la represión organizada y dirigida desde el poder por los ‘nacionalistas’ y lo que hizo el pueblo desbordando a las autoridades y las autoridades mismas con medidas de defensa extraordinaria antes las extraordinarias circunstancias de la rebelión”. 

Testigo de aquella locura: “he visto muchísimas veces los cuervos que, ahítos de carne, no podían volar”; abrumado por “tantas escenas de crueldad infinitas”, Bahamonde (que confiesa que estaba convencido del triunfo de los nacionales: “ya había caído todo el frente del Norte…”), urdió un plan para huir: “un sólo pensamiento, convertido en obsesión, me dominaba: huir, huir lejos; que mi voz clamando justicia para tanto crimen, se alzara en los países libres…”.  Con el beneplácito de Queipo, planificó un viaje, de propaganda, a Lisboa: “para explicar las bondades del Régimen”. Desde allí, embarcó vía Rotterdam. De Bruselas, voló a Argentina. 

“Todo lo que en este libro se relata, lo he vivido. Lo he visto y lo he comprobado. Si por mi cargo no hubiera tenido que recorrer los pueblos, este libro no se hubiera escrito”. Cuenta que, en Granja de Torre-Hermosa (Badajoz), tomando una cerveza, vivió una escena que le conmovió. Un niño, descalzo y semidesnudo, se le acercó a pedirle una limosna. Supo, por el camarero, que aquel niño era hijo del médico de pueblo, fusilado por socialista. “Sentí compasión y odié al fascismo más que todos los asesinatos”. 

Braulio Hernández Martínez.

Información relacionada en este blog:

http://blogs.21rs.es/trastevere/2009/07/25/bajarse-del-caballo-de-los-vencedores/

11 Responses to “Los otros “mártires” de la Guerra Civil española”

  1. La palabra “mártir” quiere decir “testigo” y en la Iglesia tradicionalmente ha significado uno que ha muerto como testigo de la fe cristiana debido a “odium fidei”. En los últimos tiempos parece que se ha ampliado este concepto tradicional incluyendo a personas como Santa María Goretti o San Maximiliado Kolbe como mártires. En Irlanda en el siglo XVII ha habido un número notable de “mártires”. Debido en parte a que algunos tienen la duda de si murieron por la causa nacional o no por “odium fidei”, ha habido más bien pocas beatificaciones. Es cierto también que después de tres siglos es más difícil establecer los hechos. La Iglesia no se dedica a declarar mártires a víctimas de represión de tipo política o a personas que murieron aunque víctimas de persecución por una conciencia erróneo. Los santos y beatos tienen que ser ejemplos de vida cristiana. Uno que en siguiendo una conciencia errónea, como pudiera haber sido un Savoronola o Giordano Bruno u otros no pueden ser declarados mártires, aunque según la doctrina de la Iglesia el que sigue su conciencia invenciblemente errónea se salva.

    Se hace un mal servicio a los verdaderos mártires con el empleo impropio del término a mi juicio. Por lo tanto, creo que habría que evitar la noción de “mártires de la Guerra Civil Española”, pues los verdaderos mártires beatificados no parece que se hayan involucrado en esa guerra, sino que murieron por odio a la fe cristiana en ocasión de esa guerra, muchos antes de que estallara. Que haya habido muchas matanzas extrajudiciales de parte de ambos bandos parece irrefutable, pero lo mártires beatificados no formaban parte de ninguno de los dos bandos. Si no hubiera sido así simplemente no se les hubiera beatificado. Como al parecer sucedió, algunos católicos sufrieron muerte o persecución de parte de la banda de Franco, para que se les pudiera declarar mártires se tendría que demostrar que murieron por odio a la fe cristiana, aunque tal vez su muerte haya sido resultado de olvido de la justicia y la moral cristiana de pàrte de los de la banda nacional. En fin, el ser humano es muy complicado y más cuando se trata de una guerra civil.

  2. Estoy investigando los informes de los párrocos en los expedientes de reponsabilidades políticas. Decir que muchos fusilamientos se debian a estos informes es excesivo. Se realizaban a petición del juez militar y se añadían a los realizados por el alcalde, la falange y la guardia civil. Muchos respondian a preguntas sobre bienes de fusilados, es verdad que otros respondian a cuestiones políticas y de moral. Es interesante observar las diferencias. Los hay que colaboran abiertamente y otros en los que responden sin mucha alegria como un trámite.
    Transcribo uno:
    En contestación a su atento oficio de fecha 10 de los corrientes se complace en comunicarle que Juan A….. R…… ha observado siempre buena conducta moral y religiosa, durante la dominación marxista salvó escondiéndolo en un huerto de su propiedad el tesoro de la Iglesia.
    Posee un molino de aceite.
    Dios le guarde a V. muchos años.
    V…..,10 de mayo de 1941
    El cura-arcipreste

    A éste quizá lo salvó el cura.
    Saludos,
    Beatriz

  3. ¿Han investigado alguna vez sobre la veracidad de la matanza en la plaza de toros de Badajoz o basan sus conjeturas en meras fantasías publicadas en aquellos años como propaganda de guerra?

    Ningún periodista de los muchos que estuvieron en Badajoz vieron esos fusilamientos en la plaza de toros y a excepción de dos franceses, de ideología comunista, todos los demás cifran la bajas republicanas entre 500 o 600 personas, la mayor parte de ellas a consecuencia de los bombardeos y el ataque.

    Por si les interesa, tres investigadores de Badajoz han sacado a la luz un montón de artículos y fotografía inéditas hasta ahora que demuestran que todo eso fue mentira

    Para más información http://franciscopilo.blogspot.com/2009/05/la-plaza-de-toros-de-badajoz-i-parte.html

    El título del libro es La matanza de Badajoz ante los muros de propaganda

  4. Ya salió la ideología comunista. ¿Quiénes son todos los demás periodistas?. Como dice muy bien Trastevere la historia se escribe y se puede escribir de distintas maneras… lo que no quiere decir que me parezca una postura ética.
    Me parece además que el libro que comenta Braulio Hernández no se centra precisamente en la “matanza de Badajoz” sino que llega más lejos y aborda otro problema que es el que yo opino que lo ha traigo a este blog: las beatificaciones de los denominados mártires de la Guerra Civil y la posición de la Iglesia catóilica en el fraticidio, sin olvidarnos de las dos Españas que algunos todavía pretenden resucitar y de la que no es culpable precisamente la Ley de la Memoria Histórica.

  5. Y ¡ojito! con el link al que nos remite Fernando, eso sí que es pura propaganda y no precisamente soviética

  6. En Plena contienda, el propio general Yagüe confesó al corresponsal de guerra John T. Whitaker que llevó a cabo una matanza indiscriminada en Badajoz: “Claro que los fusilamos. ¿Qué esperaba? ¿Suponía que iba a llevar 4.000 rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contra reloj? ¿Suponía que iba a dejarles sueltos a mi espalda y dejarles que volvieran a edificar una Badajoz roja?”. El historiador Paul Preston, también acusa a Yagüe de ser responsable directo de al menos 4.000 fusilamientos en Badajoz. Para ello se basa en muchos testimonios directos que padecieron en primera persona la masacre….”. (www.elplural.com/politica/detail.php?id=44211)

  7. Esa entrevista ha quedado demostrada que nunca se realizó y fue una invención de Whitaker, lo mismo que la falsa e inventada crónica que envió el periodista Jay Allen, que no estuvo en Badajoz y pese a eso Paul Preston, Espinosa Maestre y otros autores las dan como verídicas.

  8. no estoy seguro si fue a Yagüe a quien el propio Franco le dijo que donde había alguien meando sangre allí estaba él. Lo cierto es que hubo abusos en ambas zonas, las guerras traen estas consecuencias y como dijo Gil Robles no fue posible la paz.

  9. Las monjas de clausura asesinadas por las turbas de 1936, quienes no habían salido de sus conventos años ha, ¿También fueron asesinadas en palabras del Sr. Bahamonde “por sus actos contrarios en absoluto a su ministerio y por su participación decidida en el conflicto en contra del pueblo”?

  10. asesinatos en los dos lados,,no justificar por que era la rebelion y tal y tal,,,,
    hijo putas en los dos lados,,si ahora pasa igualmenos mal que sin asesinar,,,,
    y no confundamos el fascismo con el franquismo..
    muy parecido al comunismo y socialismo,,,,
    si pudieran totalitarismo total.
    ni me convences tu,y tampoco los otros,
    trabajo para vivir,no para engañar a los que no se an leido un libro en la vida,,,
    de todas formas si no esta retocado lo que dice o escribe la persona que tu dices,,
    es interesante ,pero cobarde lo era el tio de cojones,
    no como el cura que se encontraron muerto en la carretera,,,,,
    ese si que era un heroe,se atevio a discrepar de esos asesinatos,,no vivir del cuento como hizo el.
    mucho rezar y escondido bien estas.

  11. He leido el libro de Bahamonde y no solo es verdad lo que dice sino que tiene su mérito dejar su puesto, negocios y familia y exiliarse por no estar de acuerdo con la actitud y comportamiento de los sublevados fascistas. Poner en duda la matanza de Badajoz es producto del cínismo de los revisionistas como Cesar Vidal y el ex-grapo Pio Moa y eso solo se combate con una lista con nombres y apellidos de todas los fusilados que esta publicada en varios libros y ante eso no hay nada que pueda ocultarse.

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