Labordeta, en la plenitud

labordeta2José Antonio Labordeta tenía en común con Miguel Delibes sus preocupaciones sociales como la defensa del débil y del mundo rural que se despuebla. Como ocurrió aquella tarde noche, en la eucaristía, el día del entierro de Miguel Delibes, también (esta vez sin nosotros saberlo) Labordeta se hacía “presente”, anticipadamente, a través de una canción convertida en su seña de identidad.

Madrid, 20 de septiembre de 2010 (Por Trastevere).- El cantautor, político y escritor José Antonio Labordeta ha fallecido este domingo en Zaragoza a la edad de 75 años tras una larga enfermedad, según informó la Chunta Aragonesista (CHA), partido con el que Labordeta fue diputado en el Congreso durante dos legislaturas (2000-2008). Su capilla ardiente ha sido visitada por miles de personas que querían darle su último adios y acompañar y dar el pésame a los familiares por tan inestimable pérdida.

Como homenaje a este hombre sencillo, íntegro, comprometido, que siempre luchó por los valores, tradiciones y cultura de su tierra y por la libertad, traemos aquí un artículo de Braulio Hernández Rodríguez, amigo y habitual de este blog, que bajo el título “Labordeta, en la plenitud“, ha publicado hoy en Ecclesalia.

Labordeta, en la plenitud

Por Braulio Hernández Martínez

Cuando en la noche del sábado al domingo, sobre la 1’45, yo conectaba la radio con la que me suelo dormir, esa emisora anunciaba, en primicia, la noticia de la muerte de José Antonio Labordeta. Hacía poco más de dos horas que, casualmente, habíamos entonado (en la eucaristía) la canción más representativa del carismático y polifacético cantautor aragonés: su famoso “Canto a la libertad”. No pude por menos de coger el móvil y enviarle un escueto SMS a Cinta, comunicándole la noticia. No parecería casual que ella hubiera pedido cantar, precisamente esa canción que cantamos, como dice el refrán, de pascuas a ramos, a la misma hora que Labordeta estaba agonizando. La petición surgió tras la escucha y puesta en común de lo que nos decían las lecturas litúrgicas del día.

Esa canción de Labordeta, el “peregrino que iba buscando nuestras raíces, dando voz a esos campesinos, pastores, y amas de casa sin voz…”, venía como anillo al dedo a las tres lecturas: la denuncia social del profeta Amós (tan actual en una Europa donde se hacen deportaciones de ciudadanos europeos, porque no tienen recursos); la de S. Pablo pidiendo sabios gobernantes; y el evangelio, con la parábola del “dinero injusto”: una denuncia contra el dios dinero del neoliberalismo.

José Antonio Labordeta tenía en común con Miguel Delibes sus preocupaciones sociales como la defensa del débil y del mundo rural que se despuebla. Como ocurrió aquella tarde noche, en la eucaristía, el día del entierro de Miguel Delibes, también (esta vez sin nosotros saberlo) Labordeta se hacía “presente”, anticipadamente, a través de una canción convertida en su seña de identidad. El día del entierro de Miguel Delibes, en todas las iglesias del planeta se escuchaba el salmo 34: el mismo que el autor vallisoletano plasmó en su novela, El Hereje, cuando narra el encuentro del protagonista principal (acabaría “quemado” en la hoguera) en aquella comunidad clandestina de su Valladolid. También, ayer por la noche, mientras Labordeta agonizaba, en el hospital Miguel Servet (nombre de otro quemado ilustre, éste por la Inquisición protestante), entonábamos su canción más universal: su Himno a la libertad. A esa hora, Labordeta ya estaba preparando su otra mochila. Hacia la plenitud.

Canto a libertad

 (José Antonio Labordeta)                   

Habrá un día en que todos       
Al levantar la vista       
Veremos una tierra       
Que ponga libertad (bis)   

Hermano aquí mi mano            
Será tuya mi frente      
Y tu gesto de siempre
Caerá sin levantar        
Huracanes de miedo    
Ante la libertad            

Haremos el camino      
En un mismo trazado   
Uniendo nuestros hombros      
Para así levantar          
A aquellos que cayeron           
Gritando libertad          

Sonarán las campanas
Desde los campanarios
Y los campos desiertos
Volverán a granar

2 Responses to “Labordeta, en la plenitud”

  1. […] More: El Trastevere » Labordeta, en la plenitud […]

  2. Un hombre inigualable. Una gran pérdida.
    Descanse en paz.

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