El tercer secreto

Libro Portada Juan Pablo I casoabierto2 web“La muerte de Albino Luciani, Papa Juan Pablo I -en 1978, al mes de su elección- es uno de los grandes misterios del siglo XX. Interrogantes elementales quedaron sin verdadera respuesta: ¿de qué murió Juan Pablo I?, ¿cuál fue realmente su figura?, ¿hubo cambio de rumbo en la Iglesia? Treinta años después, el caso sigue abierto. El juicio no se ha hecho donde tenía que hacerse, pero el juicio está en la calle”.

Madrid, 29 de septiembre de 2010 (Por Trastevere).- Jesús López Sáez es uno de esos sacerdotes comprometidos hasta la médula en su pastoral, líder y fundador de la Asociación de Fieles Comunidad Ayala en Madrid, y uno de los autores valientes que más ha investigado sobre las extrañas circustancias que rodearon la muerte de Albino Luciani, Juan Pablo I, y las luchas de poder en la curia vaticana durante el pontificado de Luciani y el de su sucesor, Juan Pablo II.

El pasado año, Jesús López Sáez publicó un nuevo libro “Juan Pablo I: Caso abierto”

http://www.comayala.es/index.php?option=com_content&view=section&layout=blog&id=3&Itemid=41#ddc2

 mientras que el pasado domingo publicó un artículo “El tercer secreto” en la web de la Comunidad Ayala, http://www.comayala.es/,  en el  que aporta nuevos datos sobre la vida de Luciani y el denominado “tercer secreto de Fátima”.

Por su interés reproduzo parte de dicho artículo, fruto de una exhaustiva investigación de Jesús López Sáez, y que estoy seguro no dejará indiferentes a ninguno de los seguidores de este blog:

EL TERCER SECRETO

Escrito por Jesús López Sáez

Fátima medium_lucia-francisco-jacinta webDomingo, 26 de Septiembre de 2010 

Durante cuatro años, del 78 al 81, recorrí varias veces la ruta de la peregrinación, dando cursos de catecumenado en Lisboa, Fátima y Coimbra. En Lisboa, en la parroquia de Fátima, pregunté al cardenal Ribeiro cómo podía entenderse la muerte de Juan Pablo I, cuya elección nos había parecido providencial. No había respuesta. En Coimbra pregunté al obispo si era posible hablar con sor Lucía (1907-2006). Como era de esperar, no lo era. La religiosa se había encontrado con el cardenal Luciani en julio del 77. Algunos interrogantes eran estos: ¿Por qué quiso sor Lucía hablar con el cardenal?, ¿qué le dijo?, ¿le habló del tercer secreto? Otros interrogantes son: ¿El tercer secreto estuvo bien guardado?, ¿era conocido en diversos medios?, ¿ha sido engañosamente utilizado? 

El secreto del siglo   

11 de julio de 1977. Con motivo de una peregrinación de la diócesis de Venecia a Fátima, el cardenal Luciani se encuentra con sor Lucía en el monasterio de Coimbra. La religiosa desea ardientemente hablar con el cardenal. Al comienzo están presentes la Priora y la señora Olga de Cadaval, de la nobleza veneciana, que ayuda a sor Lucía en la traducción de la correspondencia y es una preciosa colaboradora suya.

Luisa Vannini, animadora de la peregrinación, informa: “El coloquio duró dos horas. El cardenal llegó con mucho retraso al restaurante donde estaban los vénetos. Yo estaba sentada casi frente a él. Dijo poquísimas palabras, bromeó sobre el coloquio con sor Lucía, comió poco y deprisa. Noté una fuerte palidez y una viva emoción en su cara”. Mientras salía del restaurante para subirse al coche que la señora De Cadaval le había puesto a su disposición para volver a Lisboa, Luciani comentó: “Sor Lucía me ha dejado un grave pensamiento en el corazón. Ahora no podré nunca olvidar Fátima”.

Hugo Padoan, que también participó en la peregrinación, recuerda que, antes de comer, el cardenal se levantó y les dijo: “Esta monja pequeñita, pero grande, en el diálogo me llamaba Santidad; aunque yo le decía que era un simple cardenal, ella seguía dirigiéndose con gran respeto e, inclinándose, me decía: ¡Santidad! Nada me ha revelado”. Al cardenal le preguntaron si sor Lucía le había hablado del tercer secreto. Contestó que no.

El cardenal comentó después: “Sor Lucía es una mujer extraordinaria, fuerte y segura. Tiene el temple de los campesinos. Tiene una memoria prodigiosa. Habla con frases breves, entrecortadas, que van derechas al corazón de los hechos y de los  problemas”, “el interés apasionado que, al hablar, revela por todo lo que se refiere a la Iglesia de hoy con sus problemas agudos, muestra en ella juventud espiritual”.

Septiembre de 1978. El Papa Luciani comenta a su consejero teológico, don Germano, el encuentro con sor Lucía: “Un hecho que me ha turbado durante un año entero. Me ha quitado la paz y la tranquilidad espiritual. Desde aquel día no he olvidado jamás Fátima. Aquel pensamiento se había convertido en un peso en el corazón”, “ahora la previsión de sor Lucía se ha cumplido, estoy aquí, soy el Papa”.

Y de su muerte ¿no le dijo nada a don Germano? Le dijo esto: “Debo ser apóstol de verdad y de misericordia, de unidad, de paz y de justicia, y si Dios lo quiere, daré mi vida, incluso ya, por la Iglesia y por el mundo”, “me siento y soy más pobre que antes. Soy el instrumento de un designio de Dios que me supera y me trasciende. Por cuánto tiempo, no lo sé. Pero no será por mucho. Ya hay uno que tomará mi puesto. En el Cónclave estaba frente a mí. Pablo VI lo había preconizado cuando le escuchó en las meditaciones tenidas en el Vaticano durante los ejercicios espirituales en la cuaresma de 1977”, “hay días y horas en que revive en mí el deseo de volver al Padre. Teresa de Ávila un día dijo a Jesús: Señor, ya es hora de que nos veamos. Siento que el día se avecina. Ahora ya no tengo el pensamiento que me pesaba en el corazón como después del coloquio con sor Lucía en el monasterio de Coimbra. La previsión se ha cumplido. Acepto todo con confianza y alegría. Me abandono en Dios”. Como veremos después, Juan Pablo I conocía el contenido del tercer secreto.

Juan Pablo I tomó decisiones importantes y arriesgadas. Por ejemplo, terminar con los negocios vaticanos, cortar la relación del Banco Vaticano con el Banco Ambrosiano, destituir al presidente del Banco Vaticano (Marcinkus), hacer frente a la masonería y a la mafia.

Agosto de 1984. El cardenal Ratzinger, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, conoce el tercer secreto, pero no se muestra partidario de publicarlo: “Publicar el tercer secreto significaría también exponerse a los peligros de una utilización sensacionalista de su contenido”.

Agosto de 1993. Se publica esto: “La vidente de Fátima profetizó la muerte de Juan Pablo I”. Lo revela Eduardo Luciani al semanario “Il Sabato”. Sor Lucía le dijo a su hermano “que iba a ser elegido Papa y que su muerte sería inminente”. Eduardo dijo también: “Mi hermano salió descompuesto. Cada vez que aludía a aquella conversación, se ponía pálido”(28-8-1993).

La previsión de que el cardenal sería elegido Papa no suponía ninguna sorpresa para la familia. Lo comentó Eduardo unos años antes en el semanario “Gente”: “Para mí, para toda mi familia, la elección de Albino no fue una sorpresa. Conocíamos las opiniones de diversos cardenales, en Venecia habíamos visto a Pablo VI quitarse la estola y ponerla en los hombros de mi hermano, un gesto que equivalía a una investidura pública” (21-6-1985). La previsión de que su muerte sería inminente sí constituía una sorpresa para la familia. Ahora bien, para Eduardo se trataba de una “muerte natural”. No se la relacionaba con el tercer secreto.

Septiembre de 1993. En la revista “30 Giorni” el Dr. Da Ros, médico de Luciani, afirma, entre otras cosas, que el Papa estaba bien y que aquella tarde no le recetó nada: “Todo era normal”, “el Papa había pasado la jornada como acostumbraba”, “aquella tarde yo no le prescribí absolutamente nada, cinco días antes lo había visto y para mí estaba bien. Mi llamada fue rutinaria, nadie me llamó a mí”.

Octubre de 1995. Tengo la oportunidad de conversar en su casa de Sintra (cerca de Lisboa) con la señora. Olga de Cadaval, colaboradora de sor Lucía. Me interesa lo que pueda decir del encuentro que el cardenal Luciani tuvo con sor Lucía en el monasterio de Coimbra. La señora De Cadaval dijo que ella estuvo sólo diez minutos y que salió cuando empezaron a hablar de cosas del Vaticano. Le pregunté si era posible hablar con sor Lucía. Me dijo que no. Podía celebrar una eucaristía en el monasterio y darle la comunión, pero no se trataba de eso. Se la veía muy agradecida a Salazar, cuya dictadura (como la española) cayó antes que la rusa. Aproveché la ocasión para entregarle mi libro “Se pedirá cuenta”. Pude saber después por María Germana Tánger, muy amiga suya, que a la señora De Cadaval le había gustado mucho.

Camilo Bassotto me comentó por carta: “La señora Olga de Cadaval sabe ciertamente por sor Lucía lo que ha pasado entre sor Lucía y Luciani en el coloquio. Me lo dio a entender a mi personalmente, tomándome la palabra de que nunca hablaría o escribiría de ello” (10-2-1996). Pero ¿qué es lo que había que ocultar?

Diciembre de 1996. Muere la señora De Cadaval. Nos enteramos el día 28 por un recorte de la prensa portuguesa que ponemos sobre la mesa de la eucaristía. Estaba presente Dinah, que había venido de Lisboa a celebrar la Navidad con nosotros y que me había acompañado en el encuentro con la señora de Cadaval. El evangelio del día era el de la profetisa Ana (Lc 2,22-40), viuda y anciana. Nos pareció que, en cierto modo, la señora De Cadaval nos devolvía la visita.

Junio de 1998. En Roma pude hablar con Giovanni Gennari, que conocía personalmente a Luciani y era amigo de don Germano, consejero teológico de Juan Pablo I. Me confirmó lo publicado por él en 1987, o sea, que se le hizo la autopsia al Papa Luciani y que “por ella se supo que había muerto por la ingestión de una dosis fortísima de un vasodilatador recetado por teléfono por su ex médico personal de Venecia”, que “el Papa debió equivocarse y tomó una dosis altísima que le provocó un infarto fulminante” (25-10-1987). La autopsia se habría realizado “dos días después”. Nunca he creído, le dije, que el médico personal de Juan Pablo I, el Dr. Da Ros, le recetara una medicina contraindicada. Además, el doctor Da Ros se había manifestado al respecto: el Papa estaba bien y aquella tarde él no recetó nada.

13 de mayo de 2000. En Fátima, Juan Pablo II da a conocer el tercer secreto. Lo hace el cardenal Sodano, secretario de Estado. Lo presenta en síntesis y de este modo: “Un obispo vestido de blanco que reza por todos los fieles cae a tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego. El obispo vestido de blanco que ora por todos es el Papa. También él, caminando con fatiga hacia la cruz cayó a tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego”, “tras el atentado, a Su Santidad le pareció claro que una mano materna había guiado la trayectoria de la bala, permitiendo al Papa agonizante detenerse ante el umbral de la muerte”.

En la visita que le hizo monseñor Bertone unos días antes, el 27 de abril, dijo sor Lucía: “Yo he escrito lo que he visto, la interpretación no me compete a mí, sino al Papa”. Y el Papa se apropia el tercer secreto.

El abad Georges de Nantes, fundador de la Liga de la Contra-Reforma Católica, un movimiento tradicionalista vinculado a Fátima, no podía creer lo que veían sus ojos: “el falso secreto de Sodano” y , mientras tanto, sor Lucía “serena y feliz”, “estaría drogada”, “sus demostraciones públicas de devoción al Santo Padre parecen constituirla, a los ojos del mundo entero, garante de la impostura”.

26 de junio de 2000. El cardenal Ratzinger, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, da a conocer el texto íntegro del tercer secreto. Un obispo vestido de blanco (el Papa) sube (con otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas) a una montaña, en cuya cima hay una gran cruz: “Antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas un poco tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba en el camino. Llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron, unos tras otros, los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y personas laicas, hombres y mujeres de varias clases y posiciones”.

Es preciso hacer algunas observaciones:

* En la versión original, el obispo vestido de blanco no cae “como muerto”, según se dijo el mes anterior, sino que “fue muerto”. Ciertamente, una diferencia sustancial.

* La imagen que describe la visión recuerda los bombardeos de Roma durante la segunda guerra mundial. El más conocido se produjo el 19 de julio de 1943 en el barrio de San Lorenzo. Los muertos fueron 200. Cuando aún sonaban las sirenas de alarma, Pío XII fue a confortar a los heridos, a orar por las víctimas y a ayudar a quienes se habían quedado sin hogar. El Papa dio la bendición en medio de las ruinas. Su sotana blanca aparecía manchada con la sangre de las víctimas inocentes. Pero los bombardeos eran anglo-norteamericanos, no rusos. Un ataque ruso semejante no ha llegado a suceder.

* A petición del obispo de Leiría, José Alves Correia da Silva, sor Lucía pone por escrito la tercera parte del secreto a comienzos de 1944. Su contenido no podía ser divulgado antes de 1960.

* A la luz del tercer secreto, la muerte inminente del Papa Luciani ha de interpretarse como una muerte violenta. Esto sí que era para ponerse pálido. Esto había que ocultarlo a toda costa. El asesinato del Papa es precisamente la clave del tercer secreto.

* El abad de Nantes afirma en su boletín: la publicación del tercer secreto confirma la tesis de David Yallop. Juan Pablo I fue asesinado. El abad recoge el testimonio de don Germano sobre la previsión de sor Lucía de que Luciani sería Papa, el testimonio del doctor Da Ros sobre la buena salud de Juan Pablo I (nov-dic 2000) y una síntesis de mi libro “Se pedirá cuenta”: “Juan Pablo I, mártir de la purificación de la Iglesia” (feb 2001).

* Según Loris Capovilla, anciano arzobispo que fue secretario de Juan XXIII, el tercer secreto le llega al Papa Roncalli el 17 de agosto de 1959 y lo abre una semana después. Dice el arzobispo: “Yo estaba presente. Estaban también los jefes de la Secretaría de Estado y del Santo Oficio, y otras personas”. Estaban los cardenales Tardini y Ottaviani y, entre otros, Pietro Parente, uno de los más estrechos colaboradores del cardenal conservador Alfredo Ottaviani.

* Loris Capovilla, viejo amigo de Albino Luciani, declaró el 13 de mayo de 2000 que “el Papa de la sonrisa” en el texto del secreto “había creído leer algo que le afectaba”. Por tanto, Juan Pablo I se dio por aludido. El dato lo recoge Andrea Tornielli en su libro sobre Fátima (2000).

* El tercer secreto era conocido también en ambientes diplomáticos americanos e ingleses. Se especulaba con la Tercera Guerra Mundial, en la que serían aniquiladas varias naciones: “Antes de que eso suceda, el Papa reinante habrá sido asesinado”, escriben en 1983 Gordon-Thomas y Morgan-Witts en su libro “Pontífice”…..

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Al artículo completo puede accederse en el siguiente link: http://www.comayala.es/index.php?option=com_content&view=article&id=394:el-tercer-secreto&catid=107&Itemid=48

 

22 Responses to “El tercer secreto”

  1. Siempre que leo cosas del tercer secreto de Fátima, y de la muerte del Papa, yo no lo entiendo de modo literal, sino que se trata de una metáfora.
    .
    Está próximo el tiempo en el cual la Iglesia, tal y como la conocemos hoy, desaparecerá, eso simboliza la muerte del Papa, y nacerá otra nueva Iglesia, sobre renovada y más evangélica. Os recuerdo las profecías de Malaquías, Benedicto es el penúltimo Papa, que sólo otro. No quiere decir que se acabe el mundo, quiere decir que se acaba la Iglesia tal y como la conocemos hoy. Vendrá un nuevo Pedro.

  2. La Santa Sede nunca ha sido capaz de dar una explicación razonable y creible sobre la muerte ¿asesinato? de Juan Pablo I, ni ha sido capaz de responder con argumentos sólidos a las innumerables denuncias e insinuaciones que se han venido vertiendo sobre el caso en múltitud de libros y artículos.
    Jesús Saez se ha atrevido a llegar donde pocos habían llegado y a cuestionar toalmente la versión oficial, en una posición difícil por ser sacerdote, y ahí están sus libros para demostrarlo como el que tiene bajo el título “Se pedirá cuenta”.
    La muerte de Luciana es uno más de tantos nubarrones negros que cuestionan la “santidad” de la institución
    ¿Se sabrá algún día la verdad?

  3. no creo que se vaya a saber la verdad….qué pena tanto nubarrón

  4. Como complemento al artículo, en la página principal de la Web de la Comunidad de Ayala (wwww.comayala.es), en la sección “enlaces”, se puede acceder a una interesante Presentación en Powr Point : “Muerte y figura de Juan Pablo I” . Son 40 diapositivas que contienen una interesante información gráfica y de artículos.

  5. He leído esas profecías Emilio…
    Y me sorprende el cómo se han cumplido.
    Las leí antes de que saliera BXVI y ya que salió me sorprendí que se aplicaba por completo.

  6. Les copio este comentario de Emilio

    Emilio // Oct 3, 2010 at 16:34
    Para los que estén interesados en los misterios entorno a la muerte del Papa Juan Pablo I les paso estos link
    .
    http://www.youtube.com/watch?gl=ES&feature=related&hl=es&v=3Rel7WeMXzI

    http://www.youtube.com/watch?gl=ES&hl=es&v=ogsPhjvbXr0
    .
    http://www.youtube.com/watch?v=hAXKul5svNE
    .
    http://www.youtube.com/watch?v=IlG0I3hoLiI

  7. SOFIA // Oct 4, 2010 at 01:13
    Emilio:

    No habia tenido oportunidad de decirte que me interesa mucho todo acerca de la sospechosa muerte de Juan Pablo I. Muchas gracias por los links que envias mas arriba.

    Cuando estaba en la universidad, en los anios 80, salio un libro, escrito por un ingles, conserve su nombre en mi memoria por mucho tiempo, pero ahora se me escapa. El fue de los primeros en hacer una investigacion sobre las sospechosas circunstacias de la muerte de Albino Lucciani, Juan Pablo I.

    Creo que el titulo es :
    ” En nombre de Dios” o algo asi. Que mala memoria tengo! El autor se decia un miembro del Servicio Secreto Ingles en retiro. Me parecio una magnifica investigacion. Voy a buscar entre mis papeles, porque recuerdo haber guardado algunas notas, y te paso el titulo, en caso de que no lo tengas ya.

    Bueno, lo saque de la biblioteca de la universidad, lo lei de cabo a rabo y la verdad es que desde entonces que no le daba seguimiento a este tema que tanto me apasiono. Muchas gracas por traerlo de nuevo a mi presente.

    Sofia

    SOFIA // Oct 4, 2010 at 01:19
    Emilio!

    No es ingles el autor!! ya se me cruaron los cables! es unperiodista americano, David A Yallop! Lo acabo de ver en el video de you tube que nos enviaste! Pero el titulo si es ese! “En Nombre de Dios!”
    Disculpen!

  8. Para las personas “despistadas”, decirles que David Yallop, autor de “En nombre de Dios” es un reputado escritor e investigador inglés. El libro, cuenta él autor, lo escribió “a instancias de personas del entorno vaticano).
    También es inglés John Cornwel, autor de “Como un ladrón en la noche”: otro libro, polémico, sobre el caso (aunque a años luz del libro de Yallop). Del libro de Cornwell, dice el cura Jesús López Sáez, lo más importante son las entrevistas que hizo a las personas que estuvieron en contacto con el papa Luciani, lo peor el final: que Juan Pablo I se dejó morir. Desconoce por completo que Juan Pablo I tenía buena salud.
    De todas formas, para informarse sobre Juan Pablo I, la referencia absoluta (es lo que, creo, viene a decir José Martínez de Velasco en su excelente blog El Trastévere), es el sacerdote Jesús López Sáez: a fín de cuentas el presente post “El tercer secreto”, es una reproducción de un artículo del cura Jesús. Y para algo pone Martínez de Velasco el enlace a la web de la Comunidad de Ayala (www.comayala.es) donde se puede acceder a toda la información, fundamental, sobre la figura de Juan Pablo I: líbros, artículos, vídeos (los mismos a los que hace referencia Emilio), etc. Paz y bien.

  9. Sobre la tesis del asesinato:
    .
    Hago mi comentario desde la ignorancia, pero ciertamente, desde el sentido común.
    .
    Un asesinato se planea. El hecho de que JPI fuera a hacer cambios importantes en la curia, a destituir a personas influyentes etc etc, puede ser motivo para el asesinato. Sin embargo planear un asesinato lleva tiempo.
    .
    Además hay otro variable. ¿Quién puede entrar sin ser visto, en las dependencias papales a partir de las 9 PM.? Nadie, excepto el personal que le cuida y atiende. Sin embargo, parece un hecho que tomó una medicina que le estaba contraindicada. Pregunta ¿No puede ser que él mismo se equivocara de medicina y tomara por error algo que le causó la muerte? Saludos

  10. A estas alturas, tal grado de “ingenuidad” ( elucubrando con la posibilidad de que tal vez el papa ” se equivocara” de menú), sorprende. Hay que molestarse en leer el libro de Yallop. Y abrir los ojos. Saludos.

  11. Tomo nota, para eso están estos debates para ilustrarnos mutuamente

  12. En los orígenes del caso Luciani, hay que remontarse a 1985, cuando una revista de información religiosa, VIDA NUEVA, publicó el Pliego: “La incógnita Juan Pablo I” , cuyo autor era un sacerdote, Jesús López Sáez , que, entonces, trabajaba como responsable de Catequesis de Adultos en la C.E.E. En el citado Pliego subyacen las interesantes investigaciones del libro de D. Yallop, “En nombre de Dios” , publicado un año antes, en 1984. (Según Yallop, reputado escritor e investigador ingés, él escribió el libro a instancias de personas del entorno Vaticano, que le pidieron que investigaran la muerte de Juan Pablo I).

    En cuanto al Pliego publicado en la revista Vida Nueva, se puede acceder al mismo en Internet: está en la web de la Comunidad de Ayala (www.comayala.es). Hay que seleccionar el enlace a “Juan Pablo I” donde se abre un desplegable con los libros y artículos del sacerdote Jesús López Sáez.

    Del Pliego sobre Juan Pablo I, reproduzco estas líneas, a propósito de las recientes investigaciones de la Fiscalía italiana sobre las Finanzas Vaticanas (de las que El Trastévere se ha hecho eco en unos de sus últimos post):

    • “Luciani sabía que, por lo menos desde 1972, existía un grave error en el planteamiento general de las finanzas vaticanas. Benelli le había instruido al respecto: “Evasión de impuestos, movimiento ilegal de acciones”. La reacción de Luciani no se hizo esperar “¿qué tiene que ver todo esto con la Iglesia de los pobres? En nombre de Dios”… Benelli le interrumpió: “No. Albino, en nombre del dividendo” (13). El sábado, 27 de agosto, mientras cenaba con el cardenal Villot, Luciani le instruyó para que iniciara de inmediato una revisión de todas las actividades vaticanas, especialmente del Instituto per le Opere di Religione, el IOR, conocido generalmente como el Banco del Vaticano: “la inspección financiera tenía que realizarse de forma discreta, rápida y completa” (14).
    El 31 de agosto, el periódico económico italiano Il Mondo pedía al nuevo Papa que impusiera “orden y moralidad” en las finanzas vaticanas, inmersas, según el rotativo, “en la especulación y en aguas insalubres”. Il Mondo le planteaba a Luciani preguntas altamente significativas: “¿Es correcto que el Vaticano posea un banco cuyas operaciones incluyen la transferencia de capitales ilegales de Italia al extranjero? ¿Es correcto que dicho banco ayude a los italianos a evadir impuestos?”. El periódico italiano impugnaba las relaciones existentes entre el Vaticano y “los financieros y especuladores mas cínicos del mundo”; atacaba, en concreto, a Paul Marcinkus, director del Banco Vaticano, y a su colaborador Luigi Mennini, así como al banquero siciliano Michele Sindona (15).

    (…………..)

    El IOR tenía en 1978 más de 11.000 cuentas corrientes: “El banco había sido creado por Pio XII durante la segunda guerra mundial, y en el acta fundacional constaba que estas cuentas debían pertenecer, en su gran mayoría, a órdenes y congregaciones religiosas. Cuando Albino Luciani se convirtió en Pontífice, solo 1047 cuentas corrientes estaban destinadas a órdenes o instituciones religiosas. Otras 312 pertenecían a diversas parroquias, y 290 se hallaban en manos de distintas diócesis. Las restantes, que sumaban 9.531, eran propiedad de diplomáticos, altos prelados y “‘ciudadanos privilegiados”, muchos de los cuales ni siquiera eran italianos. Cuatro de estos privilegiados, de todos modos, sí lo eran: Sindona, Calvi, Gelli y Ortolani” (21).

    Hechas las oportunas Indagaciones (a través de Villot, Benelli y otros), Luciani estaba decidido a imponer su autoridad, como había anunciado el 23. de septiembre en San Juan de Letrán. En la tarde del 28 le dice a Villot que Marcinkus y sus colaboradores serían inmediatamente destituidos y que se habrían de cortar todas las relaciones con el Banco Ambrosiano: “Me propongo terminar con esta relación en un futuro muy próximo. En mi opinión, resultaría imposible dar este paso si los que tienen las riendas son los mismos de ahora” (22). En este contexto, resulta significativo que muriera con los papeles de los cambios, que fueron hábilmente sustituidos por el devoto libro de La imitación de Cristo…. Las quejas del padre Lorenzi y de otros residentes de los aposentos papales dieron como fruto esta insuficiente rectificación:
    • Después de realizar las necesarias indagaciones, estamos ahora en condiciones de afirmar que el Papa, cuando fue encontrado muerto en la mañana del 29 de septiembre, sujetaba en sus manos unas hojas de papel que contenían escritos personales suyos, tales como homilías, alocuciones, reflexiones y diversos apuntes.
    (……………)

    Brevemente, otros acontecimientos significativos: “el 27 de marzo de 1980, Michele Sindona fue declarado culpable de 65 actos delictivos, entre ellos, fraude, conspiración, perjurio, falsificación de asientos bancarios y apropiación indebida de los fondos de su banco” (31). Se le impuso una condena de 25 años de cárcel. Esto fue en Estados Unidos, donde se encontraba; también pesaba sobre él, desde hacía vanos años, una orden de extradición presentada por el Gobierno italiano.

    El 29 de julio de 1981, Calvi “fue sentenciado a cuatro años de prisión y a pagar una multa de 16.000 millones de liras. Sus abogados apelaron de inmediato y Calvi fue puesto en libertad bajo fianza” (32). Casi un año después, el 18 de junio de 1982, Calvi aparece colgado de un puente de Londres (33); unas horas antes, su secretaria, Graziella Corrocher, había caído desde el cuarto piso de la sede central del banco milanés, dejando una “nota de suicidio”; algo parecido sucede unos meses después, el 2 de octubre de 1982, con Giuseppe Dellacha, un ejecutivo del Banco Ambrosiano (34). El 13 de septiembre de 1982, Licio Gelli fue detenido en Ginebra y fue encarcelado en Champ Dollon, una prisión de máxima seguridad, mientras se tramitaba la extradición; pero el 10 de agosto de 1993 Licio Gelli había escapado (35).

    Por su parte, Marcinkus y sus colaboradores siguen al frente del IOR, pero sin salir del pequeño Estado Vaticano, por temor a ser arrestados: “permanecen fugitivos de la justicia italiana” (36).

    (…………)
    Saludos.

  13. Veo que las finanzas vaticanas discurren por carriles claramente capitalistas: secretos, desmentidos, muertes y suicidios no esclarecidos etc. etc.
    Juan Pablo II nombra cardenal a Marcinkus y alaba a Marcial Maciel como ejemplo de educador de juventudes, estas y otras meteduras de pata del papa son tratadas con el máximo de circunspección.
    El Evangelio recuerda que la verdad nos hace libres pero en la publicidad eclesiástica todo brilla menos la verdad y la libertad.

  14. JMS.- // Oct 5, 2010 at 14:53
    ¡Cuánta razón tienes! Hojalá que el Vaticano dejara de una vez por todas su hipocrecía, la doble moral, el materialismo, la publicidad mentirosa. Es reconfortante encontrar gente pensante, que sabe enjuiciar, aunque se trate del Papa y de la iglesia católica.
    ¡FELICIDADES!

  15. La última parte del Pliego, “La incógnita Juan Pablo I” (publicado en la revista Vida Nueva en 1985), llevaba este tículo: “RECUPERAR A UN PAPA”.

    Decía:

    “En todo este asunto, está en juego la figura de Juan Pablo I que es preciso recuperar. Juan Pablo I no es sólo el Papa de la sonrisa. Esto es periodismo superficial. Algo singular debió ocurrir en la capilla Sixtina cuando fue elegido el 26 de agosto de 1978: se ha hablado de “milagro moral”; elección “carismática”, clara acción del Espíritu (43). Su nombre papal era no sólo un homenaje de gratitud a Juan y a Pablo, sino también todo un programa al servicio de la renovación eclesial.

    Al día siguiente, en su primer mensaje al mundo, había de anunciar “nuestro programa consistirá el continuar el suyo (de Pablo VI), siguiendo el rumbo marcado ya con tanta aceptación por el gran corazón de Juan XXIII” (44). Para ello, quería continuar la aplicación del Concilio Vaticano II
    (…),

    Benelli, su gran elector, conocía bien al Papa Luciani: “Después de absorber toda la información que pudiera obtener, entonces y sólo entonces tomaba una decisión. Pero cuando el Papa Luciani tomaba una decisión, no había nada… que pudiera detenerle o, apartarle de su objetivo. Amable, si. Humilde también. Pero cuando emprendía una acción, era como una roca, ladera abajo” (45).

    Esta voluntad decidida, hasta el último respiro, la había de emplear, desde ese mismo día, en la ardua tarea de purificar un templo, que -siendo, como aquél, casa del Padre- nuevos mercaderes habían convertido en “cueva de ladrones” (Mt 21.1 13).

    “Hay hombres aquí, dentro de la ciudad del Vaticano, que parecen haber olvidado la verdadera finalidad de la Iglesia”. Hombres que han convertido la Santa Sede en una especie de mercado. Este es el motivo por el cual pienso realizar todos estos cambios” (46), diría Luciani a Villot el 28 de septiembre por la tarde.

    Juan Pablo I no era continuador de los Papas anteriores. Con el primer nombre compuesto en la historia del papado iniciaba “una nueva dinastía en el pontificado demostrando su iniciativa y originalidad” (Tarancón), abría “una época de fuerte renovación en el interior de la iglesia” (Pironio), “amaba a los pobres y el Tercer Mundo” (Arns).

    Como dijo en la basílica de San Juan de Letrán, al tomar posesión de la diócesis de Roma: “Roma será una verdadera comunidad cristiana si se honra en ella a Dios no sólo con la afluencia de los fieles a las iglesias, no únicamente con la vida privada vivida morigeradamente, sino también con el amor a los pobres. Estos – decía el diácono romano Lorenzo – son los, verdaderos tesoros de la Iglesia; por eso se les ayuda por quien pueda a tener más y a ser más sin humillarlos ni ofenderlos con riquezas ostentadas, con dinero despilfarrado en cosas fútiles, y no invertido, cuando es posible, en empresas de común ventaja” (47).

    Por su ascendencia familiar y por la trayectoria de su ministerio sacerdotal y episcopal, se presentaba ante el mundo como un Pontífice que conduciría a la Iglesia “hacia una mayor pobreza, hacia una más vívida y comprometida solidaridad con los trabajadores, hacia una más exigente línea evangélica” (48).

    Desde el primer momento, el Papa Luciani dio dos muestras importantes de que quería gobernar la Iglesia con un estilo nuevo:
    “Primero el Papa dijo a los cardenales que pensaba gobernar de forma colegiada con sus hermanos obispos ‘aprovechándonos de su trabajo en el gobierno de la Iglesia universal’. Después se deshizo de la tradicional ceremonia de la coronación, de la tiara real y el trono papal que había llegado a simbolizar el poder temporal del papado” (49).

    En la mañana del 28 de septiembre, Juan Pablo I dirigía a un grupo de obispos filipinos su ultimo discurso, que, a la luz de los acontecimientos posteriores, asumiría un significado especial: “Al daros la bienvenida con profundo afecto, deseamos recordar un pasaje encontrado en el Breviario. Se refiere a Cristo y fue citado por Pablo VI durante su visita a Filipinas: “Yo debo dar testimonio de su nombre, Jesús es Cristo, el Hijo de Dios Vivo…”.
    (…)
    El día 28 por la tarde el propio Benelli acudió al Vaticano. Luciani le había telefoneado a media mañana y pensaba depositar en él la responsabilidad política y diplomática del Vaticano. El propio Benelli diría después por Radio Vaticano: “Lo encontré perfectamente de salud y con un humor excelente”. Algo semejante dice el cardenal Villot, que había despachado con el Papa por la tarde: “El Papa se encontraba perfectamente. No noté signo alguno que pudiera prever el fatal desenlace, y ni siquiera lo encontré fatigado”.

    Finalmente, el cardenal Colombo, arzobispo de Milán, reveló que ya de noche recibió una llamada telefónica del Papa y que no advirtió anomalía alguna en su voz. En efecto, “todos coinciden en asegurar que nada anormal detectaron en el Papa” (51).

    Con singular acierto, Cipriano Calderón contempló la figura de este “Papa profeta”, que se marchó “de una forma extraña” y cuyo manto es preciso recoger. “Elías se marchó de una forma extraña, arrebatado en un carro de fuego, según nos cuenta la Biblia; pero hubo un Eliseo que estaba a su lado atento a lo que ocurría y recogió inmediatamente el manto del insigne profeta. Algo así tendrá que suceder ahora” (52).

    (…)
    Juan Pablo I no murió de forma natural. Este mensaje, completado a su vez por datos posteriores, lo hemos recibido, no por casualidad, el 29 de diciembre de 1984, fiesta de Santo Tomás Becket aquel “cura entrometido” con quien Juan Pablo I es comparado (54).

    Creo que fue un regalo de ambos y que, en cierto sentido, en todo este asunto “el arcángel Miguel alterca con el diablo” disputándose el cuerpo de Juan Pablo I (Jd 9), que precisamente murió un 29 de diciembre, fiesta de San Miguel.

    De ningún modo, podemos enterrar su testimonio; al contrario, hemos de proclamar gozosamente ante el mundo que sigue habiendo enviados capaces de lanzar a los poderes del mal el frontal desafío: ¿Quién como Dios? Capaces de actuar en nombre de Dios, hasta el último respiro”.

    (Revista Vida Nueva, 5 de octubre de 1985).

    Salu2.

  16. Sobre el supuesto asesinato de Juan Pablo I:
    ¿QUÉ PRUEBAS HAY? Ninguna que yo sepa.
    Lo que sí hay son especulaciones de un inglés mentiroso Caldwell que no tiene credibilidad. Las teorías de conspiración ayudan a vender muchos libros, pero no proponen verdaderas pruebas. La muerte de Juan Pablo I tiene una explicación médica convincente. La teoría de la conspiración se parece a las teorías extravangantes y absolutamente falsas de Dan Brown gracias a las cuales ha ganado muchos millones de dólares.
    Invito a escuchar esto:
    http://www.aciprensa.com/podcast/puntodevista/La_muerte_de_Juan_Pablo_I-puntodevista06oct10.mp3

  17. Bla, bla, bla… Esa es la estrategia de la oficialidad. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír.

    Todos los testigos “calientes” fueron quitados de en medio, condenados al VOTO SILENCIO (impuesto).

    De los aposentos papales, sellados a cal y canto, desaparecieron todas las pertenencias del Papa (no sólo el frasco de la medicina), hasta las gafas, las zapatillas y ¡el testamento!…

    El mismo Marzinkus, que era más bien dormilón, nunca madrugaba, curiosamente, esa maña, fue visto merodeando, a horas inusuales, por el Vaticano…

    -A sor Vincenza y a sus compañeras les obligaron a callar imponiéndolas un voto de silencio. “Pero el mundo debe saber la verdad”, le dijo, llorando, a Camilo Bassotto la única vez que sor Vincenza pudo hablar con el periodista veneciano (el amigo fiel de Albino Luciani) sin que, en esa ocasión, estuviera delante la madre provincial…

    – El secretario del Papa Luciani, John Magee, tras guardar silencio ¡diez años! desmintió al Vaticano, revelando que no fue él sino Sor Vincenza quien encontró el cadáver, que aún estaba tibio. Curioso: Magee también reveló que el papa Luciani le pidió varias veces ser su monaguillo (un signo más de su extraordinaria humildad). Sí. Pero también podía ser una precaución: por el vino de la misa….

    Un testimonio importante, cuenta el sacerdote Jesús López Sáez, fue el testimonio de Gennari (amigo de Don Germano Pattaro, el asesor teológico que el papa Luciani se llevó a Roma), que fue profesor del Seminario Diocesano de Roma. Genari reveló al cura jesús que (por una fuente viabilísima), supo que a Juan Pablo I “se le hizo la autopsia” y “por ella se supo que había muerto por la ingestión de una dosis fortísima de un vasodilatador recetado por teléfono por su ex médico personal de Venecia”. Pero ¿cómo podía su médico personal recetarle al papa una medicina contraindicada?

    – También, el doctor Da Ros, el médico personal de Luciani, tras años de silencio (¿voluntario?), tuvo que salir al paso de ese rumor (interesado) y reveló que él no había recetado nada al Papa su última noche. Y cuando que habló con él, la última noche, el papa se encontraba en perfecto estado de salud.

    Ver artículo LA EXTRAÑA MUERTE DE JUAN PABLO I
    http://www.comayala.es/Articulos/notaprensa25/fuehace25.htm

    El evangelio nos dice que la verdad nos hará libres, pero lo cierto es que en el caso de la extraña muerte del Juan Pablo I hubo “Ocultación y represión”, escribe el sacerdote Jesús López Sáez en su primer libro Se pedirá cuenta http://www.comayala.es/Libros/spc/index.htm

    13 OCULTACIÓN Y REPRESIÓN

    “Con los datos e indicios de que se dispone en este momento, estaría justificada una seria investigación judicial en cualquier Estado de Derecho. Ahora bien, tal investigación no sólo no se da por parte del Vaticano, sino que se está dando justamente lo contrario: la ocultación y aun la represión de cualquier investigación que quiera realmente acabar con el enigma que envuelve la muerte de Juan Pablo I. Tal estado de cosas se manifiesta en la negativa vaticana a la realización de la autopsia (si es que no se hizo), en el carácter clandestino de la misma (si se hizo), en la oscuridad que rodea el embalsamamiento, en la información manipulada sobre las circunstancias de la muerte y del hallazgo del cadáver, en el silencio impuesto a sor Vincenza, en las presiones ejercidas sobre instituciones y personas (223), en el miedo generalizado a pronunciarse sobre el tema. El miedo, consciente o no, arraiga más en círculos eclesiásticos. Ciertamente no es esta la imagen de una Iglesia renovada, que pueda evangelizar al mundo de hoy. Además, no se protege de ese modo la vida de los Papas; al contrario, de ese modo el Vaticano puede pasar a la historia como el lugar del crimen perfecto.
    Tampoco se defiende así la credibilidad de la Iglesia. No vemos cómo se puede conjugar tal represión con el respeto a la dignidad y derechos del hombre en lo que a libertad de expresión se refiere (224).
    Tal represión contradice también el derecho y el deber que tiene todo creyente de manifestar su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia (225).
    Tal represión resulta incompatible con el Evangelio de Cristo, que dijo: “La verdad os hará libres” (226).
    Invocar aquí el silencio en atención a los débiles en la fe, queda fuera de lugar. Según eso, Cristo hubiera hecho bien callándose la denuncia del templo; y lo mismo la Iglesia, si hubiera ocultado la muerte violenta de Jesús. Sin embargo, en beneficio de todos – también de los débiles – Cristo realiza la denuncia del templo y la Iglesia, como María en la imagen de la Piedad, muestra al mundo el cuerpo crucificado de Jesús.
    A pesar de las presiones, hemos entendido que no debemos callar, debemos hablar francamente y sin temor, la con ciencia obliga siempre, incluso aunque fuera errónea (227). Conste claramente aquí que nos remitimos a otro tribunal (228), donde se juzga el verdadero sentido de la historia. Conste también mi agradecimiento a todos aquellos, creyentes y no creyentes, que me han ayudado a mantener firmemente esta postura: “ni por un instante cedimos” (229).

    Saludos.

  18. En la vida y sobre la vida nunca hay “pruebas”.
    Los hechos se constatan; no se prueban.

  19. Estimado JSM: Has hecho una apreciación muy audaz.

    A Thomas Hennigan, le recomiendo (para que pueda “ver”) que repase el salmo 79: el salmo que recoge muy bien el desenlace del corto pontificado de Juan Pablo I:

    “Han invadido tu heredad… Han entregado el cadáver de tus siervos por comida a los pájaros del cielo…”. Paz y bien.

  20. El tercer secreto de Fatima fue el asesinato de Juan Pablo I, el Papa de los pobres. Los asesinos ya estan muertos por la vejez,son ellos,
    Cardenal Jean Vilot,Secretario de Estado
    Arzobispo, Paulus Marcinkus,Presidente Banco de Vaticano,IOR
    Michele Sindona,Financista del Vaticano
    Robert Calvi,Presidente Banco Ambrosiano
    Licio Gelli, Gran Maestro de PD.Masoneria no reconocida
    Ortolani. Estos tenian que estar en la carcel
    ————————————————————————————
    El Dr.Da Ros,medico particular del Papa que conocia perfectamente la salud del Pontifice,dijo que el Papa estaba sano,los comprimidos vasodilatador que provoco la muerte,selo recetaaron por telefono…..

  21. “Nada hay oculto que no llegue a conocerse”, dice el evangelio. Llama la atención que mientras en El Trastévere permanecía en pantalla (durante doce días), el post “El tercer secreto”, casualmente, el diario El País, publicaba un excelente artículo de Miguel Mora “AMANTE DEL GANSTER, QUERIDA DEL OBISPO” (en alusión a Marzinkus, el “banquero de Dios” a quien Juan Pablo I, como primera de sus medidas drásticas, había decidido sustituir). (http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Amante/ganster/querida/obispo/elpepusocdmg/20101010elpdmgrep_7/Tes).
    Sobre el citado artículo, reproduzco esta introducción, puesta por el sacerdote Jesús López Sáez en la web de la Comunidad de Ayala (http://www.comayala.es/) :

    “10 de octubre: Sale en Italia el libro “Segreto criminale”, la verdadera historia de la banda de la Magliana, escrito por la periodista Rafaela Notariale y por Sabrina Minardi, amante del mafioso Enrico de Pedis, que fue asesinado en 1990 y está enterrado en la cripta de la basílica romana de San Apollinare, como si fuera un santo. La periodista rescató a Minardi del anonimato en 2006, en un programa de televisión. Tras pasar 25 años escondida y huida de la justicia (fue arrestada por ayudar a huir al amante mafioso), Minardi ha decidido hablar. Lleva meses colaborando con la justicia para aminorar sus problemas penales. Se ha convertido en el gran testigo de cargo de la Fiscalía de Roma. Su aportación puede aclarar la desaparición de Emanuela Orlandi, hija de un empleado vaticano, secuestrada el 22 de junio de 1983. Un día el mafioso fue a comer al restaurante Pippo l’Abruzzese. Iba con Sergio, el chófer, y llevaban dos sacos: “Fuimos a una obra, y yo me quedé en el coche”, dice Minardi. “Así hacemos desaparecer todas las pruebas”, dijeron. “En uno de los sacos estaba el cuerpo de Orlandi”, afirma Minardi. Afirma también que se acostó varias veces con el arzobispo Marcinkus
    Otros aspectos pueden verse en el capítulo 10 de EL DIA DE LA CUENTA,(http://www.comayala.es/Libros/ddc2/index.htm) titulado La DESAPARICIÓN DE EMANUELA ORLANDI, especialmente en estos apartados: Interpretaciones diversas, El crimen organizado, Poder oculto, Complicidad dentro del Vaticano”. Paz y bien.

  22. El enlace al artículo de Miguel Mora en El País, “Amante del ganster, querida del obispo” (Marzinkus) es:
    http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Amante/ganster/querida/obispo/elpepusocdmg/20101010elpdmgrep_7/Tes. Saludos.

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