El Salmo de Miguel Delibes, en la última curva

Delibes Placa a Delibes por El Hereje web…”Sin embargo, entre aquel tsunami de crónicas, casi nadie reparó en un pequeño ‘detalle’, acaecido el día de su entierro, el sábado 13. Por la mañana, una “veintena de sacerdotes recibieron sus restos en la catedral”. Por la tarde-noche, en las Iglesias se leía el salmo 34: sorprendentemente el mismo salmo en el que se fijó Delibes para su última novela, El hereje”…

Madrid, 12 de marzo de 2011 (Por Trastevere).- Hoy, sábado 12 de marzo, se cumple el primer aniversario de la muerte del escritor y periodista Miguel Delibes. El día de su entierro, el sábado 13 de 2010, -me recuerda mi amigo y colaborador en este blog Braulio Hernández Martínez– en todas las iglesias se leía por la tarde (en la liturgia dominical) el salmo 34: sorprendentemente, dice Braulio,  el mismo salmo que Delibes plasmó en El hereje: un canto a la libertad de conciencia.

Y añade que “Ese pequeño ‘detalle’  (para un creyente “una experencia de fe”), lo recogió (como  ‘posdata’) en la reedición de un artículo suyo publicado en ECLESALIA: ‘Revisión de La procesión de las borriquillas'”.

Para celebrar el primer aniversario de Delibes, Braulio Hernández ha redactado y me ha enviado para su publicación en El Trastevere el siguiente artículo, que deseo compartir con mis lectores por su interés:

El Salmo de Miguel Delibes, en la última curva

Hace un año, el viernes 12 de marzo de 2010, moría Miguel Delibes. Miles de vallisoletanos desfilaron por la capilla ardiente, instalada en el Ayuntamiento, sito en la plaza Mayor (donde se celebraron los Autos de Fe de su novela El hereje). El sábado, día de su entierro, “las tribunas instaladas en esa plaza con motivo de la próxima celebración de la Semana Santa, estaban abarrotadas de ciudadanos para despedir a su escritor”. Las ediciones de sus novelas se agotaron. “Era aceptado y reconocido hasta por quienes no le leen”, dijo un crítico cuando le concedieron, a los 73 años, el Premio Cervantes. “Era un árbol que siempre da sombra”, dijo, en cierta ocasión, el periodista Manuel Leguineche. La noticia de su muerte acaparó las portadas de los medios. Durante varios días, las gentes de la cultura y de la política, dieron a luz a una avalancha de artículos elogiando al escritor y periodista vallisoletano.

Delibes se asoma webSin embargo, entre aquel tsunami de crónicas, casi nadie reparó en un pequeño ‘detalle’, acaecido el día de su entierro, el sábado 13. Por la mañana, una “veintena de sacerdotes recibieron sus restos en la catedral”. Por la tarde-noche, en las Iglesias se leía el salmo 34: sorprendentemente el mismo salmo en el que se fijó Delibes para su última novela, El hereje, escrita a los 78 años, que dedicó a “Valladolid, mi ciudad”. Aún no había terminado de escribirla y se le diagnosticó un cáncer de colon.  “No me quejaba. Otros tuvieron menos tiempo. Le di gracias a Dios, que me permitió terminar El hereje, y me dediqué a la vida contemplativa”. Su publicación, en 1998, le valió el Premio Nacional de Narrativa. Al recibirlo, declaró que “había colgado los trastos de escribir”.

El hereje es su obra más extensa. Y en la que más tiempo invirtió: dos años recopilando datos, y otro más para su elaboración. Es una novela con “una sólida documentación histórica” (Marisa Sotelo), en la que, junto a personajes de ficción, como el del protagonista, Cipriano Salcedo, o Minervina Capa, su joven nodriza “de Santovenia”, hay otros que tuvieron existencia real, entre ellos el doctor Agustín Cazalla (ex capellán de Carlos V), D. Carlos de Seso, o el arzobispo Bartolomé de Carranza, etc.: los tres procesados por heréticos (luteranos). Delibes también recrea las disputas teológicas entre erasmistas y anti erasmistas que se vivieron en Valladolid en la época de Felipe II, cuando la ciudad castellana era el lugar preferido de la Corona.

“La Reforma protestante me inquietó siempre”, “me atrajo la reacción de un pequeño grupo luterano de Valladolid”, “para novelar su eco inventé un tipo, Cipriano Salcedo, que es el que imprime a la narración un carácter novelesco”, cuenta Delibes. Según el periodista  J. J. Iriarte, Delibes “siguió con gran interés el Concilio Vaticano II. Era, según la expresión de Juan XXIII, un cristiano aggiornado”.

Una de las secuencias nucleares de El hereje es el primer encuentro nocturno de Cipriano con los integrantes de la incipiente comunidad luterana de Valladolid, en casa de doña Leonor de Vivero, madre de los Cazalla. “Torozos”, escuchó Cipriano al tocar la puerta con los nudillos. “Libertad”, fue su respuesta (eran las consignas).  “Doña Leonor carraspeó,  y advirtió que se abría el acto con la lectura de un hermoso salmo que los hermanos de Wittenberg cantaban a diario, pero que ellos, de momento, deberían conformarse con rezarlo” sin levantar la voz… Cipriano pretendía encontrar en sus estrofas consignas prohibidas: Bendecid al Señor en todo momento / Su alabanza estará siempre en mi boca… Que lo oigan los miserables (humildes) y se alegren /… Porque busqué al Señor y me ha respondido / Me ha librado de todos los temores…”.

Muchos de quienes hoy se acercan a la ciudad del Pisuerga, sienten la atracción de peregrinar por la Ruta de El Hereje – convertida en una de sus ‘señas de identidad’, y en un reclamo turístico- y sentir los pasos, los lugares, y  las peripecias vitales de Cipriano Salcedo, recreados magistralmente por Delibes. Paseando por su centro histórico, uno se topa con una placa-homenaje al genial escritor, y esta dedicatoria: “Valladolid, a Miguel Delibes por su novela El Hereje”. La placa  se exhibe en los muros exteriores de la iglesia de Santiago, en la calle homónima: la Iglesia donde los viernes predicaba el doctor Cazalla. 

Como pre-introducción a El hereje, Delibes transcribe unas palabras de Juan Pablo II, pronunciadas en 1994 ante los cardenales: “¿Cómo callar tantas formas de violencia perpetradas también en nombre de la fe? Guerras de religión, tribunales de la Inquisición y otras formas de violación de los derechos de las personas… Es preciso que la Iglesia, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, revise por propia iniciativa los aspectos oscuros de su historia, valorándolos a la luz de los principios del evangelio”. 

En su discurso de recepción del Premio Cervantes, Delibes escribió: “Mis personajes son, en buena parte, mi biografía”. Al desdoblarse en sus personajes, como en el bueno de Cipriano Salcedo, Delibes intenta ponerse en el lugar del otro. “El hecho de que yo me incline por el humilde revela mi espíritu democrático, pero también mi espíritu cristiano”. En una entrevista (para la TV de Castilla y León, octubre de 2006) su biógrafo, amigo, y entrevistador, Ramón García Domínguez, le recuerda que  “usted siempre se pone del lado de los perdedores”.

En sus novelas, Delibes contaba lo que no le dejaban poner en el periódico. Siendo director de El Norte de Castilla “sufrió los embates de la censura”. En una entrevista del periodista Juan Cruz, Delibes cuenta sus “rifirrafes con Fraga, quien se obstinaba en proclamar que el pueblo en España era libre cuando nadie ignoraba que estábamos maniatados (…) A los mayores tiranos siempre les gustó tener fama de liberadores” (El País, 9/12/2007). El hereje es “un canto apasionado por la tolerancia y la libertad de conciencia…”, se lee en la contraportada de la novela.

Una constante en las novelas de Delibes -además de “tomar partido por los débiles, los oprimidos, los pobres seres marginados que bracean y se debaten en un mundo materialista”- es el tema de la muerte. La muerte de su esposa, Ángeles Castro, a los 50 años, le sumió en el pozo durante varios años. Pero “tuve la sensación de que Dios me ayudó a salir de él”, confiesa al periodista Juan Cruz. En la entrevista para TVCyL (en la Red), antes referida, al final de la misma Delibes manifiesta su “esperanza de poder encontrar a Cristo en la última curva del camino… esa es mi posición que me da una cierta serenidad y una cierta tranquilidad. No me asusta ahora mi muerte”. 

Cuando, al inicio de la eucaristía, en la tarde noche del sábado 13, día del entierro de Delibes, se leía las estrofas del salmo 34, sentí estremecimiento y di gracias por Miguel Delibes: eran las mismas estrofas que él plasmó en El hereje. A continuación, alguien compartió una anécdota, que venía al caso, (que un día escuchó sobre el escritor vallisoletano): “en una ocasión le preguntaron a Delibes qué epitafio le gustaría que pusieran en su tumba. Él respondió: ‘Cristo, espero que cumplas tu promesa”.

Cuatro años antes (en el mismo sitio y a la misma hora) a mí me regalaron, por sorpresa, un libro de Miguel Delibes: El hereje. Se dice que “nada sucede por casualidad”. También, que “la casualidad es el pseudónimo de Dios cuando no firma”. A lo que un cura, muy solvente, suele añadir: “Otras veces, lleva firma: Palabra de Dios. Así se vivió en una comunidad de base madrileña la tarde-noche del 13 de marzo de 2010. Como en aquel atardecer a los de Emaús, Miguel Delibes se hacía presente, asomándose con su Salmo, tras “la última curva”.

Braulio Hernández Martínez.

Nota: Las fotografías que ilustran este post me las ha proporcionado el autor del artículo

 

2 Responses to “El Salmo de Miguel Delibes, en la última curva”

  1. Precioso artículo.

  2. Podríamos decir como Pablo de Tarso: EN TODO INTERVIENE DIOS PARA BIEN DE LOS QUE LE AMAN!!
    Un artículo en el que se refleja la experiencia de VIVIR EL REINO YA!
    Celebramos que MIGUEL DELIBES esté con Ángeles, su esposa, con el Padre y que CRISTO HAYA CUMPLIDO SU PROMESA…porque también nosotros nos lo hemos encontrado EN LA ÚLTIMA CURVA!!

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