Iglesia Viva denuncia ” la catastrófica situación de la curia romana con una inmundicia que sale cada día más a la luz mientras la ambigüedad del papa impide su reforma”

logo Iglesia Viva web…”Especial repercusión han tenido -en la crisis actual de la Iglesia católica- los descubrimientos sobre abusos de menores por parte de eclesiásticos. Esta última lacra está recibiendo una firme réplica por parte del papa y de un cierto número de miembros de la jerarquía eclesiástica actual. Pero, a nuestro entender, se trata de amagos de salir de la crisis con la petición de perdón por los pecados personales de los representantes de la Iglesia e intensificación de las medidas disciplinarias de selección, nunca con un proyecto de cambios estructurales. Es más, ciertas iniciativas jerárquicas parecen buscar más la ocultación de responsabilidad por connivencia con ciertas estructuras eclesiales perversas, que asumir con honradez la complicidad en los pecados estructurales de la Iglesia. La rápida canonización del papa Juan Pablo II promovida por el papa actual parece querer silenciar los problemas del papado reciente en dichos pecados (secretismo e irresponsabilidad grave ante los crímenes cometidos por los clérigos)”….

Madrid, 8 de abril de 2011 (Por Trastevere).- La revista de pensamiento cristiano “Iglesia Viva” publicará en su próximo número una reflexión de su Consejo de dirección , que dedicó la última de sus sesiones a reflexionar sobre la situación actual de crisis que vive la Iglesia católica y, al tiempo que preparaba el contenido del próximo número, a adoptar una postura común que reflejara su visión de dicha crisis y de sus causas, así como las vías de salida de la misma.

Esta reflexión la ha adelantado y hecha pública la revista en su página web en internet, en la que explica que “el deber que tenemos para con nuestros lectores nos lleva a proponerles aquí los términos de tal reflexión con el deseo de suscitar un diálogo amplio y un movimiento más amplio aún de reforma eclesial”.

“Tratamos -dice Iglesia Viva– de poner en sus manos un conjunto de reflexiones que les ayuden a descubrir las últimas razones de su malestar en la Iglesia, asumir los criterios teológicos con los que responder a la situación de crisis y plantearse propuestas de actuación pastoral en aplicación de dichos criterios. No tenemos la pretensión de decir la última palabra, ni de dar la fórmula mágica para resolver la grave crisis por la que atravesamos. De hecho, creemos que, para comenzar, es necesario rescatar mucho de lo pensado y escrito hace algunos años y hoy olvidado, silenciado u ocultado. Es necesario volver a aquellos importantes criterios y aplicarlos al presente”.

Bajo el título de “Crisis y transformación evangélica de la Iglesia” el Consejo de dirección de Iglesia Viva, se une a las voces críticas que desde diversos sectores y colectivos se vienen manifestando sobre la situación actual y el giro cada vez mayor hacia un integrismo católico,  y afirma que ”  La existencia de una crisis grave y crucial en la Iglesia actual es un dato que no se puede negar. Cosa distinta es el análisis o diagnóstico de la misma, las causas a las que se atribuye y sobre todo los caminos para salir de la misma.

La presente situación eclesial nos parece ser más angustiosa que en vísperas del Vaticano II, entre otras razones porque la conciencia del pueblo de Dios como sujeto es hoy radicalmente nueva y muy distinta de entonces. Pero por otra parte sucede que en los grupos y movimientos eclesiales más concienciados difícilmente se percibe una fuerza emergente transformadora. Muchos de los mejores militantes no saben qué hacer, se encuentran en total desamparo y en actitud de desbandada. Y puede preverse que las cosas no van a cambiar en años dentro de la Iglesia. Mientras tanto, buena parte de la sociedad no consiente ciertos modos de proceder y de actuar de la jerarquía y critica abierta y razonablemente sus criterios morales””.

“…La crisis de la Iglesia, señala el documento, afecta al conjunto del pueblo de Dios. Nuestra debilidad tiene muchas razones y causas que no todas responden a la actuación de la jerarquía o a la hegemonía de ciertos sectores neoconservadores respaldados por ella. La crisis es ante todo una crisis del sujeto eclesial, esto es, de sus miembros individuales e institucionales, una crisis de seguimiento de Jesús y de fe vivida. Esta crisis de fe es la gran cuestión que nos afecta a todos. Hemos sustituido el seguimiento a Jesucristo por la adhesión doctrinal (sea al Catecismo Universal, sea a la teología de teólogos de nuestro gusto). Pero nosotros somos seguidores de Jesús, no seguidores de la Iglesia; nuestro verdadero centro es Jesús y hay que volver constantemente a Él, que es el único que puede salvarnos, que puede salvar a su Iglesia.

Dada la pluralidad de sujetos, pluralidad en todos los sentidos, la crisis tiene muchos rostros que queremos señalar, siquiera brevemente. Tres aspectos nos parecen especialmente significativos:

  • La primera faceta tiene que ver con las mutaciones que se están dando en lo religioso y su problemática relación con la Iglesia. Ciertamente, tal relación problemática siempre ha existido, ha sido de tensión, de mutuo solapamiento y también de enriquecimiento en ambas direcciones. Pero la nueva situación de la sociedad mundial resulta especialmente impactante en el conjunto del pueblo de Dios: la globalización neoliberal, el retorno de manifestaciones religiosas basadas en sospechosos prodigios o mitos, la crisis de un proyecto de humanidad capaz de existir unida en libertad, solidaridad y dignidad, etcétera. Hoy uno de los elementos de la crisis eclesial tiene que ver con la pérdida del control de lo religioso en buena parte del mundo. Bien porque surgen nuevas formas de religiosidad no cristianas, bien porque la religiosidad de los cristianos se ha hecho difusa y su vínculo con la institución eclesial se ha vuelto más débil e inefectivo. A lo cual hay que añadir la evidencia del pluralismo religioso y la presencia pública y notoria de las grandes religiones a las que la propia teología católica concede rango de verdaderas y de auténticos medios de salvación para sus miembros; es este un hecho irreversible que cambia por sí mismo las mentalidades. Hasta hace bien poco los cuadros de la Iglesia tenían la sensación equivocada de estar al frente de un gran pueblo. La situación ha cambiado radicalmente y ello se experimenta en gran medida como pérdida de poder o de influencia de los dirigentes, desde la curia romana a los párrocos y agentes de pastoral a pie de obra. Existe un gran desconcierto, muchos miedos y a veces respuestas reactivas que exigen cerrar filas, disciplina e identificación. Si la religión ha actuado como vínculo social y horizonte existencial de sentido y moralidad de amplias capas de la población allí donde la Iglesia estaba implantada, su debilitamiento y transformación, unidos a su creciente desvinculación institucional está originando una crisis sin precedentes.
  • El segundo aspecto a considerar de la crisis del sujeto colectivo eclesial es el referido al modo como se verifica la iniciación a la fe en Jesucristo y su mantenimiento en la vida comunitaria. Las viejas estructuras pastorales al servicio de la génesis y sostenimiento de la vida cristiana siguen inalteradas en lo esencial, desde las parroquias o los movimientos, pasando por las órdenes religiosas o los diferentes grupos. Tales estructuras o fórmulas de organización de la vida eclesial han perdido vitalidad, no alumbran en medida suficiente ni vida comunitaria ni pertenencia eclesial. ¿Cómo generar y reproducir hoy vida comunitaria eclesial? Esta cuestión se ha vuelto extremadamente problemática. El surgimiento de verdaderas comunidades cristianas tiene que ver con la potencia del evangelio para configurar la vida singular y grupal, y esa potencia se encarna en vidas concretas.
  • Por fin, el tercer aspecto de la crisis del sujeto tiene que ver con la relación entre la Iglesia y el mundo. No puede existir el cristianismo sin pretensión de universalidad; la Iglesia no es un fin en sí, sólo tiene sentido al servicio de la transformación profunda y evangélica del mundo. Ahora bien, la quiebra de la modernidad nos abrió los ojos y nos puso ante el absurdo en que incurríamos de querer impulsar el reinado de Dios desde y por medio de poder, porque la supuesta universalidad constreñida por ese camino encubría la hegemonía de los poderosos. Una parte de la Iglesia y la jerarquía desde luego reaccionó con el rechazo, defendiendo la subordinación del poder temporal al espiritual y condenando la emancipación del mundo y del orden político. Los burgueses revolucionarios, sin embargo, pronto perderían su ímpetu antirreligioso y antieclesiástico, pues al ver que su poder económico y social no estaba en peligro por ese lado, aceptaron de buen grado una alianza con el poder eclesiástico para mantener el orden sobre el que se sustentaba su hegemonía. La Iglesia jerárquica, pese a todas sus condenas de un orden político que prescindía de cualquier fuente de legitimación religiosa, concentró sus esfuerzos en atribuirse el papel de portadora y custodia del orden moral natural universal, maestra y guía de la humanidad en su conjunto. Esta función justificaba su pretensión de universalidad tras la cancelación de su papel de legitimadora del orden político premoderno. Y en ello sigue”.

Para Iglesia Viva “Una fuente del debilitamiento evangélico en buena parte de la iglesia es que o esos pobres ya no se reconocen como sujetos eclesiales, o se identifican con movimientos eclesiales o sociales sin impulso emancipador y liberador, o carecen de espacio y posibilidad de articular su vida, sus luchas o sus resistencias dentro de la iglesia, que es fundamentalmente portadora de una religiosidad burguesa.

Más aun. En el siglo XXI la Iglesia sigue reproduciendo el conflicto de sus orígenes. Todavía se necesita ser occidental para ser católico. Las causas que originaron la penosa historia de De Nobili y Ricci siguen vivas en la Iglesia católica. En la práctica se otorga un carácter absoluto a la interpretación occidental romana del cristianismo que produce la impermeabilidad de las otras culturas al evangelio y paradójicamente cierra las puertas a Cristo, mientras se les ruega patéticamente que las abran. La presión que ejerce el poder central romano reprime la eclesiogénesis de las Iglesias locales. Si las Iglesias de la periferia de América Latina, de África, de Asia y de Oceanía, no son capaces de superar este control asfixiante, la inculturación de la fe se hará inviable””.

En lo que se refiere a la institución eclesiástica

“Los fenómenos que están en el ambiente son muy graves y han producido un impacto masivo de falta de credibilidad en la Iglesia por parte de amplios sectores de la población, católica o no. Por citar algunos más difundidos:

  • la reconducción del Concilio mediante interpretaciones inaceptables, intervenciones papales manifestativas de una voluntad de restablecer el integrismo católico, las cuales han suscitado inmediatas reacciones sociales,
  • el freno total a la democratización de la Iglesia, a la libertad de opinión y comunicación,
  • el centralismo y verticalismo crecientes,
  • la catastrófica situación de la curia romana con una inmundicia que sale cada día más a la luz mientras la ambigüedad del papa impide su reforma,
  • la intolerancia respecto a los derechos de las mujeres en la comunidad cristiana,
  • el levantamiento de la excomunión a los lefebvrianos sin exigirles la plena adhesión al Concilio ecuménico y el Motu Proprio sobre los anglicanos high church al tiempo que se da un frenazo al movimiento ecuménico,
  • la obsesión en ciertos temas de la teología propia del papa (como la lucha sin cuartel contra el relativismo),
  • la contrarreforma litúrgica,
  • los nombramientos episcopales y de curia,
  • el “prietas las filas” en una marcha continua e inexorable de la Iglesia hacia el gueto.

Especial  repercusión –añade el texto– han tenido los descubrimientos sobre abusos de menores por parte de eclesiásticos. Esta última lacra está recibiendo una firme réplica por parte del papa y de un cierto número de miembros de la jerarquía eclesiástica actual. Pero, a nuestro entender, se trata de amagos de salir de la crisis con la petición de perdón por los pecados personales de los representantes de la Iglesia e intensificación de las medidas disciplinarias de selección, nunca con un proyecto de cambios estructurales. Es más, ciertas iniciativas jerárquicas parecen buscar más la ocultación de responsabilidad por connivencia con ciertas estructuras eclesiales perversas, que asumir con honradez la complicidad en los pecados estructurales de la Iglesia. La rápida canonización del papa Juan Pablo II promovida por el papa actual parece querer silenciar los problemas del papado reciente en dichos pecados (secretismo e irresponsabilidad grave ante los crímenes cometidos por los clérigos). Tenemos serias reservas a quedarnos solo en esas medidas porque creemos que no desvelan otras realidades que se esconden tras ellas. Algunos sugieren que tal respuesta equivocada puede deberse quizá a intereses más o menos ocultos; a nosotros nos parece que se debe a un diagnóstico falso de sus raíces que no se encuentran tanto en el ámbito de una sexualidad mal educada o reprimida, cuanto en el ejercicio del poder espiritual de forma autocrática y privatizada”.

“Evidentemente una respuesta errónea a la crisis global de la Iglesia contribuye a mantenerla o agravarla. Es preciso hacer una crítica no convencional de las derivas del sector eclesial que es hegemónico en este momento histórico. Muchos de los fenómenos que se perciben con evidencia pueden constituir una nube que nos impida ver el núcleo de la crisis. De ahí la importancia del análisis de la situación de la que partimos y que ofrecemos a nuestros lectores, el cual debe incluir una mirada amplia y profunda al contexto global social y cultural en que se encuentra la Iglesia al comienzo del siglo XXI”.

Elementos para un diagnóstico global de esta crisis

“Estamos persuadidos de que nos falta valentía para hacer un diagnóstico realista sobre la situación presente. Aunque somos conscientes de la gran dificultad de diagnosticar con acierto el camino a recorrer, considerada la complejidad de los síntomas relatados, creemos que la forma de resolver nuestra incertidumbre no pasa ni por mirar al pasado con nostalgia, ni por la huída hacia delante. Hay caminos errados que no hay que volver a recorrer y los hay que se han manifestado como razonables, por lo que no deben ser abandonados por mucho que el riesgo de la libertad nos invite a hacerlo. Y para ello nos parece importante ir a las causas de la situación.

Como fundamento de todo se encuentra el intento de reconstruir una Iglesia preconciliar, con ignorancia o rechazo de la cultura secular. Los frenos iniciales que casi desde el fin del Concilio se pusieron a su plena recepción, ya se han convertido en un giro de 180º respecto al Vaticano II.

La consiguiente autocomprensión eclesial premoderna del propio ser y de su relación con el mundo no es “razonable”, no es coherente con la razón humana histórica. Reflejo de esa realidad son las estructuras eclesiales, históricamente obsoletas y antievangélicas: son estructuras de dominación que impiden la libertad del creyente y la construcción de comunidades eclesiales adultas y suficientes.

El clericalismo o la falta de democracia interna causa la crisis de inadaptación de las estructuras existentes. Lo cual va unido al sentido propietarista respecto a la Iglesia por parte de la jerarquía. De ahí, el amordazamiento de la autonomía personal a causa de una antropología teológica que quiere seguir manteniendo al sujeto católico en la condición de oveja.

Ese clericalismo conlleva el sexismo, con la correspondiente marginación de las mujeres en la estructura eclesial. Y, hablando de sexualidad, no podemos perder de vista la rígida concepción acerca de la moral sexual y las nociones sobre el cuerpo y el placer, la sexualidad no reproductiva, etc.

Nuestro intento de realizar un diagnóstico correcto y acertado nos mueve a pensar también en las consecuencias que pueden sobrevenir si no tenemos el coraje evangélico, la parresía (en términos paulinos) para enfrentarnos a la situación, por grave que nos parezca. Los efectos inmediatos de la enfermedad serán muchos, pero nosotros señalamos ahora dos que nos parecen especialmente graves:

  • En primer lugar, la marginación de grandes sectores del pueblo de Dios empobrecerá extremadamente a la Iglesia. Un organismo potencialmente tan rico como ella quedará colapsado por una autoridad que se extralimita en sus funciones, mientras muchas congregaciones religiosas, diócesis y movimientos laicales seguirán sintiéndose atados de pies y manos. Se hará imposible el pluralismo de la comunión católica en un mundo globalizado.
  • En segundo lugar, la Iglesia no logrará ser fuerza de cohesión social en el contexto de las sociedades democráticas, dado que no comprende que el paradigma de su relación con la sociedad ha cambiado radicalmente y ya no es el de la unión del trono y del altar. El instinto de conservación de las presentes estructuras ha llevado a esta opción que reducirá la Iglesia a una gran secta, sociológicamente hablando. Su única razón de ser, la misión de anunciar el evangelio, no podrá verificarse por asfixia”.

Para vivir la crisis y preparar su salida

“Es insuficiente realizar un análisis de la situación actual y de las exigencias del presente; necesitamos posibilitar una valoración realista de los caminos que la Iglesia debe recorrer en el futuro si quiere permanecer fiel al espíritu del Concilio.

Somos de la opinión de que nos encontramos en una auténtica encrucijada histórica. La primavera traída por el Concilio Vaticano II se ha retirado y estamos viviendo, en conocida frase de Karl Rahner, la experiencia de un duro invierno en la Iglesia. Sin embargo las semillas echadas por el Concilio fueron potentes y fructíferas; muchas han dado ya fruto y aportado nuevas semillas; otras por el contrario han sido sofocadas y nunca han tenido una oportunidad de crecer o esperan todavía algún momento oportuno para germinar. Por otra parte no podemos caer en el peligro de una cierta momificación del Concilio. Aunque los documentos pueden leerse de corrida, interpretarse y dejarse atrás, sin embargo queda siempre el espíritu que movió a toda una generación. Y es precisamente ese espíritu el que no deberíamos perder. Alienta hoy de forma anónima en todos los grupos de excluidos de esta sociedad, en todos los proyectos de cooperación que surgen frente al modelo hegemónico de la globalización neoliberal, en todas las iniciativas que defienden la creación de una sociedad nueva.

Ello significa que la causa del evangelio de Jesús, su anuncio a los pobres y el anhelo del Reino nos ha de llevar a pensar en cómo salir de la crisis sostenidos por “la esperanza crucificada”.

La distancia creciente entre la institución y la base eclesial exige profundizar en el tema de la comunión eclesial desde esta perspectiva de la crisis. Pero no se puede utilizar el término venerable de comunión como lo hace tantas veces la jerarquía: como coartada para exigir una obediencia ciega a los mandatos de la autoridad. Es preciso establecer unos criterios públicos, generales y válidos para todos los católicos de respuesta interior a la propia conciencia y al posible disenso en cuestiones doctrinales, morales o disciplinares frente al autoritarismo indebido de lo que dicta la jerarquía. La llamada Nota explicativa praevia al capítulo III de la Lumen gentium (obs. 2ª, § 3) inició un camino de reflexión que no se ha seguido. En concreto debemos clarificar qué es exigible y qué no lo es para poder hablar en sentido pleno de eclesialidad, qué márgenes de libertad pueden existir sin romper la comunión.

Impulsar la comunión en medio de la crisis conlleva trabajar en la consecución de un pluralismo real en grandes zonas de la Iglesia real que quieren resistir a la actual contrarreforma y no permiten que se les descalifique como rebeldes o rupturistas. La cultura actual permite la utilización de las redes existentes y de medios de comunicación informáticos para lograr una Iglesia más comunión y por ello más sacramento de salvación para el mundo.

Todo lo dicho es inviable si no estamos dispuestos a aceptar que la Iglesia está necesitada de continua reforma para ser signo de Dios y no intento de monopolizarlo. Hemos de mantener vivo el principio de la eclesiología más tradicional de la ecclesia semper reformanda. No otra cosa quiso ser el proyecto del papa Juan XXIII. Ese proyecto está vivo y hemos de volver constantemente a sus ideas clave porque los textos del Concilio fueron un inicio y no una definición de límites. Sería por tanto la peor reacción ante el rumbo actual de la Iglesia caer en el pesimismo y la resignación. Esto solo sería ayudar a los adversarios de la renovación conciliar. Más bien hemos de convocarnos a la esperanza y a la energía.

El Vaticano II dejó claras señales teológico-pastorales como puntos de partida para una Iglesia que se considera por su naturaleza misionera y que se definió como pueblo de Dios y sacramento universal de salvación.

La renovación de las comunidades cristianas es urgente. La prioridad del pueblo de Dios, que debe ocupar el lugar teológico que merece, debe también llegar a prácticas significativas de participación. La Iglesia se debe construir a partir de un proceso “sinodal”, de “caminar juntos” en el cual se valore la diversidad. Reconstruir el concepto y la realidad de la sinodalidad solo se consigue practicándolo.

El poder en la Iglesia no debe ejercerse sin reparto, a fin de que la obediencia sea dada a Dios mismo y no se detenga en la persona de los jefes, y a fin igualmente de que la autoridad no impida la libre creatividad inspirada por el Espíritu a los miembros del cuerpo de Cristo para el crecimiento de ese cuerpo. Tampoco debe ejercerse sin el necesario control que el ejercicio de todo poder exige y que debe ser llevado a cabo por instancias eclesiales distintas a las que han tomado las decisiones.

Si la Iglesia quiere volver a entrar en comunicación con la sociedad presente ha de dar figura en sí misma a la libertad cuya fuente es el evangelio. La recuperación efectiva de su misión solo se realizará al precio de tal conversión”….

El documento completo, que Iglesia Viva incluirá en su próximo número 245: Contra el restauracionismo, un nuevo aggiornamento (enero-marzo 2011, de inmediata publicación)  puede leerse en el siguiente link: www.iglesiaviva.org  o en

http://eclesalia.wordpress.com/2011/04/05/crisis-y-transformacion-evangelica-de-la-iglesia/

6 Responses to “Iglesia Viva denuncia ” la catastrófica situación de la curia romana con una inmundicia que sale cada día más a la luz mientras la ambigüedad del papa impide su reforma””

  1. Excelente reflexión. Clarividente y en la línea de las críticas que, cada vez con mayor intensidad y frecuencia, se vienen sucediendo desde muchos sectores católicos que no entienden la deriva conservadora y cada vez más encastillada en la que se mueve la institución, alentando y entregada a los movimientos más reaccionarios

  2. Me parecen muy interesantes las cosas que se dicen aquí, aunque he de decir que el estilo es gongoriano extremo . Se puede decir lo mismo en la mitad de lineas, y eso quita muy brillantez a un contenido tan interesante

  3. Sofia // Abr 8, 2011 at 13:34
    TRASTEVERE:
    Te agradezco enormemente la informacion sobre lo que publica la Revista “Iglesia Viva” respecto a la crisis actual de la Iglesia.
    En muchas ocasiones quienes no nos adherimos al “sistema” o somos muy criticos aqui en TT somos tachados de traidores a la Iglesia o al Papa.
    Leer este articulo me ha hecho sentir que no estoy sola ni tampoco mal por el hecho de no estar conforme con lo que esta ocurriendo.
    Este materil que nos compartes me invita a su estudio y reflexion…Muchas gracias!!
    Y finalmente me quedo con una frase que menciona el articulo:
    “HACE FALTA CORAGE EVANGELICO PARA ENFRENTARNOS A LA SITUACION”

  4. En general me parece que los autores de este artículo lamentan por no haberse acogido un proyecto utópico y romántico de un Vaticano II que nunca existió más que en su imaginación Ciertamente no en la mente de Juan XXIII: “No otra cosa quiso ser el proyecto del papa Juan XXIII.”. También inventaron a un Juan XXIII que tampoco existió en la realidad. De hecho Juan XXIII no tuvo ningún proyecto concreto acerca del Concilio más que se reunieran los obispos en el mismo, discutieran los borradores preparados por la Curia, 70 así llamados “esquemas”, que todos se fueran contentos a sus casas con unos buenos sentimientos. Sí propuso algo muy vago como “abrir las ventanas para dejar entrar aire fresco”. Resulta que fueron los obispos centroeuropeos los que cambiaron todo eso, pues en la primera sesión del Concilio se logró muy poco, excepto que quedó claro el deseo de reformar la liturgia. Los entonces Cardenales Suenens y Montini (más tarde Pablo VI) fueron los que propusieron que el Concilio tratara fundamentalmente de la Iglesia. Estos se han quedado con la idea romántica del Concilio. Por otra parte, lamentan y con razón el problema de la pederastia y la respuesta insuficiente que tuvo bajo el liderazgo de Juan Pablo II. Sin embargo, se olvidan del hecho de que la grandísima mayoría de los casos que se han dado fueron en los años 60, 70, y 80. Esta noción romántica de que otra Iglesia es posible, llevó a muchos obispos a despreciar el Derecho Canónico, que de hecho contenía y contiene muchos de los remedios que ellos no aplicaron para enfrentarse con ese problema. En Estados Unidos se permitieron la entrada de muchos homosexuales en los seminarios. De hecho la pedersastia de los curas no ha sido pedofilia que trata de abuso de niños de menos de 12 años, sino de efebofilia que está bastante relacionado con la homosexualidad.

    ¿Desde cuando la Iglesia es o tiene que ser democrática? Tampoco la familia es democrática, ni la democracia es ninguna panacea.

    ¿Por que´hay una crisis en la vida religiosa? Probablemente porque no está cumpliendo su fin fundamental que es la santificación de los miembros de las órdenes y congregaciones. La verdadera reforma de la Iglesia va por allí. No pasa por muchos comités y documentos, discusiones, pues el cometido principal de la Iglesia es producir santos. Obviamente, si cumple su misión eso repercutirá en la sociedad. En el siglo XVI con la Reforma Protestante parecía que la Iglesia iba a desaparecer y resulta que el Señor hizo surgir una cantidad de grandes santos que fueron los principales arquitectos de la reforma de la Iglesia.

    No digo que el artículo no contenga puntos válidos, pero encuentro que tiene un tono lleno de amargura y negatividad como si no hubiera nada positivo en la Iglesia. “Jesucristo amó a su Iglesia y se entregó por ella”( Ef 5,25-26). Creo que amó a la Iglesia concreta, real con todos sus defectos, no una Iglesia ideal que jamás ha existido sino en la mente y la imaginación romántica de algunos. ¡Hubiera podido amar y entregar su vida por una Iglesia como la pintan éstos? En el siglo II, el autor Hermas, que escribió la obra llamada El Pastor, presenta la Iglesia como una anciana, es decir llena de arrugas y probablemente cansada, pero a pesar de todo sigue adelante a lo largo de la historia. Ya estoy harto de tanta negatividad de los que quieren reinventar una Iglesia democrática a la medida del mundo moderno.Que vayan a ver qué ha pasado con la Iglesia Anglicana y se pregunten si quieren que la Iglesia Católica vaya por ese camino. No digo que no se necesiten muchas reformas, pero para empezar que cada uno comience a reformarse a sí mismo, que parece que era lo que Jesucristo quiso decir que cuando invitó a los que acusaban a la mujer adúltera “que el que no tenga pecado tire la primera piedra”

  5. P. Thomas H.
    otro ejemplo que sumaria a tu opinión, es la crítica al relativismo que tanto daño a causado en la sociedad contemporanea.

  6. Sofía
    “HACE FALTA CORAGE EVANGELICO PARA ENFRENTARNOS A LA SITUACION”
    tienes razón, y creo que el Papa lo está teniendo, quizá sea que necesita de más personas que tengan ese coraje Evangélico para enfrentar la situación, con la Verdad, más allá de grandes ideas y propuestas innovadoras o de intereses económicos y de poder. El CVII ha dado grandes frutos en espiritualidad y debemos empaparnos de ellos para que permeen en la sociedad y en la propia Iglesia.

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