El obispo Fritz Lobinger propone la ordenación de presbíteros casados, nacidos de las comunidades locales, ante la falta de sacerdotes

Fritz Lobinger 2007, LF 1El prelado emérito de Aliwal (Sudáfrica) insiste en  la necesidad de que “los sacerdotes actuales, célibes y formados largamente en seminarios, encuentren el sentido de su vocación al presbiterado distinta a la de los nuevos ministros ordenados que tendrían una vida similar al resto de la comunidad, no harían la promesa celibataria y prestarían sus servicios gratuitos a tiempo parcial”.

Madrid, 26 de abril de 2011 (Por Trastevere).-  Ante la escasez de sacerdotes y los problemas que esto conlleva principalmente en zonas rurales y en las diócesis del Tercer Mundo, el obispo emérito de Aliwal (Sudáfrica), Fritz Lobinger, propone un nuevo ministerio de laicos casados que emerja de las propias comunidades locales. 

La propuesta que Lobinger desarrolla en dos libros, presentados recientemente en Madrid, no es nueva. La solicitud de ordenación de los líderes locales casados frente a la fórmula de los “viri probati” (hombres probados o idóneos en su acepción original, y hoy utilizada para referirse a los hombres casados, posibles candidatos a la ordenación presbiteral en casos excepcionales, y testigos de una vida cristiana madura y contrastada)  fue presentada ya al final del Concilio Vaticano II, en 1965 y, posteriormente en el Sínodo de los Obispos de 1971.

Tras un largo silencio de varias décadas por los recelos que suscitó ese planteamiento global en la Santa Sede, el obispo Lobinger, desde su vivencia personal, propone ahora la experiencia específica de algunas diócesis locales, a manera de proyectos piloto, mediante una propuesta diocesana detallada e individual en base a la realidad concreta de esas diócesis.

Lobinger responde así a los recelos a los que ya hizo referencia el papa durante la preparación del Sínodo de 1971: que el permiso para la ordenación de líderes locales, en las zonas con grave escasez de sacerdotes, no se limite a estas áreas de necesidad; y, el temor de que el permiso para ordenar a líderes locales casados socave la resolución del sacerdote respecto de su celibato.

La propuesta de Lobinger podría entenderse también ahora como una colaboración corresponsable a la respuesta (que, al mismo tiempo es interrogante) que da el Papa Benedicto al periodista Peter Seewald: 

El papa fue interrogado por el periodista sobre que pensaba acerca de que, incluso algunos obispos recomendaran desarrollar “más imaginación y un poco más de generosidad” para “hacer posible, junto a la forma fundamental del sacerdocio célibe, también el servicio de un hombre casado como sacerdote” De entrada, el papa mostró comprensión hacia el hecho de que esta cuestión sea reflexionada, incluso por obispos, en este tiempo de crisis. Añadió que la dificultad residiría en “decir, después, cómo tiene que ser tal coexistencia”. (Luz del mundo, 157)

 Propuesta detallada en dos libros

En su libro “Equipos de ministros ordenados: una solución para la eucaristía en las comunidades“, editado en España por Herder, el prelado aborda la grave necesidad de algunas diócesis y la puesta en práctica de la solución sugerida, ya que -recuerda- una diócesis con un problema muy grave de falta de sacerdotes es libre de proponer a la Santa Sede un permiso excepcional para introducir las ordenaciones. 

Estas propuestas, detalla Lobinger, deberían ser presentadas de tal manera que la Iglesia, como un todo, pudiera asumir que no se busca sólo el bien de esa Iglesia local sino que, a la vez, se está preservando el ideal superior del actual sacerdocio célibe para la Iglesia universal. 

Junto a este libro traducido al castellano por Emilia Robles, presidenta de la Fundación Proconcil que apoya esta iniciativa desde la mediación y su difusión en redes sociales, Herder ha editado también del mismo autor “El altar vacío: un libro ilustrado para debatir sobre la falta de curas“, prologado por el teólogo de la Universidad de Granada Juan Antonio Estrada.

Fritz Lobinger ordenado presbiteros, ProconcilLobinger reflexiona en ambas obras sobre la cuestión de que las comunidades cristianas actuales están instaladas en una cierta pasividad fruto, en parte, de la concepción del cura como “proveedor de servicios”. 

Pero los laicos, recuerda Lobinger, deben asumir como propio el problema de la falta de vocaciones, que todos hemos sido enviados a la evangelización y que ésta incluye como centro la vida eucarística. 

Si en los primeros comienzos de la Iglesia se percibía la efusión de los dones y carismas del Espíritu, que cristalizaban en diversos ministerios ordenados en las comunidades, retomemos esa experiencia de un ministerio presbiteral -sugiere el prelado- que emerge de las propias comunidades, adaptándola a nuestros contextos eclesiales y sociales, desde la figura del laico ordenado como presbítero siempre en equipos y en el marco de una comunidad cristiana madura, que trabajarían en estrecha colaboración con los actuales sacerdotes célibes. 

Servicio a la Eucaristía y maduración de las comunidades

 La síntesis de la propuesta de Lobinger sería, por lo tanto, el servicio a la Eucaristía y la maduración de las propias comunidades, desde la fórmula de combinar en la Iglesia católica dos tipos de presbíteros con dos estilos de formación y de compromiso diferenciados, que trabajarían de manera combinada avanzando desde procesos locales consensuados que mantengan la cohesión eclesial, para llegar en el futuro a una propuesta más global.

Y para ello, el autor insiste en la necesidad de que los sacerdotes actuales, célibes y formados largamente en seminarios, encuentren el sentido de su vocación al presbiterado distinta a la de los nuevos ministros ordenados que tendrían una vida similar al resto de la comunidad, no harían la promesa celibataria y prestarían sus servicios gratuitos a tiempo parcial.

Según explica, el sacerdote asumiría el papel de formador en vez del de proveedor de todos los servicios, que ahora, con frecuencia, muchos de ellos desempeñan, en la mayoría de ocasiones muy a su pesar. Este reparto de tareas -dice-  mejoraría las posibilidades de formación continua y diferenciada de unos y de otros; y también la profundización de los sacerdotes célibes en una espiritualidad de los consejos evangélicos. 

Para  Emilia Robles, caminar hacia esta propuesta, con un compromiso eclesial, exige una visión de proceso, “sin prisas y sin pausas”. “Hay que mantener una actitud dialogal y de colaboración, tomando notas de las dificultades que van surgiendo y fortaleciendo aspectos claves de la vida comunitaria y diocesana, así como del diálogo con Roma. Sin olvidar que nos urge la vida eucarística de las comunidades y la fidelidad a la llamada evangélica de cada cristiano/a a la misión”.

Y agrega, siguiendo las premisas del prelado,  que uno de los requisitos para poder desarrollar esta alternativa es que se trabaje en comunidades sólidas, con una trayectoria probada y donde existan líderes de reconocido compromiso desinteresado con una actitud de servicio y capaces de trabajar en equipo, ya que, para Lobinger, ordenar equipos daría mas garantías que ordenar individuos aislados. 

El primer paso para avanzar en la propuesta,  recalca Emilia Robles, no es la de solicitar la ordenación de presbíteros locales, sino ayudar a las comunidades a ser activas y a reconocer los propios carismas.  En cuanto al papel de la mujer, si ésta podría o no ser ordenada, Lobinger no lo plantea abiertamente por entender que es al Papa a quien le corresponde pronunciarse antes sobre el presbiterado de la mujer.

Sobre el autor

Fritz Lobinger nació en 1929 en Passau, Alemania. Ordenado sacerdote (Regensburg, 1955), viaja a Sudáfrica para trabajar como misionero de Fidei Donum. Doctor en misiología por la Universidad de Munster, ha sido cofundador del Instituto Pastoral de Lumko de la Conferencia Episcopal de Sudáfrica y obispo de la diócesis de Aliwal (1988-2004). En el 2008 se retiró al monasterio Mariannhill, desde donde sigue escribiendo y participando en encuentros internacionales. 

La edición 

Herder Editorial publica Equipos de ministros ordenados y El altar vacío, los dos títulos donde Fritz Lobinger desarrolla esta propuesta.  

Equipos de ministros ordenados lleva la co-autoría de Antonio José de Almeida, reconocido teólogo brasileño de la diócesis de Apuracana y una introducción de D. Demetrio Valentini, obispo de Jales (Sao Paulo). El altar vacío, con introducción del teólogo de la Universidad de Granada Juan Antonio Estrada, es un libro ilustrado que pretende ser útil para el trabajo en comunidades, parroquias y grupos eclesiales. El formato de dibujos acompañados de texto pretende ayudar a acompañar la reflexión. 

Trabajo en equipo

 Proconcil nació en el año 2002 como una iniciativa internacional a favor del desarrollo de un proceso conciliar en la Iglesia Católica. Se trata de mejorar las condiciones relacionales y estructurales en la Iglesia, que permitan afrontar los grandes retos que hoy tiene la Iglesia de una manera amplia, profunda y colaborativa. En esa ruta -entiende Proconcil- la posibilidad de un nuevo concilio, o cualquier otro escenario de proceso de búsqueda de nuevos caminos para la Iglesia hoy, encontrará mejores condiciones para su desarrollo. En el año 2006 se constituye en España como Fundación Proconcil, para la Mediación. 

Ante la demanda recibida en relación a esta propuesta y la enorme importancia que le concede a este tema, en un momento de crisis que afecta y concierne a toda la Iglesia, Proconcil ha asumido un compromiso de mediación con este proyecto y con el autor. Se trata de dar a conocer los libros y de trabajar en red sobre su contenido, facilitando el desarrollo de habilidades de comunicación y mediación, que ayuden a un desarrollo conciliar de la propuesta, propiciando un clima de diálogo y colaboración eclesial y un sentido de proceso.

8 Responses to “El obispo Fritz Lobinger propone la ordenación de presbíteros casados, nacidos de las comunidades locales, ante la falta de sacerdotes”

  1. Está visto que los cambios que la Iglesia necesita se producen, pero se producen muy lentamente y en circunstancias imprevistas y en medio de muchas obstáculos.

  2. Se han asustado durande muchas décadas de que los sacerdotes no sean célibes. Ha sido un tema al que siempre le han estado dando la vuelta, a pesar de que es una salida posible y neesaria a la crisis de ministros en la Iglesia. Crisis no solo de número, sino sobre todo, de calidad humana.
    sin embargo, no les ha espantado la ola de pederastia generada y fomentada por un buen número de curas “célibes” encubiertos por otro tanto de obispos empecinados en mantener el celibato sacerdotal. Habrá que ver si ésta es la buena. Lo dudo.

  3. Discrepo de la tesis principal.
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    No se deben ordenar sacerdotes casados a CAUSA DE LA ESCASEZ DE VOCACIONES. El celibato debe de ser optativo simplemente porque Jesús lo dijo con sus PALABRAS “Hay eunucos que se hicieron a sí mismos por el Reino de los Cielos. El que sea capaz de entender esto que lo acepte” (Mt 19, 12) y con sus HECHOS la mayoría de sus discípulos eran casados, y ciertamente S. Pedro lo era.
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    Así lo entendió la Iglesia primitiva, que hasta el concilio de Elvira, (siglo IV) no lo cambió.
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    Y hay otra razón fundamental y de peso para apoyar la iniciativa, ESTAMOS HARTOS de sacerdotes que viven de espaldas a la realidad, y que no entienden los problemas de los seglares.

  4. Por cierto. De lo que he podido leer, el concilio de Elvira (localidad cercana a Granada) habla de la necesidad del celibato para todos los ministros, fueran casados o no. (pues parece ser que a los ministros de la época, les gustaba mucho “el alterne”) y había que poner freno a eso.
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    Pero no obligaba a la soltería obligatoria sino a que tanto ministros casados, como ministros solteros, conservaran su castidad.

  5. Las dificultades para encontrar un sacerdote que atienda al culto y los sacramentos en muchos países del tercer mundo es un hecho, la propuesta de Lobinger puede ayudar a resolver el problema, pero como él mismo expone por ahora se trata de presentar proyectos pilotos basados en experiencias concretas. El celibato y la ordenación de mujeres son de momento, y me temo que por muchos años, un tema tabú para la Santa Sede. Por lo tanto estamos ante un sueño, una hermosa utopía, que muchos de los que seguimos este blog no veremos realizada.

  6. La idea de que se pudiera volver al modo de proceder en las comunidades de la Iglesia primitiva, además de ser irrealizable, es un disparate, peor que la de los Neocatecumenales que piensan que se puede en el siglo XXI volver a realizar la iniciación cristiana como se hacía en el siglo IV. Este obispo no ha analizado los problemas que traería su propuesta. Que analice los problemas que tiene el clero protestante en Estados Unidos y verá que la propuesta no es viable. ¿Puede tener un ministro protestante la misma dedicación de tiempo y energía que puede tener un sacerdote célibe? Pues no. De hecho, he leído el testimonio de uno que relataba que para poder tener suficientes ingresos, obviamente la señora tenía que trabajar, y él cuidar a los niños, o bine el tenía que dar clases. Los Protestantes en Estados Unidos dan como el doble o más de dinero a su Iglesia que los Católicos.¿Qué decir del resto de los países? Y el sacerdote de la Iglesia Ortodoxo en Grecia o Rusia tiene que trabajar en algún oficio o incluso en el campo para poder sobrevivir. No seamos ilusos ni nos traigamos encima mayores problemas queriendo solucionar la supuesta falta de vocaciones. A mi juicio puede que no falten sacerdotes, sino más bien están mal distribuidos, o dedicados a otros menesteres que no son su vocación específica. Mucho de lo que hacemos pueden y deben hacerlo otros. Yo tengo más de 29 años de sacerdocio y he pasado 12 de ellos con el problema de que no me asignaban a un lugar donde pudiera ocuparme. Los legionarios me tenían 5 años en inactividad. Fui a una diócesis en Argentina y allí me asignaron a una parroquia como Vicario donde el Párroco era hiperactivo y no me asignaba trabajo. Estuve cinco años en Chile donde el Obispo no me dio ningún nombramiento. Estuve tres años y medio en una aldea en Andalucía que tampoco, por más que intentaba realizar acción pastoral, no tenía en suficiente actividad ocupar mi tiempo, por es vine aquí. Constaté que hay otros muchos en situaciones similares. Por lo que estoy absolutamente convencido que que no es que falten sacerdotes en muchas partes, sino que están mal distribuidos, dedicados a ser secretarios de obispos y otras tareas administrativas.

    La vocación al sacerdocio es una vocación divina, y la Iglesia Católica no es una iglesia congregacional en la que los miembros escogen a su pastor.

    Además la noción según la cual el sacerdote tiene que experimentar personalmente en carne propia los problemas de la gente, como si el médico o el psicólogo debiera padecer la enfermedad que intenta curar es otro disparate. Ciertamente puede y debe de estar cerca de la gente, pero no necesariamente en todo. Además, ya tenemos diáconos permanentes que se dedican a tiempo parcial al ministerio y he podido constatar particularmente en Chile que realizan una hermosa misión.

    Lo que pasa es que la cultura actual es contraria al celibato y quieren casar a Jesucristo con la Magdalena. Si se llega a introducir el celibato opcional, será como el ayuno que se convirtió en opcional. Pero una a Iglesia en la que no se ayune no ayune le falta algo muy importante. En España cuando llegó a haber más de 7000 mártires entre el clero, ¿se hubiera dado ese fenómeno con un clero casado?

  7. […] Posted by proconcil en 13/05/2011 El obispo Fritz Lobinger propone la ordenación de presbíteros casados, nacidos de las comunidades … […]

  8. Me alarman estos obispos emeritos que apoyan el celibato opcional al dimitir. ¿Todis ellos fueron fieles al celibato, toleraron que su clero le fuese infiel?.
    No seria mejor volver a la disciplina anterior, si se quiere al Concilio de Elvira, que no fue tan absoluto, pues hubo flujos y reflujos, siglo XI, XVI.
    Ademas hoy Cardenales incluso Papabiles o quienes fueron candidatos al Pontificado como Martini respaldan este retorno a la Iglesia Primitiva, Iglesia de los Apostoles, de los Padres de la Iglesia y de Miles de martires y confesores.

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