Aclamado por muchos, pero criticado también desde amplios sectores de Iglesia, Juan Pablo II es ya beato

Benedicto XVI en la homilía:  …”Hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se añade a la multitud de santos y beatos que él proclamó durante sus casi 27 años de pontificado, recordando con fuerza la vocación universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium…”.

Juan Pablo II tapiz beatificación foto Ecclesia Digital

Tarcisio Bertone en la misa de acción de gracias: “…Su vida era una oración constante, que abrazaba con amor a todos los habitantes de nuestro planeta, creados a imagen y semejanza de Dios, y por eso dignos del mayor respeto; redimidos por la muerte y resurrección de Cristo, y por eso convertidos realmente en gloria viviente de Dios. Gracias a la fe, que se expresaba sobre todo en la oración, Juan Pablo II fue un verdadero defensor de la dignidad de todo ser humano y no un mero luchador por ideologías políticas y sociales”…

Madrid, 2 de mayo de 2011 (Por Trastevere con información del VIS y varios medios).- El Papa Benedicto XVI proclamó ayer nuevo beato de la Iglesia católica a su antecesor Juan Pablo II. A las 10.00 horas del II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, el Papa presidió la celebración eucarística durante la cual proclamó Beato al Siervo de Dios Juan Pablo II, Papa (1920-2005), cuya fiesta se celebrará a partir de ahora el 22 de octubre de cada año. 

Asistieron a la ceremonia 87 delegaciones de varios países, entre ellos cinco casas reales, 16 jefes de Estado –como los presidentes de Italia y de Polonia- y 7 primeros ministros.  Cientos de miles de personas venidas de todo el mundo llenaban la Plaza de San Pedro y las calles adyacentes. La ceremonia también se pudo seguir desde varias pantallas gigantes instaladas en el Circo Máximo y en algunas plazas de la ciudad. 

España solo por detrás de Polonia

 http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Espana/solo/detras/Polonia/elpepusoc/20110502elpepisoc_2/Tes

 Los príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, encabezaron la representación española en la beatificación de Juan Pablo II, oficialmente integrada por 14 personas, entre ellas el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, y la vicepresidenta de la Generalitat de Cataluña, Joana Ortega. Pero, de hecho, eran más: una treintena de parlamentarios y responsables de altas instituciones del Estado pidieron asistir. Este despliegue convirtió a la comitiva española en la más numerosa por detrás de la polaca.

María Dolores de Cospedal, numero dos del PP, se encontraba entre esta treintena de cargos españoles que pidieron estar presentes en la ceremonia de beatificación.

Además de la española, estuvieron presentes las casas reales de Bélgica y Reino Unido.

De Albania a Zimbabue, por orden alfabético, fueron 62 las delegaciones que han asistido a los oficios.

Además del presidente de Polonia, Bronislaw Komorowski, y de los presidentes de las cámaras parlamentarias de la tierra natal de Juan Pablo II, estuvieron presentes los presidentes de Honduras y Congo, Porfirio Lobo Sosa y Sassou Ngueso, respectivamente, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.

Texto de la homilía de Benedicto XVI durante la celebración eucarística:

“Queridos hermanos y hermanas. 

Hace seis años nos encontrábamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa Juan Pablo II. El dolor por su pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el sufrimiento. Ya en aquel día percibíamos el perfume de su santidad, y el Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él. Por eso, he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificación procediera con razonable rapidez. Y he aquí que el día esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque así lo ha querido el Señor: Juan Pablo II es beato.

Deseo dirigir un cordial saludo a todos los que, en número tan grande, desde todo el mundo, habéis venido a Roma, para esta feliz circunstancia, a los señores cardenales, a los patriarcas de las Iglesias católicas orientales, hermanos en el episcopado y el sacerdocio, delegaciones oficiales, embajadores y autoridades, personas consagradas y fieles laicos, y lo extiendo a todos los que se unen a nosotros a través de la radio y la televisión. 

Éste es el segundo domingo de Pascua, que el beato Juan Pablo II dedicó a la Divina Misericordia. Por eso se eligió este día para la celebración de hoy, porque mi Predecesor, gracias a un designio providencial, entregó el espíritu a Dios precisamente en la tarde de la vigilia de esta fiesta. Además, hoy es el primer día del mes de mayo, el mes de María; y es también la memoria de san José obrero. Estos elementos contribuyen a enriquecer nuestra oración, nos ayudan a nosotros que todavía peregrinamos en el tiempo y el espacio. En cambio, qué diferente es la fiesta en el Cielo entre los ángeles y santos. Y, sin embargo, hay un solo Dios, y un Cristo Señor que, como un puente une la tierra y el cielo, y nosotros nos sentimos en este momento más cerca que nunca, como participando de la Liturgia celestial. 

Juan Pablo II radiante“Dichosos los que crean sin haber visto” (Jn 20, 29). En el evangelio de hoy, Jesús pronuncia esta bienaventuranza: la bienaventuranza de la fe. Nos concierne de un modo particular, porque estamos reunidos precisamente para celebrar una beatificación, y más aún porque hoy un Papa ha sido proclamado Beato, un Sucesor de Pedro, llamado a confirmar en la fe a los hermanos. Juan Pablo II es beato por su fe, fuerte y generosa, apostólica. E inmediatamente recordamos otra bienaventuranza: *(Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo+ (Mt 16, 17). )Qué es lo que el Padre celestial reveló a Simón? Que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Por esta fe Simón se convierte en *Pedro+, la roca sobre la que Jesús edifica su Iglesia. La bienaventuranza eterna de Juan Pablo II, que la Iglesia tiene el gozo de proclamar hoy, está incluida en estas palabras de Cristo: *Dichoso, tú, Simón+ y *Dichosos los que crean sin haber visto+. Ésta es la bienaventuranza de la fe, que también Juan Pablo II recibió de Dios Padre, como un don para la edificación de la Iglesia de Cristo. 

“Pero nuestro pensamiento se dirige a otra bienaventuranza, que en el evangelio precede a todas las demás. Es la de la Virgen María, la Madre del Redentor. A ella, que acababa de concebir a Jesús en su seno, santa Isabel le dice: *Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá+ (Lc 1, 45). La bienaventuranza de la fe tiene su modelo en María, y todos nos alegramos de que la beatificación de Juan Pablo II tenga lugar en el primer día del mes mariano, bajo la mirada maternal de Aquella que, con su fe, sostuvo la fe de los Apóstoles, y sostiene continuamente la fe de sus sucesores, especialmente de los que han sido llamados a ocupar la cátedra de Pedro. María no aparece en las narraciones de la resurrección de Cristo, pero su presencia está como oculta en todas partes: ella es la Madre a la que Jesús confió cada uno de los discípulos y toda la comunidad. De modo particular, notamos que la presencia efectiva y materna de María ha sido registrada por san Juan y san Lucas en los contextos que preceden a los del Evangelio de hoy y de la primera lectura: en la narración de la muerte de Jesús, donde María aparece al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25); y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, que la presentan en medio de los discípulos reunidos en oración en el cenáculo (cf. Hch. 1, 14). 

También la segunda lectura nos habla de la fe

“También la segunda lectura de hoy nos habla de la fe, y es precisamente san Pedro quien escribe, lleno de entusiasmo espiritual, indicando a los nuevos bautizados las razones de su esperanza y su alegría. Me complace observar que en este pasaje, al comienzo de su Primera carta, Pedro no se expresa en un modo exhortativo, sino indicativo; escribe, en efecto: “Por ello os alegráis”, y añade: “No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación” (1 P 1, 6.8-9). Todo está en indicativo porque hay una nueva realidad, generada por la resurrección de Cristo, una realidad accesible a la fe. “Es el Señor quien lo ha hecho -dice el Salmo (118, 23)- ha sido un milagro patente”, patente a los ojos de la fe. 

“Queridos hermanos y hermanas, hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se añade a la multitud de santos y beatos que él proclamó durante sus casi 27 años de pontificado, recordando con fuerza la vocación universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium. Todos los miembros del Pueblo de Dios -obispos, sacerdotes, diáconos, fieles laicos, religiosos, religiosas- estamos en camino hacia la patria celestial, donde nos ha precedido la Virgen María, asociada de a,modo singular y perfecto al misterio de Cristo y de la Iglesia. Karol Wojty primero como Obispo Auxiliar y después como Arzobispo de Cracovia, participó en el Concilio Vaticano II y sabía que dedicar a María el último capítulo del Documento sobre la Iglesia significaba poner a la Madre del Redentor como imagen y modelo de santidad para todos los cristianos y para la Iglesia entera. Esta visión teológica es la que el beato Juan Pablo II descubrió de joven y que después conservó y profundizó durante toda su vida. Una visión que se resume en el icono bíblico de Cristo en la cruz, y a sus pies María, su madre. Un icono que se encuentra en el evangelio de Juan (19, 25-27) y que quedó sintetizado en a: una cruz de oro,el escudo episcopal y posteriormente papal de Karol Wojty una “eme” abajo, a la derecha, y el lema: “Totus tuus”, que corresponde a la acélebre expresión de san Luis María Grignion de Monfort, en la que Karol Wojty encontró un principio fundamental para su vida: “Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum, Maria -Soy todo tuyo y todo cuanto tengo es tuyo. Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón”. (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 266).El nuevo Beato escribió en su testamento: “Cuando, en el día 16 de octubre de 1978, el cónclave de los cardenales escogió a Juan Pablo II, el primado de Polonia, cardenal ski, me dijo: “La tarea del nuevo Papa consistirá en introducir aStefan Wyszy la Iglesia en el tercer milenio”. Y añadía: “Deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, con respecto al cual, junto con la Iglesia entera, y en especial con todo el Episcopado, me siento en deuda. Estoy convencido de que durante mucho tiempo aún las nuevas generaciones podrán recurrir a las riquezas que este Concilio del siglo XX nos ha regalado. Como obispo que participó en el acontecimiento conciliar desde el primer día hasta el último, deseo confiar este gran patrimonio a todos los que están y estarán llamados a aplicarlo.

Por mi parte, doy las gracias al eterno Pastor, que me ha permitido estar al servicio de esta grandísima causa a lo largo de todos los años de mi pontificado”. ¿Y cuál es esta “causa”? Es la misma que Juan Pablo II anunció en su primera Misa solemne en la Plaza de San Pedro, con las memorables palabras: “(No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!”. Aquello que el Papa recién elegido pedía a todos, él mismo lo llevó a cabo en primera persona: abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible. Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Más en síntesis todavía: nos devolvió la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es Redemptor hominis, Redentor del hombre: el tema de su primera Encíclica e hilo conductor de todas las demás. 

Confrontación entre el marxismo y el cristianismo

Karol Wojtyła subió al Solio de Pedro llevando consigo la profunda reflexión sobre la confrontación entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre. Su mensaje fue éste: el hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre. Con este mensaje, que es la gran herencia del Concilio Vaticano II y de su «timonel», el Siervo de Dios el Papa Pablo VI, Juan Pablo II condujo al Pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio, que gracias precisamente a Cristo él pudo llamar «umbral de la esperanza». Sí, él, a través del largo camino de preparación para el Gran Jubileo, dio al Cristianismo una renovada orientación hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto a la historia, pero que incide también en la historia. Aquella carga de esperanza que en cierta manera se le dio al marxismo y a la ideología del progreso, él la reivindicó legítimamente para el Cristianismo, restituyéndole la fisonomía auténtica de la esperanza, de vivir en la historia con un espíritu de «adviento», con una existencia personal y comunitaria orientada a Cristo, plenitud del hombre y cumplimiento de su anhelo de justicia y de paz. 

“Quisiera finalmente dar gracias también a Dios por la experiencia personal que me concedió, de colaborar durante mucho tiempo con el beato Papa Juan Pablo II. Ya antes había tenido ocasión de conocerlo y de estimarlo, pero desde 1982, cuando me llamó a Roma como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante 23 años pude estar cerca de él y venerar cada vez más su persona. Su profundidad espiritual y la riqueza de sus intuiciones sostuvieron mi servicio. El ejemplo de su oración siempre me ha impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio. Y después, su testimonio en el sufrimiento: el Señor lo fue despojando lentamente de todo, sin embargo él permanecía siempre como una “roca”, como Cristo quería. Su profunda humildad, arraigada en la íntima unión con Cristo, le permitió seguir guiando a la Iglesia y dar al mundo un mensaje aún más elocuente, precisamente cuando sus fuerzas físicas iban disminuyendo. Así, él realizó de modo extraordinario la vocación de cada sacerdote y obispo: ser uno con aquel Jesús al que cotidianamente recibe y ofrece en la Eucaristía.

 “(Dichoso tú, amado Papa Juan Pablo, porque has creído! Te rogamos que continúes sosteniendo desde el Cielo la fe del Pueblo de Dios. Tantas veces nos ha bendecido desde esta misma Plaza. Santo Padre, bendíganos de nuevo desde esa ventana. Amén”.

Rito de la beatificación

Después del acto penitencial de la misa de beatificación de Juan Pablo II, el cardenal Agostino Vallini, vicario general del Papa para la diócesis de Roma, se acercó a Benedicto XVI junto con el postulador de la causa, monseñor Slawomir Oder, y pidió que se procediera a la beatificación del Siervo de Dios: 

Beatissime Pater,

Vicarius Generalis Sanctitatis Vestrae

pro Romana Dioecesi,

humillime a Sanctitate Vestra petit

ut Venerabilem Servum Dei

Ioannem Paulum II, papam,

numero Beatorum adscribere

benignissime digneris. 

A continuación leyó una breve biografía del pontífice polaco: 

Karol Józef Wojtyla nació en Wadowice (Polonia), el 18 de mayo de 1920, de Karol y Emilia Kaczorowska. Fue bautizado el 20 de junio en la iglesia parroquial de Wadowice. 

Segundo de dos hijos, pronto la alegría y la serenidad de su infancia recibieron el duro golpe de la prematura muerte de su madre, fallecida cuando Karol tenía nueve años (1929). Tres años más tarde (1932) moría también su hermano mayor, Edmund, y en 1941, a los 21 años, Karol perdió también a su padre. 

Educado en la más sana tradición patriótica y religiosa, aprendió de su padre, un hombre profundamente cristiano, la piedad y el amor al prójimo. que nutría con la oración constante y la práctica de los sacramentos. 

Las características de su espiritualidad, a las que permaneció fiel hasta la muerte, fueron su sincera devoción al Espíritu Santo y el amor a la Virgen. Su relación con la Madre de Dios era especialmente profunda y viva, vivida con la ternura de un niño que se abandona en los brazos de la madre y con la virilidad de un caballero, siempre dispuesto a obedecer a las órdenes de su Señora: “Haced todo lo que el Hijo os dirá”. Su confianza total en María, que como obispo expresaría en el lema “Totus Tuus”, revelaba también el secreto de ver el mundo a través de los ojos de la Madre de Dios.

La rica personalidad del joven Karol maduró gracias al entrelazamiento de sus dotes intelectuales, espirituales y morales con los acontecimientos de su época, que marcaron la historia de su patria y de Europa. 

En los años de la escuela secundaria nació en él la pasión por el teatro y la poesía, que desarrolló a través de la actividad del grupo teatral de la Facultad de Filología de la Universidad Jagellónica, donde se matriculó en el curso académico 1938. 

Durante la ocupación nazi de Polonia, mientras estudiaba en la clandestinidad, trabajó durante cuatro años (desde octubre de 1940 hasta agosto de 1944) como obrero en las fábricas de Solvay, viviendo desde dentro los problemas sociales del mundo del trabajo y recogiendo un valioso patrimonio de experiencias que utilizaría en futuro en su magisterio social primero como arzobispo de Cracovia y luego como Sumo Pontífice. 

En esos años maduró en él el deseo del sacerdocio, al que se encaminó frecuentando desde octubre de 1942, los cursos clandestinos de teología en el seminario de Cracovia. En el discernimiento de su vocación sacerdotal fue ayudado en gran medida por un laico, Jan Tyranowski, un verdadero apóstol de la juventud. Desde entonces, el joven Karol tuvo la clara percepción de la vocación universal de todos los cristianos a la santidad y del papel insustituible de los laicos en la misión de la Iglesia. 

Fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946 y al día siguiente, en la sugestiva atmósfera de la cripta de San Leonardo de la catedral de Wawel, celebró la primera misa. 

Enviado a Roma para completar la formación teológica, fue alumno de la Facultad de Teología en el Angelicum, donde se dedicó con empeño a estudiar las fuentes de la sana doctrina y vivió su primer encuentro con la vitalidad y la riqueza de la Iglesia Universal, en la situación privilegiada que le ofrecía la vida fuera de la “cortina de hierro”. A esa época se remonta el encuentro de don Karol con S. Pío de Pietrelcina. 

Se graduó con las notas más altas en junio de 1948 y regresó a Cracovia para iniciar la actividad pastoral, como vicario parroquial. Se entregó a su ministerio con entusiasmo y generosidad. Después de obtener la habilitación a la docencia, comenzó a enseñar en la universidad, en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, y después de la abolición de esta, en la del seminario diocesano de Cracovia y la Universidad Católica de Lublin. 

Los años transcurridos con los jóvenes estudiantes le permitieron comprender plenamente la inquietud de sus corazones y el joven sacerdote fue para ellos no sólo un profesor, sino un guía espiritual y un amigo. 

A la edad de 38 años, fue nombrado obispo auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958, de manos del arzobispo Eugeniusz Baziak, al que sucedió como arzobispo en 1964. Fue creado cardenal por el Papa Pablo VI el 26 de junio de 1967. 

Como pastor de la diócesis de Cracovia fue inmediatamente apreciado como hombre de fe robusta y valiente, cercano a la gente y a sus problemas reales. 

Interlocutor capaz de escucha y diálogo, sin ceder nunca al compromiso, afirmó frente a todos el primado de Dios y de Cristo como fundamento de un verdadero humanismo y fuente de los derechos inalienables de la persona humana. Amado por sus diocesanos, estimado por sus compañeros obispos compañeros, era temido por quienes lo veían como un adversario. 

El 16 de octubre de 1978 fue elegido Obispo de Roma y Romano Pontífice y tomó el nombre de Juan Pablo II. Su corazón de pastor, totalmente entregado a la causa del Reino de Dios, se extendió a todo el mundo. La “caridad de Cristo” le llevó a visitar las parroquias de Roma, a anunciar el Evangelio en todos los ambientes y fue la fuerza impulsora de los innumerables viajes apostólicos en los diversos continentes, llevados a cabo para confirmar en la fe a los hermanos y hermanas en Cristo, consolar a los afligidos y a los pusilánimes, a llevar el mensaje de reconciliación entre las iglesias cristianas, a construir puentes de amistad entre los creyentes del Único Dios y los hombres de buena voluntad. 

Su luminoso magisterio no tuvo otro propósito que anunciar siempre y en todo el mundo a Cristo, Único Salvador de la humanidad. 

En su extraordinario ardor misionero amó con un amor especialísimo a los jóvenes. Las convocaciones de las Jornadas Mundiales de la Juventud tenían como objetivo anunciar a las nuevas generaciones a Jesucristo y su Evangelio para que fueran protagonistas de su futuro y cooperar en la construcción de un mundo mejor. 

Su solicitud de Pastor universal se manifestó en la convocación de numerosas asambleas del Sínodo de los Obispos, en la erección de diócesis y circunscripciones eclesiásticas, en la promulgación de los códigos de derecho canónico latino y de las Iglesias Orientales y del Catecismo de la Iglesia Católica, en la publicación de cartas encíclicas y exhortaciones apostólicas. Para fomentar en el Pueblo de Dios momentos de vida espiritual más intensa, convocó el Jubileo extraordinario de la Redención, el Año Mariano, el Año de la Eucaristía y el Gran Jubileo del año 2000. 

El optimismo arrollador, fundado en la confianza en la Providencia divina, llevó a Juan Pablo II, que había vivido la experiencia trágica de dos dictaduras, sufrido un atentado el 13 de mayo de 1981 y en los últimos años había sido probado físicamente por la enfermedad progresiva, a mirar siempre hacia horizontes de esperanza, invitando a la gente a abatir los muros de las divisiones, a eliminar la resignación para volar hacia metas de renovación espiritual, moral y material. 

Concluyó su larga y fecunda existencia terrena en el Palacio Apostólico Vaticano, el sábado, 2 de abril de 2005, víspera del Domingo in Albis, que quiso que se llamara de la Divina Misericordia. El funeral solemne se celebró en esta Plaza de San Pedro el 8 de abril de 2005. 

Un testimonio conmovedor del bien que realizó fue la participación de numerosas delegaciones de todo el mundo y de millones de hombres y mujeres, creyentes y no creyentes, que reconocieron en él un signo claro del amor de Dios por la humanidad. 

Descubrimiento del tapiz del nuevo beato

Benedicto XVI leyó entonces la fórmula de beatificación. Al terminar se descubrió el tapiz con el nuevo beato, mientras se cantó el Himno del Beato en latín y se colocaron en el altar las reliquias de Juan Pablo II para la veneración de todos los fieles. 

El cardenal Vallini terminó agradeciendo al Papa con estas palabras: 

“Beatissime Pater,

Vicarius Sanctitatis Vestrae

pro Romana Dioecesi,

gratias ex animo Sanctitati Vestrae agit

quod titulum Beati

hodie

Venerabili Servo Dei

Ioanni Paulo II, papae,

conferre dignatus es”.

Saludos a los participantes en la ceremonia

Al final de la misa de beatificación y antes de recitar el Regina Caeli, el Santo Padre saludó a los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro y en las zonas adyacentes. 

Hablando en francés, el Papa pidió que “la vida y obra del Beato Juan Pablo II sea la fuente de un compromiso renovado al servicio de todos los hombres y de todo el hombre. Le pido que bendiga los esfuerzos de todos para construir una civilización del amor, respetando la dignidad de cada persona humana, creada a imagen de Dios, con una especial atención a los más frágiles”.

 Dirigiéndose a continuación a los peregrinos de lengua inglesa, Benedicto XVI expresó del deseo de que el ejemplo del Beato “de fe firme en Cristo, Redentor del hombre, nos inspire a vivir plenamente la nueva vida que celebramos en la Pascua, para ser iconos de la misericordia divina y trabajar por un mundo en el que la dignidad y los derechos de cada hombre, mujer y niño sean respetados y promovidos”. 

“Os invito -dijo a los fieles de lengua española- a seguir el ejemplo de fidelidad y amor a Cristo y a la Iglesia, que nos dejó como preciosa herencia. Que desde el cielo os acompañe siempre su intercesión, para que la fe de vuestros pueblos se mantenga en la solidez de sus raíces y la paz y la concordia favorezcan el progreso necesario de vuestras gentes”. 

Al saludar a las autoridades polacas, el Papa pidió que su connacional “obtenga para vosotros y para su patria terrena el don de la paz, de la unidad y de toda prosperidad”. 

Benedicto XVI concluyó agradeciendo a las autoridades italianas la colaboración en la organización de este día. “Extiendo mi más afectuoso saludo a todos los peregrinos – congregados en la Plaza de San Pedro, en las calles adyacentes y en otros lugares de Roma- y a todos los que se han unido a nosotros mediante la radio y la televisión; (…) a los enfermos y ancianos, con los que el nuevo beato se sentía particularmente cercano”. 

Al final de la celebración eucarística, el Santo Padre, acompañado por los cardenales concelebrantes, se dirigió al interior de la Basílica Vaticana para venerar al nuevo Beato. Posteriormente hicieron lo mismo las autoridades presentes, así como los obispos y demás fieles.

Audiencia al Cardenal Stanisław Dziwisz

Benedicto XVI recibió hoy, día 2 de mayo, y en audiencias separadas a:

-Cardenal Giovanni Lajolo, presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, y de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano. 

-Cardenal Stanisław Dziwisz, arzobispo de Cracovia (Polonia) 

-Padre Saverio Cannistrà, O.C.D., prepósito general de los Carmelitas Descalzos. 

-Bronisław Komorowski, Presidente de la Republica de Polonia, con su esposa y séquito.

El Papa recibe al presidente de Polonia

El Santo Padre ha recibido hoy en audiencia al presidente de la República de Polonia, Bronislaw Komorowski, según informa un comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. 

“El presidente -dice el texto- ha expresado el agradecimiento de la nación polaca por la beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II. Se ha concordado en que el largo pontificado del beato Juan Pablo II ha repercutido grandemente, no solo en Polonia, sino en el mundo entero. Asimismo, se ha subrayado que su magisterio y sus intervenciones en favor de la dignidad de la persona y de la inviolabilidad de la vida humana siguen siendo actuales y de gran alcance”.

Juan Pablo II fue un defensor de la dignidad del ser humanoJuan Pablo II foto oficial

A las 10,30 horas de esta mañana, el cardenal Tarcisio Bertone, S.D.B., Secretario de Estado, presidió en la Plaza de San Pedro la Misa de acción de gracias por la beatificación del Papa Juan Pablo II. Los textos litúrgicos fueron los propios del nuevo beato. 

La celebración fue animada por el Coro de la diócesis de Roma, con la participación del Coro Unido Polaco de Varsovia y la Orquesta Sinfónica de la Radio Polaca de Katowice. La preparación para el rito sagrado comenzó a las 9,30 con la lectura de poemas del Beato Juan Pablo II, intercaladas con piezas interpretadas por la orquesta y el coro. Antes de la Santa Misa, el cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia, dirigió unas palabras a los presentes. 

“El diálogo de amor entre Cristo y el ser humano caracterizó toda la vida de Karol Wojtyla”, dijo el cardenal Bertone en su homilía. “Todos recordamos que el día del funeral hubo un momento en que el viento cerró las páginas del Evangelio colocado en el ataúd. Era como si el viento del Espíritu quisiera marcar el final de la aventura humana y espiritual de Karol Wojtyla, iluminada por el Evangelio de Cristo. Con este Libro, descubría el plan de Dios para la humanidad, para su persona, pero también aprendía cómo era Cristo, su rostro, su amor, que para Karol siempre fue una llamada a la responsabilidad”. 

“Era un hombre de fe, un hombre de Dios”, subrayó el purpurado. “Su vida era una oración constante, que abrazaba con amor a todos los habitantes de nuestro planeta, creados a imagen y semejanza de Dios, y por eso dignos del mayor respeto; redimidos por la muerte y resurrección de Cristo, y por eso convertidos realmente en gloria viviente de Dios. Gracias a la fe, que se expresaba sobre todo en la oración, Juan Pablo II fue un verdadero defensor de la dignidad de todo ser humano y no un mero luchador por ideologías políticas y sociales”. 

“Pero su oración también era una constante intercesión por toda la familia humana, por la Iglesia, por cada comunidad de creyentes en toda la tierra. (…) ¿No surgía de aquí, -de la oración, de la oración vinculada a tantos hechos dolorosos propios y ajenos-, su preocupación por la paz en el mundo, por la convivencia pacífica de los pueblos y las naciones?”, se preguntó el Secretario de Estado. 

“Hoy damos las gracias al Señor por habernos dado un Pastor como él. Un Pastor que sabía leer los signos de la presencia de Dios en la historia humana y anunciaba después sus grandes obras en todo el mundo, en todas las lenguas. Un Pastor que había arraigado dentro de sí el sentido de la misión, del compromiso de la evangelización, de anunciar la Palabra de Dios por doquier”. 

“Hoy damos gracias al Señor -continuó- por habernos dado un Testigo como él, tan creíble, tan transparente, que nos ha enseñado cómo debemos vivir la fe y defender los valores cristianos, comenzando por la vida, sin complejos, sin miedo; cómo debemos testimoniar la fe con valentía y coherencia, declinando las Bienaventuranzas en la experiencia cotidiana”. 

El purpurado invitó a dar gracias al Señor también por “habernos dado un Papa que supo dar a la Iglesia católica no sólo una proyección universal y una autoridad moral universal nunca antes conocidas, sino también, especialmente con la celebración del Gran Jubileo del 2000, una visión más espiritual, más bíblica, más centrada en la palabra de Dios. Un Iglesia que ha sabido renovarse, impulsar una “nueva evangelización”, intensificar los lazos ecuménicos e interreligiosos, y también encontrar las vías de un diálogo fructífero con las nuevas generaciones”. 

“Y finalmente –concluyó- damos gracias al Señor por habernos dado un santo como él. (…) Era un hombre verdadero, porque estaba inseparablemente unido a Aquel que es la Verdad. (…) La suya era una santidad vivida, sobre todo en los últimos meses, en las últimas semanas, en plena fidelidad a la misión que se le había confiado, hasta la muerte. (…) Sabía que su debilidad corporal mostraba aún más claramente el Cristo que obra en la historia. Y ofreciendo sus sufrimientos a El y a su Iglesia dio a todos una última y gran lección de humanidad y de abandono en los brazos de Dios”. 

El cardenal Bertone concluyó invitando a cantar “un himno de gloria al Señor por el don de este gran Papa: un hombre de fe y oración, pastor y testigo, guía en la transición entre dos milenios” y agradeció a Benedicto XVI “el haber querido elevar a la gloria de los altares a su gran predecesor”. 

En el momento del ofertorio seis personas presentaron al celebrante un sello realizado por la oficina de correos polaca y la oficina de correos vaticana, un bajorrelieve de la Asociación de la Misericordia y un retrato del Beato Juan Pablo II realizado por el Ayuntamiento de Zakopane. 

Más de 250.000 fieles accedieron ayer a la Basílica Vaticana para rezar ante los restos del nuevo beato. La basílica permaneció abierta hasta las 3 de esta madrugada y volvió a abrir al final de la misa de esta mañana. A las 17,30 de hoy se rezaba el último Rosario ante el féretro de Juan Pablo II. Posteriormente se cerrará la basílica y esta noche, con una ceremonia privada, el féretro se colocará en la Capilla de San Sebastián, que se halla al lado de la imagen de la Piedad.

Juan Pablo II descansará entre dos reinas: Matilde de Canosa y Cristina de Suecia

http://www.abc.es/20110501/sociedad/abci-papa-entre-reinas-201105011706.html 

Pío XI y Pío XII le dan escolta bajo el San Sebastián del Domenichino

“Los peregrinos que se arrodillen ante la sepultura definitiva de Karol Wojtyla tendrán a sus espaldas a dos reinas que miran también a Juan Pablo “el Grande” -escribía en ABC su corresponsal en Roma  Juan Vicente Boo- . Se trata de Matilde de Canosa (1046-1115) y Cristina de Suecia (1626-1689), que forman una guardia de honor completada por las modernas estatuas de bronce de dos pontífices. Son las de Pío XI (1922-1939) y de Pío XII (1939-1958), el Papa que nombró obispo a Karol Wojtyla en 1958.

Matilde de Canosa era una mujer de armas tomar que defendió durante cuarenta años tanto su corona –desde el norte del Lazio hasta Lombardía- como los intereses de sucesivos papas en numerosas guerras contra el emperador alemán. Fue también la organizadora de la “humillación de Canosa”, donde el emperador Enrique IV esperó de rodillas durante tres días y tres noches a las puertas del castillo de Matilde para pedir perdón al Papa Gregorio VII en enero del 1077.

La marquesa, condesa y reina se convirtió ya en vida en un personaje de leyenda, cuyas glorias cantaría Dante Alighieri en la Divina Comedia y cuyo sepulcro –en una columna de la basílica- esculpió el mismísimo Bernini. Matilde, defensora de los papas, sostiene una tiara, la triple corona utilizada como símbolo de la triple autoridad hasta Juan Pablo II.

En la columna de al lado, el rostro de Cristina de Suecia, esculpido por Carlo Fontana, mira también hacia la última morada de Juan Pablo II. Se trata de un monumento, ya que la verdadera sepultura esta un piso mas abajo en las Grutas Vaticanas, al lado de la ocupada hasta hace unos días por Juan Pablo II, quien descansaba allí abajo también entre dos reinas, Cristina de Suecia y Carlota de Chipre.

Igual que Matilde, Cristina era una mujer cultísima, hablaba varios idiomas y tuvo una vida de aventuras. Fue proclamada reina a los seis años pero se convirtió secretamente al catolicismo, por lo que no podía reinar sobre un país luterano y decidió abdicar a los 23 años, en 1654, para pasar el resto de su vida en Roma, viviendo como una reina. En el centro del arco de la Piazza del Popolo, una vistosa decoración monumental de Bernini recuerda su entrada en Roma “feliz y fausta, en el año del Señor de 1655”. Cristina era una mujer de carácter muy fuerte, a la que le gustaba vestir como los hombres y montar libremente a caballo por las calles de Roma en lugar de utilizar la carroza que había puesto a su disposición el papa Alejandro VII. Protagonizó numerosas aventuras y se convirtió en un personaje mítico de la Ciudad Eterna.

La Capilla de San Sebastián, que los peregrinos han empezado a llamar la “Capilla de Juan Pablo II”, está situada entre la Piedad de Miguel Ángel y la Capilla del Santísimo Sacramento, custodiado en un sagrario monumental de Bernini, que imita el famoso “Tempietto” de Bramante en San Pietro in Montorio.

A partir del 2 de mayo, su féretro quedará bajo el altar de esa capilla

La escena del martirio de San Sebastián es una versión en mosaico, realizada en 1631, del óleo de Domenico Zampieri, mas conocido como “il Domenichino”. La postura del comandante imperial romano, acribillado por flechas, recuerda la famosa escultura de Laocoonte, pero el gesto de Sebastián es sereno. La imagen de violencia recuerda también el casi martirio de Juan Pablo II cuando estuvo a punto de morir bajo las balas de Ali Agca el 13 de mayo de 1981.

A partir del 2 de mayo, su féretro quedará depositado bajo el altar de esa capilla, cubierto por una sencilla lápida de mármol con la inscripción “Beatus Ioannes Paulus II””.

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Los medios de comunicación han destacado ayer y hoy la información de la beatificación, y sus profesionales y editorialistas han publicaco artículos a favor y en contra de la misma.  A continuación facilito una serie de links a algunos de esos artículos publicados hoy en la prensa española:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/beato/Juan/Pablo/pronto/sera/santo/elpepusoc/20110502elpepisoc_3/Tes

http://revistaecclesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=25733&Itemid=314

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/05/01/internacional/1304240699.html

http://www.larazon.es/noticia/3004-juan-pablo-ii-un-beato-de-todos-para-el-siglo-xxi

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Hiperboles/papanatismo/elpepusoc/20110502elpepisoc_6/Tes

http://www.religionconfidencial.com/index.php?option=com_content&task=view&id=3649&Itemid=80

http://blogs.periodistadigital.com/religion.php/2011/05/02/wojtyla-salvado-y-a-salvo

http://www.abc.es/20110501/sociedad/abci-solidaridad-201105012046.html

http://revistaecclesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=25728&Itemid=314

http://vigo.cope.es/editorial/gracias-por-el-beato-juan-pablo-ii-241263

17 Responses to “Aclamado por muchos, pero criticado también desde amplios sectores de Iglesia, Juan Pablo II es ya beato”

  1. Qué aburrido Trastevere!!! Te recomiendo que leas la oración sacerdotal de San Juan y fomentes la unidad de la Iglesia!

    Cuantos “milagros” han hecho tus “beatos y santos” de la Teología de la Liberación? A donde vas con esa teología contestaria, creyendo que la fe es democrática? Simplemente es no leer la historia de la Iglesia: en vez de dividir y decir que “es criticado por AMPLIOS sectores de la Iglesia” (que por cierto, ese AMPLIO sector es teologos de la liberación, teologos que no quieren autoridad, en fin, intelectualoides que son incapaces de encarnar las bienaventuranzas) es mejor que apuntes tu “mira” en la lucha personal de los santos que nos edifica! Cuantos viajes harás tu trastevere para evangelizar, cuántas horas de oración pasas frente al santísimo? eres hombre de misa diaria?

    Deja ya de aburrirnos y fomenta un debate teologico que vaya precedido por la práctica de una verdadera vida de oración!

  2. Gualterio, en la vida todos somos necesarios, aún los malos para que otros desde los centros de oración, tengan trabajo…
    Esto es un foro abierto. Pepe tiene el mérito de mimarlo y también admite en él tus sugerencias que suenan “ad audiendum verbum”, casi recriminatorias. No es así. A Dios rogando y con el mazo dando. A esa oración privada, a las 365 misas anuales, a la EVANGELIZACIÓN que pregonas hay que añadir el testimonio, el curro duro y puro de cada día, la comprensión y, sí, inclito y cultivado pater, la generación del trabajo comprometido y bien terminado. Con Dios, que también se encuentra fuera de las sacristías.
    SOCRATES ALUMNO

  3. Socrates:

    No solo te digo q Dios esta fuera de la sacristia, sino que lo puedes encontrar en la calle. Y si trabajas y vas a misa diaria y procuras tener trato cotidiano con Dios, te daras cuenta q uno de los dones mas pedidos para la Iglesia es la unidad. El discurso sacerdotal de San Juan, cobra acentos tragicos al pedir la unidad del pueblo de la nueva alianza. De que me sirve que Teologos q haya teologos q roimpen con una Tradicion de 2,000 anos? Cual es el emepcinamiento de corregir y juzgar a la Iglesia en foros q nada pueden hacer? Dicen que Hans Kung, si fuera elegido, no aceptaria ser Papa pues dejaria de ser infalible. Y por cierto, no soy Pater.

  4. Riegas fuera de tiesto, Gualterio, porque mi intervención venìa provocada por tu absoluta intransigencia a que otros piensen diferente o incluso que sean más teutones que tú a bordo de esa barca que han llamado Iglesia. La tripulación y pasajeros pueden vivir en paz, respirar cultura, comprensión y no Aferrarse a normas absolutas que por querer ser transcendentes están llegando a ser vituperadas o al menos ignoradas.
    Con Dios, padre de tus hijos.
    SOCRATES ALUMNO.

  5. Pues el que riega fuera de tiesto eres tu SOCRATES ALUMNO. Podría asegurar que tu identificas iglesia con democracia; a Dios con los derechos de la humanidad; y la liturgia con la última inventiva que tenga el cura de turno para que no se le distraiga el pueblo en la misa. Wow! vaya lugar de encuentro con Dios! Quieres una prueba? la cuenca del mediterráneo fue el lugar en el que con más fuerza se aplicó “el supuesto espíritu del concilio”… democracia ecesial, liberalismo, relativismo puro y duro donde lo unico cierto es -y esta es norma de oro- que todo es relativo… y mira los resultados! Adelante, vaya Iglesia la que quedará después de los experimentos teologicos de AMPLIOS sectores de la Iglesia!

  6. Con Dios, Gualterio, disfrutemos de El, está en todas partes y no le preocupan las formas. Mi amigo el espacahín le gusta decir que a Dios nadie le gana. Teología de cocina resumida y clara. Cuídate.
    SOCRATES ALUMNO.

  7. Gualterio
    Confundes la leche con la magnesia. La fe no es democrática, si, pero no todo lo que se dice dentro de la Iglesia es dogma de fe, y precisamente esa concepción de unidad que tienes, es la que origino la ruptura del protestantismo y que fenómenos como el de los legionarios se den.

  8. Asalterio;

    Coincido contigo en el tema de que no todo lo que se diga en la Iglesia es dogma y coincido contigo en que llevar el concepto de unidad al extremo, no hace más que tensar las cosas. Pero de ahí a criticar todo lo que haga la jerarquía de turno hay diferencia. Cuando tendremos el gusto de ver a algún teologo “progresista” que sea aclamado porque en su vida reflejaba caridad, obras de misericordia, entrega por llevar a Dios a los demás? Como afirmó Pablo VI, de la autocritica pasamos a la destrucción. Y viendo el mundo, con la reciente canonización de JPII la peores críticas han venido del mundo católico! Mira la prensa “laica”, tratan de hacer balances más positivos, mientras que en medios catolicos, parece que lo unio que existió durante el largo pontificado de JPII fue M Maciel y abusos de curas. Me pregunto: ese claro error de burocracia administrativa y de gobierno -incluyendo la complicidad que hubo, debe tapar el resto del bosque? JPII no dejó una Iglesia más viva? con mayor presencia en la sociedad? No ha sido JPII el impulsor de que su suceso se pueda sentar en el parlamento inglés y ser escuchado por ambas cámaras, estando presentes todos los exprimeros ministros? Si esto no es llevar la palabra de Dios a cualquier nivel, no se qué se estaría esperando. Entonces, mientras unos dedican su vida a llegar a las personas, otros, católicos, se empeñan en poner en duda todo: que si la litugia, que si el Obispo tiene autoridad para decidir o no, que si los derechos humanos…. en fin, los catolicos nos distraemos pensando -y no pocas veces criticando- en que si es correcto usar sotana en pleno siglo XXI y nos olvidamos que la gente necesita de Dios! Por eso la iglesia encarnó la caridad con tantas ordenes religiosas e impulsaba la practicas de misericordia. Que otra señal se quiere en la tierra de la presencia de Dios, si la Iglesia dedica brazos humanos a la caridad? Es una locura ahora entregar la vida a Dios!

  9. Asalterio, gualterio, ¿sois parientes? (es broma)
    .
    para gualterio: creo haberle leido en otros blogs,sobre temas cristianos bajo otros seudonimos pero con el mismo espiritu sanedrinico que dispara hacia todo lo que segun su punto de vista se sale de la ortodoxia rancio-carpetovetonica-cutre-carca-franquista-apostolica- romana-Santiagoycierraespaña. un abrazo.

  10. Gualterio,
    coincido en espíritu con su posición de amor y defensa a la Iglesia.
    Sin embargo, discrepo con llamar progres a católicos que según su experiencia no han dado muestras de caridad. El que no sean reconocidos como santos, no les quita su entrega y amor, a ellos se les debe mucho, un ejemplo es la gran aportación al CVII. El padre Arrupe (otro ejemplo), no fue ni teólogo de la liberación, ni ha sido canonizado, y murió con la cruz en la mano. Feliz día de la Santa Cruz.

  11. Para Turista del Trastevere:
    por curiosidad: ¿vas a dar un argumento fruto de tu pensamiento ? o solo vas dar muestras de que conoces muchos adjetivos? No aburras con tus comentarios. Y si mi pensamiento es sanedrinico, el tuyo que es? Jesuitico? jejejejeje

  12. Para Turista del Trastevere.

    Y tu no me disparás con adjetivos cuando yo me salgo de lo que según tu punto de vista es lo correcto? Usaste 9 adjetivos, que campeón eres! A que no puedes usar más adjetivos…

  13. El insulto, es el recurso demagógico menos inteligente.

  14. AMIGOS , SEGURO LE LEEN Y LO RELEEN , USTEDES QUE SIEMPRE ESTAN AL TANTO DE QUERER REFORMAR LA IGLESIA,.

    SOLO PARA REFRESCAR

    UN SALUDOS A TODOS
    DON FRANCISCO

    Artículo 5: ¿Están obligados los súbditos a obedecer en todo a sus superiores?
    lat
    Objeciones por las que parece que los súbditos están obligados a obedecer a sus superiores en todo.
    1. Dice el Apóstol (Col 3,20): Hijos, obedeced a vuestros padres en todo. Y más adelante (v.22) añade: Siervos, obedeced en todo a vuestros amos según la carne. Luego por la misma razón deben los otros súbditos obedecer a sus superiores en todo.
    2. Los superiores son el medio entre Dios y los súbditos, según aquellas palabras del Dt 5,5: Yo fui arbitro y mediador para anunciaros sus palabras. Pero no se llega de un extremo a otro si no es a través del medio. Luego los preceptos del superior deben reputarse como preceptos de Dios. De ahí las palabras del Apóstol en Gál 4,14: Me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús; y en 1 Tes 2,13: Porque cuando recibisteis la palabra de Dios oyéndola a nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino, cual en verdad es, como palabra de Dios. Por tanto, así como el hombre debe obedecer a Dios en todo, tiene obligación de obedecer también a los superiores.
    3. Los religiosos prometen por igual en la profesión castidad, pobreza y obediencia. Pero el religioso debe observar la castidad y la pobreza en todo. Luego también en todo está obligado a obedecer.
    Contra esto: está lo que se dice en Act 5,29: Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres. Ahora bien: a veces los preceptos de los superiores van contra Dios. Luego no se les debe obedecer en todo.
    Respondo: Conforme a lo ya expuesto (a.1.4), el obediente se mueve a cumplir las órdenes de quien le manda por cierta necesidad de justicia, como las cosas naturales son movidas con necesidad natural por la fuerte acción sobre ellas de su motor. Y el que una cosa natural no se mueva por la fuerza de su motor puede acontecer por dos razones: Una, por un impedimento proveniente de la fuerza mayor de otro motor, y así un leño no es quemado por el fuego si la fuerza superior del agua se lo impide. Otra, por cierta falta de subordinación del móvil al motor, porque, aunque aquél depende de la acción de éste en parte, su dependencia no es total. De esta forma, el agua depende de la acción del fuego en cuanto al calentarse, mas no en cuanto a secarse o consumirse.
    Del mismo modo hay dos razones por las que puede acontecer que el súbdito no esté obligado a obedecer en todo a su superior. Primero, por un precepto de una autoridad mayor. Así, comentando aquel texto de Rom 13,2: Quienes resisten a la autoridad atraen sobre sí la condenación, dice la Glosa: Si algo te manda el procurador, ¿deberás cumplirlo si va en contra del procónsul? Más aún: si el procónsul manda una cosa y el emperador otra, ¿puede haber alguna duda en no hacer caso de aquél y servir a éste? Luego si el emperador manda una cosa y Dios otra, se debe obedecer a éste y no hacer caso de aquél.

    Segundo, el inferior no está obligado a obedecer al superior si le manda algo en lo que el súbdito no depende de él. Y, en efecto, dice Séneca en el III De Benef.: Se equivoca el que cree que la servidumbre afecta al hombre entero. Su parte más noble está exenta. Los cuerpos están sometidos y entregados como esclavos a sus dueños; pero el alma es dueña de sí misma. Por consiguiente, en lo que se refiere a los actos interiores de la voluntad, el hombre no está obligado a obedecer a los hombres, sino sólo a Dios.

    Está obligado, sin embargo, un hombre a obedecer a otro en las obras externas corporales. Lo que no quita para que aun en éstas se excluyan los actos que interesan a su naturaleza corporal, en los que no debe obedecer a los hombres, sino únicamente a Dios, porque todos los hombres por naturaleza son iguales; por ejemplo, en lo que se refiere al sustento del cuerpo y a la generación de la prole. De ahí que no estén obligados ni los siervos a obedecer a sus señores ni los hijos a sus padres en lo tocante a contraer matrimonio o guardar virginidad y en otros asuntos semejantes. Pero en lo que se refiere a la disposición de los actos y asuntos humanos, el súbdito está obligado a obedecer a su superior según los distintos géneros de superioridad: y así, el soldado debe obedecer a su jefe en lo referente a la guerra; el siervo, a su señor en la ejecución de los trabajos serviles; el hijo, a su padre en lo que tiene que ver con su conducta y el gobierno de la casa; y lo mismo en otros casos.

    A las objeciones:
    1. Cuando el Apóstol dice «en todo» debe entenderse en todo lo que pertenece al derecho de la patria potestad o de la potestad dominativa.
    2. El hombre está sometido sin restricción alguna a Dios en todo, en lo interior y en lo exterior; y, por consiguiente, debe obedecerle en todo. Los súbditos, en cambio, con respecto a sus superiores, no lo están en todo, sino en determinadas materias, y en éstas los superiores son intermedios entre Dios y sus súbditos. En las otras cosas, sin embargo, están sometidos inmediatamente a Dios, que los instruye por la ley natural o por la escrita.
    3. Los religiosos hacen profesión de obediencia en cuanto a las observancias regulares, y de acuerdo con su regla se someten a sus superiores. Por lo tanto, están obligados a obedecer sólo en aquello que puede pertenecer a la vida regular. Tal es la obediencia suficiente para conseguir la salvación eterna. Mas, si quieren obedecerles en otras materias, pertenecerá en este caso a un grado superior de perfección, siempre que no sean contrarias a Dios o contra la regla profesada; porque tal obediencia sería ilícita.
    Así, pues, cabe distinguir tres clases de obediencia: una, la obediencia suficiente para la salvación eterna, que obedece en lo que está mandado; otra, la obediencia perfecta, que obedece en todo lo que es lícito; otra, la obediencia indiscreta, la que obedece incluso en las cosas ilícitas.

  15. ¡Cuánto interés compuesto ganarían unas meninges, operativamente pensantes, sin el corsé de tantas reglas vacuas, y no diría que opuestas al sentido común. Con Dios, que es sencillo, sin ataduras, sin servidumbres inconexas!.
    SOCRATES ALUMNO

  16. Corrijo: “y yo diría que opuestas al sentido común”.

  17. “SOCRATES ALUMNO // May 11, 2011 at 21:34
    ¡Cuánto interés compuesto ganarían unas meninges, operativamente pensantes, sin el corsé de tantas reglas vacuas, y no diría que opuestas al sentido común

    Lo suscribo plenamente :-) y!!

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