La ONU celebra hoy la Jornada Internacional por la Democracia

  • Ban Ki-moon: “A pesar de los avances en materia de participación cívica, en cada vez más sociedades, la apatía se ha convertido en el enemigo más insidioso de la democracia. La participación inclusiva es el antídoto”. 
  • Alfred de Zayas: “No se puede conseguir un orden democrático y equitativo si los actores civiles de la sociedad sufren intimidación, acoso y violencia”. 
  • Rocco D’Ambrossio: “El diálogo no es sólo una actitud antropológica y ética fundamental, es también el fruto de la consciencia de que la ciudad, esto es la comunidad política, pertenece a todos los ciudadanos y ciudadanas que la habitan Y cada una, cada uno es portador de una visión del bien común”.
  • Mario Toso: “La salvación de la democracia no parece que pueda producirse sobre la base de diagnóstico y terapias que perpetúan las aporías del pensamiento moderno, no afrontan con valentía el mal en la raíz y se limitar a suministrar soluciones precarias o parciales, relativas sólo a los medios, aunque sean necesarios. Hace falta, por el contrario, remontarse a las causas epistemológicas y éticas del progresivo envilecimiento del alma de la democracia, favorecido por muchos factores”.
  • Elecciones en Mali, votantes

Madrid, 15 de septiembre de 2013 (Por Trastevere).- Que la democracia está enferma, es un hecho. Que la crisis económica ha dado un duro revés a los derechos civiles conquistados con la lucha de miles de personas durante décadas, es una realidad. Que el terrorismo, la violencia, el miedo y la difícil  situación internacional por las guerras y los conflictos locales han traído prácticas totalmente alejadas de la ética que exigen una Democracia y las leyes y normativas en vigor son, tristemente, noticia un día si y otro también. Y contra esta realidad se impone la lucha, el esfuerzo y la denuncia de todos aquellos que estamos convencidos de que sólo una revitalización ética de la Democracia, una puesta en valor de los derechos fundamentales y de las leyes democráticas frente a iluminados, “salva patrias”, falsos profetas y líderes políticos y financieros que intentan solucionar los conflictos -cuando no han colaborado ellos mismos a crearlos- con actuaciones que “bordean” la legalidad o que justifican en la necesidad de combatir el terrorismo o la violencia en las calles.

“En este Día Internacional de la Democracia, exhorto a los dirigentes a que escuchen y respeten la voz de los ciudadanos y a que respondan adecuadamente a ella, ya sea expresada directamente o por medio de los representantes que ellos han elegido. Exhorto a los ciudadanos del mundo a que piensen en cómo pueden utilizar su voz no solo para tomar control de su destino, sino para traducir sus deseos y los deseos de otros en un mundo mejor para todos”. Esta es la petición del secretario general de la Organización para las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, en su mensaje con motivo del Día Internacional de la Democracia que se celebra hoy bajo el lema: “Reforzar las voces de la Democracia”.

cartel dia hoac2013 otra política es posible desde la comuniónEl pueblo, soberano

Unos días antes de que se hiciese público este mensaje de Ban, el experto independiente sobre la promoción de un orden internacional democrático y equitativo, Alfred de Zayas,  urgió a los gobiernos a proteger las voces de la sociedad civil, y subrayó –al presentar su segundo informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU-, que ” las voces de los defensores de los derechos humanos y de aquellos que filtran información también merecen amparo”.

De Zayas señaló que  los activistas y los informantes son criticados por su supuesta falta de patriotismo “cuando en realidad sirven a la democracia de sus países y al disfrute de los derechos humanos de sus compatriotas”, y explicó que  “no se puede conseguir un orden democrático y equitativo si los actores civiles de la sociedad sufren intimidación, acoso y violencia”. El experto indicó que “muchos gobiernos parecen olvidar que en una democracia, el pueblo es soberano” y deploró que en muchos países “los gobiernos responden a intereses especiales y no a la voluntad de los ciudadanos”.

Concretamente, De Zayas mostró su preocupación por la tendencia a seguir los intereses de la industria militar, del sector financiero y de las grandes multinacionales.

El mensaje de  Ban

“Este año, conmemoramos el Día Internacional de la Democracia en medio de transiciones políticas volátiles en varios países, una prolongada crisis económica y espectaculares cambios demográficos y sociales. Todo ello recalca la necesidad de que debe fortalecerse la voz que tienen las personas en cómo se las gobierna, un imperativo que se encuentra en el corazón de la democracia.

A pesar de los avances en materia de participación cívica, en cada vez más sociedades, la apatía se ha convertido en el enemigo más insidioso de la democracia. La participación inclusiva es el antídoto. No es solo un fin en sí mismo, sino que prepara a las comunidades, a las sociedades y a países enteros para trabajar con puntos de vista encontrados, forjar compromisos y encontrar soluciones, y para participar en críticas y deliberaciones constructivas. La participación inclusiva ayuda a las comunidades a desarrollar formas de democracia que funcionen para el gobierno, las empresas y la sociedad civil.

Vivimos en una nueva era en la que las personas tienen cada vez más posibilidades para obtener información e influir en la toma de decisiones, algo que viene facilitado por la evolución de las tecnologías. Estas pueden ayudar a las personas a representar un papel más directo en esferas que considero las prioridades mundiales más inmediatas de nuestro tiempo: reducir las desigualdades; prevenir el conflicto armado y construir un mundo más seguro; apoyar a las naciones en transición; empoderar a las mujeres y a los jóvenes; y promover el desarrollo sostenible”.


Puerta del Sol DemocraciaRealYa cartel webPoner a las personas en el centro de los esfuerzos de desarrollo

“Ahora que nos esforzamos por acelerar los progresos hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para el año que nos fijamos como meta, 2015, –prosigue el mensaje del Secretario General– estamos preparando una visión para el desarrollo después de ese año. Las consultas mundiales sobre la agenda para el desarrollo para después de 2015 —en sí mismas un esfuerzo sin precedentes por escuchar la voz de los ciudadanos a la hora de formular las políticas internacionales— han reafirmado la importancia que reviste el poner a las personas en el centro de los esfuerzos de desarrollo. El millón de voces representadas en el sondeo “MY World” realizado por las Naciones Unidas pide con una fuerza abrumadora un gobierno abierto y receptivo, y hacen de este uno de los tres objetivos principales que buscan en una futura agenda para el desarrollo.

En este Día Internacional de la Democracia, exhorto a los dirigentes a que escuchen y respeten la voz de los ciudadanos y a que respondan adecuadamente a ella, ya sea expresada directamente o por medio de los representantes que ellos han elegido. Exhorto a los ciudadanos del mundo a que piensen en cómo pueden utilizar su voz no solo para tomar control de su destino, sino para traducir sus deseos y los deseos de otros en un mundo mejor para todos.

Hagan oír su voz. Participen. Procuren comprender y escuchar a quienes tal vez sean más débiles o más vulnerables que ustedes. A todos nos incumbe por igual nuestro futuro común. Hoy, comprometámonos a asegurarnos de que cada uno de nosotros podamos representar, y representemos, el papel que nos corresponde al máximo”.

Una visión confesional

Coincidiendo con la celebración de esta jornada internacional, y dentro de los actos que se han venido celebrando con motivo del 50 Aniversario de la publicación de la Encíclica de Juan XXIII, la “Pacem in terris”, se ha realizado en Madrid, del 9 al 11 de septiembre, el XXI curso de la Doctrina Social de la Iglesia católica, organizado por la  Conferencia Episcopal Española, su Comisión de Pastoral Social y la Fundación Pablo VI, con la colaboración de la Universidad Pontificia de Salamanca. Campus Madrid y el Instituto Social León XIII. El curso, bajo el enunciado en esta ocasión de “Rehablitar la democracia”, ha contado con la participación de importantes especialistas en la cuestión.

Entre los participantes, el  Profesor de Filosofía Política en la Universidad Gregoriana de Roma,  Rocco D’Ambrosio, disertó sobre “La política al servicio del bien común”. El profesor inició su conferencia señalando que: “Para hablar de política y bien común, nunca como ahora, es necesario volver a reflexionar sobre la información conciliar, que representa la síntesis moderna más esclarecedora en la materia: me refiero a la doctrina expresada en la Gaudium et Spes. El texto conciliar es no sólo un importante documento en la historia bimilenaria de la Iglesia, de atención a la realidad temporal, sino también un punto de referencia de la más viva actualidad, con sus contenidos de fondo y su metodología, válido también para un relanzamiento del magisterio social. En efecto, el Vaticano II, como opinan diferentes y autorizados teólogos e historiadores ha sido un Concilio que ha querido marcar un nuevo principio (Karl Rahner) para todas las actividades de la Iglesia católica, incluida la actividad en el mundo.

Escribe la Gaudium et Spes: “La comunidad política existe  verdaderamente en función de aquel bien común en el cual encuentra su justificación plena y su sentido y del cual deriva su legitimidad jurídica, primigenia y propia”. La concisión de la expresión no quita nada a la profundidad conceptual expresada”.

En relación con la necesidad del diálogo, D’Ambrossio dijo que”…Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decirme, dejar espacio a su punto de vista, a su opinión, a sus propuestas, sin caer, obviamente, en el relativismo. Y para dialogar es preciso bajar las defensas y abrir las puertas. Continuad el diálogo con las instituciones culturales, sociales, políticas, también para ofrecer vuestra contribución a la formación de ciudadanos que tengan interés por el bien de todos y trabajen por el bien común”.

El diálogo no es sólo una actitud antropológica y ética fundamental, es también el fruto de la consciencia de que la ciudad, esto es la comunidad política, pertenece a todos los ciudadanos y ciudadanas que la habitan Y cada una, cada uno es portador de una visión del bien común. Ninguno puede imponer a los otros su propio punto de vista, sino que todos deben dialogar y elaborar opciones comunes. Las sociedades pluralistas y multiétnicas, como son las nuestras, para evitar formas de fundamentalismo y violencia intelectual y física, deben, dentro del respeto a las propias tradiciones culturales y religiosas, pensar y repensar qué significa hoy el bien común, cómo realizarlo, cómo promoverlo y cómo garantizarlo.

Ejemplo de diálogo, de discusión, de búsqueda de lo que une las diversas posiciones teóricas y prácticas, ha sido en muchos países democráticos la elaboración de la Carta Constitucional (Constitución). Me refiero a aquel fenómeno por el cual las Constituciones  son el fruto de discusión y diálogo, entre las diversas tradiciones culturales y políticas, que han elaborado conjuntamente un proyecto de bien común de alto valor filosófico, jurídico y político”…

…” Son diversas las cartas constitucionales que muestran mucha sintonía con cuanto la Iglesia católica profesa, o bien con una visión del derecho que tutela “un bien relacionado con el  vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese “todos nosotros”, formado por individuos, familias y  grupos intermedios que se unen en comunidad social. No es un bien que se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social y que sólo en ella pueden realmente y de modo más eficaz conseguir su bien“ como ha escrito Benedicto XVI”.

Democracia real ya, cartel webOptimización de la utilidad

El profesor hizo una amplia referencia al hecho de haber sustituido en el contexto actual,” la finalidad del bien común por la de la optimización de la utilidad”. “La escena política contemporánea, local y/o global, -señaló- está bastante dominada por la mentalidad liberal y  por el principio de la optimización de los beneficios. En otros términos, muy frecuentemente no es el bien común el que justifica y da sentido a la vida política sino lo es el provecho. Los antiguos llamarían a esta actitud avidez. Es publicitada de mil maneras por las agencias culturales, muchas veces enmascarada por la respetabilidad burguesa, justificada por falsas motivaciones éticas. Nos ha recordado el papa Francisco: “La crisis actual no es solamente económica y financiera sino que hunde sus raíces en una crisis ética y antropológica. Seguir los ídolos del poder, del provecho del dinero por encima del valor de la persona humana, se ha convertido en norma fundamental de funcionamiento y criterio decisivo de organización. Nos hemos olvidado y nos olvidamos todavía de que por encima de los negocios, de la lógica y de los parámetros de mercado, está el ser humano y hay algo que es debido al hombre en cuanto hombre, en virtud de su dignidad profunda: ofrecerle la posibilidad de vivir dignamente y de participar activamente en el bien común.

En los que ejercen el poder la tentación de varios ídolos – poder, provecho, dinero – se hace doblemente fuerte. La del dinero es ante todo un factor natural, es decir, tentación común de apegarse a los bienes materiales;  en segundo lugar es reforzada por un modo de concebir el poder y la política, desligados de toda referencia ética, como enseña Maquiavelo. En esta situación de ausencia ética, el poder es visto en función de enriquecimiento y conservación propia, o como medio para acrecentar los propios intereses, por lo general, materiales, tanto personales como de grupo. Sabemos bien en qué medida a globalización actual está inspirada en su mayor parte por criterios utilitaristas, que determinan con frecuencia una política rehén de los poderes económicos fuertes. En esta situación no sólo se cometen numerosas ignominias, especialmente con perjuicio de los pobres, sino que se consolida una visión de poder, que encuentra su razón de ser únicamente en acrecentar intereses económicos-financieros. No por casualidad Juan Pablo II afirma que el anhelo exclusivo del provecho y, por otra parte, la sed del poder se encuentran en el panorama de hoy indisolublemente unidos, ya predomine el uno y el otro”.

education mali formación de mujeres foto ONUEducación para un nuevo comportamiento

Siguiendo con su disertación, el conferenciante explicó porqué en muchas ocasiones el endurecimiento de las leyes no logran los objetivos propuestos: “…Imaginemos una situación de crisis de una realidad familiar, laboral, cultural, religiosa, burocrática o política en la que los miembros han tomado conciencia de las injusticias existentes y quieren evitarla. Normalmente sucede que su atención se concentra ante todo sobre la ley justa que se ha de afianzar o elaborar de nuevo. La ley es así invocada y esperada como el resolutorio – el conocido deus ex machina – capaz de restablecer el orden y eliminar las diversas injusticias, resolviendo prácticamente todos los problemas. Por ejemplo, esto sucede con frecuencia en la organización estatal donde la emanación de una nueva ley, o el endurecimiento de una vigente, son consideradas resolutorios de un problema social o político.

Ejemplos de estas prácticas inútiles y deletéreas se dan en ámbitos legislativos como: corrupción, criminalidad organizada, bioética, fisco. Detengámonos sobre la legislación en materia fiscal, y de la evasión conectada con ella, en los países democráticos. Una nueva normativa fiscal, tendente a luchar contra la evasión, debe tener en cuenta el valor dado por los ciudadanos a la contribución fiscal. Si éste es casi inexistente, es preciso actuar sobre los fundamentos éticos de la vida ciudadana, en primer lugar, el bien común, del cual deriva la obligación del pago de las tasas, más que sobre los medios técnicos para vencer la evasión. En el caso, en cambio, en el que se puede presuponer razonablemente un grado de madurez cívica, se fijará la atención en resaltar los elementos, en su mayoría, técnicos, que favorecen la evasión. No se excluye que la ley pueda tener un carácter disuasivo y que ello contribuya un poco a cambiar hábitos malsanos e ilegales. Sin embargo, no es una ley nueva o un endurecimiento de las penas lo que sana las enfermedades de la sociedad e instaura automáticamente el bien común. Es siempre y solamente la educación (la aristotélica paidèia) la artífice de un nuevo comportamiento (èthos). No se promulga una nueva ley para educar a los ciudadanos en un nuevo comportamiento (èthos), sino que se educa a los ciudadanos  en las virtudes, en primer lugar a los gobernantes, y éstas (virtudes) conducirán a una nueva ley o al respeto de las vigentes.

Si una realidad institucional está afectada por la injusticia, para sanar su enfermedad es indispensable que sus miembros se pregunten sobre el estado general del cuerpo institucional, sobre su estar vivo, , esto es, sobre su orden, sobre su finalidad, , es decir, el bien común, y decidan los remedios para su salud, a saber, la justicia,partiendo y sin prescindir jamás de los datos que resultan de una reflexión más amplia. Es evidente que el procedimiento puede ser, según los casos, implícito o dado por supuesto, en el sentido de que no se tienen razones fundadas para dudar que los miembros del grupo hayan cambiado el enfoque de los principios generales de orden y justicia. En este caso nos concentramos inmediatamente en la eficacia de la ley existente o en la necesidad de elaborar leyes nuevas. La calidad de la nueva elaboración, siempre y sea como sea, dependerá de la calidad de la discusión sobre los presupuestos antropológicos y éticos de la institución. En síntesis, según la visión clásica, el comportamiento (èthos) origina la ley ( nòmos) y no a la inversa.

La ley e siempre el fruto de un camino, sea implícito o explícito. En esta luz comprendemos por qué el Concilio Vaticano II afirma que de la concepción del bien común es necesario sacar el ordenamiento jurídico, primigenio y propio. No es la emergencia la que dicta la ley. Esl a concepción del bien común la que se hace ley. La ley no debe contener más que los medios necesarios para realizar el bien común más plenamente y más fácilmente.

El concepto del bien común y sus condiciones

 Nuestro análisis sería incompleto -agregó D”Ambrossio-  si no respondiese, aunque sea brevemente, a la pregunta: pero ¿qué es en el fondo el bien común). “El bien común – afirma el Vaticano II – es el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”.

La visión que se desprende de los dictámenes conciliares es de tipo dinámico. Hablar de condiciones o de logros de una perfección significa insertar la comunidad política en un proceso de crecimiento continuo, atentos tanto a la inspiración filosófica fundante como a la situación contingente. Expresado así, este carácter dinámico nos remite a cuanto la tradición  aristotélica ponía de manifiesto para la virtud y su adquisición. El bien común es una virtud y, como tal, es el manera con la cual una sociedad se cultiva, decide existir y continúa decidiendo de existir, en una constante evolución, sin descuidar la necesaria verificación del camino recorrido. El bien común aquí presentado, además, coloca a la persona ya la sociedad (grupos) en una relación no antitética. Quedando firme que el bien de la pólis es más grande que el de cada uno de sus miembros, el bien de la persona está en línea sustancial con el de la comunidad y viceversa. Las raras oposiciones entre los dos bienes  no deben nunca llevar a negar un bien con menoscabo de otro, sino que deben ser armonizados y jerarquizados en orden a un bien final y superior.

Nos encontramos muy lejos de una visión utilitarista del bien común como suma de los bienes individuales, según la cual la mejor política es la que procura la mayor felicidad para el mayor número de personas; la peor es aquella que de modo semejante genera la miseria. El bien común no es la simple suma de los intereses particulares, sino que implica su valoración y composición hecha en base a una equilibrada jerarquía de valores. El bien común exige también una exacta comprensión de la dignidad y de los derechos de la persona y de su vínculo ontológico con la comunidad, en razón de su vocación  política…

Es bueno finalmente recordar que todo poder que no realiza el bien común de manera auténtica, armónica y constante, falla en su misión principal y fundante. El “fallar”, obviamente, puede tomar diversas formas e intensidad: se va de la ligereza y descuido en el ejercicio del gobierno de la comunidad hasta las formas extremas de la perversión del poder. Piénsese en los campos de exterminio, en los genocidios, en las deportaciones, en las depuraciones étnicas, en las ejecuciones sumarias, en las negaciones de los derechos fundamentales, en la criminalidad organizada. Estas cosas son obscuridad completa y maldad sin más. A la cual se accede, según Richter, por medio de una monstruosa obsesión de la voluntad que llega hasta elencarnizamiento destructivo.

Sigo todavía la argumentación de Aristóteles:  la ciudad nace para garantizar la buena vida, la vida feliz; quien en ella detenta el poder es constituido para crear las condiciones de la buena vida, esto es, del bien común (tò koinôn symphéron), en la justicia absoluta. De otra manera la comunidad degenera. Las constituciones degenerada (parekbasis) son una forma de perversión que niega la política que existe única y exclusivamente para el bien. El concepto de degeneración en Aristóteles se desarrolla simultáneamente con la identificación de la ciudad mejor, a saber, aquella ciudad donde la naturaleza humana puede realizarse lo mejor posible. Las características de ésta son: la estabilidad legislativa para evitar insatisfacciones y rebeliones consiguientes,; algunas configuraciones prácticas favorables (dimensión de la población y del territorio, colocación geográfica, carácter natural de la población); la calidad de las leyes adoptadas y de la educación allí impartida. En términos modernos diríamos que para Aristóteles la democracia es sana, solamente si se basa en la educación de los ciudadanos, constitución legislativa y administración práctica, aspectos todos que se deben distinguir por su excelencia, en caso contrario la democracia degenera. De este cuadro sintético se colige cómo el poder se pervierte, porque no responde a la finalidad para la cual ha sido instituido. En algunas concepciones modernas reductivas se piensa que la perversión del poder es asignable a factores externos o coyunturas fatales. La historia nos enseña, por el contrario,  que el poder, cuando ha perdido de vista la finalidad del bien, ha experimentado innumerables formas de desorden y perversión.

En el magisterio católico toda  forma degenerada de poder es definida estructura de pecado. La referencia a todas aquellas instituciones señaladas, en el pensamiento y en la práctica, por un estado de desorden que ha adquirido tanta fuerza y firmeza que limita y niega fuertemente la libertad y la dignidad de toda persona. Así (escribe) Juan Pablo II: “Si la situación de hoy hay que atribuirla a dificultades de índole diversa, no está fuera de lugar hablar de “estructuras de pecado”, que hunden sus raíces en el pecado personal y, por tanto, están siempre relacionadas con actos concretos  de las personas que las introducen , las consolidan y hacen difícil el removerlas. Y de este modo ellas se refuerzan, se difunden y se convierten en origen de otros pecados, condicionando la conducta de los hombres. “Pecado” y “estructuras de pecado” son categorías que con frecuencia no son aplicadas al mundo contemporáneo. No se llega, sin embargo, con facilidad a la como prensión profunda de la realidad, como se presenta a nuestros ojos, sin dar un nombre a la raíz de los males que nos afligen.

Con relación a estructuras que viven un desorden consolidado y difícil de remover, que son fuente de otros pecados, los ejemplos podrían ser muchos: de las familias de la criminalidad organizada a las organizaciones internacionales, que bloquean el desarrollo de países pobres; de las asociaciones para delinquir, que tienen como rehenes a poblaciones y territorios, a las opciones de algunos políticos, que defienden con  todos los medios las situaciones de injusticia y de guerra presentes en el mundo. Obviamente víctimas de esta doble actitud de pecado son no sólo los individuos; pueden serlo también instituciones más grandes como las de tipo imperialista. En ellas ciertas decisiones, inspiradas aparentemente solamente por la economía o la política, esconden verdaderas formas de idolatría: del dinero, de la ideología, de la clase, de la tecnología.

La referencia a varias idolatrías, que algunos poderes perpetran en el mundo se presenta como invitación a no hacer análisis superficiales de las perversiones del poder, de la traicionar la finalidad del bien común, sino a saber relacionar toda clase de desorden, perversión y corrupción con motivaciones profundas, en raizadas en el campo racional, emotivo y utilitarista de la persona humana. Una larga y con frecuencia misteriosa cadena une el mal público con el personal, sus formas macroscópicas  con las microscópicas. Porque, como diría Sakespeare por boca de su Macbeth: “Lo que en el mal nace, en el mal crece”.

Diversidad logo del día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo 02Conclusiones

Para concluir , afirmó el profesor, “me parece hermoso reafirmar nuestros compromisos por el bien común y proponer, educar y promover una política al servicio del bien común, en el que todos seamos ciudadanos responsables y activos. Es cuanto nos recuerda Giuseppe Lazzati: “Digo que si somos católicos y como tales capaces de comprender que la política tiene como fin último el bien común, el cual justamente porque común no es sólo de una parte, deberíamos pensar que es necesario estar todos dispuestos sin prejuicios a hacer algún sacrificio en orden a aquel bien.  Sí, sabemos que el bien común es tal  que en una determinada circunstancia  puede exigirnos grandes sacrificios. Lo saben los que por el bien común han entregado la vida; lo saben los que por el bien común han soportado incomodidades muy graves en la cárcel, el destierro, en los campos de cautiverio o de eliminación, con tal de  lograr la libertad como bien supremo para el propio país. A veces no querríamos aceptar el principio si se aplica a los otros y no toca a la propia persona. Con esto no digo que nosotros no debamos manifestar nuestro parecer, como si uno tuviera que fiarse ciegamente del partido a quien hemos dado el voto; que no debamos hacer oír nuestra voz para denunciar rumbos políticos que nos parezcan equivocados; es deber de conciencia hacerlo. Pero esforcémonos por difundir en nuestro ambiente aquel sentido que solamente permite consumar realmente una unidad entre los católicos, como unidad de los que saben sacrificar algo propio, con tal que se obtenga, todos juntos, una fuerza mayor y por tanto una validez de acción que permita nuevos desarrollos del bien común de todo el país”.

Ecumenismo con simbolosLos fundamentos morales de la Democracia

El Secretario del Consejo Pontificio “Justitia et Pax” del Vaticano, Mario Toso, que también participó en el curso, pronunció una conferencia sobre los “fundamentos morales de la Democracia”. En su introducción, Toso señaló que: “Con el tiempo la democracia, aunque sea entre mil dificultades, se ha difundido cada vez más en el mundo. Pocos, hoy, no se declararían a su favor. Y, sin embargo, ella no puede considerarse una realidad lograda.

Si después de la caída de los regímenes de Europa del Este, comenzando por el año 1989, pareció que la democracia había ganado la batalla para unificar el mundo, hoy muchos observadores ya no están seguros de ello. Para algunos – por ejemplo, Colin Crouch y Ralf Dahrendorf – se ha entrado ahora en una fase de posdemocracia. En coincidencia con la disminución de autogobierno por parte de losdemos  nacionales y con la globalización que por ahora, aun ofreciendo posibilidades de agrandamiento, empequeñece los espacios de elecciones genuinamente democráticas, se  está obligado a trabajar en una nueva democracia que, a pesar de todas las dificultades, no puede renunciar  a su dimensión parlamentaria y al instituto de la representación. Urge tener en cuenta la redimensión de los Estados-Nación y pensar en  una arquitectura institucional que les permita articularse unitariamente dentro de un marco jurídico-político, idóneo para realizar el bien común mundial  a nivel transnacional. Al mismo tiempo se debe intentar involucrar en mayor grado a las instituciones democráticas  electivas nacionales en el proceso de toma de decisiones de las organizaciones internacionales. Es necesario, además,  proporcionar a las sociedades civiles mayor conciencia de su papel global y también canales apropiados de expresión.

No obstante, se debe destacar que la crisis actual de la democracia no deriva tanto de la mera inadecuación estructural e incapacidad representativa, que la exponen tanto a resultados oligárquicos como a tentaciones e impulsos populistas. Es debida, sobre todo, a la pérdida de los parámetros antropológicos y éticos que forman las conciencias, junto a la de los instrumentos cognitivos y críticos que permiten acceder a la realidad integral de las personas y de los problemas. Lo que falta a un campo cultural, capaz de germinar y de suscitar el renacimiento de la vida política.

La salvación de la democracia no parece que pueda producirse sobre la base de diagnóstico y terapias que perpetúan las aporías del pensamiento moderno, no afrontan con valentía el mal en la raíz y se limitar a suministrar soluciones precarias o parciales, relativas sólo a los medios, aunque sean necesarios. Hace falta, por el contrario, remontarse a las causas epistemológicas y éticas del progresivo envilecimiento del alma de la democracia, favorecido por muchos factores: desconfianza en el hombre y en sus capacidades de acceder a la verdad y al bien, así como a Dios; agnosticismo y relativismo ético; fragmentación y sincretismo cultural; rechazo de las religiones en la vida pública; exasperación de los nacionalismos, localismos, particularismos étnicos; gobierno del poder  en vez del derecho. Todo esto, como ha señalado a tiempo Domenico Fisichella conduce a la contracción del espesor ético-cultural del momento político respecto al tiempo procesal y económico, hasta una inexorable predominio de élites tecnocráticas y bancocráticas”.

Para Toso “Un  rasgo destacado de la crisis actual de la democracia está representado por el debilitamiento y la desintegración de su dimensión jurídica, es decir, por la fragilidad del Estado de derecho.

Hoy aparece siempre más evidente cómo se prejuzga el fundamento de los derechos sancionados en la Declaración universal de los derechos del hombre  (1948), cuestionada no sólo por la cultura asiática o por religiones como el Islam y el budismo, sino también por la misma cultura occidental que la ha creado y que ahora aparece marcada por el neoindividualismo y por el neoutilitarismo.

No es raro constatar que diversas comunidades políticas no consideran los derechos y deberes del hombre como un todo unitario e indivisible. De aquí, no pocas incongruencias. Hay comunidades también que, aun reconociendo el derecho primario a la vida, han liberalizado en la práctica el aborto y algunos grupos querrían autorizar el “derecho” del mismo. No solamente. Existen ordenamientos jurídicos y administraciones de la justicia que consienten la discriminación del que hace objeción de conciencia hacia  el aborto, a la eutanasia y a la guerra. Igualmente, mientras en las Constituciones está aprobado el derecho a la libertad religiosa, crecen los prejuicios y la violencia hacia los cristianos y miembros de otras religiones en el área de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). En su interior se ha diseñado hábilmente una línea divisoria entre creencia y práctica religiosa, de tal modo que con frecuencia a los cristianos les es recordado en el debate público (y siempre más frecuentemente también en los tribunales), que pueden creer todo lo que quieran en sus casas  y en sus cabezas, y que pueden dar culto como deseen en sus iglesias privadas, pero que en público sencillamente no pueden actuar en base a su fe. Se trata de una distorsión deliberada y de una limitación del verdadero significado de la libertad de religión, que no corresponden a la libertad prevista en los documentos internacionales, comprendidos los de la OSCE”.

Gesto en Generalitat por objetivos milenio 2Redescubrimiento de una razón integral

El Secretario del Consejo Pontificio “Justitia et Pax”  finalizó afirmando que “Frente al fenómeno moderno y posmoderno de la desemantización progresiva de la laicidad, a causa de la consolidación de una cultura cada vez más secularizada que penetra en el secularismo, resulta indispensable, como se ha pedido repetidas veces por Benedicto XVI, un compromiso pluriarticulado vuelto al redescubrimiento de una razón integral y a la difusión de un ethos abierto a la Trascendencia como también a la realización de una nueva evangelización. Ésta parece esencial no sólo en orden al anuncio primario de Cristo salvador en una sociedad multiétnica y multireligiosa, sino también para la liberación y ha humanización de las cultura y de los ethos, que sirven de fundamento a los ordenamientos jurídicos y de la laicidad del Estado democrático.

El Estado laico de derecho, frente al primado de la persona y de la sociedad civil, no puede considerarse fuente de la verdad y de la moral en base a una doctrina propia o ideología. Él, como ya hemos afirmado, recibe del exterior, de la sociedad civil pluralista y armónicamente convergente, la indispensable medida de conocimiento y de verdad acerca del bien del hombre y de los grupos. El intento actual de apartar la religión de la esfera pública, mientras por otro lado promete una y otra vez hacer más vivible y pacífica la vida democrática, por el otro provoca su debilitamiento, porque le roba la linfa vital.

En efecto, una sana democracia tiene necesidad de reconocer las fes personales y su pertenencia comunitaria. No le puede bastar ni una “religión civil”, reconocida sólo sobre la base de un mero consenso social – una religión así se funda sobre bases morales frágiles  y mudables como las modas – ni una religión encerrada en lo privado, es decir, concebida como opción subjetiva, irracional, y por ello irrelevante o incluso dañina para la vida social. Ni tampoco le ayuda una religión que mortifique la dignidad de las personas y su realización humana según una trascendencia horizontal y vertical.

La dimensión religiosa de la persona no se exilia de la universalidad de la razón, a lo sumo la trasciende, sin contradecirla. La fe de los ciudadanos, como las correspondientes comunidades religiosas que la educan, alimentan aquel “capital social” – hecho de racionalidades  estables, de estilos de vida, de valores compartidos, de amistad civil, de fraternidad – de los cuales ninguna democracia puede prescindir, si no quiere reducirse a pura administración conflictiva de intereses dispares.

Si esto es verdad, las democracias deben cultivar hacia las religiones una actitud de apertura no pasiva sino activa, en el sentido de que deben reconocer y promover, por lo que concierne a su competencia, el espacio público – bien distinto de la institución estatal y presente en la misma sociedad civil – donde se forman aquellas familias espirituales y culturales, aquel ethos que las vivifica especialmente en la edificación plural y convergente del bien común. El Estado, como aparato, como conjunto de procedimientos, garantizará consiguientemente a las fes personales y a las comunidades religiosas la posibilidad de ofrecer su propuesta de vida buena, regulándolas en la libre comparación democrática, pública y múltiple.

La verdadera tolerancia se funda sobre la libertad religiosa y no sobre el rechazo de las religiones. La laicidad del Estado no quiere decir neutralidad frente a las diversas religiones. Significa, por el contrario, acogida y, a la par, imparcialidad, o sea reconocimiento sin injustos privilegios para ninguna”.

 

 

 

One Response to “La ONU celebra hoy la Jornada Internacional por la Democracia”

  1. Boadilla salva otra vez el colegio de los Legionarios de Cristo
    http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/09/22/madrid/1379871730_425069.html

    El pleno municipal anula la rescisión del contrato porque carece de presupuesto para compensar a la congregación ultracatólica por el edificio que construyó

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• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
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