¿Para qué rezar?

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Muchos de mis amigos, compañeros y jóvenes que conozco, al leer este titular no pincharán para seguir el resto del artículo. Pasan de la religión. Dios, en verdad, es prácticamente nada en sus vidas (ojo, no significa que sean peores personas), y los chavales ya ni se esfuerzan en chuletear (menos aún rezar) para aprobar los exámenes…así está la cosa…
He tenido una bonita experiencia de oración estos días. He sentido la presencia de Dios de manera tan cercana que me preocupa todo el tiempo que vivo separado de él. No hay nada más bonito que poner tu vida en manos de Dios. No hacen falta grandes plegarias. Pero sí, una gran sinceridad. Y nada hay más enriquecedor que compartir tu oración con los que están cerca, con los que comparten contigo tu fe y tu vida.
Estaba destrozado, saturado, agobiado, estresado, esas veces que no sabes si tu cansancio es más físico o psicológico… por las circunstancias de una vida en la que todo va demasiado deprisa. Y no es que ahora vayan a cambiar mis circunstancias, pero mi actitud ante ellas sí. Porque, a veces, no sabemos lo que supone la oración, y tal vez, no sea otra cosa que la actitud que tenemos ante la vida. Dar sentido a todas las cosas que hacemos, que vivimos y que sentimos. No caer en un mero activismo en el trabajo, en casa, con los amigos…sin reparar en que alguien siempre está contigo, aunque tú no le eches cuenta.
¿Para qué rezar? Para ser más feliz, diría yo. Aunque la oración es tan personal…que cabrían muchas respuestas. Vaciarte de ti (sacar todo lo que uno lleva dentro) para llenarte de “algo” que dará sentido a tu vida. No me da vergüenza, en los tiempos que corren, decir esto, pero es que cuánto más cerca de Jesús, de Dios, de los demás, más feliz me siento.
A los que leen estas líneas, no quería que pasara esta cuaresma sin animaros a que os acerquéis a la oración. A mí me ha servido. Y os lo quería transmitir…

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6 Responses to “¿Para qué rezar?”

  1. Pues gracias por la sinceridad, por el precioso artículo y por la valentía. Yo estoy contigo. Lástima que no hagamos el hueco necesario en nuestras vidas para tener más a menudo espacios de oración, interpelación, encuentro con uno mismo y, como bien dices, vaciamiento. Me parece imprescindible para progresar y ser feliz. Y esto lo dicen, aunque sea con otros nombres, también los científicos agnósticos que estudian la felicidad. Lo puedes leer en el próximo reportaje de portada de la revista 21. Que te cunda la cuaresma.

  2. De la abundancia del corazón habla la boca (Mt 12:34)

  3. Pues yo que soy un agnóstico que no lo tiene nada claro (a diferencia de los ateos que militan, con frecuencia en la claridad del no), he de decirte que rezo por las noches con mi pequeña Alicia (de dos año y casi medio más). La mamá, María, que es creyente no practicante y venida a menos en la fe me preguntó que si me importaba que la enseñara a rezar y naturalmente le dije que no me importaba. Por la noche, antes de dormirse, tras un rato de lectura y otro de música clásica, con sus manitas recogidas, y con una figura del niño Jesús al lado, entona: “Jesusito de mi vida…” y “Ángel de la guarda…” y “Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos…”. Ya se las ha aprendido de memoria y es delicioso escucharla . Si alguna noche estoy en otra habitación me llama “Papá” para que me una al coro. De modo que ya te digo…

  4. Ale, tenía tu enlace en el correo desde que lo publicaste, pero no lo borré, pues el asunto me parecía muy interesante, ya que la oración para mí es mi día a día y, aunque sí que estoy atrapada en el ir y venir cotidiano y apenas paro para leer correo alguno, sabía que el tuyo me encantaría y ahí lo dejé, en mi bandeja de entrada, para dedicarle un momento tranquilo como el que tengo ahora mismo.

    Para mí rezar es dar gracias cada día por tener esta vida, y también, como tú dices, rezar es sentir que siempre hay “alguien” conmigo.

    Gracias por la reflexión, que hago mía.

    Un beso.

  5. Hace unas horas he recibido un correode una amiga que viene al hilo de lo que comentamos y que me gustaría compartir:

    Leyenda personal, por Paulo Coelho

    El discípulo impaciente Tras una exhaustiva sesión matinal de oraciones en el monasterio de Piedra, el novicio le preguntó al abad:

    -¿Todas estas oraciones que usted nos enseña consiguen que Dios se aproxime a nosotros?

    -Voy a responderte con otra pregunta -dijo el abad-. ¿Todas estas oraciones que rezas van a hacer que el Sol salga mañana?

    -¡Claro que no! ¡El Sol sale obedeciendo una ley universal!

    -Entonces, esta es la respuesta a tu pregunta. Dios está cerca de nosotros independientemente de las oraciones que le dirijamos.

    El novicio se irritó:

    -¿Quiere decir que nuestras oraciones son inútiles?

    -Absolutamente. Si tú no te despiertas pronto, nunca conseguirás ver el nacimiento del Sol. Si no rezas, aunque Dios se encuentre siempre cerca, nunca conseguirás notar su presencia.

  6. Totalmente de acuerdo con Coelho. Bonito texto Gloria, gracias por aportar tu experiencia.

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