El país de las cacas
No es este un artículo para hablar de la situación de España, de la corrupción de los políticos de todos los colores, de los Expedientes de Regulación de Empleo fraudulentos, de los abusos de la banca y las millonarias jubilaciones de los banqueros. Tampoco es para hablar de la situación de la justicia, tan incomprensible e injusta muchas veces. Ni para quejarse de la situación de desesperanza y angustia que viven millones de personas que sufren la falta de empleo. Ni siquiera para hablar de la tasa más alta de abandono escolar que nunca hemos tenido…y que refleja tantas cosas. No, no es este artículo para hablar de todo esto… ¿O sí?…
Hablemos de la mierda y la educación.
Falta de educación y respeto por los demás. Y sí, la mierda, esas cacas que muchos perros, perdón, muchos dueños, personas sin educación, dejan sin recoger. Aceras, parques y cualquier sitio es bueno para demostrar que a muchas personas les resbala la convivencia y el respeto hacia los demás… hombres y mujeres que sólo miran por su comodidad, por sus intereses. Egoístas que se creen que la calle es sólo suya, no un lugar común para disfrute de todos. Personas que se creen que lo público es suyo y pueden utilizarlo como les plazca. Personas que creen que las palabras civismo, ciudadanía y convivencia no van con ellos.
Es muy fácil, cojan su bolsita y agachen el espinazo. Luego cierren la bolsita y la tiran al contenedor. El perro dejará de tener sentimiento de culpa y quedará libre de remordimientos. Unos sentimientos que no debieran tener estos animales, sobre todo porque no son culpables de tener unos dueños tan guarros e incívicos. Y no todos los dueños de perros son iguales…pero al final pagamos justos por pecadores…
Pisaba Lucía, de cuatro años, una de estas cacas. Y mientras su padre, un servidor, juraba en hebreo, su prima Paula, cinco años, nos decía: – Si es lo que yo te digo, tito. Este es el país de las cacas.
Y es que la vida te ofrece tantos parecidos razonables…No, no era este un artículo para quejarme de los que abusan de su posición, de los que se lo han estado llevando calentito, de los que han creído que lo público es sinónimo de hacer negocio privado. No escribía estas líneas para criticar que mientras unos cuantos se han estado aprovechando de su situación, ahora es toda una ciudadanía la que tiene que pagar los pecados y excesos de éstos. Y somos “casi” todos los que vamos a tener que tragar con las mierdas que nos han dejado unos pocos. O no tan pocos.
Y seguirán pagando justos por pecadores.

Interesante metáfora…
El problema es que, más que una metáfora, es una realidad muy cruel que está machacando a miles de familias
a sin esta el país, yo vivo al lado de un parque público y a mi vecino le paso la misma situación y lo que hizo es llamar a la empresa de limpieza para que pusieran placas aunque la gente pasaba, porque no tienen respeto ni a nada ni a nadie…