La Iglesia que amo

Yo amo a mi IglesiaNací en 1963. Vi la luz en pleno debate conciliar y la Iglesia me acogió cuando mis ojos aún no fijaban la mirada. El mismo viento del Espíritu que me hizo hijo de Dios sopló con fuerza irrefrenable en el Concilio Vaticano II renovando la comunidad cristiana y abriéndola a un tiempo nuevo.

Una Iglesia entre dos épocas que supo, fiel a su Señor, encarnar el Evangelio en una cultura en tránsito hacia un nuevo paradigma y proponer la Buena Noticia de Jesús a los hombres y mujeres de su tiempo. Y lo hizo desde el corazón del mundo contemporáneo y redescubriendo a la vez, en sus raíces más profundas, su identidad de servidora de la humanidad y de luz de los pueblos.

Junto a su realidad mistérica, la Iglesia renovó su conciencia de Pueblo de Dios, de pueblo de la alianza. Una comunidad de comunidades, una realidad carismática y ministerial llamada a ser, desde su configuración sacramental, signo de salvación para el mundo en nombre de Cristo Jesús. En ese mundo, el nuestro, el del progreso y la modernidad, el de la búsqueda y las incertidumbres, el de la violencia y la desesperanza, la Iglesia se sintió enviada para servir y misionar.

Crecí en la Iglesia conciliar. En ella descubrí la fe y en ella maduré como persona, como creyente, como consagrado, como ministro. Aprendí a amar la Iglesia. Esta Iglesia. Una Iglesia en comunión, plural, encarnada, en el corazón de la ciudad, fiel a su Señor, audaz en su anuncio, servidora de los últimos. Una comunidad carismática, mistérica, que camina en esta historia y busca interpretar sus signos a la luz del Espíritu. Que mira hacia adelante convencida de que el futuro es de Dios y de que ningún tiempo pasado fue mejor. Una madre que acoge, escucha, sana y bendice. Una luz que quiere iluminar la vida de cuantos caminan en penumbra y anhelan una palabra de esperanza. Una comunidad de creyentes fiel a sus orígenes, atenta a las mediaciones, confiada en la presencia del Resucitado que estará siempre con nosotros.

Esta es nuestra Iglesia. Dolorosamente pecadora y estremecedoramente esperanzada. Y confío en que el viento del Espíritu continuará soplando en la dirección justa. Y nadie sabe de dónde viene ni a donde va. Sólo sabemos que nos conducirá a tierra firme por muy fuerte que sean los vientos.
Hoy hay quien quiere, aprovechando que el Tajo pasa por San Pedro, poner en cuestión el proceso conciliar. No faltan voces discordantes que asimilan los vergonzantes pecados eclesiales que han salido a la luz en estos años a las desastrosas consecuencias de la reforma del Vaticano II. Me parece un ejercicio de oportunismo ideológico. Tratan de dividir el mundo en buenos y malos (progresistas o conservadores – conservadores o progresistas) en un maniqueísmo insoportable según estén conmigo o contra mí.

Yo soy fiel a la Iglesia en la que nací y maduré la experiencia de la fe. A la Iglesia del concilio Vaticano II. La Iglesia de hoy, la Iglesia de siempre, con sus luces y sus sombras.  Necesitada de renovación y siempre servidora; urgida por los signos de los tiempos a ser más coherente y en tantos momentos profética en la opción por los pequeños y los pobres; ensombrecida por la infidelidad y sin embargo portadora de una claridad que ilumina y transforma la vida de millones de personas.

No me considero progresista ni conservador. No soy ni de Apolo ni de Cefas. Solo eclesial. A la escucha del soplo del Espíritu y atento a la mediación de los pastores. No me interesan las estériles cruzadas a la conquista de la ciudad de antaño. Tampoco presto mis oídos a quienes rompen la comunión anteponiendo el propio juicio al de la comunidad creyente. Solo le pido a Dios que nuestra Iglesia sepa, con el próximo sucesor de Pedro a la cabeza, no frustrar la Palabra en este mundo nuestro que clama por un signo creíble y esperanzador.

6 Responses to “La Iglesia que amo”

  1. Aunque yo soy mas joven, me identifico con este modelo de Iglesia. Quiero destacar sobre todo una Iglesia servidora de los pobres, alejada de la tentacion del poder, sencilla y experta en humanidad. Esta es la Iglesia que me convence y la que soñamos luchos cristianos de a pie. Gracias por la reflexion.

  2. Anda que no estamos lejos de este modelo! Sería un sueño el poder disfrutar de una Iglesia así. Ojalá el nuevo Papa abra algunas ventanas…

  3. Es la misma Iglesia en la que crecí yo, y de la cual me enamoré porque me entregó al autor de la Vida y me hizo vivir con sentido y pasión mi propia vida. Gracias por tus palabras José Miguel y por este espacio de luz que nos ayuda a vivir de otra manera…

  4. Lo ha dicho en estos días el portavoz de la Conferencia Episcopal: “la Iglesia está formada por pecadores”. Pero también, la Cruz de Cristo, nos da la oportunidad, todos los días, de comenzar de nuevo.
    Transmisora de la doctrina evangélica, la Iglesia, junto al nuevo Papa, sabrá conectar con el mundo de hoy, fiel a su misión. Es por la Iglesia que apuesto.

  5. Creo en Dios misericordioso y bueno, un Dios de todos y para todos donde los desamparados son el camino para la perfección y el objetivo para llegar a vivir la Fe. Este es nuestro Dios grande, bueno y alegre q siembra confianza en los hombres.. Un Dios que perdona sin ” castigos ” pues sabe de nuestra condición débil y pecadores pero humildes para arrepentirnos y reparar los daños de nuestras culpas con el ejemplo y la oración. Este es nuestro Dios, el que compartimos de Jóvenes en esta ciudad Eterna, patrimonio de la Humanidad, donde nacimos Jose Miguel y donde los vientos que te llevaron a ser lo que eres, fueron testigos de la amistad en ” pandilla ” de Cristo Vive. En Mérida estamos muy orgullos de Ti amigo. Un saludo. Fernando Molina.

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