Amueblar la Navidad

nativity-2009El adviento, para los cristianos, es tiempo para la esperanza porque en él recordamos que Jesús volverá y dará cumplimiento definitivo a los cielos nuevos y la tierra nueva. Es una realidad que ya ha comenzado a gestarse, porque la luz ha partido en dos la noche. El que nació, el-señor-nuestra-justicia, es el principio y el fin de una historia de liberación que, sin embargo, todavía ha de ser recapitulada en Cristo, por el amor inquebrantable de nuestro Dios.

Frente a los mensajes engañosos de estos días y a los toques de frívola ternura de los buenos productos publicitarios que nos invaden en estas fechas, quizás sea necesario recuperar algo de cordura para que la Navidad, como dice una empresa que vende repúblicas independientes, no nos “desamueble” la cabeza. No está mal el ingenio y va muy bien la creatividad para echarnos unas risas; pero a muchos nos saturan las entrañables navidades de comidas de empresa, impúdicas invitaciones al consumo o ganadores de la lotería agitando la botella de cava ante las cámaras de televisión.

La cosa va mucho más adentro. Es tiempo para el optimismo y el gozo porque todos los anhelos que el hombre alberga en su corazón se han visto colmados en el niño que nació. Dios-con-nosotros ha abierto las prisiones injustas y ha abierto un vado por las aguas torrenciales de la insolidaridad, la guerra, la soledad o el sin sentido. Un sendero hacia un mundo diferente; el de los que buscan plenitud, el de los que anhelan una realidad mejor, el de los hombres y mujeres que con su esfuerzo y su entrega hacen posible que nadie quede excluido del banquete porque todos están invitados.

Por eso el Adviento es el tiempo de la promesa. Porque hay cosas que cambiar. Porque el futuro es de Dios, que abre siempre el mar en la historia de los hombres para dejar atrás la desesperanza y la oscuridad. Sabemos que su Palabra es veraz y que acompaña nuestros pasos hacia orillas de justicia y de luz.

Con las lámparas encendidas, esperamos que amanezca. Ceñidos nuestros flancos y en pie, gritamos nuestros anhelos de paz; nuestro no a todo género de violencia; nuestro rechazo a la guerra, al terror, a la falta de libertad, a la manipulación de los potentes, al abuso hacia los más débiles o a la negación de la vida. Es tiempo para la cercanía y la solidaridad con los más necesitados, con los empobrecidos, con los últimos, con los que no importan a nadie, con los inmigrantes que arriesgan sus vidas en el mar buscando dignidad,  con los jóvenes en riesgo de exclusión social, con los menores a los que la vida les ha negado el cariño y el calor de una familia, con las mujeres maltratadas física o psicológicamente, con los que buscan un mañana mejor…

Dentro de unos días, los cristianos cantaremos ¡Gloria a Dios en el cielo! Y habremos de añadir: gloria a Dios en nuestro suelo, en nuestra historia, Dios con nosotros, entrañable y cercano, solidario y amigo… Gloria a Dios en nuestro suelo y gloria y paz a todos los que – con corazón generoso – siguen anunciando con su vida el mensaje salvador de Dios, la bondad, la ternura y la paz de un niño recién nacido.

A los hombres y mujeres de buena voluntad, a los que esperan algo más de luz, a los comprometidos por adelantar el futuro de Dios, a los que amueblan su cabeza y su corazón con el anhelo de que haya más oportunidades para todos y se dejan la piel en el intento ¡Feliz Navidad!

2 Responses to “Amueblar la Navidad”

  1. ! Que reflexión tan humana, sensible y cristiana¡ Ojalá seamos capaces, de llevarla a cabo¡. Muchas gracias.

  2. Feliz Navidad, Pepe. Me alegra saber de ti a través del blog. Que pases unas felices fiestas en compañía de los tuyos. Me quedo con esta frase del Papa Francisco en la homilía de la Misa del Gallo del año pasado: “Dios nos ama, nos ama tanto que nos ha dado a su Hijo como nuestro hermano, como luz para nuestras tinieblas. El Señor nos dice una vez más: “No teman” (Lc 2,10). Y también yo les repito: No teman. Nuestro Padre tiene paciencia con nosotros, nos ama, nos da a Jesús como guía en el camino a la tierra prometida.

    Él es la luz que disipa las tinieblas. Él es nuestra paz”.

    Papa Francisco. Homilía Misa del Gallo. Roma 2013

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