El infierno

imagesAyer nos sorprendía el telediario de las tres con la terrible noticia del brutal atentado islamista de París. Sentados junto a mí, dos de los jóvenes musulmanes con los que comparto la vida cotidiana. Un rictus de horror nos sobrevino por igual y los tres nos quedamos sin palabras, estremecidos por la crueldad de las imágenes y la extrema violencia con la que se emplearon los terroristas. En nombre de Alá, algunos enloquecidos justificaban la barbarie gritando venganza y segando las vida de las personas que encontraban a su paso.

Tras unos instantes de perplejidad y asombro, el silencio se rompió con el dolorido lamento de los muchachos: “Están locos. Estos no son de los nuestros. Estos no son musulmanes”. Ni una palabra más. Dolor e impotencia. Miradas perdidas y corazón helado. Miedo y repulsa. Condena.

Sé que estos atentados, como otros que viene sufriendo occidente, no son solo una consecuencia aterradora e ilógica contra la libertad de expresión. Se equivocan quienes piensan que se trata de una reacción puntual contra las viñetas satíricas o críticas contra el Islam. Es mucho más que eso. Es un ataque a la civilización occidental, al equilibrio y a la madurez de una sociedad compleja y democrática cuya libertad es el resultado de un largo camino y no pocos esfuerzos por conquistar mayores cotas de respeto, tolerancia y capacidad de aceptación de la diferencia. La civilización occidental, de matriz helenista y judeo-cristiana, ha desarrollado formas de convivencia y de consenso que, aún con sus muchos límites, se sustenta en una ética mínima que ha permitido el desarrollo de la democracia y ha impulsado el progreso de los pueblos en paz y en libertad. Algo de todo esto es lo que está en juego en esta guerra de fanatismos y de imposiciones que hacen de la violencia virtud y premio para quienes, en nombre de un dios legitimador y sediento de venganza, se inmolan segando la vida de miles de personas. Patético.

“Es la guerra santa, idiotas”, sentencia un reconocido académico de la lengua española en estos días en alguna de sus bitácoras. Creo que no le falta razón. Fanáticos y extremistas del islam más pervertido han decidido hacernos la vida imposible y acabar con el infiel cortando cabezas o estallando bombas en el metro. Pero a nuestro alrededor, muchas personas buenas – creyentes y seguidores del profeta – invocan a Alá para que acabe la barbarie y se imponga la cordura y el entendimiento. “Estos no son de los nuestros”, me repiten los chicos. No lo son. Y no acabarán con la libertad. Dios no está con ellos. Ellos son el infierno.

4 Responses to “El infierno”

  1. Suscribo plenamente lo que dices. Solo discrepo en lo que dice el académico que parafrasea el : “Es la economía, estúpidos”, porque esto no es la guerra santa, es la obra de una célula. Otra cosa sería si el conflicto lo creara toda la organización a la que pertenece la célula. Cuestión de tamaño,
    Por otro lado, hay un occidente malvado que vende armas a países en conflicto o directamente los invade causando miles de muertes y que, so capa de la defensa de nuestros valores, solo persigue intereses económicos bastardos.

  2. El académico en cuestión es Perez-Reverte. Su artículo, con ese título, pulula por internet

  3. Magnifico como siempre querido Pepe, sólo añadiría los intereses políticos y económicos de que este tipo de individuos y terrorismo exista, y que nada tiene que ver con la religión. Porque de este tipo de cosas por desgracia también hay quien saca tajada, sólo hay que mirar de un día a otro qué partidos ganan votos con estos asesinatos y quienes sacan beneficios económicos.
    Yo también rezo para que haya paz.

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