Servir a los empobrecidos

ServirUn documento directo y claro. Tengo que reconocer que me ha sorprendido, acostumbrado como estoy al lenguaje clerical de los grandes circunloquios y al género literario de los documentos magisteriales que se andan por las ramas de la sana doctrina sin aterrizar en la pista de la vida real y concreta de las personas y sus circunstancias. La instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española “Iglesia, servidora de los pobres”, tiene un aire diferente y suena con otra música.

Debo decir que la he leído con mucho interés y que – en general – me ha parecido un texto pegado a la realidad y con la clara intención de afrontar la situación interpelante en la que los cristianos nos movemos cada día en nuestra realidad familiar, profesional y pastoral. Una reflexión desafiante que apunta tendencias y señala pautas bien concretas para que la Iglesia española dé pasos decisivos en la línea marcada por el Pontificado de Francisco: una Iglesia en salida, con clara vocación evangelizadora, que alcanza las periferias para servir mejor a las personas que están en el margen y para testimoniar de forma más creíble la Buena Noticia liberadora de Jesucristo.

El análisis certero de la realidad, la iluminación del momento que vivimos desde la doctrina social de la Iglesia y algunas propuestas con vocación programática articulan una reflexión que por momentos me ha parecido audaz. No he percibido en esta ocasión el tono quejumbroso que en otros momentos ha invadido la reflexión eclesial, culpando al laicismo y a la modernidad de todos los males que nos aquejan, sin mezcla de culpa alguna por parte de una Iglesia conservadora de las esencias de la civilización occidental.

Por el contrario, me parece percibir un cierto cambio de registro en la estrategia comunicadora que nos invita a los creyentes a situarnos mejor dentro de la misma realidad que compartimos con otros ciudadanos de bien. Ciudadanos como ellos, hemos de leer la realidad con la óptica de la fe que nos compromete y nos implica en la transformación de la realidad junto a quienes quieran – desde otras perspectivas religiosas o no – contribuir a forjar una sociedad mejor con más oportunidades para todos y que ponga por delante la dignidad de las personas.

Ahí, en el corazón de la ciudad, es donde la Iglesia está llamada a hacerse servidora de los más empobrecidos, de los últimos, de los que no importan a nadie. La llamada es urgente y reclama pasos decididos para que la Buena Noticia de Jesús resuene con fuerza y credibilidad en el corazón de las personas y devuelva esperanza a quienes la han perdido. Se trata de sanar y liberar, de devolver dignidad y futuro, en nombre del Señor, a todos los que han quedado excluidos del banquete de los poderosos condenados a comer solo las migajas que caen de la mesa del señor.

Es un momento propicio, un tiempo del Espíritu que impulsa a la Iglesia a vivir más sencillamente, a estar más presente en medio de la realidad social, a transformar estructuras de poder en senderos de servicio, a abandonar seguridades para adentrarse por los vericuetos de la provisionalidad, a dejar atrás viejos esquemas de dominio social y prepotencia para redescubrir los senderos evangélicos de la sencillez y la humildad.

Los consagrados nos sentimos especialmente interpelados en este nuevo tiempo eclesial. La renovación de nuestros Institutos y Congregaciones pasa hoy, a mi juicio, por recuperar la opción fundamental por los empobrecidos en nuestra identidad carismática. Muchas de nuestras familias nacieron en el arrabal de la historia, en el descampado de la vida de las personas excluidas y abandonadas a su suerte, en la desolación de quienes han sido despojados de todo. No se nos puede olvidar. Solo sabiendo de donde venimos sabremos leer críticamente dónde estamos y percibir con más claridad hacia dónde hemos de seguir caminando. Puede que tengamos que decirnos que hemos adorado a otros ídolos y hemos recorrido caminos que no son los de Dios; que hemos de aprender a vivir con menos bienes, a desinstalarnos, a no buscar prebendas, a ser más esenciales; que ya vale de vivir de las glorias del pasado y de vivir encantados de habernos conocido cuando muchos siguen sangrando por la boca a nuestro alrededor mientras permanecemos impasibles; que el único patrón por el que seremos conocidos por Dios es el de nuestra capacidad de amar y no por la potencia de nuestras obras, la fortaleza de nuestras estructuras o lo largas que sean nuestras filacterias en el manto de nuestras seguridades.

No sé si he entendido bien la instrucción pastoral de nuestros obispos. Pero me ha resultado estimulante su reflexión y un acicate para seguir buscando caminos concretos que nos acerquen más empáticamente a la vida malograda de tantos inocentes heridos y vencidos por el maldito orden económico que condena a vivir a muchos en el forro de la historia. Una Iglesia pobre, al servicio de los empobrecidos. Me parece que no podemos seguir dando rodeos mientras haya quien se desangra, apaleado, en la cuneta de la vida. La orientaciones de la conferencia episcopal van decididamente en esta dirección. Humildemente, saludo con gratitud esta reflexión que me trae una melodía diferente a la de los últimos años en un documento eclesial en España. Es palabra de Obispo. Palabra de Pastor. Y me la creo.

6 Responses to “Servir a los empobrecidos”

  1. Los consagrados nos sentimos especialmente interpelados en este nuevo tiempo eclesial. La renovación de nuestros Institutos y Congregaciones pasa hoy, a mi juicio, por recuperar la opción fundamental por los empobrecidos en nuestra identidad carismática. Muchas de nuestras familias nacieron en el arrabal de la historia, en el descampado de la vida de las personas excluidas y abandonadas a su suerte, en la desolación de quienes han sido despojados de todo. No se nos puede olvidar. Solo sabiendo de donde venimos sabremos leer críticamente dónde estamos y percibir con más claridad hacia dónde hemos de seguir caminando. Puede que tengamos que decirnos que hemos adorado a otros ídolos y hemos recorrido caminos que no son los de Dios; que hemos de aprender a vivir con menos bienes, a desinstalarnos, a no buscar prebendas, a ser más esenciales; que ya vale de vivir de las glorias del pasado y de vivir encantados de habernos conocido cuando muchos siguen sangrando por la boca a nuestro alrededor mientras permanecemos impasibles; que el único patrón por el que seremos conocidos por Dios es el de nuestra capacidad de amar y no por la potencia de nuestras obras, la fortaleza de nuestras estructuras o lo largas que sean nuestras filacterias en el manto de nuestras seguridades – See more at: http://blogs.21rs.es/vivirdeotramanera/2015/06/16/servir-a-los-empobrecidos/#sthash.X0xHogJd.dpuf

  2. Comparto tu análisis, pero este texto hace unos cuantos años habría sabido más a coherencia evangélica. Celebro que el impulso de Francisco llegue incluso a la Conferencia Episcopal Española, que ya es decir.
    Un abrazo desde Murcia, tocayo.

  3. Gracias, Miguel, por tu comentario. Veo que compartimos sensibilidades. Para mi es alentador el vislumbrar caminos diferentes por los que seguir anunciando el Reino de forma más creíble y más pegada a la realidad y al evangelio. Creo que en nuestra Congregación y en nuestras comunidades debemos dar pasos más decididos en esta dirección. Un abrazo y mi recuerdo agradecido. JM

  4. Me han dado ganas de leerla. Gracias amigo!

  5. Un montón de fanáticos de la ciencia ficción aquí veo, increíble. Quiero unirme a su comunidad, creo que compartimos los mismos intereses.

  6. Your article content is being very much interested, I am very impressed with your post. I hope to receive more great posts.

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