Bailando con lobos

A handout picture released by the Vatican press office show Pope FranHace tiempo que la música que suena en la curia romana ha dejado de ser armónica. Sin ser un experto en cuestiones vaticanas, el bagaje de estos años da lo suficiente como para percibir nerviosismo y mala baba en todos los que no pasan por el aro de Francisco y se las prometían muy felices hace algunos años. “Per dire la verità…”, como proclamaba solemnemente un monseñor con el que compartí algunos años de vida comunitaria, con un vaso de buen vino en la mano y una sonrisa irónica en los labios (lo cual daba a entender que habitualmente deambulaba lejos de ella), hay quienes no han comulgado en ningún momento con las ruedas de molino de un Papa no italiano (otra vez, y van tres últimamente) y del sur americano. ¡A quien se le ocurre!

Lo cierto es que en San Pedro pintan bastos. Lo sabemos hace tiempo. Ya Benedicto XVI, que terminó por renunciar al pontificado acosado por insidias e intrigas, declaró en varias ocasiones que había lobos en la curia dispuestos a cualquier cosa por defender su cuota de poder. Cuervos, decía el Papa emérito, convertidos en aves de rapiña. Ratzinger, honesto y ejemplar, no tuvo fuerzas para acometer las reformas necesarias.

Francisco ha comenzado tímidamente algunas de ellas. Yo no creo que el actual Pontífice sea un revolucionario, como algunos lo tildan, ni un obispo tan avanzado y abierto doctrinalmente como algunos quieren hacernos creer. Pero sí es un Papa extraordinariamente sensible a la realidad social y convencido de la necesidad de abrir la Iglesia al mundo en marcada sintonía con el Concilio Vaticano II. Pienso, y sus palabras y gestos así lo indican, que está convencido de que es el momento propicio para reformas a fondo. Y lo está intentado.

El Sínodo de los Obispos sobre la familia que acaba de inaugurarse en Roma es un buen banco de pruebas para comprobar hasta qué punto los postulados de Francisco tienen cauce en esta Iglesia nuestra, tan necesitada de un impulso renovador. No creo que se trate solo de una batalla entre conservadores y progresistas. Demasiado simple. Esta dialéctica lleva mucho tiempo obsoleta y no refleja adecuadamente lo que sucede en la Curia. Tampoco pienso que Francisco vaya a provocar una revolución. Pero sí creo que saldrán adelante algunas de sus ideas y sus apuestas por el diálogo, la apertura, la compasión y la ternura hacia la realidad que viven tantas personas en nuestra sociedad post-cristiana y que desean, sin embargo, seguir vinculadas a la Iglesia a pesar de fracasos o rupturas matrimoniales y familiares.

Se trata de sanar y no de condenar. Francisco insiste en comprender y abrazar en lugar de ignorar y apartar. La Iglesia es, dice el Papa, más un hospital de campaña donde lo urgente es sanar heridos que una institución inquisitorial que reparte patentes de catolicidad a golpe de ortodoxia. Sanar con el aceite de la misericordia y vendar heridas con la ternura y la acogida. Este es el cambio de perspectiva. Y a muchos les molesta. Como a aquellos discípulos que se acercan a Jesús a denunciar a otros que no son de los nuestros y echan también demonios en su nombre. El Maestro les reprocha su visión miope del Reino y les conmina a no impedírselo. No se lo impidáis. No impidáis a Francisco seguir acogiendo a todos los que se sienten heridos y alejados de nuestra Iglesia pero anhelan caminos de retorno que pasan por la acogida, el perdón, la comprensión, la comunión y el afecto.

Francisco está bailando con lobos. Pero el Espíritu, imparable, no dejará que le hagan daño.

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  1. La misericordia no es dejar a las personas en sus pecados, sino decirles que Cristo les perdona en el confesionario tantas veces como caigan en pecado. Esto lo ha dicho muchas veces Francisco, quien se confiesa cada dos semanas y ha hablado hasta la saciedad de la necesidad de confesarse para ser católico. El problema es que muchos católicos han perdido el concepto de pecado y no se confiesan, porque creen que el pecado no existe, que no hay Infierno ni Demonio, y que todos iremos al cielo, porque Dios es misericordioso. Eso no es católico. Cristo mismo habló muchas veces del Infierno. San Juan Bosco lo hizo porque fue llevado allí incluso y obligaba a sus chicos a confesarse frecuentemente. Todos los santos lo han hecho. El problema es que muchos piensan que Francisco va a permitir la homosexualidad o el adulterio o la anticoncepción o el aborto o la eutanasia en la Iglesia. No. Lo católico es acoger a los pecadores (todos lo somos, yo el primero, que me confieso cada dos o tres semanas). Pero a los pecadores hay que llamarles a la conversión y al arrepentimiento. Cristo comía con prostitutas y recaudadores de impuestos. Pero no para darles unas palmaditas en la espalda y echarse unas risas con ellos. Se reunía con ellos para decirles que dejaran de pecar y se convirtieran, si no querían condenarse. de hecho, a esos pecadores públicos les soltó nada menos que la parábola del Hijo pródigo, en que un hijo comete pecados graves y vuelve arrepentido a la casa del Padre (al estado de gracia), diciendo: “Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti”. O véase Lucas 13, 2-3: “2 Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?
    3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”. Cristo nos pedía avisar a los pecadores para que se convirtieran, no dejarles en su pecado. Se trata de una obra de caridad espiritual, como siempre ha dicho la Iglesia (corregir al errado): “15 «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
    16 Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que = todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. =
    17 Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la
    comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano” (Mateo 18, 15-18). Lo que mucho me temo es que hay gente que piensa que Francisco va a permitir que sede de ser pecado lo que es pecado, y que no haga falta confesarlo. ésa sería la falsa misericordia contra la que muchos estamos advirtiendo, la que deja a los pecadores en su pecado para que se condenen, sin llamarles a la conversión. Ésa es la preocupación que tenemos muchos, y no otra. Espero que se entienda esto, que son las palabras de Cristo y la tradición y el magisterio de la Iglesia desde hace 2000 años. Repito: acoger a todos con amor y cariño (todos somos pecadores), pero llamándoles a la conversión para que no se condenen.

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