Juan Bosco y la educación de las clases populares

10945686_10205981482245814_4344250619735630602_nDon Bosco es consciente de los destinatarios de su proyecto y a quien dirigir sus esfuerzos apostólicos desde los primeros momentos de su obra. Naturalmente, fue madurando en él “cómo” hacerlo, ante los desafíos que la realidad de su tiempo. Percibió enseguida la urgencia de la educación y de la instrucción de aquellos jóvenes desprovistos de todo. Escribe en las Memorias del Oratorio, refiriéndose a los orígenes de Valdocco y el inicio de los talleres: “Apenas se pudo disponer de otras habitaciones, aumentó el número de aprendices artesanos, que llegó a ser de quince; todos escogidos de entre los más abandonados y en peligro” (en el original añade: 1847).

Don Bosco quiso dedicarse, lo expresa él mismo con claridad, a los jóvenes más abandonados y en peligro en el inicio de su Oratorio. La preocupación por los últimos, por los más pobres, por los más abandonados fue siempre una constante. Así se expresaba en una carta al vicario de la ciudad de Turín en 1846: “(los jóvenes del Oratorio) tienen normalmente entre los diez y los dieciséis años, sin principios religiosos, sin educación, la mayor parte dada a los vicios; dando motivos de quejas públicas y con el riesgo de ser recluidos en lugares de castigo”.

En pleno desarrollo de su obra en Valdocco, Don Bosco abre sus primeros talleres entre 1853 y 1856. Son talleres de zapatería, sastrería, encuadernación y, algo más tarde, también de carpintería. Hasta entonces, sus muchachos aprendices habían frecuentado diferentes talleres en la ciudad en los que Don Bosco los colocaba al cuidado de algún patrón que los iniciaba en el oficio. Pero las constantes dificultades económicas de la casa y las necesidades educativas de los propios muchachos hicieron pensar creativamente a Don Bosco en asumir en primera persona la formación de los chicos. Por otro lado, la “producción propia” ayudaría a aliviar la maltrecha economía del Oratorio al tiempo que suministraba ropa y materiales para los propios muchachos.

Además de la cuestión económica, la preocupación de Don Bosco era la de sacar a los jóvenes del ambiente malsano de los talleres de la ciudad. La ocasión parecía una buena oportunidad para orientar en una nueva dirección el proyecto de Valdocco. Así, en este primer momento, la estructura de los talleres reproducirá la de los talleres de la ciudad: el patrón, los trabajadores y los aprendices trabajan juntos.

Se trata también de producir, pero su preocupación está centrada sobre todo en sus muchachos. Seguirá muy de cerca los talleres y los cuidará con mimo eligiendo con atención a los maestros y redactando enseguida un reglamento que expresa muy bien sus expectativas ante la nueva obra: la profesionalidad, la honestidad, la responsabilidad, el respeto, la dimensión religiosa y las prácticas de piedad estaban presentes en la vida cotidiana de los muchachos: “(Don Bosco) recoge en los días de fiesta en aquel solitario recinto de 400 a 500 jovencitos de ocho años para arriba, a fin de alejarlos de los peligros y del vagabundeo, e instruirlos en los principios de la moral cristiana. Y lo hace entreteniéndolos en agradables y honestas diversiones, tras haber asistido a los ritos y ejercicios de piedad religiosa (…) Todo esto para educarlos moral y cívicamente (…) Pero lo que da mayormente a Don Bosco derecho al reconocimiento ciudadano es el asilo que ha abierto allí, en la misma casa del oratorio, para los muchachos más necesitados y harapientos. Cuando él conoce o encuentra alguno más envilecido por el abandono, no lo pierde de vista, lo lleva a su casa, lo reconforta, le quita sus andrajos, le pone un vestido nuevo, le da comida mañana y tarde hasta que, encontrándole un patrono y trabajo, sabe que le ha procurado un honrado sostenimiento para el futuro, y puede atender con más seguridad a la educación de la mente y del corazón”.

Don Bosco es, sobre todo, educador de jóvenes. Y de entre ellos, los más vulnerables y en riesgo de exclusión. He aquí su apuesta en tiempos de ocaso y de cambio de paradigma socio-cultural y económico. El bagaje y la sensibilidad personales, el contexto y las diferentes etapas en las que madura el proyecto salesiano marcan la inspiración básica de su experiencia pedagógica y forjan al educador-pastor.

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  1. Don Bosco quiso dedicarse, lo expresa él mismo con claridad, a los jóvenes más abandonados y en peligro en el inicio de su Oratorio. La preocupación por los últimos, por los más pobres, por los más abandonados fue siempre una constante. Así se expresaba en una carta al vicario de la ciudad de Turín en 1846: “(los jóvenes del Oratorio) tienen normalmente entre los diez y los dieciséis años, sin principios religiosos, sin educación, la mayor parte dada a los vicios; dando motivos de quejas públicas y con el riesgo de ser recluidos en lugares de castigo”.

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