Entrevista a San José

s JoseVoy a procurar sacarle unas palabras a San José. Él es poco hablador. Al menos, se nos cuenta poco de él en el Evangelio. Pero seguro que tenía una vida interior muy rica, y unas experiencias  fuera de serie. Por eso voy a tratar de entrevistarle.

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  José, esposo de María y “padre” de Jesús: siempre tu figura me ha llamado la atención, porque teniendo un cometido tan grande y difícil, no sabemos casi nada de ti. Lo más importante que nos dice el evangelio es que “eras un hombre bueno”. No es mucho lo que se dice, pero es lo que más valor tiene. ¿Por qué, José, ese silencio?

  • Gracias por darme la oportunidad de decir lo que entonces no dije, o no supieron valorar suficientemente. Mira, los verdaderamente importantes (con mucha diferencia) en aquel humilde hogar, eran Jesús y María. Yo estaba en la retaguardia, protegiéndoles en la medida que podía. A los ojos de sus vecinos, Jesús tenía que tener “un padre”, y María tenía que tener “un esposo”. Y yo hice de “comodín” para ambas cosas. Parece poca cosa, pero para mí fue una responsabilidad y un privilegio fuera de serie. ¿Comprendes por qué mi silencio?

  ¿Es verdad que pensaste abandonar a María cuando viste que estaba embarazada?

  • Nunca lo pensé. Ni se me pasó por la cabeza. Yo confiaba en ella. No lo entendía, pero seguía confiando en ella. De todas formas, Dios me lo hizo comprender bastante pronto, para evitarme cábalas y sufrimientos. Pero lo que más me importaba era salvaguardar la honradez y fidelidad de María, ante sus vecinos y parientes.

—    Me imagino que una de las cosas que más te harían sufrir sería la persecución de Herodes, queriendo matar al niño, ¿no?

  • Fue horrible; viví, sin duda, los peores días de mi vida. ¡Qué angustia! ¿Dónde esconderle de aquel monstruo? Pero Dios estaba con nosotros, protegiendo a su Hijo. Aunque las apariencias engañen, Dios siempre gana.

—  Otro susto, seguro que no pequeño, sería cuando Jesús, adolescente, “se perdió en el Templo”. ¿Qué pasó por tu mente, al perder lo que más querías, siendo además responsable de su cuidado?

  • Te puedo decir que no pensé nada. No me dio tiempo a pensar; sólo tuve tiempo para buscarlo sin descanso. Y cuando lo encontramos, la alegría también me impidió pensar. ¡Ya estaba nuevamente con nosotros!

—   Y aquello de la huida a Egipto, ¿cómo fue? Me imagino que sería toda una odisea.

  • No fue una odisea porque no hubo huída a Egipto. Ya sabes que lo que cuentan algunos evangelistas sobre la infancia de Jesús, no es todo estrictamente histórico. Y eso no lo es. Infórmate qué es lo que significa ese relato y por qué lo cuentan. Cualquiera que haya estudiado un poco de la Sagrada Escritura, lo sabe interpretar.

—  Sencillamente, me gustaba ver cuál era tu versión de ese pasaje, cuya interpretación conozco. Pero todavía me queda algún misterio sobre tu vida. Perdona que sea tan directo: ¿tuviste hijos con María? Ya sé que mi pregunta le puede escandalizar a algún pusilánime, fariseo o hipócrita. Pero preguntar no tiene nada de malo.

  • Contestar tampoco es malo. Pero yo no te voy a dar una respuesta. Los biblistas y teólogos podéis seguir discutiendo sobre el tema. Me parece que es un ejercicio gratificante que os entretiene y estimula. Investigar no es punible, y sí muy beneficioso. También sé que el hacerlo, os trae algunas dificultades con la Iglesia, celosa de sus tradiciones, por más que no todas tenga mucho fundamento. La censura eclesiástica es una de las cosas que más paralizan la investigación en cualquier terreno. De todos modos, no te voy a decir ni sí ni no. Si te dijese que sí, seguramente me caería encima una de esas excomuniones que se saca de la maga la Jerarquía de la Iglesia, creyendo que así cumple el evangelio. Y claro, un santo excomulgado debería dejar el cielo. Y yo no estoy dispuesto. Lee el evangelio, y trata de entenderlo, con el máximo sentido común y la más elemental  lógica. Dios siempre prepara las cosas con sentido común y con lógica, para hacérselo más fácil a los hombres.

—   Veo que eres un artista en lo referente al “suspense”. De todas formas, yo lo tengo bastante claro. Mira, para no seguir con temas tan serios, ni ponerte en compromiso, voy a cambiar de tema. He leído que Santa Teresa te tenía mucha devoción y mucha confianza. Y acudía a ti para que le solucionases muchos problemas y problemillas. Parece ser que normalmente le  concedías lo que te pedía, pero algunas veces te demorabas o no lo atendías (tú sabrás por qué). Entonces cogía tu imagen de escayola, la bajaba al sótano, y la ponía en un rincón frente a la pared, hasta que se lo concedieses. ¿Es verdad esta anécdota de la santa, y ¿cómo lo asumías?

  • En primer lugar te diré que quien concede o niega lo que se me pide (al igual que los demás santos) es el mismo Dios. Nosotros no tenemos poder para ello; únicamente somos intermediarios. En segundo lugar puedo decirte que la anécdota es verídica. ¡Cosas de Teresa, esa gran mujer y gran santa! A mí eso no me molestaba en absoluto; al fin y al cabo no pasaba de ser una anécdota simpática y una muestra de confianza. ¡Los santos también tenemos buen humor!

—   Por último, y para no abusar de tu paciencia y tu tiempo (por cierto, ¿en el cielo existe el tiempo, o sólo la eternidad?), una  única pregunta más: tu muerte ¿cuándo ocurrió? Seguro que fue antes de la pasión y muerte de Jesús, porque de lo contrario hubieras estado junto a María, al pie de la cruz. ¿Llegaste a conocer a Jesús en su etapa de vida apostólica? No hace falta que me contestes, era una pura curiosidad. Pero te confieso que me fastidia que los Evangelios no nos cuenten más cosas de ti.

  • Cuando vengas por aquí (me refiero al cielo) saciaré todas tus curiosidades.

—  Gracias, y te cojo la palabra. Hasta entonces, un abrazo. ¡Chao!             

 Félix González ss.cc.

4 Responses to “Entrevista a San José”

  1. Yo tengo otra pregunta: ¿Qué te enseño Jesús tanto tiempo a tu lado?
    –Pues me cambió el orden de importancia de las cosas. No había nacido y, ya, ante la mujer que debía repudiar, tuve un fuerte sentimiento de fidelidad con el que pude ser, toda la vida, afortunado por haberlo sentido y seguido.
    Lo de menos sería que José les contara esto a sus hijos…, nada cambiaría; pero sí, algo deberá cambiar, si cambiamos nuestras importancias por lo importante.

  2. Susana: muy acertada tu pregunta y respuesta. Como siempre. La acepto, aunque ya no puedo integrarla.
    Gracias, una vez más,DM3 por tus palabras, siempre bien acogidas y valoradas. Un abrazo.

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