La gran sorpresa de la Cena

ultima cena felixEl párrafo que trascribo a continuación, está tomado de mi Libro: ”LA ÚLTIMA CENA”(Pascua Judía y Pascua Cristiana).

“Entonces, tomó de la mesa un trozo de pan, el pan sin levadura preparado para la celebración. Y al mismo tiempo que se lo ofrecía a cada uno, pronunció estas palabras, con una voz emocionada que le salía del alma, de su corazón:

– Comed todos de este pan. Es el signo de mi cuerpo, que va a ser entregado   por vosotros y por todos los hombres. Y perdonará todos los pecados.

Todos lo comieron en silencio. Seguían sin entender, pero una vez más se fiaban de su Maestro. Y más tarde, cuando ya no estuviese Jesús entre ellos, comprenderían el sentido de ese gesto.

La cena de la Pascua se había convertido en una cena de sorpresas y enigmas, todavía sin resolver del todo. Pero había que seguir el ritual. Los ánimos se relajaron con el cántico de un Salmo. La música y la oración se combinaban bien, y producían paz y serenidad. Todos agradecieron el cambio de situación.

Ya se habían bebido, en su momento indicado, la segunda y tercera copa que ordenaba el ritual; y se había cantado una parte del Hallel (Salmos113 y 114), en un ejercicio de alabanza al Dios que salva:

¡Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor! ¿Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre!”.

“Me envolvían las redes de la muerte; me atraparon los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia; pero invoqué el nombre del Señor: Señor, salva mi alma”.

Estas últimas palabras del Salmo, Jesús las pronunciaba  con más fuerza, y salían de su corazón como a borbotones.

Quedaba, para cumplir el ritual, la cuarta copa, y la segunda parte del Hallel (Salmos 115-118).

El rostro de Jesús estaba iluminado con una intensa luz, a modo de aureola. Los discípulo repararon en ello, y todos, sin distinción, recordaron la escena del Tabor.

Era otro de los momentos solemnes dentro de la celebración. Jesús exigió nuevamente la atención. Cogió la copa llena de vino, que se la fueron pasando unos a otros, apurando el contenido, después de que Jesús pronunciara, nuevamente, palabras misteriosas

– Tomad. Bebed todos del vino de esta copa. Ella representa mi muerte; la sangre que va a ser derramada, como Alianza Nueva.

Todos bebieron de la misma copa. Reinaba una gran expectación, pero nadie se atrevía a pedir una explicación de aquellos dos gestos. Seguían sin entender las palabras pronunciadas en un tono solemne sobre aquel vino, pero bebieron sin hacer preguntas. El momento tenía un carácter tan importante, que nadie se atrevió a romper el denso silencio, y tampoco hubo nadie que interpelase a Jesús a causa de ese gesto.

A continuación, cantaron la última parte del Hallel.  La Cena Pascual había terminado, aunque quedaban en el ánimo de todos, las herméticas sorpresas de aquella noche”. (“La Última Cena”. Pg. 41-42)

                                                                             Félix González

 

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