4º. Saber pedir lo que necesitamos

Saber pedir 1

Introducción

Mateo 7, 7-11

Hago mi relato y lo comparto

 

Después de lo que hemos vivido en la pandemia, vamos a hacer un ejercicio de saber pedir lo que necesitamos de manera responsable ante nosotros mismos y ante Dios:

  • Expresar y justificar algunas necesidades principales de nuestra sociedad para seguir creciendo en humanidad…

  • Reconocer las conversiones más esenciales de nuestra Iglesia en general y en la más cercana…

  • Qué peticiones hacemos a nuestra familia…

  • Personalmente cuáles son mis necesidades más sentidas en este momento para transformarme y poder transformar…

Plegaria

One Response to “4º. Saber pedir lo que necesitamos”

  1. Si miramos a la sociedad, tenemos que reconocer que partimos de realidades sociales muy distintas: mientras que unas personas hemos podido tomarnos este confinamiento casi como un retiro espiritual, otras personas se han visto empujadas contra los límites de la supervivencia. Vivimos en sociedades profundamente desiguales y no podemos obviar esa asimetría.
    Contando con esta fragilidad social pienso que la pandemia ha puesto de relieve algunas carencias básicas de la condición humana y que dábamos por supuesto, yo destaco algunas necesidades que me parecen más significativas:
    – El bien común como primer mandamiento
    Esta crisis ha permitido redescubrir la importancia del sector público, al que todos hemos dirigido la mirada en búsqueda de respuestas.
    En el ámbito social, hemos reconocido el carácter esencial de los servicios sociales, los de gestión pública y los de iniciativa ciudadana, que han estado al pie del cañón ayudando a los sectores más vulnerables.
    También en el ámbito comunitario, hemos visto resucitar barrios, la solidaridad más primaria entre los vecinos, tanto en las respuestas a las necesidades básicas, como para insuflarse ánimo mutuamente.
    – Reforzar la cooperación y solidaridad global
    Los esfuerzos nacionales aislados no han podido prevenir ni evitar la propagación del virus. Una respuesta internacional concertada habría frenado y contenido su difusión. Un ejemplo ha sido la Organización Mundial de la Salud.
    – Configurar la economía con criterios sociales y ecológicos
    El tiempo del coronavirus debe convertirse en el tiempo de un nuevo orden económico mundial, que no solo incluya a todos, sino que comprenda a todos (incluidos empresarios y ricos) y en el que el Estado democrático no solo despeje el camino, sino que también marque el ritmo.
    De la capacidad que tengamos de dar respuestas a esta crisis, no solo en lo económico, sino también en lo social, aprovechando tanto las experiencias positivas como las negativas, dependerá el tipo de sociedad en el que vamos a vivir en el futuro.

    La pandemia también ha marcado mi visión y vivencia de la fe cristiana. Siento la llamada del Papa Francisco cuando habla de una Iglesia en salida, en la que nos propone “salir no para volver a donde estábamos antes sino para abrir creativamente horizontes nuevos, abrir ventanas, abrir trascendencia hacia Dios y hacia los hombres, y redimensionarse en la casa”.
    La salida ilumina y nos abre a otra manera de ver, sentir y actuar como Iglesia. Nos damos cuenta de que estamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos. La iglesia se siente llamada a abandonar el clericalismo, la comunidad se convierte en pueblo, y los santos en vecinos de la puerta de al lado. Una Iglesia en salida colabora, activa y proféticamente, con los agentes sociales, políticos, económicos, culturales y religiosos en la construcción del vivir juntos y en la producción del nuevo orden mundial justo y solidario.

    A nivel personal este año de pandemia, con sus retos, sus ansiedades, sus pérdidas y sus duelos, me ha brindado la oportunidad inédita de bajar el ritmo, ha eliminado distracciones del mundo exterior y me ha regalado un espacio para encontrarme, hacer introspección, ahondar mi experiencia de fe y, también, para buscar nuevas formas de comunicar y compartir aquello que da sentido a mi vida y, creo, que también lo puede dar a otras personas.
    He perdido libertades elementales en esta pandemia, pero eso me ha ayudado a redescubrir que las decisiones últimas sobre mis sueños, mis aspiraciones y proyectos siguen dependiendo de mí.
    También he tomado mayor conciencia de que necesito protección, que necesito de los demás, que soy y forma parte de una red de relaciones humanas.
    He sentido la necesidad de entendimiento y de información. Doy gracias por haber tenido tiempo para leer, pasear, plantar, regar, reflexionar, dialogar. Este año de aislamiento con la imposibilidad de ayudar y tener contacto físico con nuestros seres queridos, amigos, compañeras y compañeros me recuerda lo importantes que son para mi vida y mi vivencia del evangelio.

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