Imágenes de la alegría

distribucion-de-agua-en-kinshasa.jpgEn la celebración de la Misa del Gallo de este año hemos tenido la suerte, en la parroquia, de contar con nuestro Superior General, Javier Álvarez-Ossorio. En su homilía ha desarrollado diferentes ideas sobre la repercusión que trae la alegría del Niño que nace. Nuestra fe es “práctica”. Nuestra fe se inunda de la alegría del nacimiento de Jesús. ¿Qué experiencias humanas pueden aproximarnos a esta alegría? Desde su trayectoria misionera, Javier ha descubierto la alegría en los rostros de las personas que han visto brotar agua de un pozo en África o el descanso que se produce al descubrir que los soldados -que atemorizan a todo un barrio- emprenden la marcha. Nos invitaba, además, a que cada uno hallara sus propias experiencias e imágenes sobre la alegría. Ésta podía ser una vía de acceso directa a la alegría, pero también alcanzamos este estado por el reverso, es decir, a través del dolor. Podemos imaginarnos la alegría cuando nos falta alguien a quien amamos. En el dolor de la ausencia manifestamos cuánto amábamos a esa persona que ahora no está, cuánto alegraba nuestro corazón.Hace unos años leía un libro que contaba dos tipos de alegría. Una, era una alegría como la “gaseosa”. En el momento en que se abre la botella hay explosión, burbujas, fuerza, pero cuando van pasando las horas el contenido suele adquirir un sabor amargo, si el envase se ha dejado abierto. Hay situaciones en la vida que nos pueden impactar, que nos proporcionan “sobredosis” de exaltación y gozo, pero cuando pasan los días notamos que estamos vacíos. Suceden estos intensos episodios en quien piensa que lo importante es adquirir muchas cosas, estar a la última en moda o llevar una vida de cambios continuos, multiplicación de relaciones, etc., que logran, en el fondo, escenarios fugaces, fuegos artificiales que terminan convirtiéndose en humo que se traga la noche y entristece el corazón.Sin embargo, hay otra alegría. Sería la alegría que podríamos denominar “cotidiana”. Ahí la persona siente un extraño y, al mismo tiempo, natural movimiento intern, un sentirse habitada por un río interior del que brota entusiasmo, paz, serenidad, ganas de vivir y de hacer por los demás. Sin hacer demasiado ruido, el que vive esta alegría se siente inundado por la felicidad sin saber muy bien por qué, disfrutando de las cosas más pequeñas del día a día como pueden ser ver crecer a los hijos, realizar con gusto el trabajo, disfrutar de la amistad…Este tiempo navideño puede proporcionarnos la oportunidad de otear en qué alegría habitamos. Y, como invitaba Javier a los feligreses, podríamos buscar nuestras propias imágenes sobre la alegría y la felicidad. Seguro que resultaría un ejercicio muy práctico para hacer más viva y dinámica nuestra fe.distribucion-de-agua-en-kinshasa.jpg

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