Cuaresma en Calcuta

Recientemente he leído este artículo en la revista “Coudrette”, querickshaw editan nuestras Hermanas de los SS.CC. de España. Me ha parecido un escrito sencillo, profundo y comprometido. De esos textos que nos “contagian” con los valores que encierran y que nos impulsan en nuestro camino diario. Lo ha escrito Aurora Laguarda, religiosa de los Sagrados Corazones y misionera en Calcuta desde hace ya varios años.

 

UNA CUARESMA PERMANENTE 

         Un año más estamos en Cuaresma, y me pregunto qué sentido tiene para mí y para la mayoría de la gente que vive aquí, en Calcuta. Cuaresma, conversión, transformar nuestro corazón, hacerlo sensible a la pasión y al sufrimiento de los demás. Una teoría muy bonita, pero,  ¿cómo la vivimos?

         Y me pregunto, ¿tengo yo un corazón sensible a la pasión y al sufrimiento de los demás? Me paro un momento, miro a mi alrededor, contemplo por unos segundos la realidad que me rodea…. Y veo miseria, suciedad, ruido, gente, sufrimiento… y también alegría.  Trato de que todo esto penetre en mi corazón y me hable.

         Calcuta, con sus 17 millones de habitantes censados, de los cuales más de la tercera parte vive en la calle. La afluencia incontrolada de inmigrantes de Bihar, Orissa, Bangladesh, forzados a dejar su tierra por las sequías, las inundaciones, las persecuciones, el hambre, es continua. Vienen a la ciudad en busca de comida… y se encuentran con la calle.  Allí establecen su “hogar”, allí “viven”, y allí mueren. Y sigo preguntándome, ¿cómo se hace mi corazón sensible al sufrimiento de esta gente?

         Sarai, una de tantas personas anónimas, viven en la esquina, muy cerca de nuestra casa. Tiene tres hijos, y el que está en camino, para Mayo. La conozco desde hace diez años, he visto nacer a dos de sus hijos, en la calle. Les he visto luchar por un poco de arroz para alimentarse. Ahora, con el frío, los niños vienen a casa a por leche caliente. Quizá lo único que coman durante el día. Ellos viven en una “cuaresma” permanente, en un ayuno y abstinencia casi diario.

         Prasad es uno de los 25.000 “rickshaw puller” o como dicen en Español “hombre caballo”. Se pasa el día recorriendo las calles de Calcuta, sorteando los miles de obstáculos y aguantando los gritos de todos. No llega a los 40 años, pero parece que tiene 60. Es, como casi todos, tuberculoso, fruto de una mala alimentación y un trabajo excesivo para sus fuerzas. Sus delgadas piernas apenas le aguantan. Su familia se ha quedado en Bihar y él ha venido a Calcuta para poder mandar algo de dinero a casa con el que alimentar a sus 7 hijos. Ha dejado el “calor” de una familia por la dureza de la calle y el rechazo de la gente. Está atrapado, no puede volver a casa con las manos vacías, tiene que trabajar para poder pagar al dueño del rickshaw. Vive, o malvive, en la calle, y su dieta consiste en té y algún chapati si hay quien se lo ofrezca. Otro más que vive en una “Cuaresma” permanente.

         Rajini, una de tantas niñas que no saben lo que es la infancia. Se le niega por ser mujer y por ser pobre. No puede ir a la escuela, pues tiene que cuidar de su hermanito pequeño. Ella tiene sólo 6 años, y en lugar de jugar con muñecas, “juega” con su hermano, que tiene 18 meses. Además está al cargo de sus otras hermanas, de 5 y 3 años. Ella no necesita transformar su corazón, hacerlo más sensible al sufrimiento del otro, pues viven en su propia carne la “pasión”.

         Todos tienen algo en común, aparte de vivir en una “Cuaresma permanente”: su sonrisa. Esa sonrisa que está por encima del sufrimiento diario. Esa sonrisa que les hace ser personas, que, de alguna forma, les devuelve la dignidad que la sociedad les niega.

         Les contemplo y me quedo pensando. Miércoles de ceniza, día de ayuno, es casi como un insulto. Ellos ayunan porque no tienen qué comer. Y yo, ¿por qué ayuno?

         Cuando vemos a diario tanta miseria, nuestro corazón tiene el peligro de endurecerse, de cerrarse, para que no sufra tanto… y ¿qué hay de los que no tienen otro remedio? Siempre habrá gente, como Sarai, como Prasad, como Rajini, que con su sonrisa nos invitarán a abrir de nuevo nuestro corazón, a recobrar el sentido de la Cuaresma en nuestra vida, a transformar nuestro corazón, vivir de acuerdo con los valores del Evangelio, practicando la justicia en pequeños gestos diarios que nos lleven a amar más a nuestras hermanas y hermanos. Hacer nuestro corazón más sensible…

La conversión es cosa de Dios, si le dejamos…

One Response to “Cuaresma en Calcuta”

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