Dios no hace contratos

  contratoEn una película, cuyo título no recuerdo, me impactó una frase del protagonista, que en otro tiempo había tratado de “comprar a Dios” con promesas, a cambio de favores, y que, más tarde, cae en la cuenta de que “con Dios no vale hacer contratos”.

¡Cuánta gente trata, también, de hacer tratos con el Señor! Lo he visto a lo largo de mi vida en mi relación con muchas personas. No se contentan, ni les basta, con pedirle a Dios esto o aquello, sino que necesitan asegurar más el favor demandado, proponiendo un trato que ate las manos a Dios: “si me concedes esto, te doy esto otro”, “si me concedes lo que te pido, te prometo…” Y creen que así la petición será más atendida. ¡Peregrina idea, que no tiene en cuenta al Dios cristiano, Padre y Señor, necesitado sólo de nuestro amor! Las “chucherías” quedan sólo para los niños, que necesitan un aliciente; Dios es mayor de edad.

Repito que esta manera de comportarse es muy frecuente… y muy equivocada. Dios no es comerciante,  ni hace tratos interesados, ni se le puede comprar con “regalos”.

Este tipo de supuestos contratos, llevan consigo que si no se recibe el favor de Dios, tampoco Dios recibirá el nuestro. Ese es el trato.

¿Cuándo aprenderán esas personas que Dios no es sobornable? Lo único que es capaz de inclinar la balanza de Dios hacia nuestras deseos, es: la confianza en él, la sencillez en la petición, la conformidad con su voluntad.. y su siempre dispuesta bondad y misericordia. Y, por descontado, que le convenga a quien hace  la petición, o a aquella persona para quien se pide.

Dice Jesús en el Evangelio: “Pedid y recibiréis; llamad y se os abrirá. Porque quien pide recibe, y a quien llama se le abre”.

No pone el Señor ninguna otra condición, ni exige una compensación por el favor recibido o por recibir; y mucho menos entra a sopesar si lo ofrecido compensa el valor de lo que se pide. Dios no regatea.

Se nos han pegado con tanta fuerza nuestros estilos de comerciar y de solicitar algún servicio, que lo trasladamos a nuestra relación con Dios, haciéndole tan mezquino y egoísta como nosotros lo somos, a veces.

Sólo aquellas personas que son capaces de hacer el bien, sin esperar recompensa de nadie; aquellos que ejercen el “voluntariado”, sin exigir salario, están en situación de comprender las palabras de Jesús, y de solicitar su ayuda, sin ofrecer una compensación.

Todo lo que recibimos de Dios, lo recibimos gratis.

                                                                                                                     Félix González

4 Responses to “Dios no hace contratos”

  1. Es tan limitante el vivir en la transacción, que hace tiempo que decidí intentar eliminarla en mis relaciones.
    La educación de los niños está basada en lo que llaman estímulos y recompensas, y esto unido a la práctica de la indiferencia cuando el niño se extralimita (el programa de supernanny). Yo, con los cuatro hijos, he prescindido del premio y el castigo para conseguir o evitar algo en ellos. Hay una razón ‘intrínseca’ para, ser o hacer, y es interesante insistir en ella.
    Si aprendemos a vivir con recompensas es más fácil que así continuemos; practicando una absurda justicia que lleva la cuenta de lo que hace o no hace, por ejemplo, cada miembro de la pareja. Mortal, aunque salvaguarde muchos abusos.
    Lo más ‘divino’ que nos puede adornar es la gratuidad. Todos podríamos ser, al menor descuido, como el siervo ingrato que no perdona la deuda menor, después de haber sido perdonada su inmensa deuda por el patrón. Dios se nos muestra con unas categorías superiores que explica y pone a nuestro alcance. Debemos ser conscientes de que somos los trabajadores de la penúltima hora y no pasar cuentas a Dios por los de la última.
    Si pedimos a Dios, como dices, humildes y confiados; nosotros quedaremos abiertos a lo que Él nos pida, de la misma manera. Ahora, la oración se hace fusión, “y nos atrevernos a decir: Padrenuestro…”

  2. Susana: Me gusta tu espiritualidad, y tu modo de educar, basados en la gratuidad. Creo que sintonizamos.
    Tienes las ideas muy claras, y un alma (fruto del Espíritu) muy grande. Seguro que los que se encuentran contigo tienen una gran suerte. No te canses de darle gracias a Dios por los dones que te ha dado, y por darte el acierto de ponerlos al servicio de quien lo necesite.

  3. Creer en la fuerza de lo callado y escondido me anima. Pero, seguro que no te dirían lo mismo de mí, los que me aguantan a diario.

  4. Por una vez, no te creo

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