… para que no sea moro

bautismo“Para que no sea moro”, es la respuesta que he oído decenas de veces, a lo largo de los muchos años pasados en otra parroquia. La pregunta era: ¿Para qué (o por qué) queréis bautizar a vuestro hijo?

Ello me proporcionaba una gran pena por la pobreza de motivación, y la simpleza de la expresión. Otros padres, que ya habían superado  la pintoresca expresión, solían contestar que querían que su hijo fuera cristiano como ellos. Y entonces me venía a la mente este pensamiento: “pues “apañao” va el niño como sea cristiano al igual o a la manera de sus padres” Y aunque lo pensaba, nunca se lo dije; en su lugar trataba de motivarlos con otras razones, y aclarando lo que yo entiendo por “ser cristiano”.

¡Cuántos desengaños en la vida y práctica pastoral! En ese y en otros sacramentos. Después de todo, pensaba que la ignorancia también será asumida por Aquel que salva la humanidad dañada.

Uno de los motivos de mayor desazón que sufrimos los agentes de pastoral, es la ignorancia sobre los temas religiosos en general, y de lo que significan y exigen los sacramentos, en particular. La mayoría de la gente (todavía) sigue pidiendo algunos sacramentos (otros, no): Casi todos piden el bautismo y la primera Comunión (que no es igual que la Eucaristía). Bastante menos gente pide la Confirmación. Pocos la Unción de enfermos. El Perdón, cada vez menos. El Orden sacerdotal, totalmente en recesión por parte de los jóvenes. El matrimonio sacramento, cada vez menos. Esto es una realidad patente.

Pero para mí es mucho más preocupante, que un gran número de los que siguen pidiendo esos sacramentos (bautismo, P. Comunión, matrimonio) lo hacen por tradición, porque todavía se lleva, por atavismo, por presiones familiares o vecinales, o simplemente “porque siempre se ha hecho”. Y, claro, es triste tal ignorancia o tal actitud tan falta de motivaciones creyentes.

Sin negar la parte de responsabilidad que puedan tener las personas que actúan así, quiero, no obstante, no cargar todas las culpas sobre ellos.

¿Por qué no están evangelizados? ¿Por qué tanta ignorancia? Porque es evidente que no se trata de mala voluntad; sino de ignorancia… y consecuente indiferencia.

Si la misión de la Iglesia ha sido siempre, y lo sigue siendo, la de evangelizar, y hacerlo principalmente con los más pobres (en todos los sentidos, pero sobre todo culturalmente), ¿cómo es que grandes masas de población de todas las edades y de toda condición, siguen sin haber sido evangelizados?

Ahí queda un interrogante que no quiere acusar a nadie, pero que nos debe hacer reflexionar seriamente a los creyentes (clero y laicos). Y en vez de lamentarnos por la situación, debemos tratar  de descubrir nuevos caminos de evangelización.

Hay un refrán sabio, que dice:”en el pecado llevamos la penitencia”.

                                                                                                               Félix González L.

3 Responses to “… para que no sea moro”

  1. “Todos queremos más”
    El desarrollo humano viene empujado por alcanzar un bienestar creciente.
    Quién ha hablado a lo largo de la historia en nombre de los demás, ha sido para reclamar territorios, pozos, justicia y, por otra parte, los líderes siempre han basado su discurso en conseguir juntos la libertad, la tierra, el pan, las condiciones laborales y los derechos sociales.
    La Iglesia ante los ojos, cultos o ignorantes, se muestra como un poder. Sus vestimentas son imperiales, sus templos más grandes que los palacios, su capacidad de amedrentar ha oscilado desde la violencia explícita a la eternidad infernal, su posición ha estado al lado de los poderosos (dictaduras militares) y las propuestas comunistas o socialistas han sido anatematizadas por ella, hasta el punto de asemejar la Teología de la Liberación, al marxismo.
    Pertenecer a la Iglesia es un ‘plus’, aunque no se sea consciente. Si los que están por encima en la escala social participan en unos sacramentos que realzan los acontecimientos de la vida como nacer, casarse, morir; la tendencia será reproducirlos.
    ¿Qué hay de extraño? La alternativa es que no haya bautizo ni ‘comunión’, la ausencia de ceremonia en la boda, y un entierro a pelo con la música preferida del muerto (y si es un personaje).
    La Iglesia, y no sé cómo, debería de deslizar un mensaje dónde resultara atractivo “ser menos” en contraposición al mensaje que cala, que no es otro, que el de “ser más”, aunque sólo sea ser cristiano, que es más que no ser nada.
    Mejor cristiano que moro -te lo dicen bien claro-. Mejor ser que no ser.
    ¿En qué consistiría ser menos? En que fuera FUENTE de FELICIDAD, no imponerse, no darse caprichos, viajar muy discretamente, preferir la compañía de los que no presumen ni critican, sentirse deudor de los que tienen poco o menos, un volumen de ropa más lógico, no hacer regalos en Navidad, no mezclar los sacramentos con el gasto, ser más justo que lo estipulado, liberarse de darse importancia (por los bienes materiales y sobre todo los intelectuales), y, en tantas ocasiones, callar, ceder, comprender, escuchar o renunciar.

  2. ¡Vaya programita que presentas, Susana! La gran reformadora, Teresa de Jesús, se queda chiquita a tu vera. Pero al igual que Juan de la Cruz se puso de su parte, yo también me pongo de la tuya. Coincido totalmente con tu visión de iglesia y de cristianismo. ¡Qué pena de sacramentos tan minusvalorados y tan utilizados! Y seguimos con tanta mitra ciega, que sólo ve de tejas abajo. También está a su alrededor una corte de sumisos interesados o igualment ciegos, que no sé qué es peor. Pero reconozco que la naturaleza humana nos aporta protagonistas de toda índole y condición. La pena es que la iglesia haga el mismo juego. Una cosa nos queda: seguir traudciendo los sueños en vida, con la esperanza de que algunos lo disfrutarán. No hay que desanimarse, Susana,

  3. No he dicho nada que resulte un sacrificio. Hay cristianos que entregan su vida, sus posesiones, una familia o su realización profesional por seguir enteramente a Cristo.
    Cuando hablo de ‘ser menos’, lo hago desde el sentido común que busca no traicionar el evangelio. Son pequeñas pistas para poder disfrutar un poco del Reino. Son ‘la enseñanza primaria”, para cursar un día “la secundaria”.
    No podemos esperar caernos del caballo, en más fácil bajarse de lo que nos hace infelices.

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