Los jóvenes y la Iglesia (I)

jovenesLa iglesia habla de recuperar a los jóvenes; pero los jóvenes se preguntan: “recuperar” ¿para qué? ¿Qué les puede ofrecer la iglesia actual para ser personas de su tiempo?  Se ve por las encuestas que los jóvenes rechazan cada vez más a la iglesia; pero no rechazan en la misma medida a Jesús de Nazaret. Aquello de “Cristo, sí; Iglesia, no” sigue resonando en el fondo, aunque no se convierta en slogan como en tiempo de los hippies.

Los jóvenes aceptarían con mayor facilidad a una iglesia que les hablase de Dios y de Jesucristo, en términos de amor, comprensión, tolerancia, servicio, solidaridad… Una iglesia de carácter profético que no se predique a sí misma, que no utilice entre sus medios el poder ni la riqueza, que no quiera entrar en competencia con los poderes públicos, pero que diga una  palabra que ilumine las realidades temporales, como una oferta desinteresada al servicio del hombre.

  Una de las sensaciones que tienen los jóvenes es la de no sentirse suficientemente comprendidos por la iglesia. Y es obvio que toda persona incomprendida, se siente rechazada. Y los jóvenes tienen muy claro que la Iglesia no los entiende.

 No entiende su talante desgarrado, a veces displicente o agresivo. (¡Tienen tantos motivos para sentirse agresivos!). No entiende su indiferencia religiosa (indiferencia ante lo que no comprenden porque su inteligibilidad está a años luz de nuestros días). No entiende que quieran decir una palabra en la iglesia (en una iglesia donde ser mudo es el estado perfecto. Ya está la autoridad jerárquica para hablar). No entiende que sean jóvenes, cuando ella ha dejado de serlo. (La Iglesia dejó de ser joven cuando se aferró al pasado, sin tener una mirada esperanzadora hacia el presente y el porvenir).

     San Juan se dirige a los jóvenes con estas palabras: “os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes”…Es posible que en su tiempo lo fueran. Pero creo que hoy, los jóvenes son más vulnerables que nunca por varias razones:

  • Porque su mundo es atacado por todos los costados: empezando por la   independencia económica que cada vez se retrasa más por falta de trabajo, y una mayor dependencia del núcleo familiar durante un tiempo bastante más largo
  • La espiritualidad queda reducida a la mínima expresión
  • La falta de ilusiones y proyectos.
  • Gran desencanto a todos los niveles: religioso, político, social, económico…Carecen de horizontes de futuro
  • Se sienten como perdidos en un mundo que ellos no han hecho, ni en el que  se les da parte para mejorarlo
  • Aquellas instituciones de las que podrían esperar apoyo y ayuda, no les dan confianza; se sienten muy diferentes en la concepción del mundo y del hombre.
  • No encuentran un sentido a la vida, que les haga vivir, si no con alegría, sí, al menos, con esperanza.

    La parábola del Buen Samaritano se ha puesto más de moda que nunca últimamente. Es como si no se hubiera descubierto hasta el presente. La verdad es que tiene un contenido tan rico y claro que puede ser aplicada a muchas circunstancias de la vida. Y una de esas aplicaciones, es la que yo quiero ver respecto a la juventud de nuestros días. Las circunstancias de la vida moderna han incidido decididamente en los jóvenes, haciendo de ellos una generación desplazada, acorralada y malherida. Les queda la rebeldía, a veces violenta, a veces resignada. Es el  herido junto al camino de la vida.  La Iglesia actual teme mancillarse con su jerga malsonante, sus gestos, muchas veces obscenos, su manifiesto desacuerdo con normas y mandamientos no explicados ( y a veces no explicables). Una Iglesia que está pasando de largo respecto a la juventud, porque no sabe qué hacer con ella (salvo excepciones). Una Iglesia que tiene tiempo para dedicarse a la “liturgia”, a las “ceremonias”, pero no tanto para examinarse a sí misma de sus limitaciones. Una iglesia incapaz de inculturarse, por miedo a perder su idiosincrasia, a perder poder e influencia. Una iglesia que se llama de los pobres, pero no siempre es pobre; una iglesia poderosa, incapaz de ceder poder, bajo el pretexto de que es necesario para la evangelización. Una iglesia que no sabe “perder para ganar”, porque desconfía de la Providencia.

  Y mientras tanto, los jóvenes siguen alejados y privados del sentido cristiano y del sentido de la vida..   Pero creo que sería injusto y equivocado, si me quedase sólo con esta descripción, que sería la del sacerdote de la parábola que lo ve y “da un rodeo.

   También hay gente en la iglesia que se acerca al herido y trata de curar sus heridas. Gente que abandona su camino para hacerse prójimo (próximo) de esa juventud. Existen en la Iglesia los “buenos samaritanos”. Pero lo deseable sería que toda la iglesia fuera samaritana.

Tampoco a todos los jóvenes se les puede encuadrar en estos parámetros. Sería injusto y equivocado. Pero la inmensa mayoría sí.

Hay jóvenes con ideales nobles, con valores y con fe. Ellos son una gran esperanza.

                                                                                                                    Félix González

 

 

4 Responses to “Los jóvenes y la Iglesia (I)”

  1. En una celebración del sacramento de la Confirmación, estaba invitado Rouco. Después de esperar tres cuarto de hora por el retraso, sacaron de sus respectivos maletines un báculo telescópico y una mitra plegable. ¡Mira, si es como la del Burger King!, dijo un ‘adolescente’ (como se dice ahora). Esto es una anécdota, pero ilustra la distancia que por salud mental la gente joven mantiene.
    También ven, que no son tontos, el doble rasero aplicado a los conflictos armados, las armas, la carrera militar, el cura castrense…y las exageraciones y escándalos con las investigaciones con células madre, o con la despenalización y atención a las mujeres que abortan.
    Ante la homosexualidad, a los jóvenes, no les hace falta ningún esfuerzo de comprensión, más bien les extraña que se señale como característica de un individuo. Ahí estamos, a años luz, hablando de que es un error antropológico, o que si es contra-natura o, (y esto ya es de pronóstico) cuando se propone que un homosexual, aún siéndolo, prescinda de sus relaciones sexuales.
    El preservativo, es lo que todo joven con dos dedos de frente tiene que usar para una higiene sexual y evitar un embarazo. ¿Qué reducción de cerebro se pretende limitando a una pareja expresarse?
    Posiblemente, los jóvenes, no se habrán enterado de que la Iglesia niega la Comunión a los que no han podido continuar con su matrimonio, porque les hacía daño o los hacía malos, y han encontrado amor para dar y recibir en otra persona.
    Realmente, hablar a continuación del amor desbordante de Dios al ser humano, presentando a un Dios que choca con su juventud y que reproduce en su Iglesia lujo, vestimentas, cargos con escudos y ausencia de democracia, sólo va a convencer a la gente joven que tiene al lujo, a la ropa, al nivel social y al fanatismo como valores previos; y es aquí donde, el cristianismo mal entendido, produce ‘eco’ en esas tiernas mentes.

  2. Susana: He leido por dos veces tu post (¿tres?), fuerte, valiente y libre. Pienso que si hubieras vivido en tiempos de la Inquisición te hubieran quemado en la hoguera, como a Savonarola, aunque yo no correría mejor suerte. Supongo.Gracias a Dios los tiempos han cambiado. Aunque siguen existiendo los inquisidores, que no queman el cuerpo en la hoguera, pero tratan de quemar la libertad en nombre de no sé que ortodoxia.Lo importante es pensar y actuar en conciencia iluminada por el Evangelio. Es bueno preguntarse:¿Si Jesús estuviera aquí y ahora, qué pensaría y qué haría?

  3. Gracias por compartir todo eso. Hace un rato he estado hablando sobre jóvenes e Iglesia con personas que están preparando la llegada de la cruz y la JMJ de Madrid como centro de la programacion pastoral de este curso; y mi corazón lloraba. Ahora, al leeros, me siento aliviada y acompañada.

  4. Querida Ruth: no me extraña que te sientas mal al ver ciertos comportamientos y tendencias sobre cómo orientar a los jóvenes. ¡Es una lástima que se ponga el acento en cosas externas, que estarían bien si fuesen acompañadas de una reflexión seria y un compromiso serio respecto a los jóvenes. Esos movimientos y concentraciones suelen quedarse en nada, pasado el fervor del acontecimiento. ¿Qué queda después? Pero sobre todo, ¿qué se hace para recuperar la inmensa multitud de jóvenes que están
    al margen de esas cosas y de la Iglesia en general?
    Una pastoral juvenil debe orientarse, fundamentalmente, en otra dirección. Ya sé que es difícil; pero ¿no habrá que intentarlo? Primero hace falta conocerlos, después quererlos de verdad, y sólo entonces se podrá acercar la Iglesia a ellos. Pero ¿qué se les ofrece? Hoy, la garn parte de la juventud ,si no se siente engañada, al menos se siente desconocida. Y su reacción ya no es de enfrentamiento, sino de indiferencia; que es peor.

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