De la vida cotidiana

ParqueCuando estudiaba el bachillerato (el de mi tiempo) teníamos un texto de francés que, al final de cada lección traía una conversación, para ejercitarse en el idioma. Se titulaba esa sección:”De la vie de tous les jours” (sobre la vida de cada día). Este título me sirve de introducción para una pequeña reflexión. A ese trascurrir cotidiano se le suele denominar “la vida ordinaria”, para distinguirlo de los días en que se celebran eventos extraordinarios, o simplemente son días festivos Y además se suele decir que son días de monotonía, donde no hay cambios sustanciales en nuestro quehacer. Incluso pueden resultar días aburridos debido a la carencia de nuevas motivaciones, de nuevos estímulos.

Yo quiero romper una lanza en favor de esa “vida ordinaria” de cada día; la normal, la que trascurre casi sin darnos cuenta, aquella cuyos días se parecen tanto, que son como una copia unos de otros.

Sin embargo, a pesar de las apariencias de intrascendencia, son los días que van marcando nuestra vida; los que van dejando parte de nosotros mismos en el pasado, y se van abriendo al futuro. Son los días donde se lucha, se goza, se sufre, se crece y se va preparando la madurez y la vejez.. y al final el encuentro con el Padre.

Ese día a día, sin grandes acontecimientos (si no es el de seguir viviendo) es donde mejor se ponen a prueba nuestras capacidades de amar, de honestidad, de fortaleza. Es donde podemos vivir las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad. Porque la Fe debe vivirse cada día, como algo a estrenar, algo nuevo, algo añadido; porque la Esperanza debe sostenerse y afianzarse en lo cotidiano; porque la Caridad  debe derramarse en cada contacto, en cada encuentro normal, como un hilo conductor a través de cada hora y cada minuto del reloj que marca la jornada.

Por otra parte, la realización personal (y la santidad a que somos llamados) no consiste en realizar grandes y llamativas cosas, sino en la fidelidad en las cosas pequeñas, que nos prepara (si llegasen) a otras más grandes. Jesús en la parábola de los talentos, dice:”porque has sido fiel en lo poco, pasa al gozo de tu Señor” Acabar el día con el deber cumplido, con la satisfacción de haber hecho lo que tenía que hacer,  es eso de ser fiel en lo poco.

La santidad es cuestión de fidelidad a la voluntad de Dios sobre cada uno. Y para Dios no hay cosas grandes ni pequeñas; hay cosas hechas bien o mal. Teresa de Jesús decía:”entre los pucheros está el Señor”. Francisco Javier se santificó haciendo grandes cosas, pero Martín de Porres se santificó igualmente barriendo el convento. Sólo cuenta lo que se haga con amor. Podemos convertir los días ordinarios en fuente extraordinaria de santidad. Que la santidad sea “la vie de tous les jours”

Félix González

6 Responses to “De la vida cotidiana”

  1. Jour après jour, les jours s’en vont.
    Vestidos con el mismo uniforme de rutina, pero ¡tan distintos, un día del siguiente!
    ¿Cómo no van a ser distintos si cada día que pasa las personas somos otras? A diario acumulamos un nuevo sentimiento, o añadimos un error a nuestro egoísmo, o aprendemos con qué torpezas hacemos daño. Sólo es cuestión de fijarse, recapacitar y modificar la meta.
    Somos diferentes que ayer, justamente, porque rectificamos con suaves toques el rumbo. Quizás sea el modo de echar ‘aceite en la lámpara’.
    Coincido contigo en que nos la jugamos en lo cotidiano; además, no podemos habitar otro día que nos sea el actual, y ahí estamos cada uno: los seres recapitulados de nuestros días pasados; el sumatorio de lo llorado y el cúmulo de lo admirado; seres pequeños, sedimentados de días, sensibles a su fuga, arrastrados por el tiempo que piensan en que tiene que haber un Tiempo mayor.

  2. Ciertamente, a pesar de que todos los días parezcan iguales, ni lo son, ni lo deben ser. Una mirada general, distraida, tal vez no sea capaz de ver o intuir la diferencia entre ayer, hoy o mañana. Pero seguro que la hay. Como tú dices, Susana, cada día somos distintos (hasta físicamente, ya que las células van muriendo y naciendo constantemente). Cada día añadimos o restamos bondades. Añadimos experiencias, recuerdos, cariños, esfuerzos, esperanzas… Todo eso hace que no sea ifual un día a otro. Como dices “día tras día se van yendo los días”, pero no se van sin más; dejan su poso en nuestra vida… y en la de los demás.

  3. En el tiempo ordinario, con momentos más sosegados y otros más agitados, se va gestando la Pascua.
    La fidélité de chaque jour, donne-la-nous, Seigneur.

  4. Sienpre que nuestra vida vaya siendo resurreión, será Pascua. Y en la vida ordinaria es donde libramos todas las batallas a la tentación de monotonía que puede acechar. La vida ordinaria no quiere deir vida sin problemas y preoupaiones; en ella se dan el gozo y el dolor, los aciertos y equivocaiones, la graia y el pecado… Pero ocmo dices, Ruth, “la fidelité de chaque jour, donne-la-nous, Seigneur”.

  5. La vida cotidiana ?
    asi titulas tu articulo y para mi es maravilloso como lo planteas . Poro hay algo que as olvidado ,
    que el Señor nos dice
    Dejar que los niños ce acerquen a mi .

    Los niños son la alegria de esos dias cotidianos y tenemos que poner la semilla de la que tanto hablamos.
    Como tu meas dicho es el corazon el que habla

  6. Querida Manuela: llevas mucha razón en lo de los niños, ya que además de ser el futuro del mañana, son los que tienen el alma más receptiva por estar menos cargada de prejuicios y malos hábitos. Yo sé que a tí te gustan mucho los niños. Basta ver cómo disfrutas con tus nietos. Un abrazo.

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