¿Cristo, sí; Iglesia, no?

pintura-de-cristoHace años estuvo muy de moda la frase que encabeza este post. Ya se oye menos, pero está igualmente de moda su sentido. Sigue habiendo mucha gente que admira a Cristo, y, en general, no tiene dificultad en admitir su protagonismo y su doctrina (aunque aplicando una poda considerable). Pero al mismo tiempo no aceptan a la iglesia, la vituperan, la ignoran o la abandonan. Y se practica ese “deporte” con una gran normalidad.

No cabe duda que hay una verdadera diferencia entre la práctica de Jesús, sus enseñanzas, su evangelio, y las normas de la iglesia, sus frecuentes prohibiciones, sus exigencias, su estilo y su práctica.

Pero, no obstante, no podemos separar la iglesia del seguimiento de Cristo. La iglesia forma parte de su legado. Y aunque podemos decir que Jesús no fundó la iglesia en su sentido estricto, sí que hay que afirmar que él puso los cimientos para que sus apóstoles y continuadores la fuesen construyendo. Por tanto no podemos estar con Cristo, sin estar con la iglesia.

Pero se puede estar “con la iglesia” de maneras distintas: desde el amor y la lealtad, pero de manera crítica; o desde la simple situación de cristiandad, con sumisión y falta de análisis, en una postura de falta de colaboración y responsabilidad personal.

Hay una postura que responde a la inercia y el menor esfuerzo, y hay otra forma que lleva consigo una actividad de purificación, de cambio, de “aggiornamento”; todo ello en fidelidad y deseo de mejora.

Pero la iglesia, con sus defectos, sus errores históricos, sus pecados, es querida por Jesús; aunque la quiera renovada y con constante deseo de parecerse más al evangelio.

Lo que Jesús predicó, fundamentalmente, es el Reino de Dios. Que sepamos aceptar y vivir la voluntad de Dios en nuestras vidas, en nuestras instituciones, en nuestras mutuas relaciones. Pero la iglesia (que, por supuesto, no es el reino) es, sí, un elemento, imperfecto si se quiere, para ir haciendo realidad ese reino.

Por tanto habría que decir: ”Jesucristo, sí; iglesia, también”. Esta iglesia, que es la que tenemos, es últimamente puesta en cuestión, poco querida por una buena parte, incluso por los llamados cristianos. Pero el ser cristiano lleva consigo amar a la Iglesia, porque es amada por Jesús. Y amarla de verdad es quererla de otra manera, luchar para que sea más fiel a Dios y al hombre. Y eso exige un constante autoexamen de nuestros comportamientos, de nuestras prioridades, de nuestros compromisos. La iglesia entrará en un proceso de conversión, en la medida que nuestra conversión vaya haciéndose realidad. No podemos intentar que la Iglesia cambie, si nosotros no damos pasos de conversión y cambio. ¡Hay tanto que cambiar en nuestras vidas!

                                                                                                          Félix González

4 Responses to “¿Cristo, sí; Iglesia, no?”

  1. No se merece la Iglesia de Cristo que seamos testigos de baja intensidad. Conforme aumentemos el voltaje, irá surgiendo el amor a su Iglesia.

  2. Desgraciadamente, la frase concreta una realidad que se esta viviendo en muchos países. En USA un tercio de los bautizados ya no frecuenta la Iglesia y creo que se puede decir lo mismo de España. ¿De quién es la culpa? En los divorcios siempre hay yerros por ambos lados, pero creo que los numerosos casos de pederastia y lo mal que se llevaron por la jerarquía más la lentitud en aceptar los cambios en la sociedad (feminismo, democracia, sexualidad…) han contribuido a muchas deserciones

  3. Yo lo que tengo claro es que, sin Iglesia, mi humilde contribución a ese reino se vería mermada. Gracias a ella puedo desplegarme en amor. Si bien la Iglesia no es perfecta y debemos seguir siendo críticos, creo que va siendo hora de que también saquemos pecho y aplaudamos tantas y tantas cosas que realiza al servicio del Reino.

  4. Bueno Mártir: estoy muy de acuerdo contigo. El que se critique lo que consideramos desacertado, no debe privarnos de alegrarnos -y manifestarlo- de lo mucho positivo que la iglesia ha dado y sigue dando. Esta es la Iglesia que tenemos, y a esta es a la que debemos amar. Claro que amar no significa no ver lo que se puede y debe mejorar. Por eso, las críticas, con cariño y dolor, le vienen bien a la Iglesia.

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