Cuaresma: el ayuno que yo quiero (Is 58, 1-9a)

 cuaresmavTradicionalmente se suele atribuir a la Cuaresma una triple acción: Ayuno, oración y limosna. No está mal si no se queda en puro cumplimiento ritual, para transformarlo en actividades con un sentido espiritual y espíritu de conversión. Lo que no vale es hacerlo por pura rutina-tradición, o por puro cumplimiento de una norma, por muy secular que sea.

Hoy quiero fijarme en el aspecto del ayuno. Muchos preguntan qué sentido tiene. Y lo tiene o no según la motivación que nos mueva y según qué tipo de ayuno prevalece. El hecho de no comer (comer menos) puede tener el sentido de solidarizarse con los que pasan hambre, bien porque el posible dinero  ahorrado se destina a los pobres, bien porque de esa manera nos solidarizamos con los que ayunan por no tener nada con que llenar sus vacío estómagos.

Pero hoy día, se puede interpretar el ayuno de forma distinta. Si ayunar es “privarse”, podríamos privarnos de muchas cosas que son gastos inútiles o, al menos, innecesarios, o de pequeños vicios, o de palabras ofensivas, o de odios y rencores, o privarnos de horas de televisión o diversiones y emplearlo en algo más de oración…

El profeta Isaías nos transmite la voluntad de Dios, cuando dice:” Hacer saltar los cerrojos de los cepos – Dejar libres a los oprimidos. Partir tu pan con el hambriento.- Hospedar a los pobres sin techo – Vestir al que ves desnudo- No cerrarte a tu propia carne”. Y termina, añadiendo: “Solo entonces brotará tu luz como la aurora; clamarás al Señor y te dirá:”aquí estoy”.

En un “Power Point” que acabo de recibir, encuentro estos ejemplos de “ayuno”, que juzgo que son muy válidos, y que transmito por si a alguno le sirven para esta cuaresma: Ayuna de juzgar a otros, y llénate de Cristo; Ayuna de palabras hirientes, y llénate de frases bonitas; Ayuna de enojos y llénate de paciencia; Ayuna de pesimismo, y llénate de esperanza; Ayuna de preocupaciones inútiles, y llénate de confianza en Dios; Ayuna de quejarte, y llénate de asombro por las maravillas del misterio de la vida; Ayuna de amarguras, y llénate de perdón; Ayuna de desaliento, y llénate de esperanza; Ayuna de darte importancia a ti mismo, y llénate de compasión por los demás”.

El ayuno, en cualquiera de sus formas, es un ejercicio de dominio de sí mismo; no es tanto lo que significa de sacrificio, cuanto lo didáctico y educativo que resulta. Es más fácil injuriar al que te ofende, airarse ante una situación desagradable, quejarse de lo que nos disgusta, sentirse pesimista por no alcanzar los resultados esperados, hartarse de comer o comer de capricho cuando uno tiene hambre, etc… que poner en práctica lo contrario. Esto exige dominio de sí mismo, salir de sí mismo, dar prioridad al espíritu sobre el cuerpo. Y eso no es fácil.

Siempre tenemos que tener presente esta forma de actuar, si queremos ser dueños de nuestros actos, y no sus esclavos. Pero, sobre todo, en ciertos tiempos fuertes ( y la cuaresma lo es) se nos invita a ponerlo en práctica dándo un auténtico sentido de preparación a la gran fiesta de la Resurrección del Señor, preludio de la nuestra.

¡Cuántas ayudas y recordatorios nos pone el Señor a lo largo del año y de la vida! No se cansa de facilitarnos las cosas, aunque pasemos olímpicamente de ello con relativa frecuencia. ¡Ojalá que esta cuaresma sea distinta; no “una más”.

                                                                                                                                                                         Félix Félix González

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2 Responses to “Cuaresma: el ayuno que yo quiero (Is 58, 1-9a)”

  1. “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.” (Rom 8:5)
    La carne que es como decir: yo, en primer lugar o yo, el centro de mi pensamiento.
    El tema del ayuno que has introducido tan oportunamente, es condición para hacer sitio al Espíritu que queremos que nos habite. Las regiones ‘afuera del yo’ son lo mejor de nuestra naturaleza humana; de ahí la grandeza de la maternidad y de los que se entregan, o la de los médicos que curan, o del que se sabe detener a escuchar soledades…en el fondo nos admira la persona cuando desborda y alcanza a otras personas.
    Pero esto es para todos, cuando ayunamos de autoafirmación, de comentarios tóxicos o de ser sujeto del capricho constante; las demandas de los demás se hacen audibles, mejora la pobre visión de nosotros y del mundo, las comidas tienen un sabor más real, y el mundo interior convive con nuestro exterior. En definitiva, en el ayuno puede haber una fiesta de los sentidos según el Espíritu. “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Juan 3:6)

  2. Susana: me gusta esa frase que dices: ” el ayuno es condición para hacer sitio al Espíritu”. La verdad es que si estamos kuy lenos de otras cosas, acaso no quede sitio para el Espìritu. Por eso que el vaciamiento de sí mismo es fundamental para la conversión. Hay que cambiar los muebles,

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