Domingo II de Cuaresma

montanas nevadas ripi(Jesús sube, con tres de sus discípulos, a un monte, para rezar)

Jesús, según el Evangelio de este segundo Domingo de Cuaresma, toma a tres de sus discípulos, los más íntimos, Pedro, Santiago y Juan, y se va, a un monte para rezar. Y allí ocurre lo que hemos escuchado.

Habla el Evangelio de “un monte alto” (El monte Tabor). En realidad no es demasiado ato (unos 500 metros aproximadamente). De todas formas, había que hacer un esfuerzo para subirlo. Yo creo que quiere decir, en primer lugar que la oración requiere unas condiciones, un esfuerzo, un dejar el bullicio y ruido de la vida ordinaria, para estar a solas con Dios.

Estando allí en la altura, orando, se aparecen dos personajes, pertenecientes al Antiguo Testamento: Moisés y Elías. Moisés fue el legislador más importante, y el que condujo a Israel a la libertad. Y Elías era considerado como el mayor de los profetas (la ley y los profetas). A Jesús, se le compara con Moisés, como liberador, salvador. Y s, que fue Jesús. Elias, como profeta, también se le compara con el más grande de los profetas que fue Jesús.

Es interesante la reacción de Pedro, ante aquel cuadro tan atractivo. Dice: vamos a quedarnos aquí. Haremos unas tiendas. Huye del trabajo diario, más duro y monótono; menos llamativo y gratificante. Pero Jesús le dirá, que hay que bajar del monte; después de la oración, hay que ir a la tarea diaria. La oración no puede ser un subterfugio para no trabajar, para no comprometerse en las tareas del Reino de Dios.

Pero todavía ocurre otra cosa, allá en lo ato del monte. En aquel ambiente de paz, se oye la voz del Padre, que dice, refiriéndose a Jesús: “Este es, mi Hijo querido, escuchadle”.

Hay que escuchar a Jesús, porque él es la Palabra de Dios; Dios habla por medio de él. Por eso hay que escucharle. Jesús no habla por sí mismo, sino que trasmite lo que el Padre le ha encargado. Esa es su misión.

Muchas veces hacemos de la oración un monólogo; solo hablamos nosotros, pedimos y pedimos, o hablamos y hablamos. ¿Dónde quedan las palabras del Padre, que nos dice:”Escuchadle”. En la oración es más importante escuchar que hablar. Porque Jesús siempre habla, si estamos dispuestos a escucharle. Ojalá que este segundo domingo de Cuaresma, nos lleve, a través de la palabra de Dios que hemos escuchado, a tomar conciencia de la importancia de la oración.

                                                                       Félix González

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