Domingo de la Resurrección del Señor

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(¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?)

Hoy es, sin duda alguna, el día más año litúrgico de la Iglesia. De poco hubiera valido que Jesús muriese, que Jesús nos hubiera dado ejemplo de cómo vivir, etc, si después de morir, no hubiera resucitado. La resurrección de Jesús es la garantía de nuestra propia resurrección.

Hoy es un día de desbordante alegría. Nada ha quedado sepultado, todo ha sido glorificado. Así esperamos que ocurra con nosotros. Hay personas, incluidas personas que se dicen cristianas, que no creen en la resurrección de los muertos. Esas personas, aunque se digan cristianos, no lo son. La resurrección de Jesús y la nuestra es esencial en las convicciones del cristiano.

Buen día para reforzar nuestra fe. Un día, también, para dar gracias a Dios, porque no nos deja perdernos en la nada, tras la muerte. Nos espera, tras esta vida, para hacernos felices por toda la eternidad.

¡Gracias, Señor!

Domingo V de Cuaresma

300px-Giotto_di_Bondone_021(Tu hermano resucitará)

Jesús, siempre que podía iba a visitar a aquellos tres hermanos: María, Marta y Lázaro, porque eran muy buenos amigos, y vivían muy cerca de Jerusalén, en la ciudad de Betania. El hermano, Lázaro, se puso enfermo y en pocos días murió. Antes de que muriese las hermanas enviaron a alguien que avisase a Jesús de la gravedad de su amigo. Pero Jesús no se apresuró a ir. Solamente cuando murió fue a Betania. Una de las hermanas le dijo al llegar: “Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”. Jesús la contestó: “Tu hermano resucitará”. Y así fue. Ante un grupo de gente, amigos de los hermanos, y curiosos, Jesús, dirigiéndose a la tumba donde ya estaba enterrado hacía unos días, con voz potente, gritó:”Lázaro, sal fuera”. Y Lázaro salió de la tumba, por su propio pie. (más…)

Domingo IV de Cuaresma

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(Jesús cura a un ciego)

El Evangelio de hoy comienza diciendo que “Jesús iba de camino”, cuando vio a un ciego de nacimiento: se paró y le dedicó un tiempo para atenderlo y curarlo, y más tarde se hizo con el encontradizo con él, para darle la fe, después de haberle dado la vista. Analicemos brevemente estos datos tan sencillos que nos proporciona el evangelio. (más…)

Domingo III de Cuaresma

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(Jesús le dijo: dame de beber)

Jesús va camino de Jerusalén. Los apóstoles se han quedado en Sicar para hacer las compras necesarias para el camino, porque aún quedaba buen trecho hasta Jerusalén. Jesús, cansado, se quedó descansando en el llamado pozo de Jacob, sentado en el pretil. Al cabo de un tiempo, llega una mujer con su cántaro, a sacar agua del pozo. (más…)

II Domingo de Cuaresma

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(Levantaos, no tengáis miedo)

Al hacer el comentario del Evangelio que acabamos de leer en este domingo segundo de Cuaresma, hoy me voy a fijar en dos palabras o dos breves frases del relato. (más…)

Domingo I de Cuaresma

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(No tentarás al Señor, tu Dios)

Hablar de las tentaciones, es como hablar de algo malo. No obstante, la tentación no es ni buena ni mala. Todo depende de que uno consienta en ella o la rechace. Hemos escuchado, en el evangelio de este primer domingo de Cuaresma, cómo Jesús sufrió tentaciones. Y aunque nos lo representa en el desierto y siendo tentado por el demonio, debemos, no como un hecho aislado y puntual, sino como algo normal a lo largo de su vida. Jesús era Dios, pero no dejaba, por eso, de ser hombre. San Pablo dice que “se hizo semejante a los hombres en todo menos en el pecado”. Por tanto, si las personas podemos sufrir tentaciones, y de hecho las tenemos, Jesús, a lo largo de su vida, también las tuvo: La tentación de aprovecharse de sus poderes, de su influencia, para sí mismo; la tentación de evitar la cruz, la de usar sus milagros para ganar prestigio o poder o fama. Pero nunca se dejó arrastrar por ninguna de esas, u otras, tentaciones. (más…)

VIII Domingo del Tiempo Ordinario

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(“No podemos servir a Dios y al Dinero”)

Acabamos de escuchar, que Jesús dice: “no podéis servir a dos señores”. Y esos dos señores de los que habla Jesús, son: Dios y el Dinero. Jesús no habla en contra del dinero, que, por otra parte, es necesario para vivir, según el sistema de compra-venta asumido por la sociedad. De lo que habla Jesús, es de ser esclavo del “dinero”, de tal manera que pase por encima de Dios. Cuando alguien ama tanto el dinero, que se hace esclavo de él, está despreciando a Dios a quien hay que amar sobre todas las cosas, y también sobre el dinero. (más…)

VII. Domingo del Tiempo Ordinario

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(Sed santos, como el Padre celestial es santo)

Hoy, el Evangelio que acabamos de escuchar, es continuación del domingo pasado, y pertenece al famoso capitulo quinto de San Mateo. Y va en la misma línea: Jesús va a corregir y perfeccionar las normas de cómo debemos comportarnos con los demás. Hasta ahora se os ha dicho, porque esta es la ley de nuestro pueblo: “ojo por ojo, y diente por diente”. Es decir, la venganza es considerada como buena y necesaria. Sin sobre pasarse. Había unos límites; por eso se decía eso de “diente por diente y ojo por ojo”. Se podía uno vengar de algún daño recibido, pero sin ir más allá de lo que te había hecho a ti. Es lo que llamaban: “la ley del talión”. Jesús desautorizará esa ley de venganza, y hablará de “perdón”. ¡Qué duro se les debería hacer aceptar este cambio! Pero hoy pasa lo mismo. (más…)

VI. Domingo del Tiempo Ordinario

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(Se os ha dicho hasta ahora… pero yo os digo)

Uno de los capítulos más hermosos y más exigentes, que encuentro en el evangelio es el que leemos en este domingo. Hermoso, porque las palabras de Jesús pone en su sitio lo que debía ser cambiado según las condiciones del Reino. Y exigente, porque hay que cambiar de mentalidad para poder asumir la nueva conducta; y sobre todo, hay que cambiar el corazón. Tal vez se trata de hacer realidad lo que dice la Escritura:”Cambiar el corazón de piedra, en un corazón de carne” (Ezequiel, 11, 19). (más…)

V. Domingo del Tiempo Ordinario

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(Vosotros sois la sal y la luz, para los hombres)

Jesús siempre hablaba, a la gentes sencilla que le escuchaba, con palabras sencillas e imágenes que todos entendían con facilidad. En este caso les habla de algo tan corriente como es la sal y la luz. ¿Quién no sabe lo que es la sal y cuáles son sus efectos? Que se lo pregunten a los que, por enfermedad, tienen que comer sin sal (al menos hasta que se acostumbren, si es que lo logran). ¿Quién no sabe el valor de la luz, que deshace las tinieblas? ¿Quién no sabe la diferencia entre la luz del día y la oscuridad de la noche? Y todos sabemos la propiedad de la sal que sazona los alimentos y los hace más apetecibles. Pero si la sal perdiese esa virtud, si perdiese a capacidad de hacer más sabrosos los alimentos, ¿para qué serviría? Para nada, para tirarla a la basura. (más…)