Entrevista al Papa Benedicto XVI

papa_benedictoEntrevistar a un Papa, todavía en ejercicio, tiene sus riesgos, y no lo considero nada fácil; pero creo que es una figura importante en la consideración del mundo y en las expectativas de la Iglesia. Por eso, sin más, voy a tratar de arrancarle algunas declaraciones. 

 

 —  Debo reconocer, que no se cómo dirigirme, tratando de guardar el protocolo, la costumbre, las rectas normas del trato, y por otra parte la sencillez con que quiero que transcurra esta entrevista: ¿Santidad, Romano Pontífice, Vicario de Cristo…? La verdad es que es un lío.

  • ¿Te has olvidado que me llamo Joseph Ratzinger; José para los amigos, como soléis decir algunos? Así que no te compliques y llámame por mi nombre. Pero eres libre para usar los “títulos” tan honrosos con que me tratan en los documentos y relaciones oficiales. Pero vamos al grano, porque esto tiene una importancia muy relativa.

—  Gracias, Santidad (¡perdón!). No quisiera ofenderle con mis preguntas, pero sí que quiero aclarar algunas cosas, que considero fuera de época, anacrónicas, ridículas, dudosamente cristianas, y claramente anti-evangélicas.

  • ¡Adelante! Tal vez yo mismo podría citarte, también, más de una…  Vale, ¡dispara!

—   Quiero advertirle que mis preguntas van dirigidas desde mi respeto a Vd. y mi amor a la Iglesia, de la que me considero parte. Igual que hay muchas (bastantes) cosas que no me gustan de la Iglesia, hay muuuuchas que me desagradan del Papa y su entorno. Y al decir del Papa, no me refiero a Benedicto XVI en concreto, sino al papado tal como hoy se percibe. Veamos: ¿Por qué el Vaticano tiene que seguir siendo un Estado, con sus embajadores (llámense Nuncios o de otra forma) su simulacro de ejército (la Guardia Suiza), y toda la parafernalia de la presentación de embajadores de los demás Estados?

  • Has empezado fuerte. Se ve que conoces el percal (y perdón por la comparación poco respetuosa). Todo eso responde a épocas pasadas, que tal vez tuvieron su razón de ser (aunque también lo pongo en duda); pero que hoy día no es necesario,  ni ejemplar. Incluso, creo que provoca cierto rechazo en mucha gente más sensible a otro tipo de Iglesia más evangélica y menos mundana y burocrática.

—   ¿Y usted no podría cambiar las cosas, o al menos ir haciendo opinión para que un día puedan cambiar? Dicen que el Papa Pablo VI, de feliz recordación, intentó no vivir en el Vaticano y cambiar bastantes cosas de la Curia Romana, pero que el círculo que le rodeaba se lo impidió. ¿Eso es verdad?

  • Por lo que tengo entendido, te puedo decir que algo de eso hubo. Pero no puedo revelarte más cosas, porque me obliga el secreto (aunque sea un secreto a voces).

 —  Más cosas,  ¿a qué viene toda esa parafernalia de capisayos trasnochados, de cardenales-figurines, de ostentación vaticanista, de frialdad litúrgica, de protocolo estatista, de… (no acabaría con la lista, pero vale de momento).

  • ¡Ay, hijo, qué fácil es, visto desde fuera! ¿Crees que yo no me lo había planteado, también, desde hace tiempo?  Pero luego la realidad es otra; las dificultades, innumerables. También puede que influya la cobardía o el miedo a equivocarse, a no acertar, a hacer daño. Yo creo que los Papas llegamos a serlo con una edad que ya no nos permite correr muchos riesgos. La naturaleza se desgasta y las fuerzas (todas) disminuyen. Incluso el entusiasmo y el arrojo.

—   Entonces, ¿piensa que los Papas deberían ser elegidos más jóvenes, para salvar esos obstáculos?

  • Sinceramente, sí. Yo tuve mis dudas en aceptar, precisamente por mi edad. Pero parece que es cobardía no aceptar las responsabilidades, y por eso acepté. Pero tenía (y tengo) mis miedos.

—  Pero Juan XXIII también era mayor y fue capaz de convocar un concilio. Por cierto, ¿que se ha hecho de él? ¿Quién o qué circunstancias lo han secuestrado?

  • Eres valiente, clarividente… y atrevido. ¿No sabes que, como Papa, te puedo mandar una excomunión, una censura o privarte de escribir y enseñar? El Derecho Canónico me daría pie para hacerlo por faltar al respeto al Romano Pontífice.

(Benedicto XVI ríe abiertamente al ver la cara que he puesto tras sus palabras amenazadoras…aunque yo sé que van de guasa)

— Más cosas, ¿vale? Qué pasa con la marginación de la mujer en la Iglesia? ¿Qué pasa con tanto machismo clerical? ¿Qué pasa con la posible ordenación de la mujer, como sacerdote? ¿Qué pasa con el celibato obligado e impuesto para los mismos sacerdotes? ¿Qué pasa con la liturgia fría, desangelada, poco participativa y menos atractiva, casi siempre? Y ¿qué pasa con la condenación constante de los teólogos que investigan, y de los pastores más cercanos al pueblo y al evangelio? ¿Qué pasa con tanta política, tanto secretismo y tanto conservadurismo en el nombramiento de los Obispos? ¿Qué pasa con… (me faltarían folios para acabar las preguntas).

  • Me abrumas con tantas cosas. A mí me queda ya poco; tengo 83 años, y aunque parezca que tengo buena salud, estoy lleno de goteras. ¿Conoces ese refrán que dice que ”no se le pueden pedir peras al olmo”? Pues eso: a buen entendedor, pocas palabras. De todas formas te agradezco este repaso, que también otros lo viven y lo expresan. Espero que mi sucesor tenga las suficientes agallas, el valor suficiente y la confianza en el Espíritu Santo necesaria,  para iniciar una gran reforma de esta Iglesia que tanto tú como yo queremos, pero que no nos gusta.

—  Gracias, y perdón por mi atrevimiento. Creo que la Iglesia lo merece. ¡Gracias!

                                                                                                            Félix González ss.cc.

5 Responses to “Entrevista al Papa Benedicto XVI”

  1. ”…no se le pueden pedir peras al olmo”
    Benedicto XVI, sí sabe de primera mano como actuará el Espíritu. El poder de Dios no es otro que el de actuar cuando el hombre le deje.
    El no puede contentar a la Iglesia en general, pero sí puede arriesgar con los teólogos que abren la conciencia a la renovación e, intelectualmente, avanzan en la interpretación de unos textos vivos; aunque sería algo execrable entendido desde la institución.
    Para pedir peras al peral, no hace falta la acción del Espíritu (”porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2 Cor 12:10) y estoy convencida de que Benedicto lo sabe.

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