Pastoral de “caras nuevas”

RostrosA lo largo de los tiempo y de los últimos años se ha hablado mucho de la Pastoral, pero poniéndola algún apellido, más o menos acertado. La “pastoral de conjunto” pareció un descubrimiento acertado, que dio, de alguna manera, sus frutos; aunque ciertamente nunca se llevó a rajatabla por causa de algunos pastores, más preocupados por lo individual y propio que por lo comunitario y compartido.

Con menos fuerza oficial, se ha hablado de la “pastoral del encuentro”, de la “pastoral del diálogo”; de la “pastoral de la presencia (arrojar presencia)”; la “pastoral del boca a boca”. Todo eso para hablar de la pastoral globalmente considerada. Después estaban las distintas pastorales según edades, profesiones, situaciones, etc: pastoral universitaria, pastoral obrera, pastoral de infancia, pastoral del mar, pastoral de inmigrantes,.. y un larguísimo etc.

Muy últimamente he oído hablar de lapastoral de caras nuevas”. La verdad es que no me costó mucho comprender por dónde iba la expresión.  Tal vez sin darle apellido alguno, ya habíamos hablado (los que trabajamos en parroquias) de ese problema, que es, al mismo tiempo, un deseo: lamentábamos que siempre veíamos las mismas caras en la parroquia, y que deseábamos ver “caras nuevas” (nuevas incorporaciones).

Hoy quiero hacer una sencilla reflexión sobre el tema.

¿Qué párroco, vicario o feligrés asiduo, no ha dicho más de una vez, con cierto desaliento:”siempre somos los mismos”? Los mismos en las reuniones, los mismos en las charlas, los mismos en el trabajo y en el compromiso pastoral, los mismos en casi todo.

Las mismas caras, cuya topografía conocemos bien, a fuerza de vernos.

De vez en cuando se incorpora alguien a los distintos servicios o grupos, y se siente como un aire fresco que te reconforta, y reaviva el fuego de la esperanza en esa pastoral de caras nuevas.  Cuando un grupo cualquiera desea crecer numéricamente (dígase un partido, una peña, un club…) y no lo logra en la medida de lo esperado, decimos que “ha tocado techo”.  A veces, las parroquias parecen, también,  haber tocado techo.

Este fenómeno no debe ni desanimarnos por una parte, ni dejarnos indiferentes por otra. Hay que seguir trabajando con redoblado interés y contagiosa alegría, aunque, al contrario de la parábola, las noventa y nueve ovejas estén fuera, y sólo una tengamos segura en el redil. Cuidemos la del redil, y salgamos al encuentro de las que no entraron.

Félix González.ss.cc.

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