… como una carta que no se lee

Hay en el Talmud  una frase digna de ser comentada. (El Talmud, para los judíos, viene a ser la tradición oral, mientras que la Torá (el Pentateuco) es considerada como la tradición escrita).

cartaEsta es la frase del Talmud a que me refiero: “Un sueño que no se interpreta, es como una carta que no se lee”.

Si tuviésemos que tratar de interpretar todos los sueños que tenemos durante la noche y cada noche, necesitaríamos un nuevo Freud a tiempo completo para cada uno.

Pero, naturalmente, no me refiero a esos sueños nocturnos, ni hablo de psicoanálisis freudiano. Eso queda para los especialistas en la materia.

Mi idea va por otros caminos. Hablo de los “sueños”, que podríamos llamar deseos vehementes, ideales deseados, algo muy importante en mi estimación que desearía poder alcanzar. A veces decimos: ¡como me gustaría tal cosa, pero es un sueño!

Todo el mundo tiene uno o más sueños en la vida. Incluso los que no son conscientes de ello. Ejemplos de sueños encontramos en el Soliloquio de Segismundo, en “La Vida es Sueño”, de nuestro gran Pedro Calderón de la Barca:

Sueña el rey que es rey… / sueña el rico en su riqueza…/ sueña el pobre en su pobreza…/ sueña el que ha de medrar…/ sueña el que afana y pretende…/ sueña el que agravia y ofende….

Pero difiero en aquello  de que: ..” toda la vida es sueño  / y los sueños, sueños son”.

Realmente los sueños no pasarían de serlo si, como dice el Talmud, “no se interpretan”. Y entiendo por “interpretar”, intentar que se realicen en la medida posible.

Y después de tantos rodeos, aterrizo, por fin, con lo que quiero decir fundamentalmente.

El gran sueño de cualquier cristiano que trate de serlo de verdad, mi sueño, coincide con el gran sueño de Jesús de Nazareth: el Reino. Que “venga a nosotros tu Reino”. A todos y a todo. Y su realización, aún siendo obra fundamentalmente de Dios, no se va a hacer sin nuestra colaboración. Por eso no nos podemos contentar con “los sueños, sueños son”, porque eso sería, volviendo al Talmud, “como una carta que no se lee”. No merece ser escrita. Todas las cartas tienen un destinatario. Si no es así, será cualquier otra clase de escrito, pero no una carta.

Lo mismo pasa con el sueño del Reino. Necesita que se intente su realización; de lo contrario no pasa de ser un espejismo.

Debemos rezar, con gran fuerza y convencimiento, lo de “venga tu Reino”. Pero sin olvidar el sabio refrán: “A dios rogando, y con el mazo dando”.

                                                                                                    Félix González López

 

 

2 Responses to “… como una carta que no se lee”

  1. “Las cartas enviadas no se detienen,
    cruzan continentes, llamaradas y batallas. No se detienen.”
    (Olga Manzano y Manuel Picón)
    He recordado este verso, que pertenece a un poema/canción de estos autores, cuando has utilizado en tu artículo el símil de la razón de la carta: ser leída, para iluminar que la razón del Reino es su llegada, y en plenitud, con lo que la tarea es para siempre.
    El Reino avanza implacable, son nuestros ‘sueños’ los que sueñan con nosotros mismos.
    Nos pesan los párpados y alcanzamos a mirar solamente nuestro alrededor. No queremos soñar con más grandeza, dibujamos límites con tal de no intentar la fuerza del Espíritu, tenemos más temor de ser útiles que inútiles. Si pedimos más fe, corremos el riesgo de creer contracorriente, si ensayamos perdonar un poco podríamos estar en el futuro descartando la culpa y comprendiendo a los otros, si empezamos dando una limosna podríamos tomar conciencia de que ‘el pobre hombre del Reino’ somos alguno.
    El Reino avanza y nos despierta a diario para que no lo frenemos, no es tan silencioso, por el contrario, grita desde cada dolor y se abre paso cantando desde cada encuentro.
    Deberíamos soñar con desear oírlo, las ensoñaciones nos traen un paisaje de mundo feliz, pero los verdaderos sueños tienen que estar en la misma onda que la de aquél Jesús que nos soñó unidos a Él y para eso amó hasta la Cruz.
    ¡Con lo bonito que es soñar y lo que asusta comprometerse!

  2. El contrato soñado

    Eran las nueve de la mañana y Nasruddin seguía completamente dormido. El sol estaba en todo lo alto, los pájaros gorjeaban en las ramas y el desayuno de Nasruddin se estaba enfriando. De manera que su mujer le despertó. Nasruddin se espabiló furiosísimo:

    — «¿Por qué me despiertas precisamente ahora?», gritó. «¿No podías haber aguardado un poco más?».

    — «El sol está en todo lo alto», replicó su mujer, «los pájaros gorjean en las ramas v tu desayuno se está enfriando»

    — «¡Qué mujer más estúpida!», dijo Nasruddin. «¡El desayuno es una bagatela, comparado con el contrato por valor de cien mil piezas de oro que estaba a punto de firmar!».

    De modo que se dio la vuelta y se arrebujó entre las sábanas durante un largo rato, intentando recobrar el sueño y el contrato que su mujer había hecho añicos.

    Ahora bien, sucedía que Nasruddin pretendía realizar una estafa en aquel contrato, y la otra parte contratante era un injusto tirano. Si, al recobrar el. sueño, Nasruddin renuncia a su estafa, será un santo.
    Si se esfuerza denodadamente por liberar a la gente de la opresión del tirano, será un reformador.
    Si, en medio de su sueño, de pronto cae en la cuenta de que está soñando, se convertirá en un hombre despierto y en un místico.
    ¿De qué vale ser un santo o un reformador si uno está dormido?

    Anthony de Mello

    Os dejo este cuento porque ¿de qué nos vale soñar con el Reino, utopía, si uno permanece dormido ?
    Como bien dices Felix el sueño tiene que ser vivido conscientemente, despierto, para luego ser contado.

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