Los jóvenes y la Iglesia (II)

 Jovenes2  Preguntados los jóvenes por el grado de importancia que tienen en su vida diferentes aspectos, colocan en último lugar (de 11 aspectos) la religión; incluso detrás de la política.

Y la institución que menos confianza les merece, (de entre muchas), es la Iglesia.

Estamos empezando a encontrar, entre las nuevas generaciones, un nuevo tipo de indiferentes. “La indiferencia no es para ellos un punto de llegada de su proceso lento e insensible de alejamiento del cristianismo. Es, más bien, el punto de partida al que les ha conducido el nacimiento y crecimiento en un medio del que el cristianismo ya ha desaparecido como referencia religiosa.” (Martín Velasco).  Muchas veces se ha reconocido que una gran parte de los hijos no reciben como herencia la fe de los padres, porque esa fe no existe, y porque donde existe de alguna forma, no se trasmite.

El éxodo juvenil es cada vez más temprano; a veces son todavía adolescentes, que normalmente hablando, estaría en la edad de los grandes ideales. Y es patente que no afecta sólo a determinados grupos sociológicos con problemas que pudieran incidir con más fuerza en su abandono. Es un fenómeno generalizado, global.

Los templos de la gran masa de los jóvenes, son la calle, es el mundo como algo distinto de la iglesia. Y en esa calle y ese mundo tienen su Dios (mejor, sus dioses); tienen sus ritos, sus celebraciones laicas, allí pronuncian y escuchan sus palabras; y las noches de fin de semana allí celebran la amistad, la fiesta, como una eucaristía pagana, como una acción de gracias a la vida, como una liturgia viva, participativa, llenos de gritos de libertad, de susurros amorosos, de vida real.

Seguiremos preguntándonos el por qué de este distanciamiento de los jóvenes. Una de las razones (no la única) que podemos ya adelantar es que hemos hablado mucho de la juventud, pero no hemos contado suficientemente con los jóvenes como protagonistas de su propia historia. San Juan Bosco, gran conocedor y amigo de los jóvenes, decía algo que nadie en la iglesia debería olvidar:”Procura amar lo que aman los jóvenes, para que los jóvenes amen lo que amas tú”.

Existe un dicho, elevado a la categoría de principio, que dice: “Sólo se aprende por curiosidad o por necesidad”.  Pero la iglesia, hoy, no suscita curiosidad en los jóvenes; y, en consecuencia, no la necesitan para nada.

                                                                                                         Félix González

 

 

 

4 Responses to “Los jóvenes y la Iglesia (II)”

  1. Si supiera qué decirles, habría tenido mejores resultados con mis propios jóvenes.
    Aunque evidentemente distinguen entre la Iglesia-institución, que dicta catecismos y se organiza a favor se su propia supervivencia, y que en el mejor de los casos también alberga entusiastas jóvenes, con lo que puede ser una forma de vivir la vida iluminada desde el Evangelio.
    El acento de su rechazo, sorprendentemente, no lo ponen en la jerarquía ni en el Vaticano, tampoco el Papa asomado al balcón bendiciendo monjitas y movimientos eclesiales les inquieta; es una forma más de tantas otras cómo se organiza un mundo que les es lejano.
    En cambio, lo que los chicos y jóvenes tienen delante de sus ojos son a los cristianos que les rodean o que les educan: hombres religiosos que se hacen llamar ‘hermanos’ y que ni humana ni cristianamente les parecen personas logradas; su familia, con esa carga de presión y condiciones, que no transmite adecuadamente los valores del Reino, que deberían ser los más reforzados en casa; la falta de cristianos mediáticos (un cristiano no se dedica a eso), ya que la relación de los jóvenes con el mundo es desde lo que es común a ese mundo. Yo siento en carne propia lo poco que convence no vivir un cristianismo mucho más radical.

  2. Efectivamente, Susana, has dado en el clavo. A los jóvenes les afecta menos lo que se cuece en las grandes alturas o en la cúspide de la pirámide eclesial. Lo que verdaderamente les hace más daño es no ver vivir evangélicamente a los cristianos . Decimos que seguimos a Cristo, pero se deja mucho que desear. Decimos que los jóvenes son inconsecuentes, pero los verdaderos inconsecuentes somos los adultos. Les cuesta encontrar modelos de referencia en su entorno familiar, social y religioso.

  3. “Hazte querer antes que hacerte temer”, esta también es de D. Bosco.
    Y si siguieramos más su ejemplo: cercanía, amabilidad, razón y sobre todo amor, los jóvenes verían modelos cristianos más creíbles.
    Un saludo cordial

  4. Alejandro, no puedo decirte otra cosa, sino que llevas toda la razón. Tu referencia a San Juan Bosco es acertada, ya que fue una persona (un santo) que tuvo gran éxito con los jóvenes, porque los amó de verdad. El temor no crea lazos de u nión, el amor, sí. Saludos

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