Los jóvenes y la Iglesia (III)

jovenes3“La juventud de hoy, está corrompida hasta el corazón. 

Es  mala,  atea  y  perezosa.

Jamás será lo que la juventud debe ser.

Ni será capaz de preservar nuestra cultura”

Que nadie piense que esa es mi manera de pensar sobre la juventud. Esas palabras están grabadas en una tablilla del siglo XI antes de Cristo; es decir, más de mil años antes de Cristo. Se ve que en todos los tiempos, la juventud ha sido controvertida y puesta en cuestión.

Me cuesta creer que la juventud de entonces fuese así; pero de lo que sí estoy seguro es de que la actual no lo es.

No está corrompida hasta el corazón: porque, a pesar de las apariencias, los jóvenes suelen tener un corazón bastante noble, si se sabe acercarse a ellos con cariño y respeto.

No es mala, atea y perezosa: para ser malo, hay que ser culpable. Y muchas veces los jóvenes no son culpables de su situación. Son fruto de una serie de causas ajenas a ellos.

En las encuestas, aparece un buen número declarándose ateos. Pero yo creo que es más ignorancia e indiferencia que ateísmo. ¿Cómo va a creer en un Dios que no conocen, del que no se les ha hablado… el Dios de Jesucristo.

¿Perezosos? La inmensa mayoría de los jóvenes en edad de trabajar, están sin trabajo, ¿cómo se puede decir que son perezosos? Póngaseles a prueba dándoles trabajo. Y seguramente habrá que rectificar el calificativo de perezosos.

¿Cómo van a preservar nuestra cultura, si estamos viviendo en una cultura caduca, con valores a la baja, y en la que ellos no toman parte?

Constato con gozo que, a pesar de que hoy podemos lamentar algunas posturas o reacciones de los jóvenes, nuestra opinión difiere mucho de la de hace miles de años. Nuestros jóvenes echan en falta (aunque tal vez no lo verbalicen) más comprensión por parte de los adultos, más cariño, y más protagonismo en la vida social y en la Iglesia. Seguro que tienen una palabra que decir, si se les deja. Necesitan que la gran distancia que existe entre ellos y los adultos, se reduzca. Y que seamos capaces de comprender que muchas cosas que no nos gustan de ellos, no es por ser malas o peores que las nuestras; sencillamente son distintas, como no puede ser menos. Dejemos de demonizar a los jóvenes; tendámosles una mano amiga, un corazón amigo, y esa distancia se reducirá. Y tratemos de aceptar que los jóvenes siempre serán distintos que los adultos.

                                                                                                         Félix González

4 Responses to “Los jóvenes y la Iglesia (III)”

  1. Trata y ama a los jóvenes como a tí te gustaría ser tratado y amado…esta no es de San Juan Bosco..;)

  2. Si los jóvenes fueran y pensaran como sus mayores sería equivalente a haberse acabado la historia; igual que sucede en los “amish”, esa agrupación religiosa que no evoluciona.
    Voy a dar unas desordenadas pinceladas sobre esta juventud y otras formas de estar en la sociedad.
    En la marcha contra la invasión de Irak, se llegó al millón de personas -aquí en Madrid-, gracias a la gran cantidad de jóvenes que se sintieron convocados. No hace tantos años hemos visto fascismos de diferente pelaje, prender entre las enardecidas ‘juventudes’.
    Nunca volverá a pasar. Gracias a que vamos evolucionando como sociedad tenemos unos jóvenes que no vibran con la guerra, que entienden el ejército como fuerza de pacificación y que en otros casos no lo entienden.
    En los jóvenes, la religión es secundaria. Bien, no son esquizofrénicos o capaces de un cinismo que los reduce antes de empezar a crecer. Las ‘buenas familias’, soporte mayoritario de la religión, han desarrollado por lo general unas vidas al margen de cualquier inquietud social; establecidas en la diferencia de clase, han dado gracias a Dios y se han olvidado como signo de distinción de los que caían por debajo. Aunque hayan frecuentado la Misa de una.
    Sabemos que los hijos tardan en irse de casa. Unos, muchos, no pueden establecerse hasta que el mercado laboral vuelva a fluir. Pero, lo que está claro es que los jóvenes, hijos de los jóvenes de hace pocos años, pueden vivir en unos hogares de donde ¡por fin! ha desaparecido el autoritarismo, la vigilancia de la virtud, el qué dirán y todo el tufo de la doble moral, de la apariencia y de la pobreza espiritual y mental. Nuestros hogares están cargados de un exceso de pantallas y preocupa que, entre la familia, se hable poco; pero la diferencia está en que la mayoría de los jóvenes no siente que sea mejor mentir o callarse.
    Yo, de verdad, tengo confianza en estos jóvenes, más hedonistas, pero menos falsos. Si las políticas de empleo fracasan, la sociedad de sus mayores no debería corromperlos con consignas contra los emigrantes, o colectivos subsidiados. No hay que azuzar los egoísmos para esconder lo fracasos sociales.

  3. Alejandro: Aunque no sea de San Juan Bosco (como tú dices), no cabe duda de que es una regla de oro, que se debe aplicar a los jóvenes y a todos los demás. Sólo el amor es capaz de crear una buena sintonía de corazones. Las personas que se quieren superan incluso las ideologías. El amor, la amistad, el cariño, la comprensión hace verdaderos milagros en el trato de las personas. Y los jóvenes necesita todo eso de manera especial. Un saludo.

  4. Susana: si la vida siempre, pero especialmente hoy día, es dura y difícil para todos (o casi todos), los jóvenes lo tienen mucho más difícil. Unas vidas que empiezan a ser autónomas, pero que por todas partes encuentran cortapisas y dificultades que las paralizan en su crecimiento autónomo: paro, retraso en poder independizarse, dificultades para formar una familia, costumbres que perviven por la inercia, lenguaje con nuevos significados, etc…
    Los adultos debemos hacer una seria reflexión que nos ayude a integrar más fácilmente el mundo juvenil, en vez de anatematizarlos.

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