Curas… ¿Para qué?

lavatorioEste año en que nos proponemos  reflexionar en la Iglesia sobre el sacerdocio ministerial será bueno compartir impresiones acerca del mismo.

El movimiento de profesionales al que pertenezco me hizo llegar una encuesta acerca del bien interno de las profesiones. Me pedían que la respondiera no como profesor de la universidad, sino como sacerdote. Querían que expresara lo que yo entiendo que es el bien interno de esta profesión y lo que aporta a la sociedad. No me resultó fácil hacer este planteamiento del sacerdocio como profesión, pues normalmente al entenderlo como una vocación específica y consagrada, que conlleva estado de vida propio,  no se mira desde el aspecto profesional.

Al pensar sobre el bien interno recordaba que E. Bloch, filósofo marxista, decía que las religiones habían dando un gran servicio en la historia humana porque habían mantenido la esperanza dentro de ella con sus utopías religiosas, aunque al día de hoy, según él, ya no eran necesarias. Creo que algo de esto puede iluminar el sentido de mi profesión: llamados a ser “hombres de esperanza”; o trabajadores de la esperanza en medio del pueblo.

Desde que me ordené sacerdote tengo en la mente un slogan que considero fundamental: me hacía sacerdote para servir a los hombres y a Dios; sin poder separar una cosa y otra. Una esperanza que está alimentada del evangelio de Jesús de Nazaret y que se ofrece desde el quehacer comunitario de la Iglesia en medio del mundo.  Ahí entendía que estaba la meta de esta profesión, ponerme al servicio de los hombres, para acompañar en la construcción de una Iglesia que sirviera al mundo y transmitiera esperanza a las personas. Ni que decir tiene que el centro de esta profesión está en las personas humanas y el servicio a las mismas en orden a su construcción interna y a la búsqueda de sentido.

Respecto a la aportación a la sociedad, se me ocurría que los que estudian el hecho religioso nos hablan de que en la ciudad de Madrid, por ejemplo, deben vivir –  y bastante bien a nivel económico y de consideración social- casi tres mil adivinos, vedores, nigromantes, etc. más que sacerdotes católicos. Eso en una sociedad donde parece que lo  religioso se  desprecia y está llamado a desaparecer. Menos sacerdotes, más adivinos… algo debe necesitar y demandar la sociedad cuando puede haber tanto vividor de este tema.

Entiendo que la sociedad, en cuanto es una sociedad religiosa y está preocupada por el horizonte de sentido de su vida y su existencia, necesita acompañamiento e iluminación en sus vidas, para leer creyentemente su propia vida, para celebrarla, compartirla comunitariamente, etc. Así se demanda un sacerdote para la celebración de oficio de difuntos, como  para tomar un café y plantear cuestiones de vida interna o de moral, así como formarse para ser catequistas,  para conocer la palabra de Dios, para acompañar la comunidad cristiana, aportar valores al a sociedad, etc. Se necesitan sacerdotes en una sociedad religiosa, donde tiene gran implantación la Iglesia católica, personas consagradas ministerialmente que se ofrecen y viven desde ese ser Iglesia que quiere vivir y ser en medio del mundo. En este sentido creo que podemos hablar de un servicio social desde lo religioso, llevado a cabo por los sacerdotes. Cualquier persona de nuestra sociedad, al menos en nuestros ámbitos, ha tenido relación con sacerdotes y muchas personas  tienen o han tenido conexión con este servicio de una u otra manera. Me preguntaban también sobre criterios de calidad y  sobre la corrupción, pero eso es harina de otro costal.

4 Responses to “Curas… ¿Para qué?”

  1. “Así como los clérigos y religiosos son el alma de la sociedad, los médicos, investigadores y enfermeros son su corazón. Deben recuperar esa función nuevamente”. Cito de memoria (no es además literalmente, ella lo escribe de otr amanera) de Elisabeth Kübler-Ross, mi maestra en medicina. No puede haber ser humano sin corazón, pero tampoco vivirá plenamente sin alma, en todo caso sobrevivirá desde el punto de vista exclusivamente orgánico.

  2. No tenemos claro el futuro, y eso inquieta, de ahí el “veor”; otra cosa es la trascendencia .. para eso hace falta el brujo. El problema del cura es que es una mezcla de ambos y de sicólogo. No está claro el tema del ministerio (encargo), presidir a la comunidad, pacificar, animar … ya sabemos que no somos agentes sociales, aunque también … uffff… demasiado complicado. Mejor nos centramos en el aquí y el ahora … Dios sigue presente; y ha sido pasado y será futuro. Saludos y ánimo.

  3. No se, Pepe, si viene a cuento lo que voy a decir; sobre todo por el enfoque evangelizador que das al artículo; no obstante, me permito hacer una breve reflexión crítica sobre el “año sacerdotal”: 1º Se trata de un año sacerdotal, no un año del “presbítero”, lo cual hubiera excluido otros ministerios, como el diaconado o el episcopado; de haber sido exclusivamente del “presbítero” tal vez tuviera un enfoque distinto, creo que más bíblico y evangelizador; 2º lo de “sacerdotal” (término de poca o nula raigambre bíblica, a no ser el título aplicado a Jesucristo en Hebreos) parece orientar a que los temas que se traten en el año estén más relacionados con temas rituales y de “espiritualismos” que con problemáticas existenciales, que creo que es lo que más preocupa a los sacerdotes de hoy; 3º Proponer como modelo de sacerdote para el siglo XXI al Santo cura de Ars no parece ser lo más apropiado ¿no invita el santo de Ars -Dios me libre de juzgar su santidad- a un intimismo espiritual y a unas maneras de ser sacerdote que tienen difícil encaje en una sociedad no tan sacralizada como la que le tocó vivir a él? ¿No resultaría anacrónica su figura en los tiempos actuales? ¿No hay ningún otro santo que pudiera servirnos mejor de modelo? ; 4º y, por terminar: ¿se trata de un año para “adoctrinar” sobre el sacerdocio y “·al sacerdote” o quiere este año ir más allá, y dar paso al diálogo diáconos-presbíteros-obispos? ¿No hubiera sido una buena oportunidad para retomar aquella ya olvidada Asamblea Conjunta obispos-sacerdotes que se vió frustrada en sus tiempos? . Tal vez, Pepe, podríamos añadir muichas más cuestiones, pero creo que las planteadas darían pie a un diálogo enriquecedor. Pero me temo que el año se va a quedar, como casi siempre, en un monólogo; o en diálogo de sordos. Perdona mi pesimismo.

  4. Si es el año del sacerdocio, es el año de todos los bautizados. No olvidemos que en el Bautismo se nos dice, al recibir el óleo, que “nos convertimos en SACERDOTE, PROFETA Y REY”.

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