Divinamente sencillo…

La sencillez y la verdad  de Vicente

Ayer he estado en el colegio los Glacis, en la ciudad de Badajoz, donde actuaban  Irene y Clara , como pastora y granjera, respectivamente en la celebración de navidad. En la entrada del colegio estaba un muestrario de  los belenes que los propios alumnos del centro habían hecho, y la impresión más fuerte al contemplarlos era el reflejo de la sencillez para decir lo importante, aquello de que “llevamos un tesoro en vasijas de barro”. Allí estaba  el misterio de la encarnación diciéndose de un modo único y original, con claves apofáticas en las manos de los niños. Toda una lección de vida para estos tiempos de crisis, en los que faltan manos que digan la encarnación con la sencillez de lo diario, de lo profundo, y desde ahí, con radicalidad.

Traigo esto a colación, porque hace unos días, el domingo de “gaudete”  para más señas, se enterraba un compañero del presbiterio de Badajoz, que para mí tiene un significado especial, Vicente Cortés; ahora mismo, lo hablaba con un familiar indirecto suyo que trabaja en mi facultad de educación: ”Vicente ha sido una persona que siempre ha iluminado, sin brillar nunca, y esto por opción y modo de vida”. Sí un sacerdote encarnado de lujo, original y único. Estos belenes sencillos me recordaban su persona y su vida ministerial.

Mis recuerdos acerca de él, vienen de mi infancia; yo era un seminarista con once años – con mocos en 1970-  y veía llegar al Seminario un señor, para mí mayor, que decían que estaba estudiando teología, porque quería ser sacerdote. Hablaban de que era farmacéutico, y tenía una farmacia en la barriada de la Estación –el barrio de los seminaristas- . En su edad, el fuego del evangelio le quemaba, y este señor serio y callado, lo estaba dejando todo para seguir a Jesús. Después vimos, como se cerraba la farmacia con lo que benefició a muchos pobres, y  como se arrodillaba y recibía la imposición de manos, desde entonces, su vida sacerdotal callada en el mundo rural. Nunca hemos oído hablar de él, ni ha ocupado responsabilidades de referencia diocesana, en sus parroquias callado pero con un trabajo evangelizador y con un talante de originalidad  envidiable. Hay notas de él que siempre estarán en mi corazón ministerial:

–          Un hombre del pueblo. El farmacéutico, en un tiempo en que dicha profesión separaba en altura, ha sido el sacerdote de la sencillez en el ser, en el hacer, en el decir, en el vestir, en el comer, en el acompañar… Mucho más popular, secular y  ciudadano, que clerical.

–          Un sacerdote de la Palabra y la vida. Su capacidad intelectual le ha hecho estar al tanto y sentir en todas las dimensiones desde lo actual  y el presente, afincado en la razón profunda y en el análisis certero de la realidad: culto, conocedor de la literatura, la música, el cine, la filosofía, y atento a todo lo nuevo de formación teológica y pastoral. No hemos estado muchas veces juntos, pero las veces que lo estuvimos siempre me habló de teología, de horizontes nuevos en la iglesia, del concilio, de lo que hacía falta en nuestra realidad pastoral, y no había reflexión mía  escrita que él no conociera y me comentara animándome.

–          Seducido por la belleza y el arte: la mirada  a la vida, la plasmaba en su pintura; una cualidad traspasada por su sentir humano e inquieto. Cuántas generaciones de sacerdotes hemos  visto ese cuadro que presidía la sala de estar, y que nos hablaba de las dimensiones fundamentales de la vocación sacerdotal: el estudio, la oración y la fe, la briega pastoral, la comunidad, y el sol que nos iluminaba y nos dirigía para echar las redes… Lo que él ha cuidado como un tesoro y ha hecho ejemplarmente. Sería bueno que algún día como homenaje pudiéramos ver toda su obra en conjunto en alguna exposición; me gustaría ver sus últimos cuadros los que ha realizado en los últimos años de jubilación al compás de su enfermedad.

–          Hermano en el presbiterio, de verdad, auténtico. Se puede hacer la lista de compañeros en situaciones de dificultad, por una razón u otra – a él no le importó la razón- que él ha acompañado y ha servido como hermano, desde el silencio y la profundidad. Se puede cantar y proclamar como ha vivido la fraternidad con un grupo de sacerdotes, donde amasaban la palabra de Dios y la vida para servirla mejor al pueblo cada Domingo, amén de compartir mesa, vida, experiencias y ánimo.

–          Hombre de Dios en el mundo. Libre, con una  pobreza que ha enriquecido  a los que le rodeaban, y ha facilitado la vida a la gente, sin buscarse a sí mismo. Con una postura crítica y constructiva, abierta al futuro, y con señales de verdadera esperanza, queriendo y soñando una Iglesia más pura, sencilla y encarnada, que supiera dar respuesta al mundo y al hombre de hoy. No le ha asustado nada, ni nada le ha quitado la esperanza,  y siempre transmitió paz y serenidad interior y exterior.

Como podéis ver, me reafirmo en la clave de la entrada: llevó el tesoro como nadie en su vasija de barro cuidada – ayer me decía Casto, que hasta en el comer no buscaba el placer sino el cuidado de su cuerpo como lugar primero- , fue capaz de iluminar siempre, sin necesidad de brillar nunca; el brillo lo dejó para  el que es la LUZ, que nació en Belén.  Gracias Padre, por haberme dado esta estrella  ministerial en nuestro presbiterio de Mérida-Badajoz.  Que en la comunión de los santos nos siga iluminando, para ser como él “sencillos divinamente”. Vicente tú has sido en esta época de la historia y en esta iglesia diocesana, manos que han manifestado la  encarnación con la sencillez de lo diario, de lo profundo, y desde ahí, con radicalidad, sí tú has hecho un belén único y original con tu vida humana y sacerdotal, como los  belenes de los niños de los glacis. Ayúdanos a no perder de vista tu estrella.

5 Responses to “Divinamente sencillo…”

  1. Gracias, Pepe. Chapeau

  2. Impresionante. No sabía que ese cuadro era suyo. Era un compendio de todo lo que es la vida, y no solo del cura. Te falta decir lo que iluminó y ayudó a matrimonios desde los Equipos de Nuestra Señora. ¡Cómo lo querían!

  3. Un primo de mi abuela…Seguro que Dios le tiene junto a él. Gracias Pepe por compartir y traerme tan bellos recuedos. Feliz Navidad

  4. Gracias por describirlo tal como era, seguirá siendo en nuestros corazones.

  5. Sacerdote EJEMPLAR.
    Lo definiría con esta frase (SERVIDOR DE LOS SERVIDORES)

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