El amor no lleva cuentas y no se olvida

Vivir y morir en el amor

(50 años de vida matrimonial)

La liturgia cristiana en este Domingo nos invita a mirar la vida y la existencia desde el fundamento de lo absoluto: “Si vivimos, vivimos en el Señor, si morimos, morimos en el Señor”, todo tiene profundo sentido en la clave de lo trascendente y de lo amado.

La vida de lo diario y lo diario de la  vida

Así miro el día de hoy, lleno de normalidad y de vida. Desayuno largo de conversación con Andrés, un compañero de la tarea pastoral, después acogida del carpintero que viene a arreglar la puerta de  casa que lleva mucho tiempo dando la lata, paseo a la parroquia para un bautismo porque quiero hacer más de diez mil pasos. Y, mientras,  voy recibiendo mensajes de Aurora con peticiones y anunciándome gestos que vamos a tener hoy en la Eucaristía porque vamos a poner en el altar la vida matrimonial de sus padres, José Antonio y Aurora, familia de Maguilla.

Maguilla, hace cincuenta años

La imagen puede contener: 2 personas, personas de pieHace cincuenta años que entraban en el templo camino del altar para comprometerse en el amor con un “sí, quiero” para toda la vida, hasta la muerte, y aquí están viviendo y cumpliendo aquel sí. Un “sí, quiero” sin límites, abierto a la aventura de la vida y lo que ella trajera, no se obviaba que en la carrera vital entra de todo: alegría y tristeza, salud y enfermedad, riqueza y pobreza, éxito y fracaso. El amor entregado de esta pareja sencilla de ese pequeño pueblo apostaba por estar unidos toda la vida en todo. Y así ha ido siendo en su vivir: desde aquel viaje de novios a los lugares donde estaban amigos entrañables del servicio militar, la llegada de sus hijas como fruto de su unión que hoy estarán junto a sus parejas y sus hijos, los nietos, rodeándoles de cariño y ternura, aquél décimo del gordo de la lotería comprado en Granja de Torrehermosa, y desde hace bastantes años con José Antonio afectado de esa dichosa enfermedad que arremete contra la identidad e historia de la persona y que se empeña en separarle, aislarle, olvidarle, paralizándole de su vivir y su querer más diario. Pero cuando ha llegado este momento vital ahí está el amor que no lleva cuentas de haber y debe, de lo que yo hago por ti o tu por mí, el que une y no condena, el que sigue poniendo nombre e identidad y nunca olvida sino que lleva al centro del corazón al olvidado para recordarlo situándolo allí donde se ama gratuitamente con la mayor ternura, y eso es lo que está haciendo Aurora. Siempre se han amado y se han cuidado mutuamente, pero ahora en lo último de este camino su amor brilla más que nunca y se hace más auténtico. José Antonio no sabe bien quien es o quiénes le rodean, pero se siente amado, querido, cuidado y su vida está llena de sentido. Todos saben muy bien quién es y se lo hacen sentir todos los días al quererlo y cuidarlo como lo hacen.

Ella

Aurora su esposa guarda como un tesoro la identidad de José Antonio y la conserva en su corazón y la transmite así a todos los suyos: él es el esposo fiel, el padre entregado y honesto, el abuelo cariñoso y generoso, el vecino amigo y respetuoso, el trabajador abnegado y esforzado, es el inolvidable aunque su enfermedad quiera hacerle vivir en el olvido.

Él

Él, sin saberlo, está siendo fuente de ternura que despierta humanidad en los que lo rodean, nudo de unión entre los que lo quieren, hace brotar con su debilidad el amor de Aurora en la gratitud y el sacrificio radical , ahí donde se forja la santidad de los sencillos, él acoge la generosidad que provoca en sus hijas y sus maridos ayudando y fortaleciendo a su madre y rodeándolo a él de mimos y cariños, y está desarrollando de una manera bella la sensibilidad y los buenos sentimientos en todos sus nietos desde los más pequeños a los ya más jóvenes estudiantes. Sí, aunque no lo parezca, ahora está siendo muy valioso y su familia lo tiene y guarda como un tesoro de amor, porque en su debilidad, necesita y se deja querer por todos, está en sus manos y desde él vemos el reflejo del amor de Dios que se manifiesta en la debilidad del niño pequeño en Belén y Nazaret y el rostro del crucificado en la cruz. Abrazándose a él, Aurora y todos los suyos abrazan a Cristo.

Para siempre, hasta la muerte

Por eso hoy al celebrar vuestras bodas de oro, José Antonio y Aurora, podremos escuchar en el altar este mensaje de Dios Padre: “Dichosos vosotros porque vuestro amor no echa nunca cuentas de lo que da o recibe y hace inolvidable al que más lo necesita rodeándole del mayor cariño y cuidado, en la gratuidad más absoluta”. Felicidades.

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