Oración de Getsemaní: la esposa, la enfermera y el sacerdote.

Entre la tumba de Lázaro y la cruz del calvario

– Agonía de covid19-

Nos detenemos en un silencio total, porque nos indican los médicos, que todo está en manos de su organismo. No se puede hacer nada, si él no responde, las estadísticas nos dicen que podemos quedarnos sin él. Es el comunicado que establece la relación entre el enfermo y los que lo aman. Enseguida traspasa a la red de todos los que nos queremos, los que somos comunidad en lo humano, en el deseo y  los que lo somos  además en la fe, en el evangelio, en el Jesús de Nazaret muerto y resucitado.

Se agolpan los sentimientos fuertes y radicales, desde lugares y personas, desde situaciones y vínculos y entre todos nace la oración dolida y confiada, aún en la oscuridad. Así reza la esposa, la enfermera y el sacerdote de la parroquia. Orar desde el dolor y la debilidad más fuerte…

Os invitamos a orar con nosotros por toda la humanidad doliente…

Ante Cristo en el calvario

La esposa

¿EL PEOR CUMPLEAÑOS DE MI VIDA?

Yo soy un poco vergonzosa y no me gusta contar que hoy es mi cumpleaños, pero esta vez os lo voy a decir: “Hoy es mi cumpleaños”.No es que este año me lo planteara como un cumpleaños triste por mis circunstancias, sino tranquilo, como un día más, sin mucha celebración.

Esta mañana espero una visita anunciada (“posanda”) muy especial y poco a poco me he ido animando y olvidándome de mi Miedo. Y he empezado a pensar que por qué no era un día para celebrar. Claro que tengo cosas que celebrar… A pesar de haber tenido el coronavirus HOY ESTOY AQUÍ, cuanta gente no; estoy aquí para que cuando José Miguel vuelva me encuentre y yo pueda cuidar de él. Hoy están aquí mis hijos, mi madre, mis suegros, mi cuñada y mis sobrinos que también lo han pasado… A mi hermano y su familia, los pude poner a salvo a tiempo ¿No es para celebrar? José Miguel está aquí, sigue estando aquí ¿No es para celebrar?

Dios, que a lo largo de estos años me ha ido haciendo regalos en forma de personas que se cruzaban en mi camino, ahora los ha agrupado a TODOS y los ha puesto a trabajar. Unos me mandan su energía en clave creyente y otros la que les sale de su corazón, de su humanidad.

Yo me planteo,… ¿son ellos los que le piden a Dios que nos ayude, o es Dios el que les ha pedido “estad ahí y sostened a esta familia”? ¿No es motivo para celebrar?

Y aunque espero con miedo la llamada de la UCI, un día más estoy muy acompañada.

GRACIAS, ME ENCANTA VUESTRO REGALO.

La enfermera

Hace días que no sé de su estado… Yo tenía fe que mejoraría…. Pero al decirme eso en el grupo……. 😞😞

Soy una de las enfermeras que desde marzo estoy tratando con pacientes covid19 y no sabes lo mal que lo pasamos. Yo le pido a Dios que me siga dando fuerzas para atender a mis queridos pacientes que tan solos se encuentran en esta horrorosa situación. Rezo, rezo, Pepe, y soy creyente y confío en Dios…. Aunque no puedo entender tanto dolor, tanto sufrimiento… personas jóvenes, llena de vida y terminen así.

Miro hacia el cielo y pido a Dios que ayude a estas personas, que se recuperen y puedan estar con sus seres queridos…. y que nos ayude a nosotros que nos vemos sin recursos cuando vemos que no responden a los tratamientos… Hay veces que decaigo…. aunque no puedo de dejar de confiar en Dios, pues si lo hago, es cuando me perdería…

El sacerdote

Padre Dios, seguimos desconcertados, vagando en medio de esta situación sin nombre, en este valle de lágrimas y de soledades. Ahora es José Miguel, quién nos lo iba a decir, si hace veinte días estaba ayudándonos a que funcionaran nuestros ordenadores y los de la parroquia. Todos esperábamos que pasara el covid sin más, pero ahí está que lleva ya, más de dos semanas entubado en la UCI, sin que le respondan sus pulmones.

Nuestra oración se hace comunitaria, fuerte, constante, ante nuestro Dios y nos vemos en un silencio contemplativa y palpitante. Nos movemos entre el llanto y el deseo de Jesús ante la tumba de Lázaro, deseando que José Miguel salga fuera, de esta situación de postración y de vendas que le impiden respirar y vivir con nosotros. Pero por otro lado nos vemos ante el calvario, la cruz y sentimos el miedo, el sudor, el vértigo de Getsemaní.

Sentimos la tensión del ya  y del todavía no. No sabemos orar y por eso sólo ponemos nuestro corazón angustiado y herido delante de Ti, confiados en que tú vas a estar a su lado y lo vas acompañar rodeado del mayor amor sea en lo que sea. La comunidad se hacer fuerte, cadena, para estar unidos, para ser familia, para esperar y confiar, para aceptar y ofrecer. Ayúdanos a vivir con fe este momento y acompañar a este hermano y a su familia.

Oración del sacerdote ante la comunidad:

Oración de una tarde de dolor

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