Expropiado para utilidad pública

140944-21.jpgtorre de granjatorre de granjaEXPROPIADO PARA UTILIDAD PÚBLICA (Homenaje al cura del pueblo)La emoción le impedía balbucear el saludo con el que los sacerdotes inician la eucaristía; don Paco se encontraba en una situación en la que se sentía sobrepasado y los sentimientos le inundaban el corazón agradecido y alegre ante la comunidad que tenía delante. Los granjeños, sin él saberlo muy bien, le habían preparado una celebración homenaje en su cincuenta aniversario de ordenación sacerdotal, y a sus casi cuarenta años de permanencia  y fidelidad en este pueblo. Se trataba del cura de Granja, un genitivo  epixegético, que no sólo significa que este pueblo tiene un cura, sino que hay una verdadera identificación entre el cura y el pueblo y que los dos son ya inseparables por lo que han vivido y experimentado juntos.En este sacerdote veía reflejada toda esa generación de presbíteros, que vienen desde los años cincuenta, que fueron preparados para un ejercicio del ministerio consagrado en un tiempo de cristiandad en la sociedad y que tuvieron que abrirse, con verdadera alegría en muchos casos, a la renovación del Concilio Vaticano II y de la sociedad considerándose servidores del pueblo de Dios, que habían venido a servir y no a ser servidos. Han tenido que aprender a celebrar, a evangelizar, e incluso a andar sin sotana y sin reconocimiento social, en una cultura y sociedad nueva, en medio de los hombres como un hermano y un ciudadano más.Son sacerdotes que realmente han sabido vivir sus vidas como seres expropiados para utilidad pública. Así lo reconocía ayer el pueblo en todas sus intervenciones durante la celebración eucarística. Valoraban que él había sabido hacerse uno más en medio de ellos, Don Francisco había visto nacer a muchas generaciones y los había bautizado, les había dado la primera comunión, había gritado  ¡vivan los novios¡ en cientos de bodas, acompañado a los enfermos hasta la muerte y se había movido entre todos conociendo las pobrezas, las alegrías, las tristezas, la esperanzas y los fracasos de cada una de las familias del pueblo.  Mirar al cura, era mirar al pueblo y ver en su vida y en sus facciones algo de todos nosotros, por eso sentíamos ante él un verdadero cariño. Ni que decir tiene que él conoce todos nuestros pecados y que nosotros también sabemos de sus defectos y debilidades, pero al final del camino, tras cuarenta años compartidos la balanza hablaba de  una entrega auténtica al pueblo y a la parroquia, que los paisanos querían reconocer y agradecer en este sábado de verdadera gloria. Valoraron, lo que es propio en muchos sacerdotes de estas generaciones ya vencidos por los años, ya casi octogenarios: La sencillez: llegó con su vespino con el que recorría todas las calles y casas y supo hacerse uno más del pueblo; en cualquier casa sabía ser hermano y compañero de la vida del pueblo y de sus inquietudes, tanto sociales, como culturales, materiales y espirituales. Su grandeza  ha sido siempre su cercanía.La pobreza: llegó con muy poco y se va con menos y con muchísimos años entregados en la fidelidad y la permanencia, como la encina firme junto al camino que sin querer nada sabe darse a todos. Tiene un tesoro que nadie podrá quitárselo nunca, lo que ha vivido y amado entre nosotros.La preferencia por los débiles: no ha tenido nada y lo ha dado todo; los más pobres del pueblo, los más desvalidos han sido los que más han disfrutado y lo han poseído como algo propio. El esquizofrénico ha sido su hijo, el abuelo solo  y enfermo ha sido su padre, el alcohólico ha sido su hermano, el arruinado y los parados ha sido sus herederos, los inmigrantes disfrutan de su casa como propia, los pobres han sido su dueño.Ha cuidado la vida celebrativa de la parroquia, ha cantado, ha rezado, ha predicado… y en todo ha querido ser fiel a su Padre Dios, al que lo expropió para utilidad pública. En este homenaje he visto y he sentido orgullo por dos motivos, por  mi pueblo, porque ha sabido ser agradecido, no por una gesta heroica de alguien famoso, sino por la fidelidad del que ha sabido perderse para entregar la vida y ganarla, y por este cura que ha sabido ser sencillo y pobre. Don Francisco nos ha ganado y ya para siempre será un cura de Granja, un hijo predilecto del pueblo. ¡Viva el cura de Granja¡José Moreno Losada. Granjeño y  sacerdote.

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