El cura hospitalero

El hospitalero de Monesterio

Acabamos  la octava de Pascua ¡cuánta vida en estos días¡, si me pusiera a escribir todo no acabaría en toda la noche: La vigilia, el Domingo  de resurrección con las religiosas de clausura en Talavera, martes y miércoles  en Madrid en el encuentro de Sacerdotes y consiliarios de A.C., el sábado   camino de Malcocinado para celebrar el amor esponsal de Beatriz y Francisco, el Domingo  con el laicado de la congregación de Sto. Ángel  del sur en Sevilla  para iniciar en la lectura creyente, y ahora  ya de vuelta en casa con el pijama y con mi madre al lado para que le cuente todas las cosas vividas, especialmente las curiosidades de la boda…

Pero quiero detenerme en un detalle de vida sencillo vivido anoche. Aproveché  para acortar camino y en lugar de volver a Badajoz tras la boda, me dirigí a Monesterio, mitad de camino para Sevilla, y allí me HOSPEDÉ en casa del cura, de Guadi (Miguel Ángel). Lo conozco desde que llegó al Seminario Mayor con diecinueve años, siendo yo formador, y lo recuerdo abierto, transparente, confiado, sencillo, alegre e inquieto,  y la verdad que sigue siéndolo; siempre disfruté en su acompañamiento. Ayer disfruté siendo su huésped y os explico por qué.

En el encuentro de Madrid, en los negrales, el tema como ya os conté ha tratado sobre nosotros los sacerdotes, como evangelizadores “evangelizados y situados”; allí nos hemos planteado como dejarnos evangelizar por el Padre en el hoy, y cómo situarnos en la realidad para poder conectar y no huir de la vida. Hemos abierto pistas, pero anoche me di cuenta de una nueva.  Somos hijos de las experiencias vividas, y si preguntáramos en mi diócesis que cura es el más caminante, seguro que casi todos señalaríamos a Guadi; él ha hecho el camino de Santiago al derecho y al revés, sólo y acompañado, de tal manera que su objetivo ya no es llegar a algún sitio, sino caminar en la profundidad del propio camino, sí eso de caminante no hay camino…hasta te lo puedes encontrar corriendo la maratón en Badajoz. Él  ha sido y es peregrino, y eso le ha marcado. Después las circunstancias, a veces cabreantes, le han llevado a un pueblo que está en la ruta de la plata, sí en el camino de Santiago, es la tercera etapa, la que termina en Monesterio. Allí él, con la sensibilidad que le caracteriza, al hacer obras necesarias en la casa parroquial para arreglar los techos pensó en que allí tenía sentido construir en la parte de arriba un albergue; muchos pensábamos que era un capricho, pero anoche lo que vi era otra cosa.

Llegué a las diez de la noche, le llamé por teléfono, me dijo que fuera a la parroquia, le comenté por dónde estaba y me dice:”por ahí está mi casa, y la  puerta del alberque está abierta, espérame allí”. YO creo que estaba deseando que lo conociera y lo viera de primera mano. Entre en él, y aquello estaba lleno de gente por todas partes, los zapatos como sacramentos auténticos en la entrada  limpios y dispuestos para la siguiente etapa, dentro  seis literas, doce camas, e iban a dormir trece personas. Curioseé en los libros donde van dejando sus  consideraciones y alabanzas, así como agradecimientos, la mayoría  extranjeros, alemanes, franceses, australianos, coreanos… ; vi el listado de los datos de todos los que han pasado desde Agosto pasado que se inauguró, más de ochocientos; todos ellos habían sido hospedados y acogidos por este cura hospitalero, con algunas personas más de la parroquia que están implicados con él, y con otros que algunas veces vienen a servir  desde muchos lugares.

Este cura suele levantarse a la seis de la mañana, porque a esta hora comienzan a moverse los peregrinos  y él vive debajo, sube y  los atiende para que desayunen  y  poder  darles la bendición antes de su partida. Pero el día antes ha tenido la  puerta abierta y los ha acogido  y atendido en sus necesidades más básicas, sobre todo de información,  y de apoyo   ya sea curando ampollas  heridas,  indicando dónde está la farmacia, cuidando que las duchas estén limpias y preparadas, la casa bien ventilada, que no falte el papel higiénico, que se sientan acogidos y valorados en su camino, en el anonimato, en la debilidad, en su búsqueda, en su inquietud; a veces, sin poder ni hablar porque no se conoce el idioma, pero sí el lenguaje de Jesús:” porque fui peregrino y me hospedasteis”. La hospitalidad divina, como Abrahán en el encinar de Mambré.

Yo lo contemplo, y en mi interior doy gracias a Dios por este ministerio, por esta inquietud, por este servicio, por esta mística, por los peregrinos, por el corazón de Guadi para todos ellos, por lo que buscan y  por lo que necesitan, y por la sensibilidad de los que quieren ser gratuitos para los que caminan, abrir a los que llaman, dar a los que piden, y ayudar a encontrar a los que buscan. Y recuerdo a un sacerdote mayor, canónigo en Santiago de Compostela, que pasa   horas y horas en el confesionario atendiendo a peregrinos que acaban el camino, y que me cuenta que tiene relación epistolar con cientos de personas que se confesaron al llegar y que se abrieron de un modo único a la transcendencia por el milagro del camino, por el encuentro con la gracia  y el espíritu en el caminar. Seguro que eso ha sido posible por todas estas paradas y acogidas en las que el Señor, como en Emaús,  ha partido el pan con ellos: acogiendo, curando, alimentando, animando, bendiciendo, con el agua caliente, la cama limpia, y la cocina preparada, porque el Señor viene en el peregrino desconocido y anónimo.

Y en lo profundo,  al ver  con mis propios ojos esta mañana que salían los últimos peregrinos despedidos y bendecidos por Miguel Ángel, le pido a Dios que me de la gracia de pasar algún día por este mismo lugar, y poder dormir arriba en el albergue porque haya llegado como caminante peregrino, con la credencial que asegura que estoy pidiendo, llamando y buscando, y sentirme acogido y recibido por este cura hospitalero, que anoche me abrió los ojos al compartir el pan y su vida con los peregrinos.

One Response to “El cura hospitalero”

  1. TÚ SÓLO MI IMPRESCINDIBLE
    … / …
    Hace años que camino,
    haber y oficio perdí
    que sólo te busco a Ti
    mi Señor, mi Compañero,
    mi tarea, mi salario.
    Sin Ti ya nada es posible
    que Tú eres mi Imprescindible;
    mi Único Necesario.

    María Isabel Pereda.
    Palabras a Dios y al Pueblo.

    Buen camino para todos.

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