Expediente a la Dra. Lalanda: el sufrimiento del justo

El Colegio de Médicos de Segovia ha abierto un expediente disciplinario contra la Dra. Mónica Lalanda, médico del servicio de Urgencias del hospital de esa ciudad hasta que dimitió hace unos meses, harta de unas condiciones laborales lamentables (que de hecho padecen miles de médicos en todo el país). La Dra. Lalanda se formó en el Reino Unido (la emigración de los médicos españoles no es algo nuevo) y volvió a España hace unos años. Es una persona polivalente: ilustradora, bloguera de prestigio, traductora médica, escritora, experta en ética médica (de hecho era miembro de la comisión deontológica del mismo colegio que ahora le expedienta), pionera en el nuevo papel de las redes sociales en medicina, además de médico clínica. En estos años ha dado charlas (entre ellas una en mi hospital, adonde yo la invité), ha acudido a congresos, ha enseñado, ha compartido conocimientos. Se ha ganado un prestigio de buena profesional y buena persona, eso sí, nada conformista: dice lo que piensa y lo que ve (además lo dice con ingenio, sentido común e inteligencia), sin adscripción a partido político alguno ni de forma ideologizada, de una manera libre y desinteresada, consciente y convencida de que sólo una crítica constructiva puede hacer avanzar a la medicina y a la sociedad.

Cuando se cansó de unas condiciones laborales malas -que como digo es un problema de miles de compañeros, sólo que casi todos aguantan porque no les queda otra-, se marchó, y escribió a modo de despedida una entrada en su blog (Medicoacuadros, “Querida exploración laboral: te dejo, no cuentes ya conmigo”), así como un e-mail de despedida a sus compañeros y a su ex-jefe, donde explicaba los motivos de su marcha. Todo ello molestó a su antiguo jefe y a algunos de sus antiguos compañeros, que la denunciaron ante el colegio de médicos. Éste ha decidido abrirle el expediente, que puede costarle un año de inhabilitación profesional, sin la posibilidad de ejercer. Es curioso. No he encontrado en lo escrito (ni en el blog ni en el mail) nada injurioso, ni insultante, ni ofensivo. Pone de manifiesto una realidad laboral adversa que no quiere tolerar más (como ha hecho en su blog en numerosas ocasiones y sobre los temas más variopintos). Si alguien se siente ofendido por lo que escribe, entiendo que existen leyes anti-libelo, y se puede acudir a los tribunales. Pero es taimado dirigirlo a través del colegio de médicos, invocando artículos del Código de Ética y Deontología médica que en ocasiones infinitamente más graves no se utilizan (los conflictos entre profesionales raramente llegan al colegio de médicos, todavía menos son motivo de un expediente). Hay que pensar que existen razones más profundas y torticeras que las argumentadas: tal vez lo que se ve amenazada es la misma existencia y utilidad de los colegios, la organización y estructura del sistema sanitario, la gestión de los servicios y los hospitales …

Como persona creyente y con cierta experiencia en estos asuntos, no puedo sino hacer una lectura cristiana de los hechos. Aunque en un contexto afortunadamente menos dramático y trágico, me acuerdo del libro de Job, que trata del sufrimiento del justo. Me hace pensar en los pecados que se cometen contra el Espíritu: al bien llamarlo mal, y al mal llamarlo bien. Me viene a la memoria el Padrenuestro: “cuando nos llegue la prueba, no nos dejes sucumbir a ella” (es decir, caer en la tentación de dejar de creer en Dios como Padre y en los hombres como hermanos). Es una historia antigua, que los cristianos conocemos bien. Ocurre en todos los lugares en que se irrita a un persona influyente, en que se cuestiona un sistema perverso, en que se denuncia lo que está mal y funciona mal. Cuando se entra en este tipo de conflictos, siempre se paga, en el siglo I y en el siglo XXI. En lugares en guerra o sin libertades, con la vida. En nuestra sociedad, con un expediente. Pero siempre con un costo para la voz disonante. Siempre acaba llegando “la prueba”, la cruz.

Sin embargo, la esperanza cristiana me dice que no hay muerte sin resurrección. Que de los conflictos se sale, aunque con heridas. Que no hay que tenerles miedo (el miedo es uno de los enemigos de la fe). Que somos muchos los que simpatizamos con la Dra. Lalanda y alzamos nuestra voz para apoyarle en momentos amargos para ella. Ojalá el colegio de médicos de Segovia reconsidere su decisión y se dé cuenta de que puede recibir más perjuicio que beneficio si comete una injusticia. Que está creando más problemas que soluciones, y se dedique a velar por unas buenas condiciones laborales de sus colegiados en vez de perseguir a quien no lo merece.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por las personas injustamente perseguidas por sus opiniones, en cualquier lugar, en cualquier tiempo.

2 Responses to “Expediente a la Dra. Lalanda: el sufrimiento del justo”

  1. Maravillosa reflexión, me ha gustado especialmente la analogía con la escritura en los últimos párrafos. ¡Gracias por compartir!

  2. No soy medico. Soy paciente, y ya me quisiera yo, médicos como ella , que hablan con la verdad y de frente, que quieren mejorar el servicio que prestan, que luchan por atender bien a sus pacientes.

    Desde Chile le brindo todo mi apoyo a esta gran doctora, humana, sensible, justa, veraz.

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