En el Corazón traspasado

 

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En este intenso miércoles de ceniza, quiero compartir con los amigos del blog una buena noticia: hoy acaba de ver la luz el “Vía Crucis del Corazón traspasado”, con los dibus de Patxi V. Fano y de Poe Ortega Hurtado. Es algo que comenzamos hace tiempo y que ahora la editorial San Pablo ha publicado con mimo. Para nosotros trabajar y tener proyectos juntos nos anima y, desde luego, nos lo pasamos estupendamente. Es un regalo haberme encontrado a ambos en el camino.

El objetivo del Vía Crucis es alentar la oración y unión con Cristo en su Pasión, para desear la conversión del corazón y el compromiso con los rostros sufrientes de nuestro mundo. Consta de una introducción, de las estaciones y de una conclusión de la oración. Está pensado para rezarlo completo o para ir deteniéndose cada día en una de las estaciones. Cuenta también con texto del Papa Francisco en torno a la Cruz.

Y, como ya sabéis, una de nuestras “debilidades” son los santos.  Se dan cita en cada una de las estaciones, que van de la condena a muerte de Jesús a la Resurrección, quince testimonios de santos. Así aparecen, entre otros, el beato Lolo (periodista en silla de ruedas), el beato Juan XXIII, los místicos carmelitas, san Vicente de Paúl, san Francisco de Asís, san Damián de Molokai, san Ignacio de Loyola, san Juan Eudes, la beata Teresa de Calcuta, san Juan de Ávila, san José de Calasanz (un santo que he descubierto hace poco y que me encanta), san Maximiliano Kolbe y el Padre Esteban Gumucio Vives ss.cc.

Los de San Pablo han escrito lo siguiente: “Este Vía Crucis nos ofrece una oportunidad única para meditar la palabra de Dios en el tiempo de Cuaresma. En cada estación se nos presenta una meditación sugerida por el texto bíblico, centrada en todas aquellas personas concretas que se enfrentan a las dificultades, al desánimo y a la soledad en su vida cotidiana: el pobre, la mujer maltratada, el inmigrante, el enfermo, el anciano… Las palabras de este Vía Crucis nos unen al padecimiento de los que sufren y nos recuerdan nuestro compromiso, como cristianos, de ayudar a los que nos necesitan”.

El prólogo ha sido otro de los regalos. Es de monseñor Rafael Zornoza Boy, Obispo de Cádiz y Ceuta, que destaca lo siguiente: ”la virtud de este Vía Crucis del Corazón traspasado está en introducir al que lo medita en la unidad indisociable que existe entre el Corazón traspasado de Cristo y los corazones traspasados de nuestros hermanos hoy. Un doble movimiento interior aparece en el lector-orante: por un lado, mirando los corazones heridos, solitarios, desgarrados de tantos de nuestros hermanos, un grito se eleva al cielo, una oración que junto a la de Cristo en su Pasión clama al Padre justicia y salvación. Por otro lado, y justamente al sentir a Cristo unido a nosotros en ese grito, experimentamos a Dios cercano, solidario, lleno de misericordia”.

Me quedo con lo que dice mi querido obispo al final: “Al cerrar la última página de este Vía Crucis del Corazón traspasado, preguntémonos: Cristo, Dios, ha hecho esto por mí. ¿Y yo qué voy a hacer por Él? Quedaos en silencio. Quizás oigamos algo que transforme nuestra vida… para siempre”.

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