“Todo lo que tú me das”. Bailemos, por Dios

Las procesiones han ido por dentro… y no les ha faltado un himno oficial para desfilar y bailar en la fiesta del corpus 2020. Ha sido con un realismo y con una voz, propia del pan diario del pueblo, cada uno a su ritmo, en distintos espacios y con músicas muy variadas, con emociones múltiples y con pasos muy cambiados, pero todos tocados por lo entrañable de un Dios que se deshace a trozos siendo pan para cada situación, para cada alma, para cada ser humano, para cada sentimiento…aunque haya sido de noche.

Prohibido prohibir el baile…

La imagen puede contener: José Moreno, de pie e interior

Hemos echado de menos el baile… prohibido prohibir el baile! Volvamos a bailar. Hay muchos modos de hacerlo, pero es imprescindible para vivir. Hay que bailar con la vida, no hay más remedio ni mayor Alegría! En estos días nos han llegado muchas canciones con ritmo y emociones profundas que se adaptaban al momento vital de toda la población, eran como lenitivos y colirios para momentos de dolor y lamento, yo mismo ponía música en mi barrio cada tarde a las ocho para todos los vecinos con canciones de ternura y de ánimo profundo.

Ayer, festividad del corpus, me estuvo acompañando todo el día una canción llena de vida y de baile con la verdad de lo humano, me refiero a la del cantante jarabe de palo, en su situación de enfermedad y ultimidad, dando las gracias a todos los que le estaban rodeando y bailando con él su enfermedad y su dolor – https://www.youtube.com/watch?v=hE6CsyWv8Zs- agradece todo lo que me das… tu entrega, tu amor. Me parece referente de lo que necesitamos para vivir y bailar con la vida.

Ayer también bromeábamos entre compañeros, con unas imágenes de baile de nuestros padres y madres. Yo decía que teníamos que bailar y me decía un compañero que nosotros no hemos bailado, porque estaba prohibido bailar en el seminario… y si lo hacías parecía que faltabas a algo. Qué curioso, cómo si no tuviéramos que bailar todos con toda la vida. Ahora mismo está este compañero bailando con una enfermedad y lo está haciendo con un ritmo ejemplar, como muchas personas que conozco.

Mi madre me enseñó a bailar en las siestas del verano para que pudiera bailar yo con los pasos acertados en los bailes populares … y le encantaba que bailáramos con ella en la caseta municipal en la feria del pueblo, orgullosa de nosotros, marcando un ritmo de alegría y amor. Siempre me ha encantado bailar… lo he hecho con abuelos, jóvenes, niños, en Perú, en bodas, en navidades con la familia, en cumpleaños, en la parroquia con los niños y niñas de los centros que nos rodean… Y entiendo que debe estar prohibido prohibir bailar. Que cada uno lo haga como quiera, hasta sin moverse, pero que baile en su alma a ritmo de emociones y sentimientos verdaderos. Que nunca nos falte el baile… el otro día veía la película “el niño que domó el viento”, bailaban ante la muerte para abrazar la vida nueva del que moría, también vi la “teoría del todo”, y baialba Hawking desde su silla de ruedas y su enfermedad, aunque antes no le gustaba bailar… saber bailar con lo guapo y con lo feo… bailar al ritmo de la vida, de lo humano y de lo divino. Hoy Alberto GAta, joven amigo, está en la última sesión de quimio y está sabiendo bailar con su enfermedad de un modo muy sano y nos ha invitado a bailar con él, con sentimientos de hermano y de comunidad. Ahora estamos bailando con la exposición solidarizARTE en la parroquia con el arte de amar y amando el arte… Y no es un juego de palabras. Por eso hoy te invito a “rezar bailando” con la canción de Jarabe de palo, yo lo estoy haciendo, y pienso en mi madre que en el cielo sigue bailando como lo hizo en su vida, con todos los momentos que tuvo con vivir, y con nosotros:

https://www.youtube.com/watch?v=hE6CsyWv8Zs

Yo declaro esta canción himno del Corpus 2020 en todo mi territorio personal, en el salón de mi vida. La procesión va por dentro: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”.

Corpus Christi: presencia, justicia y caridad

Celebrar el Día de Caridad significa partir y compartir el pan en comunidad, responder a la propuesta de vida que Dios nos hace para aprender a vivir como hermanos, con el corazón y el alma en atenta mirada hacia los demás, para dar la vida y hacer propia la misión de Jesús: amar al mundo y mostrarle lo que Dios le ama.

VÍNCULO DEL PAN PARTIDO EN LA COMUNIDAD

“Lo reconocieron al partir el pan” (Lc 24,33)

Tu cuerpo y mi vida

eucaristía

El creador, el padre amoroso, en la fuerza de la pasión por la humanidad, se hizo creatura, y la revolución se estableció en todo el universo, por un absoluto que se hacía señal en un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Un sencillo hombre de la historia de cada día, que anduvo por las calles, las plazas, los caminos, a pie descalzo para sentir en su propia vida lo que era la vida de lo humano. Ahí se abrió al misterio del pan de cada día y ahí aprendió a partirlo y a compartirlo. Su propia vida fue entendida como el pan que se parte y se reparte entre los hermanos, lo hizo en todo su vivir diario y lo celebró en la mesa de la entrega definitiva cuando selló una alianza eterna de amor con su cuerpo y con su sangre: “Tomad y comed todos de él”.

No podía morir esta entrega, este amor comprometido, este deseo de justicia y de misericordia sin límites. Lo crucificaron, pero al hacerlo no lo enterraban, sino que lo sembraron para siempre. El amor es más fuerte que la muerte y se impone a ella. El pan partido se empodera del hambre de la humanidad en su deseo de fraternidad y esperanza, para alimentarla como pan de vida eterna. Y ahora todos podemos comer su cuerpo y beber su sangre, todos podemos ser habitados por el Resucitado que, como Dios destrozado, se nos da a trozos para que podamos vivir por El, con El y en El. Ya nada nos podrá separar de Él y todo nos vinculará como hermanos con nosotros y con toda la creación. La eucaristía es la pascua de la creación.

La comunidad cristiana que celebre la Eucaristía ha de tener una fe viva con dimensión social y caritativa. Los Santos Padres nos decían que, si no hay justicia, la Eucaristía se vacía de sentido, no podemos ni recibir ni adorar a Cristo en la Eucaristía, ni acercarnos a él, sin pedir el «pan nuestro de cada día», el de la dignidad de todos los seres humanos y de saber pedirlo con nuestras vidas diarias.

La verdadera adoración a Cristo en el misterio de la Eucaristía nos lleva a reconocerlo en el rostro de todos nuestros hermanos, especialmente en los más necesitados y crucificados de la historia. No podemos olvidar los creyentes que, en ese Pan bajado del cielo, precisamente ahí, está presente el Crucificado que ha Resucitado. Necesitamos altar, sagrario y vida, sin separarlos. Por tanto, no impidamos a Cristo estar realmente presente allí donde Él quiere estar para llevar su Evangelio de dignidad, verdad y justicia. La presencia real de Cristo en la Eucaristía nos está pidiendo entrar en el verdadero camino del amén cristiano, aquél que se verifica en la entrega radical a favor de los hermanos con el deseo que tengan vida abundante. Hoy, como nunca, el reto está en que la presencia real de Cristo llegue como sanación, consuelo, verdad y libertad a todos los que sufren en el alma o en el cuerpo.

José Moreno Losada

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Santísima Trinidad: “alegres en la comunidad del amor”

La Iglesia, la comunidad y la Trinidad

Hemos sido creados a imagen de Dios, no somos individuos, somos personas que sólo se entienden en la comunidad de lo humano y en la relación con lo divino. Dios no ha creados individuos, ha creado la humanidad y todo su mundo, a toda ella ama y se dirige desde su corazón. El hombre en la soledad se destruye, ella es signo del pecado, Dios no ha creado un hombre solitario, sino llamado a ser imagen de Dios en su ser comunidad, sólo puede realizarse en la relación amorosa que lo completa y lo engrandece. Por eso no es bueno que nadie esté solo. Los cristianos para ser imagen de nuestro Dios estamos llamados a vivir en el horizonte de “nadie en soledad”. Nos divinizamos cuando construimos lazos de comunión en cualquiera de los ambientes que nos movemos: matrimonio, familia, trabajo, calle, política… y la Parroquia, como Iglesia, está llamada ser sacramento de la unidad de los hombres entre sí y de éstos con Dios. La vinculación es la clave de la trinidad divina, entre el Padre, el Hijo y el Espíritu hay una conexión de amor mutuo absoluto, una corriente dinamizadora de vida y de identidad.

Ni Dios, ni el hombre, clausurados

La fe en Jesús, Hijo del Padre, Resucitado por el Espíritu del amor, llevó a los primeros cristianos a vivir alegres y vinculados en comunidad, a pesar de las dificultades tan rudas que encontraban. Era tal el sentido comunitario y positivo que tenían, que contagiaron a toda la ciudad. Experimentaban la alegría que ya les prometió Jesús: “Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría” (Jn 16,20).  La tristeza nos hunde y nos repliega sobre nosotros mismos. El Papa Francisco nos advierte del gran riesgo de la tristeza individualista: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (EG 2). Encerrados en nosotros mismos, en nuestra comodidad, nuestro placer, nuestra propia entraña, nos adentramos en la destrucción de lo amado y de lo creativo, nos empequeñecemos y nos agobiamos en el propio ego, adelgazando el yo que se realiza sólo en el nosotros de la comunidad y la fraternidad.

 Un corriente de amor que produce alegría

Nuestra religión es la religión de la presencia del Cristo vivo vivida en la comunidad. La alegría cristiana nace del encuentro con Cristo resucitado, como la de aquellos dos de Emaús (Lc 24, 13-35), es fruto de una experiencia de fe en Él y de comunión con Aquel que es Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6), que me muestra cuál es el sentido de mi vida en el mundo, la grandeza de mi destino. Sólo el Señor Jesús puede ofrecer la alegría que nadie nos podrá arrebatar (Jn16, 22), porque nos adentra en la corriente del amor absoluto del Padre, que da el Espíritu a todos los que se lo piden en el nombre de Jesús.

No hay alegría sin comunidad

La alegría verdadera se desarrolla dentro de la persona y se realiza en la comunidad. El mismo Espíritu de Jesús Resucitado es el que provoca, como en aquellos discípulos de Emaús, ese gozo interior que hace volver a la comunidad para recrearla a imagen de Dios, la que hace la Iglesia sacramento de unidad, de los hombres con Dios y entre ellos mismos, junto a la naturaleza. Esa alegría comunitaria no podemos comprarla ni poseerla, se nos ofrece gratuitamente cuando vamos de camino abierto a los otros, como hacía Jesús. Nos visita de pronto cuando acogemos al inmigrante y nos sorprende el huésped, cuando cuidamos al enfermo y él nos ofrece su salud, cuando vestimos al desnudo y él nos ofrece su traje nuevo, cuando vamos a ver al preso que nos libera, cuando damos de comer al hambriento y él nos ofrece un banquete como el que nuca habríamos podido imaginar (Mt. 25, 35-49). Serán ellos los que escriban nuestros nombres en el cielo, en el corazón del Padre-Madre del cielo: “alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en el cielo” (Lc. 10,20). Hoy en el día de la Santísima Trinidad nuestro credo nos invita a renovarnos en el horizonte de lo comunitario y de lo universal. Al amor trinitario y definitivo de Dios llegamos por el camino de la fraternidad consumada en la historia y plenificada en la resurrección.

“Los curas y la pandemia “

Sacerdotes diocesanos ante la pandemia y el confinamiento (Estudio del evangelio)

Necesitábamos encontrarnos y retomar el estudido del evangelio, pero primero compartir lo que estamos viviendo y nos está descubriendo y sugiriendo el momento actual de crisis sanitaria, económica, política, social, cultural… a nosotros sacerdotes que estamos en medio de las comunidades parroquiales y otros grupos y movimientos cristianos. Nos interesan las claves del Papa en estos momentos.

Grupo de estudio del Evangelio: reencuentro

grupo

Alegría del reencuentro. Tras estos meses de confinamiento necesitábamos volver a nuestro grupo de estudio del evangelio, ese espacio de acompañamiento mutuo donde el evangelio y la vida van articulando nuestro ministerio sacerdotal. Nos acoge divinamente Leonardo, con él festejamos la canonización de Charles de Foucauld, la espiritualidad de la fraternidad de Jesús, a la que pertenece. Carisma necesario hoy por su radicalismo evangélico, sencillez, pobreza, apertura, fraternidad, hospitalidad, vida aparentemente infructuosa.https://www.facebook.com/1566593959/videos/10222569291372124/

Del confinamiento y la vida: lo descubierto

Necesitábamos compartir cómo hemos vivido el confinamiento y este nuevo momento, y percibimos cosas muy sencillas. Tiempo nuevo. Menos activismo. Hemos aprendido a dejarnos hacer por la situación. En nuestra secularidad noes hemos reencontrado con la casa, el hogar, abriéndonos a actividades cotidianas: limpieza, comida. Nos hemos encontrado con los vecinos desde la cotidianeidad, los necesitábamos y deseábamos los momentos alegres con los aplausos de las 8. Junto con la sociedad hemos sentido pobreza, vulnerabilidad, y hemos disfrutado de la gracia del compartir, hemos sido conscientes de la gran cadena de solidaridad. Ministerialmente nos han interpelado todos los sanitarios  desprotegidos y otros profesionales que han vivido la entrega desde su vocación, anteponiendo sus servicios a su seguridad. Nos ha costado vivir la dureza de los duelos, la muerte vivida en la soledad y en la impotencia.

Nos duele y nos preocupa

Nos duele y cuestiona cómo la pandemia ha enriquecido más a los poderosos (Amazon…), que siempre disponen de más medios para superar las adversidades y aprovechar la necesidad ajena. Nos escandaliza y preocupa el circo político, sin capacidad de acuerdos y tensando las relaciones provocando un estado de creciente crispación. Nos cuestiona cómo se presenta y se vive la dificultad de tomar decisiones cuando se cruzan intereses. Necesidad de habilidad para congeniar las diversas dimensiones (política, económica, sanitaria….). La complejidad de todo cuando todo está interconectado y nada se puede entender sin otras perspectivas y sin priorizar.

La iglesia y lo que se juega

En el ámbito eclesial y comunitario nos fijamos y detenemos en las manifestaciones eclesiales: Cáritas, celebraciones domésticas y las redes sociales, lo que se ha llenado de creatividad, cercanía, compromiso, radicalidad, riesgo… pero por otro lado nos interrogan las exposiciones del santísimo en los campanarios y terrazas, y otras acciones cultuales y lecturas apocalípticas y sectarias del momento.  Nos preguntamos a nosotros mismos: ¿Qué eclesiología hay detrás de las distintas repuestas? ¿Qué teología? ¿Qué imagen de Dios? ¿Provocador? ¿Consentidor? ¿Curandero? ¿Situado desde arriba, viendo la realidad a distancia? ¿Encarnado? ¿Sufriente? ¿Vulnerable? ¿Lavador de pies?  Nos preguntamos si hemos dado pasos serios en la dirección de un cuestionamiento profundo y evangélico: ¿Un Dios que remueve conciencias, que desea respuestas organizadas, que nos impulsa a generar una nueva humanidad?

En este momento nos vemos urgidos en nuestro ministerio y en nuestro equipo para la necesidad de pararse, reflexionar, analizar, (ver, juzgar, actuar). Que la ayuda inmediata a situaciones de necesidades primarias no impida la reflexión más profunda. Hemos querido profundizar cómo hemos tratado los cristianos y los presbíteros la ausencia de misas, los templos cerrados. Prisas por recuperar cuanto antes el culto comunitario. Nos preocupa que pueda haber de fondo el peligro de reducir la Eucaristía al culto, al mero rito y perdamos el verdadero sentido eucarístico de la iglesia, del bautizado, del ministerio. Es nuestra vida la que tiene que ser eucarística, de entrega y servicio. En este sentido creemos que si hemos estado contemplando la realidad y dejándonos empapar por ella seguro que hemos podido comulgar a diario con muchos signos del pan partido y entregado a los hermanos, de los que han estado dispuestos a salir de su comodidad para salvar, para curar, cuidar, alimentar, acompañar, escuchar…

Confirmados en la fe: el Papa

En la reflexión nos hemos querido abrir al hermano mayor que nos confirma en la fe y en la entrega de nuestro ser ministerial, al papa Francisco. Nos hemos querido abrir ypreguntar por las claves que nos ha ofrecido en este contexto:

1.- Es claro lo que aparece en Laudato Si. Todo está relacionado: las personas, las naciones, las dimensiones (política, economía, sanidad, ecología…) Pandemia globalizada que exige respuesta global. Como el proyecto amado de la creación y el horizonte último de la nueva creación, en este situación de gemidos de parto y esperanza.

2.- Importancia de los pobres. La necesidad de descubrir, desde el evangelio, que lo pobres han de ser los destinatarios principales de los cuidados y los protagonistas de cambios: «Mirar a los más pobres, en estos días, puede ayudarnos a todos a ser conscientes de lo que realmente nos está pasando y de nuestra verdadera condición »… “Ustedes (Los movimientos populares) son constructores indispensables de ese cambio impostergable».

3.- Valoración de lo pequeño y los pequeños. Pequeñas acciones que nos aproximen al ideal, al horizonte orientador. Hoy se nos llama a un nuevo estilo de vida en la sencillez y en la sobriedad para transformar el mundo. La conversión de cada uno al “buen vivir”

4.- Diseñar una nueva realidad.  La nueva creación en gestación, nos llama a un conversión muy profunda, como hizo Jonás en Nínive. Se nos está llamando para pasar incluso del  crecimiento sostenible al decrecimiento, para llegar a la simetría de la fraternidad y del buen vivir como humanidad, a la universalidad como clave de salvación, hoy estamos en estado de Noé y necesitamos construir la barca, la canoa universal, la casa común:« Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad.Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades las que deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir”.

5.- Llamados a ser buena noticia, se nos pide que realicemos el ministerio como personas de esperanza. No podemos olvidar, nos dice el papa, que hemos de vivir de la esperanza propia de nuestra fe que confiesa que con nuestro Dios “la vida nunca muere”.

Razones para seguir viviendo… para resistir desde el evangelio y la vida

 El encuentro fraternal, la comida compartida, el ánimo fortalecido, y los sueños renovados. Ahora es un momento único para profundizar en el evangelio, en el encuentro con Cristo, para soñar la comunidad y reconstruir la iglesia en medio del grito de la tierra. La pandemia es una ocasión única para vivir este tiempo como Kairós verdadero. Aquí es momento de verdad, humildad y conversión a una fe original, a una comunidad más auténtica y simétrica, a una sinodalidad hecha de compromiso con la alegría del evangelio. Los sacerdotes estamos llamados a profundizar y convertirnos, hasta que lleguemos a ser realmente eucaristícos en la claves del verdadero sacerdocio de Jesucristo. Tenemos que caminar en esta reflexión de lo nuevo, en tiempos de dolor y oscuridad, pero esperanzados por la gracia y la presencia del Espíritu del Resucitado.

Nosotros, seguiremos encontrándonos para seguir profundizando, al hilo del estudio del evangelio que nos llama a adentrarnos en la sencillez del pesebre, en lo oculto del pueblo en Nazaret, en la bondad de construir la comunidad, en la elaboración de ese pan amasado de vida y evangelio para la mesa en el altar de la naturaleza y la comunión de la humanidad, en el compromiso de estar al lado de los pobres y crucificados de la historia, y que nunca nos falte la luz para poder ver los signos del espíritu del resucitado que actua sin fronteras en cada lugar y en cada tiempo, ahora más que  nunca. “Dichosos los ojos que ven… lo que nosotros hemos podido ver hoy en esta casa y hogar del sacerdote de los Santos de Maimona. El nos preparó orgulloso su mesa, el pan estaba caliente y el vino de la propia tierra, nos alegró el corazón para volver al cenáculo, aunque se cierren los templos. Leonardo es un gran anfitrión y cocinero¡¡¡

Compartimos: Antonio Sáenz Blanco; Leonardo Terrazas Berrocal; Eugenio Campanario Larguero; José Moreno Losada. Sacerdotes diocesanos de Mérida -Badajoz.

Lo santos

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Pentecostés en webinar: Europa y Amazonia.

Webinar en Pentecostés:

Ayer el Espíritu rompió fronteras en un webinar europeo-amazónico.

webinar

Día de alerta:79… Me levanto ilusionado y desayuno con la naturaleza, su vida y su color… me siento parte de ella y quiero amarla y cuidarla, agradecer y cantarla, contemplarla y gozarla, dar y acoger… Lo hago desde una experiencia significativa del Pentecostés 2020. Ayer fue un día del Espíritu en la redes, sentimos la casa común de un modo especial, nos vimos en el camino que viene desde Laudato si y que ahora va por “Querida amazonia”.

El pentecostés 2020 ha estado rodeado de vida y de luz para mí, primero en una vigilia en la noche en la parroquia de Jesús Obrero, cerro de reyes (Badajoz), donde se gritaba desde ese barrio sencillo y obrero que otro mundo es posible. Ayer en las eucaristía celebradas con los mayores y en la parroquia. Pero quiero resaltar un hecho propio del Espíritu en estos momentos: un Webinar, a través de zoom, organizado por la ACO -acción católica obrera de Madrid- en la que intervine junto a Trini Ruíz, Jose Ortiz, Thony Huera y Adela Salas, reflexionando sobre la ecología integral: el amor a la tierra y la humanidad.
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Formamos una comunidad telemática impresionante: personas de Badajoz, Madrid, Zaragoza, Barcelona, Córdoba, Toledo, Huesca… y los de la Amazonia, jóvenes y profesionales de Puyo y Quito… en Ecuador. Todos abiertos al espíritu, a leer este momento del mundo, de la naturaleza, de la humanidad…como grito, llamada y envío. El horizonte uno y único: la casa común. Las claves bien sencillas a la luz del Espíritu: ¿A quién le afectan más los problemas del mundo y la naturaleza?, en la naturaleza todo está interconectado, no es admisible todo lo técnicamente realizable, la economía ha de ser familia o mata, y todos necesitamos de sentido y esperanza, no sirve de nada una tecnología sin trascendencia ni dirección.

Sentimos y descubrimos que el Espíritu está gimiendo en la creación, en la tierra y en la humanidad, y nos llama a creer y colaborar con un planeta esperanzado. El camino es sencillo: encarnación por compasión, compromiso por fraternidad, entrega gratuita por amor, alegría por lo nuevo y lo posible, señales de que mucha gente está abierta al amor y favorecen el parto de la libertad de todo lo creado. El deseo de ser hoy Iglesia encarnada e inculturada, comprometida y arriesgada, descentrada y entregada, esperanzada y evangelizadora con la alegría del espíritu del amor.
sintesis

Y al final el deseo profundo de esperanzarnos y esperanzar, porque ahora es tiempo de gracia y de luz, en medio de la desgracia y de la noche. No podemos tener miedo si El ha resucitado, el crucificado, y hoy sigue enviándonos su Espíritu de vida para no recaer en el temor sino lanzarnos en el amor de lo nuevo y auténtico. Queremos vivir de otra manera: decrecer para crecer, cuidarnos frente al éxito, comunidad frente a soledad de riqueza llena de insatisfacción.

Ayer se abrieron las puertas, hicimos cenáculo universal, entendimos el mismo lenguaje y nos sentimos parte del mismo cuerpo y de la misma casa, siendo diversos y plurales. Ayer vivimos la experiencia de una acción católica conectada -participamos miembros de movimientos especializados en distintos ambientes-  por el mismo espíritu y llamada a ser sal y luz desde lo pequeño y lo insignificante pero amando al mundo entero.
La Amazonía se hizo rostro verdadero en los que participaron desde allá y nosotros sentimos el deseo de aprender con ellos el “Buen vivir” de los pueblos originarios, que pueden sacarnos de nuestros lodos salvajes y desnaturalizados. Buscar juntos el buen vivir el lenguaje del amor que podrá expresarse en la pluralidad de idiomas y culturas, pero con un mismo Espíritu, el que une lo humano y lo divino en el amor total.https://www.facebook.com/1566593959/videos/10222584913602670/
Jesus obrero
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Felicitación y comunión con la comunidad musulmana extremeña

Feliz Eid Al-Fitr

Aprovechamos este tiempo para felicitar a nuestros hermanos musulmanes en el deseo de una fraternidad universal que anime los grandes valores de la paz, la justicia y la hermandad.

Queridos hermanos y hermanas musulmanes de Extremadura:

Hoy es un día de felicidad y regocijo para vuestra comunidad pues hoy es el Id al-Fitr, la fiesta que marca el fin de vuestro mes sagrado del Ramadán, un mes importante para vosotros desde el punto de vista espiritual, familiar y social. Un mes que dedicáis a cultivaros espiritualmente con la oración y la lectura del Corán; a reuniros con la familia y demás seres queridos y a ayudar a los más necesitados. Sin embargo el Ramadán de este año ha sido atípico a consecuencia de la pandemia del Covid 19 pues habéis tenido que celebrarlo en vuestras casas y cerrar vuestras mezquitas para protegeros del contagio. También cristianos y judíos tuvimos que celebrar la semana santa y el pesaj respectivamente de manera privada por la pandemia. Para protegernos del coronavirus no hubo procesiones de semana santa ni actos religiosos en iglesias y sinagogas. Aún así aquellos momentos de confinamiento nos sirvieron para poder rezar, meditar y cultivarnos espiritualmente.

La pandemia del Covid 19 nos ha afectado a todos por igual sin distinción de religiones. Por ello la comunidad cristiana de Mérida-Badajoz desea reiterar su cercanía y solidaridad con las comunidades islámicas de Extremadura por el reciente fallecimiento de Riay Tatary Bakry, presidente de la Comisión Islámica de España y gran referente del Islam y del diálogo interreligioso en nuestro país.
Pese al dolor y al sufrimiento causados por esta pandemia hay lugar para la esperanza y por ello deseamos que nuestros lazos de amistad y fraternidad se hagan más fuertes para así construir un mundo mejor más fraterno, más solidario, más justo, más tolerante y más rico en diversidad cultural y espiritual. Para hacerlo posible puede servirnos de inspiración común a cristianos y musulmanes el documento sobre la fraternidad humana firmado entre el Papa Francisco y el imán de la Universidad Al-Azhar (El Cairo, Egipto) Ahmed Al-Tayyeb en Abu Dhabi en febrero del 2019. Ese documento histórico es esencial para fomentar la fraternidad y la buena convivencia pacífica entre todos los seres humanos sea cual sea su religión. También es un llamamiento a desterrar de nuestro mundo la violencia irracional cometida en nombre de Dios.

Con el deseo y la esperanza mutuos de un mundo más fraterno tras la pandemia del coronavirus, os deseamos en nombre de la comunidad cristiana de Mérida-Badajoz un feliz Eid Al-Fitr.

José Moreno Losada y Alberto Gata Tocón
Delegación diocesana de relaciones ecuménicas e interreligiosas de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

La imagen puede contener: 3 personas, incluido Adel Najjar, personas de pie, cielo y exterior
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De “Laudato si” a “Querida Amazonia”

“Caminos abiertos y cambios necesarios”

 papa libro

El curso pasado acometíamos el trabajo –encargado por PPC- de disponer la encíclica Laudato si con claves y propuestas de trabajo para poder adentrar al pueblo de Dios y gente de buena voluntad en el tesoro de reflexión y profundidad que dicha encíclica presentaba con novedad y necesidad, desde el grito del mundo y de lo humano, en el deseo de una ecología integral. Ahora se cumple el quinto aniversario de dicha encíclica que no ha dejado indiferente a nadie, y nosotros nos vemos envueltos con gozo en el mismo trabajo realizado anteriormente, con el deseo de que no tarde tanto en aparecer, pero respecto al documento sinodal amazónico y la exhortación “Querida Amazonía”. En este trecho consideramos que siguen abriéndose los caminos de profundización y de llamada a la conversión en clave de compromiso y de esperanza para la Iglesia y para la humanidad. A la iglesia le corresponde dejarse interpelar y caminar en la conversión para ser fiel a los cambios que el mundo y el anuncio del evangelio les propone en el hoy de nuestro vivir, en nuestra historia actual. Dentro de estos cambios notamos que en estos cinco años se vienen subrayando y consolidando los siguientes:

  • Pastorales, hasta tener la alegría del Evangelio (EG).

 En primer lugar, se detecta o se plantea que seguimos necesitando en la Iglesia, una conversión pastoral fundamentada en la Evangelii Gaudium. Traducido al roman paladino, la interpelación más directa, es claramente, que dejemos de llorar para tener la Alegría del Evangelio. Esto nos parece sumamente hermoso. Todos nosotros tenemos experiencias personales de qué es y cómo se vive todo lo que la Evangelii Gaudium desarrolla. Nos parece que esta llamada a la conversión, es algo a agradecer pues tener la Alegría verdadera, la del Evangelio es lo más grande con lo que podemos contar en este mundo.

 

  • Ecológico-interculturales, porque todo está interconectado (LS)

 

Este camino, que no es uno sino dos, porque puede ser considerado por un lado la faceta intercultural y por otra la socioambiental, es el más rompedor. Viene a ser el desarrollo y la concreción de lo que se plantea en la Laudato Si. Es una cuestión muy amplia que puede resumirse en cinco claves fundamentales, que vendrían a ser como una síntesis básica de los contenidos de esta encíclica. Algunas de estas claves de interpretación son bien conocidas y compartidas por sectores sociales no necesariamente religiosos, como puedan ser el de los ecologistas o los científicos. Pero tiene un planteamiento mucho más integral porque incluye la dimensión espiritual o trascendente de la personal, Plantea indirectamente que esa dimensión religiosa se considere y respete dentro de una sociedad civil plural. En el libro que hemos escrito con materiales para trabajar esta Encíclica (Ortiz, Moreno, & Ruiz, 2019. Laudato Si. Ed. PPC), indicábamos como claves interpretativas las siguientes:

  • Los problemas ambientales a quien más afectan es a los más pobres o de los países empobrecidos.
  • Todo está interconectado: lo local tiene repercusiones globales
  • La Economía o administración de la Casa Común tiene mucho que ver con la Ecología o estudio de la Casa Común.
  • Nos domina el paradigma tecnocrático
  • La Feliz Sobriedad como meta en la vida.

En esta conversión y en el desarrollo de este punto, apenas se fija el periodismo mediático, pero tiene unas repercusiones vitales muy grandes. Como presentan los tres primeros capítulos de la Exhortación postsinodal Querida Amazonía, están relacionados con este tema,  así como los capítulos III y IV del documento postsinodal ofrecen muchas más claves complementarias para el diagnóstico y la reflexión sobre estas cuestiones.

 

  • Sinodales, que van más allá de lo organizativo (Aepiscopalis Communio).

 La conversión sinodal, organizativa para quienes nos describen desde fuera, especialmente los titulares de los periódicos, es la que parece ser más importante, porque es donde están contemplado los detalles relativos a la ordenación de varones casados o los ministerios femeninos, diaconados, etc.  Sin quitar importancia a estos asuntos, que evidentemente la tienen, hay que tener claro que estos aspectos no son lo más nuclear ni transformador del Sínodo. Las modificaciones estructurales que se plantean en estos apartados tienen que ver con toda parte ejecutiva y de toma de pequeñas y grandes decisiones en la vida cotidiana de la iglesia, de modo colegiado y discernido, sinodal. En este ámbito también hay mucho que aprender por parte de nosotros, el laicado europeo. Los planteamientos de lo colectivo están mucho más inculturados en los pueblos panamazónicos y el individualismo propio de nuestras sociedades occidentales ricas puede ser corregido y superado teniendo como ejemplo muchos de los procesos que se han llevado a cabo en este Sínodo y en la etapa postsinodal que ahora comienza.

Y un sueño

 El Papa Francisco, que vive nuestros clamores sinodales de familia e Iglesia en camino, católica y universal, apostólica, amazónica y romana, ha soñado con nosotros. Y al igual que hacen muchos pueblos amazónicos, donde hay costumbre ancestral de expresar, de verbalizar los sueños, nos ha querido comunicar con toda humildad su mensaje en una hermosa Encíclica, Querida Amazonía. Os invitamos a leerla despacio, a saborearla. Es muy bonita, profunda, teologal.

cardenal-barreto-libro-laudato-siNos interpela y anima a que miremos de otra manera. Tiene el sueño cultural (QA capítulo segundo) de que podamos cambiar el enfoque fijado por la cultura de cada uno, para ver. Y sueña también en que nos abramos a un diagnóstico social tan evidente e inclusivo (QA capítulo primero), que podamos ser capaces de descubrir lugares teológicos, ámbitos espacio-temporales donde Dios se manifiesta, se nos revela a través de los sucedidos y la historia, y desde donde, además, nos convoca, nos llama (QA capítulo tercero). Es el reto de descubrir o abrirse sencillamente a la experiencia de Dios. A una nueva experiencia de Dios. Responder a la llamada y subir. Subir con los otros, los diferentes, lo diferente. Inculturados todos y entre todos, en sinodalidad, y con Francisco.

Ese es el sueño del Papa, un sueño eclesial (QA capítulo cuarto). Conducir(nos) no ya hacia el Sumak Kawsay, el Buen Vivir, sino mucho más allá del sol (LS), hacia Cristo Resucitado, la plenitud más plena, la Eucaristía viva, vivida, vivificante.

Percibir la mano de Dios en todo lo existente, saber que Cristo fue materia, creer que el crucificado es el Resucitado, poder celebrar en cada ahora que la creatura es Creador y no nos abandona, esperar la Pascua Definitiva.

Trini Ruíz, José Ortíz, Jose Moreno.

 

Ante pentecostés: el deseo orante

¿Qué dice el Espíritu a la Iglesia del confinamiento…? Un pentecostés para la confianza y la esperanza en la promesa de un mundo y una humanidad nueva. Enraizados en Cristo, por la fuerza del Espíritu, para vivir una esperanza viva y confortar a nuestros hermanos en toda tribulación.

POR EL ESPÍRITU, PARA SER DE ÉL

Pentecostés

 Dios, en Cristo, nos ha amado primero, dejarse llevar por esa corriente de amor único encierra toda la ley y a todos los profetas, porque el que ama tiene todo cumplido. Y lo sentimos cuando, cada mañana, en el mundo se levantan millones de madres y padres que, ilusionados y esperanzados, movidos por el espíritu del amor, abrazan a sus hijos, los cuidan, los alimentan y los ponen en pie para que crezcan y avancen como personas en medio de la historia. No hay duda de que el amor está siendo más fuerte que la muerte, el bien que el mal, dentro de las dificultades de la historia, que hoy se llama pandemia para nosotros. Saber mirar la historia esperanzadamente, porque creemos que su palabra se cumple, es lo propio de los cristianos, y es lo que el mundo necesita de nosotros. La Iglesia ha de ser fuente en medio de la plaza pública de la historia y del mundo, donde todos los vecinos puedan venir a beber de balde y satisfacer la sed amor y vida que nos habita a todos los que somos imágenes del que sólo es Amor. Así lo relataba en la homilía del pasado domingo mi compañero de la parroquia que ha estado al frente del albergue en Badajoz, donde se han ubicado los sin hogar, cómo agradecían,  y se marchaban llorando, emocionados, porque el confinamiento les había hecho sentir un hogar, un cuidado, amor y escucha gratuita en sus vidas rotas. Lo mejor de lo peor.  En este pentecostés, bebamos en el Espíritu del Resucitado y en las estampas donde se proclaman los sentimientos profundos de una humanidad nueva.

Somos la Iglesia del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo Resucitado. Ahora es el momento de acabar con todos los miedos y los temores para vivir eternamente desde la confianza. Ojalá esta experiencia de debilidad y confinamiento nos lleve a comprender dónde ha de estar nuestra confianza y nuestra esperanza verdadera.  En medio de este mundo, siempre tentado por un poder y una riqueza miedosos y encerrados en su deseo de seguridad, la Iglesia está llamada a abrir todas sus puertas y ventanas para que el Espíritu que ha recibido, se haga extensivo para todo el mundo y toda la creación. Ella no puede ser frontera cerrada para la libertad. Hoy, ha de abrirse al impulso del Espíritu que le dice que ha de ser «Iglesia en misión, en salida, compasiva, generosa, de perdón y sanación, de fuerza para los débiles y denuncia para los injustos y los inmisericordes», para llamarlos a la conversión de corazón. Pentecostés desea manifestarse hoy en todos los que hemos sido bautizados en el Espíritu de libertad, que ha vencido todos los miedos y los temores que hieren el corazón de lo humano. La Eucaristía, la liturgia de hoy, quiere prolongar el único Pentecostés del Resucitado. Por eso, una vez más, nos dará a comer su Cuerpo y su Sangre. Y así, nos da su propio Espíritu: para que no desfallezcamos en la misión y para que nuestra fuerza sea, aún mayor, que toda nuestra cobardía.

Ojalá en nuestro confinamiento hayamos profundizado en qué y en quién ponemos nuestra confianza y nuestra esperanza y nos hayamos convertido con profundidad al Dios de la vida, a nuestro principio y fundamenta. Ayer un feligrés me comentaba cómo había pasado treinta días encerrado en una habitación del hospital, temiendo que lo entubaran, que tuvieran que llevarlo a la UCI, me hablaba del silencio total hecho en su vida y cómo había enraizado en Dios de un modo único. Desde la mayor debilidad y dependencia, en el mayor de desvestimiento posible de lo humano y lo mundano, su relación con Dios y su confianza en él se había renovado de un modo nuevo. Ahora siente el deseo, no sabe cómo, de poder dar testimonio de su vivencia de Dios, porque no se puede imaginar lo que ha de ser pasar por este valle de lágrimas sin tener un fundamento, un absoluto al que referirse, una razón para seguir esperando, un amor para confiar más allá de toda desesperanza y desconfianza. Juan Enrique ya no habla de tener espíritu, sino “ser de Él”. Que el Espíritu venga sobre nosotros, sobre toda la humanidad, para romper todo confinamiento a la gracia y al amor, a la entrega por un mundo lleno de justicia y fraternidad.

Nos unimos para pedir el Espíritu ante Pentecostés, deseando lo que más necesita la humanidad hoy:

Ven Espíritu divino…

 

Volver al templo? mejor a los orígenes de vida y esperanza.

Volvamos a nuestros orígenes de vida y esperanza: “…estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere”  (1 Pe 3,15). Necesitamos la vinculación en Cristo resucitado para poder vivir en la esperanza.

“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros” (Jn 14,18)

orfandad

La mayor orfandad en lo humano es un vivir sin espíritu, deshabitados. Lo sentimos en estos días de duelo y de dolor confinado, de búsqueda en nuestro interior de motivos y razones para la esperanza, para el sentido de lo que nos traemos entre manos, en nuestro pensamiento y en nuestro corazón.  Cristo resucitado no nos abandona, nos concede su espíritu, para que nos sepamos habitados, acompañados y queridos. Él nos invita a la confianza en el Padre y vivir en la calma de los que son amparados por la bondad y la buena noticia de la salvación. En un mundo desesperanzado y desanimado, donde falta el espíritu, Cristo nos siembra para que tocados por su espíritu podamos devolver la esperanza, dar razón de ella a los que más lo necesitan. El camino de la Esperanza pasa por el encuentro de una humanidad que acoge y sana, que vincula e incluye, que reconoce dignidad y sienta a la mesa a todos para compartir el mismo pan. Hemos sido elegidos como misioneros de la esperanza divina y para ello, Cristo Resucitado nos adentra y adopta en su Espíritu.

La orfandad de lo humano nos hace huella y herida en estas circunstancias que avivan nuestro estado de salud integral. Vivimos en un mundo en el que para muchos “Dios ha muerto”. Se trata de un mundo sin referencia a Dios, estamos en una época donde ya no se cuenta con Dios para fundamentar las lecturas que cada cual hace de la realidad, de los valores, de la vida. Dios es el gran ausente en la vida cotidiana, y no solo de los no creyentes, sino también de los creyentes. En cada uno de nosotros parece que, en lugar de vivir el Espíritu del Resucitado, habita el espíritu de la derrota, de la apatía, el conformismo, la desesperanza. “Hay cristianos, dice el Papa Francisco, cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua” (EG 6).

Quizá, como manifiestan algunos autores, estamos bajo el síndrome de María Magdalena. El síndrome de esa mujer que vive llorando, sumida en el dolor y la nostalgia de los recuerdos de un Jesús que ha muerto. Se trata de una mujer que amó mucho a Jesús y que ahora sólo intenta recuperar su cadáver. Lo único que puede hacer es encerrarse en su interior viviendo de los recuerdos pasados, ya que el mundo exterior es cruel, hostil: han matado a Aquél que ella más quería, al Señor. Y ahora nos morimos en la mayor soledad, orfandad total sin despedida aparente, nuevamente el sentimiento de la injusticia del sufrimiento inocente.

Este síndrome sumerge en el miedo ante el mundo, nos lleva a encerrarnos en los ámbitos cálidos de los templos, a vivir sin esperanza alguna, lamentándonos y condenando al mundo. Incluso recurriendo a apocalítpicas sectarias, y persecuciones de ultimidad. Sufrimos vivencias de temor, miedo, pánico, encerramiento, desasosiego, angustia, aflicción, cobardía, desconfianza, alarma… “No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado” (Mc. 16,6)

El miedo nos paraliza y nos impide reconocer al Señor presente entre nosotros. María Magdalena era incapaz de reconocer al Señor muy cercano de ella, estaba vivo; pero era necesario reconocerlo en el jardinero, en el compañero de trabajo, en el pobre que pasa junto a ti, en el anciano, en el joven sin empleo…Se presenta inesperadamente, el Resucitado viene a visitarnos (tal vez en el rostro de un desconocido o de alguien que está caminando hace mucho tiempo con nosotros). Será Él quien a través de esa presencia escondida venga a curar nuestras ansias y temores y traiga paz a nuestro corazón dividido: “¡No temáis” (Mt.28,10)!

 En estos momentos históricos y de trascendencia, no hay que buscar como María Magdalena a un cadáver, hay que buscar al Dios vivo entre nosotros, buscar a Dios con todo el corazón: “Me buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón” (Jer.29,13). Dios en Jesús Resucitado ha salido a nuestro encuentro, está entre nosotros, y ahora somos nosotros los que hemos de encontrarlo, verlo, tocarlo, escucharlo. “Hoy, en este “id” de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia y todos estamos llamados a esta nueva “salida” misionera” (EG 20).

  Tenemos una razón para la esperanza, un porqué para vivir: Cristo ha resucitado. Está en el camino de la vida, de lo diario, de lo sencillo. Se trata de adentrarnos en lo de cada día con el espíritu del resucitado, mirando lo que hay de amor y de entrega, todos los signos que provocan en nosotros razones para seguir viviendo y amando. La condición para el encuentro es salir y buscar, dejarse llevar por la sed de lo auténtico y no darse por vencido ni encerrarse en la oscuridad de uno mismo o del mundo. El oficio del creyente, del seguidor de Jesús, es rastrear su huella resucitada en medio del mundo y una vez encontrada señalarla con gritos de esperanza para que otros muchos puedan abrazarse y vincularse a ese hombre nuevo que es Cristo Resucitado. Hoy nos toca en medio del mundo, con todos los hombres, dar razón de nuestra esperanza y hacerlo desde el crucificado, en medio del duelo nos está dando señales claras de que está presente con su espíritu de humano resucitado. Que puede estar resucitando una humanidad nueva en las cosas más diarias y más sentidas de este dolor y este confinamiento.

Volvamos a nuestros orígenes de vida y esperanza: “…estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere”  (1 Pe 3,15)

Vinculados en Cristo, camino, verdad y vida

¿ El camino? Andamos desorientados… ¿La verdad? Estamos confundidos…¿La vida? Nos sentimos amenazados, tenemos miedo…  Necesitamos encontrar el norte, el sentido, la razón profunda para vivir. En medio de esta noche, nos alienta la sed y nos puede calmar tu Palabra de vida y resurrección. La comunión contigo que nos acoges, nos autentificas y nos das tu amor vivo y entregado para que tengamos vida en abundancia y sintamos que nada nos puede separar de tus manos y tu corazón traspasados por la misericordia.

Jesús, camino, verdad y vida

camiino

Nuestra vida es relación, no podemos vivir sin el mundo, sin los otros y necesitamos la profundidad del absoluto que siempre permanece en nosotros como interrogante y sed permanente. Necesitamos camino para el encuentro, verdad para caminar y vida para compartir. Pero nosotros no somos el camino, la verdad y la vida, por eso lo buscamos insistentemente de un modo y otro. Cristo resucitado se hace camino en su humanidad, verdad en su relación y vida en su vinculación con la creación, con la humanidad y con cada persona que se abre a su Espíritu en el encuentro. En estos momentos de dolor humano, de desorientación generalizada, de vida amenazada, nosotros podemos ofrecer con humildad la clave de sentido que nos llega en este evangelio de resurrección. Resuena dentro de nuestra debilidad y pobreza la llamada a sembrar la esperanza de la resurrección:“Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15). 

Cristo Resucitado, en el evangelio dominical, se nos ofrece como un camino realizado en la presencia del Padre, que conduce a plenitud por veredas de obediencia, amor entregado, vida donada. Nos presenta la verdad vivida como coherencia en la humildad de fiarse del único fundamento vital que ha sido la voluntad de su Padre, como fuente amor y de gracia. Él ha vivido vinculado al Padre, no ha hecho nada sin Él. Y nos habla, con su existencia, de una vida sencilla, vinculada con toda criatura, que se recibe como don y se agradece entregándola, porque así se hace eterna en el corazón de lo divino.

 Quien se encuentra con el Resucitado no puede ocultarlo. Quien experimenta en su vida a Jesús “vivo”, siente la necesidad de darlo a conocer, de interconectarse, vincularse de corazón y de vida para hacer caminos juntos y juntos buscar la verdad, no la de cada uno, de su ideología, sino la de la verdadera humanidad que se nos ha revelado en el amor entregado, en el pan partido.

El hombre, vinculado a los sentimientos de Cristo, el que ha convivido con él, contagia lo que vive. Se convierte en testigo. Esa fue la experiencia de los discípulos de Emaús, que contaron “lo que les había acontecido en el camino y cómo lo había reconocido al partir el pan” (Lc 24, 35) o de Magdalena que fue corriendo donde los demás discípulos para decirles: “he visto al Señor” (Jn 20, 18).

 Encontrarse con Cristo resucitado, es descubrirse uno a sí mismo en la verdad y en el amor, entender que la pequeñez de lo diario está ya en el camino de lo eterno, y que el que ha encontrado la vida, ya nada ni nadie nunca se lo podrá quitar. Nos hemos encontrado con Cristo y ya vamos caminando con él hasta el Padre, guiados y animados por su Espíritu. Ahora en este tiempo de crisis y de angustia, de necesidad de salvación, de salud integral, es necesario nuestro encuentro profundo con Cristo, nuestra convivencia diaria con él. Ahora es momento de vivir nuestra misión sin ambigüedades, en comunión verdadera con lo humano.

 En esta sociedad de la comunicación, en este momento de confusión y confinamiento, en esta pandemia tan simbólica del hombre y del mundo, no se necesitan más palabras y discursos. Se necesitan testigos de la vida, de la esperanza y del amor.  Pasar del contacto a la verdadera vinculación. No basta estar contactados, hace falta darnos cuenta de que estamos interconectados y que la vida está en la vinculación profunda de pertenencia mutua y de cuidado universal. Sólo hay un camino, una verdad, una vida… interconectada y vinculada. La hemos de buscar y encontrar juntos, nadie la posee ni la domina, es de todos y todos la necesitamos.

La alegría esperanzada, que experimentamos en el encuentro con el Resucitado, es una alegría misionera, que nos lleva a entrar “en la dinámica del éxodo y del don, de salir de sí, del caminar y sembrar” (EG, 21). Es necesario salir al encuentro, buscar a los lejanos, llegar hasta los cruces de los caminos para invitar a los excluidos de nuestra sociedad y sembrar semillas de vida y resurrección. Una siembra que hemos de hacer gratuitamente: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis” (Mt 10, 8). Vinculación total desde una presencia evangélica en nuestros pueblos y barrios para revelar que el Señor está entre nosotros, que habla, que ama y que camina con nosotros. El evangelio nos muestra hoy una interpelación, al llamarnos para ser testigos del camino, de la verdad, de la vida que se nos ha dado en el crucificado que ha resucitado, venciendo toda pandemia de dolor y sufrimiento físico y moral en el mundo. Ahora es el tiempo propicio para ser testigos de que el crucificado ha resucitado y vive para siempre. Lo hemos encontrado y sabemos que pertenece a toda realidad humana y natural. Él es nuestra esperanza y la humanidad lo busca y lo necesita.

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