“De la vulnerabilidad a la cuidadanía” Profesionales cristianos

COMISIÓN DE INICIO DE CURSO

Movimiento de profesionales cristianos

No nos sabemos marchar

15 y 16 de octubre de 2022

comision

“No nos sabemos marchar” . Con este eco comenzamos nuestra comisión de inicio de curso el pasado 15 de octubre en la casa que los hermanos de la Salle tienen en Madrid. Son palabras que hablan del profundo sentir comunitario de militantes a quienes les separa, en el menor de los casos, cientos de kilómetros y que viven con radicalidad creyente –desde la raíz- su compromiso en la cultura y el mundo profesional. Nos encontramos las diócesis de Zaragoza, Mérida-Badajoz, Bilbao, Madrid, Canarias y Palencia y también tuvimos presente, aunque desde la lejanía, a las diócesis de Mallorca, Valencia y Zamora. Fueron horas intensas de escucha, diálogo y reflexión. Tiempo de hondura y contemplación para entrever a un Dios que grita ser desvelado en los ambientes de nuestras profesiones: administración pública, enseñanza, empresas, sanidad, servicios sociales, etc.

Nos descubrimos movimiento VIVO; pendientes de las fórmulas que nos nutren, nos relacionan más y mejor y nos hacen crecer. A impulsar estas tareas se han ofrecido, de modo especial, las nuevas personas que integran el equipo permanente. Personas dispuestas a brindar su tiempo y lo que son para que otros tengan “más vida”. Vida como la que encontró la Samaritana; agua que no genera sed. Alberto de la diócesis de Canarias es el nuevo ecónomo, desde Madrid Luisa asume la secretaría y la palentina Leti la presidencia. Siguen acompañados por Pepe, el consiliario, y en este primer curso por todo el anterior equipo -Carlos, Miguel y Rober-

libro

FECUNDOS, así nos revelamos; logramos materializar el trabajo de los tres anteriores cursos. Con la ternura que se tiene con un hijo, arropamos las páginas recién sacadas de las imprentas de PPC y que llegaron a nuestra comisión de la mano de Fernando Rivas. Presentamos nuestro libro al que dimos el nombre de PROFESIÓN Y ECOLOGÍA INTEGRAL: RETO Y PASIÓN. Presentación libroEn él ofrecemos una mirada crítica y propositiva al momento actual, marcado profundamente por la crisis energética y la covid-19. Ofrecemos opciones que gritan que un nuevo modo de vivir es universalizable y, sobre todo, felicitante. Como madres y padres primerizos estamos deseando pasear con él por cuantas diócesis/salas quieran y escuchar que es tan guapo como nosotros lo vemos.

De la mano de Galo Bilbao, militante de la diócesis que también le acompaña en el apellido, nos reconocimos como movimiento ATENTO. En los próximos tres cursos queremos prestar atención a nuestra realidad, tener cuidado. Nos planteamos en este trienio, bajo el lema DE LA VULNERABILIDAD A LA CUIDADANÍA visibilizar la vulnerabilidad inherente a cualquier persona (la enfermedad, la muerte…), desvelar las situaciones, que no a pocas personas, convierte en vulnerados (sobreexplotación de recursos, fracaso escolar, precariedad del empleo… ), celebrar las actitudes/conductas que cuidany podemos ejercer en nuestra profesión, formarnos en doctrina social de la Iglesia, encontrarnos con un Dios vulnerable y cuidador y construir, no como francotiradores sino haciendo camino y proceso con otros, una ciudadanía desde los cuidados. La motivación para mantener la atención no nos falta, nos acompaña el Maestro.

Sin ningún pudor pudimos mostrarnos FIESTEROS. Nos va la fiesta a los tres grandes bloques de militantes que conformamos el movimiento; a los recién graduados que andan buscando o explorando los primeros trabajos, quienes ven cerca el retiro profesional desde un lado u otro de la barrera y aquellas que están en un momento de madurez profesional, que no por ello sereno. Pudimos celebrar con mayúsculas en la eucaristía, experimentamos el pan que alimenta y se reparte en la vida y servicio de las tres personas que nos han acompañado en los últimos años como equipo permanente. Les agradecimos su compromiso y entrega en este tiempo vivido de especial fragilidad, cuando las pantallas suplían a los encuentros y la incertidumbre a la programación. Lo tenemos claro, cada “copa” con ellos siempre será la “penúltima”.

RElevo de coordinación

Aun con todo y para finalizar, aprovechando que era ya domingo, nos pusimos en modo MANITAS y nos dimos ala tarea de organizar la casa. Dimos rienda suelta al estropajo, al aspirador, a la lavadora y a la plancha. Las acciones para tratar de extender y consolidar nuestro movimiento fueron delimitadas ¡Compartir el gran tesoro que llevamos en el barro que somos nos ilusiona profundamente! Fueron muchos los aplausos y los likes para agradecer la disponibilidad de Jesús Salas de Badajozpara gestionar e impulsar nuestra web y redes sociales. Concretamos en qué queríamos gastar nuestro presupuesto, en el calendario anotamos fechas y precisamos cómo íbamos a motivar a la celebración del 75º aniversario de la JEC -nuestro hermano menor a pesar de que nos supera en edad.

La comisión de inicio fue el pistoletazo de salida para un curso que promete ser de cuidado.

😉

“Entre el olivo y la encina: matrimonio cristiano”

Pedro y María, olivo y encina
El sábado éramos testigos de la celebración sacramental del amor de esposos entre Pedro y María. Allí estaban con la novedad de sus vidas, con la comunidad creada en torno a ellos resultado de sus procesos de vida personales y de pareja, con un proyecto ilusionado y dispuestos a ser motivo de un día de encuentro y de comunidad en el amor. Allí había amor nuevo para celebrar.
Nos sirvió de símil el árbol que ha rodeado sus vidas, a Pedro, el olivo, es de Jaén, su padre y su abuelo olivareros de pura raíz, sabedores de lo que es la historia, lo centenario y lo milenario. María, de zona de encinas entre Córdoba y Badajoz, en la dehesa, también sabedora de lo que es raíz, tronco, ramas… Árboles que hablan de historia y de cuidados, de relación sana y sabia entre naturaleza y humanidad.
Raíces…
Nos habían hablado ellos de las raíces que habían sido sus fuentes para la savia de la vida, habían aprendido enraizados en sus familias, abuelos, padres:
– La importancia de dar sin esperar grandezas.
– Lo que es crecer en el bien y en el compartir, sin opulencias y sin carencias.
Tronco y savia
Pedro había entendido entre los suyos que todo esfuerzo tiene su recompensa, incluso si no tiene éxito. Que sus padres habían posibilitado su crecimiento como persona y universitario. En el seno del hogar había sentido lo que es un trabajo con sentido y lo que es una disponibilidad radical, a la vez que la experiencia de la fraternidad. María hacía memorándum de sus abuelos, sus creencias, sus valores, el tesón sereno del padre y la complicidad creativa de la madre, a la vez que su responsabilidad sobre su hermana pequeña y el gozo de crecer rodeada de primos en comunidad amplia. Ahí estaba esa raíz profunda y extensa, que realizaba la máxima del evangelio de aquél que construye su casa sobre roca.
Ramas
Las ramas también venían vestidas de vistosidad en este otoño deseoso de verde y de luz. Allí estaban esos amigos de infancia, testigos que conectaron desde la educación infantil, los que habían encontrado en el instituto y en la universidad, los que facilitaron ese encuentro de estos desconocidos que hoy se aman en extremo y dan este paso radical de compromiso verdadero en el amor que desea ser eterno, sobrepasar la muerte, como canta el Eclesiastés. Ahí entre esas ramas, de olivo y encina, se produjo el encuentro, el reconocimiento mutuo para compartir retos, sueños e ilusión, para sentir que son inseparables y que uno al otro se ofrecen paz, vida, perdón y una confianza que motiva el deseo de vivir juntos y de ser para los demás. El camino recorrido como pareja en un decenio les asegura que los materiales que han construido su deseo de hogar son vivos y verdaderos por eso dan este paso con confianza mutua y con deseo de entrega radical para que el otro sea centro de su corazón. En ese encuentro tan elaborado se da cuenta de este día matrimonial, ha sido un proceso, porque el amor, como ellos dicen, no es solo quererse mucho, sino quererse bien, ellos lo saben y lo quieren vivir, por eso hoy lo han proclamado a los cuatro vientos desde esta comunidad original de olivos y encinas abrazados en un solo corazón y en un solo sueño.
Frutos
Tienen ya juventud madura, junto a su guitarra y su canción, está todo lo vivido, sus estudios y sus profesiones en las que se sienten útiles y valorados, cualificados saben lo que quieren hacer y luchan por ello. Pero ahora quieren ser familia, ampliar su amor en la entrega a los otros, desean hacer un nosotros más amplio. Junto a esta comunidad quieren ser hogar y recibir a sus hijos. Para ello entendemos que es fundamental una clave: “El nosotros aparece cuando se entregan los egos sin olvidar lo mejor y el cuidado de cada yo”. Ellos saben que perdonar, ofrecer pan, confianza, ceder por amor es el camino de la construcción de su nueva familia.
Sueños y retos, desde Dios
Para ello quieren contar con la bendición y la fuerza de Dios, su oración es muy sencilla: “Señor danos lo que la gente más sencilla te pide y quiere siempre, salud, paz, fuerza y amor, y hoy que unimos nuestras manos en tu altar, te pedimos que nos agarres muy fuerte de la mano, que nos ayudes a cuidar la fe, para que sintamos que Tú vienes con nosotros y nos acompañas siempre.
Fue un gozo poder escuchar vuestras palabras de consentimiento y compromiso mutuo en el altar, a todos nos tocó nuestro corazón y nos unimos en el deseo de vuestra felicidad compartida:
“Hemos nacido y crecido en familias sanas que nos han ayudado madurar en verdad y en libertad. Nos hemos conocido en nuestra juventud y tras un proceso de vida de pareja, de conocimiento mutuo y de proceso en el amor, nos sentimos maduros y decididos para dar este paso en el matrimonio cristiano con toda libertad y amor, queriendo que sea para siempre en fidelidad auténtica y creativa, como lo ha sido hasta ahora.”
“Creemos en el amor que permanece y estamos dispuestos a cuidarlo y protegerlo en nosotros para que sea firme y verdadero. Estamos abiertos a la familia cristiana, deseamos ser padres y educar a nuestros hijos en los valores humanos y cristianos de nuestra fe para que puedan descubrir el evangelio y el amor. Pedimos la bendición de Dios para nosotros como matrimonio y para los hijos que recibamos.”
Consentimiento
Así, pues,
ya que queréis contraer santo matrimonio,
unid vuestras manos,
y manifestad vuestro consentimiento …
PEDRO:
María, en este proceso de pareja que hemos compartido he sentido tu amor y tu verdad. Junto a ti la vida me ha sido más fácil, he sentido tu apoyo tanto en lo laboral como en lo personal, he crecido como persona descubriendo que tú me hacías mejor. Hoy se realiza el sueño común de celebrar nuestro matrimonio y yo quiero ser para ti seguridad y firmeza en tus decisiones vitales, ayuda para que puedas alcanzar tu mejores objetivos e ilusiones. Quiero formar una familia contigo y por eso hoy, en la presencia de Dios y ante esta comunidad, de familia, amigos, prometo amarte y entregarme a ti durante toda mi vida, en la salud y en la enfermedad, en el fracaso y en el éxito, en lo bueno y en lo malo, compartiéndolo todo, hasta que la muerte nos separe.
MARÍA:
Pedro, en nuestro camino de relación de pareja y amor he descubierto en ti la lealtad y la bondad. Me he sentido protegida por ti en la dificultad, tu me ayudas con tu firmeza y coherencia en mis decisiones vitales, por eso deseo compartir toda mi vida contigo, confío en ti y deseo darte y aportar a tu vida felicidad, comprensión y ayuda. Que en mí siempre te encuentres querido y valorado.
Por eso hoy, en la presencia de Dios y ante esta comunidad, de familia, amigos, prometo amarte y entregarme a ti durante toda mi vida, en la salud y en la enfermedad, en el fracaso y en el éxito, en lo bueno y en lo malo, compartiéndolo todo, hasta que la muerte nos separe.
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Tiempo de la creación 2022… oir la voz de la creación

Hágase tu voluntad en la TIERRA

 El Dios creador y salvador  empuja nuestra creación por el amor hacia la Vida. Los que son del Espíritu de Dios se suman al proyecto del cultivo y del cuidado de la naturaleza como lugar de vida  llamada a la plenitud con la humanidad. Es Jesús de Nazaret, el creador hecho criatura, el que nos enseña a orar deseando que la voluntad amorosa y salvífica del creador se cumpla en la tierra. El génesis y el apocalipsis se abrazan en esta voluntad de nueva tierra y de creacion en plenitud. Caminemos escuchando esta revelación del amor de Dios en la tierra.

Hágase tu voluntad en la tierra

(Tiempo de la creación)

creacioon

Ha llegado septiembre, nuevo curso y el día primero ya nos invita en un mensaje el Papa Francisco a una oración universal a todos los cristianos. El lema “escuchar la creación” y cómo símbolo la “zarza ardiendo ante Moisés”, un fuego de vida y de luz que responde a los fuegos destructores que venimos viviendo con una fuerza especial en estos últimos tiempos. En su mensaje universal nos invita a escuchar la doble melodía de la creación, por una parte, la grandeza y la belleza de la misma naturaleza y de lo humano que nos invita a dar gracias y alabar, a sentir y gozar la bondad y la verdad del ser que es generoso y se da en diálogo de comunión entre lo humano y lo natural. Habla él de la espiritualidad ecológica situada en la armonía y en la gracia, haciendo referencias a claves bíblicas teológica de gran calado. Pero también subraya la disfonía del dolor, el miedo y la muerte que está presente en esa misma naturaleza debido a un antropocentrismo despótico, que tiene consecuencias en la naturaleza y que lo sufren más los más pobres de la tierra: “son los más pobres entre nosotros los que gritan”. Ellos son los que más sufren el impacto de las sequías, las inundaciones, los huracanes y las olas de calor, que siguen siendo cada vez más intensos y frecuentes. Especialmente sufren los pueblos nativos, saqueados y expoliados en lo que son sus medios de vida. Ante estos gritos de dolor, el papa no sólo invita a la oración, sino que pide que se refleje en un arrepentimiento y cambio de estilos de vida y de los sistemas perjudiciales, y hace referencias las cumbres próximas de Egipto y Canadá. Aclara que hoy, no se puede ser cristiano sin implicarse de verdad en esta tarea humana, sostiene que esto ha de hacerse en una sensibilización comunitaria, social, que hemos de animar y desarrollar entre nosotros.  El papa tiene claro que es un reto para todos los cristianos del mundo, por exigencia del guion de nuestra fe, y que además comulgamos con las demás religiones en este cuidado de lo creado. Se trata de algo ecuménico, interreligioso, político y humano. Y lo hace desde su silla de ruedas cuando parece agotado, quiere ser voz viva del grito de la creación y especialmente de los más pobres de la tierra.

escucha

Llega el momento de profundizar en este tiempo de la creación, sin demora alguna, con urgencia de peligro, en la petición que dirigimos al Padre como hijos verdaderos cuando deseamos que se haga su voluntad en la tierra. Dicha voluntad nos llama a un modo de relación con la naturaleza bajo la perspectiva del cuidado en la búsqueda del bien ser para un mayor bienestar. La clave fundamental es la del cultivo y la protección (“Cultivar y guardar). Hay una responsabilidad de relación creativa que nos da poder al ser humano, pero no para la manipulación y el sometimiento sino para la realización de un plan y proyecto de salvación, que incluye a todos los seres creados, y para el que se nos pide colaboración. Cada vez urge más la concienciación de que todo está interconectado e interrelacionado, nada de lo natural no es ajeno, sino que formamos parte de ello. Desde el génesis estamos llamados a la comprensión de la naturaleza como parte de nuestro propio ser y ello hasta el punto de que nuestra realidad de pecado, en la libertad pervertida, se convierte en foco de destrucción, degeneración y dolor, tanto de lo natural como de lo humano. La naturaleza forma parte de la humanidad y la humanidad es parte de ella, no tienen orígenes distintos y sus procesos van conectados, unidos. Compartimos esa visión de que el mundo es el cuerpo ensanchado de la humanidad. Además, el Apocalipsis culminando el génesis, nos hace descubrir que también nos une el horizonte de destino, hablándonos de una nueva tierra en la que ya no habrá llanto, ni luto, ni dolor. Mismo origen y proyecto salvador común para un destino de plenitud en la resurrección universal, desde donde comprendemos que ahora estamos en la gestación algo nuevo, que pasa por gritos y que necesita ser escuchada y abrazada.

siembra

La voluntad del Padre nos llama hoy a escuchar, como nos dice el tiempo de la creación, el grito actual de una naturaleza que sufre y que tiene consecuencias vivas sobre todos los hombres especialmente sobre los más pobres de la tierra. Hemos de concienciarnos y concienciar para que se tomen medidas serias en ámbitos generales de política, economía, cultura, pero también hemos de escuchar el grito que nos invita al compromiso personal y comunitario, sabiendo que el reto es urgente y que no podemos tomarlo como una anécdota sino como algo esencial. Se cristiano hoy supone escuchar las causas y las consecuencias del mal de la naturaleza y responder con estilos de vida: educación, consumo, compromiso personal y familiar, escolar, social  y eclesial –todo unido- que de verdad responda a una moral evangélica que entiende el padre nuestro en la claves de una paternidad del creador, donde nada le es indiferente, porque todo lo creado es amado por él y cumple su función en este proyecto que lo es de naturaleza, de humanidad y claramente apunta a la salvación. Por eso rezamos, ante la zarza ardiendo, para pedir que sea el fuego de la liberación y de la vida, no el que destruye y quema, el que arda en nuestro corazón y mueva nuestros sentimientos de hogar común. Hoy comienza esa oración intensa y se nos propone un tiempo sacramental largo, hasta el cuatro de octubre, para reflexionar, meditar, concienciar y cambiar. Ojalá nos tomemos en serio lo que pedimos en cada oración del Padre nuestro: ·Hágase tu voluntad en la tierra…en esta tierra que está gritando con dolores y que espera que lo sean de parto y de nueva creación y no destrucción. Por el apocalipsis de la vida nueva y de la luz vamos a movernos en el cuidado de nuestra casa común. Que nuestras celebraciones, símbolos, catequesis, reflexiones, sepan priorizarlo y no hagamos oídos sordos a este grito de la creación que nos expresa la voluntad del Padre en la tierra.

Lección de muerte y vida. Yo discípulo y aprendiz

En el ámbito parroquial en este último mes de Agosto he acompañado en algunos momentos el proceso de despedida de una mujer de la comunidad parroquial, Felisa, madre de Rocío y esposa de Gabriel. Una vez más Dios se me ha revelado como el Dios de la vida en la muerte. He podido compartirlo en ámbitos seculares como el periódico regional. Ahora aquí comparto con vosotros reflexiones y oraciones de un cura ante la despida de la vida de una mujer fuerte en la fe y amante de la vida.

La ventana de la 215 y su LUZ

ventana

En vacaciones he tenido presente –cuaderno de vida- a algunas personas por su situación personal: inmigrantes, adictos, enfermos, ancianidad… En especial a Felisa. En los últimos días me llegaba este wasap enviado desde su habitación en el hospital: “Buenos días Pepe ¡Q bonita música y qué bonitos tus vídeos, me alegra que hayas disfrutado de tus vacaciones! Yo voy empeorando, de las operaciones más o menos, pero la enfermedad va progresando y me han vuelto a ingresar para que el martes me valoren los oncólogos, el dolor es prácticamente insoportable, pero sigo luchando y teniendo fe, necesito mucha fuerza. Un abrazo.” Desde que lo recibí necesitaba encontrarme con ella. Llegué y me informó de que estaba en el hospital universitario, habitación 215 y que podía visitarla, que le gustaría. Llegué en mal momento, lo estaba pasando mal. Me senté a su lado, pude observar su resistencia y la ayuda cuidada de su esposo Gabriel. Esperé que amainara la tempestad y vino la calma, la impuso ella. Comenzó la conversación profunda y entrañable, como suele ser siempre en ella, no muchas palabras, pero directas y profundas. Recuerdo que la conocí por motivo de su pequeña Rocío. Vino con ella a la celebración de nuestras eucaristías y un día quiso hablar conmigo para darse a conocer y hablarme de su hija que se encontraba muy a gusto en nuestras celebraciones y que a ella también le ayudaban. Al poco compartió que le tocaba luchar con un cáncer que venía con muy mal pronóstico pero que ella iba a luchar a fondo y que contaba con la fe para ir viviendo este proceso. Operación laboriosa en Madrid, con resultados que parecían positivos, y a seguir luchando con quimio y dificultades. Ahora en veinte días todo ha dado la vuelta y van a ensayar un nuevo tratamiento para intentar parar lo que ya se presenta como metástasis. Ella es farmacéutica y va siguiendo todo el proceso con paz y lucha fuerte. Me comenta que no le dicen nada pero que entiende que, si no va este tratamiento, poco se puede hacer ya. Y comienza su lección de vida profunda y su reflexión en la radicalidad de lo último: Pepe, siempre he luchado. Mi padre me enseñó a mí y a todos mis hermanos (8) a valernos por nosotros mismos y luchar con fortaleza, todo lo que pudiera hacer yo no tenía que hacérmelo nadie y esa forma de ser me ha caracterizado y ayudado en toda mi vida. Ahora me toca vivir con fortaleza este momento y aquí estoy. Me ha tocado y tengo que aceptarlo, no tengo miedo, he vivido y estoy agradecida a la vida, si me tengo que ir me voy. Pero tengo a mi hija Rocío y no quiero dejarla todavía, quiero estar más tiempo con ella, aunque la he enseñado a ser fuerte en su debilidad. Hasta estoy dispuesta a hacerle “chantaje” a Dios para que me deje estar en su celebración de la primera comunión, le doy lo que quiera y se sonríe. Me mira muy fijamente y yo a ella, es una mirada de fe profunda, de expresión radical de vida y esperanza, de lucha y fuerza. Nos cogemos de la mano y yo suspiro, ella es la que conforta. Me confiesa el valor de la vida y de cada momento, me habla del valor de la fe en estos momentos, me siento unido a ella y siento que soy aprendiz incipiente de su fortaleza. Salgo al pasillo y me abrazo con Gabriel su esposo, los dos están viviendo este proceso, cumpliendo “en la salud y en la enfermedad”, Rocío esta con su familia en Andalucía, y envía fotos alegres en la piscina que su madre pone en su perfil. Seguimos rezando en red y sin querer olvidar a los que viven en el dolor. Dale fuerza.

El padre nuestro y la cruz

(Desde el corazón de Felisa y Rocío)

familia

Visitaba recientemente a Felisa en la habitación del hospital donde se debate luchando por la vida, con un tratamiento último. Al entrar en la sala, la saludo y me recibe con agrado y enseguida me habla de su dolor, de su cansancio angustioso, de la mala noche, de los últimos días, del fin de semana sin atención directa del oncólogo y el cirujano… le hablo de su calvario y se abre en cruz con su brazos bien rectos y firmes, ahora más delgados porque lleva días sin tomar alimento, y me sonríe haciendo esa imagen de crucificado. En la conversación directa y profunda, contemplo y escucho, a la vez que puedo acariciar su pies descalzos y desnudos que guardan finura y belleza. Hablamos de muchas cosas y cómo no de su hija Rocío. Todos los días la llama, necesita hablar con ella. La niña en su infancia y sencilla ignorancia le habla, pero si está jugando o tiene algo atractivo que realizar con sus primas, intenta cortar con rapidez. La madre le pide que le hable, que le cuente cosas, ella expresa que no sabe que más contarle y Felisa le pide que le cuente todo lo que hace, sea lo que sea, quiere saberlo, necesita sentirlo, porque ahí es donde más viva se descubre en medio de esta debilidad y donde más fuerza encuentra para seguir entregándose por ella y por la vida en esta lucha fuerte con su enfermedad. Tras la visita y conversación con ella y su marido Gabriel, salgo camino de Ávila donde vengo a unos días de retiro organizados por los sacerdotes del prado para esta semana. La clave de contemplación es muy interesante para mí: “Vivir y proponer la fe a los pobres, desde la fraternidad apostólica”. Me viene como anillo al dedo para lo que voy reflexionando en mi vida personal y ministerial.

En el proceso de oración que nos propone el acompañante Paco, cura de Mondragón, hoy nos ha situado ante la oración de Jesús con sus discípulos, profundizando en el Padre nuestro como oración de la fraternidad apostólica. Por la tarde nos ha adentrado en el misterio de esa misma fraternidad en el camino a Jerusalén y en la pasión de Jesús de Nazaret. Dos temas de calado profundo y permanente que siempre nos llaman a conversión a los sacerdotes. A la hora de contemplar los textos bíblicos y las consideraciones se viene a mi mente la figura y conversación de Felisa y su hija Rocío como claves hermenéuticas vivas y últimas. Entiendo como Jesús propone a los apóstoles una forma de orar nueva e inaudita, se trata de ponerse delante del Padre sabiendo, que, aunque no nos lo podamos explicar, es El quien desea profundamente saber lo que hacemos, lo que nos pasa, y desea saberlo con nuestras propias palabras, con nuestras emociones, sean las que sean y se repitan como se repitan. El corazón y las entrañas de este Dios quieren sentir mi voz, mis pulsaciones, mis miedos, mis alegrías, mis esperanzas, mis cansancios, mis conflictos… nada mío le es indiferente. Quiere que yo pueda llegar a sentir cómo le intereso y cómo vive por mí, lucha por mí, está dispuesto a servirme y a facilitarme lo que me pueda hacer feliz de verdad.

Él quiere, como Felisa para Rocío, hacerme fuerte y desea estar a mi lado, sentirme y que yo lo sienta. Me doy cuenta que el padrenuestro no es un rito, no es una oración de memoria o repetida, es la clave de una relación filial y confiada, amorosa y entregada, llena de confianza y cubierta de voluntad salvífica, pan fraterno, comunidad del perdón, liberación de los males, apertura al futuro y a la esperanza, y eso desde la misma tierra y la propia historia. Pero si la conversación entre madre e hija me daba claves para comprender la oración con Dios, impresionante me parece la clave de sus brazos abiertos en cruz en la cama del hospital para comprender el camino de la pasión hacia el calvario, en la tensión de vida y la muerte, en la tristeza de la posibilidad del morir, en la dejación de toda la confianza en el corazón de un Dios de la vida, cuando se ven señales de muerte que agotan.

 Recuerdo su confesión viva: “No quiero morir Pepe, quiero vivir, tengo mucho que hacer, acompañar…sé que hay millones de personas que están en el calvario del hambre, de la guerra, del sufrimiento… que también me puede tocar a mí, pero hay una fuerza interior que me hace luchar denodadamente por vivir. Si Dios me lleva lo acepto y me entrego, pero mi voluntad ahora mismo es la necesidad de seguir luchando. A veces, siento la tentación de abandonar, pero no puedo, el amor me fuerza a seguir luchando y estaré así hasta el momento último, hasta expiración si llega. Me moriré luchando, amando. Estoy rezando, yo sé que pido un milagro y lo pido, no puedo no pedirlo. Ya estoy agotada y me faltan fuerzas para rezar, pero estoy poniendo a todo el mundo a pedirlo.  Me acuerdo de Jesús y su oración en el huerto, que pase de mí este cáliz…y cómo les pedía a sus discípulos amigos que oraran con él y por él.

Desde ella y su vivencia, su testimonio, entro en mi vida ministerial hoy, en el momento que vivo y lo que me planteo y me reviso en mi ser orante, cómo oro ante Dios, así como la llamada a caminar con Cristo en su proceso de pasión por la humanidad, en su entrega por amor hasta el último suspiro de expiración, para entregar el espíritu.  Deseo orar, respirar en el Padre, vivir en él y contarle todo para escuchar su Palabra de un modo nuevo y mostrarme disponible para lo que él quiera, no tendría culminación mejor el ejercicio de mi ministerio. Sólo desde ahí tendré la fuerza para adentrarme en la pasión que nos despoja para entregarnos a los hermanos, dando vida, compartiendo todo, siendo pan para los demás, especialmente para los que más sufren y nos necesitan. Es todo un misterio, pero si Felisa lo está viviendo de esta manera y yo lo estoy viendo tan claro en ella, seguro que ahí está la revelación de lo que Dios quiere en estos momentos. Me impresiona el amor de Dios en el amor y la lucha de Felisa. Se lo decía antes de venirme, te admiro, estoy aprendiendo de ti, lo estás viviendo de un modo único, eres ejemplar, te quiero.

Yo también quiero un milagro

milagro

El Domingo en la columna que clausuraba mi participación veraniega en el diario Hoy, que he titulado cuaderno de vida, eras tú Felisa la protagonista. Allí hablaba yo de mi último encuentro contigo, de un padrenuestro inolvidable, y de tu conversación profunda y espiritual, en la que aceptabas la realidad de un diagnóstico que ya se presentía sin escapatoria, pero te resistías a no querer vivir y pedías un milagro. Muchos hemos estado en cadena contigo, frente a la radicalidad de naturaleza, deseando el milagro que la mejorara y te diera la prorroga que tú suplicabas. No tenías fuerza para orar y nos pedías a muchos que lo hiciéramos por ti. El misterio de la vida ha marcado tu partida para hoy mismo, fulminante. Pero has luchado hasta la expiración total amando la vida y agarrándote a todos los que amabas. Y ahora somos nosotros, los que deseamos el milagro. Hoy me pongo ante ti y ante tu vida, ante tu proceso vital y ante la vivencia de tu enfermedad, ante las conversaciones directas y profundas de tu interior elaborado, y deseo que seas tú la que ores ante el Dios de la vida, para que seamos capaces de descubrirte y sentirte viva y resucitada más allá de tu muerte. Necesitamos el milagro de poder meter nuestros dedos en las heridas de tus manos, esas con las que un día decidiste unirte para siempre a Gabriel como esposo y que el último día con sonrisa me decías que lo amabas de verdad cuando yo te preguntaba por él. Me urge poder adentrar mis manos en ese costado tuyo abierto que tiene tatuado eternamente el nombre de Rocío, tu hija querida del alma, por la que dabas hasta tu muerte, para que fuera fuerte y alegre, para que tuviera vida. Necesito sentir que ahora está protegida y bendecida por ti con fuerza de eternidad y alas de libertad, para poder levantarse cuando se caiga, como ocurrió en la última marcha solidaria en la que la acompañaste y me admiró como le decías que tenía que levantarse sola cuando cayó por un fallo en el acerado.

homilia

Y quiero verte reflejada y resucitada, alegre, en la niña de los ojos de tu madre, en las lágrimas de tus hermanos, en el orgullo de tu familia querida, que tuviste que dejar en Andalucía para venirte a vivir y formar tu familia en Extremadura.  Me asegurabas que no tenías miedo a la muerte y que la aceptabas, que sabías que la realidad es débil y muy dura para millones de personas, aunque tenías un dolor grande por tener que partir. Pero si era la voluntad del creador te ponías en sus manos. Yo hoy pido el milagro de saber verte resucitada y sentir que voy a tener tu fuerza, esa en la que fuiste educada en tu seno familiar, para vivir lo que me toque en el dolor de la debilidad. Rocío será tu herencia y tu joya para todos nosotros, gracias y VIDA.

El padre nuestro en la cruz

Antes de salir para Ávila para estar unos días de retiro esta semana, pude visitar a Felisa en el hospital que está en un momento muy delicado, luchando por la vida, en situación de dolor y de cruz. Allí recé uno de los padrenuestros más sentidos de mi existencia -alguno más he vivido en situaciones similares- con ella, su esposo Gabriel, otra compañera enferma y su acompañante. La solemnidad de la oración en ese espacio de calvario está de fondo en la contemplación que hoy se nos proponía sobre la oración y la cruz.

El padre nuestro y la cruz

orar

(Desde el corazón de Felisa y Rocío)

cruz

Visitaba recientemente a Felisa en la habitación del hospital donde se debate luchando por la vida, con un tratamiento último. Al entrar en la sala, la saludo y me recibe con agrado y enseguida me habla de su dolor, de su cansancio angustioso, de la mala noche, de los últimos días, del fin de semana sin atención directa del oncólogo y el cirujano… le hablo de su calvario y se abre en cruz con su brazos bien rectos y firmes, ahora más delgados porque lleva días sin tomar alimento, y me sonríe haciendo esa imagen de crucificado. En la conversación directa y profunda, contemplo y escucho, a la vez que puedo acariciar su pies descalzos y desnudos que guardan finura y belleza. Hablamos de muchas cosas y cómo no de su hija Rocío. Todos los días la llama, necesita hablar con ella. La niña en su infancia y sencilla ignorancia le habla, pero si está jugando o tiene algo atractivo que realizar con sus primas, intenta cortar con rapidez. La madre le pide que le hable, que le cuente cosas, ella expresa que no sabe que más contarle y Felisa le pide que le cuente todo lo que hace, sea lo que sea, quiere saberlo, necesita sentirlo, porque ahí es donde más viva se descubre en medio de esta debilidad y donde más fuerza encuentra para seguir entregándose por ella y por la vida en esta lucha fuerte con su enfermedad. Tras la visita y conversación con ella y su marido Gabriel, salgo camino de Ávila donde vengo a unos días de retiro organizados por los sacerdotes del prado para esta semana. La clave de contemplación es muy interesante para mí: “Vivir y proponer la fe a los pobres, desde la fraternidad apostólica”. Me viene como anillo al dedo para lo que voy reflexionando en mi vida personal y ministerial.

padre

En el proceso de oración que nos propone el acompañante Paco, cura de Mondragón, hoy nos ha situado ante la oración de Jesús con sus discípulos, profundizando en el Padre nuestro como oración de la fraternidad apostólica. Por la tarde nos ha adentrado en el misterio de esa misma fraternidad en el camino a Jerusalén y en la pasión de Jesús de Nazaret. Dos temas de calado profundo y permanente que siempre nos llaman a conversión a los sacerdotes. A la hora de contemplar los textos bíblicos y las consideraciones se viene a mi mente la figura y conversación de Felisa y su hija Rocío como claves hermenéuticas vivas y últimas. Entiendo como Jesús propone a los apóstoles una forma de orar nueva e inaudita, se trata de ponerse delante del Padre sabiendo, que, aunque no nos lo podamos explicar, es El quien desea profundamente saber lo que hacemos, lo que nos pasa, y desea saberlo con nuestras propias palabras, con nuestras emociones, sean las que sean y se repitan como se repitan. El corazón y las entrañas de este Dios quieren sentir mi voz, mis pulsaciones, mis miedos, mis alegrías, mis esperanzas, mis cansancios, mis conflictos… nada mío le es indiferente. Quiere que yo pueda llegar a sentir cómo le intereso y cómo vive por mí, lucha por mí, está dispuesto a servirme y a facilitarme lo que me pueda hacer feliz de verdad.

Él quiere, como Felisa para Rocío, hacerme fuerte y desea estar a mi lado, sentirme y que yo lo sienta. Me doy cuenta que el padrenuestro no es un rito, no es una oración de memoria o repetida, es la clave de una relación filial y confiada, amorosa y entregada, llena de confianza y cubierta de voluntad salvífica, pan fraterno, comunidad del perdón, liberación de los males, apertura al futuro y a la esperanza, y eso desde la misma tierra y la propia historia. Pero si la conversación entre madre e hija me daba claves para comprender la oración con Dios, impresionante me parece la clave de sus brazos abiertos en cruz en la cama del hospital para comprender el camino de la pasión hacia el calvario, en la tensión de vida y la muerte, en la tristeza de la posibilidad del morir, en la dejación de toda la confianza en el corazón de un Dios de la vida, cuando se ven señales de muerte que agotan.

 Recuerdo su confesión viva: “No quiero morir Pepe, quiero vivir, tengo mucho que hacer, acompañar…sé que hay millones de personas que están en el calvario del hambre, de la guerra, del sufrimiento… que también me puede tocar a mí, pero hay una fuerza interior que me hace luchar denodadamente por vivir. Si Dios me lleva lo acepto y me entrego, pero mi voluntad ahora mismo es la necesidad de seguir luchando. A veces, siento la tentación de abandonar, pero no puedo, el amor me fuerza a seguir luchando y estaré así hasta el momento último, hasta expiración si llega. Me moriré luchando, amando. Estoy rezando, yo sé que pido un milagro y lo pido, no puedo no pedirlo. Ya estoy agotada y me faltan fuerzas para rezar, pero estoy poniendo a todo el mundo a pedirlo.  Me acuerdo de Jesús y su oración en el huerto, que pase de mí este cáliz…y cómo les pedía a sus discípulos amigos que oraran con él y por él.

Desde ella y su vivencia, su testimonio, entro en mi vida ministerial hoy, en el momento que vivo y lo que me planteo y me reviso en mi ser orante, cómo oro ante Dios, así como la llamada a caminar con Cristo en su proceso de pasión por la humanidad, en su entrega por amor hasta el último suspiro de expiración, para entregar el espíritu.  Deseo orar, respirar en el Padre, vivir en él y contarle todo para escuchar su Palabra de un modo nuevo y mostrarme disponible para lo que él quiera, no tendría culminación mejor el ejercicio de mi ministerio. Sólo desde ahí tendré la fuerza para adentrarme en la pasión que nos despoja para entregarnos a los hermanos, dando vida, compartiendo todo, siendo pan para los demás, especialmente para los que más sufren y nos necesitan. Es todo un misterio, pero si Felisa lo está viviendo de esta manera y yo lo estoy viendo tan claro en ella, seguro que ahí está la revelación de lo que Dios quiere en estos momentos. Me impresiona el amor de Dios en el amor y la lucha de Felisa. Se lo decía antes de venirme, te admiro, estoy aprendiendo de ti, lo estás viviendo de un modo único, eres ejemplar, te quiero.

Si te quieres unir a la oración:

Padre Nuestro

Las playas de lo humano…

Las playas como lugares de relación y encuentro con claves de lo humano y el  cuidado.

Chipiona, la playa y el cardenal

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Agosto vuelve a hacer posible la estancia en este lugar tan grandioso como sencillo, en el santuario de Regla. Me encantan las playas a las que suelen ir la gente de Extremadura, Andalucía, y de otros lugares de España. Este año he estado con mi familia unos días en Punta Umbría, ahora estoy en Chipiona. Conozco también la Antilla, el rompido… Seguro que se pueden sumar muchas otras. Me diréis que qué tienen de especial estas playas y que porqué las ensalzo, intento explicarlo. Hoy al salir a la orilla, tras un baño relajante, me encuentro con el cardenal Ayuso que iba entrando a darse un remojón, como cualquier cristiano – o musulmán me diría él, que para eso es prefecto del dicasterio para el diálogo interreligioso en el Vaticano-. Su comentario, al encontrarnos y decirle que el agua estaba buenísima, fue este: “Aquí todo está fenomenal, todo está en su sitio y hay de todo”.

Me explicaba como por su ministerio viaja por todo el mundo, conoce realidades muy distintas y diversas, y aquí en esta realidad, esta pequeña playa él contempla lo que llamaría un microcosmos. Él observa todo: las limpiadoras, cocineras, los frailes del convento, el albañil, el vendedor de los camarones, los de la cruz roja, familias completas repleta de niños, abuelos, padres, las personas  con limitaciones de movilidad,  algún joven, religiosas, cuidadores de la playa, protección civil, hasta el de los helados y las bebidas fresca que pasa por la arena con dificultad y lleva algo refrescante a los ciudadanos en sus sombrillas, incluido el de los cupones que va gritando: “yo sé que no va a tocar, pero y si toca, qué coraje te va a dar…”. Reflexiono y me pregunto qué es lo que hace de estos lugares ese microcosmos saludable del que habla el cardenal. Considero cuatro calificativos oportunos: saludables, familiares, inclusivas, asequibles y fraternales.

Playas de salud: muchas de las personas que están por aquí lo hacen por razones de salud, la riqueza del yodo, las aguas, la luz de esta playa hacen que sea única para recuperarse y ser recomendada por los profesionales de la salud. Eso hace que descubras a muchas personas que se les ve que vienen a cuidar su cuerpo, a pasear por la playa, así ves personas de todos los tipos y cuerpos de todas la medidas y situaciones. Tal como es la realidad.

Playas de la familia: Es impresionante, ver a las familias completas, así tal como suena. Me encanta ver a los abuelos en el centro, a los padres organizando las sombrillas al llegar, a los jóvenes corriendo y jugando deportivamente, a los niños recreándose en la orilla, con la arena. Una armonía familiar que celebra la vida y que lo hace con lo extraordinario del descanso de dedicarse todo el tiempo todos a todos.

Playas de la inclusión: El santuario está cerca de una entrada accesible para los que tienen alguna discapacidad. Ahí son privilegiados los paralíticos, los ciegos, todos los que tienen alguna limitación, pero lo son rodeados de los suyos.

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Playas asequibles: Me admira que te puedes tomar un café con leche y una buena tostada por el mismo precio que en mi barrio sencillo de Badajoz, que tienes lugares de menú al alcance de cualquiera, que ves las neveras repletas de cosas apetecibles y sencillas en medio de las familias.

Playas de la fraternidad:  La familiaridad la encuentras al comprarte las chanclas, al desayunar los churros, al poner la sombrilla y entrar en conversación con el de al lado, al comerte la sardina asada, en la conversación con el que pesca… y cómo no, en la vivencia de lo religioso en este santuario de Regla, que se convierte en corazón de interioridad habitada, más allá del bullicio y del jaleo.

José Moreno Losada

El abuelo Quico y el nieto Alvaro: una relación sacramental

La generación de los nonagenarios aun no han sido suficientemente reconocidos. Es como una historia olvidada, y los jóvenes muchas veces están muy lejos de esta memoria histórica. La generación intermedia, la de los sesenta, no hemos sabido transmitir la herencia y el legado que nuestro mayores, nuestras madres y padres, nos han dado en gratuidad total, desde el sacrificio y la entrega, viviendo de cara a nuestro futuro para que no se rompiera nuestra esperanza. A veces hay gestos que sobrepasan eses muro de separación y se convierte en castillo de luz y de esperanza, construidos no en el aire sino en la profundidad del nosotros. Aquí os ofrezco uno de ellos. Sacado de mi pequeño cuaderno de vida y acompañamiento.

“Sol y sombra”, el libro de Quico

quico

En mi pueblo, Granja de Torrehermosa, me conocen como el hijo de Dolores de Villagarcía (de la torre). El nombre de mi madre es en honor a la patrona de dicho pueblo y nuestra vinculación con él y sus tradiciones de todo tipo, especialmente religiosas y familiares, ha sido fuerte. Por eso siempre que me encuentro con alguien de allí lo siento como cercano y propio. Eso me ocurrió en la parroquia en Badajoz, allí conocí a la familia de Diego Mota y su esposa Maricarmen. Y de eso quiero hablar, porque hace tiempo que tengo anotado en mi cuaderno de vida la relación de “Quico y Álvaro”. Quico es el abuelo que en su última etapa de vida está siendo parroquiano nuestro junto a su esposa Quisca, ya mayores se vinieron al calor de sus dos hijas, eso ha hecho que estemos cercanos. Siempre me ha sorprendido la sensatez, filosofía de vida y discreción de este hombre. Hasta el detalle de regalarme una botella de coñac de más de cincuenta años, de su bar del pueblo, que como él decía había vista muchos tragos de mis tíos abuelos, que a alguno bien que le gustaba. Es un hombre de vida proyectada, que cuando le oyes hablar de su historia vivida junto a los suyos y al proceso de su historia personal y del pueblo te ilumina la sabiduría de lo sencillo.

Alvaro

Su nieto Álvaro es un joven singular, de los que se toman la vida a pulso y quieren vivir a fondo todo. En su formación intelectual ha cuidado todo, la literatura, el pensamiento, le gusta el cine, la poesía y se ha dedicado fundamentalmente a la música, el piano. Realizó los estudios de piano en Badajoz y ha terminado Clave en Madrid, donde ahora es becario investigador en la complutense. Todo lo ha hecho desde el cuidado de su propia persona y poniendo como centro de su vida a los otros. En este sentido me encanta la relación que tiene con su abuelo, la forma de acoger su vida y su historia y de darle valor. Es una relación de admiración y de agradecimiento sacramental, le va la vida en que su abuelo se sienta sujeto querido y valorado, y hace todo lo posible para que lo sienta así en esta etapa última.

presentacion

Y así ha ocurrido recientemente, que ha tenido lugar la presentación del libro Sol y sombra. Quico Medina, una celebración de la vida (1931-2021) en su pueblo natal. Recoge las vivencias personales de Quico y de sus contemporáneos teniendo como telón de fondo las distintas dedicaciones que ha tenido a lo largo de sus noventaiún años de vida: las faenas del campo, el servicio militar, el trabajo tras la barra del bar y los materiales de construcción. Durante la presentación, que contó con más de cien asistentes en el patio de armas del castillo, su nieto interpretó piezas musicales que evocaban los pasos de la vida de los nonagenarios. Se trata de un libro de vida, con edición familiar en el que se empeñó el nieto que conocía los escritos del abuelo. Pronto verá la luz en una edición mayor por la diputación a petición del ayuntamiento de Villagarcía. Álvaro, junto a su padre, han sido los animadores para este sacramento vital de puño y letra de Quico, escrito con sangre de vida y luz, también de dolor y lucha, de inquietud social, se haya realizado. La conclusión del libro según su autor es “noventa años no es nada” y yo puedo apostillar, claro “Quico, porque se ha vivido todo”. Nuestra sociedad tiene una deuda pendiente con esta generación de lucha y dolor, de amor profundo a la vida. Este libro, un sacramento de esa sangre que ultima el paso de estos gigantes. Gracias Quico por tu obra, un libro de vida.

José Moreno Losada.

Esposa y buena samaritana: proximidad y cuidado

Celebrar en la residencia de mayores y de personas que necesitan de muchos cuidados tiene un sentido especial. Así lo vivo yo cada domingo y me dejo sorprender por lo que Dios me va revelando cariñosamente a través de ellos y sus vidas abiertas y compartidas.

Hoy María Rosa me ha sorprendido en la eucaristía…
Acababamos de proclamar la bella página del evangelio con el relato del buen samaritano ante la pregunta interesada sobre quién es el prójimo a quién tenemos que querer como a nosotros mismos. Estuvimos reflexionando sobre las claves teológicas fundamentales marcadas por Jesús en el relato al poner en primer nivel la “proximidad” y el “cuidado”. Me había atrevido a poner ejemplos concretos dentro de nuestra pequeña y pobre comunidad de la residencia de mayores de la granadilla que estábamos allí celebrando la eucaristía. Hice alusión a Marina y su hermana María de los Ángeles, a residentes que se había hecho amigos de verdad en esta etapa vital aunque antes eran totalmente indiferentes en la calle uno del otro en el mismo barrio, a matrimonios de toda la vida que están allí y a otros que se han iniciado como pareja en este contexto. También me inspiré en Maria Rosa, la conozco hace unos años, cuando ingresó José como dependiente total en nuestra residencia, matrimonio muy joven  para la media de los residentes. Siempre han venido a la celebración de la Misa y me encanta cómo participan, él desde su limitación fuerte y ella con la frescura y el cariño de una ternura y una compasión incomparable. Hacía tiempo que no venían por motivos de pandemia, ahora han vuelto hace unos meses. Y hoy, cuando habían recibido con mucha unción la sagrada comunión, ella que había proclamado la segunda lectura, al faltar Gloria, se acercó con un papel en la mano y me dijo:”tengo esta oración poema que me gustaría mucho que se leyera para todos porque a mí me ha ayudado mucho en mi vida y en la enfermedad de mi marido…”  Abrí el folio enrollado y al ver el poema místico de que se trataba le pedí que lo leyera ella en alto para la asamblea como signo de lo que vive junto a José, su esposo, en esta etapa de su matrimonio y en esta dedicación total a él. Me pareció una bella imagen plástica de la parabola viva en el día de hoy, en nuestra asamblea pobre de la comunidad de mayores de esta residencia pública. Todos nos emocionamos al escuchar sabiendo de quien se trataba y de lo que significaba para ellos. Su esposo que no puede apenas moverse, apretaba sus manos como signo de aplauso y la miraba fijamente con la ternura y la misericordia del Dios samaritano. Entre ellos no hay otra cosa que proximidad y cuidado, evangelio puro…escuchadlo.

Cuaderno de vida: para no silenciar la muerte

Cuaderno de vida

“ Para no silenciar la muerte”

Me motiva poder compartir desde este balcón semanal notas de un cuaderno de vida como es el mío. Os puedo confesar que mi riqueza más grande no es lo que poseo, ni lo académico, o lo que me pueda rodear de reconocimiento de los otros por el ejercicio de mi ministerio, aunque nada desprecio. Lo que más amo es la capacidad de poder entrar con mi cuaderno de discípulo en la escuela de la vida y dejarme interpelar y seducir por ella. La vida que te llega y te sorprende tocándote por dentro y descubriéndote los tesoros y las perlas que se esconden en el campo de tu historia y en el fondo de todo lo que te rodea. Le debo esta mirada a maestros del espíritu, personas muy sencillas que saben ver la vida en lo profundo de la mayor compasión. Seres encarnados en la calle y en la historia, de a diario que proclaman la profundidad del detalle y de lo cotidiano, los que me han enseñado a ver lo que no se ve, como hizo el Jesús del evangelio con los discípulos.

El nombre y la metodología del cuaderno de vida me lo sirvieron en movimientos de acción católica especializada y la educación humanística y evangélica del seminario. No se trata de un diario que relate emociones, ni de una crónica que dé cuenta de lo acontecido, ni siquiera de análisis de tipo social, económico o psicológico. Se trata de algo más interior y de trascendencia, que ayuda a traspasar lo epidérmico para adentrarse en la savia profunda de lo que acontece en la realidad, cuando el corazón ve lo invisible de la vida que se revela para ser luz y llenar la existencia de verdad, de sentido, y lo hace desde el detalle que puede pasar más desapercibido a la generalidad. Y para que no quede en pura teoría os introduzco un pequeño hecho de vida de gran trascendencia, anotado en mi cuaderno hace poco.

Presidía un tribunal de trabajo fin de grado en la facultad de educación, una de las alumnas de educación infantil presentó su trabajo sobre un tema que llamaba la atención, se trataba de la educación sobre la muerte a niños de esas edades tan tempranas, lo llamaba “Cuando termina la vida”. El trabajo merecía ser leído por la profundidad y sistematicidad del mismo, era un trabajo serio. Le pregunté la razón del tema elegido, sabiendo que era de difícil desarrollo. Su respuesta fue: “en las prácticas del último curso, había en el aula una niña de cuatro años que había perdido a su madre, eso me impactó y sentí la necesidad de saber cómo debería actuar como docente comprometida con esa situación de esa niña y ante los demás con este tema tan importante y olvidado”. Ahí tenemos un hecho, en el cuaderno vital de esta alumna, que propició la vida y el compromiso de su ser estudiante. ¿Se entiende?

Ella lo “vio”, contempló la realidad no desde la lástima, sino desde la interpelación a su profesión, su pregunta era cómo ser maestra en aquella situación, había que actuar, prepararse para ello. Había un motivo para estudiar y para hacer de este trabajo algo querido y amado, desde la afectación por una niña a la que tenía que servir con su formación. Ahí está el bien interno de una profesión, aquello que el otro necesita de mi servicio, para eso hay que saber ver y dejarse afectar. Yo me quedé con la anotación y en estas reflexiones vitales ando.

Un Dios a trozos y aparentemente destrozado (Corpus Christi)

Corpus Christi: Un Dios que se da partido, a trozos.

Llamados a ser en común. La Eucaristía nos alimenta y nos empuja para construir y animar nuestra comunidad cristiana. No hay Eucaristía sin comunidad, ni comunidad cristiana si no es eucarística. La comunidad es el espacio donde creemos que podemos acompañar y ser acompañados, generar presencia, anuncio, denuncia y otro estilo de vida. En el detalle pequeño y oculto se despliega la fuerza radical del resucitado que se hace presencia real y oculta más allá de lo que tú comtemplas

Queremos crear, desde el amor de Cristo que se nos da como pan, espacios liberados donde el que sufre, encuentra consuelo; donde el sediento, encuentra fuentes de vida y ánimo para saciarse y seguir caminando; donde el que necesita cuidado, acogida y cariño, encuentra la cercanía del otro que le dignifica y le reconoce en su dignidad de humano y de hijo de Dios. La dimensión socio caritativa de nuestra fe y de nuestras comunidades, alimentada eucarísticamente, ha de ser priorizada en nuestras parroquias, asociaciones, movimientos, congregaciones, en toda la Iglesia. Cáritas es un instrumento de concienciación y animación en este sentido, que nos invita a construir la casa de todos.

 Desde la comunidad cristiana, sabiendo que gente pequeña con cosas pequeñas y en pequeños lugares, vamos transformando como levadura y sal el mundo. El horizonte eucarístico de la Iglesia está claro: habitados y alimentados por la presencia real de Cristo en la Eucaristía, estamos llamados a ser eucarísticos, a ser pan partido y comido por los hermanos, especialmente por los que tienen hambre y sed de justicia. Así seremos los cristianos, prolongación de esta presencia real eucarística en medio del mundo, entre los hermanos, y seguiremos caminando hacia la Vida Eterna.

Correos de sacramentalidad y presencia real

ordenador

Así lo siento hoy al recibir un correo electrónico en mi dirección de la universidad:

“Soy …, alumna de doctorado de la facultad y ocasionalmente profesora sustituta en el departamento… Pero le conozco por otro motivo. Tuve el placer de conocerle cuando ofició el funeral de mi hermana. Tengo un agradable recuerdo de esa misa. Consiguió que el momento más doloroso de mi vida fuera bonito y mi hermana tuviera la despedida que se merecía, algo que alivió en gran medida nuestro dolor y que le agradeceremos siempre. Para que recuerde de quién se trata, le paso las bellas palabras que escribió en el periódico sobre ella… En esta ocasión le escribo porque el próximo año me gustaría casarme y desde el entierro de mi hermana supe que, llegado el momento, le pediría a usted si podría oficiar la boda. Para mí es importante porque creo que mi hermana estaría de alguna manera presente ese día con nosotros si usted oficiara la misa, pero también porque creo que tiene una sensibilidad especial para recoger el sentir de las personas a las que acompaña. A nosotras, en un ratito, supo conocernos bien. Por estos motivos, a mi pareja, Ángel, y a mí nos alegraría enormemente que pudiera estar con nosotros ese día.”

Repaso aquella nota del cuaderno de vida, ante la celebración del Corpus próximamente, y veo que es la mística del Dios troceado que hace pan de gloria y vida donde muchos sólo ven límites y exclusión… la presencia real de Cristo.

Un regalo divino y una madre “héroe”

madre

Me comunica el compañero de la parroquia que ha fallecido una persona de nuestra demarcación parroquial, que si puedo realizar su funeral el miércoles en la mañana. Me dice que es una chica de treinta y dos años, pero que no tenemos más referencias. Me paso hoy por el tanatorio, a última hora de la noche antes de regresar a casa, para conectar con la familia y situarme de cara al funeral que voy a celebrar mañana para orar por esta persona fallecida, junto a su familia y conocidos.

Al llegar me saludan conocidos de la parroquia que van a dar su sentido pésame a la familia y ya me dan pormenores interesantes de la situación. Alicia, la fallecida, tenía treinta y dos años y ha sufrido parálisis desde su nacimiento, siendo dependiente total. Su madre quedó viuda cuando ella tenía ocho años y otra hermana, Sara, cinco. Ha luchado  y se ha entregado por sus hijas como una “madre héroe”, sobre todo por la que más la necesitaba. Después del saludo, con su madre y su hermana, enseguida brota su sentir en estos momentos de dolor. Y según me van relatando lo que sienten y viven ante la muerte de la hija y la hermana, me voy sintiendo bañado de evangelio y de gracia vivida a borbotones. Su visión creyente y agradecida de la vida de esta criatura amada para ellas, me hace  emocionarme de encontrar tanta fe en la vivencia de una enfermedad y una limitación tan profunda.

Toda una vida llena de vida: presencia real

Al nacer, le pronosticaron un año de vida, consideran un regalo de Dios haberla tenido  más de treinta. Sara me dice, que la gente no puede imaginarlo, pero la sensibilidad que ella ha adquirido en la relación con su hermana es algo que no puede compararse con todos los estudios de su vida, ni con la riqueza. Su madre me dice que tiene una paz y una serenidad, en medio del dolor, de haber sido fiel en el amor, de haber amado y sentirse amada por ella, y que ahora todo su amor se centrará en Sara, a quien ha descuidado más porque podía volar por ella misma. Le sostiene la esperanza de que ahora va a ser cuidada por su padre, que ya la adelantó en el morir, y por el Buen Dios, que siempre ha estado junto a ella y ahora la tiene ya consigo para siempre. Tras orar con ellos ante el cadáver cuidado y rodeado de bellas flores blancas, de sencillez, pureza y hermosura, me vengo a casa, callado en el coche, dejando que el eco del encuentro se repita y se repita, y en él encuentro respuesta a esa pregunta tan constante para el hombre, sobre todo ante el dolor, la debilidad, la limitación: ¿Dónde está Dios?

Ante Alicia, ¿Dónde estaba Dios?

Y siento que el propio eco de lo recibido en minutos, se me hace grito y respuesta a la luz del evangelio que se ha hecho vida en esta persona y en la relación vivida con los suyos. Una vez más lo que dice el evangelio no es verdad porque lo diga el evangelio, sino porque es verdad en la vida, pasa realmente. Y así lo creo, se vuelve a cumplir lo de la verdadera señal de Dios:

“Esta es la señal, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”

Dios se ha revelado en Alicia:

–          Envuelta en pañales y acostada en un pesebre: dependiente.

Dios se ha hecho fuerte en tu debilidad. Tú has  vivido y has luchado en tu limitación, has sido un referente de esfuerzo y lucha por vivir. Has llegado a la meta, lo has conseguido, has entrado triunfante en la gloria.

Dios ha sacado lo mejor de mucha gente desde tu debilidad.

Has sido sentido y sentimiento de Dios por el camino de lo frágil, de lo que no cuenta para el mundo ni para la sociedad. Nadie puede imaginar lo que tú valías, tu verdadero valor en el amor, nada más que los que te han querido y el Dios de la vida que ahora te ha protegido para la vida eterna.

No hay duda de que serás tú la que les abras la puerta del cielo a todos tus seres queridos cuando allí lleguen.  Y  con cantos, salto, brincos y carreras les abrirás todas las estancias, los caminos, las praderas del gozo y de la vida.

–          Rodeada de cariño y cuidados: Mayores. Abuelas, tíos, primos, jóvenes, niños…cuidados.

Dios se ha revelado sonrisa en tu rostro.

Juego en tu inocencia

Alegría en tu relación.

Gozo en lo gozado por ti.

cruz

Y en ti, Dios, ha sido fuente de cariño y de bondad para muchos.

–          Piedra angular: Centro de vida para su madre y su hermana.

La piedra que desecharon los arquitectos –un año- ha sido piedra angular, un edificio triangular, rodeados de su familia. Nada de descarte, clara opción: no ha sido un castigo ha sido un regalo de Dios. Dice su madre: “Tu nos la diste y ahora te la entregamos agradecidos y esperanzados, sabiendo que tú la vas a cuidar con mimos divinos que acabarán con todos sus límites.”

–          Fuente y Lugar de la mayor sensibilidad.

Dice su hermana: No seríamos las personas que somos sin ella, no sentiríamos lo que sentimos, ni con todos los estudios del mundo.

Nos has dado la riqueza de sentir de un modo especial y único, que no todos lo entienden ni lo comprenden, lo que Dios enseña a los sencillos de corazón.

–          Oración de la madre ante la vida ultimada de Alicia:

¿Cómo te podremos pagar Señor, todo el bien que nos has hecho con Alicia?

–          Alzaremos la copa de la salvación e invocaremos tu nombre, y anunciaremos ante toda la asamblea que el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

 Grande porque nos eligió para ser portadores del tesoro de la vida de Alicia, un tesoro en vasija de barro, que hemos cuidado con amor hasta su último suspiro.

 Porque has atendido nuestro ruego pedigüeño de que no sufriera para morir y que  ella  me antecediera en la marcha  y se fuera abrazada maternalmente hasta el último momento, para que así me puedas abrir las puertas del paraíso cuando  llegue yo también a la plenitud, contigo y con papá, y  allí nos encontremos definitivamente para no morir ni sufrir, sino solo gozar llenos de vida y de ilusión sin fin”

 Aquel día como sacerdote, fui a conocer, consolar, y salí confortado, reconocido y fortalecido en mi fe. Gracias Alicia, gracias familia, que Dios os bendiga y sintáis pronto el ciento por uno de todo lo amado. Ya no te veremos en tus sillas de ruedas, en tus paseos por el barrio y la zona, ahora serás tú la que, gloriosa desde el cielo, nos veas, nos sonrías y nos alegres la vida a los que vamos deambulando y muchas veces tropezando por este valle de esperanza.

Ese día comulgamos con el Cristo glorioso en la celebración eucarística de despedida de Alicia, pronto, Dios mediante, lo haremos también con la misma presencia de Cristo resucitado en el pan de la Eucaristía, cuando celebremos el amor de esta pareja, Sara  -su hermana- y Ángel. Gracias Padre por hacerte cada día pan partido en el camino de la vida y alimentarnos a los que te buscamos en la vida de lo diario y en el corazón de lo humano.