Preadolescentes: ¿ Desnortados o con brújula interior?

Una niña muerta por coma etílico
Veo la noticia de una niña de doce años que ha muerto en Madrid por causa de un coma etílico y me reafirmo en esta reflexión que hacía desde la experiencia de acompañar chavales de esas edades en mi ámbito parroquial. El arma que tenemos frente a la muerte y el desnortamiento de nuestros chavales no es otro que la brújula de la interioridad. Nos pedirán cuentas de esta responsabilidad.

Niños con brújulas, con norte de santidad Seréis santos…

Soy un convencido de que Dios nos da un trozo de pan resucitado cada día, en medio de la vorágine del vivir diario, para seguir manteniendo la esperanza y no perder el norte. Ayer lo viví por la tarde en el entorno de la parroquia, con una actividad preparada con y para los preadolescentes.

Los preadolescentes

Todo sabemos que es una edad que tiene su intríngulis, cuando terminan la primaria y acceden a la secundaria, no sabemos bien cómo acertar. En la comunidad parroquial nuestra no deja de ser un interrogante que nos lleva años de trabajo, pues se mantienen catequéticamente tres años, a encuentro semanal, con el norte de la celebración de la primera comunión, pero después se da la desbandada, se desnortan. No conseguimos un proceso que les seduzca y les anime.

Este año, animado con padres interesados, especialmente Paco y José Miguel, estamos intentando algo nuevo y distinto. Iniciar un proceso de pedagogía de la fe, que pase por la acción, en el que ellos comiencen a ser verdaderos protagonistas de lo que creen y de lo que hacen, a su estilo y modo, acompañados con ilusión y paciencia con nosotros. De ahí van saliendo estos trozos de esperanza y de resurrección desde nuestros preadolescentes y ahí se sitúa ese momento de ayer en el que salí esperanzado y motivado por ellos y su alegría participativa, con un verdadero protagonismo. Hablamos de que estamos creando una asociación de chavales para chavales, después ya veremos dónde se insertan, según sus procesos, a nivel de movimientos apostólicos eclesiales.

Tropa solidaria de Ntra. Sra. De Guadalupe

“Tropa solidaria de Ntra. Sra. de Guadalupe”, así se autodenominan una docena de preadolescentes que el curso pasado, en Mayo, celebraron por primera vez la Eucaristía participando en la mesa de la comunidad eclesial. Ellos mismos se han encontrado, han escrito y comunicado a sus compañeros el interés por volver a juntarse y a caminar juntos. Ahora no lo hacen porque busquen llegar a una celebración sino porque quieren compartir juntos un camino, quieren asociarse y programar un itinerario en el que ellos sean protagonistas y lo están siendo.

Dar, ayudar y compartir

El lema síntesis de lo que deseaban al asociarse era muy sencillo: “Siempre listos para dar, ayudar y compartir”. Además con sus ideas y su arte han ido hasta confeccionando su escudo-símbolo, que me ha gustado tanto, y me identifico tanto con él, que lo he puesto como foto nick en las redes. Me alegra iniciar el proceso con este protagonismo tan claro de estos chavales.

El norte y la santidad.

Hoy tocaba celebrar la fiesta de los santos, la santidad, la alegría que produce la bondad de Dios en los corazones de los hombres. La santidad ha de ser nuestro norte y así ha sido en la dinámica preparada por un padre, Paco, que a través de brújulas, enseñándonos a buscar con ellas, nos ha llevado a distintos puntos del parque del bioclimático, en los que nos encontrábamos las figuras de santos concretos: Francisco Javier, Teresa de Calcuta, Tomás de Aquino, Juan de Dios, Isabel de Portugal… En cada uno de ellos hemos descubierto claves de santidad. Ya están motivados para la próxima sesión: ¿Dónde está el norte de nuestra santidad personal? ¿Qué es ser santos? ¿Podemos y queremos serlo? ¿Nuestra asociación nos puede ayudar a santificarnos? ¿Nuestro lema es lema de una tropa santa?…

Al final hemos terminado comiendo nuestros higos, castañas, nueces, con casamientos… Como veis no luchamos contra nada, otras fiestas o nombres, sólo nos preocupamos de profundizar en la grandeza de lo que tenemos, nos empeñamos en unir santidad, alegría, gozo y entrega.

Seguiremos… “Si quieres, vente con nosotros”

Cuando estábamos en la actividad, Abel, muy inquieto y bastante autónomo, me ha gritado y me ha llamado: “Pepe, Pepe… allí está Joaquín que estaba en mi grupo. Dile que venga a nuestra asociación”. El niño se ha acercado le hemos hablado sobre la carta enviada, ha dicho que la ha recibido, que lo hablará con su madre y si quiere se apuntará. A los tres minutos venía a apuntarse y meterse en la actividad, ha disfrutado como el primero. No he podido menos que acordarme del Papa Francisco, una Iglesia en salida… una parroquia en el parque del barrio, llamando allí donde ellos juegan y son. Ellos mismos apóstoles de ellos mismos, con la alegría del evangelio y las ganas de ser ellos mismo. Ahora toca seguir, sin desaliento, animarlos, acompañarlos. Ojalá más padres se coimpliquen, ojalá más preadolescentes se unan y les prestemos un verdadero servicio para su protagonismo y su grandeza en la generosidad, que favorezcamos su santidad. Estamos convencidos que lo que más felices les va a hacer no es su currículum sino su generosidad y grandeza interior, vamos a trabajar por ellos y con ellos. Para que sean santos. A mí no hay duda de que ayer me santificaron.

Ad resurgendum cum Christo

“De la anécdota a la norma”

 Cercanos a la liturgia del día de los difuntos, desde Roma nos sorprenden con un documento orientador en torno a las exequias y a las cenizas, cuando se elige la cremación como método de enterramiento.“Para resucitar con Cristo”: bonito título para un documento cristiano al recordarnos dónde está el horizonte de vida para nosotros, los que creemos en Jesús de Nazaret, el hombre que pasó  por la vida haciendo el bien, el crucificado que, tras ser sepultado, fue resucitado. Pero está visto que nuestro mundo busca la polémica y, a veces, hasta la gracia de cualquier posibilidad periodística.

Recuerdo dos anécdotas sencillas y graciosas, una lejana en el tiempo y otra muy cercana. En mi pueblo, Granja de Torrehermosa, ha habido personas entrañables y muy ligadas en afecto al terruño. Uno de ellos fue  el querido Pascasio que, desde su emigración a Madrid, siguió con el alma pegada a nuestro pueblo y, en su jubilación, dio la vida por darle realce en todos los lugares. Comentaban que su deseo era que, al morir, sus cenizas fueran extendidas desde lo alto –no sé con qué medio– por nuestras tierras. La gente, al morir este paisano, decía que a ese terrerno habría que ponerle coto porque, si no, al comer las ensaladas de lechuga, no íbamos a saber si nos estábamos comiendo también a Pascasio.

La otra es de ayer. Mi amigo Diego, me manda un whatsapp, en el que me escribe: «Mi mujer dice que, de ninguna manera, cuando yo muera voy a seguir en casa, que ya está bien; y ahora se ve que mi hijo, que recientemente ha estado en Roma, ha conseguido que el Papa saque esta norma de que por los campos tampoco. Así que, por narices en el camposanto…».

Fuera de bromas, lo que plantea esta nota orientadora es bastante sencillo. Quiere decir que la idea más básica es que las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en algún lugar con jurisdicción eclesiástica. ¿La razón? Los cristianos hemos heredado de los judíos la práctica de la oración y las ofrendas por nuestros difuntos, y es una formar de mantener nuestra relación viva con ellos en una comunión que va más allá de la muerte en orden a nuestras creencias. Porque éstas no son solo de inmortalidad del alma –idea filosófica­–, sino de resurrección de los muertos. Es decir, nosotros aguardamos la resurrección universal, nueva creación que implica toda la realidad creada (naturaleza y humanidad en su conjunto), y a la que accedemos, desde la muerte, no de modo individual sino personal y colectivo.

Nuestra antropología no es dualista, hablamos del ser humano como realidad integral. Desde ahí viene el respeto y la consideración a los restos o despojos de nuestro cadáver. No porque sea necesario para la resurrección, en la que hablamos de novedad absoluta en continuidad con la persona, pero no con un elemento material o celular, ya muerto y transformado, cuestión claramente solventada desde los primeros momentos de la patrística cristiana. La relación con los cementerios y los modos de enterrar a los muertos ha venido más por la relación de afecto, recuerdo y el deseo de comunión en la oración. Por eso se advierte de la posibilidad de que la práctica de la desaparición de las cenizas lleve consigo el olvido, y esta orientación «puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana», como dice la nueva instrucción.

Por otra parte, ha sido un modo de mostrar respeto y veneración a los antepasados y de no olvidar la historia, muchas veces escrita en todas las culturas desde los enterramientos humanos. Al considerar este elemento material del recuerdo desde sus restos, de alguna manera nos dice la instrucción que «se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generación, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas». Además, lo que prohíbe el documento, con toda razón, es que los familiares de una persona que haya expresado su voluntad de ser cremado y sus cenizas esparcidas «por razones contrarias a la fe cristiana», soliciten las exequias religiosas porque le serán negadas, lo cual se entiende –no por prohibición y rechazo, sino por respeto y coherencia con el deseo y la voluntad del que fallece que debe ser respetada–. Otro tema es que la familia o la comunidad quieran rezar juntos y celebrar sacramentos en memoria de su persona, pero no las exequias frente a su voluntad.

En el fondo, también está el deseo de expresar con esta práctica algo fundamental para el pensamiento cristiano: que es la realidad de la singularidad del ser humano en medio de todas las demás criaturas, en lo que se refiere a su dignidad y valor absoluto, para los cristianos imagen de Dios. Los cristianos, inspirados por el Evangelio, consideramos que el hombre tiene un lugar único, como ser almado y encarnado, en medio del mundo, en la historia, y nos comulgamos con las ideas naturalistas sobre el círculo de la vida, donde el cuerpo humano, en su sentido antropológico, es considerado nada diferente a otra materia física. En este sentido, el Vaticano ha decidido aclarar su «posición antropológica desde esta costumbre cristiana de enterrar a los muertos y recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en cementerios u otros lugares sagrados».

Por cierto, a mí no me disgustaría descansar en un columbario, en un lugar de culto comunitario y que, ante mis cenizas, otros oraran y reflexionaran «como se pasa la vida y cómo se llega la muerte, tan callando». Porque, a veces, nos matamos en el deseo de callar la muerte cuando es un lenguaje estructural de lo humano, somos mortales. De todos modos y para acabar con anécdotas, mi abuelo Maximino decía que, después de muerto, como si lo querían llevar en una caja de sardinas… Cosa que no hicimos, claro, y cada vez que vamos a su tumba, donde también están nuestros padres, mis hermanos y yo rezamos con mucha devoción y nostalgia entrañable.

 

 

José Moreno Losada.  Profesor de Escatología.

 

EL PODER DE LA ESCUCHA

Desde la Parroquia de Guadalupe (Badajoz)

Esta semana, el salón de actos de la parroquia de Guadalupe (Badajoz), en las traseras del instituto bioclimático, ha acogido un acto significativo de vida y realidad del Centro Escucha San Camilo-Guadalupe. Este centro, que lleva más de dos años en funcionamiento, fue una idea que comenzamos a gestar hace más de cinco años entre unos cuantos profesionales tocados por este deseo de establecer un servicio de escucha sanante y gratuita en nuestra ciudad.

Experiencias de vida y escucha

Finalmente, hemos saboreado la vida y acariciado la carne del centro. Tras la presentación de lo que es, de la mano del coordinador del proyecto, y las nostalgias en que habita, han descubierto su experiencia vivida, personas que han escuchado y otras que se han sentido escuchadas. Las palabras se han quedado cortas y, con los sentimientos en vilo, hemos sido testigos del verdadero sentido de la escucha, en la doble dirección del escuchante y del escuchado.

Yo, que también he puesto mi palabra, mis oídos y, sobre todo, mi corazón en alguna página de esta bonita historia, me alegro de saberme uno más en este equipo. Valen la pena cada segundo de espera, cada desvelo habitado, todo el proceso de formación y gestación de esta empresa gratuita… ¡y tanto que valen! Me siento afortunado al saberme un escucha más en la intemperie de este proyecto tan humano y tan evangelizador.

Pero hoy me aferro a la escucha, me hago oración silente, eco, y dejo que sea el director del Centro-Escucha, Enrique Delgado, quien ponga su voz a este milagro que sabe de humanismo, de entrega callada, de servicio gratuito prestado a fondo –nunca– perdido:

Un curso más (Enrique Delgado, director del centro)

“Desde el Centro de Escucha San Camilo-Guadalupe de Badajoz apostamos, un curso más, por seguir trabajando en la humanización de la vida de las personas, de los espacios de convivencia, de las relaciones entre familiares, amigos, etc.
Sabemos que nuestra tarea no es fácil y que los frutos terminarán llegando con el tiempo y no siempre de manera tan inmediata como nos gustaría. Nuestra misión, que es ofrecer un espacio de acogida y apertura a la realidad cargada de sufrimiento de las personas ayudadas es considerada, para todos los voluntarios “escuchas”, un verdadero regalo, un motivo de agradecimiento. Es una enorme suerte poder acompañar y ser testigos de los procesos vividos por quienes piden ayuda tratando de remontar el dolor por la pérdida de un ser querido, la soledad, la falta de sentido…

Los voluntarios “escuchas” brindan, ante esa realidad de sufrimiento, un espacio de respeto y confianza en el que la persona se sienta libre y capaz de contar lo que le pasa, lo que le preocupa y afecta.

Como somos conscientes que depositar la confianza en otro ser humano y poder así expresar el dolor, la pena, la rabia o la angustia no es nada fácil, cuidamos al máximo que se genere un clima de verdadero respeto y confianza entre los voluntarios y las personas escuchadas, sensibles al esfuerzo que hacen, quienes acuden al Centro, por abrirse y dejar al descubierto su lado más frágil y vulnerable.

Venimos trabajando desde septiembre de 2014 y en este último curso se han atendido 19 personas. Los motivos por los cuales han llamado al Centro de Escucha han sido muy variados: problemas en la convivencia familiar, pérdidas de un ser querido, la vivencia de la propia enfermedad o de un familiar, sentimientos de soledad, etc. Estas personas, que nos han conocido a través de diferentes medios: la prensa, radio, parroquias, servicios sociales, recomendaciones de otros usuarios, etc., dieron un primer paso al llamar al teléfono del Centro de Escucha (673311798) y solicitar un primer encuentro con uno de los voluntarios “escuchas”. Los encuentros se llevaron a cabo en las instalaciones del Centro de Escucha, situado en la Avenida José María Alcaraz y Alenda, nº 40-Local.

De estas 19 personas atendidas, algunas han necesitado una única sesión, otras cinco, otras 12 y otras 20 sesiones, que es el número máximo de sesiones que está estipulado.

En cada uno de los casos, algunos con más continuidad en el tiempo, otros con menos, lo importante ha sido ofrecer apoyo emocional y orientación. No ofrecemos recetas mágicas, ni damos consejos, ni decimos lo que se debe hacer. Nuestro estilo de trabajo, fundamentado en el Counselling que engloba una serie de actitudes y habilidades de comunicación específicas, trata de ayudar a que la persona que atraviesa por un momento duro de su vida, descubra y emplee sus propios recursos, y aquellos otros que estén a su alcance, para afrontar por ella misma su situación problemática.

La valoración generalizada por parte de voluntarios y escuchados ha sido positiva hasta ahora. El trabajo intenso ha contribuido a que quienes acudían a nosotros se sintieran más capaces de afrontar las situaciones problemáticas vividas y así nos lo han reconocido y agradecido.

En definitiva, desde el Centro de Escucha nos esforzamos por la recuperación de la persona y la promoción de todo su potencial. Esta es la responsabilidad que hemos asumido y que creemos vale la pena pues en ello va la salud y recuperación de las personas”.

Etica y dependencia

A la luz del evangelio y de Zigmunt Bauman

La tarde otoñal me propicia lecturas que son de corazón abierto y de profundidad para  entender el hoy que nos traemos entre manos. A la luz de Zigmunt Bauman, en su obra “la sociedad  individualizada” (Madrid 2001), en el capítulo quinto, titulado con la cuestión etiológica clásica del génesis“¿Soy acaso el guardián de mi hermano?”, defiende que “la ética y la dependencia se sostienen juntas y, por lo mismo, si caen lo hacen juntas también”.

Hoy, en la homilía dominical sobre el Domund, la misión de evangelizar saliendo de nosotros mismos, yo traía  a colación tres hechos de vida que considero que avalan la grandeza de la unidad y comunión entre la ética y la dependencia. Y me imaginaba  hilando las reflexiones de Bauman – en la tarde otoñal- con  esos hechos vivos de última hora que son para mí evangelios de vida:

MARIANGELES … YEN  LA HORA DE SU MUERTE. AMÉN

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere no da fruto”

Tenía 32 años, felizmente casada con su hijo de dos años y medio. Su corazón se parte y no riega su cerebro, la ambulancia llega tras un tiempo  considerable  y  su vida ya queda sin reversibilidad, tocada de muerte. Su familia, abrazada al hilo que no puede no romperse, tiene en sus manos la decisión de dejar actuar a la naturaleza, sin medios extraordinarios, lo que facilitaría poder ofrecer sus órganos no dañados para dar vida a otros. Una decisión de dolor radical para amar radicalmente, cuando ya no hay esperanza alguna. Parecía que era entrar marcando una hora de muerte para  que nacieran vidas en el compartir amoroso de una humanidad que se siente unida y que quiere escapar del individualismo, negando que sea la bandera común del hoy mercantilizado. Allí los profesionales aguardaron, con un silencio sagrado, su último suspiro de amor  y  repartieron vida desde esa dolorosa muerte.

“Cuando Dios preguntó a Caín dónde estaba Abel ,Caín respondió, enojado, con otra pregunta: ¿Soy acaso el guardián de mi hermano?». El filósofo ético más grande de nuestro siglo, Emmanuel Levinas, comentó que en esa enojada pregunta de Caín empezó toda la inmoralidad. Por supuesto que soy el guardián de mi hermano, y soy y seguiré siendo una persona moral en tanto que no pido una razón especial para serlo. Lo admita o no, soy el guardián de mi hermano porque el bienestar de mi hermano depende de lo que yo haga o deje de hacer. Y soy una persona moral porque reconozco esa dependencia y acepto la respon-
sabilidad que se desprende de ella. En el momento en que cuestiono esa dependencia y exijo, como hizo Caín, que se me den razones por las que debería preocuparme, renuncio a mi responsabilidad y ya no soy una persona moral. La dependencia de mi hermano es lo que me convierte en un ser ético. Dependencia y ética están juntas y caen juntas.” (Bauman)

EL CORAZÓN PARTÍO DE ANTONIO SÁENZ

“Cristo, siendo rico se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza”

En este Octubre misionero nos llega un escrito de  Antonio, sacerdote de Badajoz, misionero en Perú –Celendín, Cajamarca-. Allí ha compartido pobreza, vida y esperanza con los más débiles. Tras dieciséis años es la hora de su vuelta y siente el corazón partido: «Me encuentro así cuando estoy redactando estas líneas. A caballo entre América y Europa, entre Perú y España, entre Extremadura y Cajamarca, entre Celendín y Badajoz. La causa de la partición del corazón no es el lugar, sino las personas que lo habitan. Ocurre que hay decisiones que tienen efectos contrapuestos, lo que no impide tener que tomarlas tras un proceso de discernimiento en el que las dudas tienen frecuentemente más presencia que las certezas. Sin dar más espacio a los preámbulos y sin más demora les comunico que mi estancia en el Perú toca a su fin. Llegué el 13 de octubre de 2000 y me iré en diciembre –día 18– de 2016». Soy testigo de su opción por los más débiles, aquí y allá, esté donde esté su testimonio no es otro que anunciar el evangelio del Cristo Crucificado, aquél que ayuda a creer que la fuerza se realiza en la debilidad.

“Se mide la capacidad de un puente para soportar el peso por la fuerza de su pilar más débil. La calidad humana de una sociedad debería medirse por la calidad de vida de sus miembros más débiles. Y puesto que la esencia de toda moral es la responsabilidad que asumen las personas de la humanidad de los demás, es asimismo la medida del nivel ético de una sociedad. Es, a mi juicio, la única medida que se puede permitir el estado de bienestar, pero también la única que necesita. Dicha medida puede resultar insuficiente para hacer que el Estado de bienestar sea querido por todos aquellos de nosotros de quienes depende, pero es la única que habla resuelta e inequívocamente en su favor.(Bauman)

RESIDENCIA DE LOS MAYORES, LA GRANADILLA

“Sed compasivos”

Cuarenta años! Hoy hemos celebrado una eucaristía de Acción de Gracias por la residencia de mayores de la Granadilla. Han sido cuarenta años de vida y de gracia, de cuidado y ternura. El centro de esta historia, los mayores, y ellos son los que lo han celebrado ante Dios con verdadero agradecimiento y participación activa. Estos momentos de gracia y luz, nos dicen y nos confirman lo que siempre gritamos en la Granadilla, especialmente cuando celebramos la misa de los Domingos: ¡AQUI NOS HEMOS VENIDO A MORIR, SINO A VIVIR¡ Defender elestado del bienestar sólo puede ser desde razones de corazón que son las que alientan la verdadera justicia, su sentido más humano. Nos jugamos mucho en estas verdades que no tienen más razones que las de una conciencia pura:

El futuro del estado de bienestar, una de las mayores conquistas de la humanidad y de los más importantes logros de la sociedad civilizada, está en el frente de la cruzada ética. Esa cruzada se podría perder: todas las guerras entrañan el riesgo de la derrota. Sin ella, sin embargo, ningún esfuerzo tiene posibilidades de triunfar. Los argumentos racionales no serán de ayuda; no hay, seamos francos, ninguna «buena razón» para que debamos ser guardianes de nuestros hermanos, para que tengamos que preocupamos, para que tengamos que ser morales, y en una sociedad orientada hacia la utilidad los pobres y dolientes, inútiles y sin ninguna
función, no pueden contar con pruebas racionales de su derecho a la felicidad. Sí,  admitámoslo: no hay nada «razonable» en asumir la responsabilidad, en preocuparse y en ser moral. La moral sólo se tiene a sí misma para apoyarlo: es mejor preocuparse que lavarse las manos, es mejor ser solidario con la infelicidad del otro que indiferente, es muchísimo mejor ser moral, aun cuando ello no haga a las personas más ricas y a las empresas más rentables.” (Bauman)

Por un trabajo decente

Carta pastoral del arzobismpo de mi diócesis:

El sentido humano de la justicia

Sin derechos no es posible humanizar el trabajo

El dolor de la realidad

Tanto las mediaciones sociales sindicales, como las eclesiales que se ocupan de la dimensión socio-caritativa de la fe, nos alertan continuamente acerca de la realidad laboral y sus consecuencias en la sociedad actual. Ellos nos hablan de casi cinco millones de desempleados en España y de cómo más de tres millones de personas, que están trabajando actualmente, se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión social. La precariedad laboral afecta de modo determinante a las personas, así más de trescientos mil contratos mensuales son de una duración de siete días o menos, cuando seis de cada diez trabajadores a tiempo parcial desearían tener una jornada completa.

El evangelio

Ante esta realidad, la doctrina social de la Iglesia, y el pensamiento y preocupación de los últimos pontífices, nos recuerda a los cristianos y a los hombres de buena voluntad que “la persona es la medida de la dignidad del trabajo” (CDSI 271). Que dada la dignidad de la persona humana, el trabajo es la cuestión de lo humano y se ha de tener claro que el ser humano no es el que tiene que adaptarse o subordinarse al trabajo, al mercado, sino que ha de ser al revés.

El evangelio de Jesús es aleccionador en este aspecto cuando él nos presenta, para mostrarnos el rostro y el sentir de Dios Padre, la parábola de los viñadores que son llamados a trabajar en la viña:

Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Unos a unas horas y otros a otras, pero a la hora del sueldo, es la dignidad de la persona la que se prioriza, frente a la pura labor, todos reciben el denario que necesitan para poder subsistir como personas con dignidad y justicia. Ahí, lo justo viene marcado por la bondad del Padre que mira a la humanidad, a cada persona, desde sus necesidades con verdad y justicia amorosa, desde la perspectiva del cuidado y el amor. La persona es el centro del reino y de la realidad.

Pensamiento social cristiano

La sociedad en este sentido ha de revisarse con respecto a su visión del trabajo y de la distribución del mismo, del sueldo y su dignidad. Como nos recordaba el Papa San Juan Pablo II en la encíclica Laborens exercens (10):

“Con su trabajo el hombre ha de procurarse el pan cotidiano, contribuir al continuo progreso de las ciencias y de la técnica y, sobre todo, la incesante elevación cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad de hermanos”.

En este sentido el trabajo tiene una dimensión integral que responde tanto a las necesidades materiales, como a las sociales y culturales y también a las espirituales del ser humano: es camino de santificación, como el mismo Señor nos enseña en el taller de Nazaret. Cuando el trabajo no es decente afecta al hombre en todas sus dimensiones.

Por eso la cuestión del trabajo es una cuestión de justicia y dignidad humana y debe ser promocionado porque lo que está en juego es la relación trabajo y persona, también en su dimensión trascendente, familia, sociedad.

El Papa Francisco, siguiendo las claves humanistas y cristianas de la doctrina eclesial, afirma con rotundidad que “No hay peor pobreza material que la que no permite ganarse el pan y priva de la dignidad del trabajo”, y muestra su rechazo a la aceptación natural de esta situación indigna e injusta cuando afirma con respecto a los jóvenes que “el desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables, son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima de la persona”(Encuentro Mundial de Movimientos Populares, Santa Cruz 2015).

Aspiración y compromiso

Ante esta realidad es necesario reivindicar y aportar por un sentido y organización del trabajo que realmente sea digno, lo que significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer:

– trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad

– trabajo que haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación

– un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar

– un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz

– un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual

– un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación


Para que esto avance y cada día sea más posible, la Iglesia proclama que es necesario sustituir el utilitarismo por el amor de construir la justicia. Romper la actual lógica de pensar y organizar el trabajo poniendo en el centro a la persona, no la economía y los intereses de unos pocos.

Plantear el sentido y el valor del trabajo más allá del empleo; distribuir de manera justa y digna el empleo y reconocer socialmente todos los trabajos de cuidado necesarios para la vida humana; luchar por condiciones dignas de empleo. Sin la lucha por la afirmación de los derechos de las personas en el empleo no es posible humanizar el trabajo; articular de forma humanizadora el trabajo y el descanso.

Afirmar la defensa de los derechos humanos y desvincular derechos y empleo. Se trata de humanizar las relaciones laborales para que se desarrolle un trabajo realmente decente. La organización Internacional del Trabajo ha marcado los grandes objetivos estratégicos, que desde la comunidad cristiana compartimos totalmente, como son: crear trabajo, garantizar los derechos de los trabajadores y trabajadoras, extender la protección social y promover el diálogo social.

Y estos objetivos que son de gran alcance, también requieren la participación personal y moral de todos nosotros. Hemos de tomar conciencia y aplicarnos principios sencillos de vida que realmente apuesten por un mundo más digno y justo entre nosotros, cada uno desde su lugar social, cultural, político, laboral y eclesial.

Para ello se nos invita desde la misma doctrina social cristiana a saber ser un poco pobre, en un mundo de bienestar y riqueza, para que otros puedan ser, a vivir el poder liberador del sacrificio a favor de los que lo necesitan. Todo ello asumiendo que la comunidad cristiana tiene una dimensión profética, dada su vocación a amar y ser prójima de los que sufren, y está llamada a tomar concienciar y actuar, a través de todos los medios pacíficos a su alcance, para mejorar y desterrar las situaciones de desigualdad en el acceso al trabajo decente y la negación de dignidad que esto supone. En este sentido todos podemos hacer algo desde nuestro sitio.

Nos unimos al grito por un trabajo decente desde el deseo de la justicia y la paz entre los hombres, para que entre nosotros se cumpla la voluntad del Padre en la tierra como en el cielo.

Corazón partío…

Ante la vuelta de un misionero

Hace dieciséis años, un 13 de octubre, Antonio Sáenz, uno de nuestros mejores sacerdotes de Badajoz, tras haber enterrado cristianamente a su madre a la que quiso y cuidó con mimo, volaba con destino a Perú, a la diócesis de Cajamarca. Allí ha realizado su ministerio, fundamentalmente desde Celendín. Ahora, este 13 de octubre, nos escribe con un corazón roto y nos dice: «Me encuentro así cuando estoy redactando estas líneas. A caballo entre América y Europa, entre Perú y España, entre Extremadura y Cajamarca, entre Celendín y Badajoz. La causa de la partición del corazón no es el lugar, sino las personas que lo habitan. Ocurre que hay decisiones que tienen efectos contrapuestos, lo que no impide tener que tomarlas tras un proceso de discernimiento en el que las dudas tienen frecuentemente más presencia que las certezas. Sin dar más espacio a los preámbulos y sin más demora les comunico que mi estancia en el Perú toca a su fin. Llegué el 13 de octubre de 2000 y me iré en diciembre –día 18– de 2016».

Pan partido, padre y hermano

He compartido con Antonio muchos años de grupo de Revisión de Vida y de Estudio del Evangelio antes de marcharse, he estado allí con él en su parroquia con un grupo de universitarios de Badajoz que se sienten muy unidos a él desde el movimiento de JEC y Profesionales Cristianos, y ahora lo espero, junto a otros sacerdotes diocesanos, para poder continuar juntos caminos de evangelización y gracia. Siento una alegría tremenda de que vuelva, sé que va a enriquecer a nuestro presbiterio, del que es parte, con su vida, su pensamiento, su espiritualidad y su compromiso, con sus opciones de vida ministerial. Aquellas opciones con las que se entregó aquí en su primera etapa, las mismas con las que se ha hecho pan partido entre aquellas gentes que lo quieren como padre y hermano, y con las que ha seguido en relación con nuestra iglesia diocesana de Mérida-Badajoz.

Un ministerio a pie descalzo

Allá se les rompe el corazón en la despedida, como a él al despedirse. Al irse de aquí para allá, el dolor era menor porque esperaba volver; ahora, la decisión de partida de allí para acá no tiene vuelta de hoja. Él ha sembrado y compartido, a eso iba, y ahora te toca saber volver, seguir queriéndolos pero desde otro lugar y otra gente. Así es el ministerio, de corazón a corazón, a pie descalzo, ligero de equipaje, para ser libres y dejar que sea la gracia de Dios la que actúe y habite en los corazones propios y ajenos. La gente que llama desde allá desconsolada, lo hace agradecida; nos dan las gracias por los dieciséis años de regalo de esta vida sacerdotal, lo agradecen a la Iglesia pero, sobre todo, a su familia que lo ha tenido bien lejos.

Él, como buen sacerdote, toma la decisión desde el envío y la misión buscando y discerniendo lo mejor y lo más viable, pero lo hace con corazón compasivo, con el alma rota, con la confianza en Dios, entregando el Espíritu y pidiendo la luz y la protección para ese pueblo y su gente: «Nada fácil ha sido para mí tomar esta decisión, que me ha llevado a vivir con dureza todo el año, al hacerlo en soledad. Para mis adentros pensaba tras cada celebración: “Ultimo Niño de Pumarume, última Semana Santa, último Pentecostés, última Virgen del Carmen…”. Entre julio y septiembre aparecieron impulsos que me animaban a continuar un tiempito más, lo que dio paso a un periodo de incertidumbre que producía malestar. Finalmente, el 28 de septiembre tomé la resolución ya expresada. Les confieso que están siendo fechas de poco dormir y mucho llorar. Agradezco a las personas que están siendo para mí apoyo y consuelo y me transmiten ánimo y reconfortante cariño. Sin duda esta separación es mucho más dura que la que viví cuando vine para acá. Entonces sabía que al menos cada dos años me reencontraría con familia y amigos. Ahora no será igual».

Con el amor de los pobres y sencillos

peruNo será igual, claro, la forma, la relación, la vida, el encuentro… Ellos quedan allí y tú te vendrás aquí, con nosotros y otros que te necesitan. Pero no podemos menos de dar gracias a Dios contigo y ese pueblo, por todo lo que habéis vivido y crecido, por todo lo que nos habéis aportado desde tan lejos, porque tú ahora vuelves más grande en la pequeñez, más fuerte en la debilidad, más valiente en el miedo, más hombre de Dios y mucho más humano.

Y eso te lo han dado los más pobres y sencillos. Ahora tú eres evangelio abierto para nosotros, tu grito de dolor es la exclamación más fuerte de amor y anuncio: «Dios me ha hecho fuerte en la debilidad, me ha enriquecido con su pobreza, me ha mostrado que nada me podrá separar de su amor y de los que son sus preferidos». Y ese Evangelio nos hace falta aquí como agua de mayo, o de otoño, porque aquí necesitamos sembrar y sembrarnos de nuevo.

Un dolor que cura

Vienes en el invierno y te necesitamos como primavera. Nuestra Iglesia está en proceso, con planes pastorales, con deseos de creatividad y misión evangelizadora, con sed de comunión. Que tu dolor nos cure y nos anime a todos a dolernos de nuestra realidad para amarla como tú amas la que dejas allí.

Antonio, ¡te queremos y te esperamos! Entendemos que les duela y que te duela la separación. Sabemos que vienes, como bien nos dices, marcado con la gracia de la vida y del pueblo: «Ahora sólo pretendo dar a conocer mi decisión y expresarles mi más profundo agradecimiento por tanta vida compartida, imantada en algunos casos, con presencias y experiencias que han marcado fuertemente mi vida y jamás olvidaré, pues están grabadas con el fuego del amor en mi corazón».

Por todo y para siempre: ¡Gracias, hermano!

José Moreno Losada

Salvados y refugiados

¿Quién salva a quién…quién condena a quién?SALVADOS Y REFUGIADOS

Son las nueve y media de la noche…noche de Domingo. Un fin de semana lleno de vida y recuerdos entrañables desde el jueves con un desayuno acompañado de personas que hacía más de cuarenta años que no veía, un encuentro con  sacerdotes y obispo de acción católica también profundo, un viernes lleno palabra de vida con sacerdotes en el estudio evangelio, programando, un sábado en la boda de una ahijada de bautismo del primer pueblo en el que estuve de sacerdote, y este Domingo que  se ha presentado en la parroquia el proyecto de Cáritas para este curso dedicado a ayudar a un campo de refugiados. Allí en la eucaristía se nos ha invitado a ver el programa de salvados en la sexta… y ahora me encuentro cumpliendo ese deber y expresando sentimientos que me produce este reportaje.

Me doy cuenta de que:

-En el mar muere muchísima gente y no por monstruos marinos, sino por indiferencia y egoísmo de una sociedad deshumanizada y salvaje.

– A Oscar, voluntario, se le cayó el velo en Lesbos, dándose cuenta de que nadie estaba allí donde la gente se muere a chorros. Europa no quiere, hace tres años que Italia retiró su proyecto de Mare Nostrum, la razón fue que Europa no quiso saber nada de esos gastos. Sólo van  a defender fronteras, las nuestras. Sólo están ellos, voluntarios con dinero  de gente altruista,  en un barco de denuncia a la muerte  porque quiere guardar la vida de los que se ahogan.

– Hay gente que desayunaba a cuerpo de rey y se dio cuenta que alrededor de su yate se moría la gente, y acabó dando su yate para que pasara de la riqueza  y el lujo al servicio de los más pobres del mundo, a los que se están ahogando. Era apostar por una causa, no por un grupo de personas. Del lujo al salvamento, es igual pero no es lo mismo… enfermería, chalecos salvavidas, literas, sacos para cadáveres… ciento setenta mil euros la reforma para acondicionarlo para los pobres y poder salvarlos. Todo un reto de vida frente a la muerte, persona a persona, donativo a donativo.

– Con el yate se llega a doce millas de Libia, hay seis o siete barcos más de ongs en la misma zona. Vienen con gasolina para treinta millas, cuando se les acaba quedan en medio del mar a la deriva. Llaman a Roma, a un centro de control, con un celular especial que le dan los mismos los organizadores de los viajes, les interesa por el negocio que no mueran.

-Los encuentran agotados, amontonados, deseosos de salvación, angustiados, gritando, rezando, agradeciendo, abandonados, hambrientos, sedientos…niños, algunos de pecho, , mujeres, jóvenes, adultos. Arrojados como animales en medio del mar, a su suerte, en la búsqueda de la vida por caminos de muerte.

– Desde Libia se puede ver la salud del mundo, analizando sus heces… un millón de personas quieren pasar por ahí, desde muchas partes del mundo. Un peregrinaje por un desierto de indignidad, un sufrimiento de detención, soledad, dolor, hambre, mafias, esclavitud, muerte, sin equipaje, descalzos. Embarcaciones sin adecuación, conductores inexpertos pagados en especies de viaje, sin comida para el camino, sin agua. Pero él podía haber sido yo, ese niño podía ser tu hijo, yo no estoy de esta parte por ninguna razón de peso.

– Los voluntarios se escandalizan de la indiferencia de Europa, de España… la lejanía. Noticia de un día y de lejos, no cambia nada. Todo sigue igual y siguen muriendo, sufriendo, rompiéndose. El papa habla  y los sentimientos católicos se revuelven, pero no dura más de una semana.

¡Qué pena¡ El mar es infinito y su sufrimiento igual. El mar es infinito, buscarlos es como buscar una aguja en un pajar. Pero se les encuentra: ¡Bienvenidos a Europa¡ pero desconfían, no quieren parar. No os preocupéis os vamos  a salvar a todos, vienen barcos a ayudarnos. En menos de una hora llegan, salvarán tres lanchas llenas de seres humanos.  Una de madera con cuatrocientos, en total más de ochocientas personas, inefable. Todo un discurso de salvación: “encontramos nuestra salvación en Europa”. Ellos bailan y cantan al unísono cantos de acción de gracias. Les gritan: asseyez-vous¡  Sus reflexiones son directas: venimos de la miseria. “Ha sido el infierno para nosotros…no tengo nada ni a nadie, solo talento, tengo cabeza.Europa es la tierra prometida, espero ser libre, vivir”.

– Me pregunto: ¿nos encontrarán miserables, muy miserables?

 

Resucitado en el corazón del barrio

(In memoriam a Jesús Martín Mendieta, cura de los obreros)

La liturgia de los sencillos

Me gusta un texto evangélico en el que Jesús de Nazaret se dirige orante al Padre y reconoce ante él algo profundo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños…a la gente sencilla. Hace unos días fui testigo del cumplimiento de esta palabra en el barrio de la UVA en Badajoz, en una eucaristía que se celebraba en memoria y a favor de Jesús Martín Mendieta, fallecido en agosto pasado, sacerdote que vivió en dicho barrio más de veinte años de su ministerio, en medio de ese pueblo sencillo y humilde, a la vez que dolido y roto en muchos de ellos.

El arzobispo en su barrio

Se trataba de una celebración sencilla en la parroquia de Santa Engracia que está en el corazón del barrio. El recuerdo de este cura, que había ultimado sus años de dependencia en Bilbao –su lugar de origen- convocaba a un grupo de gente que querían juntarse en su nombre y celebrar la eucaristía para dar gracias por él y su ministerio. El Arzobispo Celso, aunque no había conocido a este sacerdote, quiso hacerse presente en esta comunidad con este motivo tan pastoral y compartir con ellos la mesa y el pan de la vida. Había un grupo de sacerdotes, militantes de la HOAC y la JOC, y el grueso eran la gente de la barriada, los vecinos.

Jesús, servidor de Cristo y de los pobres

La celebración tuvo su recorrido normal. Una presentación de una militante obrera en la que se hizo una semblanza del trabajo pastoral y la aportación profunda de evangelio y vida que Jesús, en su sencillez y formación cuidada, había entregado. Seguimos con el perdón, con una homilía significativa del pastor diocesano en la que habló del sacerdote como un servidor de Cristo que ha de cuidar favorecer y no obstaculizar el encuentro del salvador con el corazón de cada persona, a la vez que lavar los pies y servir a todos los que nos rodean especialmente a los pobres. Mostró su satisfacción de conocer por primera vez a esta comunidad y de hacerlo cuando están recordando de corazón a un sacerdote al que tanto han querido.

Cuando el pueblo reza desde la vida

Después siguió la celebración con toda su normalidad, el sacerdote actual de esa parroquia abrió el momento de las peticiones para que la gente con libertad y espontaneidad participaran en dicha oración. Y ese fue el momento en que la gente sencilla, los del barrio tal cual, comenzaron a hablar con libertad: por su vecindad, porque sigue presente entre nosotros, porque nos amaba y amaba a los niños, porque vino con poco y se fue con menos… y daban gracias a Dios. Me llamó la atención mucho la afirmación tajante de un señor: “Jesús no se ha ido, él está presente, está en el corazón de todo el barrio, no vamos a olvidarlo nunca”. Me llamó la atención este dato, en una celebración donde creemos en Cristo resucitado y lo comparé con aquellos que desean que les pongan su nombre a una calle; aquí seguro que no van a hacerlo, pero está claro que su nombre está en el corazón de la calle, en la gente que la habita y eso vale más que las cerámicas nominales de calles que se pierden en la oscuridad de lo anónimo y lo olvidado.

El magníficat de Filo

Al final de la celebración, llena de cantos del pueblo, Filo, un mujer sencilla pero decidida subió al ambón, y oró dando gracias con limpieza de corazón y una claridad en su lenguaje que a mí me trasladó al cura querido que yo admiraba. Al que formó parte de ese barrio y de la causa de los obreros con el deseo de darles el evangelio, el de la vida y la justicia, la verdad y la paz. Filo no quería darme su papel, porque decía que tenía muchas faltas de ortografía, pero su ortografía era de una profundidad y ternura, que hasta las posibles faltas se hacían bellas. Os regalo su testimonio, como la voz del barrio ante Dios, agradeciendo y encomendando a este hermano querido, a este padre de ternura, a este cura entregado de pies a cabeza:

“Estamos aquí recordando a Jesús, nuestro párroco. Hablar de Jesús, es decir que pasó por la vida haciendo el bien. Jesús era feliz aquí eso era lo que quería, vivir entre la gente humilde y sencilla. Jesús fue querido por todos, él hablaba con todos, se conocía el barrio bien. Sabía el que estaba trabajando, en paro, el que salía a buscar espárragos para venderlos y traer el pan a sus hijos. A Jesús le dolía los problemas del barrio, su vida fue una lucha por la justicia, por un mundo mejor.
A nosotros nos enseñó a ver todo lo que nos rodea, lo bueno y lo malo, no enseñaba a juzgarlo a través del Evangelio y nos enseñaba a actuar sobre ello, con justicia, con verdad y con amor. Así era Jesús, un sacerdote como se suele decir de pies a cabeza, fiel a su vocación y fiel a su cita diaria con la Eucaristía, le daba igual mucha gente que poca, había días que celebraba la Eucaristía con una sola persona, muchos sabemos quién era esa persona, Juanito, ya sabemos cómo estaba y qué pasaba por su cabecita, pero él venía a estar con Jesús, se sentía querido por él y Jesús lo quería también. Ya están los dos allá arriba juntos otra vez. Cuántas cosas buenas se pueden decir de Jesús, pero hoy nos despedimos con ese saludo tan bonito que el decía siempre: “hasta mañana en el altar”.

Filo nos hizo vivo el pasaje evangélico: El padre ha enseñado lo importante a la gente más sencilla, a los que saben mirar con el corazón y se dan cuenta de quiénes les aman gratuitamente. Me imaginé a Jesús Martín ,gozoso en el Cielo, viendo a su barrio y al arzobispo con ellos en esa cercanía e intimidad, pensaba en cómo deseaba él que el pastor diocesano pudiera conocer y sentir a su barrio para que viera que lo que él decía era verdad.

La revolución de una fotografía

La foto que nos devuelve al paraiso de la infancia

La foto que nos desnuda en el paraíso de nuestra infancia

Enganchados

Entrada la noche, no puedo resistir el impulso de plasmar lo que nos está pasando en estos días, todo a partir de una foto. No es una foto de desnudos, lo cual tendría poco interés en el mundo actual, sino una foto que nos desnuda y nos devuelve a la realidad de nuestras vidas, aquel paraíso –no perdido ni olvidado, solo dormido- donde toda nuestra riqueza era la inocencia inquieta y alegre, la pura ilusión y todo un futuro lleno de esperanza para ir hacia adelante en la España de los sesenta. Ahora, cuarenta y seis años después, nos está revolucionando interior y exteriormente, por medio de estos medios watpaseros que nos devuelven a hacer y a sentir adolescentes. Eso que tanto criticamos los cincuentones y que ahora nos lo echan en cara nuestros familiares al ver que damos síntomas de adicción, todo por esta p… foto.

La foto del cura en el colegio

La foto fue realizada en el colegio libre adoptado “Santo Tomás de Aquino” de Granja de Torrehermosa en el curso 1969-70. El cura del pueblo, Don Manuel Tirado, que daba religión y Lengua, nos animó a fotografiarnos, organizó la historia, sacó bancos, nos puso en fila, y dio orden a un fotógrafo –ahora anónimo- para que disparara, lo que hizo sacando sin querer y de perfil al propio cura delante de todos los alumnos y alumnas de aquél curso de primero, nunca se habrá imaginado lo que iba a ser y a provocar ese hecho tan sencillo y familiar. Yo tuve la suerte de estar en ese lugar y de estar en esa foto. Yo creo que nos la regaló a todos –al menos a mí que era su monaguillo-, sería de las primeras de color que teníamos en nuestro haber. La he guardado como oro en paño toda mi vida, la he visto muchas veces y he pensado sobre ella y desde ella en todos los que aparecemos ahí. Yo salí para el seminario tras terminar ese curso, por eso quizá le di más valor al no tener cerca a todos los que allí aparecían.

Emociones medio siglo después

Ahora casi cinco décadas después, medio siglo, algunos corazones, de aquellos tocados por los mismos sentimientos, animados por los medios que hoy lo facilitan, se han puesto a buscarnos a todos para reconocernos y recordarnos, han sido como ángeles. Es decir, volver a saber unos de otros y volver a mirarnos con aquel corazón que nos desnuda, desde aquella infancia querida y viva que duerme en cada uno de nosotros. Y hacerlo, después de este recorrido vital, donde se entiende que nuestro ayer ya es ancho, nuestro hoy profundo, y nuestro mañana con sabor de esperanza ultimada, en la que ya más de uno está prejubilado y rodeado de nietos. La foto nos llama a encontrarnos desde la vida, desde lo más auténtico y limpio que permanece desde entonces y que nos ha acompañado en todo nuestro recorrido personal, familiar, laboral, social, lúdico, económico, religioso…

Nos hemos vuelto locos

Y nos hemos vuelto locos, no es para menos. El mundo de las emociones que se está despertando y que estamos expresando desnudamente son de locura. Hemos llorado de emoción y lo hemos dicho con una naturalidad, lágrimas del sentimiento puro, de la llamada que despierta y abre un montón de corazones que te esperan a través de un móvil, de recuerdo de los padres que ya no están, de los compañeros que se fueron, alguno ya desde la misma infancia y otro desde la vida alejada, que nos enteramos al conectar. Hemos reído a carcajadas recordando y reavivando todos los momentos de humor y vitalidad de pequeños vividos a piel de flor y que ahora se nos hacen entrañables. Anécdotas de amor, de juegos, viajes, escondites…todo lo propio de un mundo rural rico y entrañable, de personajes, lugares, tiempos, actos que están grabados a cincel de vida y de muerte, y que se hacen inolvidables. Pero que ahora se hacen vivos y nos cosquillean en el interior, queriendo recobrar con fuerza aquello que parecía olvidado. Mensajes y mensajes…. –algunos desde Tailandia, otros de Estados unidos, de todas las autonomías- no hay quien dé abasto, nos atropellamos, nos abrazamos, nos metemos unos con otros, pero con una delicadeza que nos vuelve a hacer únicos, sanando cansancios y agobios que también están de fondo pero que ahora, aunque queramos compartirlos en otro momento, no nos ganan la batalla.

También nos duele

Tan fuerte es recobrar un momento con ilusión, que algunos no lo resisten, les duele el momento, les pilla muy lejos desde su itinerario, o les rompe la ternura de lo que se expone y no lo aguantan pidiendo silencio y respeto, para poder elaborar su dolor y así, quizás, recuperarnos. Cómo nos gustaría a todos revivirlos, que la desnudez fuera transversal y a ninguno nos importara aparecer con nuestras debilidades y heridas, para entre todos poder ser curadas y sanadas, porque todos estamos llenos de cicatrices que pueden curar otras heridas. Algunos aún los estamos buscando.

Necesitamos abrazarnos y hacer el credo de nuestra vida

Pero aquella foto, sacramento de un momento, hoy nos devuelve a la desnudez primera, la de la ilusión trasparente y sencilla de la infancia, lo rural, lo humano, y queremos recogernos y recordarnos, volvernos a pasar por el corazón. Necesitamos abrazarnos, volver a hacer esa foto en el mismo lugar, homenajear a los que ya no están, compartirlo con todos los que quieran y que son nuestros, pero sobre todo compartir nuestras vidas y nuestros caminos, para poder confesar, que tras este largo recorrido de medio siglo, seguimos pensando que somos lo que sentimos y lo que queremos, no lo que tenemos. Que lo que podemos, sabemos o tenemos, no es nada comparado con la persona que somos y que hemos logrado desde nuestro mundo de relaciones. Necesitamos hacer nuestro credo de la vida, desde aquella ilusión hasta esta realidad, necesitamos confesarnos lo herido y lo sanado, la ganado y lo perdido, lo amado y lo fracasado, la fecundidad y la esterilidad, retormarnos en aquel punto de partida y volver a caminar juntos, después de dejar los esos disfraces que sólo tenían como fin ayudarnos a relacionarnos pero no eran nuestra identidad, eran instrumentos de camino, pero los caminantes éramos nosotros: profesiones, dinero, fama, casas, lujos, gozos… Necesitamos reunirnos y reencontrarnos para gritar fuerte que estamos seguros de una sola cosa: Que somos lo que amamos. Una sencilla foto nos ha revolucionado, nos está desnudando a todos, y el corazón se está poniendo a punto… ah el nombre del grupo es: “sesenta más o menos…” y es que estamos llegando, pero el corazón ahora mismo nos late como a los adolescentes y nos gusta.

Tres mujeres y una cruz

(Ante la celebración de la exaltación de la Cruz y de los dolores gloriosos de María… ocurrió en esos días)

Un regalo divino y una madre “héroe”

Me comunica el compañero de la parroquia que ha fallecido una persona de nuestra demarcación parroquial, que si puedo realizar su funeral el miércoles en la mañana. Me dice que es una chica de treinta y dos años, pero que no tenemos más referencias. Me paso hoy por el tanatorio, a última hora de la noche antes de regresar a casa, para conectar con la familia y situarme de cara al funeral que voy a celebrar mañana para orar por esta persona fallecida, junto a su familia y conocidos.

Al llegar me saludan conocidos de la parroquia que van a dar su sentido pésame a la familia y ya me dan pormenores interesantes de la situación. Alicia, la fallecida, tenía treinta y dos años y ha sufrido parálisis desde su nacimiento, siendo dependiente total. Su madre quedó viuda cuando ella tenía ocho años y otra hermana, Sara, cinco. Ha luchado  y se ha entregado por sus hijas como una “madre héroe”, sobre todo por la que más la necesitaba. Después del saludo, con su madre y su hermana, enseguida brota su sentir en estos momentos de dolor. Y según me van relatando lo que sienten y viven ante la muerte de la hija y la hermana, me voy sintiendo bañado de evangelio y de gracia vivida a borbotones. Su visión creyente y agradecida de la vida de esta criatura amada para ellas, me hace  emocionarme de encontrar tanta fe en la vivencia de una enfermedad y una limitación tan profunda.

Toda un  vida llena de vida

Al nacer, le pronosticaron un año de vida, consideran un regalo de Dios haberla tenido  más de treinta. Sara me dice, que la gente no puede imaginarlo, pero la sensibilidad que ella ha adquirido en la relación con su hermana, es algo que no puede compararse con todos los estudios de su vida, ni con la riqueza. Su madre me dice que tiene una paz y una serenidad, en medio del dolor, de haber sido fiel en el amor, de haber amado y sentirse amada por ella, y que ahora todo su amor se centrará en Sara, a quien ha descuidado más porque podía volar por ella misma. Le sostiene la esperanza de  que ahora va a ser cuidada por su padre, que ya la adelantó en el morir, y por el Buen Dios, que siempre ha estado junto a ella y ahora la tiene ya consigo para siempre. Tras orar con ellos ante el cadáver cuidado y rodeado de bellas flores blancas, de sencillez, pureza y hermosura, me vengo a casa, callado en el coche, dejando que el eco del encuentro se repita  y se repita, y en él encuentro respuesta a esa pregunta tan constante para el hombre, sobre todo ante el dolor, la debilidad, la limitación: ¿Dónde está Dios?

Ante Alicia, ¿Donde estaba Dios?

Y siento que el propio eco de lo recibido en minutos, se me hace grito y respuesta a la luz del evangelio que se ha hecho vida en esta persona y en la relación vivida con los suyos. Una vez más lo que dice el evangelio no es verdad porque lo diga el evangelio, sino porque es verdad en la vida, pasa realmente. Y así lo creo, se vuelve a cumplir lo de la verdadera señal de Dios:

“Esta es la señal, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”

Dios se ha revelado en Alicia:

–          Envuelta en pañales y acostada en un pesebre: dependiente.

  • Dios se ha hecho fuerte en tu debilidad. Tú has  vivido y has luchado en tu limitación, has sido un referente de esfuerzo y lucha por vivir. Has llegado a la meta, lo has conseguido, has entrado triunfante en la gloria.
  • Dios ha sacado lo mejor de mucha gente desde tu debilidad.
  • Has sido sentido y sentimiento de Dios por el camino de lo frágil, de lo que no cuenta para el mundo ni para la sociedad. Nadie puede imaginar lo que tú valías, tu verdadero valor en el amor,  nada más que los que te han querido y el Dios de la vida que ahora te ha protegido para la vida eterna.
  • No hay duda de que serás tú la que les abras la puerta del cielo a todos tus seres queridos cuando allí lleguen.  Y  con cantos, salto, brincos y carreras les abrirás todas las estancias, los caminos, las praderas del gozo y de la vida.

 

–          Rodeada de cariño y cuidados: Mayores. Abuelas, tíos, primos, jóvenes, niños… cuidados.

  • Dios se ha revelado sonrisa en tu rostro.
  • Juego en tu inocencia
  • Alegría en tu relación.
  • Gozo en lo gozado por ti.
  • Y  en ti, Dios, ha sido fuente de cariño y de bondad para muchos.

 

–          Piedra angular: Centro de vida  para  su madre y su hermana.

  • La piedra que desecharon los arquitectos –un año- ha sido piedra angular, un edificio triangular, rodeados de su familia. Nada de descarte, clara opción: no ha sido un castigo ha sido un regalo de Dios. Dice su madre: “Tu nos la diste y ahora te la entregamos agradecidos y esperanzados, sabiendo que tú la vas a cuidar con mimos divinos que acabarán con todos sus límites.”

 

–          Fuente y Lugar de la mayor sensibilidad.

  • Dice su hermana: No seríamos las personas que somos sin ella, no sentiríamos lo que sentimos, ni con todos los estudios del mundo.
  • Nos has dado la riqueza de sentir de un modo especial y único, que no todos lo entienden ni lo comprenden, lo que Dios enseña a los sencillos de corazón.

 

–          Oración de la madre  ante la vida ultimada de Alicia:

¿Cómo te podremos pagar Señor, todo el bien que nos has hecho con Alicia?

–          Alzaremos la copa de la salvación  e invocaremos tu nombre,

 y anunciaremos ante toda la asamblea que el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

 Grande porque nos eligió para ser portadores del tesoro de la vida de Alicia, un tesoro en vasija de barro, que hemos cuidado con amor hasta su último suspiro.

 Porque has atendido nuestro ruego  pedigüeño de que no sufriera para morir y que  ella  me antecediera en la marcha  y se fuera abrazada maternalmente hasta el último momento, para que así me puedas abrir las puertas del paraíso cuando  llegue yo también a la plenitud, contigo y con papá, y  allí nos encontremos definitivamente para no morir ni sufrir, sino solo gozar llenos de vida y de ilusión sin fin”

 

Esta noche como sacerdote, fui a conocer, consolar, y he salido confortado, reconocido y fortalecido en mi fe. Gracias Alicia, gracias familia, que Dios os bendiga y sintáis pronto el ciento por uno de todo lo amado. Ya no te veremos en tus sillas de ruedas, en tus paseos por el barrio y la zona, ahora serás tú la que, gloriosa desde el cielo, nos veas, nos sonrías y nos alegres la vida a los que vamos deambulando y muchas veces tropezando por este valle de esperanza. Ayúdame mañana, para que en mi torpeza de pecador, mis palabras puedan estar a tu altura, y yo diga lo que el Padre Dios y tú queréis que diga a todos los vuestros.