Las cenizas y el amor dolido de la madre

“El amor es más fuerte que la muerte”

(Desde el dolor esperanzado de una madre rota)

En los próximos días llegarán las cenizas de dos jóvenes y serán depositadas en un camposanto de un pueblo extremeño donde reposarán con los suyos. El quehacer de enterrarlos de su madre me abren al dolor esperanzado del sentido de la vida en la resurrección.

María José Risco , es extremeña de corazón universal como muestra su currículum y su vida, por eso va a traer las cenizas de sus dos hijos queridos a nuestra tierra para que descansen con los suyos para siempre. Lo hace en cuaresma, en tiempo de ceniza, cuando hablamos de la muerte como el camino para la vida. Lo hace con el corazón roto, con la entrañas abiertas y desgajadas, abrazada al hijo que le queda en esta historia, para poder seguir abrazándolo físicamente y ser, por él, abrazada, como sacramento de una realidad  familiar que exige ser eterna porque ha sido verdadera y única.

Quedan atrás los años en que, tocada de inquietud y de sentido profundo del bien interno de su profesión, traspasó los mares y se encarnó en Guatemala, para adentrarse con corazón y vida en proyectos de cooperación  en el deseo de una justicia que iguala y dignifica a los humanos. Guatemala fue su casa, su pueblo, su vida y, por lo mismo, su amor, allí se enamoró y se casó, fruto del matrimonio, nacieron sus tres hijos. Ella, siempre consciente, de que los hijos son de la vida y no propios, caminó con ellos animando sus alas de libertad, verdad, compromiso con la vida y su propio interior, con sus ilusiones y sus esperanzas. Libertad que posibilitó que Guillermo viviera con ella, estudiando en España, y que Alejandro y Cristina realizaran sus vidas, junto a su padre que falleció hace un año, en el mismo día que acaban de morir ellos,  en tierras gualtemaltecas, formándose y trabajando en aquella realidad en la que se sentían identificados, amando sus posibilidades y sus limitaciones, como si fueran propias.

Y ahora el dolor de una violencia mortal, en aquella tierra y pueblo amado,  los arrebata no sólo del abrazo de la madre sino también de la vida. Empujados por la violencia y la pobreza del robo, sin sentido, en una estructura de corrupción y poca seguridad,  han sido arrojados de este mundo y han tenido que vivir su horizonte personal  de muerte en la juventud más pura y más nueva, cuando sólo contaban con veinte años. Dos vidas, mellizos en una misma hora,   abiertas al amor y la esperanza, llenas de fuerza y de alegría, con un entusiasmo que sobrepasaba el tiempo y no encontraba lugar para tanta inquietud y  deseos de vivir y hacer.

El lugar que fue fecundado con la inquietud y la generosidad de aquella voluntaria joven, después madre consagrada, ahora se convierte en cementerio  triste de una luz apagada en este horizonte. Aquella voluntaria, hoy es forzada desde unas cenizas que sólo son amadas por lo que fueron, pero aún no apaga la luz de lo vivido y se agarra a esa realidad tan pura y auténtica, para poder seguir esperando  junto a la cruz, de pie –como la madre de Cristo-, erguida por la verdad de lo amado, por la fuerza de lo vivido, por el deseo de lo eterno, sabiendo y esperando que la injusticia y el mal no tengan la última palabra.

Ahora le toca a esta madre y a esta mujer, de raíces fuertes y firmes como las encinas de esta tierra extremeña, elaborar un duelo desde el credo de sus entrañas, el credo que asentado sobre el deseo de la justicia, de la igualdad y de la dignidad humana, le empuja con dolor a expresar que “el amor –como dice la Sagrada Escritura- es más fuerte que la muerte”, que el amor no puede morir y los amados tampoco. Ahora le toca, con los dolores de aquel parto doble, gritar  y esperanzarse de que habrá  un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que éstos que están grabados a fuego en el corazón de los suyos,  especialmente de ella como madre y de su hijo como hermano, vivirán para siempre y volverán a encontrarse. Ahora le toca, con el llanto de la madre herida, manifestar que todo ha merecido la pena, que ha sido afortunada en su ser y hacer, en la vida de estos hijos que ha acabado  tan injustamente, pero no sin sentido porque han amado y son amados, que quiere seguir trabajando por la igualdad y la dignidad de todos los hombres y en especial de ese pueblo que le ha roto sus entrañas y al que ha querido y quiere entrañablemente.

Y yo, que acabo de recibir la noticia, de un buen amigo, Pedro, que está unido en la verdadera amistad con María José, y se encuentra en aquellas tierras para facilitar el viaje de los restos para ser enterrados en la debilidad de la ceniza, en tierra extremeña, rezo a Dios, imaginando el dolor de la madre, por una violencia tan injusta, lo imagino en un corazón tan humano, tan voluntario, tan comprometido, tan maternal, con esa pregunta eterna por el mal injusto y el dolor inocente, desde el amor más puro. Ahora su fe, sólo su fe movida por el amor, la podrá mantener en pie y le da fuerzas  para escribir  la líneas que acabo de leer  con las que se ha dirigido al pueblo de Guatemala para una celebración eucarística en honor de sus hijos, que estuvo llena de vida y de esperanza, entre jóvenes y  personas queridas, con cantos de resurrección y amor. La misma  fe que  le mueve a desear una celebración aquí, en nuestra tierra, que transmita lo que sus hijos le transmitían a ella: ilusión y esperanza, de ese amor que por verdadero es más fuerte que la muerte.

Pablo Ráez, una razón de vida


PABLO RAEZ Y LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

Acaba de comenzar la cuaresma, el miércoles de ceniza me ayudaba a introducirme en ella un vídeo televisivo de Pablo Raez, el joven de Marbella, que con su modo de vivir la enfermedad y de enfrentarse a la muerte, se ha adentrado en el corazón de la sociedad española y ha sido noticia priorizada en todos los medios de comunicación social, ocupando lugar privilegiado en los telediarios durante varios días. El jueves compartía un día de oración con los sacerdotes de mi diócesis, acompañados por el arzobispo, el cual eligió un texto evangélico en el que se nos invitaba a ser pequeños y como niños ante el Reino de Dios. Orando ante el santísimo enseguida me vino a la mente las imagen y el testimonio de Pablo.

Comenzó mi contemplación con una de las frases de su padre en el reportaje, cuando comentaba que al entrar en la planta de tratamiento para la leucemia en el hospital, con su pequeña maleta, su hijo le dijo: “Papa, ahora ya se acabó mi infancia”. Le tocaba vivir y enfrentarse a una situación de dureza profunda, se le pedía una madurez nueva que tenía que elaborar y estrenar, él era consciente de la frontera que estaba pasando en ese momento tan simbólico. Después todo un proceso de dos años en el que por su modo de vivir la enfermedad, tan auténtico y original, ha traspasado la muerte de un modo singular y fecundo. Y eso es lo que ayer me seducía de su persona y su testimonio, cuando comenzábamos una cuaresma que una vez más apunta a la Pascua de la Resurrección, a la plenitud de la vida, a la vida eterna a la que se llega por la puerta de la cruz y de la muerte. Desde ahí surgía en mi interior una oración agradecida al Padre y a Pablo Ráez: “Gracias Padre, por darme este signo vivo de tu espíritu resucitado en la persona de Pablo Ráez… por él, hoy creo y espero más en la resurrección”. Hoy sentía el deseo de parafrasear con el apóstol Pablo que “si Cristo ha resucitado, Pablo Raez también resucitará”.

Contemplaba, a la luz de su testimonio, que este joven había vivido en lo oculto y lo anónimo del mundo, como Jesús en Nazaret, había intentado salir de la monotonía y buscaba en el deporte el lugar de la originalidad, las claves del vivir superándose y logrando su propio lugar específico, pasando de un deporte a otro y entregándose a fondo en ellos. Rechazaba estar en un sofá, quería encauzar su impulso y activismo en aspectos positivos para su persona. Vivía centrado en él y en los que le rodeaban como la inmensa mayoría de la sociedad, en una infancia prolongada. Pero el hachazo de una analítica realizada por razones casi deportivas, el sufrimiento de una rodilla, le llevó a la frontera de su infancia –su autocentramiento- y de la vida. Y tuvo que entrar en el deporte del despojamiento y del espíritu. En el entrenamiento del yo que se desnuda de todo ego para abrirse a la alteridad viviendo lo más propio, en este caso su enfermedad. Y ahí, con todo el ánimo de su espíritu se abrió al Espíritu de un modo radical y nuevo.

Desde la enfermedad se acercó a la búsqueda del sentido en el interior profundo de su yo y se abrió a los demás, a todos los enfermos de un modo original y único, a toda la sociedad con un mensaje de salvación y de esperanza profético, a la vez que se adentraba en el misterio de lo divino, para entender la existencia como proyecto, en un juego realmente comprometido, con una normas que no venían dictadas por uno mismo sino que las imponía una naturaleza débil en proceso, cargada de limitación, sufrimiento y muerte. Ahí unió fe y vida, salvación y enfermedad, vida y muerte, oscuridad y esperanza. Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él, siendo auténtico y original. Entendiendo la vida y la muerte desde el amor y la entrega, siendo para los demás, transmitiendo una “Buena noticia”, desde la pobreza y el mayor dolor, desde el más profundo despojamiento del ego, entregando su yo para que los demás tuvieran vida y esperanza, con una filosofía llena de confianza y de fuerza. Y todo ello envuelto en dolor, debilidad y miedo, no sintiéndose héroe, sino humano y compasivo. Hizo de su enfermedad, su vida pública, ahí donde muchos se esconden, él animado por el espíritu, se presentó en medio del pueblo, en los caminos, las plazas, las escuelas… en ese vehículo de las redes, que no solo enredan sino que también cuando encuentran la luz de una vida auténtica, se convierten en lugar de salvación y solidaridad. Ha sido un signo de salvación y de resurrección desde el cáncer, desde la muerte, desde la cruz, realmente como Jesús. Por eso, rezo al Padre dando gracias por su testimonio, Pablo Ráez es para mí una razón para creer en la resurrección, alguien así no puede morir, alguien así nos habla de que hay justicia divina y que no morirá para siempre, el que ha muerto como Cristo –bautizado, confirmado, comulgado en El- está ya en su gloria y, desde la comunión de los santos, será nuestro valedor y nuestro campeón de vida en la enfermedad y en la muerte.

He sentido alegría y envidia sana, por ese amigo-padrino, Pepe el sacerdote, que te ha acompañado y ha vivido este proceso de paso pascual, de la muerte a la resurrección. Imagino su experiencia vital al bautizarte, confirmarte y servirte el pan de la vida en la Eucaristía, y lo que Dios le habrá enriquecido con tu persona y tu experiencia. Yo también estoy muy agradecido a Dios por los signos de vida que descubro en los jóvenes.

Hoy, al comenzar esta cuaresma, ante Jesús en el altar, oro con confianza: “Pablo Ráez, confesor de la fe, testigo de la resurrección, ora pro nobis”.
José Moreno Losada. Sacerdote.

“El dolor y el amor fiel” – Un entierro “con-sentido”

Querido Manuel:

Celebrar el amor en el dolor

ALa imagen puede contener: 2 personas, anteojos e interioryer ha sido uno de los días memorable, en los que al celebrar la Eucaristía, me sentí más sacerdote y más creyente. Alguna vez te lo dije, amigo Manuel,  pero hoy quiero hacerlo más explícito y público. Tu persona y tu presencia siempre han sido un motivo de ánimo y de referente evangélico para mí  y los que te rodeaban en la residencia de la Granadilla.

Paco, mi compañero, me  llamó para ver si podía yo celebrar un servicio litúrgico funerario en el tanatorio, a las cuatro de la tarde porque él no podía. Sabíamos que el difunto era un residente de la granadilla, pero nada más, creíamos que era uno de los enfermos que había recibido el sacramento de la Unción el domingo. Pero al llegar al tanatorio y entrar para rezar ante el féretro, todavía abierto, me di cuenta que era tu cadáver el que tenía delante de mis ojos.  Me sorprendió y me dolió, no lo esperaba, porque el último domingo que celebré en nuestro centro allí estabas tú, como siempre, bien atento y dispuesto, con ese clamor dominical que sostenemos: “Aquí no hemos venido a morir, aquí hemos venido a vivir”. Al verte yacente y sin aliento vital, sentí tu ausencia y me habitó enseguida el recuerdo entrañable de tu presencia y tu humanidad, lo que tú has sido para mí y mi ministerio en la residencia. Después me contaron que el corazón, agotado de tanto amar –pensé yo- , se había parado para siempre. Se me agolparon muchos sentimientos y alguno expresé en la homilía, sobre todo se me vino al corazón las veces que habíamos estado juntos ante el altar con la riqueza de la vida, en su amor y en su dolor y limitación.

El evangelio de la verdad

Cada celebración  dominical de la eucaristía en nuestra capilla te he visto atento y  participativo, sentado atrás donde era más fácil incorporar la silla de ruedas de tu esposa, ese tesoro que no has soltado en ningún momento de tu mano, el tesoro que  has cuidado, protegido, mimado, acariciado, como nadie. Por eso algunas veces he hecho referencia a vosotros en la homilía al aplicar el evangelio a la vida. Tú ha sido para mí referente evangélico en tu modo de estar en la residencia y de cuidar a Francisca, tu esposa, en su enfermedad. Cada vez que el evangelio hablaba de entrega gratuita, de amor sin medida, de fidelidad radical, de compasión y misericordia, se me venía al corazón tu imagen agarrado a tu esposa amada, internados los dos  en ese centro  donde se cuidan dependientes.

Ser pan partido

He orado muchas veces con una conversación sencilla que tuviste conmigo, al comienzo de tu  presencia en el centro. Habías ingresado a Francisca porque los medios que  necesitaba ya no se los podíais dar en la familia, en casa. Al comienzo tu venías todos los días a visitarla y cuidarla, pero eso no duró mucho, porque hiciste tu reflexión  y  te dijiste a ti mismo que si ella estaba aquí, tú te vendrías en cuanto pudieras con ella, para compartir esta etapa, estabas dispuesto a entregar tu independencia para hacer amable su dependencia, para que no le faltara ni un minuto tu cuidado y tu ternura. Ante su debilidad tú entregabas toda tu fortaleza, tu vitalidad para que ella tuviera amor.  Por eso cuando yo partía el pan  en el altar, no podía por menos que darme cuenta que era lo que tú estabas haciendo todos los días, partir tu tiempo para dárselo a ella muy poco a poco, que era el modo en que ella podía recibirlo porque ya no se da cuenta de casi nada, aunque siente y recibe amor.

El vino de la vida

Pero además yo observaba cómo, desde esta situación y debilidad, con esa silla de rueda siempre en tus manos y en todas partes, has ido creando un ambiente de paz y armonía entre los compañeros, has jugado, reído, cantado, paseado, y siempre lo has hecho con otros, creando familiaridad y fraternidad. A mí mismo me has hecho sentirme bien cientos de veces, desde el pago de un café con cariño, hasta la conversación tranquila, la alabanza a los pequeños detalles que yo pudiera tener. Me gustaba cómo me recibías y me tratabas, la sencillez y naturalidad con la que lo hacías, y como era tu forma de ser y de estar. Me animaba cómo me hablabas y presentabas a tus hijos y a tus nietos, tu orgullo de sentirte querido y acompañados por ellos. Por eso al alzar el cáliz con vino de la alegría, de la sangre entregada de nuestro Señor, ponía también tu bien ser y tu ánimo positivo en medio de la limitación.

Que Dios te tenga en la gloria, por haber amado tanto

Por eso hoy, en tu entierro, cuando he leído el texto evangélico del grano de trigo que cae en tierra y da mucho fruto me lo he creído a pie juntillas pensando en tu vida, y cuando he ofrecido el pan y el vino consagrados, he sentido la presencia real de Cristo allí en la asamblea, porque tú has sido un verdadero testigo de quien ama y da la vida con alegría. Sí, en la misa de tu despedida, rodeado de los tuyos, de tus amigos, de compañeros de la residencia, he dicho el “por Cristo, con él y en él” con una emoción profunda, he recordado que tu junto a Francisca, en su debilidad y límite total, has sido: ternura, compasión, entrega, gratuidad, serenidad, cuidado, familiar, sensato, sabio, amigo.  El evangelio se ha hecho vida una vez más: “Te doy gracias Padre, porque estas cosas tan importantes no se las has revelado a los sabios y poderosos de este mundo, sino a los más sencillos”. Tú has sido sencillo  y has amado hasta la muerte, por eso Dios te habrá dado ya lo que te mereces: LA GLORIA.

Sigue cuidándonos y protegiéndonos desde el cielo, te necesitamos hermano. No dejes de abrazarme

Oración sacerdotal en un atardecer

“Escudriñar los signos de los tiempos”

LA VIDA

Reunión de pastores, consiliarios extremeños, buscando e indagando desde la vida el modo de estar y acompañar a movimientos apostólicos de Acción católica, cuando buscan caminos de profundización y renovación en la actualidad. Una cuestión de fondo acerca de las posibilidades y dificultades que nos encontramos en la realidad de hoy para poder acompañar en la iglesia y en el mundo. Una mañana de análisis compartido y profundizado, queriendo encontrar luz y gracia para el momento que vivimos. Un apunte entre otros…

Nos vemos traspasados por una realidad envolvente, que cuesta percibir y ponerle nombre, aunque todos la sentimos y padecemos. Hay un alejamiento, una ruptura de este mundo, que afecta a todo lo humano y, por lo mismo, a todo lo cristiano. Las instituciones, la economía, la política, el modus vivendi actual, están articulados desde el miedo y el deseo de seguridad. Ahí se va toda la vida, en alcanzar y conservar. El mundo queda dividido en dos planos de lo humano con una frontera muy flexible y peligrosa, los integrados y los que está fueran o van cayendo. Y la Iglesia caída en la tensión, preguntándose quién es y qué quiere.

Los que somos y estamos

Los integrados se ven absorbidos por la realidad en la que se integran, han de dar la vida para alcanzar lo que tienen y tienen que seguir dándola para no perder y poder conservar lo alcanzado, siempre a precios más altos. Sus vidas se dan en la rapidación brutal que no permite la opción, el proceso, la idea, ni la meta personal. La ideología no ha lugar, la religión ,la iglesia,tampoco, aunque se necesita como consuelo y no se tira porque hay momentos en que puede darnos de beber algo distinto. La Iglesia vive y se organiza desde ellos, no son los más grandes, son luchadores que se consumen en un éxito siempre fungible. No tienen tiempo para compromisos ni proyecto con metas de horizonte interior o profundo, y mendigan hasta el silencio. Por eso conviven con su fe y no la destruyen, pero no pueden vivirla. Mantienen la institución pero no pueden construirla ni vivirla, solo en las circunstancias, en los momentos… pero ni siquiera en la relajación, donde tienen que consumir lo exótico para poder descansar de lo obligatorio, se hace santo el viaje o la playa, más por necesidad que por lujo. Nuestros niños tienen agendas de integrados y su estrés es el camino de su salvación para el mundo, la religión es una catequesis de minutos sin hora, saliendo aprisa minutos antes para aprender otros idiomas, que el del evangelio no es tan eficaz. Nuestros jóvenes entre luchas y disfrutes, tensiones y poca esperanza se erasmizan y se internacionalizan, sin poder pensar en los otros que son muchos, demasiados, y su tiempo está muy cotizado, no les pertenece, se lo demanda el banco del mercado, que les dirá mañana para lo mismo decir mañana, a los que no son los primeros y elegidos.

Los que no son ni están: las migajas

Y en el otro nivel, los que desisten y viven la integración en el desalojo de toda inquietud, proceso o deseo, los que se encarnan en los límites y los aceptan para siempre, ocupándose o vaciándose de la simple supervivencia. Son muchos, pero los necesitamos, por eso seguirán viviendo. Más allá están los que no necesitamos, que son muchos más, los que están en el miedo de la desaparición y se disponen a morirse en el intento, porque más vale ahogarse en el mar, o helados en el frio de la nieve, que enterrarse en la propia tierra. Toda una humanidad sufriente, dolida ya sin dolor, viviendo sin esperanza, acostumbrados a la sombra sin ni siquiera algún lunes al sol. A estos no llegamos sino es con alguna ayuda desde donde podemos, no sé si desde lo alto. No son parte viva de la Iglesia, no son nuestros de comunión, no nos organizamos con ellos ni desde ellos, están fuera y los atendemos, pero no nos acercamos. Los pobres, los débiles, los últimos, los anónimos, los caídos… los que nos adelantarán en el Reino de los cielos.

Nosotros

Desorientados y desnortados… volvemos sobre nosotros, nos volvemos a preguntar, a programar, priorizar… pero estamos perdidos, muy perdidos, ni siquiera sentimos la tensión de “Dios o el dinero”… no sabemos escudriñar los signos de los tiempos, nos resguardamos de la intemperie, aunque ya no resiste el sombrajo y se agrieta con esa lluvia que no es querida pero que dicen que trae la vida y la primavera.

LA PALABRA

“Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Tendremos lluvia”, y así sucede. Cuando sopla el viento sur, decís: “hará calor”, y así sucede. Hipócritas, si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y el cielo, ¿cómo es que no sabéis interpretar el “momento presente” (Lc 12,54-59)

ORACIÓN

De nuevo Señor, al atardecer, siento la mano bendita y amorosa de tu bendición en el sol que declina y se desnuda en la ausencia, cuando ya va de caída. Contemplo cómo la nube grandiosa lo cubre y lo viste, como nodriza amable, para adentrarle en la noche de su descanso. Pero yo sigo con el interrogante peregrino de lo humano y lo divino, deseando saber, con todo lo creado que me rodea, quién es el hombre y a dónde va. Me lo pregunto en la mañana cuando ese sol comienza a brillar, y en la noche cuando con su marcha nos llega el frío y la oscuridad.

Somos, Padre, hijos del momento, nos vemos abocados a interpretar el presente y lo hacemos siendo perdidos, aunque hablamos de Oriente y Occidente, de Norte y de Sur, sin más referencia que los límites que nos sobrepasan y se imponen: ¿Qué nos está pasando? ¿Quién, qué y a qué nos están llamando? ¿Qué afirma este grito gigante y multitudinario de dolor humano sabido y contrastado? ¿De donde viene la sordera universal en el ahogo de la dignidad machacada en la inocencia más pura y martirizada de la historia? ¿Qué intereses, tan anónimos como encarnados, son los que mueven los hilos de este mundo donde han sido expulsados y masacrados los quijotes y los buenos sanchopanzas?

¿Y dónde estás Tú, mi Dios… dónde tu rostro, tus manos, tu costado, tu sangre, tu cuerpo, tu cruz y tu calvario, tu amor, tu grito, tu sed compasiva y entregada en el espíritu? – Tu clamor en la brisa me responde: en las víctimas sacrificadas y en los corderos degollados. Y yo grito: “Silencio”, como si de una película del momento se tratara.

¿Dónde tu Iglesia, tus elegidos, tus apóstoles y enviados, los profetas del pueblo, los mártires y los confesores, la multitud de testigos que han lavado sus mantos en la sangre de aquél cordero… y dónde estoy yo, ellos…? Desorientados, desnortados, asegurados y acomodados, dormidos y separados, con discursos que no acaban y conceptos tan discutidos como vacíos, todo en la vaciedad de lo abstracto, de la coma y del término que justifica hasta la violencia y la separación. Señor, qué desajuste y desasosiego, cuando no acedia y apatía, necesito tu voz y tu ofrenda, como el ciego del camino pido un milagro para verte, para verme, para ver mi mundo, para entender el momento.

Y sólo tu ofrenda, cuando cae la tarde, me envuelve y me salva de estos poderes e imperios que se imponen, tensos y acabados, dentro y fuera de tu cuerpo amado, de tu unidad querida, en la historia, la humanidad y el universo, la ofrenda de ti mismo como fuente y horizonte: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados…aprended de mí que soy manso y humilde”…

Danos, Jesús, tu mirada y tu espíritu para desentrañar nuestro momento, enraízanos en ti y haznos crecer en tu gracia y tu luz. Envíanos de nuevo y libéranos de todos los miedos acomodaticios y conservadores que nos invaden y absorben en nuestra iglesia, en nuestras comunidades, en nuestras tradiciones. Lánzanos a la verdad desnuda de lo humano, a la compasión de las entrañas, al corazón de tu encuentro, allí donde todos están en ti y nada está fuera de tu amor. Rompe todos nuestros odres centenarios y carcelarios que nos detienen y anulan, danos el vino nuevo de tu espíritu, para que borrachos de tu gracia volvamos a ti y te encontremos encarnado, crucificado y resucitado, haz que volvamos a meter nuestros dedos y nuestras manos en tu costado y en tus clavos. Renuévanos por dentro y danos un espíritu firme, ayúdanos a ser creativos y creadores en la humildad del momento y en sencillo de la humanidad atribulada en los pobres y cansados de hoy.

Espíritu divino, te siento vivo en el deseo que me habita, aunque me veo roto y descosido por dentro y por fuera. Gracias por poder compartir con los hermanos, con los que busco cercanía y luz en lo desnortado y desorientado de nuestra ceguera institucional y nuestra pobreza pecadora. Tú nos vuelves a llamar y a invitar para seguir dando pasos, sin dar palos de ciego, desde un corazón compasivo, como el tuyo, abrazados con todos los que, como nosotros, esperan tu palabra de vida y tu aliento. Solo tú Señor, puedes abrir nuestros ojos y nosotros, como el ciego del camino, te suplicamos como Iglesia al atardecer: “Señor, que vea”.

 

Atardecer en la espera -refugiados menores-

( Por  los menores migrantes y refugiados)

La belleza y la esperanza

Uno de los libros, de los  que se convierten en referentes en la vida de las personas, ha sido para mí “El hombre en busca de sentido” de Víctor Frankl. Son muchos los detalles  que han quedado grabados en mi interior de ese pequeño libro autobiográfico, donde el autor de procedencia judía cuenta su estancia en un campo de concentración y de la razón de vivir que alentaba la lucha de los que allí habitaban sin razones de esperanza visibles sino más bien de desesperanza total. Hoy Domingo, en el que la Iglesia nos ha invitado a celebrar el día de las migraciones y los refugiados, interpelándonos con la mirada a los niños que viven en esa situación,  poniendo en  la niña de nuestros ojos a los menores, he recordado ese testimonio vital.  Y en el atardecer, desde el balcón de mi casa, donde he  contemplado con paz y serenidad la belleza inusitada del sol que se despedía en el color más amable y sentido, con ese sabor materno de despedida, no he podido  por menos  recordar un detalle de la obra que se me hacía vivo y real, como si lo compartiera con el autor cuando él exclamaba: “Si alguien hubiera visto nuestros rostros cuando, en el viaje de Auschwitz a un campo de Baviera, contemplamos las montañas de Salzburgo con sus cimas refulgentes al atardecer, asomados a los ventanucos enrejados del vagón celular, nunca hubiera creído que se trataba de los rostros de hombres sin esperanza de vivir ni de ser libres.”

La belleza y el arte, confundidos en el abrazo del sentido, se convierten en razón para la esperanza, al darse en la gratuidad que nadie ni nada puede ocultar y robar de nuestro horizonte vital. Amanecer y atardecer se convierte en el acto más trascendente y misterioso que lanza a la criatura a lo totalmente otro, a aquello que puede convertirse en fundamento de lo último, rompiendo toda desesperanza y alumbrando que la última palabra sobre la vida no la tiene la muerte, sino la esperanza de un amor gratuito y salvaje que no puede ser detenido ni en su belleza ni en su arte.

El Cordero de Dios y el sufrimiento de los inocentes

La liturgia hablaba hoy del “Cordero de Dios”, simbología religiosa que sólo es comprensible en la doble dimensión de aquél que de ningún modo puede ni quiere hacer daño a los otros, porque su inocencia es pura y total, pero que a la vez, su misma inocencia le hace vulnerable al golpe de los otros, que no aguantando su belleza y su verdad, porque se sienten juzgados, la martirizan y la crucifican, sin saber que así le dan la belleza de lo eterno y la fuerza de la salvación, ya imparable para los que sufren inocentemente. Sí, hoy el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, con su propia sangre, está en todos los que están lavando sus mantos en esa sangre inocente, sumándose a ella. Los millares de niños migrantes y refugiados, que con su mirada buscan la belleza del atardecer, y del posible amanecer inseguro, que sienten y se emocionan con el misterio del día y de la noche, del don que reciben sin conquistarlo. Pero, sufriendo a la vez la ausencia de la serenidad y de la paz, de la justicia y la dignidad, tensionados entre la bondad de la tarde y la maldad de los hacen del sufrimiento su poder y su razón de ser y de verdad.

Los reyes de este mundo

Hoy mismo, cuando nuestro rey visita oriente con el cometido de estrechar lazos comerciales, y entre sus asuntos lleva el acordar el posible contrato de que aquí en España le vendamos los carros de combates para sus defensas y batallas.  Esas batallas que se harán al amanecer o al atardecer nublando la belleza del sol y su luz gratuita que solo quieren hablar de paz y de amor. Hoy mismo, hemos orado en el nombre de todos esos niños, desde los niños de nuestra comunidad, los hemos puesto en el altar de la Eucaristía y allí fundidos con el cuerpo y la sangre de Cristo, los hemos comulgado en la mesa de la fraternidad. El gesto ha sido de fusión con ese cordero de Dios universal en los inocentes que sufren, el sentimiento y la llamada no tenía confusión, nos hemos sentido invitados a ponernos de parte de ellos,  a caminar en la dirección que marca la belleza del atardecer. No podemos permanecer quietos, de ninguna manera, la paz y la serenidad con la que hemos gozado la luz abrazada del sol en salida, llena de belleza, es también para ellos y nadie por nada debe robársela.

El reto ante los refugiados: ahi está el cordero de Dios

Hoy el cordero de Dios, el que tiene el Espíritu de la vida, nos ha llamado  a trabajar por la justicia y la paz, a defender a los inocentes que sufren y a batallar con la gratuidad hasta que llegue a todos el pan, la paz y la alegría que nos es ofrecida y regalada cada mañana para que la podamos presentar realizada cada atardecer. Así lo contempló Juan el bautista al ver la humanidad de Jesús de Nazaret, su dolor inocente y su compromiso con los sufrientes de la injusticia humana, ahí sintió que estaba el verdadero Espíritu de Dios, y por eso lo proclamó Hijo divino. 

 

Bautizados en libertad

San Pablo  explicaba, de una forma muy sencilla, a los cristianos de sus comunidades lo propio del bautismo cristiano, lo que debería caracterizar a los miembros de las comunidades cristianas en medio del mundo: ” Para ser libres, nos libertó Cristo Jesús” (Gálatas, 5,1)

 ¿Originales  o copias?

Hoy, fiesta del Bautismo de Jesús, termina el tiempo de la Navidad y comienza el tiempo ordinario. El pastor diocesano, arzobispo Celso, ha estado en nuestra comunidad parroquial de Guadalupe, compartiendo la fe en la celebración de la Eucaristía. Nos ha invitado a vivir con profundidad y novedad nuestro bautismo, en el fondo nos ha animado a ser auténticos y originales en medio del mundo, donde casi todo es copia y uniformidad. Se Cristianos es adentrarse en la originalidad de  aquél sencillo hombre de Nazaret que rompió moldes y abrió caminos para el absoluto – rompió la separación de tierra y cielo- en medio de una sociedad rota y dolorida, caminos de novedad y de gracia, de luz y ternura. Esta tensión marca nuestras vidas de bautizados. El bautismo nos  anima a una elección diaria: “Ser copias o ser originales, uniformes o auténticos”.

Libres o programados

Nuestro mundo juega en dos direcciones muy distintas; por una parte las bases del mercado se asientan en la pluralidad de productos y sus modos para darnos la sensación de libertad permanente en la elección de los mismos. Existen mercados que te realizan un producto a tu propia medida para que no se repitan y tú puedas ser único en la utilización de  dichos productos. Pero por otra parte vivimos en el mundo de lo más copiado y falseado. Todos entramos por unos mismos cánones y  hacemos unas vidas muy similares, en muchos casos totalmente miméticas. Ya sean los estudios, las costumbres y diversiones, las modas, las aspiraciones…nunca hemos tenido un mundo tan igualado. La globalización, que podría posibilitar el encuentro y el enriquecimiento de lo diferente, nos da cuentas muchas veces de la uniformidad y de la imposición de lo poderoso y exitoso sobre todo los demás. Nuestros niños se vuelven locos  por ir a los Mac Donalds. Se podría contar muchas veces la vida de un joven, en su hacer y aspiraciones,  y aplicársela a otro cambiando simplemente su nombre. Estamos en el mundo de la serie…made in…

Ser uno mismo”: Autenticidad

Frente a eso siempre está permanente la invitación propia del ser humano a “ser uno mismo” y a serlo con “originalidad”. Vivir en Cristiano, vivir en la gracia de Dios, como bautizado, supone  estar y vivir la vida con claves verdaderamente originales, la claves que se obtienen viviendo desde él,  porque Dios es un Dios realmente original.

Mientras el pecado empobrece a la persona, quitándole su gracia propia, su originalidad, lo mejor de ella misma; la gracia del resucitado  y la  consiguiente novedad del bautismo lo que hace es desarrollar al máximo la riqueza de cada persona, llevándola a la plenitud de sus posibilidades, para que se alegre y se goce en ella misma, y pueda vivir en la verdadera libertad. A fin de cuentas vivir nuestro bautismo, es enraizarnos en la personalidad de Cristo y beber de su libertad y de su gracia vital  que irrumpe en el mundo  curando y rompiendo toda atadura para que toda personas pueda ser libre y auténtica.

Un bautismo de libertad conquistada

Vivir el bautismo es llegar a experimentar la libertad viviendo en verdad al encontrar el camino de lo auténtico y de lo más original. A eso estamos llamados los cristianos, y la vida diaria es el camino que nos lleva a  Pascua,  a la novedad más absoluta, que nos renueva en la originalidad y nos hace crecer en el Espíritu del Resucitado. Cada día nos jugamos lo que somos, lo hacemos en todo lo que decidimos, cada momento puede ser ocasión para  ser más originales y más auténticos, para que se desarrolle mucho más en nosotros la gracia del Bautismo. Seamos como Jesús de Nazaret, dejemos conducirnos por su luz y avancemos en el deseo de ser realmente únicos y originales en la sencillez de la vocación a la que hemos sido llamados, haciendo de una nuestra vida un sacramento de generosidad y de amor. Todo lo que tocamos puede ser tocado por el espíritu de la sencillez y de la entrega: trabajo diario, relaciones sociales, familia, actividades lúdicas, compromiso humano y social, vida parroquial, política… No hay nada  que no pueda ser bautizado por la gracia y el amor de los que viven tocados por la originalidad del Espíritu de Jesús.El agua que es la vida

En el nombre de Jesús…

La revelación de un nombre: Jesús.

El día de hoy se abría con esa connotación litúrgica de honrar el nombre de Jesús, el nombre humano del amor divino que se hace tan cercano y ordinario que sobrepasa las cuotas de lo limitado, el Dios que se dice en los límites y, desde ahí, nos salva, cuando nosotros siempre queremos salvarnos desde lo ilimitado, nos gustaría estar sin límites, lo cual probablemente fue el origen de nuestra muerte y nuestro pecado. Jesús, el niño envuelto en pañales –muy limitado- nos trae la salvación por otros caminos.

El Dios de los límites y la encarnación

Precisamente hoy el google me recordaba lo que escribía hace tres años contemplando a mi madre, cuando en su limitación más extrema, nos regalaba el mayor de los tesoros que la habitaba y que era su mirada. Así decía yo entonces ante la proximidad de la fiesta de la Epifanía: ”La mirada y el horizonte…la estrella de la epifanía de la vida. Para nosotros, se detiene donde tú estás y nos señala un límite lleno de posibilidades, en el que se nos da la ternura de la gloria y el motivo para saber vivir esperanzados esperanzando. La verdad y la luz del evangelio se vuelven a hacer fulgurantes en la máxima de la alegría que se vierte más en el dar que en el recibir, aunque cada vez más se está manifestando en la limitación aceptada y recibida. Cada día tu mirada, que es lo que nos va quedando, es más fija, más débil y, a la vez, mucho más profunda y libre. Tú sigues siendo el mejor regalo que nos ilumina en la espiritualidad de la encarnación, cómo no llegaremos a entender que el decrecimiento – la pequeñez, el sacrificio proexistencial, y la entrega gratuita que se expresa en la debilidad más total- es el camino del verdadero crecimiento -la resurrección y la vida que no tiene límites, ni pena, ni llanto, ni luto-.”

La confesión: Jesús sabe de su límites

Con este sabor del nombre del “Dios de los límites” y ese recuerdo salía de casar a tomar café y leer el periódico, placer de días libres. Allí me encuentro con amigos con los que comparto el momento de modo inesperado. Y estando allí, llega un joven -treinta algo de años-, que me saluda con cariño al reconocerme, sin saber muy bien de qué. Quiero recordar que se llama Jesús y me lo confirma, y pienso en el día de hoy y en lo que se celebra de este nombre. Yo sabía que él había estado con problemas de adicción, y me alegraba verlo alegre, con buen aspecto físico, muy deportivo, animado, hacía mucho tiempo que no lo veía. Me cuenta que está lejos de aquí. Había estado ocho años con una pareja y haciendo veces de padre con un hijo de ella, pero que últimamente no lo estaba viviendo bien y ante el peligro de desviarse, había renunciado a vivir en pareja y había acudido allí –cientos de kilómetros lejos de aquí- donde le “salvaron la vida”, y lleva un año trabajando por aquellos lares con su oficio cualificado. Ha venido a pasar estos días con sus padres. Y comenzamos a hablar, bueno, yo a escuchar. Una confesión de vida apasionante, una aceptación de sus límites, con un gran conocimiento de sí mismo y sus debilidades, de su proceso y de sus peligros. Sabedor de sus emociones y afectividades, de sus impulsos y tensiones, busca y contrasta, se dirige allí donde sabe que puede llorar y hablar horas, porque esa es su terapia y no quiere volver a dejarse enredar por lo que le quita la vida.

Su poder y su nazaret

Es capaz de perdonar porque sabe que ha sido perdonado, es humilde porque sabe que su orgullo psicológico le tiró a la basura, llora en las decisiones que toma, porque le duelen, pero lo hace porque tiene que ser auténtico y crecer sufriendo, sin engañarse. Le duele que no puede tener dinero y acepta que se lo administren los que lo quieren, porque no puede dar lugar a la tentación en los momentos de bajón. Y sigue… sigue… y me pregunta para cerciorarse de que soy sacerdote y que él me conoce de hace muchos años. En unos minutos sale en autobús para su destino, porque ahora no tiene coche. Pero agota el momento hasta el último respiro y se despide abrazándome, después de dejarme con toda la confianza del mundo sus límites confesados en mis manos y en mi alma. Y quedo desbordado por esta revelación de su nombre, que hace honor a su persona, Jesús. Un hombre roto, sanado que vive desde sus límites, que se emociona hablando de ellos, que agradece a Cáritas la persona que ha recuperado dentro de él y lo dice a gritos, sin complejo alguno, a la vez que tiene esperanza, ilusión y quiere hacerlo bien. Tiene mucho que vivir, lo más grande del mundo sería ser padre pero por su debilidad se para y no se lanza al vacío, pero ejerce su paternidad en otros mundos. Hoy me hablaba a mí como si fuera un hijo mío, pero yo lo escuchaba como a un padre, cuando me daba lecciones de cómo se puede vivir en el límite y hacer de eso un abrazo con un amigo en el que consideraba que se podía confiar. El nombre de Jesús, hoy a través de él, me ha desbordado.

Se extrañaron…

Mis amigos que me acompañaban en el café, se extrañaban y comentaban después que era impresionante como alguien en cualquier lugar puede llegar a mi persona, y ponerse hablar y compartir de este modo, al ver el tiempo que nos habíamos dedicado el uno al otros. Sin saber ellos la conversación que habíamos tenido. Ahora Jesús, ya estará a cientos de kilómetros, en aquel lugar donde sabe que crece en sabiduría y gracia, donde ha sido salvado y vive con más salud y protección. Y yo, miro al Belén de mi casa, me silencio para entender al niño envuelto en pañales, desde esta vida y esta persona con todos sus sentimientos, la grandeza de ese nombre, Jesús, el nombre de aquellos que saben vivir, ser salvados y salvar desde sus propios límites. Y yo me quedo extasiado y recuerdo el texto evangélico: “Gracias Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla y limitada… así te ha parecido mejor”, y la contrasto con la frase de un humorista que utiliza una entidad bancaria para una propaganda: “Improvisar una canción es fácil, basta con ensayar toda la vida”, y pienso en este joven y todo su proceso, hoy ha sido canto divino para mí.

José Moreno Losada

¿Inocentes y culpables?

Los santos inocentes

Hoy 28 de Diciembre hemos vuelto a jugar con el gozo de la inocencia y de las inocentadas. A mí me han llegado de varios sitios, amigos, grupos, hasta de las hermanas contemplativas. La alegría de aquellos que aun sin saberlo son testigos vivos de Cristo Crucificado, y forman parte del cortejo del Cordero que da la vida por los otros.  El recuerdo  de la gloria de los mártires. Pero el papa Francisco, siempre atento a la palabra de la Vida, ha querido unir a los mártires de los primeros siglos, a los mártires actuales. Cada seis minutos muere una persona en el mundo por el hecho de ser cristianos. Nunca en la historia hubo tantos mártires cristianos y es la religión con más martirio actual en el mundo. Y a esta  religión cristiana es a la que pertenecemos muchos de nosotros, ciudadanos del primer mundo y en libertad, que podemos proclamar y confesar nuestra fe con libertad, aunque a veces podamos sentir que falta consideración con el hecho religioso en nuestra sociedad laica y secular.

Un día de regalo y gracia

El  día para mí ha sido agradable. De esos días tranquilos que te dedicas a ti mismo sin saberlo, un desayuno tranquilo con lectura de periódico, la búsqueda de la peluquería que la han cambiado de sitio y el dueño me ha enseñado el nuevo local que está preparando para inaugurar el próximo cinco de Enero, la cogida de cita en la otra peluquería para estar más presentable en la entrada de año, un momento compartido con un amigo para hablar de nuestras cosas y recibir un regalo  de comida casera que me abastecerá más de un día, la llamada de unas amigas, Churri, de la universidad y , María Jesús,  de lo rural que querían verme y con las que he compartido la mesa. Después visita para ellas en la parroquia y renovación bautismal de una de ellas que celebraba hoy el treinta aniversario de su bautismo, y esto en nuestro nuevo baptisterio pintado por el artista Gamero, paisano suyo. Después descanso y preparación para la celebrar en la parroquia la eucaristía en la fiesta de los santos inocentes. Hasta aquí un día lleno de paz y de inocencia, de serenidad y gozo. Pero al pensar en la celebración, quiero recoger del mismo día hechos y personas para poner en el altar con motivo de esta celebración, y pienso en los mártires de los que hoy he tenido noticia en nuestro propio pueblo, mártires indirectos. Y me salen tres estampas.

Estampas de mártires: inocentes culpables

En las personas que hoy acudían a cáritas, he estado con los responsables de acogida, ha llegado una madre que tiene a su hijo de quince años en el Marcelo Nessi, no puede salir, acaba  penalización en Junio y ya teme su salida. Hablamos entre nosotros de su proceso, crónica de un fracaso anunciado. Dolor y desestructura desde su infancia más tierna, no tiene una identidad bien formada y le falta la capacidad básica de relación y de encuentro consigo mismo y con los demás. Los de fuera ven en él un peligro, maleante… pero no es otra cosa que un “inocente culpable”, con sus quinces años parece que no hay otro itinerario posible, nadie apuesta por él.

Otro joven, 22 años, su familia ya lo rechazado por miedo, vive en un pensión que le pagan unas religiosas, tiene un hijo, orden de alejamiento de su pareja… dice que es un desgraciado y que nadie lo quiere. Víctima de adicciones, deformado. Guapo y joven pero totalmente roto. Nació sin padre, con madre adicta a la droga que lo abandonó, vivió con abuelos, después con padrastros, con tíos, ya por dos veces internado en el Marcelo Nessi.  Nueva crónica de un fracaso anunciado y previsto. Con piedras  pesadas de dolor y mal en la mochila de la vida que nadie puede resistir. Yo no le tiraría la primera piedra, desde luego, porque no es otra cosa que “otro inocente culpable” que ahora causa víctimas.

 

Un señor mayor, de etnia gitana, viven  en la pobreza casi absoluta, no han venido a pedir hasta ahora, Diego le dice que cómo no vinieron antes, la nochebuena no tuvieron lo más básico… Vive el matrimonio solo, pero ahora ha venido un hijo, con cuatro nietos, que viven en una chabola en Sevilla, no traían nada y no tenían nada que darles. Pienso en esos cuatro nietos, y pido a Dios, que no sean crónica de un fracaso anunciado, pero lo veo difícil. Y está claro que ya son inocentes y víctimas… no sé si llegarán a culpables, pero si llegan algún día a serlo, no habrá duda de que vienen de la inocencia cargada de sufrimiento y martirio de lo humano en su carne.

Ellos son carne y sangre de Cristo crucificado

En la Eucaristía ellos han sido nuestros santos inocentes de hoy. Dolores y sufrimiento en una infancia en medio de una sociedad educada y rica, martirio y desprecio en una vida sin razón alguna. Carne de cañón para pasar de víctimas a agresores, de inocentes a culpables. Por eso junto a la broma, la celebración nos pone en carne viva por el sufrimiento de los inocentes, y uno piensa en el módulo tercero de la Cárcel que  cuando entras en él –según me cuentan los que lo visitan por voluntariados- parece un instituto por la cara de los adolescentes-jóvenes que lo habitan, muchos de ellos crónicas de fracasos anunciados casi desde su nacimiento. Y desde ahí, con voz tímida, hoy he dicho: “Tomad y comed porque esto es mi cuerpo… Bebed porque esta es mi sangre…”, pensando en estas personas dolidas y dolientes, agredidos y agresores, víctimas y victimarios, inocentes y culpables. Por ellos murió Cristo y a ellos les prometió: “Hoy estarás conmigo en el  paraíso”.

Estampas navideñas

Estampas de Navidad

Caricias de Navidad: “Un beso divino” (Navidad)

Cuando Dios fue besado por lo humano y se sintió querido. Navidad, cada año, me revuelve por dentro y se me hace real y evidente en detalles que me sobrepasan y me enternecen de un modo tan entrañable que me hacen desear ser más bueno de verdad, renovarme en los sentimientos mejores, al sentirme tan querido y tan acariciado.

Primera caricia de la vida: En la espera.

Encuentro de Navidad de los jóvenes estudiantes de acción católica, veinticinco años caminando en el deseo de ser y hacer al estilo de Jesús en medio de los institutos y la universidad. Allí están Juanjo y Eva, son animadores de estos jóvenes, antes ellos fueron jóvenes animados, ahora ya profesionales médicos con espíritu y deseos de servir más y mejor, también en grupos de revisión de vida. Pero ahora están en un momento trascendental de sus vidas, tras algunos años de matrimonio, están esperando a César y Ester. El seno de Eva es grande y redondo como el mundo y esta lleno de amor, su rostro de belleza de mujer fecunda que ya aguarda el momento del parto. Toco su vientre y quiero acariciar a Dios en los que ellos esperan y siento que Dios se deja tocar por mi mano, se siente querido, y desde ellos me responde con un beso divino.

Segunda caricia de luz : Tenemos una estrella.

El año pasado estaba recién nacida y era un lucero en el portal, este año ya es una estrellita en el portal de Belén, en su guardería, junto a sus profes, cuidadores y compañeros. Ella se convierte en centro la vida familiar de sus padres –mis sobrinos- y sus abuelos. El punto débil nos llena de fuerza, de ilusión y de vida. No ha dicho, ni ha hecho nada…sólo llorar y reír, pero para nosotros es todo. Lo débil confunde a lo fuerte, Dios está con nosotros. Paula abraza con fuerzas a su madre y le acaricia la cara sonriendo y es una de las imágenes más bellas de Dios que he visto nunca. Y profundizo de un modo nuevo en el texto bíblico, en medio de la guardería, porque “hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Y lo hago desde estos días en los que me he visto rodeado de centenas de niños en nuestra parroquia celebrando juntos el misterio de la navidad, con sus catequistas y familiares. Y es que no es Navidad porque haya fiestas, sino que es fiesta porque es Navidad.

Tercera caricia de sencillez en el límite: Los pastores de Belén.

Cada Domingo me dirijo a la Residencia de los Mayores de la Granadilla, es mi lugar de referencia celebrativo dominical más continuada. Allí me aguardan mis mayores para celebrar la vida y no la muerte. Repetimos a coro siempre: “Aquí no hemos venido a morir, aquí hemos venido a vivir”. Y son muchos de ellos los que buscan después de misa para decirme que han disfrutado de la celebración, que eso que yo he dicho lo están viviendo ellos, que esto del Evangelio es verdad. Yo sólo trato de llevar el evangelio a sus vidas, y ellos me responden como los pastores: “fueron y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre como les había dicho el ángel”. El último día que estuve salió Juan a mi encuentro, él tiene sus límites y discapacidad, pero me recibió, abrazó y me besó como a alguien muy querido, y cuando en la homilía pregunté quién y qué iba a ser lo más importante en estos días –mi pregunta era retórica- el gritó: Jesús, Jesús. Nunca creí que entendiera y atendiera, pobre de mí. Y Dios, en él, volvió a besarme como alguien muy querido.

Cuarta caricia de amor puro: “cuando Dios besa a Dios”.

Jueves a las siete de la tarde. Celebración de la Navidad, desde Cáritas, en la parroquia de Guadalupe de Badajoz, acuden el equipo directivo, los trabajadores de Cáritas, algunos voluntarios de las parroquias pacenses, sacerdotes y un buen grupo de acogidos, los residentes del centro hermano. Se forma una verdadera comunidad. Escuchamos la palabra de Dios de un modo creativo y participativo, van entrando los símbolos fundamentales de la navidad: el pan, el vino, las flores… una pancarta que se hace grito profético y eco del Papa Francisco: “Nos han robado la esperanza”… y el niño-Dios viene a esperanzarnos y recuperarnos. Así llegamos al momento central, al gloria de lo humano y lo divino, y un joven acogido en su herida y fracaso, como uno más de la comunidad, se adentra procesionalmente con la imagen del niño desnudo en sus manos. En su rostro muestra huellas de dolor y , al mismo tiempo serenidad esperanzada, sus ojos brillan. Lo porta con una ternura extraordinaria entre sus manos, se acerca a la cuna para depositarlo y, al llegar, se detiene, lo mira fijamente, y le sale de dentro de sus entrañas un beso fuerte y sonoro, no programado, sentido y querido. Ahí, ahí mismo, en esa celebración era Dios quien besaba a Dios, en lo humano, en lo roto, pero sobre todo en lo esperanzado. Devolver la esperanza es el oficio de Dios, se hace carne en cada rostro que vuelve a desear besar desde lo profundo, a sentir cariño e ilusión de una nueva vida, de un nuevo nacimiento.

Cáritas quiere ser el rostro de Dios que devuelve la esperanza y estamos buscando socios que se unan a este oficio divino, únete a esta empresa y serás besado de Dios y tus besos serán divinos como los de este hermano joven al que le vuelven a brillar los ojos por la emoción y los sentimientos de una vida que se sueña ya, como nueva, en su propio corazón.

Preadolescentes: ¿ Desnortados o con brújula interior?

Una niña muerta por coma etílico
Veo la noticia de una niña de doce años que ha muerto en Madrid por causa de un coma etílico y me reafirmo en esta reflexión que hacía desde la experiencia de acompañar chavales de esas edades en mi ámbito parroquial. El arma que tenemos frente a la muerte y el desnortamiento de nuestros chavales no es otro que la brújula de la interioridad. Nos pedirán cuentas de esta responsabilidad.

Niños con brújulas, con norte de santidad Seréis santos…

Soy un convencido de que Dios nos da un trozo de pan resucitado cada día, en medio de la vorágine del vivir diario, para seguir manteniendo la esperanza y no perder el norte. Ayer lo viví por la tarde en el entorno de la parroquia, con una actividad preparada con y para los preadolescentes.

Los preadolescentes

Todo sabemos que es una edad que tiene su intríngulis, cuando terminan la primaria y acceden a la secundaria, no sabemos bien cómo acertar. En la comunidad parroquial nuestra no deja de ser un interrogante que nos lleva años de trabajo, pues se mantienen catequéticamente tres años, a encuentro semanal, con el norte de la celebración de la primera comunión, pero después se da la desbandada, se desnortan. No conseguimos un proceso que les seduzca y les anime.

Este año, animado con padres interesados, especialmente Paco y José Miguel, estamos intentando algo nuevo y distinto. Iniciar un proceso de pedagogía de la fe, que pase por la acción, en el que ellos comiencen a ser verdaderos protagonistas de lo que creen y de lo que hacen, a su estilo y modo, acompañados con ilusión y paciencia con nosotros. De ahí van saliendo estos trozos de esperanza y de resurrección desde nuestros preadolescentes y ahí se sitúa ese momento de ayer en el que salí esperanzado y motivado por ellos y su alegría participativa, con un verdadero protagonismo. Hablamos de que estamos creando una asociación de chavales para chavales, después ya veremos dónde se insertan, según sus procesos, a nivel de movimientos apostólicos eclesiales.

Tropa solidaria de Ntra. Sra. De Guadalupe

“Tropa solidaria de Ntra. Sra. de Guadalupe”, así se autodenominan una docena de preadolescentes que el curso pasado, en Mayo, celebraron por primera vez la Eucaristía participando en la mesa de la comunidad eclesial. Ellos mismos se han encontrado, han escrito y comunicado a sus compañeros el interés por volver a juntarse y a caminar juntos. Ahora no lo hacen porque busquen llegar a una celebración sino porque quieren compartir juntos un camino, quieren asociarse y programar un itinerario en el que ellos sean protagonistas y lo están siendo.

Dar, ayudar y compartir

El lema síntesis de lo que deseaban al asociarse era muy sencillo: “Siempre listos para dar, ayudar y compartir”. Además con sus ideas y su arte han ido hasta confeccionando su escudo-símbolo, que me ha gustado tanto, y me identifico tanto con él, que lo he puesto como foto nick en las redes. Me alegra iniciar el proceso con este protagonismo tan claro de estos chavales.

El norte y la santidad.

Hoy tocaba celebrar la fiesta de los santos, la santidad, la alegría que produce la bondad de Dios en los corazones de los hombres. La santidad ha de ser nuestro norte y así ha sido en la dinámica preparada por un padre, Paco, que a través de brújulas, enseñándonos a buscar con ellas, nos ha llevado a distintos puntos del parque del bioclimático, en los que nos encontrábamos las figuras de santos concretos: Francisco Javier, Teresa de Calcuta, Tomás de Aquino, Juan de Dios, Isabel de Portugal… En cada uno de ellos hemos descubierto claves de santidad. Ya están motivados para la próxima sesión: ¿Dónde está el norte de nuestra santidad personal? ¿Qué es ser santos? ¿Podemos y queremos serlo? ¿Nuestra asociación nos puede ayudar a santificarnos? ¿Nuestro lema es lema de una tropa santa?…

Al final hemos terminado comiendo nuestros higos, castañas, nueces, con casamientos… Como veis no luchamos contra nada, otras fiestas o nombres, sólo nos preocupamos de profundizar en la grandeza de lo que tenemos, nos empeñamos en unir santidad, alegría, gozo y entrega.

Seguiremos… “Si quieres, vente con nosotros”

Cuando estábamos en la actividad, Abel, muy inquieto y bastante autónomo, me ha gritado y me ha llamado: “Pepe, Pepe… allí está Joaquín que estaba en mi grupo. Dile que venga a nuestra asociación”. El niño se ha acercado le hemos hablado sobre la carta enviada, ha dicho que la ha recibido, que lo hablará con su madre y si quiere se apuntará. A los tres minutos venía a apuntarse y meterse en la actividad, ha disfrutado como el primero. No he podido menos que acordarme del Papa Francisco, una Iglesia en salida… una parroquia en el parque del barrio, llamando allí donde ellos juegan y son. Ellos mismos apóstoles de ellos mismos, con la alegría del evangelio y las ganas de ser ellos mismo. Ahora toca seguir, sin desaliento, animarlos, acompañarlos. Ojalá más padres se coimpliquen, ojalá más preadolescentes se unan y les prestemos un verdadero servicio para su protagonismo y su grandeza en la generosidad, que favorezcamos su santidad. Estamos convencidos que lo que más felices les va a hacer no es su currículum sino su generosidad y grandeza interior, vamos a trabajar por ellos y con ellos. Para que sean santos. A mí no hay duda de que ayer me santificaron.