Esposa y buena samaritana: proximidad y cuidado

Celebrar en la residencia de mayores y de personas que necesitan de muchos cuidados tiene un sentido especial. Así lo vivo yo cada domingo y me dejo sorprender por lo que Dios me va revelando cariñosamente a través de ellos y sus vidas abiertas y compartidas.

Hoy María Rosa me ha sorprendido en la eucaristía…
Acababamos de proclamar la bella página del evangelio con el relato del buen samaritano ante la pregunta interesada sobre quién es el prójimo a quién tenemos que querer como a nosotros mismos. Estuvimos reflexionando sobre las claves teológicas fundamentales marcadas por Jesús en el relato al poner en primer nivel la “proximidad” y el “cuidado”. Me había atrevido a poner ejemplos concretos dentro de nuestra pequeña y pobre comunidad de la residencia de mayores de la granadilla que estábamos allí celebrando la eucaristía. Hice alusión a Marina y su hermana María de los Ángeles, a residentes que se había hecho amigos de verdad en esta etapa vital aunque antes eran totalmente indiferentes en la calle uno del otro en el mismo barrio, a matrimonios de toda la vida que están allí y a otros que se han iniciado como pareja en este contexto. También me inspiré en Maria Rosa, la conozco hace unos años, cuando ingresó José como dependiente total en nuestra residencia, matrimonio muy joven  para la media de los residentes. Siempre han venido a la celebración de la Misa y me encanta cómo participan, él desde su limitación fuerte y ella con la frescura y el cariño de una ternura y una compasión incomparable. Hacía tiempo que no venían por motivos de pandemia, ahora han vuelto hace unos meses. Y hoy, cuando habían recibido con mucha unción la sagrada comunión, ella que había proclamado la segunda lectura, al faltar Gloria, se acercó con un papel en la mano y me dijo:”tengo esta oración poema que me gustaría mucho que se leyera para todos porque a mí me ha ayudado mucho en mi vida y en la enfermedad de mi marido…”  Abrí el folio enrollado y al ver el poema místico de que se trataba le pedí que lo leyera ella en alto para la asamblea como signo de lo que vive junto a José, su esposo, en esta etapa de su matrimonio y en esta dedicación total a él. Me pareció una bella imagen plástica de la parabola viva en el día de hoy, en nuestra asamblea pobre de la comunidad de mayores de esta residencia pública. Todos nos emocionamos al escuchar sabiendo de quien se trataba y de lo que significaba para ellos. Su esposo que no puede apenas moverse, apretaba sus manos como signo de aplauso y la miraba fijamente con la ternura y la misericordia del Dios samaritano. Entre ellos no hay otra cosa que proximidad y cuidado, evangelio puro…escuchadlo.

Cuaderno de vida: para no silenciar la muerte

Cuaderno de vida

“ Para no silenciar la muerte”

Me motiva poder compartir desde este balcón semanal notas de un cuaderno de vida como es el mío. Os puedo confesar que mi riqueza más grande no es lo que poseo, ni lo académico, o lo que me pueda rodear de reconocimiento de los otros por el ejercicio de mi ministerio, aunque nada desprecio. Lo que más amo es la capacidad de poder entrar con mi cuaderno de discípulo en la escuela de la vida y dejarme interpelar y seducir por ella. La vida que te llega y te sorprende tocándote por dentro y descubriéndote los tesoros y las perlas que se esconden en el campo de tu historia y en el fondo de todo lo que te rodea. Le debo esta mirada a maestros del espíritu, personas muy sencillas que saben ver la vida en lo profundo de la mayor compasión. Seres encarnados en la calle y en la historia, de a diario que proclaman la profundidad del detalle y de lo cotidiano, los que me han enseñado a ver lo que no se ve, como hizo el Jesús del evangelio con los discípulos.

El nombre y la metodología del cuaderno de vida me lo sirvieron en movimientos de acción católica especializada y la educación humanística y evangélica del seminario. No se trata de un diario que relate emociones, ni de una crónica que dé cuenta de lo acontecido, ni siquiera de análisis de tipo social, económico o psicológico. Se trata de algo más interior y de trascendencia, que ayuda a traspasar lo epidérmico para adentrarse en la savia profunda de lo que acontece en la realidad, cuando el corazón ve lo invisible de la vida que se revela para ser luz y llenar la existencia de verdad, de sentido, y lo hace desde el detalle que puede pasar más desapercibido a la generalidad. Y para que no quede en pura teoría os introduzco un pequeño hecho de vida de gran trascendencia, anotado en mi cuaderno hace poco.

Presidía un tribunal de trabajo fin de grado en la facultad de educación, una de las alumnas de educación infantil presentó su trabajo sobre un tema que llamaba la atención, se trataba de la educación sobre la muerte a niños de esas edades tan tempranas, lo llamaba “Cuando termina la vida”. El trabajo merecía ser leído por la profundidad y sistematicidad del mismo, era un trabajo serio. Le pregunté la razón del tema elegido, sabiendo que era de difícil desarrollo. Su respuesta fue: “en las prácticas del último curso, había en el aula una niña de cuatro años que había perdido a su madre, eso me impactó y sentí la necesidad de saber cómo debería actuar como docente comprometida con esa situación de esa niña y ante los demás con este tema tan importante y olvidado”. Ahí tenemos un hecho, en el cuaderno vital de esta alumna, que propició la vida y el compromiso de su ser estudiante. ¿Se entiende?

Ella lo “vio”, contempló la realidad no desde la lástima, sino desde la interpelación a su profesión, su pregunta era cómo ser maestra en aquella situación, había que actuar, prepararse para ello. Había un motivo para estudiar y para hacer de este trabajo algo querido y amado, desde la afectación por una niña a la que tenía que servir con su formación. Ahí está el bien interno de una profesión, aquello que el otro necesita de mi servicio, para eso hay que saber ver y dejarse afectar. Yo me quedé con la anotación y en estas reflexiones vitales ando.

Un Dios a trozos y aparentemente destrozado (Corpus Christi)

Corpus Christi: Un Dios que se da partido, a trozos.

Llamados a ser en común. La Eucaristía nos alimenta y nos empuja para construir y animar nuestra comunidad cristiana. No hay Eucaristía sin comunidad, ni comunidad cristiana si no es eucarística. La comunidad es el espacio donde creemos que podemos acompañar y ser acompañados, generar presencia, anuncio, denuncia y otro estilo de vida. En el detalle pequeño y oculto se despliega la fuerza radical del resucitado que se hace presencia real y oculta más allá de lo que tú comtemplas

Queremos crear, desde el amor de Cristo que se nos da como pan, espacios liberados donde el que sufre, encuentra consuelo; donde el sediento, encuentra fuentes de vida y ánimo para saciarse y seguir caminando; donde el que necesita cuidado, acogida y cariño, encuentra la cercanía del otro que le dignifica y le reconoce en su dignidad de humano y de hijo de Dios. La dimensión socio caritativa de nuestra fe y de nuestras comunidades, alimentada eucarísticamente, ha de ser priorizada en nuestras parroquias, asociaciones, movimientos, congregaciones, en toda la Iglesia. Cáritas es un instrumento de concienciación y animación en este sentido, que nos invita a construir la casa de todos.

 Desde la comunidad cristiana, sabiendo que gente pequeña con cosas pequeñas y en pequeños lugares, vamos transformando como levadura y sal el mundo. El horizonte eucarístico de la Iglesia está claro: habitados y alimentados por la presencia real de Cristo en la Eucaristía, estamos llamados a ser eucarísticos, a ser pan partido y comido por los hermanos, especialmente por los que tienen hambre y sed de justicia. Así seremos los cristianos, prolongación de esta presencia real eucarística en medio del mundo, entre los hermanos, y seguiremos caminando hacia la Vida Eterna.

Correos de sacramentalidad y presencia real

ordenador

Así lo siento hoy al recibir un correo electrónico en mi dirección de la universidad:

“Soy …, alumna de doctorado de la facultad y ocasionalmente profesora sustituta en el departamento… Pero le conozco por otro motivo. Tuve el placer de conocerle cuando ofició el funeral de mi hermana. Tengo un agradable recuerdo de esa misa. Consiguió que el momento más doloroso de mi vida fuera bonito y mi hermana tuviera la despedida que se merecía, algo que alivió en gran medida nuestro dolor y que le agradeceremos siempre. Para que recuerde de quién se trata, le paso las bellas palabras que escribió en el periódico sobre ella… En esta ocasión le escribo porque el próximo año me gustaría casarme y desde el entierro de mi hermana supe que, llegado el momento, le pediría a usted si podría oficiar la boda. Para mí es importante porque creo que mi hermana estaría de alguna manera presente ese día con nosotros si usted oficiara la misa, pero también porque creo que tiene una sensibilidad especial para recoger el sentir de las personas a las que acompaña. A nosotras, en un ratito, supo conocernos bien. Por estos motivos, a mi pareja, Ángel, y a mí nos alegraría enormemente que pudiera estar con nosotros ese día.”

Repaso aquella nota del cuaderno de vida, ante la celebración del Corpus próximamente, y veo que es la mística del Dios troceado que hace pan de gloria y vida donde muchos sólo ven límites y exclusión… la presencia real de Cristo.

Un regalo divino y una madre “héroe”

madre

Me comunica el compañero de la parroquia que ha fallecido una persona de nuestra demarcación parroquial, que si puedo realizar su funeral el miércoles en la mañana. Me dice que es una chica de treinta y dos años, pero que no tenemos más referencias. Me paso hoy por el tanatorio, a última hora de la noche antes de regresar a casa, para conectar con la familia y situarme de cara al funeral que voy a celebrar mañana para orar por esta persona fallecida, junto a su familia y conocidos.

Al llegar me saludan conocidos de la parroquia que van a dar su sentido pésame a la familia y ya me dan pormenores interesantes de la situación. Alicia, la fallecida, tenía treinta y dos años y ha sufrido parálisis desde su nacimiento, siendo dependiente total. Su madre quedó viuda cuando ella tenía ocho años y otra hermana, Sara, cinco. Ha luchado  y se ha entregado por sus hijas como una “madre héroe”, sobre todo por la que más la necesitaba. Después del saludo, con su madre y su hermana, enseguida brota su sentir en estos momentos de dolor. Y según me van relatando lo que sienten y viven ante la muerte de la hija y la hermana, me voy sintiendo bañado de evangelio y de gracia vivida a borbotones. Su visión creyente y agradecida de la vida de esta criatura amada para ellas, me hace  emocionarme de encontrar tanta fe en la vivencia de una enfermedad y una limitación tan profunda.

Toda una vida llena de vida: presencia real

Al nacer, le pronosticaron un año de vida, consideran un regalo de Dios haberla tenido  más de treinta. Sara me dice, que la gente no puede imaginarlo, pero la sensibilidad que ella ha adquirido en la relación con su hermana es algo que no puede compararse con todos los estudios de su vida, ni con la riqueza. Su madre me dice que tiene una paz y una serenidad, en medio del dolor, de haber sido fiel en el amor, de haber amado y sentirse amada por ella, y que ahora todo su amor se centrará en Sara, a quien ha descuidado más porque podía volar por ella misma. Le sostiene la esperanza de que ahora va a ser cuidada por su padre, que ya la adelantó en el morir, y por el Buen Dios, que siempre ha estado junto a ella y ahora la tiene ya consigo para siempre. Tras orar con ellos ante el cadáver cuidado y rodeado de bellas flores blancas, de sencillez, pureza y hermosura, me vengo a casa, callado en el coche, dejando que el eco del encuentro se repita y se repita, y en él encuentro respuesta a esa pregunta tan constante para el hombre, sobre todo ante el dolor, la debilidad, la limitación: ¿Dónde está Dios?

Ante Alicia, ¿Dónde estaba Dios?

Y siento que el propio eco de lo recibido en minutos, se me hace grito y respuesta a la luz del evangelio que se ha hecho vida en esta persona y en la relación vivida con los suyos. Una vez más lo que dice el evangelio no es verdad porque lo diga el evangelio, sino porque es verdad en la vida, pasa realmente. Y así lo creo, se vuelve a cumplir lo de la verdadera señal de Dios:

“Esta es la señal, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”

Dios se ha revelado en Alicia:

–          Envuelta en pañales y acostada en un pesebre: dependiente.

Dios se ha hecho fuerte en tu debilidad. Tú has  vivido y has luchado en tu limitación, has sido un referente de esfuerzo y lucha por vivir. Has llegado a la meta, lo has conseguido, has entrado triunfante en la gloria.

Dios ha sacado lo mejor de mucha gente desde tu debilidad.

Has sido sentido y sentimiento de Dios por el camino de lo frágil, de lo que no cuenta para el mundo ni para la sociedad. Nadie puede imaginar lo que tú valías, tu verdadero valor en el amor, nada más que los que te han querido y el Dios de la vida que ahora te ha protegido para la vida eterna.

No hay duda de que serás tú la que les abras la puerta del cielo a todos tus seres queridos cuando allí lleguen.  Y  con cantos, salto, brincos y carreras les abrirás todas las estancias, los caminos, las praderas del gozo y de la vida.

–          Rodeada de cariño y cuidados: Mayores. Abuelas, tíos, primos, jóvenes, niños…cuidados.

Dios se ha revelado sonrisa en tu rostro.

Juego en tu inocencia

Alegría en tu relación.

Gozo en lo gozado por ti.

cruz

Y en ti, Dios, ha sido fuente de cariño y de bondad para muchos.

–          Piedra angular: Centro de vida para su madre y su hermana.

La piedra que desecharon los arquitectos –un año- ha sido piedra angular, un edificio triangular, rodeados de su familia. Nada de descarte, clara opción: no ha sido un castigo ha sido un regalo de Dios. Dice su madre: “Tu nos la diste y ahora te la entregamos agradecidos y esperanzados, sabiendo que tú la vas a cuidar con mimos divinos que acabarán con todos sus límites.”

–          Fuente y Lugar de la mayor sensibilidad.

Dice su hermana: No seríamos las personas que somos sin ella, no sentiríamos lo que sentimos, ni con todos los estudios del mundo.

Nos has dado la riqueza de sentir de un modo especial y único, que no todos lo entienden ni lo comprenden, lo que Dios enseña a los sencillos de corazón.

–          Oración de la madre ante la vida ultimada de Alicia:

¿Cómo te podremos pagar Señor, todo el bien que nos has hecho con Alicia?

–          Alzaremos la copa de la salvación e invocaremos tu nombre, y anunciaremos ante toda la asamblea que el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

 Grande porque nos eligió para ser portadores del tesoro de la vida de Alicia, un tesoro en vasija de barro, que hemos cuidado con amor hasta su último suspiro.

 Porque has atendido nuestro ruego pedigüeño de que no sufriera para morir y que  ella  me antecediera en la marcha  y se fuera abrazada maternalmente hasta el último momento, para que así me puedas abrir las puertas del paraíso cuando  llegue yo también a la plenitud, contigo y con papá, y  allí nos encontremos definitivamente para no morir ni sufrir, sino solo gozar llenos de vida y de ilusión sin fin”

 Aquel día como sacerdote, fui a conocer, consolar, y salí confortado, reconocido y fortalecido en mi fe. Gracias Alicia, gracias familia, que Dios os bendiga y sintáis pronto el ciento por uno de todo lo amado. Ya no te veremos en tus sillas de ruedas, en tus paseos por el barrio y la zona, ahora serás tú la que, gloriosa desde el cielo, nos veas, nos sonrías y nos alegres la vida a los que vamos deambulando y muchas veces tropezando por este valle de esperanza.

Ese día comulgamos con el Cristo glorioso en la celebración eucarística de despedida de Alicia, pronto, Dios mediante, lo haremos también con la misma presencia de Cristo resucitado en el pan de la Eucaristía, cuando celebremos el amor de esta pareja, Sara  -su hermana- y Ángel. Gracias Padre por hacerte cada día pan partido en el camino de la vida y alimentarnos a los que te buscamos en la vida de lo diario y en el corazón de lo humano.

Pentecostés: “No podemos seguir así”  

¿Del discurso al hecho va mucho trecho? El Espíritu se muestra en la acción transformadora de los acontecimientos y de las comunidades. No es el espíritu del discurso sino de la vida en la realización de los hechos, el discurso sólo ha de existir para dar razón del cambio profundo vivido, en la experiencia de que el resucitado nos ha transformado y  nosotros ya no tenemos miedo, creemos en la fraternidad universal aunque el hecho haya de pasar por la muerte en la cruz. Los hechos han de ser manifiestos en toda la realidad eclesial, pertenecen al bautismo: somos sacerdotes, profetas y reyes, por la unción del mismo espíritu.

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No podemos seguir así, la Iglesia está necesitada del Espíritu Santo y el Espíritu cuenta con nosotros para responder de un modo nuevo a este mundo y a esta Iglesia que necesita de cambios profundos. Los materiales de la conferencia episcopal con motivo de pentecostés, reflexionando sobre el día del apostolado seglar, son claros al respecto:

“Hoy, la construcción De la Iglesia, bajo la superior mirada del Santo Espíritu, no precisa solo de la plantatio Ecclesiae, la roturación de nuevas iglesias donde no ha llegado el Evangelio, cuanto de severas obras de rehabilitación en los países, como es el caso de España y toda Europa, donde hace ya siglos que fue plantada. Porque, cuando el Espíritu innovador y creativo de Pentecostés fue paulatinamente sustituido por las normas y costumbres, el acomodamiento y la resignación, la casa de la comunidad, el hogar de la fe y motor de la evangelización se fue vaciando de vida y llenando de inercias. La casa se hizo inhabitable. Por un lado, se levantaron aduanas, como dice el papa Francisco, en contraposición del carácter materno y acogedor de la Iglesia. Y nos enzarzamos en polémicas sobre cuestiones estrictamente organizativas y litúrgicas.”

Los obispos en su comunicado reconocen que hemos de abrirnos, sin seguridades ni añoranzas, a la verdad de un tiempo nuevo en el que hemos de reconocer los odres y saber crear el vino nuevo con la fuerza del Espíritu y una actitud de escucha profunda ante la realidad que nos permita caminar unidos en dirección de vida y verdad:

“Estamos ante una posibilidad de cambio profundo, en autenticidad y coherencia, ante un decisivo impulso evangelizador. Se trata ciertamente de una respuesta imprevista que es el Espíritu quien guía y es una aventura para vivir en comunidad. La tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino. No sabemos qué nos aguarda. Solo que debemos ponernos en camino porque el Espíritu Santo nos necesita, nos llama a escuchar, discernir y seguir construyendo juntos un Pueblo de Dios en salida, que anuncie el Evangelio con alegría y sea fuente de esperanza en el momento actual”

Nunca como hoy necesitamos implorar la presencia del Espíritu en nuestros corazones, en el seno de nuestras comunidades y movimientos, parroquias, en nuestras iglesias diocesanas, para el mundo. Abramos el corazón en esta espera pentecostal y dejemos que sople con vida y novedad el espíritu del resucitado en nosotros, imploremos su presencia:

“Espíritu santo, ven y llena los corazones de tus fieles.”

 Un nuevo pentecostés para una iglesia sinodal que busca los caminos originales de aquella Iglesia que Jesús quería y por la que dio su vida.

Ahora es tiempo del Espíritu, dejemos que se mueva con libertad en nuestro mundo, en nuestros espacios eclesiales, en nuestras vidas personales y comunitarias.

Él nos llevará con sus mociones y alumbrará nuestros discernimientos para que estén llenos de verdad y de luz.

Hoy la humanidad necesita recibir los rayos del espíritu y nosotros, pequeños y sencillos bautizados, somos los elegidos para que su luz nos traspase y pueda llegar a muchos rincones oscuros, tristes y dolorosos de la humanidad y de la naturaleza.

Queremos conducirnos en retos que sean construcción de la verdadera comunidad universal.

El Espíritu viene a reconstruir lo que estaba roto y perdido, dentro y fuera de la iglesia, quiere que se acaben las torres de babel actuales y las barcas que se hunden en los mares, cargadas de sueños y esperanzas de los más pobres.

Ahora es tiempo de salvación para poder gritar “Laudato si”, para ser todos, sin exclusión, “Fratelli tutti”. Ahora es el tiempo del Espíritu.

El cura y el alcalde, liturgias para el encuentro

Los tiempos nuevos reclaman modos nuevos de ser y de celebrar. La celebración corresponde a lo humano e interpela a todos los que han de oficiar en los ritos y acompañar pasos de personas en el contexto de la comunidad sea a nivel civil o religioso. Nuevos tiempos, nuevas liturgias, posibilidades de encuentro y reconocimiento mutuo. Me gustó esta experiencia contemplada y os la cuento.

signo

Lo he vivido recientemente y aunque de fondo podría estar la obra de Guareschi de “don Camilo y don Pepone”,  os aseguro que fue entrañable a más no poder lo que ocurrió en Puebla de la Calzada y yo fue testigo presencial y gozoso del evento. Estábamos citados por Adela y Jorge para la celebración del bautismo de su hijo Manuel, que está para comérselo como dicen lo mayores. Un protagonista de lujo, con unos cuantos de meses, que parece que sabe que el más importante ahora mismo para todos los que le rodean es él.  Nos fuimos reuniendo en el templo parroquial, familiares y amigos. Se notaba que todo estaba preparado con mucha delicadeza y gusto. Allí estaba un coro de amigos con canciones muy elaboradas y seleccionadas, la oleos, la pila, el cirio… y la comunidad, entre ellos el alcalde que en esta ocasión estaba por lazos de sangre y espirituales, porque iba a ser el padrino del sacramento, su primer ahijado. Nos saludamos todos con cariño, las dos familias y los amigos comunes, junto a estos nuevos padres que han elegido la fe, porque desean la vida eterna para su hijo y agradecen a Dios su vida. El sacerdote no llegaba – yo estaba como hermano espiritual de la familia-, vino después, preocupado porque había estado previamente en una boda en la ermita y la novia -muy fiel a su papel- se había hecho esperar un buen tiempo. A nosotros no nos importó mucho, nos sirvió ese tramo para acercarnos y reconocernos, saludarnos, sentirnos comunidad. Comenzó la celebración y allí se notaba vida, no estábamos de trámite: canciones, lecturas, ritos, participación de los niños… todo con paz y alegría, con serenidad y familiaridad.

bautismo

Nada extraño y todo profundo. No había ni que predicar mucho, porque la misma celebración hablaba de verdadera fe y sentido profundo de la vida y de toda la familia allí reunida. El alcalde, junto a la madrina, dieron también palabras a su compromiso de colaboración con los padres en la tarea de ayudar a Manuel a tener un horizonte humano, cristiano, trascendente y amoroso en su vida.

Después llegamos al salón donde íbamos a pasar el día compartiendo la mesa agraciada y agradecida que nos habían preparado. Pero para sorpresa de casi todos los comensales, allí había algo especial. Una mesa de celebración, altar secular y entrañable, color blanco, rodeado de flores, con luces de vida encima, atril… y símbolos como unos anillos, botes de arena… y cuando todos estamos dentro, entran con sigilo y alegría Adela y Jorge, han elegido en el día del bautismo de su hijo darle formalidad a su ser de pareja a nivel civil. Sólo habían dicho en la invitación al bautismo que habría sorpresa, a la gente le pilló sin trajes de bodas externos, etc., pero los corazones estaban a punto para todo, sobre todo el de ellos.

anillos

Aquí el alcalde pasó a celebrante y el cura del pueblo -yo con él- pasamos a ser fieles ciudadanos de aquella ceremonia. Y descubrimos un modo de celebrar verdaderamente litúrgico y vital. Juan María, tiene muy preparado el rito matrimonial, no puede llamarse de otra manera. Él sabe de celebrar con profundidad, saber de la verdad del amor matrimonial, de la paternidad, de lo humano y siente también lo divino en medio de toda la humanidad. Es capaz de enlazar el génesis con un poema y hacer una reflexión pura de lo que es el amor verdadero y así lo participa a toda la asamblea antes de abrir paso al gesto civil institucional de compromiso y contrato. Su ser político y su ser cristiano no están separados más bien se alimentan mutuamente. Las palabras de consentimiento, las alianzas significativas, y un gesto de arenas compartidas, signo del tiempo y de la historia de cada uno de ellos, que en este caso eran tres, la madre, el padre, el hijo… el sentido profundo del amor compartido en familia. Allí estaba el gozo de lo humano, cifrado en el amor celebrado muy sencillamente pero con mucha verdad y naturalidad.

Allí estaba el sacerdote del pueblo y el alcalde, y los dos se dijeron palabras agradables y fraternas. Le comentaba yo al sacerdote Fermín que tenía un serio competidor litúrgico, pero la verdad es que me agradó profundamente el participar en dos celebraciones, la religiosa del bautismo y la civil del matrimonio, cargadas de sentido, de buen hacer, de palabras de vida, de sentimientos comunitarios, de verdadero amor y de auténtica alegría. No me extrañó nada, y gocé mucho. No suelo estar en papel pasivo litúrgico en estos eventos y de alguna manera eso me permitió gozar tanto el bautismo como el matrimonio de un modo original y contemplativo. Para mí Dios estuvo a borbotones en los dos momentos y en todo lo que siguió después. Felicito al cura y al alcalde de la Pueblo, por saber vivir y estar con el pueblo, con los feligreses y los ciudadanos. Espero que podamos seguir viéndonos y deseo vida santa al niño y amor eterno a los esposos y padres. Y sí, Adela y Jorge, estoy  dispuesto para cuando vosotros, con toda la sencillez y discreción que deseáis, celebrar el sacramento cristiano del matrimonio, agradeciendo de modo directo y explícito a Dios vuestras vidas y su encuentro tan nuevo y tan fecundo. Pero quiero que estén de testigos el cural y el alcalde de la Puebla, porque son de fiar.

José Moreno Losada. Sacerdote.

La ascensión, un misterio lleno de realidad

Desde dónde ascendemos, con quién y hacia donde… la plenitud se nos da en retazos de vida que ascienden entre aclamaciones en el silencio de lo diario, cubierto a veces de dolor y mucho misterio, pero con mucha gracia. Luz sobre toda luz. Yo ascendía con Ángela en su agonía…

El misterio de la ascensión

Mi madre

En nosotros se realiza la fuerza del que ha resucitado a Jesús de entre los muertos y lo ha sentado a su derecha. Y lo comprobamos en el testimonio que damos de la Buena Noticia de la salvación: una noticia celestial que nos supera y llevamos en vasijas de barro –en medio de nuestras debilidades y pecados–, pero que se hace clara y notoria en el quehacer de una Iglesia compasiva y sanadora, que tiene fuerza para perdonar, levantar, animar y esperanzar. Oficio de salvación que pasa por las realidades más cotidianas y sencillas de la historia, alumbrando un futuro que lo será de gloria y definitividad.

La Ascensión sigue ocurriendo, dándonos sus frutos, cuando los bautizados, tocados por el Espíritu, hacen cielo en la tierra, cuando viven de la esperanza y de la promesa del Resucitado que nos envía su fuerza para pasar de la Iglesia conservadora y defensiva, que mira al pasado, a la Iglesia de la esperanza y del futuro que arriesga y sale con ardor y testimonio, porque se fía de que Dios cumple sus promesas, que el Resucitado –con su Espíritu– nos acompaña y protege todos los días, hasta el final de la historia. Así lo viví aquel domingo…

¿Qué hacéis ahí mirando al cielo…?

La ascensión de Ángela, una mujer sencilla y sufriente, en la residencia de mayores fue para mí un momento de luz y de encuentro de gloria, cuando ella ya quería ascender y liberarse me ayudó a mí sentir el verdadero sentido del Encuentro:

Tras la Eucaristía, el encuentro con los paralíticos, enfermos, ciegos… y con Ángela. Mi rato con ella ha sido algo especial, que podría enmarcarlo, a modo de titular, como “Manos en la agonía, clavos del resucitado”. Son las manos de Ángela, una residente de La Granadilla. Ella ha participado siempre de la Eucaristía dominical; hace meses, un cáncer de páncreas la ha retenido y, por ello, recibía la comunión en su habitación. Hoy la ha tomado en la enfermería donde le abrazan los cuidados paliativos. Se ha emocionado al comulgar y le ha pedido a Dios, con una fuerza y una fe increíbles, que la lleve ya con Él. Hemos orado juntos, con nuestras manos unidas… y yo no he podido evitar salir resucitado de un modo especial, he ascendido. He sentido a Cristo que me decía “trae tu mano y únela a la mía en este dolor de agonía…”.

Señor, has salido a mi encuentro en el camino de Ángela, y te he encontrado resucitado en sus manos, en la señal de los clavos de su agonía entregada y confiada al Padre. Me ha costado levantarme y soltar sus manos… ha sido su hija quien ha venido a rescatarla de su habitación para que también ella pueda acariciar la luz del sol y respirar un poco de vida.

Ascender en el misterio de Cristo, una sabiduría por estrenar… Padre, ilumina nuestro caminar.

Comulgar con lo humano dolido, oficio divino

Jueves Santo: ¿ y qué es comulgar?

Recibo en este mañana un watsap tan sencillo como profundo, cuando estoy reflexionando sobre el sentido de la liturgia en el Jueves Santo:

“Yo quería compartir algo con vosotros. Cómo no nos vemos, lo digo por aquí. Hemos acogido en casa a una familia ucraniana. Son una madre con dos niños, y llevan con nosotros desde el día 2. Son encantadores y se han adaptado muy bien; bueno, y nosotros a ellos también! Es todo muy intenso, pero estamos muy contentos! ”

Y contemplo el hecho de vida a la luz de la última cena:

“Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. La fraternidad está sembrada, su sangre y su cuerpo sellan la alianza de lo eterno para que nadie lo pueda romper y ningún ser humano quede excluido. Ha sido por todos, los que beben y comen en su mesa, son de los suyos, han descubierto el horizonte de la fraternidad universal y entienden que sólo ahí está el camino, la verdad y la vida. Todo lo que construye y hace verdadera comunidad es de Dios, donde hay amor ahí está Dios.

La sacramentalidad de la eucaristía queda verificada en el poder de la fraternidad como camino de salvación en la historia. Se ha abierto la brecha del servicio incondicional a la humanidad cansada y herida, donde Dios se revela como ternura y cuidado.

Hoy como nunca necesitamos una sociedad del cuidado, comunidades de la ternura verdadera, y la fuente radical de ese amor para nosotros no es otros sino Jesucristo, en su palabra, en su sacramento, en nuestra historia que es su historia, en nuestros débiles que son con los que él se identifica radicalmente.

Hoy es el día del amor fraterno, no hay que decir nada más. Todo lo que no sea amor fraterno está demás.

José Moreno Losada.

 

Píldora cuaresmal: lo nuevo

¿No lo notáis? Lo nuevo (Píldora cuaresmal 6)

– “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo: Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?”

– “Sólo busco una cosa: Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta”

– “Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante…”

carrera

Que nada te impida ir hacia adelante. Tu Dios va contigo y es tu liberador. Lo de antaño ha pasado, ya está curado y compartido.

Alguien que es puro amor lo ha sanado abriéndolo en su herida para que emerja una realidad nueva. De la cruz en la historia nace la realidad de una nueva creación y de un hombre resucitado que no tiene vuelta atrás.

Es en la cruz, en el camino al calvario, donde toda la historia ha sido reconciliada en un amor sufriente que no deja hálito al pecado que condena, ahora es posible el perdón y la gracia. Toda la realidad asumida en Cristo ha de pasar por el crisol del perdón y la sanación.

Tu pasado, tus límites, tus culpas, no han de tener el poder sobre tu mente almada, el recuerdo sólo ha de valer para cantar la misericordia del Señor que siempre está grande con nosotros. Dios no trabaja con nuestro pasado sino con nuestro futuro, y nos alienta en el espíritu del Resucitado, para que reconciliados con nosotros mismos podamos servir al perdón y la reconciliación con los demás.

Hoy la memoria histórica que nosotros necesitamos y deseamos aportar al mundo es la del compromiso por la paz y el perdón, por la construcción de una sociedad nueva que no condena, sino que educa y ayuda a crecer en la verdadera libertad del ser humano que sabe amar.

Volver a la casa común

Los pasos de una conversión sincera

No podremos experimentar la verdadera conversión hasta que lleguemos a la auténtica contemplación del corazón del padre. Sólo se nos pide silencio y apertura a los sentimientos y emociones de esa figura paterna de la historia que está con entrañas activas maternas ante la humanidad amada, ahora herida por la guerra fratricida e inhumana.

Dios es el sujeto donante y generoso, el que no se guarda nada para sí y arriesga poniendo en nuestras manos lo que es suyo; el que mira con temor nuestra huida sin norte, pero no deja asomarse con corazón ardiente cada día al horizonte para ver si nos recobra para la salud.

Él es quien no ceja en su empeño de buscarnos porque desea el encuentro que se hace abrazo frente al juicio, caricia frente al castigo, fiesta frente a la tristeza, vida frente a la muerte; el que es capaz de amar sin exclusión y salir de la fiesta para que entre el hermano mayor y también sane su corazón, herido en el solo cumplimiento;

Dios es el padre que se pierde amando y muestra su autoridad con el perdón liberador que constituye nuestro yo en el nombramiento perpetuo de “hijo amado”. Hoy podemos volver a la alegría del Padre en su perdón sin límites.

Y podemos hacerlo por los caminos de una conversión sincera ante su gracia y su amor gratuito de perdón total, por los pasos sencillos que está reclamando un modo de vivir nuevo frente a la violencia de un mundo roto y perdido en guerras sangrientas que matan la paz y nos adentran en el miedo fruto del pecado y de la muerte. Hoy es el momento para emprender el camino de vuelta por los pasos de una cuaresma en el orden comunitario por este seguimiento de Cristo que nos abre a la fraternidad verdadera con toda la realidad:

–              Recuperar el verdadero sentido de origen en nuestro ser criaturas con principio y fundamento, a nuestro verdadero ser descubierto en un yo, liberado del ego, que posibilita el reconocimiento de que he crecido en un nosotros al que no debo renunciar nunca, sino alimentar y cuidar como lugar de verdadera identidad. Soy de los otros y con los otros.

–              El reto de la sociedad hoy pasa por la conversión a lo comunitario, nuestra sociedad está enferma de progreso y tecnología en clave de éxito competitivo sino conexión con lo humano y lo fraternal. Volver a reconstruir los lazos de lo humano en toda la realidad económica, social y política es cuestión de urgencia. Los cristianos, tocados por la sangre de Cristo, estamos llamados a ser testigos de alianzas realizadas de la esperanza de una alianza sellada con eternidad por la entrega del hombre Jesús en la cruz, que se adentra en el corazón del Padre inaugurando una humanidad nueva. Creemos que lo humano se realiza en lo comunitario.

–              Conversión a la austeridad felicitante. Hay un modo de vivir en libertad, que pasa por saber distinguir lo que es necesidad, deseo y capricho. La necesidad cubierta de toda la humanidad será factor de humanismo pacífico y equitativo, pero eso sólo será posible por la vida de la entrega de caprichos que generan injusticia y desigualdad. Hoy la humanidad necesita la liberación del capricho para conquistar la alegría de la fraternidad. Este camino lo será de encuentro con la naturaleza, de cuidado de la casa común que se hará habitable para todos y nos mostrará su generosidad de un modo nuevo. La ecología integral es llamada urgente a la conversión para lo humano y el gozo de lo divino.

–              Recuperar un sentido nuevo del tiempo. Saber reconocer que la vida es la existencia colmada, llena de sentir, de emoción, de gozo y de luz. El tiempo es lugar para la vida, pero queda agotado y sometido cuando la rapidación impide lo profundo, lo verdadero, lo auténtico. Un mundo de mercado, económico, social de prisas arrolladoras son la actualización del faraón y de la esclavitud. Dios quiere bajar a liberarnos, a recuperar el verdadero valor del tiempo en la clave de una historia que lo es de salvación y de vida. Humanizar el tiempo es el reto de una revolución que hoy se hace necesaria. La cuaresma es una llamada a vivir el tiempo de un modo nuevo, como “señores del sábado”.

Un hombre de andar por casa…San José y la nueva masculinidad

 “Hombres de cuidados”

Se acerca la celebración de la festividad de san José que viene enmarcada en el contexto de la cuaresma. Un tiempo de conversión, muy propicio para poder revisar cómo estamos viviendo la masculinidad en nuestra sociedad y cómo estamos llamados a una conversión para mayor libertad y vivencia de lo más auténtico de un modo de vivir abierto al cuidado y a la ternura. San José en su silencio y sencillez  rompió estereotipos y prejuicios de aquella sociedad y de los formalismos religiosos. Un referente que hoy sigue teniendo seguidores vivos en la puerta de al lado, como vemos este libro vivo “Hombres de cuidados”.

San José y la nueva masculinidad

Celebrar a san José es celebrar la gloria del silencio, la grandeza del que acoge en sueños una salvación que le implica en lo oculto de lo diario frente a toda notoriedad esforzada.

Soñar hoy la familia, la comunidad, es adentrarse en un silencio, con deseo de profundidad y confianza en el que todo lo puede y acogerse a su voluntad sin peros ni obstáculos.

La paternidad del silencio se hace fecunda en un acompañamiento que fortalece y posibilita la revelación del amor entregado y gratuito. Hay modos de entender la vida y la realidad que se hacen fecundos en el anonimato de lo diario y lo cotidiano.

san josé

Vivir la presencia del Dios de la Palabra en el mayor silencio hace de san José referente para una sociedad y una iglesia que necesita profundidad, que ha de pararse para descubrirse e interpretar la realidad desde claves teológicas que superan nuestras coordenadas miopes de seguridad y fuerza. Recuerdo la semblanza espiritual y bíblica que hacía Margarita Saldaña en su libro sobre ” San José, los ojos de las entrañas”. Ahí nos presenta la espiritualidad de lo fecundo del proceso en lo oculto, hoy creo que sigue ocurriendo.

Hoy la sencillez, el silencio y la coherencia de este judío sencillo que acompañó a Jesús, se convierte en clave para una espiritualidad que favorezca la familia y la comunidad auténtica, la fraternidad de origen y de destino.

El silencio y la sencillez han de acompañar hoy el proceso de conversión hacia una nueva masculinidad que sea propia de lo humano y que se abra a la realidad de la verdadera equidad entre mujeres y varones al hilo de lo fundamental de lo humano y lo compasivo. Necesitamos referentes de transformación que experimentan la novedad en sus propias vidas al ensayar un nuevo modo de sentir y de actuar, abierto y sin limitaciones.

cuidados

Traigo esta reflexión al hilo de un libro, “Hombres de cuidados” (Edit. San Pablo) que tengo entre mis manos y que tiene como autor a un laico cristiano de profundidad y hondura, Kike Delgado, con el que he compartido trechos de este camino y de otros compromisos. En este libro encontraremos a un varón  que busca la verdad en la propia experiencia de su vida y que está dispuesto a compartirla y contarla, sin ocultar su debilidad, sus límites, sus dudas, a la vez que comunica la alegría de un modo nuevo de ser que está al alcance de quien esté dispuesto a dejarse hacer desde lo más profundo y real de la propia vida, rompiendo estereotipos y prejuicios de la masculinidad que nos han marcada y determinado limitando el propio evangelio de lo humano. Me imagino a san José,  como a él, rompiendo esquemas y abriéndose a un modo nuevo de vivir el matrimonio y construir su familia, abriendo a la humanidad al nuevo horizonte de un reino sin fronteras, sin exclusiones, ni divisiones ni desigualdades inventadas por culturas que no son naturales sino fabricadas y que necesitan ser revisadas hoy de un modo nuevo.

El propio autor, Enrique Delgado, nos habla de su relato con estas palabras: “Y, ¿qué nuevo tipo de hombre va surgiendo a medida que avanza dicho proceso? Podremos decir que  emerge una persona que, ante el momento de encrucijada que vivimos como civilización, elige, desde su libertad, atravesar viejas resistencias y prejuicios y vivir una mudanza integral que le vuelve más auténtico y humano. Su vocación es a vivir en armonía con todo lo que le rodea y, por eso, renueva su mirada ante la realidad. Son muchas las bondades de este estilo alternativo por el que se le invita a transitar y que esconde el germen que posibilitará, a su vez, el cambio de esta sociedad individualista, competitiva y consumista. Si hubiera que pregonar sus bondades podríamos anunciarlo así: “ya está aquí el nuevo hombre, pero con el “sabor” de los cuidados de siempre”.

Creo que es de una singularidad especial este relato, que merece la pena ser contrastado con todas nuestras vidas de varones en la sociedad actual, para reencontrarnos, reconocernos y sobre todo abrirnos a lo nuevo, a ser más en profundidad y en verdad de lo que realmente somos. En manos de las mujeres creo que también servirá para que puedan comprender lo que es un proceso de transformación verdadera en la masculinidad, visto desde la experiencia propia de un varón comprometido, para lo cual necesitamos su apoyo y colaboración, a la vez, que su paciencia y comprensión por nuestro lento aprender al nuevo hombre, al hombre de los cuidados y la ternura explícita. Me parece propio para la cuaresma y para la pascua, se trata de un verdadero proceso pascual y necesita de desierto y silencio. Y además extraordinario como regalo para el día del Padre.