Lo que Dios ha unido…

La realidad sacramental del amor

Hoy somos asamblea y comunidad

Ayer no había relación entre muchos de nosotros, nunca nos habíamos visto, ni hablado, y sin embargo hoy formamos una comunidad, una asamblea celebrativa, estamos reunidos por un mismo motivo y la misma razón: la celebración del misterio del amor entre los nuevos esposos. No deja de ser mistérico una comunidad que celebra y se une en torno a la invitación de dos personas que dicen amarse y que están dispuestos a comprometerse en una alianza de vida y de comunión para siempre, abiertos a la vida y a la fecundidad con ilusión y con esperanza. Reconocemos la fuerza que tiene el amor y la amistad que congrega a personas tan distintas y tan distantes, para celebrar juntos la vida, lo que tiene un matrimonio de humano y de divino.

Y lo hacemos en el ámbito de lo divino y de lo sagrado, con Dios por testigo, porque los contrayentes creen en el creador y en el Dios de la vida que fundamenta y realiza lo que él mismo es, porque Dios para nosotros los cristianos no es otra cosa sino amor. O sea, que estamos celebrando un sacramento, una señal de Dios en medio de los hombres que se nos ha dado y revelado en la estas personas concretas que son estos hermanos nuestros. Hasta ahora nuestra vinculación era con uno de ellos, ya fuera como familia, como amigos, compañeros de trabajo, vecinos, pero a partir de ahora por su invitación nuestra relación en cada uno de ellos se amplía y pasaremos a considerarlos nuestros en su relación de pareja, de matrimonio y de familia. Para eso nos han invitado y nos han congregado a todos. Y reconocemos que el buen Dios ha estado de fondo de sus vidas y presente en su encuentro para la relación de pareja y de matrimonio. Somos, por tanto, una asamblea formada tanto por los lazos de lo humano como de lo divino. Nuestro encuentro es celebración de lo auténtico y de lo original que se produce en esta relación de pareja.

El sacramento es proceso de vidas que se encuentran: un misterio desvelado en la historia.

Cada persona es un misterio que arriba a la existencia en la dependencia más absoluta, pero que viene con la fuerza de la vida dispuesto a luchar para hacerse, viviendo en la relación con los otros. Somos tú antes de ser yo, así nacemos y venimos a la vida.

Él fue recibido en primogenitura por sus padres…

Por otra parte, ella, arribada al mundo en lo entrañable de lo rural…

Dos mundos personales que lo han sido rodeados de una multitud de testigos y de colaboradores, sin los cuales no podría ser posible lo que hoy está ocurriendo, porque no hubieran sido posibles sus personas y su capacidad de amar en cada uno de ellos. Por eso esta celebración no podía ser callada ni oculta, porque de algún modo nos pertenecen y les pertenecemos, porque somos parte de sus historias vividas y de alguna manera todos estamos vivos en esta relación y en este enlace. Somos parte del sacramento de sus historias, cada uno desde un lugar, una relación, una perspectiva y unos afectos distintos pero complementarios.

El encuentro y el amor esponsal

Y cuando sus personas estaban maduras, sus caminos conquistados en lo que al mundo y a lo humano se refiere en la configuración de su personalidad y de su profesionalidad, es cuando se conocen y desarrollan esa dimensión de la persona que es única en cada relación, en el enamoramiento de lo común para el deseo de compartir la vida y de mirar en la misma dirección, entregando los sentimientos de modo radical para optar por la otra persona y su historia, en el deseo de formar una nueva familia, de ser tronco con savia de vida auténtica, y poder fecundar aquello que no tiene precio y es lo que más vale en el amor auténtico, como es la transmisión de la vida. Hoy son para nosotros personas capacitadas para amar al otro con una dedicación enamorada, para entregarse sin precio y dedicarse a un vivir compartido que de un sentido trascendente a la persona, llevándola más allá de sí misma, en la creación de un nosotros lleno de alteridad y de misterio en vidas que vendrán para ser amadas y cuidadas como ellos lo están siendo. Ahí se desvela el Dios del encuentro, del enamoramiento, de deseo de la otra persona y de su vida, del compromiso y la entrega, del querer compartir la vida y los sentimientos, de ser fecundos, de caminar y envejecer juntos, queriendo ser mucho más que dos. Y aquí hemos escuchado la Palabra de Dios, la que nos da:

Las claves para amar y vivir en lo que creéis

  • El amor es más fuerte que la muerte y no se puede pagar ni con todas las riquezas del mundo.
  • Lo que más vale en la vida y lo que más felices nos ha hecho no ha sido lo ganado, ni lo conquistado, sino lo recibido en el encuentro con los otros, en las relaciones de familiaridad y compromiso mutuo en la amistad auténtica: la verdadera bondad.
  • A los que aman todo les sirve para el bien: hasta la debilidad y los fracasos cuando se viven en el amor son lugares de salvación y de felicidad, de luz y de esperanza, aunque se den mezclados con el dolor.
  • El amor está llamado a ser cuidadoso, capaz de perdón, lleno de ternura y creativo en fidelidad verdadera, en la que apuesta por el otro siempre.
  • La construcción de un amor verdadero, de una familia llena de profundidad, va más allá del éxito, pasa por la riqueza de lo profundo, de lo diario, de lo sacrificado y entregado, del proyecto querido y consensuado, del diálogo abierto y los caminos nuevos descubiertos, en la generosidad sin límite y en el encuentro permanente que es capaz de romper con sencillez y gracia la superficialidad para ser realmente profundos en la vida.

Vuestro compromiso y nuestro deseo-oración

Hoy aquí no estamos realizando un negocio, ni un trato, sino que somos testigos de un proceso, de un proyecto compartido, de un misterio realizado en la señal de dos personas que se aman y confían en el amor, sin olvidar sus debilidades y necesidades, pero arriesgando en un camino que desean de esperanza y de fecundidad. Hemos venido a la existencia a vivir, pero la vida si no tiene amor se muere sin esperanza, se agota y se acaba, hoy dais un “sí, quiero”, es el verdadero arma que tenemos frente al egoísmo y la muerte. Solo lo que se ama se hace eterno. Nosotros hoy deseamos que seáis eternos, que vuestro amor bendecido por el buen Dios sea para siempre y que nosotros formemos parte de ese amor como testigos y como hermanos.

Un tren de justicia en Extremadura

Vía

POR UNOS RAÍLES DE DECENCIA, JUSTICIA E IGUALDAD EN EXTREMADURA.

Los consiliarios de los movimientos de Acción Católica de las diócesis extremeñas nos reunimos, con frecuencia, desde hace décadas para compartir nuestra tarea, que incluye acompañar a laicos cristianos, ciudadanos cristianos de nuestra tierra, en su compromiso de ordenar la sociedad según el espíritu del Evangelio. En nuestros encuentros presentamos la vida de los pueblos y de la gente, con el ánimo de iluminarla con la Palabra de Dios. Así nos ayudamos a caminar con nuestros hermanos en sus proyectos humanos y sociales. Al reunirnos en el comienzo de este curso nos detenemos en un hecho que nos alegra y nos interpela. La sociedad extremeña está crecientemente sensibilizada ante un grave problema: nuestra muy deficiente red ferroviaria.

Las movilizaciones que se viven desde hace años y que ahora se concretan en actos como la peregrinación de “La milana bonita” y otras expresiones de distintos ámbitos (sectoriales, culturales, empresariales, profesionales), así como las manifestaciones populares en las ciudades extremeñas más significativas, son un signo de la construcción de una ciudadanía que toma conciencia de una realidad indecente, por desigual e injusta, ya que penaliza nuestro derecho al desarrollo. A todo esto queremos nosotros, hoy, unir nuestra voz y nuestra acción.

Los movimientos populares nos hacen ver que Extremadura cuenta con el ferrocarril más obsoleto del país; sufrimos una deficiente prestación del servicio tanto para viajeros como para mercancías, con la lógica repercusión negativa en los sectores socioeconómicos de la región. Somos el único territorio de España sin servicio de larga distancia, ya que hemos perdido los que teníamos en 2010, por lo que tenemos los trenes de peor calidad y más antiguos. Contamos con un quince por ciento de vías de comienzos del siglo pasado, en los que no se avanza a más de 50 km por hora; y hay numerosos tramos cuyo mal estado impide una velocidad mínima. A todo ello se suma la insignificancia real que supone el corredor de mercancías entre Sines (Portugal) y la conexión con Europa. Con esta realidad no es extraño que descienda el número de viajeros; lo que llama la atención es que aun así sigamos viajando en nuestros desfasados trenes.

Ante esta realidad nos alegra que nuestro pueblo crecientemente se movilice, viva su ciudadanía en los niveles fundamentales de sentir y pensar la realidad, para hacerse cargo de ella buscando transformarla en bien de lo común y lo público. No se trata de la queja y el lamento, sino del trabajo comprometido por la defensa de los derechos que van anejos a la decencia, la igualdad básica y la justicia humana. Como ciudadanos y sacerdotes nos duele que el dicho evangélico de que “al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene para dárselo al que tiene más” se ha hecho realidad sin misericordia en nuestra tierra, desde la política económica y distributiva. Así lo vemos en el caso del tren. No es que no mejoremos: es que nos han despojado incluso de lo que ya teníamos. Pero si mala era la situación ferroviaria, más preocupante era el silencio del pueblo, la indiferencia y el sometimiento acrítico a una realidad indigna e injusta. Por ello nos alegra ver que se cumple, cada vez más, otro dicho evangélico: “Donde dos o tres se reúnen…” Ahora es un pueblo el que se congrega para reflexionar, sentir y actuar; su voz se oye y se abren caminos de respuestas válidas y justas. En nuestras comunidades eclesiales y en nuestros pueblos hemos de vivir este espíritu de superación y de exigencia. Porque los cristianos hemos de caminar unidos en todo aquello que trae bondad para nuestro pueblo y sus gentes; hemos de estar codo con codo con todos para mejorar la realidad y así favorecer a los que más lo necesitan. No podemos esperar que nos llueva del cielo lo que hemos de conseguir con pasos de nuestra propia acción solidaria y comprometida.
Desde la buena voluntad de la ciudadanía compartida, nos unimos a nuestro pueblo, del que hemos salido; animamos a saber crear plataformas vivas y continuas, hasta que realmente las promesas lejanas se hagan sacramento de realidad concreta para nuestra región. Pedimos a los políticos que no sean ellos los que acompañen a los movimientos; sino que, representando a nuestro pueblo, se presenten ante la administración competente para que lo que es un derecho no se entienda como una dádiva o una concesión, que no da respuesta a la desigualdad y la injusticia estructural. Serán el pueblo y los movimientos los que acompañen a nuestros políticos, para que su voz tenga la fuerza y el calor de lo que los pueblos unidos pueden lograr en paz y justicia. Por ello, pedimos que los representantes políticos sean capaces también de tener una única voz, como único es el deseo de toda la sociedad extremeña en este esfuerzo por unos trenes y unos raíles que estén llenos de decencia, igualdad y justicia.

Los sacerdotes-consiliarios -20 sacerdotes- de los movimientos de Acción Católica de Extremadura.

Un hijo se nos ha dado…

“Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado” (Is 9,6)

Ha nacido Francisco

Recientemente ha nacido Francisco hijo de Paco y María, y se suma a la lista amplia que se va configurando en el entorno de nuestra comunidad de vida y de fe, tanto desde el movimiento de jóvenes estudiantes como de profesionales, en esos procesos de vida y de fe en los que llevamos decenios. Antes fueron los hijos de Javi y Maite, de María José y Jesús, de Fabio y Mamen, Marcos y Fátima, Marieta y Miguel, Nazaret y Raúl, de Pedro y María Reyes, de Angelines y Jesús Sánchez, de Alejandro y Blanca, de Juanjo y Eva –mellizos-, Carlos y Eva… y pronto de Inesu y David, de Marta y Antonio. No hay duda que es el momento de la fecundidad, de la vida que se nos da. Cada vez que nace uno de ellos volvemos a fijar los ojos en Jesús de Nazaret, en su encarnación, en aquél acontecimiento de Belén, en aquella señal divina: “un niño envuelto en debilidad, en pañales, recostado en sus propios límites…”, pero a la vez, rodeado de ángeles que proclaman la grandeza de lo débil, la presencia de lo divino en lo más humano, y repetimos con el profeta Isaías: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”.

La desnudez de la vida recién nacida

El hecho de la vida en la desnudez del recién nacido nos hace fijarnos en el absoluto y su sentido y ahí descubrimos la verdad que salva y que ilumina la realidad en la que somos y el horizonte en el que queremos movernos.
Descubrimos en el niño desnudo:
– La vida que nace del amor, son hijos queridos, amados, acogidos, celebrados…
– Nacen en la mayor de las debilidades, en la gran dependencia del nosotros, sin sentirse todavía yo, siendo nada más que tú para otros que lo sostienen.
– En debilidad, pero llamados a la plenitud, su vida está abierta, entran en un mundo de preguntas y de elaboración de respuestas donde las puertas y las ventanas desean sólo abrirse, tendrán que hacerse porque son libres en su determinación y en su depender.
– Vienen necesitados y sedientos de fraternidad, en su desnudez nos muestran la mayor igualdad de lo humano y el fundamento de la fraternidad universal a la que estamos llamados para seguir viviendo y sintiendo con esperanza.
– Crecerán en gracia y en santidad, pero eso lo harán poco a poco, paso a paso, será un proceso, y lo tendrán que hacer en un mundo falazmente veloz y, a veces, desnortado y desfondado.
– Vienen y se muestran en la necesidad más absoluta y sin querer condicionan a los demás para el cuidado y la entrega de su nada que requiere fundamento, pero un día podrán dar todo lo que son sin guardarse nada para ellos, hoy lo necesitan todo, pero mañana podrán entregarlo y arriesgarlo todo, por el amor de lo vivido en la mayor debilidad.
– Y ahí se nos revela un misterio inaudito: es pequeño, finito, dependiente, limitado…pero no es propiedad de nadie, es hijo de la vida, y su padre y referente es el absoluto, la paternidad del sentido en el amor fundamentado de la gratuidad y de la libertad.

La interpelación profética del niño envuelto en pañales

Y en la reflexión, el grito del profeta, con la alegría del niño nacido, del hijo dado, nos invita a reinterpretarnos una vez más en lo profundo de la verdad de la vida y la vocación de lo divino que sólo se nos da en lo verdaderamente humano y encarnado:
– Estamos llamados a querer y ser queridos, ahí nos va la vida.
– A comulgar con nuestra propia debilidad y nuestros propios límites.
– Aspirar al todo desde la nada, a la plenitud desde la parcialidad, a la felicidad desde el dolor y a la libertad desde el desierto.
– A caminar en la vida con los pequeños pasos de lo diario, de lo concreto, de lo humano, porque ese es el único camino de la vida y es la vía que nos lleva a lo eterno, porque nada de lo que se hace amando se perderá.
– A saber depender y vivir la dependencia con libertad de lo absoluto, a no vendernos nunca a nada ni a nadie por nada, porque hemos nacido y hemos sido elegidos para vivir en libertad, como hijos de Dios. Por eso nuestro sí ha de ser sí y nuestro no ha de ser no.
– Y llamados al agradecimiento, hoy desde la desnudez de Francisco en Sevilla y ayer desde Carmen, Javier, Teresa, Jesús, Pablo, Naya, Jara, Miguel, César, Carlos, Belén, Dani, Manuel… porque cada vez que ha nacido uno de ellos, que se nos ha dado un hijo, la Vida se ha vuelto a hacer luz y esperanza en el parto de los que le amaban y le esperaban, y hemos visto la señal de un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en una cuna sencilla, al calor del seno de lo materno y la mirada asombrada de lo paterno.

 

Salmo de hoy: “Ven en mi auxilio”

SALMO DE HOY…

La imagen puede contener: 1 persona, océano, exterior, agua y naturaleza

Íbamos a acoger – antesdeayer … este 26 de Septiembre, Martes-
a 17.000 refugiados y no llegan a 2000 los acogidos…

Nunca antes había habido tanta gente desarraigada. La emigración, forzada o escogida, a través de fronteras nacionales o del pueblo a la capital, es la experiencia que mejor define nuestro tiempo, su quintaesencia.

¡Con qué tenacidad
regresan cada noche
continuamente expulsados
los Adanes y las Evas!

Quieren meternos de nuevo dentro de la barca, expulsarnos de entre los hombres,
no somos bultos que enviar y tú, norte, no eres digno de tí mismo.

Somos los innumerables, el doble en cada centro de expulsión,
adoquinamos de esqueletos vuestro mar para caminar sobre ellos.
[…]
Seremos los siervos, los hijos que no tenéis,
nuestras vidas serán vuestros libros de aventuras.
Traemos a Homero y a Dante, el ciego y el peregrino,
el olor que perdisteis, la igualdad que habéis sometido.

Y DE AYER…

Salmo 69

Dios mío, ven en mi auxilio

Dios mío, dígnate a librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a muerte;

vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se retiren avergonzados
los que se ríen de mí.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan siempre: “Dios es grande”,
los que desean tu salvación.

Yo soy pobre y desgraciado:
Dios mío, socórreme,
que tú eres mi auxilio y mi liberación.
¡Señor, no tardes!

PX: “Creemos y anunciamos la justicia y la igualdad”

(Profesionales Cristianos).- Bajo el lema “Creemos y anunciamos la Justicia y la Igualdad”, Profesionales Cristianos realizó la programación del Año, segundo dentro del Trienio dedicado a trabajar en el marco de la Justicia y la Igualdad en los espacios Profesionales.

Durante este curso, se llevarán a cabo diversos procesos coordinados de forma estatal con el fin de identificar experiencias e iniciativas basadas en la Justicia y la Igualdad en los lugares de profesión, encaminados a anunciar elementos que pueden ser asumidos desde nuestro ser profesional. Será, por tanto, un año de ANUNCIO, ayudado tanto de las claves evangélicas descubiertas, de la Doctrina Social de la Iglesia, de la ponencia marco de Pedro José Gómez durante la Sesión de Estudios del mes de mayo pasado, así como de experiencias profesionales compartidas en la mencionada Sesión. En este marco y con estas herramientas, las diferentes diócesis realizarán un recorrido que ayudará a identificar esos elementos, tareas, y modos que urge anunciar en el ámbito profesional.

Elección de la Presidencia

La Comisión General fue el momento en el que se eligió a Roberto Vidal Fraile, de la Diócesis de Bilbao, para asumir el servicio de la Presidencia estatal del movimiento, sustituyendo a María José Toledo Serrano, de Mérida-Badajoz, que había desempeñado esta responsabilidad durante los últimos cuatros años. La Comisión, en nombre todas las personas vinculadas a Profesionales Cristianos, agradeció la disponibilidad de ambas, su servicio y entrega a la Iglesia, y su amor por los procesos personales y comunitarios, desde la fragilidad de la vida, y con la esperanza del Evangelio.

Grupo de Trabajo sobre la Iniciación

Durante el encuentro, se elegió un grupo de trabajo con personas de las diferentes diócesis, coordinados por Roberto Vidal, que elaborarán un trabajo encaminado a facilitar procesos de iniciación de grupos, parroquias, o delegaciones con interés en ser apóstoles en los espacios profesionales, en forma de una propuesta de itinerario de un año de duración, en el que se aboradarían las dimensiones espiritual, de compromiso, y organizativa de Profesionales Cristianos, de forma profunda, dinámica, y acompañada. En la actualidad, puede consultarse el material disponible tanto en la sección dFormación de esta web.

Proyecto de Evangelización del Movimiento, PEM

Después de más de un curso apostando por definir el Proyecto de Evangelización del Movimiento – PEM, motivado por los Obispos españoles, la Comisión General aprobó el texto definitivo que será presentado a la Conferencia Episcopal Española en los próximos meses, en un proceso en el que han estado implicados todos los Movimientos de Acción Católica Española – ACE.

Análisis de la Eclesialidad del Movimiento

Durante este encuentro, las diócesis compartieron su realidad de presencia intraeclesial, desde las parroquias, hasta las diversas estructuras en las que desarrollan su servicio, destacando la extensa experiencia, fidelidad y compromiso eclesial que atesoran las diócesis, en una continua vivencia misionera, en clave de llamada a ser Iglesia en los ambientes profesionales, en las fronteras. Se pone de manifiesto, además, la necesidad de transmitir esa vinculación del ser eclesial con la evangelización, en modos y maneras que continuamente tratan de responder a una realidad cambiante, compleja y exigente. Se celebró, además, la elección de María Jesús Martínez Escanciano, de Profesionales Cristianos Palencia, como nueva Delegada de Apostolado Seglar de la Diócesis.

Tras celebrar la Eucaristía en Comunidad, la Comisión terminó con otras cuestiones tanto estatutarias como de funcionamiento, en un ambiente de trabajo intenso, espiritualidad, fraternidad y comunidad, acompañadas por las Hermanas de la Residencia Universitaria La Asunción, en Madrid.

Teresa ha visto a Dios … y yo también

El despertar religioso

La imagen puede contener: 1 personaEntre mis quehaceres profesionales está explicar en la facultad de educación  la materia de pedagogía y didáctica de la enseñanza religiosa escolar en educación infantil, para aquellos que lo eligen, así como animar y acompañar la tarea del despertar religioso de los niños de seis años en mi parroquia, junto a un equipo magnífico de catequistas que se inician y se forman para este quehacer. En este sentido no me es extraño lo que se refiere a la teoría y la praxis de este despertar tanto pedagógica como psicológicamente, pero me encanta cuando escucho alguna anécdota tierna y creativa que confirma y refuerza eso que sabemos y que hacemos. Así ha sido este fin de semana, cuando Trini –profesional de universidad- contaba que un día paseando con su ahijada de bautismo, Teresa, por el campo,  intentaba transmitirle de una forma suave y educativa a la niña de cinco años la presencia de Dios en la realidad que nos rodea, aunque no lo veamos, tras muchas explicaciones la niña se detuvo y le explicó a ella: “Trini, yo sí he visto a Dios”; la madrina muy curiosa y emocionada le preguntó cómo lo había visto y dónde, esperando quizás una aporte místico y sobrenatural, pero la respuesta fue clara y concisa: “En un video, es moreno y tiene barbas… ¿tú no sabes que mi madre es catequista?”. Está claro que para ella no hacen falta, por ahora, más averiguaciones, con eso le sobra y basta.

Oraciones para rezar por la calle

Oraciones para rezar por la calle - Michel QuoistTraigo a colación esta anécdota entrañable, porque esta tarde al entrar en Badajoz por la Avda. de Ricardo Carapeto, llegando de Madrid con un equipo de profesionales entre los que estaba Trini, llegábamos al puente del Rivillas y al ver a la gente pasando por él, familias jóvenes con niños y sus abuelos, recordaba y así lo comentaba una oración de mi época de seminarista, que reflejaba la emoción y sentir de un cura joven ante Dios un Domingo por la tarde, al cerrar la parroquia y volver a su casa en medio del ajetreo propio de la calle y el barrio. Era una oración más dentro del libro de Michel Quoist titulado “oraciones para rezar por la calle” y que marcó un modo de orar, desde la vida, desde los hechos de vida. Trinidad que es más cercana a mi edad, comentaba que para ella, en su época joven, también fue significativo el libro, pero que esta oración le ponía muy triste, porque oraba desde la herida de la soledad del cura. Yo la busqué en el móvil y leí algunos de sus párrafos en voz alta, mientras el coche avanzaba en medio de la ciudad. Yo no la recordaba triste, cuando como joven me quería entregar a Dios y a la gente, pero al irla leyendo tuve que reconocer que algo de tristeza si encerraba en su primera parte:

La imagen puede contener: 1 persona, sentado, tabla, exterior e interior“Esta tarde, Señor, estoy solo. Poco a poco los ruidos en la iglesia se han callado, los fieles se han ido y yo he vuelto a casa, solo. Me crucé con una pareja que volvía de su paseo, pasé ante el cine que vomitaba su ración de gente, bordeé las terrazas de los cafés, donde los paseantes cansados intentaban estirar la felicidad del domingo festivo, me tropecé con los pequeños que jugaban en la acera, los niños, Señor, los niños de los otros, que jamás serán míos. Y heme aquí, Señor, solo. El silencio es amargo, la soledad me aplasta…

***

Señor, tengo 35 años, un cuerpo hecho como los demás cuerpos, unos brazos jóvenes para el trabajo, un corazón destinado al amor. Pero yo te lo he dado todo porque en verdad que a Ti te hacía falta. Yo te lo he dado todo, Señor, pero no es fácil. Es duro dar su cuerpo: él querría entregarse a los otros. Es duro amar a todos sin reservarse nadie, es duro estrechar una mano sin querer retenerla, es duro hacer nacer un cariño tan sólo para dártelo, es duro no ser nada para sí mismo por serlo todo para ellos, es duro ser como los otros, estar entre los otros, y ser otro…”

Comento que la oración está hecha desde una concepción del ministerio y de la iglesia preconciliar, que hoy es diferente. Mi compañera de viaje me acaricia con ternura materna y fraternal y me pregunta, con la respuesta incluida de que yo no estoy tan solo como dice la oración poética, al menos ella no quiere que lo esté. Misterio de vida y muerte… son sentimientos, son momentos. La procesión va por dentro en el mejor de los sentidos, me siento muy rodeado y querido, de hermanos, amigos, jóvenes, niños, nietos… que desde muy temprano, antes de despertar, ya saben cantar el “alegre la mañana”.

Yo también lo he visto…

Una vez en casa, tras el viaje de vuelta de Madrid. Me dispongo a desperezarme y voy paseando a dar mis diez mil pasos curativos y de cuidado, en la soledad de esta tarde de Domingo. A hacer los puentes, a mirar estampas de naturaleza regaladas en la puesta del sol sobre el río, cielos rojizos de ternura y amor gratuito, con la algarabía del paseo fluvial, la paseantes por el puente peatonal, desde el encuentro con conocidos, otro sacerdote que pasea solo en la tarde dominical, feligreses que hacen deporte… Y paseando surge la anécdota y veo a Dios -como lo ve Teresa- , que en este caso no tiene barbas, es una mujer joven de treinta años, madre de tres hijos que anda rápida empujando un carrito con una niña preciosa de casi un año. Cuando yo le venía dando vueltas  a la soledad y orando desde el paseo de la tarde dominical, entre los puentes, a paso rápido y agradecido, sintiéndome habitado en mi soledad, veo que la chica va a paso firme y camina al par, intento avanzar más pero seguimos emparejados. Resultado de imagen de mujer paseando empujando carrito de niña pequeñaLa niña gimotea y ella le habla con calidez materna, y la toca para que tranquilice y va hablándole, no puedo por menos que escucharla y seguirla: “mi niña, aquí no estás cómoda pero ya mismo estaremos en casa y en tu cunita verás cómo te duermes… claro aquí no vas a gusto, pero ya te queda poco… toma tu chupe bonito”… Le miro y le sonrío a la madre. Me pregunta si suelo andar todos los días, ya rompió el hielo, le digo que debería pero que no lo hago siempre. Ella me cuenta que casi todos los días lo hace. Observo su imagen, limpia, hacendada, y la niña sencilla, alegremente vestida, muy curiosamente portada. Le hago carantoñas a la niña y se ríe con gracia, y ya comienza la conversación y recuerdo a mi madre en conversación con las personas en el camino … Es una mujer joven, treinta años, pero tiene tres hijos de ocho, seis y esta pequeña. Trabaja en una empresa de limpieza, tres horas diarias en el cementerio, después portadas de bloques de pisos…todo el día moviéndose, lleva su casa, pero aún así busca tiempo para pasear y sacar a su niña. Los fines de semana descansa porque sus niños mayores se van al campo con los abuelos, volverán esta noche. Dice que son muy traviesos que ha tenido que quitar muebles de la habitación del niño porque se tira desde ellos a la cama. Su pareja trabaja de camarero pero ahora está en casa porque se ha roto una muñeca, ahora le llevará unas cervezas que le ha pedido, vive por la Paz. Llegamos a la cabeza del puente y nos despedimos, le digo que encantado de conocerle y ella me responde con sonrisa agradecida y me muestra también que ella también está encantada.

Cómo quejarme de mi soledad…

docilidadLa observo alejándose y acariciando a su niña. Y yo me recojo, sigo andando callado y habitado por mi Dios, que hoy me ha respondido a la oración de la calle, desde esta mujer sencilla, hacendosa, madre, trabajadora, luchadora. Desde su sentir y su vivir, no puedo menos que olvidar mi soledad. Gracias Padre, no estoy solo, hoy me has acompañado con la humanidad de esta joven madre entregada ¡¡¡  Y cuando me pregunten de la presencia de Dios, podré decir como Teresa, que es joven, madre, tiene tres hijos, que trabaja duro todos los días y sale andar paseando a la más pequeña y que cuando se  van sus niños mayores y se queda un rato sola descansa mucho. Y es que con esta mística creo que me basta como respuesta divina en lo humano, que es de lo que se trata, de lo divino y de lo humano.

El amor no lleva cuentas y no se olvida

Vivir y morir en el amor

(50 años de vida matrimonial)

La liturgia cristiana en este Domingo nos invita a mirar la vida y la existencia desde el fundamento de lo absoluto: “Si vivimos, vivimos en el Señor, si morimos, morimos en el Señor”, todo tiene profundo sentido en la clave de lo trascendente y de lo amado.

La vida de lo diario y lo diario de la  vida

Así miro el día de hoy, lleno de normalidad y de vida. Desayuno largo de conversación con Andrés, un compañero de la tarea pastoral, después acogida del carpintero que viene a arreglar la puerta de  casa que lleva mucho tiempo dando la lata, paseo a la parroquia para un bautismo porque quiero hacer más de diez mil pasos. Y, mientras,  voy recibiendo mensajes de Aurora con peticiones y anunciándome gestos que vamos a tener hoy en la Eucaristía porque vamos a poner en el altar la vida matrimonial de sus padres, José Antonio y Aurora, familia de Maguilla.

Maguilla, hace cincuenta años

La imagen puede contener: 2 personas, personas de pieHace cincuenta años que entraban en el templo camino del altar para comprometerse en el amor con un “sí, quiero” para toda la vida, hasta la muerte, y aquí están viviendo y cumpliendo aquel sí. Un “sí, quiero” sin límites, abierto a la aventura de la vida y lo que ella trajera, no se obviaba que en la carrera vital entra de todo: alegría y tristeza, salud y enfermedad, riqueza y pobreza, éxito y fracaso. El amor entregado de esta pareja sencilla de ese pequeño pueblo apostaba por estar unidos toda la vida en todo. Y así ha ido siendo en su vivir: desde aquel viaje de novios a los lugares donde estaban amigos entrañables del servicio militar, la llegada de sus hijas como fruto de su unión que hoy estarán junto a sus parejas y sus hijos, los nietos, rodeándoles de cariño y ternura, aquél décimo del gordo de la lotería comprado en Granja de Torrehermosa, y desde hace bastantes años con José Antonio afectado de esa dichosa enfermedad que arremete contra la identidad e historia de la persona y que se empeña en separarle, aislarle, olvidarle, paralizándole de su vivir y su querer más diario. Pero cuando ha llegado este momento vital ahí está el amor que no lleva cuentas de haber y debe, de lo que yo hago por ti o tu por mí, el que une y no condena, el que sigue poniendo nombre e identidad y nunca olvida sino que lleva al centro del corazón al olvidado para recordarlo situándolo allí donde se ama gratuitamente con la mayor ternura, y eso es lo que está haciendo Aurora. Siempre se han amado y se han cuidado mutuamente, pero ahora en lo último de este camino su amor brilla más que nunca y se hace más auténtico. José Antonio no sabe bien quien es o quiénes le rodean, pero se siente amado, querido, cuidado y su vida está llena de sentido. Todos saben muy bien quién es y se lo hacen sentir todos los días al quererlo y cuidarlo como lo hacen.

Ella

Aurora su esposa guarda como un tesoro la identidad de José Antonio y la conserva en su corazón y la transmite así a todos los suyos: él es el esposo fiel, el padre entregado y honesto, el abuelo cariñoso y generoso, el vecino amigo y respetuoso, el trabajador abnegado y esforzado, es el inolvidable aunque su enfermedad quiera hacerle vivir en el olvido.

Él

Él, sin saberlo, está siendo fuente de ternura que despierta humanidad en los que lo rodean, nudo de unión entre los que lo quieren, hace brotar con su debilidad el amor de Aurora en la gratitud y el sacrificio radical , ahí donde se forja la santidad de los sencillos, él acoge la generosidad que provoca en sus hijas y sus maridos ayudando y fortaleciendo a su madre y rodeándolo a él de mimos y cariños, y está desarrollando de una manera bella la sensibilidad y los buenos sentimientos en todos sus nietos desde los más pequeños a los ya más jóvenes estudiantes. Sí, aunque no lo parezca, ahora está siendo muy valioso y su familia lo tiene y guarda como un tesoro de amor, porque en su debilidad, necesita y se deja querer por todos, está en sus manos y desde él vemos el reflejo del amor de Dios que se manifiesta en la debilidad del niño pequeño en Belén y Nazaret y el rostro del crucificado en la cruz. Abrazándose a él, Aurora y todos los suyos abrazan a Cristo.

Para siempre, hasta la muerte

Por eso hoy al celebrar vuestras bodas de oro, José Antonio y Aurora, podremos escuchar en el altar este mensaje de Dios Padre: “Dichosos vosotros porque vuestro amor no echa nunca cuentas de lo que da o recibe y hace inolvidable al que más lo necesita rodeándole del mayor cariño y cuidado, en la gratuidad más absoluta”. Felicidades.

La “joya” de Guadalupe y Extremadura

En el día de Extremadura)

“No me la quitarán”

Allá por el año 1953, Pla y Daniel, cardenal de Toledo, comunicaba a los presidentes diocesanos de Acción Católica de hombre y mujeres de su archidiócesis, algo dolido por la reorganización de las diócesis en España al hilo de los planteamientos preconciliares de organización y relación de lo eclesial y la organización territorial de los pueblos: “Me han quitado todo, pero no me quitarán la joya”. Al ser preguntado por sus interlocutores que cuál era la joya, respondió que la joya era “Guadalupe”. Hoy en 2017, 64 años después, los obispos implicados sucesivamente no han dado una solución a este problema que sigue en pie, en este sentido más que del silencio de los corderos, que vamos y venimos en este tema haciendo reflexiones y dando opiniones, hemos de hablar del silencio de los pastores. No es que no se hayan expresado personalmente y no hayan manifestado ante los órganos superiores, en Roma, lo que sienten y desean, sino que no han podido, o sabido, sentarse como pastores a plantear el tema entre todos los implicados desde una perspectiva evangelizadora y pastoral para avanzar y llegar a una solución digna que favorezca lo que sea mejor para la Iglesia y su pueblo creyente. No se trata de algo “reivindicativo”, sino pastoral y apostólico, sin que en ello nos juguemos, dicho sea de paso, la salvación. Está claro que es más preocupante la situación de pobreza y dolor de parte de nuestro pueblo que esta decisión canónica.

Posturas encontradas
Al hilo de las opiniones y planteamientos que nos han llegado a la base, parece ser que las posturas se han movido en estos terrenos:
– Dividir el arciprestazgo de Guadalupe y su asunción por las diócesis extremeñas.
– Pasar a Mérida-Badajoz sólo el monasterio de Guadalupe y su patrona y el resto de los pueblos y parroquias permanezcan perteneciendo a Toledo. Últimamente se habla de prelatura.
– Desde Toledo se afirma que no se pueden utilizar en el asunto los verbos “restituir o devolver”, pues eclesiásticamente sólo ha pertenecido a la archidiócesis de Toledo, desde hace casi diez siglos.

Cambiar el discurso y el sentido

Imagen relacionadaConsidero, con humildad, que todos estos términos y posturas, parecen dar cuenta de un diálogo en torno a la “joya”, como si de un bien material se tratara –cuestión indudable- eso ha hecho que estos 64 años hayan sido inútiles, y aunque a veces parece que se ha rayado una posible solución siempre se ha vuelto atrás sin llegar nunca a buen puerto. Está demostrado que por esta vía, sólo hay conflictos más o menos ocultos de larga diplomacia eclesiástica sin solución, o silencios mutuos sin ponerse juntos en una mesa a hablar a corazón abierto con la mirada pastoral y evangélica que nos hace falta. Está claro que esta actitud se les pide a todos los bautizados en su quehacer en las parroquias, comunidades, movimientos, se les pide también a todos los sacerdotes en su quehacer pastoral y ministerial, y de este mismo modo podemos pedírselo a nuestros pastores implicados en el tema de la zona de Guadalupe. Sería bueno que la reflexión fuera abierta y que junto a los prelados y vicarios generales, participaran también los franciscanos del monasterio, párrocos del arciprestazgo de Guadalupe, seglares de esa zona, representantes de la nunciatura apostólica, para saber elaborar una propuesta que pueda ser elevada a la Santa Sede, porque de allí vendrá lo que allí vaya con buen espíritu.

Nueva diócesis: Guadalupe y otras zonas.

Una posible solución estaría más allá de si la joya es mía, porque siempre lo ha sido, o es nuestra porque que somos su pueblo y es nuestra patrona, la que nace de la visión pastoral del concilio vaticano II y del espíritu de los escritos pastorales del papado actual, en consonancia ambos con lo que se refiere a la misión, envío y modos de ser de la Iglesia en medio del mundo. Se anima a que la Iglesia sea cercana, concreta, participativa, corresponsable, y para eso conviene que la propia organización de las diócesis sea acorde para facilitar los trabajos pastorales y la comunión de su obispo con el pueblo. Se anima a Diócesis cercanas en su organización y a eso ayuda el tamaño de las mismas. Sería encomiable y ejemplar una solución en la que todas las partes renunciaran a algunas de su pretensiones con el ánimo de hacer bien a la comunidad eclesial y favorecer la evangelización.

No ha de ser descabellada la solución, quizá la de mas sentido común, la creación de una nueva diócesis que incluyera Guadalupe junto a los territorios del actual arciprestazgo más la integración de otros territorios en las actuales diócesis extremeñas que además son bien alejados del centro de sus sedes episcopales. De este modo se conseguiría la dignidad histórica y pastoral que requiere la realidad de Guadalupe y la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz. El clero toledano se sabrían formando parte de una nueva diócesis de la que serían ellos parte creadora de la misma con su propia organización. Todo esto tendría sentido no sólo para reivindicar el monasterio de Guadalupe sino para el bien del pueblo de Dios que allí peregrina.

El ejemplo de Jerez

Estas ideas las pensaba y compartía con personas de diócesis distintas este verano, a los pies del santuario de Regla en Chipiona, lugar que puede servir de referencia de lo hablado. En los años ochenta, del siglo pasado, la archidiócesis de Sevilla llegaba hasta este santuario en Chipiona (Cádiz). Aquí Jerez era una vicaría de Sevilla y la propia archidiócesis propuso pastoralmente que este territorio, que civilmente pertenece a la provincia de Cádiz, se desmembrara eclesiásticamente de Sevilla y pasara a formar una nueva diócesis, cuyo primer obispo fue de su zona y los siguientes sevillanos. En Guadalupe podría ser el primero un franciscano, por ejemplo, como lo es Tánger, que después podría llegar a ser arzobispo de Toledo e incluso cardenal, como lo fue Amigo.

Hay razones variadas que apoyan una decisión pastoral conjunta de este tipo y que sería señal del verdadero diálogo pastoral y eclesial de nuestros obispos con sus presbiterios y pueblo: de tipo histórico, como iglesia evangelizadora y apostólica por toda América, como foco de espiritualidad mariana en Guadalalupe, su patronazgo del pueblo extremeño, así como las razones pastorales actuales de una iglesia cercana, compasiva, misionera, en salida desde lo sencillo y lo evangélico, que favorecería una nueva diócesis en el marco de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, ya se habló más de una vez de Don Benito como posible sede de una nueva diócesis, con toda la serena.

Demos ejemplo eclesial en la organización

Esto lo escribo mientras de fondo, en este día de fiesta extremeño, televisan la eucaristía en el monasterio, presidida por Don Braulio, ayudado por los obispos extremeños, y rodeados de todos los representantes del pueblo extremeño, así como del pueblo sencillo. Es hora de abrirnos al evangelio y a planteamientos donde la Joya sea la del Reino de Dios y todo los demás se nos dé por añadidura. No se trata de reivindicar sino de encontrar caminos apostólicos y más evangelizadores, también en estos detalles. Necesitamos el ejemplo de nuestros pastores en esta cuestión para iluminar las que está en nuestra manos que necesitan de comunión y corresponsabilidad. Deseamos que se encuentren los obispos implicados hablen y establezcan medios y modos de iluminación y sanación pastoral para esta situación y para mejor pastoreo.

“Dejarnos hacer” Once años después…

Ir para volver

La imagen puede contener: 13 personas, personas sonriendo, personas de pie y exteriorNos hemos vuelto a reunir once años después de nuestra estancia en Perú.  Fuimos un grupo de catorce personas vinculados por la fe, la universidad, la inquietud, nacimos en el seno de la Pastoral Universitaria y del movimiento de acción católica JEC –de estudiantes católicos-. Nos movía el deseo de encontrarnos con la realidad de ese mundo que llamamos del sur y que está tocado de pobreza, nuestro lema, nacido de la reflexión y la profundización en las motivaciones que nos llevarían a esa realidad, era muy sencillo: “no íbamos a hacer, sino a dejarnos hacer”. A empaparnos de aquella vida para tener más vida, para mirar nuestra propia existencia con más pasión y con más dolor, para poder ser más auténticos y más originales. Y nos lanzamos a la aventura, contando sobre todo con el apoyo de las personas que habían optado por compartir sus vidas con aquel pueblo peruano y que eran acogedores con nosotros y nuestras intenciones: los sacerdotes diocesanos de nuestra diócesis que estaban allí y las religiosas extremeñas, las hijas de la Virgen para la formación cristiana. Fue una experiencia única, procesual, preparada, vivida con intensidad, reflexionada, sentida, compartida,  y lo más importante, con un claro horizonte: “íbamos para volver”. Nos dimos cuenta de algo que presentíamos, que lo importante no era ir y estar por allí un mes de verano, sino ir para volver con otra mirada de la vida y del mundo, para vivir con otras claves, para enriquecer nuestro discurso de justicia y dignidad evangélica con la praxis de un mundo más solidario y más humano que tenía que cambiar desde aquí, desde donde nosotros somos y hacemos.

Aquellos rostros de ayer

Al llegar a nuestra tierra, enseguida quisimos compartir aquella realidad descubierta desde la reflexión y la imagen.  Organizamos alguna exposición  con fotografías que eran chispazos de fuego encendidos en nuestras pupilas y en nuestros corazones observadores. Nos dimos cuenta que la mayoría de los rostros que nos había seducido eran los de los niños. Aquel pueblo estaba lleno de niños, de rostros preñados de dolor y de esperanza al mismo tiempo. Nos ganaron,  y, sólo con  volver nuestra mirada a ellos, se renueva nuestro sentir y la llamada a no permanecer indiferentes ni quietos ante ese mundo de pobreza y esperanza. Ahora, al juntarnos once años después,  los recordamos, vivenciamos de nuevo los encuentros, las personas, las anécdotas… y nos preguntamos que habrá sido de aquellos niños y de estos rostros  anónimos y sencillos, cómo habrán llegado a la madurez de la vida en unas circunstancias de pobreza profunda, cómo seguirá la vida de aquellas escuelas, centros médicos, escuelas universitarias, rondas campesinas, catequistas, caseríos, caminos  de montaña…

Y nos dejamos hacer…

A la vuelta seguimos trabajando juntos  lo vivido, para seguir con un juicio de vida y una actuación transformadora, queríamos ser universales y justos, no vivir de un modo indiferente ante la  pobreza y desigualdad del mundo. Y eso hizo que nos lanzáramos, con otros, a buscar caminos de transformación, a sumarnos a aquellos que ya  existían,  pero queríamos acercarlos a la universidad de Extremadura y a nuestra sociedad.  El camino de vuelta hizo  que nacieran cosas bellas en nuestros contextos como el desarrollo de Ingenieros sin Fronteras en la escuela de ITI, Entreculturas en la UEx,  conexión con lugares como Sierra Leona, Tesis doctorales  en colaboración  con alumnos de Ecuador acerca de la botánica propia de la selva y los usos  de la misma, opción por colegios de zonas más marginales de nuestro ámbito,  participación en voluntariados jesuíticos –VOLPA- con estancias países de Latinoamérica, la red de subiendo al sur,  proyectos de fin de carrera conectados con la realidad del sur, grupos de profesores en los institutos y universidad por la ética y la  igualdad, participación en la coordinadora de  las ONGD extremeña, etc… De alguna manera la grandeza de aquella acción no estaba en el hecho sólo de ir, sino de hacerlo  juntos, programado con objetivos y retos, y de darnos cuenta que lo importante estaba en la vuelta, en saber volver, en habernos dejado hacer para ser capaces de pensar, sentir  y actuar de otros modos, a la luz de esa experiencia que  dio consistencia a nuestras reflexiones previas sobre valores humanos y evangélicos en los que creemos y apostamos.

Ahora celebramos y seguimos

Ahora, cuando nos encontramos, nos damos cuenta que estamos marcados positivamente por aquella experiencia, pero que nos une no tanto lo que vivimos hace una década, sino lo que estamos viviendo cada uno en nuestra historia, por los caminos que hemos ido eligiendo personalmente, pero que están conectados de alguna manera con aquella vivencia.  Todos reconocemos que aquello fue como un grano de levadura que nos fermentó, como un grano de sal que nos dio sabor, como un semilla que nos fecundó, como un grano de mostaza que creció, y, sobre todo, como un tesoro  y una perla que nos sedujeron y nos llenaron de vida y de más amor. ¡Qué alegría poder encontrarnos y renovar sentimientos, celebrarlos con la sencillez de la fraternidad compartida¡

Volviendo… con desiertos lejanos -¿terroristas extranjeros?-.

Volviendo con dolor

Hace meses que no deambulo por esta  pista del blog… pero no estoy en el olvido. El desbarajuste de las claves me ha hecho estar lejos, pero ya estoy corrigiendo la ausencia. En estos momentos de convulsión por el atentando de Barcelona y Cambrills, me parece oportuno comenzar escuchando la reflexión de Álvaro Mota Medina, actual presidente de la Juventud Estudiante Católica, le doy mucho valor en los tres niveles:  nos presenta su pensamiento como joven actual que está en conexión con jóvenes de todo el mundo y preocupado por la realidad actual que ellos saben que han de resolver y levantar, porque habla desde la reflexión universitaria como estudiante que piensa su mundo y  la crisis actual que estamos viviendo consciente de los peligros y de las necesidades más acuciantes que se están dando en la educación y en la cultura actual, y  además porque habla como un cristiano que quiere seguir a Jesús implicado en una Iglesia que ha de estar abierta y en salida en este momento de la historia, me parece crucial lo que  un joven cristiano nos dice hoy a la comunidad cristiana ante este atentado que es un signo más de una realidad que requiere hospitales de campaña en todo el mundo, para lograr una humanidad mejor. Pero escuchemos a Álvaro en su artículo:

De desiertos lejanos

Con el gesto derrotado, el alma atormentada por el horror de la guerra y el anhelo de justicia y de redención como obsesión vital , el excombatiente Ethan Edwards, inolvidablemente interpretado por John Wayne en  Centauros del desierto (John Ford, 1956) emprendía un viaje crepuscular hacia la búsqueda de la mirada tierna de una niña, su sobrina, que los indios comanches (salvajes estereotipados en el imaginario patriótico-poético del western clásico norteamericano) secuestraron vilmente, arrebatándole la infancia con una muñeca entre sus manos.

 

El personaje de Wayne apenas disimulaba su racismo, odio y aversión hacia una raza, sentimientos que había ido fraguando, a lo largo de su vida, en su lucha militar y sus conflictos interiores. Y el emprender esa búsqueda para encontrar y rescatar a su sobrina junto a un joven mestizo le pone en continuo contraste y cuestionamiento con sus valores más arraigados en un recorrido que se torna una suerte de viaje iniciático, un camino de descubrimiento personal y colectivo donde aflora y se revela la cara más esperanzadora al tiempo que la más terriblemente desgarrada y cruel de la especie humana.

  Cuando, tras todo aquel periplo, Wayne encuentra finalmente a su sobrina en medio del campamento comanche, descubre, desolado, que ya no queda nada en ella de aquella niña que fue. Se trata de una desconocida que se ha inculturado totalmente en la vida y las costumbres de los indios, fiel servidora de una causa bélica ajena a su origen y que reniega y rechaza cualquier vínculo con su vida, su identidad y su historia anterior.

 

Tras los atentados de la semana pasada en Cataluña, el autodenominado Estado Islámico ha lanzado el primer vídeo en que amenaza abiertamente a España con nuevos ataques, reivindicando las muertes de Barcelona y apelando a la reconquista de Al Ándalus como tierra de califato. Y lo hace un chico español, originario de Córdoba, que se expresa en la lengua de Cervantes y de Cortázar.

Las reacciones no se han hecho esperar y, después de una semana de shock, de alarma social y de una enorme polarización del pensamiento en la opinión pública y, especialmente, en las redes sociales, parece bastante terapéutico, lógico y legítimo (muy a pesar de algún periodista de El País) reivindicar el humor al ridiculizar la figura de Yassin, el hijo de la Tomasa“, como una respuesta sanadora de una sociedad conmocionada a quienes pretenden sembrar el terror, uniendo esto a la solidaridad con las víctimas y al grito unánime de “No tinc por“.

Muchos han sido los memes, los vídeos y los comentarios ocurrentes e ingeniosos que hacen burla del malogrado camino de un joven que ha sido, como tantos, objeto de la radicalización extremista del yihadismo.

Sin embargo, pensar por un momento en la figura de esos abuelos que, discretamente, han aparecido en los medios de comunicación rotos de dolor al reconocer en ese terrorista al niño que jugueteaba de pequeño en su casa de Córdoba y que lamentan haber perdido a su hija en el momento en que contrajo matrimonio con un posesivo yihadista radicalizado, me remite a esa escena de Centauros del desierto en que John Wayne descubre con tristeza cuál ha sido el destino de su sobrina. Con toda su carga de derrota, de constatación trágica de una transformación incomprensible en una persona que rompe con el arraigo y la identidad más profunda en pro de un viaje sin retorno al radicalismo y una entrega sin concesiones a la locura irracional.

Decía hace algunos años el nunca suficientemente valorado, reconocido ni, por supuesto, juzgado como criminal de guerra Aznar que los que habían ideado los atentados terroristas de Atocha no estaban “ni en montañas lejanas ni en desiertos remotos“, manteniendo, aún mucho tiempo después de demostrada la autoría de Al Qaeda en los atentados, las famosas teorías de la conspiración.

Tristemente, parece que esta vez era cierto, pues tanto quienes ejecutaron la matanza de Barcelona como quienes anuncian nuevos ataques no nacieron al calor de desiertos lejanos, sino que son personas jóvenes nacidas y criadas en nuestras ciudades, en nuestras escuelas, en nuestros barrios.

Se trata también de víctimas, de historias de vida probablemente truncadas que han abrazado una ideología fanática y homicida ante una realidad social, cultural y familiar que no ha sabido o no ha podido darles respuestas y evitar la injerencia de idearios fundamentalistas que anulan la identidad y la personalidad del individuo y siembran su veneno en las mentes y espíritus más débiles e influenciables.
    Contemplar estos hechos y el devenir asesino de sus protagonistas pone también el foco en los procesos educativos y de socialización de nuestro mundo, en la capacidad que tenemos de dar respuestas personales y colectivas, de integrar y de acompañar a las personas.

“¿Cómo puede ser, Younes? ¿Qué os ha pasado? ¿En qué momento…? ¡Qué estamos haciendo para que pasen estas cosas! Érais tan jóvenes, tan llenos de vida, teníais toda una vida por delante…”

Eran las palabras de Raquel, educadora social que trabajó con uno de los chicos integrantes de la célula terrorista.

También están siendo muchas las reacciones que vemos en nuestras conversaciones cotidianas y en la opinión pública que se entregan rápidamente al juicio fácil que asocia, peligrosamente, el terrorismo de signo yihadista con el Islam en general. Que estigmatizan a las personas por profesar esta religión (u otras, o cualquier religión en general), por ser extranjeras, inmigrantes… y que apelan a la expulsión, al cierre de fronteras o a la contundencia de las respuestas militares en países como Siria.

Es el termómetro de una sociedad, la nuestra, a la que, si bien lleva a sus espaldas memoria, historia y heridas suficientes como para haber alcanzado la mayoría de edad a la hora de acercarse y reflexionar con serenidad sobre el fenómeno del terrorismo, sus causas y la manera de responder a él, le queda aún mucho por aprender.
Mucho nos estaremos equivocando si no somos conscientes de que, además de las medidas que se tomen para combatir el terrorismo a nivel policial y militar, habrá que indagar en las consecuencias y el coste de las relaciones económicas y gubernamentales que nuestros estados, gobernantes, monarcas y demás representantes mantienen con quienes amparan y promocionan la difusión de interpretaciones religiosas que alimentan esta espiral de violencia.

 

Pero, sobre todo, nos equivocaremos, y mucho, si no entendemos la importancia de transitar caminos que ahonden más en los procesos personales y educativos, en la integración social, el diálogo entre distintos credos y expresiones de fe y la necesidad de recuperar, desde las diferentes creencias (reto fundamental) y desde fuera de ellas, narrativas humanizadoras que pongan a la persona en el centro frente a la basura de idearios que formatean las mentes haciendo, de personas libres, autómatas para causas suicidas, fanáticas e imposibles.