“El dolor y el amor fiel” – Un entierro “con-sentido”

Querido Manuel:

Celebrar el amor en el dolor

ALa imagen puede contener: 2 personas, anteojos e interioryer ha sido uno de los días memorable, en los que al celebrar la Eucaristía, me sentí más sacerdote y más creyente. Alguna vez te lo dije, amigo Manuel,  pero hoy quiero hacerlo más explícito y público. Tu persona y tu presencia siempre han sido un motivo de ánimo y de referente evangélico para mí  y los que te rodeaban en la residencia de la Granadilla.

Paco, mi compañero, me  llamó para ver si podía yo celebrar un servicio litúrgico funerario en el tanatorio, a las cuatro de la tarde porque él no podía. Sabíamos que el difunto era un residente de la granadilla, pero nada más, creíamos que era uno de los enfermos que había recibido el sacramento de la Unción el domingo. Pero al llegar al tanatorio y entrar para rezar ante el féretro, todavía abierto, me di cuenta que era tu cadáver el que tenía delante de mis ojos.  Me sorprendió y me dolió, no lo esperaba, porque el último domingo que celebré en nuestro centro allí estabas tú, como siempre, bien atento y dispuesto, con ese clamor dominical que sostenemos: “Aquí no hemos venido a morir, aquí hemos venido a vivir”. Al verte yacente y sin aliento vital, sentí tu ausencia y me habitó enseguida el recuerdo entrañable de tu presencia y tu humanidad, lo que tú has sido para mí y mi ministerio en la residencia. Después me contaron que el corazón, agotado de tanto amar –pensé yo- , se había parado para siempre. Se me agolparon muchos sentimientos y alguno expresé en la homilía, sobre todo se me vino al corazón las veces que habíamos estado juntos ante el altar con la riqueza de la vida, en su amor y en su dolor y limitación.

El evangelio de la verdad

Cada celebración  dominical de la eucaristía en nuestra capilla te he visto atento y  participativo, sentado atrás donde era más fácil incorporar la silla de ruedas de tu esposa, ese tesoro que no has soltado en ningún momento de tu mano, el tesoro que  has cuidado, protegido, mimado, acariciado, como nadie. Por eso algunas veces he hecho referencia a vosotros en la homilía al aplicar el evangelio a la vida. Tú ha sido para mí referente evangélico en tu modo de estar en la residencia y de cuidar a Francisca, tu esposa, en su enfermedad. Cada vez que el evangelio hablaba de entrega gratuita, de amor sin medida, de fidelidad radical, de compasión y misericordia, se me venía al corazón tu imagen agarrado a tu esposa amada, internados los dos  en ese centro  donde se cuidan dependientes.

Ser pan partido

He orado muchas veces con una conversación sencilla que tuviste conmigo, al comienzo de tu  presencia en el centro. Habías ingresado a Francisca porque los medios que  necesitaba ya no se los podíais dar en la familia, en casa. Al comienzo tu venías todos los días a visitarla y cuidarla, pero eso no duró mucho, porque hiciste tu reflexión  y  te dijiste a ti mismo que si ella estaba aquí, tú te vendrías en cuanto pudieras con ella, para compartir esta etapa, estabas dispuesto a entregar tu independencia para hacer amable su dependencia, para que no le faltara ni un minuto tu cuidado y tu ternura. Ante su debilidad tú entregabas toda tu fortaleza, tu vitalidad para que ella tuviera amor.  Por eso cuando yo partía el pan  en el altar, no podía por menos que darme cuenta que era lo que tú estabas haciendo todos los días, partir tu tiempo para dárselo a ella muy poco a poco, que era el modo en que ella podía recibirlo porque ya no se da cuenta de casi nada, aunque siente y recibe amor.

El vino de la vida

Pero además yo observaba cómo, desde esta situación y debilidad, con esa silla de rueda siempre en tus manos y en todas partes, has ido creando un ambiente de paz y armonía entre los compañeros, has jugado, reído, cantado, paseado, y siempre lo has hecho con otros, creando familiaridad y fraternidad. A mí mismo me has hecho sentirme bien cientos de veces, desde el pago de un café con cariño, hasta la conversación tranquila, la alabanza a los pequeños detalles que yo pudiera tener. Me gustaba cómo me recibías y me tratabas, la sencillez y naturalidad con la que lo hacías, y como era tu forma de ser y de estar. Me animaba cómo me hablabas y presentabas a tus hijos y a tus nietos, tu orgullo de sentirte querido y acompañados por ellos. Por eso al alzar el cáliz con vino de la alegría, de la sangre entregada de nuestro Señor, ponía también tu bien ser y tu ánimo positivo en medio de la limitación.

Que Dios te tenga en la gloria, por haber amado tanto

Por eso hoy, en tu entierro, cuando he leído el texto evangélico del grano de trigo que cae en tierra y da mucho fruto me lo he creído a pie juntillas pensando en tu vida, y cuando he ofrecido el pan y el vino consagrados, he sentido la presencia real de Cristo allí en la asamblea, porque tú has sido un verdadero testigo de quien ama y da la vida con alegría. Sí, en la misa de tu despedida, rodeado de los tuyos, de tus amigos, de compañeros de la residencia, he dicho el “por Cristo, con él y en él” con una emoción profunda, he recordado que tu junto a Francisca, en su debilidad y límite total, has sido: ternura, compasión, entrega, gratuidad, serenidad, cuidado, familiar, sensato, sabio, amigo.  El evangelio se ha hecho vida una vez más: “Te doy gracias Padre, porque estas cosas tan importantes no se las has revelado a los sabios y poderosos de este mundo, sino a los más sencillos”. Tú has sido sencillo  y has amado hasta la muerte, por eso Dios te habrá dado ya lo que te mereces: LA GLORIA.

Sigue cuidándonos y protegiéndonos desde el cielo, te necesitamos hermano. No dejes de abrazarme

Oración sacerdotal en un atardecer

“Escudriñar los signos de los tiempos”

LA VIDA

Reunión de pastores, consiliarios extremeños, buscando e indagando desde la vida el modo de estar y acompañar a movimientos apostólicos de Acción católica, cuando buscan caminos de profundización y renovación en la actualidad. Una cuestión de fondo acerca de las posibilidades y dificultades que nos encontramos en la realidad de hoy para poder acompañar en la iglesia y en el mundo. Una mañana de análisis compartido y profundizado, queriendo encontrar luz y gracia para el momento que vivimos. Un apunte entre otros…

Nos vemos traspasados por una realidad envolvente, que cuesta percibir y ponerle nombre, aunque todos la sentimos y padecemos. Hay un alejamiento, una ruptura de este mundo, que afecta a todo lo humano y, por lo mismo, a todo lo cristiano. Las instituciones, la economía, la política, el modus vivendi actual, están articulados desde el miedo y el deseo de seguridad. Ahí se va toda la vida, en alcanzar y conservar. El mundo queda dividido en dos planos de lo humano con una frontera muy flexible y peligrosa, los integrados y los que está fueran o van cayendo. Y la Iglesia caída en la tensión, preguntándose quién es y qué quiere.

Los que somos y estamos

Los integrados se ven absorbidos por la realidad en la que se integran, han de dar la vida para alcanzar lo que tienen y tienen que seguir dándola para no perder y poder conservar lo alcanzado, siempre a precios más altos. Sus vidas se dan en la rapidación brutal que no permite la opción, el proceso, la idea, ni la meta personal. La ideología no ha lugar, la religión ,la iglesia,tampoco, aunque se necesita como consuelo y no se tira porque hay momentos en que puede darnos de beber algo distinto. La Iglesia vive y se organiza desde ellos, no son los más grandes, son luchadores que se consumen en un éxito siempre fungible. No tienen tiempo para compromisos ni proyecto con metas de horizonte interior o profundo, y mendigan hasta el silencio. Por eso conviven con su fe y no la destruyen, pero no pueden vivirla. Mantienen la institución pero no pueden construirla ni vivirla, solo en las circunstancias, en los momentos… pero ni siquiera en la relajación, donde tienen que consumir lo exótico para poder descansar de lo obligatorio, se hace santo el viaje o la playa, más por necesidad que por lujo. Nuestros niños tienen agendas de integrados y su estrés es el camino de su salvación para el mundo, la religión es una catequesis de minutos sin hora, saliendo aprisa minutos antes para aprender otros idiomas, que el del evangelio no es tan eficaz. Nuestros jóvenes entre luchas y disfrutes, tensiones y poca esperanza se erasmizan y se internacionalizan, sin poder pensar en los otros que son muchos, demasiados, y su tiempo está muy cotizado, no les pertenece, se lo demanda el banco del mercado, que les dirá mañana para lo mismo decir mañana, a los que no son los primeros y elegidos.

Los que no son ni están: las migajas

Y en el otro nivel, los que desisten y viven la integración en el desalojo de toda inquietud, proceso o deseo, los que se encarnan en los límites y los aceptan para siempre, ocupándose o vaciándose de la simple supervivencia. Son muchos, pero los necesitamos, por eso seguirán viviendo. Más allá están los que no necesitamos, que son muchos más, los que están en el miedo de la desaparición y se disponen a morirse en el intento, porque más vale ahogarse en el mar, o helados en el frio de la nieve, que enterrarse en la propia tierra. Toda una humanidad sufriente, dolida ya sin dolor, viviendo sin esperanza, acostumbrados a la sombra sin ni siquiera algún lunes al sol. A estos no llegamos sino es con alguna ayuda desde donde podemos, no sé si desde lo alto. No son parte viva de la Iglesia, no son nuestros de comunión, no nos organizamos con ellos ni desde ellos, están fuera y los atendemos, pero no nos acercamos. Los pobres, los débiles, los últimos, los anónimos, los caídos… los que nos adelantarán en el Reino de los cielos.

Nosotros

Desorientados y desnortados… volvemos sobre nosotros, nos volvemos a preguntar, a programar, priorizar… pero estamos perdidos, muy perdidos, ni siquiera sentimos la tensión de “Dios o el dinero”… no sabemos escudriñar los signos de los tiempos, nos resguardamos de la intemperie, aunque ya no resiste el sombrajo y se agrieta con esa lluvia que no es querida pero que dicen que trae la vida y la primavera.

LA PALABRA

“Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Tendremos lluvia”, y así sucede. Cuando sopla el viento sur, decís: “hará calor”, y así sucede. Hipócritas, si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y el cielo, ¿cómo es que no sabéis interpretar el “momento presente” (Lc 12,54-59)

ORACIÓN

De nuevo Señor, al atardecer, siento la mano bendita y amorosa de tu bendición en el sol que declina y se desnuda en la ausencia, cuando ya va de caída. Contemplo cómo la nube grandiosa lo cubre y lo viste, como nodriza amable, para adentrarle en la noche de su descanso. Pero yo sigo con el interrogante peregrino de lo humano y lo divino, deseando saber, con todo lo creado que me rodea, quién es el hombre y a dónde va. Me lo pregunto en la mañana cuando ese sol comienza a brillar, y en la noche cuando con su marcha nos llega el frío y la oscuridad.

Somos, Padre, hijos del momento, nos vemos abocados a interpretar el presente y lo hacemos siendo perdidos, aunque hablamos de Oriente y Occidente, de Norte y de Sur, sin más referencia que los límites que nos sobrepasan y se imponen: ¿Qué nos está pasando? ¿Quién, qué y a qué nos están llamando? ¿Qué afirma este grito gigante y multitudinario de dolor humano sabido y contrastado? ¿De donde viene la sordera universal en el ahogo de la dignidad machacada en la inocencia más pura y martirizada de la historia? ¿Qué intereses, tan anónimos como encarnados, son los que mueven los hilos de este mundo donde han sido expulsados y masacrados los quijotes y los buenos sanchopanzas?

¿Y dónde estás Tú, mi Dios… dónde tu rostro, tus manos, tu costado, tu sangre, tu cuerpo, tu cruz y tu calvario, tu amor, tu grito, tu sed compasiva y entregada en el espíritu? – Tu clamor en la brisa me responde: en las víctimas sacrificadas y en los corderos degollados. Y yo grito: “Silencio”, como si de una película del momento se tratara.

¿Dónde tu Iglesia, tus elegidos, tus apóstoles y enviados, los profetas del pueblo, los mártires y los confesores, la multitud de testigos que han lavado sus mantos en la sangre de aquél cordero… y dónde estoy yo, ellos…? Desorientados, desnortados, asegurados y acomodados, dormidos y separados, con discursos que no acaban y conceptos tan discutidos como vacíos, todo en la vaciedad de lo abstracto, de la coma y del término que justifica hasta la violencia y la separación. Señor, qué desajuste y desasosiego, cuando no acedia y apatía, necesito tu voz y tu ofrenda, como el ciego del camino pido un milagro para verte, para verme, para ver mi mundo, para entender el momento.

Y sólo tu ofrenda, cuando cae la tarde, me envuelve y me salva de estos poderes e imperios que se imponen, tensos y acabados, dentro y fuera de tu cuerpo amado, de tu unidad querida, en la historia, la humanidad y el universo, la ofrenda de ti mismo como fuente y horizonte: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados…aprended de mí que soy manso y humilde”…

Danos, Jesús, tu mirada y tu espíritu para desentrañar nuestro momento, enraízanos en ti y haznos crecer en tu gracia y tu luz. Envíanos de nuevo y libéranos de todos los miedos acomodaticios y conservadores que nos invaden y absorben en nuestra iglesia, en nuestras comunidades, en nuestras tradiciones. Lánzanos a la verdad desnuda de lo humano, a la compasión de las entrañas, al corazón de tu encuentro, allí donde todos están en ti y nada está fuera de tu amor. Rompe todos nuestros odres centenarios y carcelarios que nos detienen y anulan, danos el vino nuevo de tu espíritu, para que borrachos de tu gracia volvamos a ti y te encontremos encarnado, crucificado y resucitado, haz que volvamos a meter nuestros dedos y nuestras manos en tu costado y en tus clavos. Renuévanos por dentro y danos un espíritu firme, ayúdanos a ser creativos y creadores en la humildad del momento y en sencillo de la humanidad atribulada en los pobres y cansados de hoy.

Espíritu divino, te siento vivo en el deseo que me habita, aunque me veo roto y descosido por dentro y por fuera. Gracias por poder compartir con los hermanos, con los que busco cercanía y luz en lo desnortado y desorientado de nuestra ceguera institucional y nuestra pobreza pecadora. Tú nos vuelves a llamar y a invitar para seguir dando pasos, sin dar palos de ciego, desde un corazón compasivo, como el tuyo, abrazados con todos los que, como nosotros, esperan tu palabra de vida y tu aliento. Solo tú Señor, puedes abrir nuestros ojos y nosotros, como el ciego del camino, te suplicamos como Iglesia al atardecer: “Señor, que vea”.

 

Atardecer en la espera -refugiados menores-

( Por  los menores migrantes y refugiados)

La belleza y la esperanza

Uno de los libros, de los  que se convierten en referentes en la vida de las personas, ha sido para mí “El hombre en busca de sentido” de Víctor Frankl. Son muchos los detalles  que han quedado grabados en mi interior de ese pequeño libro autobiográfico, donde el autor de procedencia judía cuenta su estancia en un campo de concentración y de la razón de vivir que alentaba la lucha de los que allí habitaban sin razones de esperanza visibles sino más bien de desesperanza total. Hoy Domingo, en el que la Iglesia nos ha invitado a celebrar el día de las migraciones y los refugiados, interpelándonos con la mirada a los niños que viven en esa situación,  poniendo en  la niña de nuestros ojos a los menores, he recordado ese testimonio vital.  Y en el atardecer, desde el balcón de mi casa, donde he  contemplado con paz y serenidad la belleza inusitada del sol que se despedía en el color más amable y sentido, con ese sabor materno de despedida, no he podido  por menos  recordar un detalle de la obra que se me hacía vivo y real, como si lo compartiera con el autor cuando él exclamaba: “Si alguien hubiera visto nuestros rostros cuando, en el viaje de Auschwitz a un campo de Baviera, contemplamos las montañas de Salzburgo con sus cimas refulgentes al atardecer, asomados a los ventanucos enrejados del vagón celular, nunca hubiera creído que se trataba de los rostros de hombres sin esperanza de vivir ni de ser libres.”

La belleza y el arte, confundidos en el abrazo del sentido, se convierten en razón para la esperanza, al darse en la gratuidad que nadie ni nada puede ocultar y robar de nuestro horizonte vital. Amanecer y atardecer se convierte en el acto más trascendente y misterioso que lanza a la criatura a lo totalmente otro, a aquello que puede convertirse en fundamento de lo último, rompiendo toda desesperanza y alumbrando que la última palabra sobre la vida no la tiene la muerte, sino la esperanza de un amor gratuito y salvaje que no puede ser detenido ni en su belleza ni en su arte.

El Cordero de Dios y el sufrimiento de los inocentes

La liturgia hablaba hoy del “Cordero de Dios”, simbología religiosa que sólo es comprensible en la doble dimensión de aquél que de ningún modo puede ni quiere hacer daño a los otros, porque su inocencia es pura y total, pero que a la vez, su misma inocencia le hace vulnerable al golpe de los otros, que no aguantando su belleza y su verdad, porque se sienten juzgados, la martirizan y la crucifican, sin saber que así le dan la belleza de lo eterno y la fuerza de la salvación, ya imparable para los que sufren inocentemente. Sí, hoy el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, con su propia sangre, está en todos los que están lavando sus mantos en esa sangre inocente, sumándose a ella. Los millares de niños migrantes y refugiados, que con su mirada buscan la belleza del atardecer, y del posible amanecer inseguro, que sienten y se emocionan con el misterio del día y de la noche, del don que reciben sin conquistarlo. Pero, sufriendo a la vez la ausencia de la serenidad y de la paz, de la justicia y la dignidad, tensionados entre la bondad de la tarde y la maldad de los hacen del sufrimiento su poder y su razón de ser y de verdad.

Los reyes de este mundo

Hoy mismo, cuando nuestro rey visita oriente con el cometido de estrechar lazos comerciales, y entre sus asuntos lleva el acordar el posible contrato de que aquí en España le vendamos los carros de combates para sus defensas y batallas.  Esas batallas que se harán al amanecer o al atardecer nublando la belleza del sol y su luz gratuita que solo quieren hablar de paz y de amor. Hoy mismo, hemos orado en el nombre de todos esos niños, desde los niños de nuestra comunidad, los hemos puesto en el altar de la Eucaristía y allí fundidos con el cuerpo y la sangre de Cristo, los hemos comulgado en la mesa de la fraternidad. El gesto ha sido de fusión con ese cordero de Dios universal en los inocentes que sufren, el sentimiento y la llamada no tenía confusión, nos hemos sentido invitados a ponernos de parte de ellos,  a caminar en la dirección que marca la belleza del atardecer. No podemos permanecer quietos, de ninguna manera, la paz y la serenidad con la que hemos gozado la luz abrazada del sol en salida, llena de belleza, es también para ellos y nadie por nada debe robársela.

El reto ante los refugiados: ahi está el cordero de Dios

Hoy el cordero de Dios, el que tiene el Espíritu de la vida, nos ha llamado  a trabajar por la justicia y la paz, a defender a los inocentes que sufren y a batallar con la gratuidad hasta que llegue a todos el pan, la paz y la alegría que nos es ofrecida y regalada cada mañana para que la podamos presentar realizada cada atardecer. Así lo contempló Juan el bautista al ver la humanidad de Jesús de Nazaret, su dolor inocente y su compromiso con los sufrientes de la injusticia humana, ahí sintió que estaba el verdadero Espíritu de Dios, y por eso lo proclamó Hijo divino. 

 

Bautizados en libertad

San Pablo  explicaba, de una forma muy sencilla, a los cristianos de sus comunidades lo propio del bautismo cristiano, lo que debería caracterizar a los miembros de las comunidades cristianas en medio del mundo: ” Para ser libres, nos libertó Cristo Jesús” (Gálatas, 5,1)

 ¿Originales  o copias?

Hoy, fiesta del Bautismo de Jesús, termina el tiempo de la Navidad y comienza el tiempo ordinario. El pastor diocesano, arzobispo Celso, ha estado en nuestra comunidad parroquial de Guadalupe, compartiendo la fe en la celebración de la Eucaristía. Nos ha invitado a vivir con profundidad y novedad nuestro bautismo, en el fondo nos ha animado a ser auténticos y originales en medio del mundo, donde casi todo es copia y uniformidad. Se Cristianos es adentrarse en la originalidad de  aquél sencillo hombre de Nazaret que rompió moldes y abrió caminos para el absoluto – rompió la separación de tierra y cielo- en medio de una sociedad rota y dolorida, caminos de novedad y de gracia, de luz y ternura. Esta tensión marca nuestras vidas de bautizados. El bautismo nos  anima a una elección diaria: “Ser copias o ser originales, uniformes o auténticos”.

Libres o programados

Nuestro mundo juega en dos direcciones muy distintas; por una parte las bases del mercado se asientan en la pluralidad de productos y sus modos para darnos la sensación de libertad permanente en la elección de los mismos. Existen mercados que te realizan un producto a tu propia medida para que no se repitan y tú puedas ser único en la utilización de  dichos productos. Pero por otra parte vivimos en el mundo de lo más copiado y falseado. Todos entramos por unos mismos cánones y  hacemos unas vidas muy similares, en muchos casos totalmente miméticas. Ya sean los estudios, las costumbres y diversiones, las modas, las aspiraciones…nunca hemos tenido un mundo tan igualado. La globalización, que podría posibilitar el encuentro y el enriquecimiento de lo diferente, nos da cuentas muchas veces de la uniformidad y de la imposición de lo poderoso y exitoso sobre todo los demás. Nuestros niños se vuelven locos  por ir a los Mac Donalds. Se podría contar muchas veces la vida de un joven, en su hacer y aspiraciones,  y aplicársela a otro cambiando simplemente su nombre. Estamos en el mundo de la serie…made in…

Ser uno mismo”: Autenticidad

Frente a eso siempre está permanente la invitación propia del ser humano a “ser uno mismo” y a serlo con “originalidad”. Vivir en Cristiano, vivir en la gracia de Dios, como bautizado, supone  estar y vivir la vida con claves verdaderamente originales, la claves que se obtienen viviendo desde él,  porque Dios es un Dios realmente original.

Mientras el pecado empobrece a la persona, quitándole su gracia propia, su originalidad, lo mejor de ella misma; la gracia del resucitado  y la  consiguiente novedad del bautismo lo que hace es desarrollar al máximo la riqueza de cada persona, llevándola a la plenitud de sus posibilidades, para que se alegre y se goce en ella misma, y pueda vivir en la verdadera libertad. A fin de cuentas vivir nuestro bautismo, es enraizarnos en la personalidad de Cristo y beber de su libertad y de su gracia vital  que irrumpe en el mundo  curando y rompiendo toda atadura para que toda personas pueda ser libre y auténtica.

Un bautismo de libertad conquistada

Vivir el bautismo es llegar a experimentar la libertad viviendo en verdad al encontrar el camino de lo auténtico y de lo más original. A eso estamos llamados los cristianos, y la vida diaria es el camino que nos lleva a  Pascua,  a la novedad más absoluta, que nos renueva en la originalidad y nos hace crecer en el Espíritu del Resucitado. Cada día nos jugamos lo que somos, lo hacemos en todo lo que decidimos, cada momento puede ser ocasión para  ser más originales y más auténticos, para que se desarrolle mucho más en nosotros la gracia del Bautismo. Seamos como Jesús de Nazaret, dejemos conducirnos por su luz y avancemos en el deseo de ser realmente únicos y originales en la sencillez de la vocación a la que hemos sido llamados, haciendo de una nuestra vida un sacramento de generosidad y de amor. Todo lo que tocamos puede ser tocado por el espíritu de la sencillez y de la entrega: trabajo diario, relaciones sociales, familia, actividades lúdicas, compromiso humano y social, vida parroquial, política… No hay nada  que no pueda ser bautizado por la gracia y el amor de los que viven tocados por la originalidad del Espíritu de Jesús.El agua que es la vida

En el nombre de Jesús…

La revelación de un nombre: Jesús.

El día de hoy se abría con esa connotación litúrgica de honrar el nombre de Jesús, el nombre humano del amor divino que se hace tan cercano y ordinario que sobrepasa las cuotas de lo limitado, el Dios que se dice en los límites y, desde ahí, nos salva, cuando nosotros siempre queremos salvarnos desde lo ilimitado, nos gustaría estar sin límites, lo cual probablemente fue el origen de nuestra muerte y nuestro pecado. Jesús, el niño envuelto en pañales –muy limitado- nos trae la salvación por otros caminos.

El Dios de los límites y la encarnación

Precisamente hoy el google me recordaba lo que escribía hace tres años contemplando a mi madre, cuando en su limitación más extrema, nos regalaba el mayor de los tesoros que la habitaba y que era su mirada. Así decía yo entonces ante la proximidad de la fiesta de la Epifanía: ”La mirada y el horizonte…la estrella de la epifanía de la vida. Para nosotros, se detiene donde tú estás y nos señala un límite lleno de posibilidades, en el que se nos da la ternura de la gloria y el motivo para saber vivir esperanzados esperanzando. La verdad y la luz del evangelio se vuelven a hacer fulgurantes en la máxima de la alegría que se vierte más en el dar que en el recibir, aunque cada vez más se está manifestando en la limitación aceptada y recibida. Cada día tu mirada, que es lo que nos va quedando, es más fija, más débil y, a la vez, mucho más profunda y libre. Tú sigues siendo el mejor regalo que nos ilumina en la espiritualidad de la encarnación, cómo no llegaremos a entender que el decrecimiento – la pequeñez, el sacrificio proexistencial, y la entrega gratuita que se expresa en la debilidad más total- es el camino del verdadero crecimiento -la resurrección y la vida que no tiene límites, ni pena, ni llanto, ni luto-.”

La confesión: Jesús sabe de su límites

Con este sabor del nombre del “Dios de los límites” y ese recuerdo salía de casar a tomar café y leer el periódico, placer de días libres. Allí me encuentro con amigos con los que comparto el momento de modo inesperado. Y estando allí, llega un joven -treinta algo de años-, que me saluda con cariño al reconocerme, sin saber muy bien de qué. Quiero recordar que se llama Jesús y me lo confirma, y pienso en el día de hoy y en lo que se celebra de este nombre. Yo sabía que él había estado con problemas de adicción, y me alegraba verlo alegre, con buen aspecto físico, muy deportivo, animado, hacía mucho tiempo que no lo veía. Me cuenta que está lejos de aquí. Había estado ocho años con una pareja y haciendo veces de padre con un hijo de ella, pero que últimamente no lo estaba viviendo bien y ante el peligro de desviarse, había renunciado a vivir en pareja y había acudido allí –cientos de kilómetros lejos de aquí- donde le “salvaron la vida”, y lleva un año trabajando por aquellos lares con su oficio cualificado. Ha venido a pasar estos días con sus padres. Y comenzamos a hablar, bueno, yo a escuchar. Una confesión de vida apasionante, una aceptación de sus límites, con un gran conocimiento de sí mismo y sus debilidades, de su proceso y de sus peligros. Sabedor de sus emociones y afectividades, de sus impulsos y tensiones, busca y contrasta, se dirige allí donde sabe que puede llorar y hablar horas, porque esa es su terapia y no quiere volver a dejarse enredar por lo que le quita la vida.

Su poder y su nazaret

Es capaz de perdonar porque sabe que ha sido perdonado, es humilde porque sabe que su orgullo psicológico le tiró a la basura, llora en las decisiones que toma, porque le duelen, pero lo hace porque tiene que ser auténtico y crecer sufriendo, sin engañarse. Le duele que no puede tener dinero y acepta que se lo administren los que lo quieren, porque no puede dar lugar a la tentación en los momentos de bajón. Y sigue… sigue… y me pregunta para cerciorarse de que soy sacerdote y que él me conoce de hace muchos años. En unos minutos sale en autobús para su destino, porque ahora no tiene coche. Pero agota el momento hasta el último respiro y se despide abrazándome, después de dejarme con toda la confianza del mundo sus límites confesados en mis manos y en mi alma. Y quedo desbordado por esta revelación de su nombre, que hace honor a su persona, Jesús. Un hombre roto, sanado que vive desde sus límites, que se emociona hablando de ellos, que agradece a Cáritas la persona que ha recuperado dentro de él y lo dice a gritos, sin complejo alguno, a la vez que tiene esperanza, ilusión y quiere hacerlo bien. Tiene mucho que vivir, lo más grande del mundo sería ser padre pero por su debilidad se para y no se lanza al vacío, pero ejerce su paternidad en otros mundos. Hoy me hablaba a mí como si fuera un hijo mío, pero yo lo escuchaba como a un padre, cuando me daba lecciones de cómo se puede vivir en el límite y hacer de eso un abrazo con un amigo en el que consideraba que se podía confiar. El nombre de Jesús, hoy a través de él, me ha desbordado.

Se extrañaron…

Mis amigos que me acompañaban en el café, se extrañaban y comentaban después que era impresionante como alguien en cualquier lugar puede llegar a mi persona, y ponerse hablar y compartir de este modo, al ver el tiempo que nos habíamos dedicado el uno al otros. Sin saber ellos la conversación que habíamos tenido. Ahora Jesús, ya estará a cientos de kilómetros, en aquel lugar donde sabe que crece en sabiduría y gracia, donde ha sido salvado y vive con más salud y protección. Y yo, miro al Belén de mi casa, me silencio para entender al niño envuelto en pañales, desde esta vida y esta persona con todos sus sentimientos, la grandeza de ese nombre, Jesús, el nombre de aquellos que saben vivir, ser salvados y salvar desde sus propios límites. Y yo me quedo extasiado y recuerdo el texto evangélico: “Gracias Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla y limitada… así te ha parecido mejor”, y la contrasto con la frase de un humorista que utiliza una entidad bancaria para una propaganda: “Improvisar una canción es fácil, basta con ensayar toda la vida”, y pienso en este joven y todo su proceso, hoy ha sido canto divino para mí.

José Moreno Losada

¿Inocentes y culpables?

Los santos inocentes

Hoy 28 de Diciembre hemos vuelto a jugar con el gozo de la inocencia y de las inocentadas. A mí me han llegado de varios sitios, amigos, grupos, hasta de las hermanas contemplativas. La alegría de aquellos que aun sin saberlo son testigos vivos de Cristo Crucificado, y forman parte del cortejo del Cordero que da la vida por los otros.  El recuerdo  de la gloria de los mártires. Pero el papa Francisco, siempre atento a la palabra de la Vida, ha querido unir a los mártires de los primeros siglos, a los mártires actuales. Cada seis minutos muere una persona en el mundo por el hecho de ser cristianos. Nunca en la historia hubo tantos mártires cristianos y es la religión con más martirio actual en el mundo. Y a esta  religión cristiana es a la que pertenecemos muchos de nosotros, ciudadanos del primer mundo y en libertad, que podemos proclamar y confesar nuestra fe con libertad, aunque a veces podamos sentir que falta consideración con el hecho religioso en nuestra sociedad laica y secular.

Un día de regalo y gracia

El  día para mí ha sido agradable. De esos días tranquilos que te dedicas a ti mismo sin saberlo, un desayuno tranquilo con lectura de periódico, la búsqueda de la peluquería que la han cambiado de sitio y el dueño me ha enseñado el nuevo local que está preparando para inaugurar el próximo cinco de Enero, la cogida de cita en la otra peluquería para estar más presentable en la entrada de año, un momento compartido con un amigo para hablar de nuestras cosas y recibir un regalo  de comida casera que me abastecerá más de un día, la llamada de unas amigas, Churri, de la universidad y , María Jesús,  de lo rural que querían verme y con las que he compartido la mesa. Después visita para ellas en la parroquia y renovación bautismal de una de ellas que celebraba hoy el treinta aniversario de su bautismo, y esto en nuestro nuevo baptisterio pintado por el artista Gamero, paisano suyo. Después descanso y preparación para la celebrar en la parroquia la eucaristía en la fiesta de los santos inocentes. Hasta aquí un día lleno de paz y de inocencia, de serenidad y gozo. Pero al pensar en la celebración, quiero recoger del mismo día hechos y personas para poner en el altar con motivo de esta celebración, y pienso en los mártires de los que hoy he tenido noticia en nuestro propio pueblo, mártires indirectos. Y me salen tres estampas.

Estampas de mártires: inocentes culpables

En las personas que hoy acudían a cáritas, he estado con los responsables de acogida, ha llegado una madre que tiene a su hijo de quince años en el Marcelo Nessi, no puede salir, acaba  penalización en Junio y ya teme su salida. Hablamos entre nosotros de su proceso, crónica de un fracaso anunciado. Dolor y desestructura desde su infancia más tierna, no tiene una identidad bien formada y le falta la capacidad básica de relación y de encuentro consigo mismo y con los demás. Los de fuera ven en él un peligro, maleante… pero no es otra cosa que un “inocente culpable”, con sus quinces años parece que no hay otro itinerario posible, nadie apuesta por él.

Otro joven, 22 años, su familia ya lo rechazado por miedo, vive en un pensión que le pagan unas religiosas, tiene un hijo, orden de alejamiento de su pareja… dice que es un desgraciado y que nadie lo quiere. Víctima de adicciones, deformado. Guapo y joven pero totalmente roto. Nació sin padre, con madre adicta a la droga que lo abandonó, vivió con abuelos, después con padrastros, con tíos, ya por dos veces internado en el Marcelo Nessi.  Nueva crónica de un fracaso anunciado y previsto. Con piedras  pesadas de dolor y mal en la mochila de la vida que nadie puede resistir. Yo no le tiraría la primera piedra, desde luego, porque no es otra cosa que “otro inocente culpable” que ahora causa víctimas.

 

Un señor mayor, de etnia gitana, viven  en la pobreza casi absoluta, no han venido a pedir hasta ahora, Diego le dice que cómo no vinieron antes, la nochebuena no tuvieron lo más básico… Vive el matrimonio solo, pero ahora ha venido un hijo, con cuatro nietos, que viven en una chabola en Sevilla, no traían nada y no tenían nada que darles. Pienso en esos cuatro nietos, y pido a Dios, que no sean crónica de un fracaso anunciado, pero lo veo difícil. Y está claro que ya son inocentes y víctimas… no sé si llegarán a culpables, pero si llegan algún día a serlo, no habrá duda de que vienen de la inocencia cargada de sufrimiento y martirio de lo humano en su carne.

Ellos son carne y sangre de Cristo crucificado

En la Eucaristía ellos han sido nuestros santos inocentes de hoy. Dolores y sufrimiento en una infancia en medio de una sociedad educada y rica, martirio y desprecio en una vida sin razón alguna. Carne de cañón para pasar de víctimas a agresores, de inocentes a culpables. Por eso junto a la broma, la celebración nos pone en carne viva por el sufrimiento de los inocentes, y uno piensa en el módulo tercero de la Cárcel que  cuando entras en él –según me cuentan los que lo visitan por voluntariados- parece un instituto por la cara de los adolescentes-jóvenes que lo habitan, muchos de ellos crónicas de fracasos anunciados casi desde su nacimiento. Y desde ahí, con voz tímida, hoy he dicho: “Tomad y comed porque esto es mi cuerpo… Bebed porque esta es mi sangre…”, pensando en estas personas dolidas y dolientes, agredidos y agresores, víctimas y victimarios, inocentes y culpables. Por ellos murió Cristo y a ellos les prometió: “Hoy estarás conmigo en el  paraíso”.

Estampas navideñas

Estampas de Navidad

Caricias de Navidad: “Un beso divino” (Navidad)

Cuando Dios fue besado por lo humano y se sintió querido. Navidad, cada año, me revuelve por dentro y se me hace real y evidente en detalles que me sobrepasan y me enternecen de un modo tan entrañable que me hacen desear ser más bueno de verdad, renovarme en los sentimientos mejores, al sentirme tan querido y tan acariciado.

Primera caricia de la vida: En la espera.

Encuentro de Navidad de los jóvenes estudiantes de acción católica, veinticinco años caminando en el deseo de ser y hacer al estilo de Jesús en medio de los institutos y la universidad. Allí están Juanjo y Eva, son animadores de estos jóvenes, antes ellos fueron jóvenes animados, ahora ya profesionales médicos con espíritu y deseos de servir más y mejor, también en grupos de revisión de vida. Pero ahora están en un momento trascendental de sus vidas, tras algunos años de matrimonio, están esperando a César y Ester. El seno de Eva es grande y redondo como el mundo y esta lleno de amor, su rostro de belleza de mujer fecunda que ya aguarda el momento del parto. Toco su vientre y quiero acariciar a Dios en los que ellos esperan y siento que Dios se deja tocar por mi mano, se siente querido, y desde ellos me responde con un beso divino.

Segunda caricia de luz : Tenemos una estrella.

El año pasado estaba recién nacida y era un lucero en el portal, este año ya es una estrellita en el portal de Belén, en su guardería, junto a sus profes, cuidadores y compañeros. Ella se convierte en centro la vida familiar de sus padres –mis sobrinos- y sus abuelos. El punto débil nos llena de fuerza, de ilusión y de vida. No ha dicho, ni ha hecho nada…sólo llorar y reír, pero para nosotros es todo. Lo débil confunde a lo fuerte, Dios está con nosotros. Paula abraza con fuerzas a su madre y le acaricia la cara sonriendo y es una de las imágenes más bellas de Dios que he visto nunca. Y profundizo de un modo nuevo en el texto bíblico, en medio de la guardería, porque “hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Y lo hago desde estos días en los que me he visto rodeado de centenas de niños en nuestra parroquia celebrando juntos el misterio de la navidad, con sus catequistas y familiares. Y es que no es Navidad porque haya fiestas, sino que es fiesta porque es Navidad.

Tercera caricia de sencillez en el límite: Los pastores de Belén.

Cada Domingo me dirijo a la Residencia de los Mayores de la Granadilla, es mi lugar de referencia celebrativo dominical más continuada. Allí me aguardan mis mayores para celebrar la vida y no la muerte. Repetimos a coro siempre: “Aquí no hemos venido a morir, aquí hemos venido a vivir”. Y son muchos de ellos los que buscan después de misa para decirme que han disfrutado de la celebración, que eso que yo he dicho lo están viviendo ellos, que esto del Evangelio es verdad. Yo sólo trato de llevar el evangelio a sus vidas, y ellos me responden como los pastores: “fueron y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre como les había dicho el ángel”. El último día que estuve salió Juan a mi encuentro, él tiene sus límites y discapacidad, pero me recibió, abrazó y me besó como a alguien muy querido, y cuando en la homilía pregunté quién y qué iba a ser lo más importante en estos días –mi pregunta era retórica- el gritó: Jesús, Jesús. Nunca creí que entendiera y atendiera, pobre de mí. Y Dios, en él, volvió a besarme como alguien muy querido.

Cuarta caricia de amor puro: “cuando Dios besa a Dios”.

Jueves a las siete de la tarde. Celebración de la Navidad, desde Cáritas, en la parroquia de Guadalupe de Badajoz, acuden el equipo directivo, los trabajadores de Cáritas, algunos voluntarios de las parroquias pacenses, sacerdotes y un buen grupo de acogidos, los residentes del centro hermano. Se forma una verdadera comunidad. Escuchamos la palabra de Dios de un modo creativo y participativo, van entrando los símbolos fundamentales de la navidad: el pan, el vino, las flores… una pancarta que se hace grito profético y eco del Papa Francisco: “Nos han robado la esperanza”… y el niño-Dios viene a esperanzarnos y recuperarnos. Así llegamos al momento central, al gloria de lo humano y lo divino, y un joven acogido en su herida y fracaso, como uno más de la comunidad, se adentra procesionalmente con la imagen del niño desnudo en sus manos. En su rostro muestra huellas de dolor y , al mismo tiempo serenidad esperanzada, sus ojos brillan. Lo porta con una ternura extraordinaria entre sus manos, se acerca a la cuna para depositarlo y, al llegar, se detiene, lo mira fijamente, y le sale de dentro de sus entrañas un beso fuerte y sonoro, no programado, sentido y querido. Ahí, ahí mismo, en esa celebración era Dios quien besaba a Dios, en lo humano, en lo roto, pero sobre todo en lo esperanzado. Devolver la esperanza es el oficio de Dios, se hace carne en cada rostro que vuelve a desear besar desde lo profundo, a sentir cariño e ilusión de una nueva vida, de un nuevo nacimiento.

Cáritas quiere ser el rostro de Dios que devuelve la esperanza y estamos buscando socios que se unan a este oficio divino, únete a esta empresa y serás besado de Dios y tus besos serán divinos como los de este hermano joven al que le vuelven a brillar los ojos por la emoción y los sentimientos de una vida que se sueña ya, como nueva, en su propio corazón.

Preadolescentes: ¿ Desnortados o con brújula interior?

Una niña muerta por coma etílico
Veo la noticia de una niña de doce años que ha muerto en Madrid por causa de un coma etílico y me reafirmo en esta reflexión que hacía desde la experiencia de acompañar chavales de esas edades en mi ámbito parroquial. El arma que tenemos frente a la muerte y el desnortamiento de nuestros chavales no es otro que la brújula de la interioridad. Nos pedirán cuentas de esta responsabilidad.

Niños con brújulas, con norte de santidad Seréis santos…

Soy un convencido de que Dios nos da un trozo de pan resucitado cada día, en medio de la vorágine del vivir diario, para seguir manteniendo la esperanza y no perder el norte. Ayer lo viví por la tarde en el entorno de la parroquia, con una actividad preparada con y para los preadolescentes.

Los preadolescentes

Todo sabemos que es una edad que tiene su intríngulis, cuando terminan la primaria y acceden a la secundaria, no sabemos bien cómo acertar. En la comunidad parroquial nuestra no deja de ser un interrogante que nos lleva años de trabajo, pues se mantienen catequéticamente tres años, a encuentro semanal, con el norte de la celebración de la primera comunión, pero después se da la desbandada, se desnortan. No conseguimos un proceso que les seduzca y les anime.

Este año, animado con padres interesados, especialmente Paco y José Miguel, estamos intentando algo nuevo y distinto. Iniciar un proceso de pedagogía de la fe, que pase por la acción, en el que ellos comiencen a ser verdaderos protagonistas de lo que creen y de lo que hacen, a su estilo y modo, acompañados con ilusión y paciencia con nosotros. De ahí van saliendo estos trozos de esperanza y de resurrección desde nuestros preadolescentes y ahí se sitúa ese momento de ayer en el que salí esperanzado y motivado por ellos y su alegría participativa, con un verdadero protagonismo. Hablamos de que estamos creando una asociación de chavales para chavales, después ya veremos dónde se insertan, según sus procesos, a nivel de movimientos apostólicos eclesiales.

Tropa solidaria de Ntra. Sra. De Guadalupe

“Tropa solidaria de Ntra. Sra. de Guadalupe”, así se autodenominan una docena de preadolescentes que el curso pasado, en Mayo, celebraron por primera vez la Eucaristía participando en la mesa de la comunidad eclesial. Ellos mismos se han encontrado, han escrito y comunicado a sus compañeros el interés por volver a juntarse y a caminar juntos. Ahora no lo hacen porque busquen llegar a una celebración sino porque quieren compartir juntos un camino, quieren asociarse y programar un itinerario en el que ellos sean protagonistas y lo están siendo.

Dar, ayudar y compartir

El lema síntesis de lo que deseaban al asociarse era muy sencillo: “Siempre listos para dar, ayudar y compartir”. Además con sus ideas y su arte han ido hasta confeccionando su escudo-símbolo, que me ha gustado tanto, y me identifico tanto con él, que lo he puesto como foto nick en las redes. Me alegra iniciar el proceso con este protagonismo tan claro de estos chavales.

El norte y la santidad.

Hoy tocaba celebrar la fiesta de los santos, la santidad, la alegría que produce la bondad de Dios en los corazones de los hombres. La santidad ha de ser nuestro norte y así ha sido en la dinámica preparada por un padre, Paco, que a través de brújulas, enseñándonos a buscar con ellas, nos ha llevado a distintos puntos del parque del bioclimático, en los que nos encontrábamos las figuras de santos concretos: Francisco Javier, Teresa de Calcuta, Tomás de Aquino, Juan de Dios, Isabel de Portugal… En cada uno de ellos hemos descubierto claves de santidad. Ya están motivados para la próxima sesión: ¿Dónde está el norte de nuestra santidad personal? ¿Qué es ser santos? ¿Podemos y queremos serlo? ¿Nuestra asociación nos puede ayudar a santificarnos? ¿Nuestro lema es lema de una tropa santa?…

Al final hemos terminado comiendo nuestros higos, castañas, nueces, con casamientos… Como veis no luchamos contra nada, otras fiestas o nombres, sólo nos preocupamos de profundizar en la grandeza de lo que tenemos, nos empeñamos en unir santidad, alegría, gozo y entrega.

Seguiremos… “Si quieres, vente con nosotros”

Cuando estábamos en la actividad, Abel, muy inquieto y bastante autónomo, me ha gritado y me ha llamado: “Pepe, Pepe… allí está Joaquín que estaba en mi grupo. Dile que venga a nuestra asociación”. El niño se ha acercado le hemos hablado sobre la carta enviada, ha dicho que la ha recibido, que lo hablará con su madre y si quiere se apuntará. A los tres minutos venía a apuntarse y meterse en la actividad, ha disfrutado como el primero. No he podido menos que acordarme del Papa Francisco, una Iglesia en salida… una parroquia en el parque del barrio, llamando allí donde ellos juegan y son. Ellos mismos apóstoles de ellos mismos, con la alegría del evangelio y las ganas de ser ellos mismo. Ahora toca seguir, sin desaliento, animarlos, acompañarlos. Ojalá más padres se coimpliquen, ojalá más preadolescentes se unan y les prestemos un verdadero servicio para su protagonismo y su grandeza en la generosidad, que favorezcamos su santidad. Estamos convencidos que lo que más felices les va a hacer no es su currículum sino su generosidad y grandeza interior, vamos a trabajar por ellos y con ellos. Para que sean santos. A mí no hay duda de que ayer me santificaron.

Ad resurgendum cum Christo

“De la anécdota a la norma”

 Cercanos a la liturgia del día de los difuntos, desde Roma nos sorprenden con un documento orientador en torno a las exequias y a las cenizas, cuando se elige la cremación como método de enterramiento.“Para resucitar con Cristo”: bonito título para un documento cristiano al recordarnos dónde está el horizonte de vida para nosotros, los que creemos en Jesús de Nazaret, el hombre que pasó  por la vida haciendo el bien, el crucificado que, tras ser sepultado, fue resucitado. Pero está visto que nuestro mundo busca la polémica y, a veces, hasta la gracia de cualquier posibilidad periodística.

Recuerdo dos anécdotas sencillas y graciosas, una lejana en el tiempo y otra muy cercana. En mi pueblo, Granja de Torrehermosa, ha habido personas entrañables y muy ligadas en afecto al terruño. Uno de ellos fue  el querido Pascasio que, desde su emigración a Madrid, siguió con el alma pegada a nuestro pueblo y, en su jubilación, dio la vida por darle realce en todos los lugares. Comentaban que su deseo era que, al morir, sus cenizas fueran extendidas desde lo alto –no sé con qué medio– por nuestras tierras. La gente, al morir este paisano, decía que a ese terrerno habría que ponerle coto porque, si no, al comer las ensaladas de lechuga, no íbamos a saber si nos estábamos comiendo también a Pascasio.

La otra es de ayer. Mi amigo Diego, me manda un whatsapp, en el que me escribe: «Mi mujer dice que, de ninguna manera, cuando yo muera voy a seguir en casa, que ya está bien; y ahora se ve que mi hijo, que recientemente ha estado en Roma, ha conseguido que el Papa saque esta norma de que por los campos tampoco. Así que, por narices en el camposanto…».

Fuera de bromas, lo que plantea esta nota orientadora es bastante sencillo. Quiere decir que la idea más básica es que las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en algún lugar con jurisdicción eclesiástica. ¿La razón? Los cristianos hemos heredado de los judíos la práctica de la oración y las ofrendas por nuestros difuntos, y es una formar de mantener nuestra relación viva con ellos en una comunión que va más allá de la muerte en orden a nuestras creencias. Porque éstas no son solo de inmortalidad del alma –idea filosófica­–, sino de resurrección de los muertos. Es decir, nosotros aguardamos la resurrección universal, nueva creación que implica toda la realidad creada (naturaleza y humanidad en su conjunto), y a la que accedemos, desde la muerte, no de modo individual sino personal y colectivo.

Nuestra antropología no es dualista, hablamos del ser humano como realidad integral. Desde ahí viene el respeto y la consideración a los restos o despojos de nuestro cadáver. No porque sea necesario para la resurrección, en la que hablamos de novedad absoluta en continuidad con la persona, pero no con un elemento material o celular, ya muerto y transformado, cuestión claramente solventada desde los primeros momentos de la patrística cristiana. La relación con los cementerios y los modos de enterrar a los muertos ha venido más por la relación de afecto, recuerdo y el deseo de comunión en la oración. Por eso se advierte de la posibilidad de que la práctica de la desaparición de las cenizas lleve consigo el olvido, y esta orientación «puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana», como dice la nueva instrucción.

Por otra parte, ha sido un modo de mostrar respeto y veneración a los antepasados y de no olvidar la historia, muchas veces escrita en todas las culturas desde los enterramientos humanos. Al considerar este elemento material del recuerdo desde sus restos, de alguna manera nos dice la instrucción que «se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generación, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas». Además, lo que prohíbe el documento, con toda razón, es que los familiares de una persona que haya expresado su voluntad de ser cremado y sus cenizas esparcidas «por razones contrarias a la fe cristiana», soliciten las exequias religiosas porque le serán negadas, lo cual se entiende –no por prohibición y rechazo, sino por respeto y coherencia con el deseo y la voluntad del que fallece que debe ser respetada–. Otro tema es que la familia o la comunidad quieran rezar juntos y celebrar sacramentos en memoria de su persona, pero no las exequias frente a su voluntad.

En el fondo, también está el deseo de expresar con esta práctica algo fundamental para el pensamiento cristiano: que es la realidad de la singularidad del ser humano en medio de todas las demás criaturas, en lo que se refiere a su dignidad y valor absoluto, para los cristianos imagen de Dios. Los cristianos, inspirados por el Evangelio, consideramos que el hombre tiene un lugar único, como ser almado y encarnado, en medio del mundo, en la historia, y nos comulgamos con las ideas naturalistas sobre el círculo de la vida, donde el cuerpo humano, en su sentido antropológico, es considerado nada diferente a otra materia física. En este sentido, el Vaticano ha decidido aclarar su «posición antropológica desde esta costumbre cristiana de enterrar a los muertos y recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en cementerios u otros lugares sagrados».

Por cierto, a mí no me disgustaría descansar en un columbario, en un lugar de culto comunitario y que, ante mis cenizas, otros oraran y reflexionaran «como se pasa la vida y cómo se llega la muerte, tan callando». Porque, a veces, nos matamos en el deseo de callar la muerte cuando es un lenguaje estructural de lo humano, somos mortales. De todos modos y para acabar con anécdotas, mi abuelo Maximino decía que, después de muerto, como si lo querían llevar en una caja de sardinas… Cosa que no hicimos, claro, y cada vez que vamos a su tumba, donde también están nuestros padres, mis hermanos y yo rezamos con mucha devoción y nostalgia entrañable.

 

 

José Moreno Losada.  Profesor de Escatología.

 

EL PODER DE LA ESCUCHA

Desde la Parroquia de Guadalupe (Badajoz)

Esta semana, el salón de actos de la parroquia de Guadalupe (Badajoz), en las traseras del instituto bioclimático, ha acogido un acto significativo de vida y realidad del Centro Escucha San Camilo-Guadalupe. Este centro, que lleva más de dos años en funcionamiento, fue una idea que comenzamos a gestar hace más de cinco años entre unos cuantos profesionales tocados por este deseo de establecer un servicio de escucha sanante y gratuita en nuestra ciudad.

Experiencias de vida y escucha

Finalmente, hemos saboreado la vida y acariciado la carne del centro. Tras la presentación de lo que es, de la mano del coordinador del proyecto, y las nostalgias en que habita, han descubierto su experiencia vivida, personas que han escuchado y otras que se han sentido escuchadas. Las palabras se han quedado cortas y, con los sentimientos en vilo, hemos sido testigos del verdadero sentido de la escucha, en la doble dirección del escuchante y del escuchado.

Yo, que también he puesto mi palabra, mis oídos y, sobre todo, mi corazón en alguna página de esta bonita historia, me alegro de saberme uno más en este equipo. Valen la pena cada segundo de espera, cada desvelo habitado, todo el proceso de formación y gestación de esta empresa gratuita… ¡y tanto que valen! Me siento afortunado al saberme un escucha más en la intemperie de este proyecto tan humano y tan evangelizador.

Pero hoy me aferro a la escucha, me hago oración silente, eco, y dejo que sea el director del Centro-Escucha, Enrique Delgado, quien ponga su voz a este milagro que sabe de humanismo, de entrega callada, de servicio gratuito prestado a fondo –nunca– perdido:

Un curso más (Enrique Delgado, director del centro)

“Desde el Centro de Escucha San Camilo-Guadalupe de Badajoz apostamos, un curso más, por seguir trabajando en la humanización de la vida de las personas, de los espacios de convivencia, de las relaciones entre familiares, amigos, etc.
Sabemos que nuestra tarea no es fácil y que los frutos terminarán llegando con el tiempo y no siempre de manera tan inmediata como nos gustaría. Nuestra misión, que es ofrecer un espacio de acogida y apertura a la realidad cargada de sufrimiento de las personas ayudadas es considerada, para todos los voluntarios “escuchas”, un verdadero regalo, un motivo de agradecimiento. Es una enorme suerte poder acompañar y ser testigos de los procesos vividos por quienes piden ayuda tratando de remontar el dolor por la pérdida de un ser querido, la soledad, la falta de sentido…

Los voluntarios “escuchas” brindan, ante esa realidad de sufrimiento, un espacio de respeto y confianza en el que la persona se sienta libre y capaz de contar lo que le pasa, lo que le preocupa y afecta.

Como somos conscientes que depositar la confianza en otro ser humano y poder así expresar el dolor, la pena, la rabia o la angustia no es nada fácil, cuidamos al máximo que se genere un clima de verdadero respeto y confianza entre los voluntarios y las personas escuchadas, sensibles al esfuerzo que hacen, quienes acuden al Centro, por abrirse y dejar al descubierto su lado más frágil y vulnerable.

Venimos trabajando desde septiembre de 2014 y en este último curso se han atendido 19 personas. Los motivos por los cuales han llamado al Centro de Escucha han sido muy variados: problemas en la convivencia familiar, pérdidas de un ser querido, la vivencia de la propia enfermedad o de un familiar, sentimientos de soledad, etc. Estas personas, que nos han conocido a través de diferentes medios: la prensa, radio, parroquias, servicios sociales, recomendaciones de otros usuarios, etc., dieron un primer paso al llamar al teléfono del Centro de Escucha (673311798) y solicitar un primer encuentro con uno de los voluntarios “escuchas”. Los encuentros se llevaron a cabo en las instalaciones del Centro de Escucha, situado en la Avenida José María Alcaraz y Alenda, nº 40-Local.

De estas 19 personas atendidas, algunas han necesitado una única sesión, otras cinco, otras 12 y otras 20 sesiones, que es el número máximo de sesiones que está estipulado.

En cada uno de los casos, algunos con más continuidad en el tiempo, otros con menos, lo importante ha sido ofrecer apoyo emocional y orientación. No ofrecemos recetas mágicas, ni damos consejos, ni decimos lo que se debe hacer. Nuestro estilo de trabajo, fundamentado en el Counselling que engloba una serie de actitudes y habilidades de comunicación específicas, trata de ayudar a que la persona que atraviesa por un momento duro de su vida, descubra y emplee sus propios recursos, y aquellos otros que estén a su alcance, para afrontar por ella misma su situación problemática.

La valoración generalizada por parte de voluntarios y escuchados ha sido positiva hasta ahora. El trabajo intenso ha contribuido a que quienes acudían a nosotros se sintieran más capaces de afrontar las situaciones problemáticas vividas y así nos lo han reconocido y agradecido.

En definitiva, desde el Centro de Escucha nos esforzamos por la recuperación de la persona y la promoción de todo su potencial. Esta es la responsabilidad que hemos asumido y que creemos vale la pena pues en ello va la salud y recuperación de las personas”.