Carta a un candidato al seminario

Querido  Pedro Manuel:

SeminaristaEn el día del seminario, cuando celebramos a San José, uno  la jornada  vocacional a tu persona y a tu fotografía. Me sirves como estampa y oración ante el Padre que sigue llamando en los corazones y nos sigue haciendo testigos de cómo llega a lo entrañable del ser humano para invitar con la suavidad del que ha creado y cree en la libertad radical del ser humano.

Es cierto que la Iglesia se está preguntando por muchas cosas en los últimos tiempos, le llega la interpelación de un tiempo y de una cultura nueva que exige una reflexión profunda y un redescubrimiento  del propio ser a la luz del Evangelio de la Vida que siempre permanece. Nuestra iglesia diocesana se siente muy tocada en la reflexión acerca de las vocaciones sacerdotales, últimamente casi como una idea muy fija.  Las conversaciones se centran mucho en los modos y medios para recuperar lo perdido, lo que antes era: modos de propaganda y captación, la oración, la invitación directa y explícita, el enseñar el seminario… como si se hubiera perdido algo que hay que  recuperar. Humorísticamente me recuerda al chiste del monaguillo que aplaudía gozoso ante la muerte del anciano papa  y cuando le preguntaban por qué lo hacía, respondía: “el escalafón es el escalafón”.

Te digo la verdad, que ese modo de plantearlo no me gusta mucho, como que me recuerda a la mujer de Lot cuando se convirtió en estatua de sal. La mirada al pasado con nostalgia para querer volver a lo mismo, me da la sensación de que no es el horizonte que marca la alegría del evangelio, que es capaz de mirar hacia adelante con nuevos modos, esperanzados, abriéndose al cuidado de un Dios que no deja de abrir caminos y de ser creativo en la historia, como lo fue cuando nacieron los seminarios después del Concilio de Trento.  Ahora, por qué  no, también ha de ser tiempo de nacimientos y de creación de realidades nuevas, que abriéndose al presente se gesten con rasgos de autenticidad y originalidad. Dios no salva desde el pasado, sino siempre desde las promesas que abren al futuro. No sé, pero me retumba aquello de que “a vino nuevo, odres nuevos”, y es que me da que los vinos son muy nuevos para querer retenerlos  y devolverlos a odres viejos.

Por eso  me gusta más mirar  tu estampa vocacional. Te conozco de verte ir a la celebración de la eucaristía en algunos días de diario a nuestra parroquia, en silencio y anónimamente. Lo cual me indica que has descubierto a Jesucristo y te gusta encontrarte con él en espacios de intimidad y sencillez. Esa base me parece fundamental, sin ella no seríamos nada, y la vives en medio de la vida ordinaria y normal. pedro manuelA través de facebook, donde hemos intercambiado ideas alguna vez, me han llegado  fotos de tu familia trabajadora, normal, tus padres, tu hermano, tus momentos familiares más amplios y celebrativos. Una familia normal  que te quiere y te cuida, la que te acompaña y se alegra contigo en tus pasos y decisiones. Te he descubierto también como estudiante en la universidad, uno entre tantos, pero comprometido e implicado desde el consejo de alumnos, rodeado de compañeros, optando y decidiendo por ti y con los demás para hacer una facultad mejor, más habitable, más fraterna.  A la vez me ha alegrado mucho verte divertido con tu pandilla de amigos, disfrazado en carnavales, bailando y  riendo, con tus gafas de sol y tu coca-cola al vuelo apagando tu sed, lleno de juventud y frescura.  Humano, tremendamente humano: hijo, hermano, sobrino, primo, amigo, estudiante, eucarístico, comunitario, alegre, festivo.  Y al mismo tiempo, te he descubierto enlazado con los seminaristas actuales, compartiendo con ellos momentos celebrativos y festivos, acercándote a esa realidad por la que te estás preguntando y decidiendo. Y me respondo que esto es lo normal, un chaval joven con proceso normalizado de madurez, equilibrio humano, estudiantil, amicable, parroquial, está abriéndose a la realidad de un ministerio que se hace posible en su vida como marco de realización y vocación, sin estar definido teniéndolo que configurar y descubrir , ayudado por la Iglesia diocesana, pero por ti mismo.  Un proceso vocacional propio de los jóvenes en esta cultura y en este ámbito social que no lo está poniendo fácil a nadie.

Y ahora miro fotos que están en mi despacho  y observo algunas que son curiosas, una de ellas un seminarista dando un estirón al aire para parar el balón que pretende entrar en una portería de maderos, lleva puesta la sotana con la que vuela, al fondo todos los que corren –con dificultad- con sus sotanas, con edades de preadolescencia.  Lo miro con cariño, sin haberlo  vivido yo de esa manera, aunque fui seminarista desde los once años, y  acepto con paz que no se trata de volver a aquel momento, ni aquellos métodos,  de aprendices de curas como de carpinteros y otros oficios. La vía de los monaguillos, como una más,  podrá quedar y estar ahí, para por si acaso, pero  para los vinos nuevos que pueblan nuestra juventud y nuestra sociedad, y que tanto quiere Dios, hace falta originalidad y creatividad. Las vías tendrán que ser la normalidad de  los jóvenes que se pelean y luchan hoy por ser ellos mismos, de un modo nuevo y creativo.  Hoy no necesitamos repetir paradigmas  ni modelos ya agotados, hoy necesitamos una visión del ministerio y unos seminaristas que sean nuevos y creativos. Oremos a Dios para que nos ayude a vislumbrar los nuevos odres con esperanza en su promesa profética que permanece en pie: “Os daré pastores según mi corazón”.

Hace unos días he compartido espacio con jóvenes universitarios que han estado haciendo ejercicios espirituales con el tema central de la vocación y la llamada en sus vidas, jóvenes como tú, por eso te invité a compartir espacio con ellos.  Han orado de cómo Dios llama e invita diariamente a sus personas, para ser ellos mismos, para encontrar el sentido de la vida, para ser para los demás, para entregarse, para amar… y  comprendo que ese ha de ser el camino. Dios y ellos se las apañarán para sorprendernos y llevarnos mucho más allá de nuestros miedos y controles; miedos revestidos muchas veces de fidelidad a nosotros mismos más que a la novedad de lo divino y su creatividad.

Te felicito por inquietud y me alegro por tu proceso. Desde ti, en este día del seminario,  pido al Padre que sepamos en nuestra Iglesia recibir su llamada para ser y saber ofrecer lo que él quiere y como él quiere que lo hagamos a los jóvenes de hoy.

Un saludo cordial y ánimo en tu proceso ¡

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Stabat mater… hoy

“No creo que se me olvide en toda mi vida”

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En los últimos días hemos elaborado, entre tres compañeros, un pliego para la revista de Vida Nueva, con motivo de la Semana Santa. Nos pedían que presentáramos de alguna manera la pasión, vía crucis del Señor. Lo hemos construido con esmero y cuidado, buscando que ayudara a muchas personas en la contemplación del triduo pascual, aproximando a la pasión, muerte y resurrección de Jesús desde la vida y la historia, en el hoy que estamos viviendo.A mí me tocó hacer reflexión sobre el abandono, la experiencia de soledad y despojo, donde ni siquiera se hace perceptible la presencia de Dios, sino sólo una ausencia dura y oscura. Para ello elegí cuadros y gritos de la realidad actual al hilo de sufrimientos, hasta me encontré con la oración del Papa Francisco donde apuntaba que ante el sufrimiento de los niños lo que le sale es orar desde el grito: “Señor, por qué, por qué…”.

Estoy en estas lides y reflexiones, cuando hoy la hermana de un compañero sacerdote que está en misiones en Perú, me hace llegar un mensaje watsap que él le envió hace muy poco. Según lo leo, recuerdo el vía crucis, e imagino la escena de María junto a la cruz de Jesús, y a este crucificado en manos de su madre después del último suspiro, la que siempre me recuerda a la devoción materna a la Virgen de los Dolores. La imagen es tan real y fuerte que provoca la ternura de una fe elaborada en la cruz y en el dolor, como no podía pensarse. Siento una interpelación fuerte y la necesidad de compartirlo, para dejarnos hacer por esta estampa de pasión viviente, de esta madre junto a la cruz de su hijo, agarrada a la esperanza y a la fe por encima de la muerte y la oscuridad, pasando ,sin ruptura alguna, del “Dios mío, Dios mío… por qué me has abandonado” al “tus manos encomiendo mi espíritu y en Ti confío”. Una fe desnuda y fuerte, probada como la de Abrahám, pero llevada hasta el límite de lo divino en Jesucristo. Acojo el testimonio de esta madre y me uno a la expresión del misionero, que nos lo transmite, al terminar el relato: “no creo que se me olvide en toda mi vida”.

Así lo relata mi amigo Antonio: 

El domingo me avisaron para ir a dar la unción de enfermos a un niño. Primera vez en mi vida. Desahuciado de Lima con leucemia, nueve años. Hoy he vuelto a verlo. Su madre en la cama sentada con la almohada apoyada en la pared y sosteniendo a su hijo encima de ella abrazándolo. Ella con el pelo bien rapado -como él-, joven, no creo que llegue a los treinta años. El niño agonizando, inquieto con los ojos rojos de sangre y la boca negra de sangre acumulada. He estado una hora. A la media hora me pidieron que rezáramos. Hicimos una pequeña oración. Después de terminar la madre se arrodilló a los pies de la cama agarrando a su hijo con entereza y hablándole con mucha calma. Más o menos le dijo así:

“ ¡Andrés, estate tranquilo. Te amo. Eres un luchador como has demostrado cuatro años en el hospital. Pero no luches ya más. Abandona este cuerpo. Tú has vencido a la enfermedad, has vencido al cáncer. Tú has ganado. Hay cosas que no entendemos, como ha dicho el padrecito. Pero no voy a renegar de Dios y tu tampoco Andrés. Mi fe se va a hacer más fuerte. No le voy a preguntar a Diosito por qué. El te lleva porque te quiere. Si, tú eres su tesoro y por eso te lleva. Vete ya con El, no tengas miedo. Vas al cielo, es bonito. Pero no te vas a ir así, no. Tienes que cuidar de mí, vamos a estar juntos siempre, toda la eternidad. Siempre te vamos a tener presente. Pídele a Diosito por tus amigos del hospital de Lima, por todos los niños que tienen cáncer. Diosito, llévatelo ya. Que deje de sufrir. Perdóname Andrés. Perdónanos a todos.”

No creo que se me olvide en toda mi vida.

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El sueño de José (Pepe)

MI SUEÑO

 

Hoy festividad de san José, mi  onomástica, me levanto con el sabor de lo agraciado. El primer despertador es un mensaje tempranero de quien ya va en su furgoneta para ganarse el pan de cada día, abro los ojos en lo agradable del calor del sueño que todavía quiere permanecer agradando y sirviendo mi bienestar. Recuerdo a la madre, ya en el cielo, y me siento besado por ella; comienzan a llegar rápidos más mensajes y  me voy preparando para dar el salto al día y comenzar una jornada festiva y diaria. Festejar en lo ordinario es una asignatura que tenemos pendiente y que hay que lograr. ¿Pero cómo celebrar mi santo?, pienso en San José, más cotizado desde que el Papa Francisco nos lo propuso como modelo en su Eucaristía solemne de comienzo de servicio ministerial petrino, invitando a que lo nombremos  en la plegaria junto a María, como siempre estuvo, desde su sencillez.

Hoy pienso en él y me comparo. Comienzo por su silencio humilde y su quietud externa y aquí la verdad que no soy un alumno disciplinado, más bien no sé si me lo llevaré como asignatura pendiente para el otro mundo, aunque poco a poco voy pensando más lo que digo y  voy diciendo lo que pienso con algo más de cuidado. En lo que se refiere a ser custodio y protector tengo que reconocer que esa faceta me agrada  y que aspiro a ella, y cuando siento que lo soy me satisface enormemente con lo que me animo a seguirlo siendo. También es verdad que cuando recuerdo  u observo que no lo he sido o no lo soy me disgusta y pienso como recomponerlo. Lo seguiré trabajando. Pero en lo que más me identifico, y se lo agradezco porque seguro que él tendrá parte en ello, es en el sueño, la capacidad de soñar. Miro mi historia y nunca he dejado de soñar.

Recuerdo una frase, con la que comencé la introducción de la tesina que me dirigió Ruíz de la Peña en teología acerca de pensar y decir a Dios hoy, tomada de un diálogo de una película, en la que un niño en medio de la guerra  y los bombardeos le decía a su padre: “Papá, a veces pienso que los hombres son un sueño de Dios, y Dios un sueño de los hombres”. Si algo quiero agradecer hoy a Dios es precisamente la capacidad de soñar la vida y de vivir soñando, y de hacerlo desde la realidad concreta en la que estoy, tanto en mi propia vida y persona, como en todos los que me rodean.

Me enseñaron desde la propia familia a soñar de pequeño, desde la sencillez, la pobreza y la austeridad, a creer que se podía caminar cada mañana con ilusión y con ganas de hacer algo. Que los peores límites no son los que tenemos sino los que nos ponemos nosotros mismos, es más, que hay límites que pueden ser una oportunidad si los soñamos de un modo nuevo.

La parroquia, el seminario, el ministerio  y  sus lugares, Cheles, Olivenza, San Jorge, Salamanca, la docencia y la formación, la universidad, los movimientos, las comunidades parroquiales…todos lugares para entrar en ellos con la capacidad de abrir los ojos soñando y de soñar con los ojos abiertos: todo un mundo de relaciones, aspiraciones, objetivos, procesos, proyectos, acciones, campañas, contemplación, celebraciones…tanta vida¡¡¡¡ Un evangelio que se hace fuerza y verdad,  no porque lo diga él, sino que él lo dice porque es verdad en la vida.

Sí, un sueño poblado de imágenes y estampas de eternidad en lo cotidiano: niños, jóvenes, estudio, aulas, calles, naturaleza, grupos, libros, revistas, artículos, familia, enfermedad, éxito, fracaso, risas, llantos, trabajos, dolor, esperanza, canto…interminable  y luminoso.  Un tesoro en vasijas de barro.

Y ya con una fe firme:  los sueños de cumplen, son el lenguaje propio de Dios, él los garantiza, y dejar de soñar sería el pecado más grave, porque no dejaría actuar al Espíritu Santo, que nos trae la salvación encarnada en una humanidad, envuelta en pañales y acostada de un pesebre, pero capaz de soñar el Reino de Dios y comenzarlo día a día y paso a paso en las calles de la humanidad, para que tenga vida en abundancia.

Gracias Padre, por enseñarme a soñar como a  San José.

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ATARDECERES UNICOS

Desde la residencia de mayores de la Granadilla

Me  delata el sentimiento por los atardeceres cada día, todos me parecen geniales y únicos. Alguno  me sobrepasa y me deja extasiado y sin palabras ¿Qué tendrán los atardeceres para seducirnos de esa manera?  En alguna ocasión, alguien me ha dicho que prefiere los amaneceres que le transmiten más alegría y novedad, los atardeceres le parecen más sombríos y  sentimentales  por lo que tienen de ida y acabamiento. La verdad que yo me siento atraído por el misterio de los dos, pero será por haber vivido muchos atardeceres  en mi casa, con la mirada de mi madre en su ancianidad junto al balcón, con un sol rojizo  de despedida, que me tocan especialmente. Y de eso quería hablar, del atardecer único de la vida.

Ayer, como cada miércoles alterno, me reuní con el grupo de Vida ascendente  de la residencia de  mayores de la Granadilla (Badajoz). Se trata de un grupo de unas doce personas, residentes que están en torno a los noventa, unos leen  y otros no saben apenas, pero vamos desgranando los temas del material que propone el movimiento. Ellos van como grupo cristiano a estar ese rato reunidos. Yo me lo tomo como algo personal y especial, trato de no faltar y acompañarles, aunque vienen unos monitores del movimiento.  Ayer estaban viendo el tema de cómo Jesús hacía las cosas en su vida y cómo nos pide que las hagamos nosotros: curando, bendiciendo, perdonando…y  dando gratis. En la gratuidad les propuse hacer un parón, para entender bien lo que significa ese deseo de Jesús de que demos gratis, que seamos gratuitos para los demás, como lo es el sol en el atardecer de cada día. La metodología que utilizamos fue sencilla, recordar en nuestra vida una persona y un gesto de generosidad y gratuidad para con nosotros. Enseguida comenzaron a compartir con una transparencia y una emoción desbordante.

Gloria nos habló de cómo su marido quería estar con un sobrino querido, que criaron y que murió antes que él, en el mismo descanso. Al llegar la hora se encontró que no podía cumplir este deseo porque estaban en Badajoz y  los restos de su querido hijo-sobrino en Madrid, pero una  sobrina que sabía del tema se encargó  y lo hizo posible encargándose de todo con una ternura y gratuidad absoluta. Nunca lo podrá olvidar. Isabel nos contó como su marido tuvo un accidente y alguien que se lo encontró fue a su casa se lo comunicó, la llevó a ella hasta el lugar del accidente… y cómo otro señor al saber que ella no llevaba dinero para irse a Badajoz con su marido, le dio la mitad de lo que llevaba, para comprar la fruta para su comercio, para que no le faltara. Nunca lo olvidará. José nos  contó como en un momento de débito fuerte ante un prestamista,  su sobrino, que recibió dinero de una lotería, se hizo cargo de todo sin pedirle nada a cambio. Nunca lo olvidará.  A Pepa siendo niña  con las fiebres tifoideas, llegó la medicina que la podía curar, pero su madre solo tenía cincuenta pesetas, hacían falta doscientas, sus vecinas pusieron entre ellas todo y se salvó de aquella enfermedad. No lo olvidará nunca. Marta confesó que cuando llegó a la residencia se vio sola, deprimida y encontró en Pepa y a Jacinta a dos hermanas que generosamente la han cuidado, animado, protegido y le han hecho posible la vida y la recuperación de su ánimo. Eliodora y Encarnita, llevan poco tiempo, pero les pasó algo parecido, han encontrado a María, de noventa y un año, que es su alegría y su fuerza – le llaman “el Padre López”, sacerdote ejemplar de Badajoz por su ayuda a los más pobres en el siglo pasado- . Todos los que están en la reunión confirman este testimonio de ellas y proclaman abiertamente que María es única, que no hay otra como ella en la residencia.

Y en  ese momento le toca hablar a María que está muy callada y sonriente ante lo que hablan sus compañeros de que es el signo más claro de la gratuidad y de la generosidad. No lleva mucho tiempo en la residencia, pero las dos o tres veces que he hablado con ella me ha cautivado.  Ayer abrió su boca la última, y ante la pregunta de qué experiencias positivas de gratuidad había tenido en su vida hizo una confesión de fe admirable. Contó cómo su infancia y su juventud habían sido dura, con mucho sufrimiento. En pobreza fuerte tuvo que servir a muchos, en muchas casas  y sin miramientos; no la trataron bien. Hizo su vida con su matrimonio y sus hijos, con dificultad, ha visto morir a dos de sus hijos con mucho dolor. Pero en todo este proceso, ella nunca desconfió del Señor, al contrario se agarraba más a él, en la dificultad. Ella esperaba en el Señor y no se arredraba  ni se echaba atrás, tenía seguridad  de que Dios le ayudaba gratuitamente, por eso cada noche, pasara lo que pasara en el día, ella le daba gracias por la vida, por el pan, por la salud,  por los suyos, por el trabajo… siempre gracias.  Y en medio del dolor y la fatiga, ella pensaba: “seguro que el Señor algún día me dará algo bueno, me regalará algo estupendo”. Ahora confiesa que ya lo está recibiendo: “su vejez”.  Se proclama alegre en su ancianidad,  más que nunca en su vida, en sus noventa años. Nos decía: “tengo salud, me puedo mover, traer encargos, ir a mi casa,  recibir a mis nietos, amistades, tranquilidad, puedo bailar todos los domingos… si hoy me dijeran que podía volver a tener quince o veinte años, para tener que vivir lo mismo que he vivido y sufrido, no tendría ninguna duda en quedarme con mis noventa, con la paz, la alegría, la serenidad y el cariño que tengo y me rodea”.  Para María está claro que el atardecer está teniendo un color único y especial… al salir de la reunión y dirigirme a la parroquia voy musitando sus palabras a la vez que miro al sol que se esconde sobre un rojizo de calor y vida extraordinarios y veo a  María, gloriosa en su vejez, me llena de ánimo y de fuerza, me ayuda a entender porqué hay atardeceres que me sobrepasan, me extasían, me obligan a pararme y contemplarlos, como hoy me está ocurriendo con el de esta anciana. Sí, ella es uno de esos atardeceres divinos y  únicos, que Dios da gratuitamente a los que ama  y a los que confían en El.

José Moreno Losada

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“Amar los bienes del cielo”

parroquiaUna parroquia con deseos por todo lo alto… deseos de cielo para la tierra: sacerdotes, mayores, niños, jóvenes, catequistas, cáritas, familias…

Amar los bienes del cielo

“Enséñanos a buscar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo”, es una de las peticiones que hacemos los cristianos en la liturgia de cuaresma, algo en lo que queremos educarnos para saber valorar y relativizar las cosas de cada día y saber al servicio de qué está cada cosa y no confundir sus finalidades, que después  si no vienen los disgustos y los desequilibrios efectivos y afectivos.

Algo de esto es lo que hemos vivido en la parroquia de Guadalupe en este fin de semana del tercer domingo de Cuaresma.

Piel blanca corazón negro

El viernes, acompañados por Amparo, mujer  y madre extremeña, que lleva años en Madrid coordinando la acción de Cáritas con  África, después de haber estado allí dos años de trabajo encarnado. Magistralmente nos llevo a su terreno y nos abrió el corazón y los ojos ante aquella realidad que nos pide compartir camino e ilusiones. Desde esa clave de comunión nos puso en el terreno del proyecto del Senegal por el que hemos optado en la parroquia para compartir con mujeres de allá. Fue un lujo poder disfrutar de un video recién llegado desde aquel lugar y aquellas personas agradeciendo lo que compartimos en dignidad y justicia.

Familias solidarias

El sábado, ha sido de vida concentrada y gozosa, en el  encuentro parroquial de familia. El propio slogan del encuentro despertaba esperanza y ánimo: “Familia, eres solidaria y lo sabes”.

Los niños han disfrutado del encuentro con su propio taller, después de haber rezado con música y algún baile todos juntos, niños y padres. Los mayores hemos compartido la experiencia de tres familias, que se han abierto en su sentir, que muestran signos de que  cuando el seno familiar se abre la sensibilidad se agranda y el amor se hace más fuerte, que abrirse es vivir  enriquecidos en el riesgo frente a la seguridad del encierro que empobrece a todos los miembros. Al cielo fueron los globos, de niños y mayores, con nuestros deseos más profundos, para después compartir la comida aportada por todos y hacer un mercadillo solidario para el Senegal con labores realizadas en la parroquia.

 

Conversación y conversión, destruir para construir.

Me quedo con la conversación de un padre que me hablaba del giro dado en su vida. Ha arriesgado dejando un trabajo que le daba dinero pero que no le estaba dando vida; tenía los bienes de la tierra pero le estaba impidiendo  amar intensamente a los suyos, incluso a él mismo,  y hasta el propio Dios estaba fuera de su vida. Tras un año y medio se felicitaba por el paso que le costó Dios y ayuda. Ahora no quiere perder este amor intenso a los bienes del cielo, es decir su propia persona, su familia y el espacio de su interioridad y su fe, una luz nueva que le ha devuelto la alegría. Aprovecha este tiempo para  formarse y cualificarse, recrearse, tras ese salto, pero hay cosas que las tiene claras:  no vale vivir para trabajar, no conduce a ningún sitio, no se puede perder la relación profunda con su esposa,  la mirada y la vida de sus hijos, el cuidado de sus padres, las relaciones de compañerismo y ánimo en la vida con los otros, la participación en la parroquia, la relación con Dios… y es que se pueden buscar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo. Es la mejor manera para que todos los bienes sean bienes y ninguno haga mal al corazón propio ni ajeno.

Buen ejemplo de conversión cuaresmal, de arriesgar, vencer el miedo y estar dispuesto a morir   a la seguridad -como el grano de trigo- para nacer de nuevo y dar verdadero fruto de persona resucitada y capaz de amarse y de amar de un modo auténtico y original. Me comentaba cómo personas que lo querían le prevenían de los peligros que tenía su decisión y de la locura que suponía dar el paso  en el contexto que vivimos,  pero son ellos mismos los que ahora se acercan y le dicen que tenía razón, le felicitan por la vida encontrada y el corazón restaurado. Ahora le piden que no deje de vivir como está viviendo, y es que en el fondo todos, todos necesitamos y tenemos deseo de cielo en medio de la tierra. Sabemos que no estamos llamados a enterrarnos en la riqueza y en la seguridad, sino a sembrarnos en la verdadera vida y en la relación, en el riesgo que nos abre a los demás y que nos da la certeza de que lo verdaderamente importante no se queda entre los materiales que manejamos, sino en el que corazón con el que vivimos todo lo que hacemos y proyectamos.Aquello que decía Pedro Casaldáliga de que cuando termine su vida y le pregunte el Padre como le ha ido la vida, le abrirá el corazón y se lo enseñará lleno de nombres  de personas queridas y amadas.

Vida o seguridad, Dios o dinero, cielo y tierra

A la luz de esta conversación se me hace luminoso de un modo especial el evangelio que mañana proclamaremos en la eucaristía dominical. Jesús  al ver el mercado en el templo, no puede aguantar que los bienes de la tierra se absoluticen y falseen los verdaderos valores del reino, los bienes definitivos. Le da coraje que los que tenían que ayudar a distinguir y dicernir los bienes sean los que se aprovechen y hagan de la religión y del Padre Dios un criterio de riqueza material y seguridad humana. Por eso se lanza frente a las mesas de los cambistas, signo de la mercantilización de la humano y de lo religioso, para poner en su sitio la verdad del Evangelio: la vida esta en la entrega, el verdadero templo se da en el mundo de las relaciones, en el cuidado mutuo de unos para con otros, en el deseo de vivir con la bondad universal del padre. Todo desde El y nada sin él, el mismo evangelio de Juan lo dice más adelante: “Sin mí  no podéis hacer nada”. Sin el amor verdadero, los bienes de este mundo nos envenenan y nos destruyen, no podemos permitirlo.

globos de los deseos

No perder la luz

Ahora en la noche, con el texto del evangelio de mañana delante, te doy gracias por esta luz que he recibido con la conversación de evangelio puro y conversión sincera, de este padre y amigo de nuestra parroquia, y por esa frase final que me decía: “por nada del mundo quiero volver para atrás y perder esta luz que se ha encendido dentro de mí, esta verdad de lo único importante, ahora comprendo lo que es la fe y Dios”. No  hay duda: “donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón”. Hoy los globos de nuestros deseos y de la luz  de este parroquiano se han dirigido al cielo con la rapidez de la alegría, yo los he visto marcharse, y con ellos también iba el mío con mi deseo y mensaje de vivir en lo profundo. Gracias por este templo vivo que este hombre ha levantado en su vida, tras tirar la mesas de un mercado que no le daban la felicidad que necesitaba  para él y los demás, aunque le daba riqueza y aparente seguridad.

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A golpe de noche y luz (Transfiguración)

Os hago llegar esta homilía de un compañero entrañable, Ricardo Cabezas, con motivo del segundo Domingo de Cuaresma.

Tabor y Calvario

cruzEl camino cuaresmal hacia la Pascua es un camino, que, de modo especial a través de las lecturas bíblicas, la liturgia nos presenta como un gran símbolo de toda nuestra vida creyente.  Hoy, a través de estas lecturas, la liturgia ha resaltado dos dimensiones fundamentales de este camino, de esta vida creyente nuestra. Por un lado, ha acentuado su dificultad, su oscuridad: El durísimo camino de Abraham e Isaac, el del Hijo, el de Pedro (“no sabía lo que decía”). El camino de nuestra vida es, en ocasiones, arduo y fatigoso. Las soledades, las ausencias, los achaques, las enfermedades, los sufrimientos de la vida y de sus injusticias nos lo hacen a veces insufrible, etc. Por el otro, la necesidad de seguir avanzando, aun cuando parezca que no hay futuro; pues “Dios está con nosotros”, todo va a terminar en la resurrección: La vida va a triunfar sobre la muerte.

 

cruz parroquial12El vivir no es fácil, tenemos que realizar este camino acompañados, pero en soledad, asumiendo riesgos, dificultades, etc. Pero la narración de la Transfiguración nos ofrece un anuncio de esperanza para todos en este camino. El camino es posible recorrerlo, y al término nos espera la sorpresa de la victoria. Pero todos, a menudo, olvidamos esto último y nos preguntamos una y otra vez: ¿Por qué mantener la esperanza en este caminar, en el que casi ni vemos ni entendemos? Y nos sentimos viviendo la misma experiencia que Abraham, a quien antes le habían arrebatado su pasado (“sal de tu tierra…”) y ahora parece que le van a privar de su futuro (“ofréceme en sacrificio a tu hijo, al único, al que amas, a Isaac”); igualmente Pedro, quien no entiende nada de lo que le acontece (“no sabía lo que decía”), por muy importante que pueda parecer la experiencia que está viviendo

 

 En definitiva, son momentos, experiencias vitales, de desarraigo, de pérdida de futuro, de miedo, de desconcierto…, que todos, con mayor o menor frecuencia, hemos vivido y que a veces resumimos en y con una sola frase: “Se ha hecho de noche”.

 

Entonces nos preguntamos: ¿Y no hay para nosotros ninguna luz que ilumine y dé sentido a nuestro caminar por la historia, aunque “sea de noche”?, ¿no hay pequeñas e insignificantes luces que puedan iluminarnos y hacer que no decaigamos en el camino?

 

nochePor experiencia propia todos sabemos que sí, que en ocasiones este camino, áspero y difícil, se tiñe de una luz nueva; pues en él se dan/vivimos unos acontecimientos con un plus de sentido tan fuerte, que nos desbordan; son situaciones en las que nos resulta más fácil “esperar (en ocasiones) contra toda esperanza” (Rom. 4, 18).  Son momentos en los que llegamos a gritar: “Maestro, ¡qué bien se está aquí!”; son los momentos en los que, “por pura gracia” (Ef. 2, 5), sentimos cerca al Dios que se nos ha hecho infinitamente cercano en Jesús, al Dios “que está a favor nuestro” (II lectura), que nos habla de futuro y de esperanza (I lectura), que nos regala la Palabra, que es su Hijo (Evangelio)

 

Todos necesitamos esos momentos de Tabor, momentos intensos de presencia de Dios, en los que llegamos a recuperar la esperanza porque hemos experimentado el amor y hemos visto y palpado al Dios de la vida, al Dios de las promesas, al Dios del futuro. La transfiguración es luz para el camino, es luz para la esperanza: “En las tinieblas brilló una luz”. El Dios tiniebla total se vuelve presencia luminosa.

 

Es cierto que, como nos ha dicho el evangelio, no son situaciones para quedarnos detenidos en ellas; es cierto que pasan de un modo más o menos rápido y que, al final, “no vemos a nadie más que a Jesús solo” con nosotros; pero siempre esas experiencias quedan en nuestro “recuerdo” y nos sirven de contrapeso de otras en las que únicamente experimentamos la presencia opresiva de la noche.

 ¿Qué puede decirnos todo esto en nuestra vida de cada día; Quizá esto:

 

  • Hay demasiada gente desesperanzada en nuestro entorno, ¿podríamos poner un poco de esperanza en sus vidas? ¿podríamos dejar que otros la pusieran en las nuestras, cuando fuésemos nosotros los desesperanzados?
  • Hay demasiados obstáculos, a veces durísimos, en las vidas de muchas personas bien conocidas de nosotros, ¿podríamos contribuir con nuestra cercanía a eliminar alguno de ellos? ¿podríamos dejar que entren en nuestras vidas personas que nos ayuden a eliminar obstáculos y, a la vez, contribuyan a que, siquiera alguna vez, podamos gritar: “¡Qué bien se está aquí!”?
  • Hay demasiada gente que nunca ha experimentado que alguien apuesta su vida por ellos, ¿podríamos ser en sus vidas testigos creíbles de aquel que “está a favor nuestro”? ¿Podríamos eliminar, al menos, algunas defensas nuestras, que nos impiden experimentar la presencia de tantos (quizá muchos más de los que imaginamos) que son testigos creíbles de ese Dios que apuesta gratuitamente por nosotros?
  • .. Estamos todos invitados a completar la lista desde nuestra vida cotidiana.

 

 Seguro que ya lo estamos haciendo y, tal vez, más de lo que imaginamos; vamos, pues, a celebrarlo comunitariamente en la eucaristía donde siempre comulgamos al Cristo glorioso que desea transfigurarnos y que nos llevará sin duda a la Gloria definitiva.

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Jóvenes resucitados (JEC en Hervás)

“Creamos lo que creemos”

Un centenar de estudiantes de las comunidades de Extremadura, Castilla y León, Madrid, Andalucía y el País Vasco, pertenecientes al movimiento de la Juventud Estudiante Católica (JEC) han estado reunidos los días 20,21 y 22 en Hervás (Cáceres). La convocatoria del encuentro está motivada por lo que viene siendo la preocupación central de los jóvenes que estudian en las universidades, tanto en lo que se refiere al sentido del estudio como a su futuro profesional y las inquietudes vocacionales de sus personas. En concreto han analizado la realidad juvenil desde tres perspectivas que está siendo el núcleo de sus campañas de acción en los medios escolares, institutos y universidades. Su lema trianual a nivel estatal hablar de “crear lo que se cree”, de se activos en el mundo escolar en orden a realizarse de un modo integral, viviendo la unidad de evangelio, estudio, persona y sociedad. Las campañas que traen entre manos este último curso tienen por lema: “¿Eres diferente o sigues la corriente?”-adolescentes-, “Tu estudio, por qué, para qué y para quién” –universitarios-, “Jóvenes empleados o empeñados” –graduados-.

Los adolescentes, estudiantes de bachiller en institutos, han presentado en estas jornadas sus análisis sobre las influencias que viven en el medio social y cultural actual, quiénes y cómo son los que inciden y/o manipulan en sus vidas; ellos buscan “ser diferentes y no dejarse llevar por la corriente”, para ellos han profundizado en el perfil de joven que quieren ser y en las herramientas y medios que deben utilizar y crear entre ellos para no dejarse llevar sin más por lo que pueda estar de moda o pensar el conjunto masificado.

Los universitarios han centrado su atención en “el qué, por qué y para qué estudian” en la universidad, y en qué medida en la universidad se abren horizontes de construcción de sus personas más allá que la pura profesionalización a través de un saber, más en estos momentos de crisis y flexibilización donde el estudio no corresponde sin más con un quehacer laboral. Han analizado las posibilidades que tienen de hacer un estudio más humanizador y constructivo que nos solo les oriente hacia una profesional en concreto, sino hacia la persona que quieren ser y a lo que quieren vivir en esta sociedad formando parte activa de ella en todas las dimensiones posibles.

Los finalistas y graduados, que acaban sus estudios y están especializándose, se han adentrado con su lema, “jóvenes empleados o empeñados”, en la reflexión acerca de lo que es realmente un trabajo decente y lo que puede realizar la vida de una persona en el sentido vocacional, entendiendo que no puede identificarse sin más un quehacer laboral –muchas veces no elegido ni querido en sí mismo- como la orientación vocacional de una existencia que debe ser el verdadero eje transversal de una persona humana concienciada y comprometida. Se han valorado las dificultades actuales para poder vivir realmente lo que es un trabajo decente, la necesidad de agruparse y asociarse para vivir en común el momento de crisis y de dificultad y poder establecer lanzaderas en las que navegando juntos se puedan alcanzar metas humanizadoras del trabajo y del futuro laboral de aquellos que viven con angustia su exposición en una intemperie donde todos sus esfuerzos pueden parecer que no tienen futuro ni apertura a la luz de un vivir realizados de sueños y deseos vocacionales auténticos.

A lo largo de las jornadas han estado acompañados por especialistas de distintos lugares de España que trabajan a favor de los jóvenes y sus futuros vocacionales. Las jornadas han estado presididas por el obispo Carlos Escribano, de Teruel, que está encargado desde la conferencia episcopal española de acompañar a los movimientos de la acción católica, tanto a la general como a los especializados. En la Eucaristía que celebro para los militantes estudiantes los animó a implicarse en la sociedad y ser testigos de su fe desde la construcción de un estudio que favorezca la justicia y la dignidad de todos, teniendo personalidad propia y no dejándose llevar por la competitividad de un mercado que dificulta el crecimiento de las personas y de los valores humanos, según nos inspira el mensaje del Papa Francisco.

Dentro de la acción católica especializada la JEC que trata de animar a los jóvenes estudiantes en su quehacer estudiantil y vocacional de futuro. Se trata de un movimiento de protagonismo juvenil que tiene como compromiso la vivencia de su fe desde la presencia y compromiso en los ámbitos estudiantiles tanto de los institutos como de las universidades. El movimiento está presente en las tres diócesis extremeñas, participando en los institutos y la universidad de la comunidad autónoma.

osoroActualmente los responsables de este movimiento a nivel nacional son tres extremeños, Alvaro Mota Medina, joven pianista, Carmen Ledesma, maestra y psicopedagoga, Sara Cobos, periodista. Ellos viven en Madrid y desde allí coordinan y animan el movimiento a nivel estatal, estando presentes en nueve diócesis españolas. Participan activamente en los consejos de la juventud, tanto a nivel regional como estatal y acaban de difundir un manifiesto acerca de la reforma universitaria y las preocupaciones con las que viven este vaivén continuo de cambios rápidos y poco razonados de las estructuras académicas que tanto afectan a los usuarios que son los jóvenes, especialmente los más débiles y pobres de la sociedad que tienen menos acceso y recursos para los estudios medios y superiores.

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Cuaresma, tiempo para volver

INTRODUCCIÓN:
IMG_5662- La cuaresma como camino de salvación, nos invita a situarnos
desde el pecado que nos revela la falsedad de un mundo de “iguales” en la “desigualdad” más fuerte y grave.
– Nos avisa de que la dinámica del mundo, cuando se queda sin trascendencia divina y humana, se adentra en modos de vida y de personalidad que:
o Atontecen, uniforman, mecanizan, insensibilizan, empobrecen el corazón, y nos van destruyendo en nuestras relaciones con nosotros mismos, con Dios y los demás.

CAMINOS DE HUIDA Y PÉRDIDA:
o Con nosotros mismos: nos somete a un perfeccionamiento externo y de habilidades, dejando al margen el quehacer principal de la vida que es la construcción de nuestra vida, la persona que somos y los que pensamos, sentimos y deseamos como horizonte. Surge el ser humano idiotizado, que puede saber mucho de algo, pero casi nada de todo lo que le incumbe esencial y entrañablemente.

o Dios y todo lo que sea trascendente no entra en los cálculos de lo útil y lo eficaz y se le desecha, teniendo que atiborrarnos de sentidos en cápsulas que alivian pero nunca satisfacen –un millón y medio de antidepresivos en Extremadura-. Nos adiestramos para vivir en el sentido del sin-sentido. El concepto de lo útil entra en una ambigüedad que nos deja desencantados y desesperanzados, muy útiles pero muy perdidos en la oscuridad de una vida que no sabemos a dónde nos lleva.

o Es tal la presión del propio ego en la dificultad de la selva mediática y mercantil que los otros pasan necesariamente a un segundo plano, por la falta de tiempo y por el cansancio que nos impide ser sensibles al dolor de los otros, nos paralizamos para que los otros puedan descansar en nosotros o lo hagamos juntos. Sólo nos valemos en la utilidad porque la dependencia se consagra como inutilidad y carga. No queremos depender de nadie y huimos del dolor de que otros dependientes puedan apoyarse en nuestros brazos agotados de nuestra propia lucha titánica con un mundo de obstáculos permanentes.

CUARESMA: TIEMPO PARA VOLVER

-dibujo3 Del agotamiento del pecado a la libertad de la gracia por el camino de lo auténtico, saliendo del engaño y de la mentira de “una seguridad y una riqueza” que ofrece salvación pero se queda con toda nuestra vida.

– La dinámica de la gracia es invitación a ser “Auténticos y originales”, a ser lo que somos: imágenes verdaderas de Dios, como Jesús de Nazaret fue imagen visible del Dios invisible, porque hacía lo que veía hacer a su Padre.

El camino para la gracia es la conversión. Se trata de volver.
o Volver a entrar en nosotros mismos, En mi propia persona, sabiendo que la felicidad es una tarea interior, no está fuera de nosotros, no nos la dará ningún elemento externo. Se trata de un volver para reconocernos, querernos y así sanarnos. Ayunar de lo que nos absorbe y distrae de nuestro interior y de nuestra unificación personal, lo que nos dispersa y nos hace superficiales. Hemos de comer y beber en este tiempo el silencio que nos permite adentrarnos en nuestra interioridad para estar con nosotros mismos íntimamente y saludablemente. Atendernos y escucharnos para sanarnos.

o Volver a Dios, abrirnos a la trascendencia. Dejar que ese Dios penetre en lo profundo de nuestra vida, permitirle que habite en nosotros, relacionarnos con El y con sus sentimientos. Ahora es el tiempo del encuentro tranquilo y sereno con él, como el tesoro y el valor más auténtico. Hemos de salir de la religión formal e institucional, para entrar en el templo del Dios vivo, del que se nos da en la vida de lo diario y de lo sencillo: esa ha de ser nuestra oración, buscarle y contactar con El: centrados en su Palabra, en la comunidad, en la Eucaristía, en el perdón.

o Volver a los hermanos. No a la pobreza que divide, a la indiferencia que nos apaga, a la división que excluye, a los que son ninguneados por ser nada para el mundo y el mercado. Nos toca a los cristianos, a la iglesia, el oficio de reconciliar, de reconciliarnos con el Espíritu de Jesús. Las claves son de orden profundo y radical:
Perdonados, perdonad: sin límites, en libertad total.
Tomarse al hermano en serio: con el poder de perdonar, compartir.
Entrándonos en el mundo para que sea:
Entrañable – Ayuno para la ternura y la cercanía.
Generoso- compartiendo y poniendo nuestra riqueza en la mesa de la desigualad para acabar con lo desigual.
Justo- Cotemplando la realidad y entrando en ella para cambiarla y transformarla de la política de lo humano y de lo común.
Somos afortunados en esta invitación cuaresmal. La puertas están abiertas y el camino se inaugura a golpe de ceniza. La invitación no puede ser más directa: “Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre entraré y viviremos juntos”. Es el momento, sin duda, de VOLVER A JESUS Y MIRAR CON CORAZÓN AL HERMANO.

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Carnaval a golpe de evangelio

Las murgas en la residencia de mayores

imagesLes ha dado apuro cantar la canción de propina a la murga de la “mascarada”, porque se refería a los sacerdotes encausados, y le dijeron que estaba yo allí, el capellán de la Granadilla, pero le pedí que lo cantaran y lo hicieron con unción y con buen espíritu. Es que hasta se puede criticar con cuidado y respeto, sin deseo de destruir sino de transformar, así lo han hecho ellos. Pero esta ha sido la última actuación de hoy, en el llamado concurso de murgas de la residencia de mayores de la Granadilla. A lo largo de estos tres días van a pasar más de diez murgas a cantarle a los mayores, bajo el marco de concurso pero va mucho más allá. La “mascarada” decía esta noche que si le daban a ellos el premio que lo quedarían para la propia residencia y los mayores, que el premio para ellos era poder cantar en sitios así.

Lo ponía yo hoy de ejemplo en una de las peticiones en la eucaristía en la parroquia. El hecho de que un montón de murgas del carnaval quisieran pasar por este escenario pobre y sencillo, rodeado de personas mayores en sus sillas de ruedas, con sus muletas, con sus ochenta y tantos..y noventa y algo… ha sido toda una delicia. Lo veía a la luz del evangelio de hoy, cómo ellos han querido llevar la alegría desenfadada y entusiasta a estos mayores, que a veces parece que no cuentan para la vida diaria. De alguna manera hacen lo que Jesús hizo con el leproso -excluido, aislado, en las afueras- lo tocó, lo limpió y lo devolvió al centro de la comunidad con alegría y gozo. En estos días, que parecen locos en Badajoz, estas murgas han tenido su tiempo y su espacio para hacer de los mayores el centro de su atención, para pararse, tocarlos, alegrarles y decirles con cantos y bromas que son importantes y necesarios. Que los queremos, que contamos con ellos, que se merecen lo mejor, que nunca los olvidaremos.

carnavalOs aseguro que estos gestos me reconcilian con el carnaval y con la humanidad, a estos carnavales me apunto, a los de la alegría profunda y consentido, a los que generan fiesta de fraternidad e ilusión, a los que levantan ánimos y despiertan el recuerdo para gozar y levantar a los caídos. Os puedo asegurar que hoy en la residencia lo cojos bailaban, los mudos cantaban, los ciegos veían, los corazones cansados saltaban de alegría…y que tanto la directora, como los técnicos, los trabajadores, y la cafetería que patrocina todos estos actos y que han puesto empeño en que se realizara este concurso en el interior de esa institución, han sido más hermanos. Han demostrado su vocación y su ministerio al mostrarnos que allí no están aparcados los mayores, que ellos tienen vida y la tienen en abundancia.

Bendito sea el Espíritu del Evangelio que hoy se ha movido a raudales en el salón de la residencia, donde confluyen la capilla y la cafetería. Hoy no ha habido muros, desde la Eucaristía hemos celebrado la alegría que después se ha hecho vida intensa en el desfile murguero, que se han dejado allí su pan y su vino compartido en la mesa de lo fraterno hecho fiesta y jolgorio.
Yo ahora en la noche, oro con el salmo:
¡Tu eres nuestro refugio, y nos rodeas con cantos de liberación¡
Hoy la liberación tenía nombre y corazón de murgas que han hecho de la residencia centro de sus vidas, dándole a los mayores el reconocimiento y el calor del corazón que se merecen y necesitan.
¡Vivan los murgueros que reparten alegría y vida!

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Ante la reforma universitaria (JEC)

Por una universidad justa e igualitaria

jecDesde el movimiento Juventud Estudiante Católica creemos que el Real Decreto por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales, aprobado el pasado viernes 30 de enero por el Consejo de Ministros, sin consulta ni consenso con los diversos agentes de la comunidad educativa, puede tener severas consecuencias sobre la educación universitaria de nuestro país.

La convergencia con la mayoría de los países europeos al establecer esta reforma, así como la flexibilización de la oferta universitaria y la concesión de autonomía a las universidades para determinar si ofertan Grados de tres o de cuatro años, no puede dejar vía libre a que se produzca una deriva elitista de las enseñanzas universitarias, que aparecería si una parte de esta formación, hasta ahora integrada en los programas de Grados, quedase relegada a la posibilidad de cursar un Máster, que muchas y muchos jóvenes no podrán  permitirse en las condiciones económicas y sociales tan desoladoras en las que se encuentran gran cantidad de familias españolas.

recortes noEsta “flexibilidad” podría originar en el panorama universitario español una considerable divergencia entre los contenidos de unas y otras universidades, así como una acusada heterogeneidad entre ellas, propiciando la aparición de centros educativos de primer y segundo orden.
El argumento, esgrimido por parte del ministro de Educación, de que la reducción de la duración de los Grados supondría un ahorro para las familias al pagar un año menos de formación y al suponer la incorporación de los y las estudiantes al mercado laboral con un año
de antelación es, cuanto menos, cuestionable, teniendo en cuenta que nuestro país exhibe una de las tasas de desempleo juvenil más altas del mundo.

Como jóvenes estudiantes consideramos que las políticas de educación deben dejar de ser un arma arrojadiza entre partidos. La gran variedad de leyes educativas aprobadas en poco tiempo pone de manifiesto la falta de seriedad con la que nuestros gobernantes abordan un tema que, como pocos, requiere de consensos y diálogos con todos los agentes implicados. La actual política de becas está siendo funesta para la igualdad de oportunidades, principio fundamental a cuidar. Este principio debe garantizar que todo individuo, sin importar su condición, pueda distinguir y potenciar al máximo sus talentos y capacidades. Así mismo, el sistema debe saber reconocer y premiar el trabajo responsable y continuado, tanto entre el alumnado como entre el profesorado.PortadaLibro1

Como cristianos comprometidos en el mundo estudiantil, apostamos por una universidad que vaya más allá de la formación técnica, la especialización profesional y las imposiciones del mercado. Creemos en la universidad como espacio privilegiado de la cultura y de la construcción de una humanidad adulta que trabaje por la justicia y la dignidad y que atienda al desarrollo integral de las personas sin distinciones.

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