María, una cananea de hoy

Hoy la cananea, con el mal de su hija ante Jesús, se convierte en una clave única para romper estrecheces y abrir el horizonte del propio Cristo en la comprensión de la ley, las clasificaciones y la salvación. La fe de esta mujer sencilla, que llega tocada por el sentimiento entrañable de su hija enferma y sufriente, le rompe sus esquemas; y él, tocado por el Espíritu, se abre a la universalidad que el Padre le está mostrando a través de ella. Queda claro que el corazón de cada persona y su deseo más profundo ha de ser el horizonte de la relación y de la comunión de los hombres entre sí, y de estos con Dios. El Papa Francisco lo repite a cada instante y nos dice que la Iglesia no tiene otra misión que ser sacramento de este modo de relación de Dios con los hombres. Pero todo esto, que es reflexión, en este domingo se me hace carne viva desde una celebración de matrimonio y bautismo que ayer tuve la ocasión de testimoniar y ejercer en la parroquia.

 

Se casaban Berto y María –un gallego y una extremeña-, dos jóvenes luchadores, a la vez que unos padres enamorados de la vida de su hija Nuria, a la que bautizamos. Si lo miramos desde las puras normas, no eran muy  “católicos”… llevaban vida en común desde hace años, habían decidido tener familia en ese contexto, sin estar regulados canónicamente. En su fe, cada uno andaba por su camino: Berto, con muchas preguntas, dudas y muy pocas repuestas, bastante alejado de la Iglesia y sus caminos; María se había bautizado de mayor a petición propia, pero se sentía muy crítica con la institución eclesiástica y con los modos de organizarse de ésta. Le chirrió que no le renovaran su contrato de trabajo en una institución de corte eclesial porque estaba embarazada de gemelas y esto hacía que su proceso fuera de riesgo. Se interrogaba mucho si su fe era propia o, más bien, familiar, ambiental, cultural, tradicional; no salía del interrogante de si creía por ella misma o porque había caído en este lugar y cultura. A la hora de recibir familia, se encuentra que vienen dos gemelas. Al poco tiempo, las cosas se complican, tienen que ir a Barcelona a unos especialistas de primer orden, intervienen y no saben qué pasará. En el camino pierden una de las hijas esperadas –ya tenían nombre para las dos- y se le rompe el corazón, la otra queda en la incertidumbre de cómo irá la gestación y cómo nacerá. Al final aparece Nuria, pero todavía quedan dudas de su estado y muchos miedos sobre su salud y bienestar. Todo ello lo viven con dolor y madurez, y en medio de este proceso.

 

María, junto a Berto, vive la experiencia de la cananea. Desde todo la vivencia que se sacramentaliza en Nuria -y que ayer bautizamos-, así como de su pareja que ayer fue compromiso bendecido por Dios, ella ha vivido una experiencia de purificación de su fe, que le ha llevado desde el raciocinio y la crítica a las entrañas del sentimiento de madre y esposa, al sufrimiento de la debilidad y el milagro; y, desde ahí, a la verdad viva del Dios entrañable que se hace necesario en el amor y en la seducción del misterio de la vida y las personas. Por eso, hoy no puedo resistirme a compartir con vosotros –contando con su permiso- esta experiencia de María y Berto, que vuelve a confirmarme que lo que dice el Evangelio no es verdad porque él lo diga, sino que lo dice porque es verdad en la vida… y sigue pasando.

 

A mí, este hecho me abre la mente y el corazón en el ejercicio de mi ministerio, de mi ser creyente y mi humanidad, como la cananea lo hizo con Jesús. Así nos lo confiesa y narra María (yo, hoy, la adjetivaría como la “cananea” del Evangelio):

 

Creo que la primera relación que se mantiene con la Iglesia y con Dios es mediada, mediada por las familias, por el entorno, por la sociedad… es una relación un poco impersonal, pero necesaria. Hasta hace no mucho tiempo creía en Dios, convencida y libremente, pero seguía sintiendo esta relación un poco “condicionada” por la sociedad y creía que tenía que ser así siempre. Sin embargo, a raíz de nuestras últimas vivencias y del nacimiento de nuestra hija, una niña totalmente deseada que llegó después de muchas incertidumbres, un día me di cuenta que tenía fe porque la necesitaba, porque necesitaba a Dios en mi vida y lo sentía en muchos momentos. No me he cuestionado si esta necesidad es también una necesidad de tranquilidad y esperanza, pero desde este tiempo, he dejado de pensar que mi relación es mediada y la siento mucho más íntima y menos cuestionable.

 

Decido celebrar cristianamente mi matrimonio y bautizar a mi hija porque quiero compartir ante Dios y ante todos nuestros familiares y amigos, la ilusión de nuestra unión. Es una manera de agradecerle que esté presente en nuestras vidas y de manifestar que deseo que siga estando, en nuestra pareja y en nuestros hijos.

 

Aunque en un primer momento quería que mi hija  tuviese la oportunidad de decidir, como yo en su día hice, si quería recibir el bautismo, el “milagro” de su nacimiento, de su sonrisa y de su salud y fortaleza me llevó a sentir que quería que recibiese el bautismo, aunque trataré de educarla en una relación totalmente libre con Dios, y la acompañaré en su búsqueda para que sea ella quien pueda vivirlo íntima y libremente.

 

El  día siguiente de la celebración mi vida será la misma que el día previo, pero este día habré tenido la oportunidad de afianzar nuestra unión ante Dios, de pedirle que nos acompañe siempre y nos ayude a amarnos, a comprendernos y a educar a nuestros hijos en la fe y el amor a Dios y a sus hermanos. Será un gran día porque habremos podido celebrar con nuestras familias y amigos que, a pesar de las dificultades pasadas, de las lágrimas, de los malos momentos, nos encontramos felices, unidos y tranquilos, fuertes para seguir luchando.

 

Es un momento de agradecimiento a todos por habernos acompañado estos años, por ser partícipes de nuestra ilusión, es el momento de que todos podamos disfrutar de ello”.

 

Hoy, no tengo duda que estos fueron los sentimientos de la cananea del Evangelio tras encontrarse con Jesús en su proceso de ser madre y esposa: aquel momento cambió su vida para siempre. Y no dejo de preguntarme por los sentimientos y el pensamiento de Jesús a partir de ese encuentro con esta cananea, que sacó de Él no solo un milagro, sino la misericordia del Padre que mira el deseo profundo del corazón de cada ser humano, y quiere que se cumpla.

 

 

José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

 

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Poema : El sacramento de tu ausencia

Poema EN LA ORILLA Jose Moreno Losada F

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Ricardo Blázquez con los estudiantes de A.C.

“Creamos en lo que creemos”

En la XXXVI  asamblea de la JEC

con ricardoRecuerdo que fue hace años  en la sede de la conferencia episcopal, estábamos reunidos para un encuentro de pastoral universitaria a nivel estatal. Vimos llegar al, entonces, presidente de la misma Don Ricardo Blázquez y quien me acompañaba subrayó la sencillez con la que entraba en el edificio, con su traje normal, discreto y sencillo, y su maletín en la mano, sin más compañía ni adorno. Se acercó a nosotros, se tomó su café de máquina y allí estuvimos hablando con cercanía de muchos temas y recordando cosas vividas juntos unos y otros. Así ha sido también su presencia en la XXXVI asamblea de la  Juventud Estudiante Católica celebrada en Valladolid del 31 de Julio al 5 de Agosto. Llego con antelación a la celebración en su utilitario, sin avisar previamente, se acercó y compartió saludo amablemente con todos. Se revistió con austeridad  para la celebración, nos sirvió a los sacerdotes  albas y estolas para la concelebración como quien recibe en su casa, departimos de cómo había ido la asamblea, y celebró una liturgia de cercanía, donde participaron los jóvenes militantes  con alegría y ganas, empujados por la fuerza del espíritu que se había derramado sobre todos en esos días de reflexión, formación y trazado de las futuras líneas de acción del movimiento.

jec y jocHan sido días  de intensidad teológica, eclesial, social y personal.  José María Olayzola ha sido el guía del marco de reflexión para contemplar las nuevas y necesarias imágenes de Dios para el mundo actual, la  concepción y visión de iglesia en el creyente joven, así como el análisis de los dolores de este mundo roto y la necesidad de construir  un yo abierto a Dios,  a la Iglesia y al mundo para ser con alegría hijos de Dios en la vivencia de una fraternidad comprometida con el Reino que soñamos y queremos. El trabajo a partir de sus indicaciones ha sido arduo y profundo, la búsqueda   e inquietud de esta cincuentena de jóvenes militantes que oscilan entre los dieciocho y treinta años ha sido luminosa y esperanzadora, os lo aseguro. Palabras claves como “escogidos, bendecidos, rotos y partidos, entregados a favor de los demás”, han ideado líneas de orientación que llenarán de vida el compromiso de jóvenes estudiantes en los institutos y las universidades de distintas diócesis – han asistido de nueve realidades-. Ahora toca la consolidación, el fortalecimiento de los grupos de revisión de vida, la extensión y la conexión con las problemáticas y sufrimientos actuales en la escuela y en el mundo, especialmente de los jóvenes.

carmen y álvaroEn la asamblea estatutaria hemos vivido momentos de emoción apostólica intensa. Por una parte se despedían de responsabilidades  generales tanto la presidenta Ana Escobar como la ecónoma Alejandra Villalte,  jóvenes liberadas en Madrid  dedicadas en cuerpo y alma al movimiento echando de lo que tienen para vivir en los mejores años de sus vidas. Nos han hablado de cómo el movimiento  y el servicio han sido cauce de salvación para ellas, que han crecido, madurado, en el compromiso y en la radicalidad de ser coherentes con su fe y seguimiento de Jesús.  Maravilloso ha sido también el relato de las monografías de los que se mostraban disponibles para sucederles en este servicio de entrega y animación a los jóvenes estudiantes desde la organización del movimiento. ricardo y alvaroHan sido Álvaro Mota y Carmen Ledesma, de origen extremeño – de la diócesis de Mérida-Badajoz-, los que se han puesto en la mesa para ser escogidos, bendecidos, partidos y entregados-enviados por la asamblea, haciendo de su vida eucaristía. En su plena juventud se lanzan a esta compromiso de presidir y coordinar con todo su ser esta realidad, que según contaban, habían descubierto como un tesoro, y que por la alegría que ellos habían recibido sentían el impulso del Espíritu, alimentado en el seguimiento de Jesús, para mostrarse disponibles en la patena de la sede para ser apóstoles incansables al servicio de los jóvenes estudiantes y de todos los que sufren en la sociedad, a través de los militantes del  movimiento en sus distintas diócesis.

En la eucaristía, fueron abrazados y enviados por toda la asamblea, pero quiero destacar el abrazo cariñoso y cercano de Don Ricardo, Arzobispo de Valladolid y presidente actual de la Conferencia Episcopal, a estos dos jóvenes  alegrándose de sus disponibilidad y servicio, reconociéndolos apóstoles jóvenes para los jóvenes en los medios estudiantiles. Me emocionó que se abrazaran la sencillez del pastor, que reconocía  desde los años de profesor mío en Salamanca y otros encuentros posteriores siendo ya obispo,   y la sencillez de Carmen y Álvaro que son un verdadero signo sacramental del valor y la riqueza que suponen los procesos vitales y creyentes de los jóvenes que pasan por este movimiento  que, sin dejar de ser grano de mostaza es verdadera levadura en medio del ambiente estudiantil y de toda la sociedad, generando esperanza y dando testimonio del resucitado.

Bendigo  a Dios por estos jóvenes coherentes, comprometidos, formados, animados, alegres que no tienen miedo al riesgo y quieren dar la vida por lo que ellos mismos son, juventud esperanzada y esperanzadora. Si Dios quiere, cuando D. Ricardo firme su nombramiento no lo hará sobre un nombre desconocido y frío, y cuando lo reciban ellos –y el movimiento-  veremos la firma de una pastor sencillo que estuvo  con nosotros, se ilusionó con la gracia de la vida de estos jóvenes, y los abrazó para darles ánimos y bendecirlos apostolicamente en el envío a su misión.

José Moreno Losada.

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Jóvenes y líderes?

Llevaba tiempo dejándome llevar por las llamadas del diario HOY anunciando los lugares mágicos y misteriosos de Extremadura para el verano, seleccionando  esta garganta de Cuartos en Losar de la Vera  de la que estoy disfrutando ocho días de verdadero paraíso y lujo sencillo  de una naturaleza que te abraza en la sonoridad, la luz, la temperatura amicable, el color de la naturaleza, así como la cercanía y la familiaridad de un pueblo que te seduce y que hace que te sientas en tu propia casa– gracias al obispado de Plasencia-. La gente me mira con sonrisa amplia cuando entro en el agua de la garganta bajo el puente de Cuartos y grito con todas mis fuerzas  “Viva Extremadura”. Pero me sale del alma. Hoy mismo, he estado en Viandar, Talaveruela y Valverde de la Vera en una caminata por parajes únicos y originales que te hacen vivir y sentirte parte de la tierra que pisas y gozoso de compartirla con los que te acogen y te saludan al paso.

Pero la grandiosidad del lugar se hace palabra y verdad en los jóvenes con los que comparto unas jornadas de formación, que por auténticas y originales son casi increíbles. Del mismo modo que estos lugares se hacen verdaderos en el encuentro sentido con ellos, desde la vivencia de una estancia en los mimos, así ocurre con esta cincuentena de jóvenes extremeños entre quince y treinta años que dedican ocho días intensos de formación en cuestiones que ellos mismos eligen  y preparan previamente. Yo los acompaño  desde hace veinte años, soy testigo privilegiado de este espacio humano juvenil que considero único. Me centro en el grupo de universitarios, casi treinta, que este año tienen como tema central “jóvenes, líderes de hoy”.  Se organizan en un movimiento especializado de la acción católica de jóvenes estudiantes –JEC-, se plantean cuestiones de crecimiento personal humano y cristiano, situados en su mundo juvenil, estudiantil y social en claves de actualidad. Consideran que antes situaciones de especial dificultad, cuando tocan vivir tiempos recios, resultan más necesarias aquellas propuestas que construyen un mundo más justo y sostenible. Pero además de propuestas se necesitan procesos que, concretándolas y poniéndolas en funcionamiento, transformen la realidad mediante el compromiso de personas y colectivos que apuesten por la utopía y que no acepten, la dictadura de los mercados sin control ciudadano ni la destrucción de la naturaleza por un consumismo egoísta e insolidario. Pero estas propuestas  y los procesos necesitan de personas que se comprometan generosamente desde la clave del servicio y la entrega, que busque el bien para todos desde las necesidades de los más vulnerables. Son las dinámicas que estos jóvenes quieren llevar a todos los espacios familiares, de amigos, barrio, pueblo, ciudad, país y al trabajo  hasta las realidades más globales.  Ellos saben que esto tiene una dinámica sencilla donde “gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo” (Galeano).

A lo largo de estos días, analizando la realidad y sus necesidades más fuertes, ellos están detectando que se precisan personas concretas que asuman el difícil servicio de actuar como líderes que animan, canalizan y acompañan estos procesos de cambio desde la clave de una humanidad más justa. Ellos entienden que hay que salir de la comodidad que acepta pasivamente la buena o mala suerte  y es necesario convocar y convornos – los mismos jóvenes- al compromiso que moviliza y descentra, que solidariza activamente con los abandonados en las cunetas de la sociedad indolora. Ellos se están planteando, con claves evangélicas, si no están llamados a un servicio especial de liderazgo para que sea más viable un camino de proyectos emancipadores.

El evangelio de Jesús y el liderazgo que él ha mostrado, basado en el servicio, el compromiso, la opción por los últimos,  la entrega, la gratuidad y  la comunidad corresponsable, con una autoridad ganada en el ejercicio de la atención a los que sufren, está siendo el referente desde el que están reflexionando y profundizando, así como el testimonio que va desde estudio de Nelson Mandela  a jóvenes anónimos que sin pretenderlo están siendo líderes que recuperan el verdadero sentido del liderazgo de lo humano y de lo fraterno en una sociedad en la que estamos llamados a la participación para que el  mundo sea menos triste y más  humano y justo.

Yo me siento testigo privilegiado del lugar, de la serenidad y la paz que me otorga  el agua, la luz, el sol en esta garganta de Cuartos, pero sobre todo del milagro de estos jóvenes que buscan un tesoro siendo conscientes  de que la riqueza mayor está dentro de ellos mismos, que han encontrado un referente de levadura y de semilla de vida que es imparable en el liderazgo evangélico de Jesús de Nazaret, que están dispuestos a fermentar y a sembrarse en todos los ambientes para que todos tengan más vida. No me cabe la menor duda de que en ellos hay  una luz que no podrá apagarse  y que alumbrará en los institutos, la universidad, las profesiones, la sociedad, la política, la ciudadanía. La razón de creerlo es que ya son veinte años al lado de estos procesos y no puedo negar lo que se me ha hecho evidente en la vida. Dentro de unos meses me tocara defender públicamente un trabajo de tesis doctoral sobre un tema cercano del que estoy hablando en este artículo y os puedo asegurar que está lleno de vida, personas, nombres y también de lugares paradisiacos  como estos de la Vera en Extremadura. Me siento agraciado y agradecido, literalmente salto de gozo y de alegría sobre estas aguas  de la Vera, bautizado en el espíritu de estos jóvenes que me saben a resurrección y a esperanza.

José Moreno Losada.

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Flores: a veces y para siempre

“Las vecinas y su corona de gloria”

dibujo1Más de una vez al pasar por la floristería del barrio, en estos últimos años cuando mi madre ya no salía apenas a la calle, he entrado y he comprado unos claveles rojos y blancos como a ella siempre le gustaban, especialmente para adornar las tumbas de los seres queridos en Granja. Recuerdo el cuidado y esmero con que ella y mi tía Victoria, su hermana, ponían esas flores en esos floreros sencillos y elegantes que jugaban con el blanco brillante y limpio del mármol,  tallado con la imagen de san José, del que se sentían contentas y orgullosas. Yo las he comprado siempre con ese criterio de “las flores en vida”, y porque sabía que le encantaba verlas en su contraste junto  a la talla sencilla de la virgen y entre las fotografías de mi padre, la abuela, el tío…

Alguna vez hablamos del tema de las flores  y de los entierros,  yo manifestaba mi opinión de que me parecía una exageración esos gastos inútiles de flores para tirarlas en menos de veinticuatro horas, que prefería hacer limosnas para los pobres. Pero ella me decía que se podían hacer las dos cosas, y me avisaba para que cuando llegara el momento no pusiera  ninguna pega a todas las personas que quisieran hacerse presente con este don de color, contraste y belleza, para acompañarle en su despedida, porque a mí me encantan y quiero tenerlas cerca como signo de todas las personas que me quieren y que yo he querido. Intenté ser fiel  a su deseo y tengo que confesar que me alegré de verla rodeada de flores de seres queridos por todas partes, ya nos encargaremos los hijos de hacer las obras de limosnas pertinentes para que se hagan las dos cosas, como sé que ella hacía en lo oculto.

Ella siempre estaba preocupada cuando sabía del fallecimiento de algún vecino de participar en el regalo de la corona, llamaba a Justi, Carmelita, Mercedes…para que la tuvieran en cuenta que ya ella pagaría cuando fuera al pueblo. Se trata de un rito de vecinos con un significado  real de reconocimiento y de cariño para la persona que marcha junto al Padre y de consuelo para los que quedan en este mundo. Así lo sentí yo cuando a llegar al pueblo y entrar en la iglesia vi desfilar a los vecinos con su corona de flores elegida con cariño y belleza para su vecina Dolores, la mejor corona posible. Lo había visto muchas veces, pero este sentimiento fue especial. Siempre hemos vivido con gozo la vecindad, primero en Guadalupe, y después muchísimos años en Cervantes. Puedo decir que mi madre sentía próximos a todos, y lo de todos le afectaba. Así nos lo transmitió. La corona de los vecinos la vi como  la corona de gloria que no se marchita, mis flores –las que hemos comprado en la casa- habían acompañado a mi madre a veces, estas le acompañaban en el “para siempre”, era como la fuerza de la comunidad vecinal y universal que la celebraban ante Dios y querían acompañarla en su entrada de triunfo en el cielo de la gloria donde se encontrará con todos los vecinos que ya se fueron delante de ella, también con su corona de gloria.

geranio El jaleo me impidió detenerme con cada gesto de flor y belleza, pero me alegró que se saliera con la suya y que en ese momento estuviera cubierta con una montaña de flores, que gritaban: “no está muerta, está dormida en las manos del Padre”, de alguna manera me dieron el calor que le faltaba al último beso frío que le pude dar en esta orilla.  Sentí  como mi madre me estaría mirando emocionada y cómplice  diciéndome: “¿Ves Pepe lo que te decía…? GRACIAS”. Allí estaban flores de la vecina especial, la corona de la calle, la de los movimientos cristianos JEC y PX – no por mí, sino por ella-, la de los amigos y familiares de mis hermanos, de personas de Mérida, Cheles, Olivenza, Equipos de Nuestra Señora, Facultad , Departamento…Abrazos en la belleza del color festivo que consuela y anima en la esperanza de lo definitivo. Por eso esta tarde, tras pasar esta mañana por la floristería sin ser todavía capaz de entrar para traerle flores junto a su foto –mañana lo haré- , quería agradecer desde las flores de las vecinas de Granja, en esa  sacramental de la corona de gloria que no se marchita, a todas las personas que nos habéis acompañado en este trance y nos habéis mostrado el cariño que tenéis hacia nosotros y sobre todo el amor y la estima que teníais a mi madre Dolores. Ojalá sepamos corresponder con el mismo cariño y consuelo que estamos teniendo de todos vosotros. Seguro que ella os estará abrazando y besando para siempre con ese cariño que la identificaba.

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La legión de María, la parroquia y el barrio

Eucaristía de gloria y resurrección
Llegamos hace casi dos décadas a este barrio de la estación de Badajoz. Para mí conocido por los casi veinte años vividos en el seminario como seminarista y como formador, toda mi vida mirando al Seminario aunque ahora sea desde más lejos, no físicamente porque me acuesto y me levanto diariamente con su horizonte. Pero para mi madre era algo nuevo, ella siempre había vivido en nuestro pueblo Granja de Torrehermosa, ahora se venía a vivir conmigo para que no estuviera sólo, una vez que mi padre había fallecido hacía dos años. Era un reto insertarse y hacer su propio camino y sus relaciones. Algunos me dijeron que cómo traía mi madre al polígono el nevero, a las afueras de la ciudad y del barrio. Pero ella se abrió camino y hoy todo el barrio me habla de su persona y me huele a su ausencia.
Esta tarde ha sido una celebración eucarística entrañable en su parroquia de  San Fernando, rodeado de todas sus amigas que han sido vecinas, conocidas, parroquianas, viudas, y la asociación de la legión de María como nexo fundamental, que son las que me han invitado a celebrar con ellas recordando a mi madre como miembro de su asociación. Satu, amiga del alma, nos ha leído la palabra de Dios que nos recordaba como Dios siempre nos atrae con lazos de ternura y de amor entrañable, después el evangelio nos ha recordado como Jesús decía a los discípulos aquello de ir a un pueblo y buscar personas y casas de confianza y permanecer allí hasta el final. Allí estaban todas personas de confianza de mi madre con las que ha estado hasta que se ha ido al cielo.

En la  reflexión me he dejado llevar por la familiaridad que me producían todas las personas que estaban allí participando, con sus cantos,  sus lágrimas, sus risas y respondiéndome con libertad según yo iba hablando y comentando que se cumplía aquella palabra que se acababa de proclamar. Les manifesté como mi madre se había sentido querida, integrada, mimada, valorada en la legión de María, en la parroquia y en el barrio. Se sentía una más de la barriada participando en todo, conociendo toda la realidad, participando activamente en todas las cosas de la parroquia –decía que allí no se podía ir sin monedero porque siempre había que dar para algo-, cofradía, viudas, tómbolas, ferias… Entre todos ella se sentía una más. Por eso, nunca se integró en los espacios parroquiales en los que yo participaba o en mis historias, ella tenía las suyas propias con su personalidad y autonomía humana y creyente, en su barrio y su parroquia. Todo lo compartía conmigo, de tal manera que hoy en la eucaristía les decía según veía sus rostros que de todos sabía montón de cosas, que mi madre las vivía como propias, tanto de alegría, de dolor, de sufrimiento, de enfermedad, pobreza…

En este sentido, les decía que también se cumplía la  palabra del evangelio. Mi madre llegó  y buscó personas de confianza para confiar y para dar la suya.  Recuerdo una anécdota de sus primeros días, salió a comprar y entró en una tienda, al ver cómo compraba una señora le gustó sus modos y su elección,  la siguió a otros comercios –carnicería, pescadería…-, la señora al darse cuenta le dijo que si la perseguía,  ella le dijo que sí que le gustaba su modo de comprar y pensó que donde fuera ella los productos serían buenos. Y también le preguntó que a qué peluquería iba porque le gustaba su peinado. Después se hicieron muy buenas amigas y se reían de esta anécdota. Pero así hizo en todo, también en su ser creyente, se acercó a la parroquia conoció a las personas que participaban y poco a poco fue tomando su terreno para entregarse, vivir y gozar con todos.

Encuentro universitarios 040Los sacerdotes todos, Manuel Amezcua, Diego, Miguel, Ramón, Juan Pablo, Gregorio, Manuel Fernández, Tomás…todos la han querido  y cuidado con un cariño exquisito que le hacía sentirse bien. Desde ahí un grupo cada vez más grande de amigas y hermanas de verdad: Satu, Mari, Ángeles, Paca, Emiliana, Josefa, Estrella, Carmen, MariCarmen, Isabel, Leo, María, Pepe, Juan…  y los espacios: la sala de mayores, cáritas, viudas, asamblea, cofradía… y sobre todo la legión de María de la que hizo miembro -siempre al lado de Mari-, así como su grupo para tomarse las copitas donde cada una llevaba suelto para pagar lo suyo. Las libretas sencillas, con letra pobre pero luminosa de ternura, están llenas de teléfonos. Hoy se me venían a la mente sus viajes, comidas, oraciones, peregrinaciones, vacaciones, Eucaristías, vigilias, rosarios, adoración, Semanas Santas, Cristo…

Yo les comentaba que para ella era fundamental la parroquia, les expliqué porque no le traía yo la comunión y prefería que lo hiciera el párroco  o las personas encargadas de ello, que la visitaran las de la legión, etc. Del mismo modo que la peluquera cuando ya no pudo salir venía a casa a peinarla, le hablaba de todas las  personas del barrio que conoció allí  y después les llevaba sus recuerdos de vuelta, así quería yo que la comunidad cristiana siguiera dándole su vida y su relación. Cosa que agradezco en el alma a todos lo que lo hicieron, bien saben la alegría que le causaba cada vez que algunos de ellos pasaban por la puerta y le traían el sabor y el olor del barrio, la parroquia y el pan eucarístico de la comunidad de la que ella forma parte en vida y corazón. Ella no ha dejado de ser un miembro vivo en la parroquia desde su dolor y su parálisis, siempre interesada por la vida de la parroquia y de los pobres.

Después de la Eucaristía, tras el canto a la Virgen, nos hemos abrazado y hemos reído recordando a mi madre, he llorado con gozo al verme rodeado de todas sus amigas y hermanas de fe con las que ella ha compartido, gozado, orado, cantado, llorado, bailado, comido, participado… una por una nos hemos abrazado, como hubiera hecho ella, les he contado cosas que sabía porque mi madre me comunicaba sus alegrías y sus sufrimientos, así como sus gozos. Ha sido un momento de gloria y resurrección, allí estaba el espíritu, el carácter dicharachero y entrañable de mi madre Dolores. Y la alegría más grande que me han dado, ha sido un comentario cuando con bromas le he pedido que se fotografiaran todas conmigo en el altar como le hubiera gustado a ella para que nos viera desde el cielo abrazados, alguien anónimamente ha dicho: “es como su madre…tiene las mismas cosas y los mismos golpes”.  No había hoy mejor piropo para mí ni mayor consuelo. Gracias.

 

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Los besos divinos de mi madre (III)

EL BESO DE LO PÚBLICO

conciertoMi madre ha muerto recientemente. Con ella hemos vivido, mis hermanos y yo, ocho años de relación intensa dada su situación de debilidad radical de parálisis progresiva. En esta etapa nos ha sacado lo mejor de nosotros mismos y nos ha construido con más fuerza desde su maternidad entregada. Mi sobrino mayor dice que era imposible estar con ella y no dejarte cambiar por su ternura, que todos somos ahora mejores y más cálidos en nuestras relaciones. Pero quiero hablar de lo que ha sido un proceso largo y de los signos de lo público y de lo profesional que han hecho posible esta vivencia amor y cuidado a la madre mayor y necesitada. El duelo se hace consuelo cuando recogemos todo lo recibido y amado en la historia de lo vivido.

- Desde la sanidad pública hemos contado con los mejores medios y atenciones, la edad de la persona no ha sido una razón para excluirla de lo bueno y necesario, más bien al revés. Los profesionales que la han tocado y acompañado –cada uno en su estilo- le han hecho sentirse querida, valorada, animada: médicos, enfermeras, especialistas, hospitales… Han sido ocho años de continuidad y atención personalizada con relación de cercanía y dedicación.

corazónde gente- Cuando llegaron los signos de su dependencia, fue valorada y enseguida el Plan Concilia, coordinado desde la Cruz Roja en Extremadura, fue nuestro auxilio y nuestro escudo, continuado después por la ley de dependencia. A través de ellos han llegado a mi casa profesionales con un sentido interno de la profesión inmenso, las cuidadoras –Querube y Milagros- han hecho honor a sus nombres, nunca podremos olvidar su trabajo realizado con un amor y un cuidado de nuestra madre impagable. No han escatimado nada de su persona para entregarse y hacer que mi madre se sintiera querida, segura, abrazada, alegre, consentida, comunicada… La ayuda económica para poder pagar estos servicios, pero sobre todo la estructura organizativa de este planteamiento es claramente uno de los mayores signos del reino para los creyentes.

IglesiaDiocesanaCartel- En los últimos momentos hemos visto a profesionales que no optaban por la rápido o lo fácil en el diagnostico y en los medios. Siempre han pensado en la persona y su bienestar, y para ello han determinado lo que consideraban mejor. Nos han ayudado a que su calidad de vida no sufriera, a que pudiera abrirse a un proceso de cuidados paliativos que le ayudaran a estar bien y a facilitarnos a nosotros el acompañamiento en la etapa final. Recuerdo en los días últimos que estuvieron los de cuidado paliativos valorando con nosotros, en el hospital, como hacer lo mejor para ella y nosotros, nos transmitieron una paz y un cariño de profundidad y estilo. Y me quedo con un detalle del coordinador de los cuidados, cuando al finalizar la conversación, con una naturalidad diligente se inclinó sobre mi madre – bastante ausente- y la besó con fuerza y pasión como si fuera la suya. Traigo a colación este gesto, porque ha quedado en mí como sacramento de toda la experiencia vivida en estos ocho años en el encuentro con los medios públicos de sanidad, ayudas a domicilio y dependencia, con sus profesionales, así como de todos vosotros que nos habéis acompañado. Desde ellos proclamo mi credo en el bien de lo común y lo público.

Necesito, hoy desde mi madre, homenajear a todos los que con su profesión vocacionada han entendido que el bien de su profesión no son ellos mismos y los beneficios que puedan obtener externamente de ella, sino la necesidad que los otros – los más débiles y especialmente en la pública- tienen de su saber y sobre todo de su hacer con amor.

casa 005Bendigo a todos los profesionales que han estado en el proceso de acompañamiento que hemos tenido con mi madre hasta que se ha marchado con la paz de sentirse siempre querida, y los sacramentalizo a todos en la persona de Milagros, su cuidadora. Ellos son de los que han entendido el verdadero bien interno profesional, aquel que consigue querer y besar a la persona poniéndola como centro de todo su saber y todo su hacer. Desde ellos se valora lo público como la mejor herramienta de la justicia, la igualdad, la dignidad del ser humano. Por eso en estas circunstancias, desde esta experiencia, con el deseo de que sea universalizada en toda nuestra sociedad, proclamo el valor y la defensa de lo que es de todos, y confieso que prefiero pagar impuestos y que no me los bajen si es para el mayor bien de todos. Deseamos que todas las personas débiles, enfermas, paradas, ancianas puedan vivir y experimentar el abrazo de lo comunitario que mi madre ha recibido desde las estructuras sociales y profesionales de la que nos hemos dotado buscando la dignidad y la igualdad de lo humano entre nosotros. Merece la pena la política de lo común y lo merece sobre todo cuando está llena de profesionales que saben de vocación y de entrega, de búsqueda del bien interno de todo lo que hacen para que sea a favor de los otros y con los otros.

José Moreno Losada.

 

 

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Los besos divinos de mi madre (II)

EL BESO DEL EVANGELIO (anécdotas maternas)

Chércoles  dice acertadamente, a mi entender, que lo que  habla el evangelio es verdad, no porque lo diga el evangelio, sino que el evangelio lo dice porque es verdad en la vida. En mi madre hemos sentido la vida del evangelio, Dios nos ha besado en ella. Y como Jesús hacía parábolas de anécdotas, me vais a permitir que haga lo mismo, que hable del reino de Dios desde  anécdotas maternas:

Dolor y esperanza-          Ama y confía en  Dios sobre todas las cosas: En una reunión de profesionales cristianos jóvenes, de las muchas que hemos tenido en casa con ella delante,  hablábamos sobre la presencia de Dios en la vida y la dificultad, a veces, de descubrirlo. Escuchó todo y al final se lanza y nos dice, mirad yo ya soy mayor y os puedo decir que Dios a mí  nunca me ha fallado. A veces parece que no está, pero al final aparece, os lo aseguro siempre está con nosotros.  No puedo menos que recordar el evangelio cuando Jesús ora diciendo: “Así Padre, te ha parecido mejor…se lo has revelado a los sencillos, mientras los sabios y entendidos no se enteran”.

-          Nunca olvides el bien recibido: Un día comenta con una vecina que lo estamos pasando mal con el dinero, no llega el fruto de la cosecha del verano, ella está igual.  Más tarde  la vecina viene con monedas de cinco duros en una bolsa, había roto su hucha para compartirla con nosotros y evitar los apuros. Mi madre  más tarde me lo cuenta y me pide que nunca en la vida me olvide de esa mujer y su familia para cualquier cosa que necesiten.  Y yo no puedo menos que recordar  cuando Jesús curó a los diez leprosos y se extrañaba de que “Sólo un leproso ha vuelto para dar gracias…”

mirada-         Dios y el cielo es una fiesta… con baile incluido: nos enseñó a bailar y le gustaba que bailáramos con ella en las fiestas del pueblo, para que la vieran con sus hijos. Una noche me decía: “Pepe, la que se va armar cuando yo llegue al cielo…la cantidad de gente que me espera y que me conocen…y relataba lo que podría ser el encuentro con ellos: mi padre, los abuelos, los titos, las primas, las vecinas…”. Y yo no puedo menos de recordar aquello de que “conviene que yo me vaya…vuestra alegría sera completa”.

-          La casa abierta: Visita, una vecina, se quedó viuda, sus hijos fuera… mi madre hizo que viniera a dormir a nuestra casa para que no pasara las noches solas… Recibir y acoger no era una obligación, sino un quehacer que produce gozo permanente. Y yo no puedo menos que recordar: “Venid a mí…cuándo Señor? Cada vez que lo hicisteis con uno de los necesitados”.

carnavales en casa-          El cuidado de los débiles:  Una noche en la madrugada, me levanto para atenderla, cuando lo estoy haciendo, me dice: “Pepe, qué bien vas a dormir cuando yo no esté… así cuidé yo a los abuelos y he dormido siempre con una paz tremenda”. Y no puedo menos de recordar aquello de “dad y se os dará…una medida remecida y rebosante”.

-          Dejarse querer como has querido: “Pepe, te das cuenta los besos que me dais…vosotros que os daba coraje de que os besara tanto y tan fuerte…”  Sabes lo que te digo que  a mí, así como estoy con vosotros y con el cariño que me tenéis, viendo que estáis tan unidos, no me importaría vivir unos añitos más…yo no pido el billete para irme, cuando Dios quiera aquí estoy, pero en fila no me pongo. Y yo no puedo menos de recordar “amaos unos a otros como yo os he amado”.

Y como decía Juan…son tantas las anécdotas de vida que nos ha regalado Dios en ella..que podríamos estar escribiendo toda una -su- vida.

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Los besos divinos de mi madre (I)

abuela risaEn la reflexión en torno a mi madre y su vida para la misa de acción de gracias celebrada en mi parroquia utilicé la metáfora del beso. Mi madre era muy besucona, le gustaba besar mucho, fuerte y sonoro. Eso nos enervaba a nosotros, a mis sobrinos… pero recuerdo que en su enfermedad un día me decía: “Pepe, con el coraje que os daba de los besos que yo daba y ahora que no tengo fuerzas, te das cuenta qué tú y tus hermanos estáis todo le día besándome cómo lo hacía yo con vosotros”. Es verdad yo ya me había fijado, como los tres hermanos hacíamos los mismo sin ponernos de acuerdo, nos salía del alma besarla como ella besaba. Por eso pensé en para hablar de ella en lo besos de Dios. Es un oficio bonito de amor y ternura de la divinidad que no hemos subrayado lo suficiente. En mi madre Dios nos ha besado sin pudor, con fuerza, muchas veces y de un modo muy sonoro. Por eso me atrevo a describir algo de esos besos que ya son eternos. Dios, no hay duda, nos ha amado en la ternura y en los besos de mi madre.

EL BESO DE LA HISTORIA: La sencillez de Dios. (más…)

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Madre, Adiós¡

ORACÓN FILIAL EN EL ATARDECER DE LA MADRE

Cada atardecer siento el regalo inmenso de la puesta de sol que gratuitamente se ofrece y se adentra en nuestro balcón. Junto al ventanal se ilumina el rostro de mi madre con su corona sencilla de cabello plateado que la hace señora de consuelo y de serenidad luminosa para mí. Allí contemplo como su “yo” se deshace como el sol que se va escondiendo, siento cómo ella lo hay ido entregando como hija, hermana, esposa, madre, vecina, peregrina…en relaciones afectivas y alegres, también de dolor asumido y compartido. Me alegra sentir que cuando su persona ya no se ha sostenido sobre ella misma, por ser debilidad radical, la hemos sostenido, con el mismo amor y afecto que ella ha entregado, aquellos que la consideramos como un “tú” valioso en nuestra vida, como un tesoro que no queremos perder, y que nos gustaría hacerlo eterno para que nunca nos faltara.

geranioPero en la suavidad de la tarde, en el color de las nubes, en el azul del cielo, en el fuego del sol…contemplo y acepto, que el “tú” materno se deshace y nuestro amor mortal no es capaz de sostener su debilidad en el yo entregado y ultimado. Es ahí donde nos abrimos a la esperanza con la confianza de que tu “yo”, madre, es un “tú” amado por el absoluto de la vida, por el Padre y Señor de todas las cosas, y que el amor que El te manifiesta -y del que tú siempre te has fiado- identificándote ahora con Jesús entregando su “yo” en la Cruz, nos confirma que tu muerte está vencida para siempre, que nada te podrá separar de ese amor que da la vida eterna. Por eso queremos acompañarte, acariciándote cómo nunca lo hicimos, para que el paso sea sereno y amoroso, confiados en el Espíritu que nos asegura que irás delante de nosotros -a prepararnos morada- , en la compañía de la madre de Jesús -Virgen de los Dolores- .

campoMientras contemplo y oro con esta luz y esta gracia del atardecer, entro en la comunión de los santos y voy recorriendo a todos nuestros seres queridos que ya dieron el paso definitivo dejando su yo mortal para encontrar en el Tú de Dios su ser resucitado y definitivo, el que nunca muere más. A ellos les pido que vengan y estén cerca para acompañarte y hacer que tu paso lo sea de alegría y de fiesta. Y sueño que el día que los demás tengamos que pasar de esta vida al Padre, lo haremos siendo acariciados por ti madre, ya resucitada. Pero ahorano queremos otra cosa, que vivir cada instante en la caricia para que aunque aparentemente tu yo -que es nuestro tú valioso- esté desvanecido por la entrega total, nuestro amor sea soporte de “ti” en un amor sin límites, aunque sea débil y mortal en nuestro corazón de caminantes.

Y es ahora cuando el dormir está siendo tu lugar más seguro, como si estuvieras entrando a la puerta de la luz y de la paz por el sueño, queremos mirar al horizonte de tu sueño y anhelar contigo la vida que no acaba, la que está llena de la alegría de Dios y de los hermanos, la que no tiene llanto, ni luto, ni dolor… y no puedo dejar de pensar en mis adentros contemplado tu rostro dormido aquello que tú has sembrado en nuestros corazones para nunca perder ni el sentido ni la esperanza, porque como tú decías: “Dios nunca me ha faltado en la vida, y menos cuando más lo he necesitado”. Por eso hoy pienso, sueño y anhelo contigo y desde ti:

BaileDios es un sueño de los hombres y los hombres un sueño de Dios. ¿Por qué no? En el sueño somos gestados y en el sueño nos despedimos para ser siempre lo que fuimos en la esfera de un futuro esperanzado; futuro que se abre rompiéndose en el horizonte del absoluto. Nada queda agarrado en la historia de lo humano y, sin embargo, todo puede ser vivido en el anhelo de la vida, el deseo y el espíritu de la eternidad.

Anhelar es abrirse a la búsqueda de un horizonte para caminar, de una inquietud para vivir, de un cimiento para apoyarse, de un lugar para identificarse, de mares para navegar, de un camino para ir, de una vejez para arribar a la otra orilla.abuela risa Permanecer es morir; pero salir, andar, caminar en búsqueda inquieta de quien quiere ser y hacerse, eso es vivir. El proceso es imparable, y la humanidad, cansada de permanecer, se siente agonizante. Así, en cada uno de sus suspiros, anhela volver a la fuente del agua de la vida, al espíritu, a la creación inquietante de un amanecer que anuncia las albricias de lo verdaderamente humano y que escapa de la institucionalización de lo normado en el mercado del tiempo, porque abre espacios de libertad creativa y creadora, porque todo está por hacer en el camino de la eternidad. No debemos, no podemos renunciar al anhelo del absoluto, porque solo en él podremos descansar con este corazón inquieto que nos golpea y empuja al nuevo día, al apocalíptico octavo, donde todo se hará nuevo, porque el primer mundo ha pasado y el mar ya no existe.

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