“Los curas y la pandemia “

Sacerdotes diocesanos ante la pandemia y el confinamiento (Estudio del evangelio)

Necesitábamos encontrarnos y retomar el estudido del evangelio, pero primero compartir lo que estamos viviendo y nos está descubriendo y sugiriendo el momento actual de crisis sanitaria, económica, política, social, cultural… a nosotros sacerdotes que estamos en medio de las comunidades parroquiales y otros grupos y movimientos cristianos. Nos interesan las claves del Papa en estos momentos.

Grupo de estudio del Evangelio: reencuentro

grupo

Alegría del reencuentro. Tras estos meses de confinamiento necesitábamos volver a nuestro grupo de estudio del evangelio, ese espacio de acompañamiento mutuo donde el evangelio y la vida van articulando nuestro ministerio sacerdotal. Nos acoge divinamente Leonardo, con él festejamos la canonización de Charles de Foucauld, la espiritualidad de la fraternidad de Jesús, a la que pertenece. Carisma necesario hoy por su radicalismo evangélico, sencillez, pobreza, apertura, fraternidad, hospitalidad, vida aparentemente infructuosa.https://www.facebook.com/1566593959/videos/10222569291372124/

Del confinamiento y la vida: lo descubierto

Necesitábamos compartir cómo hemos vivido el confinamiento y este nuevo momento, y percibimos cosas muy sencillas. Tiempo nuevo. Menos activismo. Hemos aprendido a dejarnos hacer por la situación. En nuestra secularidad noes hemos reencontrado con la casa, el hogar, abriéndonos a actividades cotidianas: limpieza, comida. Nos hemos encontrado con los vecinos desde la cotidianeidad, los necesitábamos y deseábamos los momentos alegres con los aplausos de las 8. Junto con la sociedad hemos sentido pobreza, vulnerabilidad, y hemos disfrutado de la gracia del compartir, hemos sido conscientes de la gran cadena de solidaridad. Ministerialmente nos han interpelado todos los sanitarios  desprotegidos y otros profesionales que han vivido la entrega desde su vocación, anteponiendo sus servicios a su seguridad. Nos ha costado vivir la dureza de los duelos, la muerte vivida en la soledad y en la impotencia.

Nos duele y nos preocupa

Nos duele y cuestiona cómo la pandemia ha enriquecido más a los poderosos (Amazon…), que siempre disponen de más medios para superar las adversidades y aprovechar la necesidad ajena. Nos escandaliza y preocupa el circo político, sin capacidad de acuerdos y tensando las relaciones provocando un estado de creciente crispación. Nos cuestiona cómo se presenta y se vive la dificultad de tomar decisiones cuando se cruzan intereses. Necesidad de habilidad para congeniar las diversas dimensiones (política, económica, sanitaria….). La complejidad de todo cuando todo está interconectado y nada se puede entender sin otras perspectivas y sin priorizar.

La iglesia y lo que se juega

En el ámbito eclesial y comunitario nos fijamos y detenemos en las manifestaciones eclesiales: Cáritas, celebraciones domésticas y las redes sociales, lo que se ha llenado de creatividad, cercanía, compromiso, radicalidad, riesgo… pero por otro lado nos interrogan las exposiciones del santísimo en los campanarios y terrazas, y otras acciones cultuales y lecturas apocalípticas y sectarias del momento.  Nos preguntamos a nosotros mismos: ¿Qué eclesiología hay detrás de las distintas repuestas? ¿Qué teología? ¿Qué imagen de Dios? ¿Provocador? ¿Consentidor? ¿Curandero? ¿Situado desde arriba, viendo la realidad a distancia? ¿Encarnado? ¿Sufriente? ¿Vulnerable? ¿Lavador de pies?  Nos preguntamos si hemos dado pasos serios en la dirección de un cuestionamiento profundo y evangélico: ¿Un Dios que remueve conciencias, que desea respuestas organizadas, que nos impulsa a generar una nueva humanidad?

En este momento nos vemos urgidos en nuestro ministerio y en nuestro equipo para la necesidad de pararse, reflexionar, analizar, (ver, juzgar, actuar). Que la ayuda inmediata a situaciones de necesidades primarias no impida la reflexión más profunda. Hemos querido profundizar cómo hemos tratado los cristianos y los presbíteros la ausencia de misas, los templos cerrados. Prisas por recuperar cuanto antes el culto comunitario. Nos preocupa que pueda haber de fondo el peligro de reducir la Eucaristía al culto, al mero rito y perdamos el verdadero sentido eucarístico de la iglesia, del bautizado, del ministerio. Es nuestra vida la que tiene que ser eucarística, de entrega y servicio. En este sentido creemos que si hemos estado contemplando la realidad y dejándonos empapar por ella seguro que hemos podido comulgar a diario con muchos signos del pan partido y entregado a los hermanos, de los que han estado dispuestos a salir de su comodidad para salvar, para curar, cuidar, alimentar, acompañar, escuchar…

Confirmados en la fe: el Papa

En la reflexión nos hemos querido abrir al hermano mayor que nos confirma en la fe y en la entrega de nuestro ser ministerial, al papa Francisco. Nos hemos querido abrir ypreguntar por las claves que nos ha ofrecido en este contexto:

1.- Es claro lo que aparece en Laudato Si. Todo está relacionado: las personas, las naciones, las dimensiones (política, economía, sanidad, ecología…) Pandemia globalizada que exige respuesta global. Como el proyecto amado de la creación y el horizonte último de la nueva creación, en este situación de gemidos de parto y esperanza.

2.- Importancia de los pobres. La necesidad de descubrir, desde el evangelio, que lo pobres han de ser los destinatarios principales de los cuidados y los protagonistas de cambios: «Mirar a los más pobres, en estos días, puede ayudarnos a todos a ser conscientes de lo que realmente nos está pasando y de nuestra verdadera condición »… “Ustedes (Los movimientos populares) son constructores indispensables de ese cambio impostergable».

3.- Valoración de lo pequeño y los pequeños. Pequeñas acciones que nos aproximen al ideal, al horizonte orientador. Hoy se nos llama a un nuevo estilo de vida en la sencillez y en la sobriedad para transformar el mundo. La conversión de cada uno al “buen vivir”

4.- Diseñar una nueva realidad.  La nueva creación en gestación, nos llama a un conversión muy profunda, como hizo Jonás en Nínive. Se nos está llamando para pasar incluso del  crecimiento sostenible al decrecimiento, para llegar a la simetría de la fraternidad y del buen vivir como humanidad, a la universalidad como clave de salvación, hoy estamos en estado de Noé y necesitamos construir la barca, la canoa universal, la casa común:« Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad.Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades las que deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir”.

5.- Llamados a ser buena noticia, se nos pide que realicemos el ministerio como personas de esperanza. No podemos olvidar, nos dice el papa, que hemos de vivir de la esperanza propia de nuestra fe que confiesa que con nuestro Dios “la vida nunca muere”.

Razones para seguir viviendo… para resistir desde el evangelio y la vida

 El encuentro fraternal, la comida compartida, el ánimo fortalecido, y los sueños renovados. Ahora es un momento único para profundizar en el evangelio, en el encuentro con Cristo, para soñar la comunidad y reconstruir la iglesia en medio del grito de la tierra. La pandemia es una ocasión única para vivir este tiempo como Kairós verdadero. Aquí es momento de verdad, humildad y conversión a una fe original, a una comunidad más auténtica y simétrica, a una sinodalidad hecha de compromiso con la alegría del evangelio. Los sacerdotes estamos llamados a profundizar y convertirnos, hasta que lleguemos a ser realmente eucaristícos en la claves del verdadero sacerdocio de Jesucristo. Tenemos que caminar en esta reflexión de lo nuevo, en tiempos de dolor y oscuridad, pero esperanzados por la gracia y la presencia del Espíritu del Resucitado.

Nosotros, seguiremos encontrándonos para seguir profundizando, al hilo del estudio del evangelio que nos llama a adentrarnos en la sencillez del pesebre, en lo oculto del pueblo en Nazaret, en la bondad de construir la comunidad, en la elaboración de ese pan amasado de vida y evangelio para la mesa en el altar de la naturaleza y la comunión de la humanidad, en el compromiso de estar al lado de los pobres y crucificados de la historia, y que nunca nos falte la luz para poder ver los signos del espíritu del resucitado que actua sin fronteras en cada lugar y en cada tiempo, ahora más que  nunca. “Dichosos los ojos que ven… lo que nosotros hemos podido ver hoy en esta casa y hogar del sacerdote de los Santos de Maimona. El nos preparó orgulloso su mesa, el pan estaba caliente y el vino de la propia tierra, nos alegró el corazón para volver al cenáculo, aunque se cierren los templos. Leonardo es un gran anfitrión y cocinero¡¡¡

Compartimos: Antonio Sáenz Blanco; Leonardo Terrazas Berrocal; Eugenio Campanario Larguero; José Moreno Losada. Sacerdotes diocesanos de Mérida -Badajoz.

Lo santos

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Pentecostés en webinar: Europa y Amazonia.

Webinar en Pentecostés:

Ayer el Espíritu rompió fronteras en un webinar europeo-amazónico.

webinar

Día de alerta:79… Me levanto ilusionado y desayuno con la naturaleza, su vida y su color… me siento parte de ella y quiero amarla y cuidarla, agradecer y cantarla, contemplarla y gozarla, dar y acoger… Lo hago desde una experiencia significativa del Pentecostés 2020. Ayer fue un día del Espíritu en la redes, sentimos la casa común de un modo especial, nos vimos en el camino que viene desde Laudato si y que ahora va por “Querida amazonia”.

El pentecostés 2020 ha estado rodeado de vida y de luz para mí, primero en una vigilia en la noche en la parroquia de Jesús Obrero, cerro de reyes (Badajoz), donde se gritaba desde ese barrio sencillo y obrero que otro mundo es posible. Ayer en las eucaristía celebradas con los mayores y en la parroquia. Pero quiero resaltar un hecho propio del Espíritu en estos momentos: un Webinar, a través de zoom, organizado por la ACO -acción católica obrera de Madrid- en la que intervine junto a Trini Ruíz, Jose Ortiz, Thony Huera y Adela Salas, reflexionando sobre la ecología integral: el amor a la tierra y la humanidad.
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Formamos una comunidad telemática impresionante: personas de Badajoz, Madrid, Zaragoza, Barcelona, Córdoba, Toledo, Huesca… y los de la Amazonia, jóvenes y profesionales de Puyo y Quito… en Ecuador. Todos abiertos al espíritu, a leer este momento del mundo, de la naturaleza, de la humanidad…como grito, llamada y envío. El horizonte uno y único: la casa común. Las claves bien sencillas a la luz del Espíritu: ¿A quién le afectan más los problemas del mundo y la naturaleza?, en la naturaleza todo está interconectado, no es admisible todo lo técnicamente realizable, la economía ha de ser familia o mata, y todos necesitamos de sentido y esperanza, no sirve de nada una tecnología sin trascendencia ni dirección.

Sentimos y descubrimos que el Espíritu está gimiendo en la creación, en la tierra y en la humanidad, y nos llama a creer y colaborar con un planeta esperanzado. El camino es sencillo: encarnación por compasión, compromiso por fraternidad, entrega gratuita por amor, alegría por lo nuevo y lo posible, señales de que mucha gente está abierta al amor y favorecen el parto de la libertad de todo lo creado. El deseo de ser hoy Iglesia encarnada e inculturada, comprometida y arriesgada, descentrada y entregada, esperanzada y evangelizadora con la alegría del espíritu del amor.
sintesis

Y al final el deseo profundo de esperanzarnos y esperanzar, porque ahora es tiempo de gracia y de luz, en medio de la desgracia y de la noche. No podemos tener miedo si El ha resucitado, el crucificado, y hoy sigue enviándonos su Espíritu de vida para no recaer en el temor sino lanzarnos en el amor de lo nuevo y auténtico. Queremos vivir de otra manera: decrecer para crecer, cuidarnos frente al éxito, comunidad frente a soledad de riqueza llena de insatisfacción.

Ayer se abrieron las puertas, hicimos cenáculo universal, entendimos el mismo lenguaje y nos sentimos parte del mismo cuerpo y de la misma casa, siendo diversos y plurales. Ayer vivimos la experiencia de una acción católica conectada -participamos miembros de movimientos especializados en distintos ambientes-  por el mismo espíritu y llamada a ser sal y luz desde lo pequeño y lo insignificante pero amando al mundo entero.
La Amazonía se hizo rostro verdadero en los que participaron desde allá y nosotros sentimos el deseo de aprender con ellos el “Buen vivir” de los pueblos originarios, que pueden sacarnos de nuestros lodos salvajes y desnaturalizados. Buscar juntos el buen vivir el lenguaje del amor que podrá expresarse en la pluralidad de idiomas y culturas, pero con un mismo Espíritu, el que une lo humano y lo divino en el amor total.https://www.facebook.com/1566593959/videos/10222584913602670/
Jesus obrero
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Felicitación y comunión con la comunidad musulmana extremeña

Feliz Eid Al-Fitr

Aprovechamos este tiempo para felicitar a nuestros hermanos musulmanes en el deseo de una fraternidad universal que anime los grandes valores de la paz, la justicia y la hermandad.

Queridos hermanos y hermanas musulmanes de Extremadura:

Hoy es un día de felicidad y regocijo para vuestra comunidad pues hoy es el Id al-Fitr, la fiesta que marca el fin de vuestro mes sagrado del Ramadán, un mes importante para vosotros desde el punto de vista espiritual, familiar y social. Un mes que dedicáis a cultivaros espiritualmente con la oración y la lectura del Corán; a reuniros con la familia y demás seres queridos y a ayudar a los más necesitados. Sin embargo el Ramadán de este año ha sido atípico a consecuencia de la pandemia del Covid 19 pues habéis tenido que celebrarlo en vuestras casas y cerrar vuestras mezquitas para protegeros del contagio. También cristianos y judíos tuvimos que celebrar la semana santa y el pesaj respectivamente de manera privada por la pandemia. Para protegernos del coronavirus no hubo procesiones de semana santa ni actos religiosos en iglesias y sinagogas. Aún así aquellos momentos de confinamiento nos sirvieron para poder rezar, meditar y cultivarnos espiritualmente.

La pandemia del Covid 19 nos ha afectado a todos por igual sin distinción de religiones. Por ello la comunidad cristiana de Mérida-Badajoz desea reiterar su cercanía y solidaridad con las comunidades islámicas de Extremadura por el reciente fallecimiento de Riay Tatary Bakry, presidente de la Comisión Islámica de España y gran referente del Islam y del diálogo interreligioso en nuestro país.
Pese al dolor y al sufrimiento causados por esta pandemia hay lugar para la esperanza y por ello deseamos que nuestros lazos de amistad y fraternidad se hagan más fuertes para así construir un mundo mejor más fraterno, más solidario, más justo, más tolerante y más rico en diversidad cultural y espiritual. Para hacerlo posible puede servirnos de inspiración común a cristianos y musulmanes el documento sobre la fraternidad humana firmado entre el Papa Francisco y el imán de la Universidad Al-Azhar (El Cairo, Egipto) Ahmed Al-Tayyeb en Abu Dhabi en febrero del 2019. Ese documento histórico es esencial para fomentar la fraternidad y la buena convivencia pacífica entre todos los seres humanos sea cual sea su religión. También es un llamamiento a desterrar de nuestro mundo la violencia irracional cometida en nombre de Dios.

Con el deseo y la esperanza mutuos de un mundo más fraterno tras la pandemia del coronavirus, os deseamos en nombre de la comunidad cristiana de Mérida-Badajoz un feliz Eid Al-Fitr.

José Moreno Losada y Alberto Gata Tocón
Delegación diocesana de relaciones ecuménicas e interreligiosas de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

La imagen puede contener: 3 personas, incluido Adel Najjar, personas de pie, cielo y exterior
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De “Laudato si” a “Querida Amazonia”

“Caminos abiertos y cambios necesarios”

 papa libro

El curso pasado acometíamos el trabajo –encargado por PPC- de disponer la encíclica Laudato si con claves y propuestas de trabajo para poder adentrar al pueblo de Dios y gente de buena voluntad en el tesoro de reflexión y profundidad que dicha encíclica presentaba con novedad y necesidad, desde el grito del mundo y de lo humano, en el deseo de una ecología integral. Ahora se cumple el quinto aniversario de dicha encíclica que no ha dejado indiferente a nadie, y nosotros nos vemos envueltos con gozo en el mismo trabajo realizado anteriormente, con el deseo de que no tarde tanto en aparecer, pero respecto al documento sinodal amazónico y la exhortación “Querida Amazonía”. En este trecho consideramos que siguen abriéndose los caminos de profundización y de llamada a la conversión en clave de compromiso y de esperanza para la Iglesia y para la humanidad. A la iglesia le corresponde dejarse interpelar y caminar en la conversión para ser fiel a los cambios que el mundo y el anuncio del evangelio les propone en el hoy de nuestro vivir, en nuestra historia actual. Dentro de estos cambios notamos que en estos cinco años se vienen subrayando y consolidando los siguientes:

  • Pastorales, hasta tener la alegría del Evangelio (EG).

 En primer lugar, se detecta o se plantea que seguimos necesitando en la Iglesia, una conversión pastoral fundamentada en la Evangelii Gaudium. Traducido al roman paladino, la interpelación más directa, es claramente, que dejemos de llorar para tener la Alegría del Evangelio. Esto nos parece sumamente hermoso. Todos nosotros tenemos experiencias personales de qué es y cómo se vive todo lo que la Evangelii Gaudium desarrolla. Nos parece que esta llamada a la conversión, es algo a agradecer pues tener la Alegría verdadera, la del Evangelio es lo más grande con lo que podemos contar en este mundo.

 

  • Ecológico-interculturales, porque todo está interconectado (LS)

 

Este camino, que no es uno sino dos, porque puede ser considerado por un lado la faceta intercultural y por otra la socioambiental, es el más rompedor. Viene a ser el desarrollo y la concreción de lo que se plantea en la Laudato Si. Es una cuestión muy amplia que puede resumirse en cinco claves fundamentales, que vendrían a ser como una síntesis básica de los contenidos de esta encíclica. Algunas de estas claves de interpretación son bien conocidas y compartidas por sectores sociales no necesariamente religiosos, como puedan ser el de los ecologistas o los científicos. Pero tiene un planteamiento mucho más integral porque incluye la dimensión espiritual o trascendente de la personal, Plantea indirectamente que esa dimensión religiosa se considere y respete dentro de una sociedad civil plural. En el libro que hemos escrito con materiales para trabajar esta Encíclica (Ortiz, Moreno, & Ruiz, 2019. Laudato Si. Ed. PPC), indicábamos como claves interpretativas las siguientes:

  • Los problemas ambientales a quien más afectan es a los más pobres o de los países empobrecidos.
  • Todo está interconectado: lo local tiene repercusiones globales
  • La Economía o administración de la Casa Común tiene mucho que ver con la Ecología o estudio de la Casa Común.
  • Nos domina el paradigma tecnocrático
  • La Feliz Sobriedad como meta en la vida.

En esta conversión y en el desarrollo de este punto, apenas se fija el periodismo mediático, pero tiene unas repercusiones vitales muy grandes. Como presentan los tres primeros capítulos de la Exhortación postsinodal Querida Amazonía, están relacionados con este tema,  así como los capítulos III y IV del documento postsinodal ofrecen muchas más claves complementarias para el diagnóstico y la reflexión sobre estas cuestiones.

 

  • Sinodales, que van más allá de lo organizativo (Aepiscopalis Communio).

 La conversión sinodal, organizativa para quienes nos describen desde fuera, especialmente los titulares de los periódicos, es la que parece ser más importante, porque es donde están contemplado los detalles relativos a la ordenación de varones casados o los ministerios femeninos, diaconados, etc.  Sin quitar importancia a estos asuntos, que evidentemente la tienen, hay que tener claro que estos aspectos no son lo más nuclear ni transformador del Sínodo. Las modificaciones estructurales que se plantean en estos apartados tienen que ver con toda parte ejecutiva y de toma de pequeñas y grandes decisiones en la vida cotidiana de la iglesia, de modo colegiado y discernido, sinodal. En este ámbito también hay mucho que aprender por parte de nosotros, el laicado europeo. Los planteamientos de lo colectivo están mucho más inculturados en los pueblos panamazónicos y el individualismo propio de nuestras sociedades occidentales ricas puede ser corregido y superado teniendo como ejemplo muchos de los procesos que se han llevado a cabo en este Sínodo y en la etapa postsinodal que ahora comienza.

Y un sueño

 El Papa Francisco, que vive nuestros clamores sinodales de familia e Iglesia en camino, católica y universal, apostólica, amazónica y romana, ha soñado con nosotros. Y al igual que hacen muchos pueblos amazónicos, donde hay costumbre ancestral de expresar, de verbalizar los sueños, nos ha querido comunicar con toda humildad su mensaje en una hermosa Encíclica, Querida Amazonía. Os invitamos a leerla despacio, a saborearla. Es muy bonita, profunda, teologal.

cardenal-barreto-libro-laudato-siNos interpela y anima a que miremos de otra manera. Tiene el sueño cultural (QA capítulo segundo) de que podamos cambiar el enfoque fijado por la cultura de cada uno, para ver. Y sueña también en que nos abramos a un diagnóstico social tan evidente e inclusivo (QA capítulo primero), que podamos ser capaces de descubrir lugares teológicos, ámbitos espacio-temporales donde Dios se manifiesta, se nos revela a través de los sucedidos y la historia, y desde donde, además, nos convoca, nos llama (QA capítulo tercero). Es el reto de descubrir o abrirse sencillamente a la experiencia de Dios. A una nueva experiencia de Dios. Responder a la llamada y subir. Subir con los otros, los diferentes, lo diferente. Inculturados todos y entre todos, en sinodalidad, y con Francisco.

Ese es el sueño del Papa, un sueño eclesial (QA capítulo cuarto). Conducir(nos) no ya hacia el Sumak Kawsay, el Buen Vivir, sino mucho más allá del sol (LS), hacia Cristo Resucitado, la plenitud más plena, la Eucaristía viva, vivida, vivificante.

Percibir la mano de Dios en todo lo existente, saber que Cristo fue materia, creer que el crucificado es el Resucitado, poder celebrar en cada ahora que la creatura es Creador y no nos abandona, esperar la Pascua Definitiva.

Trini Ruíz, José Ortíz, Jose Moreno.

 

Ante pentecostés: el deseo orante

¿Qué dice el Espíritu a la Iglesia del confinamiento…? Un pentecostés para la confianza y la esperanza en la promesa de un mundo y una humanidad nueva. Enraizados en Cristo, por la fuerza del Espíritu, para vivir una esperanza viva y confortar a nuestros hermanos en toda tribulación.

POR EL ESPÍRITU, PARA SER DE ÉL

Pentecostés

 Dios, en Cristo, nos ha amado primero, dejarse llevar por esa corriente de amor único encierra toda la ley y a todos los profetas, porque el que ama tiene todo cumplido. Y lo sentimos cuando, cada mañana, en el mundo se levantan millones de madres y padres que, ilusionados y esperanzados, movidos por el espíritu del amor, abrazan a sus hijos, los cuidan, los alimentan y los ponen en pie para que crezcan y avancen como personas en medio de la historia. No hay duda de que el amor está siendo más fuerte que la muerte, el bien que el mal, dentro de las dificultades de la historia, que hoy se llama pandemia para nosotros. Saber mirar la historia esperanzadamente, porque creemos que su palabra se cumple, es lo propio de los cristianos, y es lo que el mundo necesita de nosotros. La Iglesia ha de ser fuente en medio de la plaza pública de la historia y del mundo, donde todos los vecinos puedan venir a beber de balde y satisfacer la sed amor y vida que nos habita a todos los que somos imágenes del que sólo es Amor. Así lo relataba en la homilía del pasado domingo mi compañero de la parroquia que ha estado al frente del albergue en Badajoz, donde se han ubicado los sin hogar, cómo agradecían,  y se marchaban llorando, emocionados, porque el confinamiento les había hecho sentir un hogar, un cuidado, amor y escucha gratuita en sus vidas rotas. Lo mejor de lo peor.  En este pentecostés, bebamos en el Espíritu del Resucitado y en las estampas donde se proclaman los sentimientos profundos de una humanidad nueva.

Somos la Iglesia del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo Resucitado. Ahora es el momento de acabar con todos los miedos y los temores para vivir eternamente desde la confianza. Ojalá esta experiencia de debilidad y confinamiento nos lleve a comprender dónde ha de estar nuestra confianza y nuestra esperanza verdadera.  En medio de este mundo, siempre tentado por un poder y una riqueza miedosos y encerrados en su deseo de seguridad, la Iglesia está llamada a abrir todas sus puertas y ventanas para que el Espíritu que ha recibido, se haga extensivo para todo el mundo y toda la creación. Ella no puede ser frontera cerrada para la libertad. Hoy, ha de abrirse al impulso del Espíritu que le dice que ha de ser «Iglesia en misión, en salida, compasiva, generosa, de perdón y sanación, de fuerza para los débiles y denuncia para los injustos y los inmisericordes», para llamarlos a la conversión de corazón. Pentecostés desea manifestarse hoy en todos los que hemos sido bautizados en el Espíritu de libertad, que ha vencido todos los miedos y los temores que hieren el corazón de lo humano. La Eucaristía, la liturgia de hoy, quiere prolongar el único Pentecostés del Resucitado. Por eso, una vez más, nos dará a comer su Cuerpo y su Sangre. Y así, nos da su propio Espíritu: para que no desfallezcamos en la misión y para que nuestra fuerza sea, aún mayor, que toda nuestra cobardía.

Ojalá en nuestro confinamiento hayamos profundizado en qué y en quién ponemos nuestra confianza y nuestra esperanza y nos hayamos convertido con profundidad al Dios de la vida, a nuestro principio y fundamenta. Ayer un feligrés me comentaba cómo había pasado treinta días encerrado en una habitación del hospital, temiendo que lo entubaran, que tuvieran que llevarlo a la UCI, me hablaba del silencio total hecho en su vida y cómo había enraizado en Dios de un modo único. Desde la mayor debilidad y dependencia, en el mayor de desvestimiento posible de lo humano y lo mundano, su relación con Dios y su confianza en él se había renovado de un modo nuevo. Ahora siente el deseo, no sabe cómo, de poder dar testimonio de su vivencia de Dios, porque no se puede imaginar lo que ha de ser pasar por este valle de lágrimas sin tener un fundamento, un absoluto al que referirse, una razón para seguir esperando, un amor para confiar más allá de toda desesperanza y desconfianza. Juan Enrique ya no habla de tener espíritu, sino “ser de Él”. Que el Espíritu venga sobre nosotros, sobre toda la humanidad, para romper todo confinamiento a la gracia y al amor, a la entrega por un mundo lleno de justicia y fraternidad.

Nos unimos para pedir el Espíritu ante Pentecostés, deseando lo que más necesita la humanidad hoy:

Ven Espíritu divino…

 

Volver al templo? mejor a los orígenes de vida y esperanza.

Volvamos a nuestros orígenes de vida y esperanza: “…estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere”  (1 Pe 3,15). Necesitamos la vinculación en Cristo resucitado para poder vivir en la esperanza.

“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros” (Jn 14,18)

orfandad

La mayor orfandad en lo humano es un vivir sin espíritu, deshabitados. Lo sentimos en estos días de duelo y de dolor confinado, de búsqueda en nuestro interior de motivos y razones para la esperanza, para el sentido de lo que nos traemos entre manos, en nuestro pensamiento y en nuestro corazón.  Cristo resucitado no nos abandona, nos concede su espíritu, para que nos sepamos habitados, acompañados y queridos. Él nos invita a la confianza en el Padre y vivir en la calma de los que son amparados por la bondad y la buena noticia de la salvación. En un mundo desesperanzado y desanimado, donde falta el espíritu, Cristo nos siembra para que tocados por su espíritu podamos devolver la esperanza, dar razón de ella a los que más lo necesitan. El camino de la Esperanza pasa por el encuentro de una humanidad que acoge y sana, que vincula e incluye, que reconoce dignidad y sienta a la mesa a todos para compartir el mismo pan. Hemos sido elegidos como misioneros de la esperanza divina y para ello, Cristo Resucitado nos adentra y adopta en su Espíritu.

La orfandad de lo humano nos hace huella y herida en estas circunstancias que avivan nuestro estado de salud integral. Vivimos en un mundo en el que para muchos “Dios ha muerto”. Se trata de un mundo sin referencia a Dios, estamos en una época donde ya no se cuenta con Dios para fundamentar las lecturas que cada cual hace de la realidad, de los valores, de la vida. Dios es el gran ausente en la vida cotidiana, y no solo de los no creyentes, sino también de los creyentes. En cada uno de nosotros parece que, en lugar de vivir el Espíritu del Resucitado, habita el espíritu de la derrota, de la apatía, el conformismo, la desesperanza. “Hay cristianos, dice el Papa Francisco, cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua” (EG 6).

Quizá, como manifiestan algunos autores, estamos bajo el síndrome de María Magdalena. El síndrome de esa mujer que vive llorando, sumida en el dolor y la nostalgia de los recuerdos de un Jesús que ha muerto. Se trata de una mujer que amó mucho a Jesús y que ahora sólo intenta recuperar su cadáver. Lo único que puede hacer es encerrarse en su interior viviendo de los recuerdos pasados, ya que el mundo exterior es cruel, hostil: han matado a Aquél que ella más quería, al Señor. Y ahora nos morimos en la mayor soledad, orfandad total sin despedida aparente, nuevamente el sentimiento de la injusticia del sufrimiento inocente.

Este síndrome sumerge en el miedo ante el mundo, nos lleva a encerrarnos en los ámbitos cálidos de los templos, a vivir sin esperanza alguna, lamentándonos y condenando al mundo. Incluso recurriendo a apocalítpicas sectarias, y persecuciones de ultimidad. Sufrimos vivencias de temor, miedo, pánico, encerramiento, desasosiego, angustia, aflicción, cobardía, desconfianza, alarma… “No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado” (Mc. 16,6)

El miedo nos paraliza y nos impide reconocer al Señor presente entre nosotros. María Magdalena era incapaz de reconocer al Señor muy cercano de ella, estaba vivo; pero era necesario reconocerlo en el jardinero, en el compañero de trabajo, en el pobre que pasa junto a ti, en el anciano, en el joven sin empleo…Se presenta inesperadamente, el Resucitado viene a visitarnos (tal vez en el rostro de un desconocido o de alguien que está caminando hace mucho tiempo con nosotros). Será Él quien a través de esa presencia escondida venga a curar nuestras ansias y temores y traiga paz a nuestro corazón dividido: “¡No temáis” (Mt.28,10)!

 En estos momentos históricos y de trascendencia, no hay que buscar como María Magdalena a un cadáver, hay que buscar al Dios vivo entre nosotros, buscar a Dios con todo el corazón: “Me buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón” (Jer.29,13). Dios en Jesús Resucitado ha salido a nuestro encuentro, está entre nosotros, y ahora somos nosotros los que hemos de encontrarlo, verlo, tocarlo, escucharlo. “Hoy, en este “id” de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia y todos estamos llamados a esta nueva “salida” misionera” (EG 20).

  Tenemos una razón para la esperanza, un porqué para vivir: Cristo ha resucitado. Está en el camino de la vida, de lo diario, de lo sencillo. Se trata de adentrarnos en lo de cada día con el espíritu del resucitado, mirando lo que hay de amor y de entrega, todos los signos que provocan en nosotros razones para seguir viviendo y amando. La condición para el encuentro es salir y buscar, dejarse llevar por la sed de lo auténtico y no darse por vencido ni encerrarse en la oscuridad de uno mismo o del mundo. El oficio del creyente, del seguidor de Jesús, es rastrear su huella resucitada en medio del mundo y una vez encontrada señalarla con gritos de esperanza para que otros muchos puedan abrazarse y vincularse a ese hombre nuevo que es Cristo Resucitado. Hoy nos toca en medio del mundo, con todos los hombres, dar razón de nuestra esperanza y hacerlo desde el crucificado, en medio del duelo nos está dando señales claras de que está presente con su espíritu de humano resucitado. Que puede estar resucitando una humanidad nueva en las cosas más diarias y más sentidas de este dolor y este confinamiento.

Volvamos a nuestros orígenes de vida y esperanza: “…estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere”  (1 Pe 3,15)

Vinculados en Cristo, camino, verdad y vida

¿ El camino? Andamos desorientados… ¿La verdad? Estamos confundidos…¿La vida? Nos sentimos amenazados, tenemos miedo…  Necesitamos encontrar el norte, el sentido, la razón profunda para vivir. En medio de esta noche, nos alienta la sed y nos puede calmar tu Palabra de vida y resurrección. La comunión contigo que nos acoges, nos autentificas y nos das tu amor vivo y entregado para que tengamos vida en abundancia y sintamos que nada nos puede separar de tus manos y tu corazón traspasados por la misericordia.

Jesús, camino, verdad y vida

camiino

Nuestra vida es relación, no podemos vivir sin el mundo, sin los otros y necesitamos la profundidad del absoluto que siempre permanece en nosotros como interrogante y sed permanente. Necesitamos camino para el encuentro, verdad para caminar y vida para compartir. Pero nosotros no somos el camino, la verdad y la vida, por eso lo buscamos insistentemente de un modo y otro. Cristo resucitado se hace camino en su humanidad, verdad en su relación y vida en su vinculación con la creación, con la humanidad y con cada persona que se abre a su Espíritu en el encuentro. En estos momentos de dolor humano, de desorientación generalizada, de vida amenazada, nosotros podemos ofrecer con humildad la clave de sentido que nos llega en este evangelio de resurrección. Resuena dentro de nuestra debilidad y pobreza la llamada a sembrar la esperanza de la resurrección:“Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15). 

Cristo Resucitado, en el evangelio dominical, se nos ofrece como un camino realizado en la presencia del Padre, que conduce a plenitud por veredas de obediencia, amor entregado, vida donada. Nos presenta la verdad vivida como coherencia en la humildad de fiarse del único fundamento vital que ha sido la voluntad de su Padre, como fuente amor y de gracia. Él ha vivido vinculado al Padre, no ha hecho nada sin Él. Y nos habla, con su existencia, de una vida sencilla, vinculada con toda criatura, que se recibe como don y se agradece entregándola, porque así se hace eterna en el corazón de lo divino.

 Quien se encuentra con el Resucitado no puede ocultarlo. Quien experimenta en su vida a Jesús “vivo”, siente la necesidad de darlo a conocer, de interconectarse, vincularse de corazón y de vida para hacer caminos juntos y juntos buscar la verdad, no la de cada uno, de su ideología, sino la de la verdadera humanidad que se nos ha revelado en el amor entregado, en el pan partido.

El hombre, vinculado a los sentimientos de Cristo, el que ha convivido con él, contagia lo que vive. Se convierte en testigo. Esa fue la experiencia de los discípulos de Emaús, que contaron “lo que les había acontecido en el camino y cómo lo había reconocido al partir el pan” (Lc 24, 35) o de Magdalena que fue corriendo donde los demás discípulos para decirles: “he visto al Señor” (Jn 20, 18).

 Encontrarse con Cristo resucitado, es descubrirse uno a sí mismo en la verdad y en el amor, entender que la pequeñez de lo diario está ya en el camino de lo eterno, y que el que ha encontrado la vida, ya nada ni nadie nunca se lo podrá quitar. Nos hemos encontrado con Cristo y ya vamos caminando con él hasta el Padre, guiados y animados por su Espíritu. Ahora en este tiempo de crisis y de angustia, de necesidad de salvación, de salud integral, es necesario nuestro encuentro profundo con Cristo, nuestra convivencia diaria con él. Ahora es momento de vivir nuestra misión sin ambigüedades, en comunión verdadera con lo humano.

 En esta sociedad de la comunicación, en este momento de confusión y confinamiento, en esta pandemia tan simbólica del hombre y del mundo, no se necesitan más palabras y discursos. Se necesitan testigos de la vida, de la esperanza y del amor.  Pasar del contacto a la verdadera vinculación. No basta estar contactados, hace falta darnos cuenta de que estamos interconectados y que la vida está en la vinculación profunda de pertenencia mutua y de cuidado universal. Sólo hay un camino, una verdad, una vida… interconectada y vinculada. La hemos de buscar y encontrar juntos, nadie la posee ni la domina, es de todos y todos la necesitamos.

La alegría esperanzada, que experimentamos en el encuentro con el Resucitado, es una alegría misionera, que nos lleva a entrar “en la dinámica del éxodo y del don, de salir de sí, del caminar y sembrar” (EG, 21). Es necesario salir al encuentro, buscar a los lejanos, llegar hasta los cruces de los caminos para invitar a los excluidos de nuestra sociedad y sembrar semillas de vida y resurrección. Una siembra que hemos de hacer gratuitamente: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis” (Mt 10, 8). Vinculación total desde una presencia evangélica en nuestros pueblos y barrios para revelar que el Señor está entre nosotros, que habla, que ama y que camina con nosotros. El evangelio nos muestra hoy una interpelación, al llamarnos para ser testigos del camino, de la verdad, de la vida que se nos ha dado en el crucificado que ha resucitado, venciendo toda pandemia de dolor y sufrimiento físico y moral en el mundo. Ahora es el tiempo propicio para ser testigos de que el crucificado ha resucitado y vive para siempre. Lo hemos encontrado y sabemos que pertenece a toda realidad humana y natural. Él es nuestra esperanza y la humanidad lo busca y lo necesita.

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Pastores de lo humano y de lo común -del nosotros-

La humanidad necesita pastores de lo sencillo y de la entrega. En esta situación se nos está revelando que es lo esencial e importante, lo necesario. Hoy como nunca se nos desvela que no hay otro camino que el “nosotros”, fundado en la armonía del amor creador y creativo, lleno de ternura. Lo que se centra en el “ego”, personal o patriótico, en poder y en riqueza, lleva a la muerte y la destrucción. ¿Dónde están y quienes son los pastores de la humanidad que conducen al nosotros de una ecología integral, de una armonía total y global?

Habrá un solo rebaño y un solo pastor…

“Os daré pastores según mi corazón”

Pastor

La realidad nos ha hecho evidente la verdad del amor y del acompañamiento. El descubrimiento del nosotros se hace a marchas forzadas, ha sido el mal que desvela nuestra vulnerabilidad quien nos ha despertado a la comunión, a la red de lo humano, a la necesidad del otro, a la construcción del nosotros, sin el cual no hay salvación. ¿Pero dónde está el fundamento que lo sostiene, la verdad que lo ilumina, el amor que lo dinamiza?

Nosotros creemos en el amor fundante y primero, que dio vida y razón a toda la creación, lo hico como un todo para la armonía. Ahí está el paraíso en la paz, serenidad y alegría de la armonía. La naturaleza, el hombre y Dios, con una corriente de donación y voluntad sin medida. Lo hizo de la nada y porque su amor lo conducía. Cuando la realidad se abre al amor de la armonía en lo comunitarios, entonces, se despliega la vida sin límites, amanece la justicia y nos alimenta lo digno y lo bello. Cuando la corriente de donación y de amor, se rompe por la separación de un ego idolatrado llega la desgracia, la mentira, la injusticia y la muerte. Es entonces cuando queremos volver a la fuente, a por el agua de la vida, a por los pastos que nos reúnen de nuevo en el verdadero rebaño de una humanidad que se hace nueva y vuelve por los caminos de la reconciliación y de la verdadera fraternidad.

Hoy necesitamos volver a esa corriente de la armonía, de la ecología integral, del nosotros universal y amado, del rebaño reunido y sanada. Necesitamos un pastor que nos de la vida, que nos alimente, sane, anime, conduzca, pastor de lo natural, lo humano y con amor divino. Y nosotros lo hemos encontrado en Jesucristo, en su humanidad, en su cuerpo entregado, en su agua llena de vida que quita la sed para siempre, en su evangelio lleno de alegría para la historia. Hoy toca contemplarlo y seguirlo.

Past

Da la vida por sus ovejas, no hay otro Dios más cercano. En la persona de Jesús hemos descubierto la ternura y la vinculación extrema en el amor, Él es el buen pastor. No hay nada en nosotros que le sea ajeno o indiferente, vive por nosotros y para nosotros. Resucitado está entre nosotros y lo hace como el que sirve, para que tengamos vida abundante.

 La aventura digna para nosotros es estar en su rebaño, seguirle, comer sus pastos, descansar en su redil y entrar y salir por El, que es la única puerta válida. La puerta de la verdadera comunidad que genera salvación e integra a todos para que nadie se pierda.

 El amor integra y cura, el buen pastor genera una red de encuentros y vida entre nosotros, vínculos sagrados y eternos. Abrir nuestros corazones a su voz es romper límites y hacerse universales, sobrepasar el individualismo con la fuerza de la generosidad y de la comunión.

Un solo rebaño porque uno sólo es el pastor, una sola es la vida que se nos da gratuita y que pertenece a todos. Cómo no bendecir hoy a ese buen pastor por toda la humanidad que, en esta briega de noche pandémica, conducidos por los silbos amorosos de este Cristo, se han hecho pan de vida, agua sanadora, luz y consuelo de los sufrientes. Dios, en Jesús, sigue dando pastores de humanidad a la tierra y a la calle, al campo y a la ciudad, los hay en todas partes, allí donde una persona cualquiera, en lo más anónimo y oculto, hace un gesto de entrega y de construcción del nosotros más allá de su propio interés y propio ego, allí está el buen pastor.

Entra y quédate con nosotros…

La noche está servida y Él está a la puerta…

Él, resucitado, sueña despierto con su cuerpo la Iglesia, con su familia comunitaria, y hacer soñar al anciano papa Francisco para que le ayude a llamar a nuestras puertas, nos trae un espíritu que ilusiona y envía. Trae alas de altura y libertad, de vida nueva, para un confinamiento de salvación.
casas

Las casas habitadas, las ventanas abiertas, los balcones llenos de aplausos, pero todos confinados… y hay alguien que se para en la puerta y llama, que desea estar con nosotros porque la tarde está avanzada y la noche la tenemos encima. Solo entrará si nosotros le abrimos las puertas de nuestra vida para que nos habite con su presencia iluminadora y transformadora. Él sabe de crisis y oscuridad, de miedos y debilidades, de abandono y soledad, de muerte sin razones, pero sobre todo sabe de vida nueva, de nacer desde lo alto, de vencer la muerte con amor. Y quiere entrar en el corazón de su propia iglesia, de su comunidad, del verdadero templo, de cada cristiano, porque estos son momentos para salir, para convertirnos y reconciliarnos con la vida, con la luz, con el verdadero camino, bebiendo en la mejor fuente, donde nace el agua que salta hasta la vida eterna.

emaus

Él, resucitado, sueña despierto con su cuerpo la Iglesia, con su familia comunitaria, y hacer soñar al anciano papa Francisco para que le ayude a llamar a nuestras puertas, nos trae un espíritu que ilusiona y envía. Trae alas de altura y libertad, de vida nueva, para un confinamiento de salvación. No quiere que estemos tristes y ofrece la alegría del evangelio, no quiere que sigamos gritando en la queja desalentadora, sino que entremos en la alabanza, no nos quiere perdidos y nos presenta la alegría del amor, quiere reconciliarnos con la naturaleza para que podamos llamar querida a la que había sido abandona y esquilmada.  Quiere que nuestro gozo sea tal que no podamos estar quietos y necesitemos llevarlo a toda la humanidad y a toda la creación. Nos quiere ilusionados y enviados.

papa

Ilusión y misión, dos claves fundamentales para una iglesia evangelizadora que quiere llegar a los hombres con la verdad de la salvación. El camino se hace largo, a veces duro y cuesta mantener los ojos abiertos e ilusionados para una lectura creyente del cansancio y del fracaso histórico, para este momento de pandemia e incertidumbre. Los creyentes se desilusionan, se acomodan, se aburguesan… y volvemos tristes y cansados, hemos de refugiarnos vencidos por la pequeñez de nuestra propia debilidad y pobreza, por nuestra ignorancia. La acedia se impone sobre nuestros corazones. Y ahí vuelve a ponerse a nuestro lado el espíritu anónimo de Jesús, para compartir nuestro camino, para hacer confinamiento con nosotros, para tocar el corazón, para encenderlo y volver a ilusionarnos con su Espíritu resucitado.

cristo

 La iglesia, cada uno de nosotros, hoy ha de pararse, entrar dentro de nosotros mismos,  hablar con Él, desahogarse con El, invitarlo a nuestra pequeña casa oscura, entrar en el atardecer en su intimidad, y permitirle que meta fuego a nuestro corazón, para que se ilumine la noche y podamos volver a la comunidad y a la calle de la vida ilusionados y con el deseo de despertar a otros muchos que también caminan con tristeza desilusionada, a aquellos que esperan un compañero de camino que les encienda con amor y fe sus corazones. Tú y yo podemos ser los discípulos de Emaús, de ida y de vuelta. Aprovechemos que estamos en casa para interiorizar y acogerle para comer el pan de la vida y sentir cómo nos envía de nuevo, con nuevo amor para darnos y saltar de gozo y alegría en la comunidad de lo humano y de lo natural, con el disfrute del evangelio que se hace realidad en la vida.

Ahora es el momento, la noche está servida y Él está a la puerta.

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La teología evitada ante la pandemia

Si se calla el cantor muere la vida…

(Lo teológico silenciado ante esta pandemia)

En estos días recibo manifiestos calientes, defensores de los sacerdotes, de la iglesia, de los cultos y ritos… como perseguidos y la verdad que siento cierta molestia. No comparto ni el contenido, ni el modo de hacerlo, ni la forma sentiente con la que se expresan frente a algo o alguien. No me siento perseguido, ni obstaculizado, entiendo que puede haber singularidades que sí lo estén sintiendo y lo expresen, pero no creo que sea generalizado. La Iglesia se está moviendo en libertad como siempre para actuar con los más pobres, para rezar y comunicarse, etc. Incluso para andar con las custodias por donde a cada uno le parece, ya lo vemos hasta en las portadas.

Nunca me habían llegado más reflexiones, vídeos, etc… que en estos días con claves religiosas, orantes, reflexivas de orden interior, personal y comunitario. Vamos que aquí no hay ya quien le ponga puertas al campo, gracias a Dios. Y bastante está costando ponerle puertas al virus, en este mundo globalizado, donde todos nos hemos especializado poco a poco, incluso los virus. Ya leía esta mañana incluso que alguno decía que debíamos bajar el tono endiosado que le damos a la naturaleza que es capaz de crear este mal del que tenemos que defendernos a toda prisa y a todo coste. Y al hilo de esta anécdota que no es pura curiosidad, sí me gustaría plantear una cuestión que si me parece de idiosincrasia española y que no ha comenzado ahora, sino que viene de atrás, quizá porque nuestros padres comieron agraces y nosotros sufrimos la dentera, como decía la tesis tradicional de retribución bíblica.  Me refiero al tema de la reflexión teológica en los medios de comunicación social, públicos y privados, será por nuestro pasado y aquellos que comieron agraces en el otro siglo.

Mientras que Alemania e Inglaterra en la prensa y en los medios de comunicación aparecen en las tribunas las mejores reflexiones filosóficas y teológicas en torno a la cuestión del sentido, de Dios, de la esperanza, de la muerte, de la naturaleza, lo humano y lo divino en torno a esta pandemia, aquí se silencia y se retira. Se admiten reflexiones psicológicas, sociológicas, se abren espacios sin fin para políticos que nos hacen proclamas cuasi proféticas, y alabanzas casi culticas y repetidas como mantras de nuestra bondad y educación cuidada a la hora de los telediarios, como si estuviera estudiado el tratamiento que necesitamos como masas para autoestimarnos en el encierro.

Entiendo que bien informados y asesorados por los gurús de la  postmodernidad y los expertos de lo cibersocial. En esto he notado que hasta casi encauzan y animan los aplausos, es en lo que más fuerza están gastando de cara a la ciudadanía, se trata como de un rito religioso diario y lo alzan al grado de casi obligatorio, poniendo como razón las víctimas que se consagran ante la comunidad y se juegan el tipo ante la sacralidad del gobierno y del estado. Los sacerdotes oficiales también están institucionalizados, basta oír las sirenas oficiales y la distribución de todas ellas en todas las ciudades, algo menos en los barrios empobrecidos quizá porque allí no hay balcones, ni terrazas. Y no piensen que soy detractor, que cumplo y muy bien con el ritual, hasta me atrevo a ser quien pongo música en mi balcón para los vecinos, con canciones que considero que tienen algo de mensaje, sin desechar el himno nacional del resistiré en muchas de sus versiones, que ya me suena a padrenuestro.

Reconozco que esto lo puedo decir por lo que sigo en los medios y escucho como reflexiones, así como por experiencia personal. Suelo participar en los medios y escribir en ellos, con buena acogida y buena atención de los periodistas, de los profesionales, pero siempre considero que estamos vigilados –así me siento-  en lo que se refiere a la reflexión explicita sobre lo teológico y lo evangélico, como sospecha y cuidado de que eso puede dañar la libertad del medio de comunicación, su pluralidad, su apertura, su neutralidad, etc… cuando lo que escribo lo firmo yo y lo entrego para consideración pública que puede recibir la respuesta que cualquiera considera razonable. Me suelen mandar a la sacristía como lugar propio.

Es una pobreza que en este país donde resulta que ocho millones de personas semanalmente suelen ir a la eucaristía, escuchan el evangelio, la reflexión oportuna, amén del sentido de comunidad y de deseo de construir un nuevo mundo, un nuevo modo de vivir. Donde un tanto por ciento muy elevado se considera religioso, sin embargo, no esté en lo público la reflexión cristiana de orden filosófico y teológico, que seguro que le interesa a muchísima gente. Sé que hay espacios propios en periódicos y revistas especializadas en ello –que yo utilizo a nivel más profesional y cualificado-, pero eso no justifica que haya sospecha y tanto cuidado en publicar lo que tiene tinte cristiano y teológico pero que plantea cuestiones vitales de lo que está sucediendo hoy. En este sentido envidio países como los que aludía antes, que tienen esa madurez del saber ecuménico y de entender que valen todas las reflexiones que aborden el verdadero sentir humano y que se planteen las cuestiones trascendentales de la vida, de la humanidad, de la naturaleza, del sentido y de la esperanza, porque en ello va el valor de lo humano. Y no creo que haya persecución o rechazo, sino un raro respeto que silencia y acalla el valor de lo teológico, porque puede molestar a algunos, aunque podría ayudar a muchos. Me atrevo a escribirlo porque en estos días muchos me preguntan el por qué no escribo en torno a este tema de la pandemia.

José Moreno Losada.

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