Luis, un buen pastor

“Desde la dehesa extremeña”

(IV DOMINGO DE PASCUA: EL BUEN PASTOR)

Luis y paridaEl Domingo de Resurrección,  tras la Eucaristía con los mayores, fui a compartir la mesa con un grupo de amigos en un campo de Manchita, población pequeña extremeña. En el camino  voy recordando una anécdota y me rio solo,  mirando la bella dehesa de nuestros campos tocados por la luz de la primavera que se hace flor en la jara y olor en su resina sanante que llega hasta mí. La anécdota me acababa de ocurrir en la Eucaristía en la Residencia de los Mayores, que hablando  de Cristo resucitado y su Espíritu en nosotros y de cómo nos inspiraba deseos de ser como El, les invité a presentar sus deseos en la oración de los fieles ante el Cristo  y algunos oraron mostrando sus inquietudes de imitación de Cristo, pero uno de ellos – el más grande y fuerte de cuerpo, a la vez que el más niño-  espetó que además de ser como Cristo, él quería ser  como yo, un cura que les traía alegría… Ni que decir tiene que tuve que arreglarlo enseguida pidiendo yo que Jesús me ayudara a ser realmente mejor y alegre, como Meneses había dicho. Lo traigo a colación porque pocas horas después, yo oraba en mi interior, mirando a Cristo resucitado, que quería ser como Luis, para ser un buen pastor. Estuve hablando en algunos momentos de la jornada con él, al final de la tarde cuando ya iba de recogida con su rebaño, antes de entrarlo en su enramada para el refugio de la noche, le dije que a ver si me pillaba un borreguillo para echarme una fotografía con él al cuello, con el deseo de emular al Papa Francisco en uno de sus gestos graciosos y simbólicos. yo con borregoA él le extrañó y Trini le hizo la explicación de lo que había hecho el papa, de lo que significaba desde el evangelio y la vida, la parábola del buen pastor, lo de oler a oveja, etc.  El lo comprendió perfectamente y se sonrió agradecido. La foto, gracias a él pude hacerla, sin él hubiera sido más difícil, porque las ovejas se fían del buen pastor pero no de un extraño e intruso, como en ese momento era yo.

He coincidido con Luis en dos o tres ocasiones y en todas ellas las referencias han sido las mismas, tanto por los lo que lo rodean que lo tienen como un hombre de confianza total, de una fidelidad a prueba de bomba, así como por las conversaciones y el contenido de las mismas  que marcan su sensibilidad por lo que hace y vive.  borregos de luisDe unas y otras se obtiene enseguida una conclusión: su quehacer de pastor, no es un simple oficio, es un saber incorporado desde la vida y el ser, una profesión.  Vamos que no hay duda que es real la distinción que hacía Jesús entre el buen pastor, el pastor auténtico, y el asalariado. Imagino que Jesús en su vida de Nazaret seguro que tuvo que conocer un pastor vecino como Luis el de la finca de la “monea” que inspiró sus imágenes de Dios y su identidad en su relación con la humanidad.

En la conversación con Luis uno percibe enseguida que él no es como el asalariado que abandona a las ovejas o las deja al peligro de los que la atacan, me contaba como era su horario y lo hacía en referencia a las necesidades de las ovejas conciliando con las suyas de un modo casi perfecto, su dedicación es vital  y eso le produce orgullo. Las saca cada mañana y cada tarde con cuidado para que no les falte el alimento a sus horas y con sus  cuidados, por la mañana saca a las madres en solitario para que los borregos las dejen comer tranquilas, por las tardes las une con ellos para que mamen y coman juntos. Sabe de sus debilidades y enfermedades, por eso me dice Trini que es envidiable como pastor, porque las ovejas son sanísimas, con sus cuidados preventivos y atenciones. ovejas de luisAdemás sabe y conoce cada una de las cuatrocientas, él cuida de las que van quedando para madres, de los carneros, así como de su fecundación afirmando que no es partidario de las esponjas porque cuidando el modo natural se puede obtener los mismos resultados y a él le va muy bien con sus criterios. Las organiza y las ordena con la ayuda de unos perros que son como sus manos que al hilo de un pequeño silbido se entregan a la causa para facilitar la labor y que son guardianes fieles cuando él se ausenta, pero sin  nunca hacer daño a las ovejas. Conoce los mejores pastos y cultiva los mejores alimentos para ellas, lo que les da calidad de origen. Le da pena cuando los borregos con sus dos o tres meses tienen que ser embarcados para llegar a la mesa como producto extraordinario de la dehesa extremeña, pero sabe que esa es la filosofía  y la razón del rebaño en esa tierra, y busca cumplir con las parámetros que les exigen para entrar en los cánones del mejor producto para el mercado en las cooperativas cercanas. Observo cómo se pone en la puerta del redil y las va mirando una a una, seguro que si nota la ausencia de alguna se irá a la búsqueda para traerla al rebaño. Los dueños de la finca lo tienen  claro, las ovejas pueden estar y tienen que estar porque existe Luis, porque han encontrado un buen pastor. No sólo lo han encontrado sino que han crecido juntos, porque oveja maternalLuis es hijo de quien siempre fue pastor en esa tierra y le transmitió no sólo el hacer sino el sentir que es propio de un pastor excelente, donde se confirma que para ser pastor no vale cualquiera.

Por eso yo en mi interior siento la alegría de conocer un pastor como los que conoció Jesús en su tierra de Nazaret, y deseo ser en la vida como  es Luis, del mismo modo que Jesús deseó ser en la humanidad como alguno de sus vecinos que sería un pastor del mismo calado que lo es este pastor de la Manchita.

José Moreno Losada

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Aleluyas de hoy…

EL VIENE A NUESTRO ENCUENTRO

 El encuentro con el resucitado es de pura gracia:

El viene a donde no queríamos ir, a nuestro dolor personal, a los rechazos comunitarios, a la impiedad ante lo divino.

El viene a nuestro interior y vive abrazándonos en un “amor propio” que se hace auténtico y rompe con todo egoísmo e individualismo, salvándonos de la indiferencia y llevándonos a lo más auténtico y original de nosotros mismos. Allí donde somos dueños de nuestro ser y por eso nos damos sin ningún límite ni miedo a los que, por la gracia, gratuitamente queremos querer.

El viene en las relaciones de apuesta mutua, de aceptación incluyente y universal. Vive en todos los espacios en los que la palabra justicia y dignidad se hacen bandera indiscutible, y se rompen lanzas a favor de los desarmados de la historia frente a los desalmados que no dejan de armarse de poder sin autoridad.

El viene y vive en la imagen de un Dios que sana, consuela, acompaña, alegra, serena y pacifica a la humanidad. Un Dios que se la lleva al desierto de lo íntimo, de un modo seductor, para enamorarse del silencio profundo y la entrega gratuita de los que se aman en una mística que no tiene vuelta atrás, porque contemplan la gloria del crucificado que ha resucitado y no pueden no enamorarse de El y no seguirlo por el camino de los mismos sentimientos.

AHORA ES EL TIEMPO DEL ALELUYA

Cristo y mártiresY porque El viene y vive en nosotros, porque no está en la muerte y vive para siempre, ahora es el tiempo de la alegría, del aleluya imparable de una cruz exaltada y gloriosa por el amor absoluto del Dios que solo es ternura y compasión. Ahora sólo puede haber, queremos que solo haya, ALELUYA y vamos a buscarlos y a gritarlos:

Aleluya de Cristo resucitado en cada nueva criatura que nace y viene al mundo. En cada una de ellas se renueva constantemente la confianza y la esperanza de Dios en la humanidad. Así en cada inocencia de niño el hombre se hace nuevo y el corazón se pone a punto en todos los que lo saben contemplar.

Aleluya en cada político que, frente a la corrupción, ama la realidad a la que sirve y gestiona la justicia de lo común y lo público desde la clave de la dignidad y la igualdad del cada ser humano.

Aleluya del resucitado en cada ser humano que rompe lanzas de generosidad y compromiso a favor de los pobres, hambrientos, sedientos, desnudos, sufrientes, excluidos, rotos, heridos, marginados, solos, enfermos, presos, desahuciados de la historia, haciéndose valedores de aquellos que no los tienen, sabiendo que en su necesidad tocan la gloria de Dios y resucitan con ellos.

Aleluya en cada madre y padre que cada mañana se levantan con la misión clara e inequívoca de hacer sentir a sus hijos que son amados y únicos para ellos, en una generosidad sin precedentes por pura gratuidad sagrada. Y en los hijos que saben hacer a los padres y madres ancianos la fuente de su ternura y su amor cuidadoso para el dependiente, como elección esperanzada y gloriosa en los últimos años de sus vidas, sabiendo que este es el mejor método que tenemos para que se perdonen nuestros pecados.

Aleluya en cada trabajador y empresario que, a una, levantan la ciudad en medio del desierto de esta crisis, y saben que ellos –cada uno para el otro- valen más que todo el oro del mundo. Todos lo que son creen, a pies juntos, que sólo la persona debe estar en el centro de la vida y de la sociedad, frente al puro mercado, que no debe ser otra cosa que servicio para lo humano.

Aleluya por cada ciudadano justo y comprometido, activo y participativo, que sabe de su ética en lo común, el que con su profesión y su quehacer personal y comunitario aporta lo bueno que el mundo necesita de su sudor y acción para que la vida de todos sea digna y tenga sentido.

Aleluya por las religiones y el sentido profundo, que aportan y avanzan en el deseo de una trascendencia amorosa en el corazón de los seres humanos. Las que aportan el sentido del perdón, la compasión y la libertad, en la esperanza de un mundo fraterno y resucitado. Testificando que el hombre nuevo y otro mundo fraterno es posible.

Aleluya por nuestra Iglesia que se purifica y se renueva en esta Pascua, y todos nosotros en su corazón viviente con el Resucitado, para ser fiel a los sentimientos de Cristo. Una Iglesia que sueña y desea ser encarnada, viva, apasionada, entregada y liberadora, prolongación del amor del Verbo encarnado que fue crucificado, muerte y sepultado, resucitando al tercer día según la Escrituras, y que ahora vive y está presente en el corazón de la humanidad, actuando por su Espíritu para llevarnos al corazón del Padre, donde nos adentraremos definitivamente en su amor absoluto y resucitada, en el gozo de la vida común y eterna.

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Andando por el camino

camino primaveralUn corazón que arde

(III Domingo de Pascua)

Había venido a pegar fuego a la tierra y ardía en deseos de que así ocurriera. El amor del Padre quemaba en su corazón y desde ahí se encarnó, se hizo uno de tantos, llegó incluso a la muerte y una muerte de cruz, y ahora resucitado es luz de la mañana que rompe como la aurora en toda noche deseperanzada, ante todos los crucificados de la historia.

jaraLa humanidad sumergida en dolor de la crisis necesita hoy como nunca que el fuego de la vida, de la verdad y la justicia arda como antorcha en la mañana. Necesitamos la luz del resucitado para que alumbre todas nuestras angustias, tristezas, fracasos, desesperanzas…Necesitamos una Iglesia que nos traiga la palabra del maestro al corazón y que nos haga arder en la ilusión de que otro mundo es posible, de que se puede vivir más con menos, de que el pan partido se multiplica, que el camino tiene vuelta de gloria y esperanza. No hay dolor ni pena que no hayan sido tocados por la cruz de Cristo y que no tenga una palabra de aliento en el fondo que anuncie la resurrección, su transformación en salud y alegría.

Evangelizar es hacer que la palabra de la Vida llegue a la vera del camino y buscando compañía se haga necesaria para los caminantes que necesitan ser esperanzados e ilusionados. Nosotros somos los discípulos de Emaús del siglo XXI, lo hemos encontrado en el camino de nuestra historia y hemos sido elegidos para llevar el grito de su resurrección, su calor de vida, a todos los hermanos que sienten el frio de la soledad y el fracaso. Ojalá sepamos hacer arder nuestra tierra.

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A su manera… la fe de los niños

Credo infantil

RENUNCIAR Y CREER…a su manera

La experiencia de trabajar apostólicamente con edades y procesos de fe diferentes está siendo un tesoro, me trae y me lleva de acá para allá, pero me enriquece y me abre a la trascendencia de un modo inabarcable. Antes de ayer en la celebración bautismal con los niños de la primera comunión, ayer en el aula magna de la politécnica en Madrid en la exposición oral de un trabajo fin de carrera sobre un proyecto de cooperación y desarrollo, hoy será la reunión de vida ascendente en la residencia de mayores, además de encuentro de todos los implicados en los grupos de la parroquia y reunión con el equipo diocesano de la JEC. Es impresionante las posibilidades del camino con los otros en el quehacer de la evangelización y del ministerio, es una gracia.
Hoy quiero hablar y compartir desde la celebración del bautismo con los niños en edad catequética que tuvimos hace dos días. Tras prepararla en varias sesiones de catequesis, llegamos al evento celebrativo. Adrian, Pilar y Gisela se bautizaban, sus compañeros renovaban su bautismo, todo en una celebración festiva con sus familias. Les brillaban los ojos a todos de alegría y comunión, el corazón de los tres bautizandos les latía con más fuerza, se emocionaron al recibir el agua sobre sus cabezas y yo sentí su emoción como propia. Fue una celebración larga pero intensa, participada y viva. La preparación estuvo centrada en la clave bautismal de morir y resucitar con Cristo, morir a los que nos hace daño, renunciar a todo lo que está contra nosotros y contra los demás. Lo elaboraron escribiendo sobre cruces de papel sus propias renuncias. Después sobre un dibujo de cirio encendido y luminoso escribieron sus credos personales, aquello de Dios y de la Iglesia que más le gustaba. Las síntesis de sus renuncias y credos nos ayudaron a centrar la celebración con algo suyo, y así quedó el relato de esos dos momentos de renuncia y fe de esta comunidad catecumenal infantil –gracias al gran trabajo de las catequistas- de la parroquia de Guadalupe en Badajoz:

RENUNCIAR:

Nosotros, los niños, ahora que ya hemos crecido y que ya sabemos hablar, pensar, querer, trabajar, ayudar, jugar… Renunciamos a ser egoístas, a creernos siempre los mejores, a querer tener la razón en todo, a ser cabezotas y tramposos

También renunciamos a decir mentiras y palabrotas, a insultar y pelearnos con los demás, a ser desobedientes y portarnos mal en casa y en el colegio y a todo lo que pueda romper nuestra amistad con Jesús

CREER

Los niños creemos que Dios es nuestro Padre
y el de todos los hombres:
nos quiere, nos da la vida y nos perdona,
Creemos en Dios porque lo puede todo y hace cosas buenas por nosotros.

Los niños creemos que Jesús es nuestro hermano.
Creemos en Jesús porque es amable y un buen amigo nuestro.
Creemos que nació de la Virgen María.
Se sacrificó y murió por nosotros
Y resucitó para salvarnos porque nos ama:
El nos enseñó a amar.

Los niños creemos que el Espíritu Santo nos ayuda a hacer cosas buenas,
Nos da la fe, nos da fuerza y nos anima.
Nos da voluntad y valentía.

Creemos que la Iglesia
es la gran familia
de todos los cristianos
Porque al recibir el bautismo nos hemos hecho hijos de Dios Padre y hermanos de Jesús.
Es el mejor sitio para conocer a Jesús y comunicarnos con El:
Allí están Jesús y su Madre, María.

Creemos que los abuelos y familiares que ya murieron
están en el cielo
y que resucitaron
Y que nosotros también resucitaremos.
Y nos encontraremos con ellos en una vida más alegre que ésta.

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“Mete tus dedos en mis clavos”

SEÑALES DEL RESUCITADO

Cristo y mártires“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado” (LC, 24,5)

El grito no tiene doblez, la negación y la afirmación son rotundas y claras: “no está aquí, ha resucitado”. El mundo aparentemente sigue igual, parece que no ha pasado nada relevante. La resurrección se gesta también en la sencillez de lo diario y en lo extraordinario de lo ordinario. Las mismas claves de la encarnación, las que estuvieron en su vida y en su pasión, siguen en el acontecimiento último de su resurrección gloriosa. El grano de trigo, la levadura en la masa, la semilla de la mostaza, la moneda perdida y encontrada, la oveja sobre los hombros, el sembrador, la limosna pequeña de la viuda, los lirios del campo…ahí está la fuerza del viviente del hombre nuevo resucitado, no llega a la fuerza ni obligando, aunque tiene todo el poder, no impone ni quiebra ni rompe, aunque le ha sido dada toda autoridad; continua en medio de nosotros, en la casa, la familia, el pueblo, los caminos, lagos, cunetas de la vida. Las cuentas están claras, en la sencillez y la humildad extrema, la tumba no puede retener ni acabar con el amor de Dios que se ha manifestado en Jesús de Nazaret. Ya nada podrá separarnos de ese amor, ni la misma muerte que ha sido vencida y ultimada en una vida que nunca acaba porque está llena de plenitud, vida gloriosa y eterna.

parroquiaLas señales de la resurrección no son distintas de las de la pasión, sino las mismas: los claNo nos llamemos a engaños, se trata del crucificado, El es el resucitado. vos y la lanzada. No hay otro modo de encontrarlo y verificarlo que metiendo los dedos en la señal de sus clavos y la mano en su costado traspasado. Sólo que ahora quien lo ve y lo toca, siente la fuerza que este crucificado resucitado tiene para liberar y curar, para sanar y levantar, para dar vida y vencer la muerte. Sus cicatrices son curativas y sanan a los que lo miran y lo descubren en lo diario de la historia. Se ha operado el milagro de lo último y definitivo, el condenado y el herido, por exceso de amor divino en lo humano, es el que salva y sana definitivamente. El Tabor se ha impuesto sobre el Calvario y ahora ya puede contarse y gritarse en la señales de gloria y resurrección que se desparraman por toda la historia, todos los lugares, toda la humanidad, desde lo pequeño y lo diario. Sí, el milagro se trata de “personas pequeñas, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas” que transforman el mundo y gritan la esperanza frente a toda desesperanza, a golpe del Espíritu del Resucitado que no tiene vuelta atrás.

cruzmanoCon la tumba vacía y el Cristo glorioso hemos entrado en la gloria de la cruz. No es un juego de palabras, la cruz tiene gloria y la gloria se nos da a pedazos como la cruz. Adentrarse en el misterio del seguimiento de Jesús trae consigo iniciarse en la tensión de la cruz, aquella que viene por la fidelidad al reino y por la participación en el propio Cristo. El evangelio ha sido claro al afirmar que quien quiera seguirle que “se niegue a sí mismo y cargue con su cruz”. Será al final del camino cuando descubramos la plenitud de la gloria. Pero el evangelio, que nos presenta la pasión como el camino de la resurrección, nos anuncia que la vida estará llena de destellos de esa gloria esperada, que es necesario detenerse para contemplarlos y para dejarse habitar por su gozo, su quietud, su paz, su gusto. Estamos llamados a comer los destellos de gloria, los trozos de pan resucitado que el Padre nos da para que no decaigamos y nos sirvan en los momentos de desmayo en la vida. Esos destellos no están en el relámpago ni en el terremoto, posiblemente estén en las cosas de cada día, en las personas que nos rodean y sobre todo en nosotros mismos y en nuestro interior. Es necesario estar vigilantes en lo ordinario para sentir y alimentarnos de lo extraordinario que ahí se encierra.

Lo cristianos vivimos porque comulgamos el pan de la gloria, el cuerpo de Cristo resucitado y glorioso, lo veneramos y adoramos en la Eucaristía donde se nos hace realmente presente en el pan, pero lo vislumbramos y lo tocamos en el quehacer de la historia donde su Espíritu de resurrección está actuando permanentemente mucho más allá de nosotros mismos y de todos nuestros controles. La tarea está clara, cada día podemos entrar en los clavos sanados y sanantes de Cristo en la humanidad, en su lanzada resucitadora y vivificante para los ahogados y excluidos de la historia y de la vida, para los crucificados de hoy. Los excluidos y los desesperanzados ya tienen valedor, porque Dios en Cristo se ha identificado con ellos y ahora lo que se haga a cualquiera de ellos se le está haciendo al mismísimo Dios. Es por ellos por donde nos puede venir la salvación y la realización más plena en nuestra vocación humana: “Venid vosotros, benditos de mi Padre”. A este título nos sentimos llamados para ser glorificados junto con El y toda la humanidad, sin exclusión ni desesperanza alguna.

José Moreno Losada.

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Carta a un candidato al seminario

Querido  Pedro Manuel:

SeminaristaEn el día del seminario, cuando celebramos a San José, uno  la jornada  vocacional a tu persona y a tu fotografía. Me sirves como estampa y oración ante el Padre que sigue llamando en los corazones y nos sigue haciendo testigos de cómo llega a lo entrañable del ser humano para invitar con la suavidad del que ha creado y cree en la libertad radical del ser humano.

Es cierto que la Iglesia se está preguntando por muchas cosas en los últimos tiempos, le llega la interpelación de un tiempo y de una cultura nueva que exige una reflexión profunda y un redescubrimiento  del propio ser a la luz del Evangelio de la Vida que siempre permanece. Nuestra iglesia diocesana se siente muy tocada en la reflexión acerca de las vocaciones sacerdotales, últimamente casi como una idea muy fija.  Las conversaciones se centran mucho en los modos y medios para recuperar lo perdido, lo que antes era: modos de propaganda y captación, la oración, la invitación directa y explícita, el enseñar el seminario… como si se hubiera perdido algo que hay que  recuperar. Humorísticamente me recuerda al chiste del monaguillo que aplaudía gozoso ante la muerte del anciano papa  y cuando le preguntaban por qué lo hacía, respondía: “el escalafón es el escalafón”.

Te digo la verdad, que ese modo de plantearlo no me gusta mucho, como que me recuerda a la mujer de Lot cuando se convirtió en estatua de sal. La mirada al pasado con nostalgia para querer volver a lo mismo, me da la sensación de que no es el horizonte que marca la alegría del evangelio, que es capaz de mirar hacia adelante con nuevos modos, esperanzados, abriéndose al cuidado de un Dios que no deja de abrir caminos y de ser creativo en la historia, como lo fue cuando nacieron los seminarios después del Concilio de Trento.  Ahora, por qué  no, también ha de ser tiempo de nacimientos y de creación de realidades nuevas, que abriéndose al presente se gesten con rasgos de autenticidad y originalidad. Dios no salva desde el pasado, sino siempre desde las promesas que abren al futuro. No sé, pero me retumba aquello de que “a vino nuevo, odres nuevos”, y es que me da que los vinos son muy nuevos para querer retenerlos  y devolverlos a odres viejos.

Por eso  me gusta más mirar  tu estampa vocacional. Te conozco de verte ir a la celebración de la eucaristía en algunos días de diario a nuestra parroquia, en silencio y anónimamente. Lo cual me indica que has descubierto a Jesucristo y te gusta encontrarte con él en espacios de intimidad y sencillez. Esa base me parece fundamental, sin ella no seríamos nada, y la vives en medio de la vida ordinaria y normal. pedro manuelA través de facebook, donde hemos intercambiado ideas alguna vez, me han llegado  fotos de tu familia trabajadora, normal, tus padres, tu hermano, tus momentos familiares más amplios y celebrativos. Una familia normal  que te quiere y te cuida, la que te acompaña y se alegra contigo en tus pasos y decisiones. Te he descubierto también como estudiante en la universidad, uno entre tantos, pero comprometido e implicado desde el consejo de alumnos, rodeado de compañeros, optando y decidiendo por ti y con los demás para hacer una facultad mejor, más habitable, más fraterna.  A la vez me ha alegrado mucho verte divertido con tu pandilla de amigos, disfrazado en carnavales, bailando y  riendo, con tus gafas de sol y tu coca-cola al vuelo apagando tu sed, lleno de juventud y frescura.  Humano, tremendamente humano: hijo, hermano, sobrino, primo, amigo, estudiante, eucarístico, comunitario, alegre, festivo.  Y al mismo tiempo, te he descubierto enlazado con los seminaristas actuales, compartiendo con ellos momentos celebrativos y festivos, acercándote a esa realidad por la que te estás preguntando y decidiendo. Y me respondo que esto es lo normal, un chaval joven con proceso normalizado de madurez, equilibrio humano, estudiantil, amicable, parroquial, está abriéndose a la realidad de un ministerio que se hace posible en su vida como marco de realización y vocación, sin estar definido teniéndolo que configurar y descubrir , ayudado por la Iglesia diocesana, pero por ti mismo.  Un proceso vocacional propio de los jóvenes en esta cultura y en este ámbito social que no lo está poniendo fácil a nadie.

Y ahora miro fotos que están en mi despacho  y observo algunas que son curiosas, una de ellas un seminarista dando un estirón al aire para parar el balón que pretende entrar en una portería de maderos, lleva puesta la sotana con la que vuela, al fondo todos los que corren –con dificultad- con sus sotanas, con edades de preadolescencia.  Lo miro con cariño, sin haberlo  vivido yo de esa manera, aunque fui seminarista desde los once años, y  acepto con paz que no se trata de volver a aquel momento, ni aquellos métodos,  de aprendices de curas como de carpinteros y otros oficios. La vía de los monaguillos, como una más,  podrá quedar y estar ahí, para por si acaso, pero  para los vinos nuevos que pueblan nuestra juventud y nuestra sociedad, y que tanto quiere Dios, hace falta originalidad y creatividad. Las vías tendrán que ser la normalidad de  los jóvenes que se pelean y luchan hoy por ser ellos mismos, de un modo nuevo y creativo.  Hoy no necesitamos repetir paradigmas  ni modelos ya agotados, hoy necesitamos una visión del ministerio y unos seminaristas que sean nuevos y creativos. Oremos a Dios para que nos ayude a vislumbrar los nuevos odres con esperanza en su promesa profética que permanece en pie: “Os daré pastores según mi corazón”.

Hace unos días he compartido espacio con jóvenes universitarios que han estado haciendo ejercicios espirituales con el tema central de la vocación y la llamada en sus vidas, jóvenes como tú, por eso te invité a compartir espacio con ellos.  Han orado de cómo Dios llama e invita diariamente a sus personas, para ser ellos mismos, para encontrar el sentido de la vida, para ser para los demás, para entregarse, para amar… y  comprendo que ese ha de ser el camino. Dios y ellos se las apañarán para sorprendernos y llevarnos mucho más allá de nuestros miedos y controles; miedos revestidos muchas veces de fidelidad a nosotros mismos más que a la novedad de lo divino y su creatividad.

Te felicito por inquietud y me alegro por tu proceso. Desde ti, en este día del seminario,  pido al Padre que sepamos en nuestra Iglesia recibir su llamada para ser y saber ofrecer lo que él quiere y como él quiere que lo hagamos a los jóvenes de hoy.

Un saludo cordial y ánimo en tu proceso ¡

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Stabat mater… hoy

“No creo que se me olvide en toda mi vida”

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En los últimos días hemos elaborado, entre tres compañeros, un pliego para la revista de Vida Nueva, con motivo de la Semana Santa. Nos pedían que presentáramos de alguna manera la pasión, vía crucis del Señor. Lo hemos construido con esmero y cuidado, buscando que ayudara a muchas personas en la contemplación del triduo pascual, aproximando a la pasión, muerte y resurrección de Jesús desde la vida y la historia, en el hoy que estamos viviendo.A mí me tocó hacer reflexión sobre el abandono, la experiencia de soledad y despojo, donde ni siquiera se hace perceptible la presencia de Dios, sino sólo una ausencia dura y oscura. Para ello elegí cuadros y gritos de la realidad actual al hilo de sufrimientos, hasta me encontré con la oración del Papa Francisco donde apuntaba que ante el sufrimiento de los niños lo que le sale es orar desde el grito: “Señor, por qué, por qué…”.

Estoy en estas lides y reflexiones, cuando hoy la hermana de un compañero sacerdote que está en misiones en Perú, me hace llegar un mensaje watsap que él le envió hace muy poco. Según lo leo, recuerdo el vía crucis, e imagino la escena de María junto a la cruz de Jesús, y a este crucificado en manos de su madre después del último suspiro, la que siempre me recuerda a la devoción materna a la Virgen de los Dolores. La imagen es tan real y fuerte que provoca la ternura de una fe elaborada en la cruz y en el dolor, como no podía pensarse. Siento una interpelación fuerte y la necesidad de compartirlo, para dejarnos hacer por esta estampa de pasión viviente, de esta madre junto a la cruz de su hijo, agarrada a la esperanza y a la fe por encima de la muerte y la oscuridad, pasando ,sin ruptura alguna, del “Dios mío, Dios mío… por qué me has abandonado” al “tus manos encomiendo mi espíritu y en Ti confío”. Una fe desnuda y fuerte, probada como la de Abrahám, pero llevada hasta el límite de lo divino en Jesucristo. Acojo el testimonio de esta madre y me uno a la expresión del misionero, que nos lo transmite, al terminar el relato: “no creo que se me olvide en toda mi vida”.

Así lo relata mi amigo Antonio: 

El domingo me avisaron para ir a dar la unción de enfermos a un niño. Primera vez en mi vida. Desahuciado de Lima con leucemia, nueve años. Hoy he vuelto a verlo. Su madre en la cama sentada con la almohada apoyada en la pared y sosteniendo a su hijo encima de ella abrazándolo. Ella con el pelo bien rapado -como él-, joven, no creo que llegue a los treinta años. El niño agonizando, inquieto con los ojos rojos de sangre y la boca negra de sangre acumulada. He estado una hora. A la media hora me pidieron que rezáramos. Hicimos una pequeña oración. Después de terminar la madre se arrodilló a los pies de la cama agarrando a su hijo con entereza y hablándole con mucha calma. Más o menos le dijo así:

“ ¡Andrés, estate tranquilo. Te amo. Eres un luchador como has demostrado cuatro años en el hospital. Pero no luches ya más. Abandona este cuerpo. Tú has vencido a la enfermedad, has vencido al cáncer. Tú has ganado. Hay cosas que no entendemos, como ha dicho el padrecito. Pero no voy a renegar de Dios y tu tampoco Andrés. Mi fe se va a hacer más fuerte. No le voy a preguntar a Diosito por qué. El te lleva porque te quiere. Si, tú eres su tesoro y por eso te lleva. Vete ya con El, no tengas miedo. Vas al cielo, es bonito. Pero no te vas a ir así, no. Tienes que cuidar de mí, vamos a estar juntos siempre, toda la eternidad. Siempre te vamos a tener presente. Pídele a Diosito por tus amigos del hospital de Lima, por todos los niños que tienen cáncer. Diosito, llévatelo ya. Que deje de sufrir. Perdóname Andrés. Perdónanos a todos.”

No creo que se me olvide en toda mi vida.

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El sueño de José (Pepe)

MI SUEÑO

 

Hoy festividad de san José, mi  onomástica, me levanto con el sabor de lo agraciado. El primer despertador es un mensaje tempranero de quien ya va en su furgoneta para ganarse el pan de cada día, abro los ojos en lo agradable del calor del sueño que todavía quiere permanecer agradando y sirviendo mi bienestar. Recuerdo a la madre, ya en el cielo, y me siento besado por ella; comienzan a llegar rápidos más mensajes y  me voy preparando para dar el salto al día y comenzar una jornada festiva y diaria. Festejar en lo ordinario es una asignatura que tenemos pendiente y que hay que lograr. ¿Pero cómo celebrar mi santo?, pienso en San José, más cotizado desde que el Papa Francisco nos lo propuso como modelo en su Eucaristía solemne de comienzo de servicio ministerial petrino, invitando a que lo nombremos  en la plegaria junto a María, como siempre estuvo, desde su sencillez.

Hoy pienso en él y me comparo. Comienzo por su silencio humilde y su quietud externa y aquí la verdad que no soy un alumno disciplinado, más bien no sé si me lo llevaré como asignatura pendiente para el otro mundo, aunque poco a poco voy pensando más lo que digo y  voy diciendo lo que pienso con algo más de cuidado. En lo que se refiere a ser custodio y protector tengo que reconocer que esa faceta me agrada  y que aspiro a ella, y cuando siento que lo soy me satisface enormemente con lo que me animo a seguirlo siendo. También es verdad que cuando recuerdo  u observo que no lo he sido o no lo soy me disgusta y pienso como recomponerlo. Lo seguiré trabajando. Pero en lo que más me identifico, y se lo agradezco porque seguro que él tendrá parte en ello, es en el sueño, la capacidad de soñar. Miro mi historia y nunca he dejado de soñar.

Recuerdo una frase, con la que comencé la introducción de la tesina que me dirigió Ruíz de la Peña en teología acerca de pensar y decir a Dios hoy, tomada de un diálogo de una película, en la que un niño en medio de la guerra  y los bombardeos le decía a su padre: “Papá, a veces pienso que los hombres son un sueño de Dios, y Dios un sueño de los hombres”. Si algo quiero agradecer hoy a Dios es precisamente la capacidad de soñar la vida y de vivir soñando, y de hacerlo desde la realidad concreta en la que estoy, tanto en mi propia vida y persona, como en todos los que me rodean.

Me enseñaron desde la propia familia a soñar de pequeño, desde la sencillez, la pobreza y la austeridad, a creer que se podía caminar cada mañana con ilusión y con ganas de hacer algo. Que los peores límites no son los que tenemos sino los que nos ponemos nosotros mismos, es más, que hay límites que pueden ser una oportunidad si los soñamos de un modo nuevo.

La parroquia, el seminario, el ministerio  y  sus lugares, Cheles, Olivenza, San Jorge, Salamanca, la docencia y la formación, la universidad, los movimientos, las comunidades parroquiales…todos lugares para entrar en ellos con la capacidad de abrir los ojos soñando y de soñar con los ojos abiertos: todo un mundo de relaciones, aspiraciones, objetivos, procesos, proyectos, acciones, campañas, contemplación, celebraciones…tanta vida¡¡¡¡ Un evangelio que se hace fuerza y verdad,  no porque lo diga él, sino que él lo dice porque es verdad en la vida.

Sí, un sueño poblado de imágenes y estampas de eternidad en lo cotidiano: niños, jóvenes, estudio, aulas, calles, naturaleza, grupos, libros, revistas, artículos, familia, enfermedad, éxito, fracaso, risas, llantos, trabajos, dolor, esperanza, canto…interminable  y luminoso.  Un tesoro en vasijas de barro.

Y ya con una fe firme:  los sueños de cumplen, son el lenguaje propio de Dios, él los garantiza, y dejar de soñar sería el pecado más grave, porque no dejaría actuar al Espíritu Santo, que nos trae la salvación encarnada en una humanidad, envuelta en pañales y acostada de un pesebre, pero capaz de soñar el Reino de Dios y comenzarlo día a día y paso a paso en las calles de la humanidad, para que tenga vida en abundancia.

Gracias Padre, por enseñarme a soñar como a  San José.

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ATARDECERES UNICOS

Desde la residencia de mayores de la Granadilla

Me  delata el sentimiento por los atardeceres cada día, todos me parecen geniales y únicos. Alguno  me sobrepasa y me deja extasiado y sin palabras ¿Qué tendrán los atardeceres para seducirnos de esa manera?  En alguna ocasión, alguien me ha dicho que prefiere los amaneceres que le transmiten más alegría y novedad, los atardeceres le parecen más sombríos y  sentimentales  por lo que tienen de ida y acabamiento. La verdad que yo me siento atraído por el misterio de los dos, pero será por haber vivido muchos atardeceres  en mi casa, con la mirada de mi madre en su ancianidad junto al balcón, con un sol rojizo  de despedida, que me tocan especialmente. Y de eso quería hablar, del atardecer único de la vida.

Ayer, como cada miércoles alterno, me reuní con el grupo de Vida ascendente  de la residencia de  mayores de la Granadilla (Badajoz). Se trata de un grupo de unas doce personas, residentes que están en torno a los noventa, unos leen  y otros no saben apenas, pero vamos desgranando los temas del material que propone el movimiento. Ellos van como grupo cristiano a estar ese rato reunidos. Yo me lo tomo como algo personal y especial, trato de no faltar y acompañarles, aunque vienen unos monitores del movimiento.  Ayer estaban viendo el tema de cómo Jesús hacía las cosas en su vida y cómo nos pide que las hagamos nosotros: curando, bendiciendo, perdonando…y  dando gratis. En la gratuidad les propuse hacer un parón, para entender bien lo que significa ese deseo de Jesús de que demos gratis, que seamos gratuitos para los demás, como lo es el sol en el atardecer de cada día. La metodología que utilizamos fue sencilla, recordar en nuestra vida una persona y un gesto de generosidad y gratuidad para con nosotros. Enseguida comenzaron a compartir con una transparencia y una emoción desbordante.

Gloria nos habló de cómo su marido quería estar con un sobrino querido, que criaron y que murió antes que él, en el mismo descanso. Al llegar la hora se encontró que no podía cumplir este deseo porque estaban en Badajoz y  los restos de su querido hijo-sobrino en Madrid, pero una  sobrina que sabía del tema se encargó  y lo hizo posible encargándose de todo con una ternura y gratuidad absoluta. Nunca lo podrá olvidar. Isabel nos contó como su marido tuvo un accidente y alguien que se lo encontró fue a su casa se lo comunicó, la llevó a ella hasta el lugar del accidente… y cómo otro señor al saber que ella no llevaba dinero para irse a Badajoz con su marido, le dio la mitad de lo que llevaba, para comprar la fruta para su comercio, para que no le faltara. Nunca lo olvidará. José nos  contó como en un momento de débito fuerte ante un prestamista,  su sobrino, que recibió dinero de una lotería, se hizo cargo de todo sin pedirle nada a cambio. Nunca lo olvidará.  A Pepa siendo niña  con las fiebres tifoideas, llegó la medicina que la podía curar, pero su madre solo tenía cincuenta pesetas, hacían falta doscientas, sus vecinas pusieron entre ellas todo y se salvó de aquella enfermedad. No lo olvidará nunca. Marta confesó que cuando llegó a la residencia se vio sola, deprimida y encontró en Pepa y a Jacinta a dos hermanas que generosamente la han cuidado, animado, protegido y le han hecho posible la vida y la recuperación de su ánimo. Eliodora y Encarnita, llevan poco tiempo, pero les pasó algo parecido, han encontrado a María, de noventa y un año, que es su alegría y su fuerza – le llaman “el Padre López”, sacerdote ejemplar de Badajoz por su ayuda a los más pobres en el siglo pasado- . Todos los que están en la reunión confirman este testimonio de ellas y proclaman abiertamente que María es única, que no hay otra como ella en la residencia.

Y en  ese momento le toca hablar a María que está muy callada y sonriente ante lo que hablan sus compañeros de que es el signo más claro de la gratuidad y de la generosidad. No lleva mucho tiempo en la residencia, pero las dos o tres veces que he hablado con ella me ha cautivado.  Ayer abrió su boca la última, y ante la pregunta de qué experiencias positivas de gratuidad había tenido en su vida hizo una confesión de fe admirable. Contó cómo su infancia y su juventud habían sido dura, con mucho sufrimiento. En pobreza fuerte tuvo que servir a muchos, en muchas casas  y sin miramientos; no la trataron bien. Hizo su vida con su matrimonio y sus hijos, con dificultad, ha visto morir a dos de sus hijos con mucho dolor. Pero en todo este proceso, ella nunca desconfió del Señor, al contrario se agarraba más a él, en la dificultad. Ella esperaba en el Señor y no se arredraba  ni se echaba atrás, tenía seguridad  de que Dios le ayudaba gratuitamente, por eso cada noche, pasara lo que pasara en el día, ella le daba gracias por la vida, por el pan, por la salud,  por los suyos, por el trabajo… siempre gracias.  Y en medio del dolor y la fatiga, ella pensaba: “seguro que el Señor algún día me dará algo bueno, me regalará algo estupendo”. Ahora confiesa que ya lo está recibiendo: “su vejez”.  Se proclama alegre en su ancianidad,  más que nunca en su vida, en sus noventa años. Nos decía: “tengo salud, me puedo mover, traer encargos, ir a mi casa,  recibir a mis nietos, amistades, tranquilidad, puedo bailar todos los domingos… si hoy me dijeran que podía volver a tener quince o veinte años, para tener que vivir lo mismo que he vivido y sufrido, no tendría ninguna duda en quedarme con mis noventa, con la paz, la alegría, la serenidad y el cariño que tengo y me rodea”.  Para María está claro que el atardecer está teniendo un color único y especial… al salir de la reunión y dirigirme a la parroquia voy musitando sus palabras a la vez que miro al sol que se esconde sobre un rojizo de calor y vida extraordinarios y veo a  María, gloriosa en su vejez, me llena de ánimo y de fuerza, me ayuda a entender porqué hay atardeceres que me sobrepasan, me extasían, me obligan a pararme y contemplarlos, como hoy me está ocurriendo con el de esta anciana. Sí, ella es uno de esos atardeceres divinos y  únicos, que Dios da gratuitamente a los que ama  y a los que confían en El.

José Moreno Losada

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“Amar los bienes del cielo”

parroquiaUna parroquia con deseos por todo lo alto… deseos de cielo para la tierra: sacerdotes, mayores, niños, jóvenes, catequistas, cáritas, familias…

Amar los bienes del cielo

“Enséñanos a buscar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo”, es una de las peticiones que hacemos los cristianos en la liturgia de cuaresma, algo en lo que queremos educarnos para saber valorar y relativizar las cosas de cada día y saber al servicio de qué está cada cosa y no confundir sus finalidades, que después  si no vienen los disgustos y los desequilibrios efectivos y afectivos.

Algo de esto es lo que hemos vivido en la parroquia de Guadalupe en este fin de semana del tercer domingo de Cuaresma.

Piel blanca corazón negro

El viernes, acompañados por Amparo, mujer  y madre extremeña, que lleva años en Madrid coordinando la acción de Cáritas con  África, después de haber estado allí dos años de trabajo encarnado. Magistralmente nos llevo a su terreno y nos abrió el corazón y los ojos ante aquella realidad que nos pide compartir camino e ilusiones. Desde esa clave de comunión nos puso en el terreno del proyecto del Senegal por el que hemos optado en la parroquia para compartir con mujeres de allá. Fue un lujo poder disfrutar de un video recién llegado desde aquel lugar y aquellas personas agradeciendo lo que compartimos en dignidad y justicia.

Familias solidarias

El sábado, ha sido de vida concentrada y gozosa, en el  encuentro parroquial de familia. El propio slogan del encuentro despertaba esperanza y ánimo: “Familia, eres solidaria y lo sabes”.

Los niños han disfrutado del encuentro con su propio taller, después de haber rezado con música y algún baile todos juntos, niños y padres. Los mayores hemos compartido la experiencia de tres familias, que se han abierto en su sentir, que muestran signos de que  cuando el seno familiar se abre la sensibilidad se agranda y el amor se hace más fuerte, que abrirse es vivir  enriquecidos en el riesgo frente a la seguridad del encierro que empobrece a todos los miembros. Al cielo fueron los globos, de niños y mayores, con nuestros deseos más profundos, para después compartir la comida aportada por todos y hacer un mercadillo solidario para el Senegal con labores realizadas en la parroquia.

 

Conversación y conversión, destruir para construir.

Me quedo con la conversación de un padre que me hablaba del giro dado en su vida. Ha arriesgado dejando un trabajo que le daba dinero pero que no le estaba dando vida; tenía los bienes de la tierra pero le estaba impidiendo  amar intensamente a los suyos, incluso a él mismo,  y hasta el propio Dios estaba fuera de su vida. Tras un año y medio se felicitaba por el paso que le costó Dios y ayuda. Ahora no quiere perder este amor intenso a los bienes del cielo, es decir su propia persona, su familia y el espacio de su interioridad y su fe, una luz nueva que le ha devuelto la alegría. Aprovecha este tiempo para  formarse y cualificarse, recrearse, tras ese salto, pero hay cosas que las tiene claras:  no vale vivir para trabajar, no conduce a ningún sitio, no se puede perder la relación profunda con su esposa,  la mirada y la vida de sus hijos, el cuidado de sus padres, las relaciones de compañerismo y ánimo en la vida con los otros, la participación en la parroquia, la relación con Dios… y es que se pueden buscar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo. Es la mejor manera para que todos los bienes sean bienes y ninguno haga mal al corazón propio ni ajeno.

Buen ejemplo de conversión cuaresmal, de arriesgar, vencer el miedo y estar dispuesto a morir   a la seguridad -como el grano de trigo- para nacer de nuevo y dar verdadero fruto de persona resucitada y capaz de amarse y de amar de un modo auténtico y original. Me comentaba cómo personas que lo querían le prevenían de los peligros que tenía su decisión y de la locura que suponía dar el paso  en el contexto que vivimos,  pero son ellos mismos los que ahora se acercan y le dicen que tenía razón, le felicitan por la vida encontrada y el corazón restaurado. Ahora le piden que no deje de vivir como está viviendo, y es que en el fondo todos, todos necesitamos y tenemos deseo de cielo en medio de la tierra. Sabemos que no estamos llamados a enterrarnos en la riqueza y en la seguridad, sino a sembrarnos en la verdadera vida y en la relación, en el riesgo que nos abre a los demás y que nos da la certeza de que lo verdaderamente importante no se queda entre los materiales que manejamos, sino en el que corazón con el que vivimos todo lo que hacemos y proyectamos.Aquello que decía Pedro Casaldáliga de que cuando termine su vida y le pregunte el Padre como le ha ido la vida, le abrirá el corazón y se lo enseñará lleno de nombres  de personas queridas y amadas.

Vida o seguridad, Dios o dinero, cielo y tierra

A la luz de esta conversación se me hace luminoso de un modo especial el evangelio que mañana proclamaremos en la eucaristía dominical. Jesús  al ver el mercado en el templo, no puede aguantar que los bienes de la tierra se absoluticen y falseen los verdaderos valores del reino, los bienes definitivos. Le da coraje que los que tenían que ayudar a distinguir y dicernir los bienes sean los que se aprovechen y hagan de la religión y del Padre Dios un criterio de riqueza material y seguridad humana. Por eso se lanza frente a las mesas de los cambistas, signo de la mercantilización de la humano y de lo religioso, para poner en su sitio la verdad del Evangelio: la vida esta en la entrega, el verdadero templo se da en el mundo de las relaciones, en el cuidado mutuo de unos para con otros, en el deseo de vivir con la bondad universal del padre. Todo desde El y nada sin él, el mismo evangelio de Juan lo dice más adelante: “Sin mí  no podéis hacer nada”. Sin el amor verdadero, los bienes de este mundo nos envenenan y nos destruyen, no podemos permitirlo.

globos de los deseos

No perder la luz

Ahora en la noche, con el texto del evangelio de mañana delante, te doy gracias por esta luz que he recibido con la conversación de evangelio puro y conversión sincera, de este padre y amigo de nuestra parroquia, y por esa frase final que me decía: “por nada del mundo quiero volver para atrás y perder esta luz que se ha encendido dentro de mí, esta verdad de lo único importante, ahora comprendo lo que es la fe y Dios”. No  hay duda: “donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón”. Hoy los globos de nuestros deseos y de la luz  de este parroquiano se han dirigido al cielo con la rapidez de la alegría, yo los he visto marcharse, y con ellos también iba el mío con mi deseo y mensaje de vivir en lo profundo. Gracias por este templo vivo que este hombre ha levantado en su vida, tras tirar la mesas de un mercado que no le daban la felicidad que necesitaba  para él y los demás, aunque le daba riqueza y aparente seguridad.

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