Sto. Tomás, fiesta universitaria

PortadaLibro2En este día festivo para la universidad que celebra su patrono, Sto. Tomás de Aquino, me alegra recibir la comunicación de la campaña que este año está llevando a cabo el Movimiento de la Juventud Estudiante Católica de España. Os la hago llegar, porque no creo que haya mejor forma de poder celebrar este día que sabiendo que hay universitarios que se “hacen cargo de su estudio y de la universidad” como realidad que le es propia para servir a la sociedad y construir el Reino en el que creen:

¿Estudiar? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para quién?

 

Los universitarios y universitarias de la Juventud Estudiante Católica, desde nuestra continua preocupación por el fuerte impacto que los modelos educativos y los planteamientos del estudio ejercen en la construcción de una ciudadanía activa, crítica, profunda y participativa, hemos llevado a cabo, durante los últimos años, una serie de campañas que pretendían ahondar en las causas estructurales de la dramática crisis económica que asola a tantos y tantas estudiantes universitarios, así como las consecuencias sociales más directas de este panorama, en el que los rostros de la pobreza han pasado a ser una realidad cercana, palpable y dolorosamente cotidiana.

En esta línea, en el curso 2012-2013, nuestra campaña “Educación: ¿Derecho o negocio?” partía del análisis macroeconómico y de la deriva histórica de una comprensión deshumanizada y sin límites de la economía para mostrar que la causa de muchas injusticias subyace en el sostenimiento de sistemas económicos y políticos deliberadamente injustos.

Durante el curso 2013-2014, el trabajo que lanzamos bajo el lema “Creemos en la justicia, creamos justicia” ponía sobre la mesa las historias de tantos nombres y apellidos que se han convertido en los protagonistas, las víctimas directas de este desolador panorama que crece día a día y deja en los márgenes, en los bordes de los precipicios y en las cunetas, multitud de proyectos de vida.

Este año queremos encaminar nuestra reflexión hacia el sentido del estudio, las razones últimas que tanto nosotros como el resto de estudiantes universitarios encontramos para estudiar.

Son muchas las inercias culturales de nuestra sociedad y pasan, en la mayoría de los casos, por la búsqueda de seguridad personal e individual en medio de tanta incertidumbre laboral.

Sin embargo, nuestro deseo de seguir a Jesús de Nazaret y comprometernos con radicalidad con un Evangelio que nos habla de la primacía de la persona y su dignidad, nos lleva a entender que nuestro estudio es una herramienta poderosa para hacer llegar a otros estudiantes planteamientos profundos y buscar, en el servicio, la vocación por lo comunitario y la opción por los pobres, el sentido de nuestra actividad universitaria.
Por este motivo, lanzamos en este curso 2014-2015 la campaña “¿Estudiar? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para quién?”.

Hoy, más que nunca, es necesario analizar críticamente las motivaciones para estudiar que más comúnmente se nos imponen socialmente, y hacer propuestas constructivas de un estudio “con- sentido” encaminado a, en palabras del Papa Francisco, “resolver las causas estructurales de la pobreza y promover el desarrollo integral de los pobres”.

Juventud Estudiante Católica

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¡Gracias!

Al presentar la tesis doctoral, siento agradecimientos:

JV ArnelasHay trabajos que se consagran por ser punto de partida de un trayecto abierto que mira al futuro como horizonte más importante. Sin embargo, el que tenemos entre manos guarda la singularidad de expresar realmente la filosofía humanizadora del tiempo; así, nos propone que el presente es condensación de los pasados –que, en su día, fueron presentes–, a la vez que preñamiento de los posibles futuros –que un día serán presentes– Quiero manifestar con estas frases, prestadas por la filosofía del tiempo, que el trabajo de investigación que presentamos tiene una preparación de carácter remoto muy amplia, de proximidad vivida en dos decenios y de inmediatez programada en los últimos cuatro años. Cada momento suscita en mi interior agradecimientos sinceros y profundos a personas, colectivos e instituciones.

En la preparación remota, agradezco el horizonte de la familia y su sabiduría de la sencillez; apenas sabían escribir, pero nos enseñaron, tanto a mí como a mis hermanos, el sentido de la vida y nos capacitaron para saber querer y amar donde se asienta el verdadero bien interno de todo lo que es y existe. Recuerdo agradecido a la escuela pública y a sus maestros, especialmente en Granja de Torrehermosa, donde comencé a ser inquieto, a preguntar y a elaborar pequeñas respuestas con el gusto del aprender. Al Seminario Diocesano de San Atón, del que me siento orgulloso al formar parte de esos trescientos cincuenta años que está celebrando ahora, como alumno y profesor del mismo. Celebro la oportunidad de haber pasado por las aulas de la Universidad Pontificia de Salamanca y haber gustado de teólogos sabios que me abrieron horizontes imposibles de cerrar; y homenajeo especialmente a Juan Luis Ruíz de la Peña, profesor y hermano, referente del pensamiento humanista cristiano español del siglo XX en España.

graduacion4En la preparación próxima agradezco de corazón a las dos realidades que han hecho posible una experiencia única de conexión entre mi ministerio sacerdotal y el quehacer universitario: la Iglesia de Mérida-Badajoz y la Universidad de Extremadura. En cada una de ellas se me abren abanicos inmensos de gracia y luz en personas, grupos, acontecimientos, aulas, encuentros, cursos, celebraciones… Van casi veinte años, día por día, de vivencias universitarias y eclesiales en una conexión armónica que me han realizado personalmente.Recuerdo agradecido la confianza depositada en mí por Don Antonio Montero, y que me ha renovado graciosamente Don Santiago García, arzobispos ambos de Mérida-Badajoz, para proponerme como profesor de la Universidad, así como el nombramiento realizado por Don César Chaparro al frente del rectorado en nombre de la Universidad en aquél tiempo; nombramiento que hoy ejerzo como profesor colaborador de esta institución.

En estos decenios he vivido y descubierto la Universidad desde el Departamento de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Facultad de Educación, así como en las Facultades de Ciencias, Económicas, Empresariales y de Medicina, en las cuales he ejercido docencia de asignaturas de libre configuración. Agradezco el contacto con miles de jóvenes universitarios de tantas titulaciones distintas en las aulas, el reto de cada curso con rostros e ilusiones nuevas, así como el compartir con muchos profesores –con algunos, incluso, fe y vida– la ilusión de una Universidad de calidad humana.

Imagen2Esta es la vida y el verdadero cuerpo que hoy hacen posible este trabajo de análisis e investigación acerca de la motivación del estudio en los universitarios extremeños y el bien interno de las profesiones. Es lo que me hace creer que es posible un “estudio con-sentido en la Universidad”.
En este mismo tiempo escolar superior, he ido viviendo el ejercicio de un ministerio también integrado en la Universidad desde lo que llamamos eclesialmente la Pastoral Universitaria, para la institución el Servicio de Asistencia Religiosa (SARUEX). Esta dimensión me ha posibilitado un modo de estar y ser en la Universidad donde la gran preocupación ha sido cómo acompañar y favorecer procesos de vida y entrega en el campo universitario, tanto para la construcción de la propia universidad y sus funciones de investigación y docencia, como para colaborar con la inquietud de un saber que es para los demás, y que debe tener como opción preferencial a los más pobres y necesitados de la sociedad y del mundo; lo que podríamos denominar, desde este trabajo, el bien interno de la Universidad de Extremadura. En este camino de vivencias universitarias, no sería justo si no hago especial mención a dos fuentes vivas y creativas, como son los movimientos de Juventud Estudiante Católica y Profesionales Cristianos. Desde ellos he podido llegar a sentir y a querer a la Universidad, a soñarla con la ilusión de que es posible un estudio y un saber al servicio de los otros.

En la preparación ultimadora, está el agradecimiento de todo este proceso de cuatro años en los que se ha ido gestando la elaboración escrita de nuestra investigación. Gracias a los que me han exigido con la clave de que el ser universitario también pasa por la cruz y la gloria de la realización del grado de doctor como criterio de encarnación, exigencia de muchos compañeros de camino, especialmente profesores. A los que me han animado creyendo que merecía la pena que pusiéramos por escrito el trabajo de todos estos años en la Universidad y me han hecho creer que podía hacerlo. A los que me lo han hecho más fácil, ayudándome a solventar las dificultades: el Departamento de Psicología y Antropología, los profesores D. Agustín Franco, Dª Maribel Fajardo y D. Jesús Sánchez, que me han dirigido en todo el proceso hasta ultimar el proyecto de tesis que presentamos. A todos los expertos a los que he podido leer, consultar y contrastar: Emilio Martínez, Galo BilbaoPortadaLibro2, Imanol Zubero, Fernando González, Augusto Hortal, Pedro Luis Arias, Ventura García, Carlos González, Pedro Gómez, Fernando Díaz, Jesús Conill… Colectivamente, quiero destacar a todo el grupo de profesores de la Universidad de Extremadura que pertenecen al Grupo de Innovación Didáctica “Ética del Profesorado Universitario de la UEx”, que es sustrato fundamental de la línea de investigación de la reflexión que presentamos. Y, cómo no, a todos los que en los últimos momentos han colaborado con tablas, figuras, traducciones, maquetación, correcciones ortográficas, portada, presentación… Todos esos ángeles que son los que confortan cuando llegan los momentos de los últimos detalles y te ves como perdido: los que ayudan a encontrarte y llegar a este trozo de labor ultimado para ofrecerlo y contarlo.

Agradezco de corazón que lo que podía haber sido un valle de lágrimas para llegar a la culminación del trabajo, ha sido –en la mayoría de los casos y gracias a todos vosotros– descanso y ánimo en un oasis que ha hecho, de la travesía, un lugar de gracia, consuelo y alegría. Esta ayuda la he tenido desde aquellos que me han dirigido en el trabajo, hasta aquellos –más de mil estudiantes extremeños– que estuvieron dispuestos generosamente a participar activamente respondiendo con interés a las encuestas.
¡Gracias!

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Y se quedaron con él…

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO…

IMG_5662¿Nos quedamos con él?

La señal de lo divino sigue escapando de la pretensión de la riqueza, del poder y del éxito. Sigue dándose en la lógica de una palabra que se dice en el silencio de lo oculto y lo anónimo de lo ordinario.

La vida está hecha a jirones de lo pequeño, en el corazón inquieto de una humanidad que cada día se levanta con el afán de sostener la creación. Lo hace con un cariño no publicado por nada ni por nadie,  pero sentido en una muchedumbre inmensa de corazones de lo pequeño y lo sencillo, en el afán de vivir y de dar la vida por los otros, en opciones que son firmes y radicales en cada pareja, hogar, calle, pueblo y ciudad…

En medio de esa realidad, monótona y diaria, es donde está y habla el Señor, aunque parezcan que escasean sus palabras. En la eucaristía de lo diario y en el sagrario de lo anónimo está realmente presente y lo ven aquellos que van, ven donde vive y se quedan con El.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

I Sam. 3, 3b-10. 19 Habla, Señor, que tu siervo escucha
Sa. 39 Aquí estoy, Señor para hacer tu voluntad.
I Cor. 6, 13c-15a. 17-20 Vuestros cuerpos son miembros de Cristo
Jn. 1, 35-42 Vieron dónde vivía y se quedaron con él.

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“Ganarse los garbanzos”

Un sacramental de vida e historia

Jesús decía a los apóstoles que había cosas que sólo las entenderían más tarde, quizá cuando ya El no estuviera. Algo así pensaba yo, hoy, al ver mi plato de garbanzos, con su carne, tocino y chorizo, junto a una copa de buen vino, acordándome  sobre todo de mi padre Gabriel.

Recuerdo como en mi infancia la comida de mediodía me resultaba monótona y poco apetecible. Llegar a casa y preguntar qué íbamos a comer era todo una, aunque la comida diaria eran los garbanzos, eso sí, con sus buenos aderezos para ser comida y plato único y completo. A mi madre le molestaba la pregunta, siempre respondía que había que comer lo que estaba en la olla y dar gracias, pero para mí  descubrir que un día no era   el mismo menú se convertía en motivo de alegría y gozo, tocaba hasta las palmas. Por otra parte me costaba comerlos y tonteaba, engañándolos con cebolla, tomate, lechuga…y haciendo mohines. Intentando liberarme y comer los menos posibles, y buscar algún complemento más gustoso a hurtadillas, de lo cual después incluso me confesaba provocando la sonrisa del confesor.

Un día, sentados todos a la mesa, junto a mi padre, un mediodía de verano riguroso – era cuando me costaba más aún tragarlos- empecé con el tonteo y exasperé a mi padre, que era  muy paciente con nosotros, hasta el punto de que me puso el plato de los garbanzos en la cabeza y cayó al suelo haciéndose trizas, a la vez que me decía: “no quieres garbanzos, pues toma  garbanzos”. Después logré alcanzar a entender algunas cosas de la vida sencilla que justificaban perfectamente esa acción de corrección paterna, la lógica de la vida y del esfuerzo  del trabajo duro. “Ganarse los garbanzos” era la expresión corriente para referirse a la lucha de la vida, de los padres especialmente en el mundo rural, saliendo a trabajar para que no faltaran en la mesa de cada día, como el pan. Mi padre era quien partía también el pan y lo repartía entre todos en la mesa, para coger él su trozo el último, como rito y símbolo de quién era el que se esforzaba y se hacía el último para que ninguno de nosotros pasara necesidad.

autobusesEn aquella época veíamos salir  cada año, tras las vacaciones de navidad, centenares de hombres de mi pueblo, en autobuses  camino de Alemania. La crisis les obligaba en los sesenta a irse a más de mil kilómetros a buscarse los garbanzos de su familia. Eso  ocurría cuando ya no había trabajo en el campo para todos, la maquinaria los había sustituido y había que salir fuera para seguir comiendo. Hasta entonces muchos de ellos se ganaban sus garbanzos incluso segándolos. Cuántas veces mi padre se levantaba a las dos o las tres de la mañana para coger su bicicleta e irse al lugar lejano donde iban a segarlos en la claridad del amanecer,  para poder librarse de las horas más duras del sol insoportable del verano. Probablemente aquel día ya estuviera en la mesa con nosotros para comer, porque la noche antes se habría levantado en la madrugada para hacer ese oficio. Como para querer aguantar mis mimos de selección de comida y de desprecio de esos garbanzos por los que él no había apenas dormido, había sudado y sufrido esforzándose  a más no poder.

Después vino el Seminario a mis once años, donde ya era más difícil escaparse, y uno hacía el juego que podía, ponía pocos y movía la masa para que el plato pareciera más lleno ante la vigilancia de los que hacían de formadores y educadores, hasta que poco a poco la conciencia fue trabajando aquello de capricho, deseo y necesidad, y comencé a entender que lo de los garbanzos había que comerlos por necesidad dejando a un lado los caprichos. Entendí que en los garbanzos iba mucha vida de mucha gente.

 

Hoy llegué a casa  y Milagros – persona que me sigue cuidando y ayudando en casa- me explicaba  que había hecho caldo para guardarme y de paso unos garbanzos con todos sus aderezos. Curiosamente me dio alegría. Preparé mantel y mesa, coloqué todos los utensilios, oré recordando a mi padres, me sonreí pensando que me estarían viendo, y hasta hice foto para enviarla a mis hermanos que sé que se ríen con estas anécdotas vividas en mi familia de los garbanzos y mi “pobre” infancia. También es verdad que hoy  este plato bien cocinado es  más deseo y excepción que obligación forzada y diaria. Pero estamos en crisis y parece que vamos a tener que volver a profundizar en aquello de “ganarse los garbanzos”, ya sea en Alemania o sudando por estos lares.

Por eso cada día le tengo más respeto a eso de ganarse los garbanzos, la lucha de cada familia  desde la mañana para que no falte lo necesario en la mesa.  Me resisto a aceptar un mundo, una sociedad, un mercado, donde se dificulte que cada uno pueda ganarse sus garbanzos, su pan de cada día. Tenemos que luchar para que esto  no siga siendo así, si hace falta rompiendo el plato de los garbanzos en los corazones y cabezas de aquellos que en lugar de facilitar el camino para conseguirlos,  ponen obstáculos y lo impiden desde su riqueza,  indiferencia,  poder  y/o  corrupción. Tenemos que hacerlo porque nos lo exige el Padre que parte el pan y quiere repartirlo para toda la humanidad, porque es toda la humanidad la que con su grito y su dolor cada día le dice: “Danos el pan nuestro de cada día”, ese pan  que, hoy yo, con esta imagen de recuerdo de mi infancia  al ver el  plato de cocido sobre mi mea he traducido por: “ayúdanos a ganarnos los garbanzos de la vida y la familia”.

José Moreno Losada. Sacerdote.

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“El regalo de Dios y el Dios regalado”

La lógica del don: somos reyes

 

La lógica del don no sabemos si es lógica, pero es divina porque es la propia de Dios, así lo celebramos en la Epifanía del Señor. Jesucristo es el regalo y el don por antonomasia que nos sirve para desvelarnos cómo es Dios realmente -“Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”- y al mismo tiempo nos revela nuestra propia verdad humana en él mismo crucificado y resucitado –“ecce homo” y “no está aquí, ha resucitado-. La humanidad, necesitada de esta lógica, deambula toda la historia buscando sin saber bien qué, ni dónde. Pero hay una sabiduría que ilumina y que hace que la estrella se pare en lo más sencillo de esa misma historia, y nos hace descubrir el “todo” allí donde creíamos que no había nada. Allí donde está la señal de lo humano en desnudo y a la intemperie, pero transparente y limpio de corazón en su debilidad y sencillez. La grandeza de Dios se presenta como don en la pobreza del hombre. Ya el regalo ha preñado la historia y es ineludible el camino: “Cristo, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”. Por eso no podemos no sentirnos reyes, si nos hemos encontrado con él.

De eso quería hablar tras esta jornada del día de Reyes. Han sido anécdotas de una revelación única, para profundizar precisamente en las claves teológicas del Dios-regalo:

EL SOL Y LA LUZ DE CADA DÍA, REGALOS UNIVERSALES:

Hoy, el día se presentaba con una niebla intensa, no se veía nada  a cincuenta o cien metros. Me dirigí a la residencia de mayores y notaba cómo luchaba el sol contra esta niebla, apareciendo como vencido cuando  realmente estaba sosteniendo el día y no era de noche aunque la niebla  lo pretendía. Después salí camino de Jerez y al adentrarme en la dehesa vi como la batalla entre el sol y la niebla fue encarnizada, pero el sol la rompió y se abrió una luz  espléndida con un color de cielo único y un contraste de verdes paradisiacos entre encinas y  otras hierbas.  Ahí estaba el don de la creación nacida de un amor gratuito y generoso de Dios, algo que no compramos y de lo que depende la vida de cada día. El sol se convertía en el signo del regalo de una naturaleza pensada y querida para mí, para todo la humanidad. Y me sentía profundamente regalado por Dios,  caminaba musitando a ritmo de génesis:“y dijo Dios hágase y se hizo…” e iba nombrando lo que  mi ojos iluminados me iban presentando con la lógica del don que trabaja para la humanidad sin precio o cobro alguno. Lo más necesario e imprescindible para vivir, lo más bello y grandioso, estaba ahí absolutamente regalado cada día para todos, ricos y pobres, buenos y malos, listos y torpes…con el mismo amor de padre y con las mismas entrañas de madre, entrelazadas en una creación que cada día es nueva y, por ello, siempre absolutamente regalada.

TU PRESENCIA Y LOS OTROS, REGALO DE DIOS

Recuerdo  que este año miraba la ventana, la puesta del sol, el sillón vacío… y pensaba que esta vez  los reyes entrarían por ese lugar y me pondrían los regalos en ese asiento. Era donde mi madre ha pasado los últimos años de su vida, ahí recuerdo cómo cuando iban llegando las fiestas de navidades  y ella no podía  ya salir  a comprar, me pedía que yo me hiciera de objetos de gusto para mí como reyes suyos, que ella se haría cargo de pagarlos. Yo le decía que era igual, que nosotros lo  compartíamos todo que daba igual, a lo que ella me respondía que era verdad, que el regalo era tenerla a ella. Me besaba y me decía,  por lo menos hijo cuando entras por la puerta tienes a alguien aquí, ese calor de tu madre aunque ahora sea como un montoncito de tierra que no me puedo mover, pero no te ves solo. Hoy veía regalos de amigos que me quieren y los ponía sobre el sillón, pero ella no estaba.  Hoy he comprendido como nunca que los regalos materiales sin los otros pierden su valor, si no tienes a quien enseñarlos, quién mire tu cara de sorpresa cuando los descubres, a quién contárselo, con quien compartirlo… entonces te sientes solo y pobre. No hay mayor regalo que los otros, cada uno de los otros que te rodean son un regalo para compartir la vida, para encontrarte, sentir, abrazar, reír, jugar… los otros son el verdadero regalo de Dios junto a la creación. Valorar a los otros y entenderlos como regalos divinos es un modo de entrar en la verdadera lógica del don divino, ya nos lo decía él de corazón cuando al crearnos como seres comunitarios lo explicaba diciendo “que no era bueno que el hombre esté solo”. Es verdad, nunca es bueno que el hombre, ninguno de ellos, esté solo.

TU PARA TI, EL MEJOR REGALO QUE DIOS TE HA DADO

Al entrar en la residencia de mayores, donde hoy he llegado antes para desayunar allí en la cafetería con algunos de ellos, un residente me ha dicho que se sentían orgullosos de tenerme a mí como sacerdote, que estaban muy orgullosos de mí, así de pronto. Yo he entrado bromeando preguntando por los reyes, que qué le habían traído, se reían…yo iba con “el” abrigo, el de las fiestas, tiene más de diez años pero está nuevo y les contaba que me lo echaban todos los años por eso seguía nuevo. Es verdad que esta mañana me daban ganas de vestirme más rápido e informal, pero me paré y me dije: “Pepe, tú eres un regalo de Dios para ti y los demás, vístete como tal”.  Así que me envolví con ropas y zapatos de fiesta,  y así lo proclamaban ellos. Al salir ya para el coche tras la celebración, dos de las residentes  me decían   a la vez: hoy viene guapísimo¡ BaileReconocernos como regalo a nosotros mismos es una asignatura pendiente y fundamental para poder regalarnos a los otros, porqué nos costará tanto entender esa lógica del don de Dios, que Jesús veía tan sencilla, “mirad los lirios del campo, los pajarillos… pues cuanto más valéis vosotros hombres de poca fe, hasta cada pelo de vuestra cabeza lo tiene contado el  Padre en su amor”. Cómo no nos vamos a querer si el Padre nos quiere de esa manera, si nos ha regalado para nosotros mismos.

DIOS,  TAN BUENO COMO EL PAN

Tras desayunar, al ir a pagar el café y la tostada,  el camarero me dice que estoy invitado por Juan, un anciano de la residencia.  Se sitúa todos los domingos en las últimas sillas lejos del altar, como despistado, siempre lleva gafas de sol no se le ven los ojos… pero ya le he visto algunos detalles de lujo. Por ejemplo hay un matrimonio muy mayor que a veces enferma uno de ellos y pasan días y semanas en la habitación sin moverse con dificultades para comunicarse, cuando eso ocurre, Juan pasa tiempo y tiempo  diariamente –sin fallar ninguno-  con ellos en la habitación y está pendiente de lo que necesiten. Un día al acercarme a darle la comunión me pidió que les llevara la comunión que a ellos les ayudaba mucho y no habían podido venir a Misa. Hoy le doy las gracias por el detalle del desayuno, que es un regalo de reyes para mí,  y me dice que eso no es nada, que no tiene importancia ese regalo. Cuando después en la eucaristía me he acercado a darle la comunión, al recibir la forma consagrada en la mano me dice niño“Esto es el gran regalo de mi vida, esto sí que vale y tiene importancia y me ayuda,  don Pepe”. Un amén definitivo. El regalo de la presencia de Dios en nuestra vida que se nos da en Pan de vida para que lo comamos y tengamos la vida eterna en nuestro corazón, aunque los ojos nos fallen  y tengamos que llevar siempre las gafas de sol. Hoy le he visto  los ojos del corazón y de la fe, cuando ha proclamado que para él allí estaba Dios. Él me ha ayudado hoy a entender el regalo de la Eucaristía como clave de vida, en la lógica del don, “cogió el pan y se lo dio diciendo…tomad y comed que esto es mi cuerpo”. Quiero la fe de Juan –se lo pido de regalo a Dios-  en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

EL REGALO NO SE PROGRAMA, SORPRENDE

No entraba en mis planes pasar el día de Reyes en Jerez de los Caballeros. Ayer me llamó un compañero que estaba apurado porque había fallecido un ser querido y quería estar con su familia en su pueblo. Pero hoy estaba solo en el pueblo y no podía arreglarlo para compatibilizar las misas y el entierro que era fuera de allí. Me pedía que si yo podía ayudarle. Ante este sentimiento buscamos la forma de poder hacerlo, celebraría con los mayores y saldría  para llegar y celebrar a la una en ese pueblo que está a setenta kilómetros de Badajoz. Ya os he dicho que el camino viendo vencer el sol a la niebla ya  me encendió en la gracia. Después llegar allí y celebrar con poca gente, pero una misa entrañable, con un coro divino, con una palabra de Dios que encendía la teología del don y del regalo en los corazones, besando al niño. Tras la misa, había quedado con un matrimonio que conozco  de allí –Toni y José- que acaban de superar una enfermedad fuerte, ellos habían quedado con otros amigos Tirado y Lina, para ir a comer juntos y sentaron un cura en su mesa. Hemos formado una familia, nos hemos reído, cantado, brindado, comido… y hasta bailado al ritmo de  “cuéntame” -todos éramos de esa generación-, pero ahí he descubierto la sencillez compartida de la amistad, ellos amigos de hace treinta y tantos años que cada seis de Enero lo comparten en fiesta y armonía, como hermanos. Hoy me han sentado en su mesa creyendo que un extraño es un amigo a quien no han descubierto todavía, porque los amigos de mis amigos son mis amigos como dice la canción, y ya hemos quedado en vernos en otra ocasión para compartir vida y mesa. Porque este encuentro lo hemos considerado un verdadero regalo de Dios. Para mí ha sido una jornada de Gloria. Vamos que pienso que mi madre ha dirigido todo el día para que no me faltara de nada, ni siquiera el pasadoble que bailaba con ella en las navidades con mis hermanos, y que hoy lo he bailado con Toni y Lina en Jerez de los Caballeros, allí Dios se ha hecho para mí  Misa y Mesa, sacramento de un regalo de Dios que no es otra cosa que el Dios regalado, eso es Jesús a quien hemos besado y adorado desde la vida.

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La felicitación de Pedro, religiosa y navideña

La carta de Pedro, un claretiano de hoy

Belen sencilloEntre saludos y felicitaciones  agradables recibidas en las fechas navideñas, las hay singulares. Unas lo son por la sencillez de formato, por la creatividad del símbolo, por la gracia que provocan, por la afectividad única que desprenden…pero entre todas ellas algunas lo son por el mensaje y la profundidad que portan como mensaje navideño y luz evangelizadora llena de buena noticia. Entre estas últimas pasea cada año con singularidad la de mi amigo Pedro. Cada año cuando recibo su felicitación, lo  primero que hago es leer con vehemencia lo que está escrito a mano, en letra muy pequeña y clara alrededor de todo el folio, hecho a toque de corazón dirigiéndose a mí y a mis entrañas, hablando de ese lugar grande que tiene para mi y los míos – de sangre y militancia- en su sentir y corazón consagrado; este año hablándome de ese Belén –en mayúsculas gloriosas- donde él tiene ya situada a mi madre en sus oraciones. Después sus alabanzas a mi  pequeñez y atrevimiento ministerial deseándome un buen año y en la promesa de que en éste sí nos abracemos más allá de lo virtual y epistolario de tiempos  y sentimientos fuertes.

El meollo viene configurado por un A4, escrito ecológicamente a doble página  con sus dos mil palabras aprovechadas, en mesura y esencia, hasta  el ¡¡Qué Dios os bendiga!! Me acerco a esa entraña, cuando llega, de un modo rápido, pero después pasa a un lugar reservado del escritorio desordenado, donde queda visible para un momento de paz, como está siendo el de esta tarde, para una lectura orante que alargue la octava porque la encarnación ya no tiene fecha, es eterna y como todo lo bueno no caduca sino que siempre enriquece. En esa tarea ando esta tarde, y me detengo en la gracia navideña y pascual que Pedro nos regala a muchos en comunidad sin ser colectiva, en profundidad sin ser teorizada, afectiva sin ser afectada, encarnada sin ser ideologizada, comprometida sin ser moralista, extraordinaria siendo humilde  y sencilla, excelsa, propia de un maestro, hecha desde el silencio y el anonimato de un hombre creyente y fiel, que se diluye en lo que hace sin portar figura alguna, como siendo uno de tantos.

Este año nuestro amigo ora ante el Padre y el niño-Dios, mirando al Belén – evangelizando cariñosamente las costumbres seculares y paganas de elegir personajes del año-  contempla personas entrañables de su vida y del año con ojos divinos: familia de un orden y otro, los que están de siempre y los que llegan, para seguir en el camino del carisma claretiano , adentrarse en la Iglesia con corazón universal y centrarse en el mundo amado por Dios, donde a borbotones se hace presente la divinidad envuelta en pañales y acostada en el pesebre. Divinidad que se cifra, para él,  en la fidelidad de un matrimonio -con sus tres hijos- que une monte y vida evangélica, de pobreza, austeridad y entrega para que los que no tienen se sientan tenidos y queridos; en el compromiso arriesgado fuera de la pereza y la comodidad, en las duchas de los que no caben en las parroquias ni en las plazas y se hacen ambulantes como los transeúntes , en el pago de las hipotecas;  en los enfermos que viven sanamente sin romper ninguna esperanza de los otros y, por ello, fuerzan hasta la propia para que no se pare la vida en el proceso de sus posibles muertes;  en los papas no olvidados –aun en el olvido de sospecha para muchos-  como Juan XXIII y Pablo VI; en la vela encendida en la ventana –  para ser obedientes también en lo externo al nuevo arzobispo- como signo interno de haber pensado “mil veces en estos años que si las semillas de bien que todos llevamos dentro brillaran de noche  las ciudades no necesitarían iluminación”. Y nos recuerda, de modo apasionado y divino, que nada de engaños con eso de que la crisis está acabando, que son muchos los golpeados y marcados con experiencias de cunetas – y por tiempo estarán mal que nos pese- ,  muchos los que están esperando que este año nuevo sea lugar de apertura de una etapa diferente, de que Dios sigue naciendo de lo alto en el corazón del hombre que aprende a vivir de otro modo y que sabe que PODEMOS –con o sin guiño en el término y su actualidad-: “renunciar para compartir, igualar, no permitir que lo que unos reciben multiplique lo que otros necesitan, sonreír más, crear espacios y estructuras de convivencia..”.

El tono, como siempre, esperanzado y optimista, no por estrategia sino por razones que son propias en su persona y que las recibe de su ser creyente y orante, donde se deja moldear por las promesas del Espíritu que actúa y proclama que lo que dice el evangelio es verdad porque ya hay señales que lo apuntan y sencillamente las ve en los otros más que en sí mismo, anunciando que está en terreno de celebración de plata de su ministerio querido y amado en el año presente. Desde ahí se agarra al cielo que unos tendremos por misericordia y que otros se merecen por justicia de esta vida injusta que les impidió el gozo de una vida digna. Y al final un toque más que de humor para nosotros –los cincuentones, en los que acaba de entrar él tímidamente en el 14- y para los jóvenes, atizando la candela para que el fuego del Reino que va a ser regalado nos  vaya quemando cada día más, en todo este 2015, y lo vayamos esperando a la vez que acelerando, como nos avisaba ya el Pedro –el apóstol primero-  de la primera carta que también escribía con espíritu como este claretiano.

La carta acaba con una bendición divina y llena de afecto, todavía no papal pero a tono con la alegría del Evangelio que Francisco pretende. Yo me recojo y la acojo, sabiendo que va a dar mucho fruto en mí, porque de la mano de este santo –mi amigo- nos llegarán mil gracias derramando, las felicitaciones del niño-Divino. Gracias Pedro, por la felicitación tan entrañable de cada año, que podemos poner en la mesa como el buen turrón  de Castuera –Badajoz- para ir pillando de ella trozo a trozo  con el  dulzor y la ternura de tu cuidado y atención de amigo divino. ¡Gracias, sean dadas al Padre, por ti¡

José Moreno Losada

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Hijas, madres y siervas

HIJAS DE LA CARIDAD, MADRES Y SIERVAS DE LOS POBRES

Tres conceptos que no  parecen poder ir  unidos  en la misma persona – hija, madre y sierva- y que sin embargo se funden en vivencias personales en el vivir de cada día de un modo anónimo  y fecundo. Me refiero a las Hijas de la Caridad, esas consagradas que en estos días suelen ser reconocidas y buscadas por las almas que sienten el deseo de ser más solidarias y generosas de lo ordinario y las utilizan como puente seguro y estable para llegar a los más necesitados, las que juegan con el azul del cielo y el blanco de lo sencillo en sus pobres hábitos y que las relacionamos con los comedores sociales, y los lugares de mayor dolor y sufrimiento causados por la pobreza.

Ayer el resfriado, no bien curado, me obligaba a ir al centro médico para utilizar el servicio de guardia buscando alivio a la noche de insomnio producida por una tos insoportable y una respiración pobre. Acudí al centro de San Fernando, desde el que tuve que evacuarme hasta la L del hospital donde están concentrados los servicios, con ese deseo de recorte que nos inunda. Pensé en los  pobres, los que no tienen los medios que yo tengo para desplazarse. Pero lo que captó mi atención, fue un grupo de gente que se movía en el parque de la barriada;  estaban gitanos, guardias civiles, hijas de la caridad,algunos paisanos y profesionales con cámaras grabando el momento. Creí que se trataba de apoyo para evitar algún desahucio de personas del barrio y me entraron ganas de unirme y estar con ellos, porque me siento en deuda con todos los que lo hacen normalmente y a los que no me uno por falta de organización y priorización del tiempo y las actividades. Pero no era un desahucio, se trataba de una recogida de productos de buena clase: aceite, patatas, etc. de un supermercado. Ya me enteré de la historia, aquello era fruto del partido de fútbol entre guardias civiles y gitanos, que celebran cada año, con la intención de sacar fondos de ayuda a los comedores sociales de la ciudad de Badajoz. Buena causa que ponían de manifiesto ante la ciudadanía con las cámaras y la presencia de los medios de comunicación. Allí estaban un par de religiosas, hijas de la caridad, con la sencillez y el anonimato que las caracteriza en su vocación y en su hacer, todo sin que se les note. Agarradas a las garrafas de aceite y a las cajas, al verlas los gitanos y civiles les pedían que no cogieran ese peso y se extrañaban con la agilidad con que las trasladaban de un sitio para otro. Ellas respondían, con sonrisas de cariño y fraternidad, diciendo que eso es lo que estaban haciendo todos los días. Tomé fotos del acto  para difundirlo en facebook con una simple anotación que decía: Gitanos, Guardias civiles, Cámaras, periodistas… y ellas, las que cargan, se encargan y se hacen cargo de los pobres, las que son hijas de la caridad y madres de los pobres. Y todavía me queda grabada su imagen en las entretelas de las entrañas ahí donde pretendo profundizar en ser y el vivir del Espíritu de la Navidad.

Las contemplo y en ellas observo ese espíritu auténtico de la navidad que es “el de todos los días”. Mujeres que se han descubierto en sus historias sencillas y ocultas como hijas de un Dios que les quiere gratuitamente y que las enriquece con esa capacidad de amar que no tiene medidas, ni ajustes, ni recortes,  solo la voluntad de darse y entregarse en una obediencia filial que las lleva a querer hacer la voluntad de su creador y Señor, como Jesús lo hacía queriendo ser fiel al Padre, y como lo hizo también la virgen su madre. Ahí están estas mujeres que porque se sienten hijas de Dios, en el corazón de lo divino se sienten,desde su pobreza, hermanas de la historia y en especial de los que no tienen hermanos, de los más pobres de esa historia.

En dicha visión de la vida es el único sitio  desde donde comprendo su virginidad. Hijas y vírgenes para ser madres y ser fecundas, hay una virginidad que fecunda la historia y que protege y lleva maternidad donde hay orfandad de cariño y cuidado humano. Miro el horizonte de la humanidad y las encuentro a ellas  allí donde está el solo, el roto, el inválido, el dependiente…donde la humanidad sólo es niño envuelto en pañales y acostado en pesebres de la sociedad. Allí están  con el manto del consuelo, con la ternura de la madre, con el beso del cariño que nadie puede dar ,si no tiene la gratuidad que Dios concede a los que le son fieles y le entregan todo el amor de que son capaces.

Y comprendo – lo que es un misterio para el mundo y para mí-  que son libres siendo siervas y esclavas, pero por amor. Las hijas de Dios, las madres de los pobres,  por la filiación y la maternidad –centradas en Jesús de Nazaret- quieren servir y amar  a esos señores de sus vidas que son los necesitados. No puede haber mayor locura que hacer de los pobres nuestros señores, pero esa es la locura del Dios Cristiano que vence al mal desde la compasión y la misericordia de una pobreza entregada en un amor sin límites, que se manifiesta en el Jesús que nació pobre en Belén. Ellas lo han entendido y cargan con el peso del sufrimiento de los otros y con todo lo que lo alivie porque es lo que hacen “todos los días”, oficio divino.

José Moreno Losada. Sacerdote.

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La luz de Belén…

“Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del SEÑOR ha amanecido sobre ti. “ (Is 60,1-3)

Acabo de llegar a casa, tras un paseo tranquilo y ordinario por el Nazaret de mi barrio. Han sido algunos los besos, las paradas y felicitaciones de personas conocidas que en el día de hoy saludan especialmente, pero me quedo con dos saludos sencillos que me alumbran en este momento en el que me dispongo a serenarme y abrirme al espíritu para la celebración de la fiesta de la Navidad.

El primero ha sido en la avenida principal de mi barrio sencillo, de estación de ferrocarril, un coche con aires deportivos, un mini pintado de amarillo fuerte con rayas negras, que brillaba con una limpieza especial. En su interior un señor de edad media que pitaba a alguien conocido, que no era yo, pero a su lado una mujer bastante mayor, con su rostro muy marcado por la vida, por los años y por la dureza, que saludaba con una fuerza inusitada en sus manos y brazos, y ella si debía dirigirse a mí en mi caminar por el paso de peatones aun en la distancia. Me sonreía con ganas y jaleaba su saludo con fuerzas, con muchas fuerzas… Y entonces me vino su rostro, su vida, y el lugar que ocupa cada domingo en la celebración de la Eucaristía en la residencia de los mayores en la Granadilla. Hace tiempo me pidió que le llevara una estampa de la virgen de la Soledad, patrona de Badajoz, que había perdido la suya y ella necesitaba su presencia y su protección, porque siempre la había guiado y cuidado en su vida, desde ahí comenzó una relación de cercanía y simpatía en su silencio y quietud de anciana pacificada en su interior. Hoy rompía los moldes de la quietud y su serenidad, era rostro encendido y alegre, mostrándome con orgullo que iba en el coche de un familiar, seguro que a pasar la nochebuena con los suyos. Se deshacía explicándole a su conductor quién era yo. Su rostro encendido lo he recibido como la luz de alegría y de la esperanza alumbrada en Jesús que como sol mañanero se mete en las rendijas de una humanidad que en la oscuridad llora porque quiere ver iluminado su hoy y su destino en aquellos que más sufren.

Ya cercano a la casa, ha sido una niña de unos seis años la que me ha llamado a gritos: Pepe, Pepe, Pepe… Iba orgullosa con su padre, me he dado cuenta que es de nuestra parroquia, participa en el despertar religioso, por lo que tendrá unos seis años. Me ha saludado con una familiaridad y una alegría contagiosa. Le he preguntado al padre que cómo estaban por este barrio tan lejano de nuestra demarcación y me ha comentado que viven por aquí, al lado de mi piso, o sea que somos vecinos. Desde aquí se planta semanalmente a nuestra parroquia porque allí tiene gente conocida y está contentísima con el proceso, todo un misterio. Pero me ha llenado de satisfacción su saludo infantil y familiar, alegre y entusiasmado, me ha despertado religiosamente a mí para esta noche y esta liturgia del niño Dios. He visto en ella la luz de una navidad que es imparable y que se pone a nuestro alcance para que podamos pillarla y adentrarla en nuestro corazón y desde ahí hacerse luz para todos.

Es curioso, ha sido la luz de una anciana, marcada en su rostro por la vida larga y dura, y la brillante luminosidad de una niña que comienza a vivir y abrir los ojos al misterio del sentido, donde me ha calado el silencio de la Palabra que se hace carne para darse como luz al mundo. Ahora entiendo mejor el misterio: “Ya el sol no será para ti luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará; sino que tendrás al SEÑOR por luz eterna, y a tu Dios por tu gloria” (Is 60,19).

Y me agrada felicitar con esta foto reciente propia para este día de navidad, para desear la Pascua de una Luz que no tiene ocaso, que brilla hasta al amanecer de una vida que será eterna y de gozo imparable para siempre, por eso siento el deseo de anunciar el evangelio que se ha puesto en nuestras manos de barro: “Y este es el mensaje que hemos oído de El y que os anunciamos: Dios es luz, y en El no hay tiniebla alguna.…”(1Jn 1,5-7)

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Cada día tiene su afán… y su adviento

Apuntes de un día de Adviento

Viernes de la segunda semana del tiempo de Adviento. Suena el despertador y  siento el frío fuera de la calidez del nórdico que protege con generosidad en la noche  gélida, pero salto con la idea de que hoy va a ser un día lleno de experiencias que van al hilo de la esperanza de este tiempo de adviento, así como del quehacer ministerial de un sacerdote secular. Tras el aseo diario y el ofrecimiento de obras, que van al unísono,  me encamino hacia la facultad pasando  primeramente por el rectorado para entregar cumplimentado el pago de la matrícula para la defensa de la Tesis que ya está ahí esperando culminación, se trata de un recorrido de veinte años de presencia en la universidad y de los cuatro últimos centrado en avatares de la motivación y sentido del estudio en relación con el bien interno de las profesiones, todo lo que se refieren a la dimensión vocacional de la persona. Vislumbro adviento en el proceso de lo trabajado, en la verdad de lo vivido, y en las claves que  podrán iluminar el futuro, porque es posible desarrollar competencias éticas en el ser universitario docente y discente.

gaudeteEn la facultad toca mirar el correo, como ejercicio de lo diario,  leer y escribir algo. Pero sobre todo preparar el corazón, los sentimientos y las palabras con las que queremos iluminar la liturgia del funeral de Michelle, mamá de Veronique Lucas, compañera de facultad, que se ha marchado de este mundo a sus noventa y tres años. Veronique  la ha cuidado con mimo estos doce últimos años, ha estado centrada en su acompañamiento y dedicación. Hoy lloraba, pero se sentía consolada con la presencia de sus hermanos y sobrinos que habían llegado de Francia tras un largo viaje de mil seiscientos kilómetros. Allí estaban personas de nuestra facultad, sus vecinos y su familia de sangre, tres pilares de sus relaciones como ciudadana, como profesional y como hermana. La clave del adviento era clara, no estábamos enterrando la vida de esta mujer anciana, sería incinerado su cuerpo acabado, pero su persona ultimada la sembrábamos junto con el pan y el vino en el corazón del Padre, sabiendo que ya estaba despertando en la alegría de Cristo Resucitado, adentrándose en la vida eterna del amor de lo divino, donde esperamos reencontrarnos con ella. Hoy recuerdo junto a la madre de Veronique mi propia madre, cuántas conversaciones amicables hemos tenido en el pasillo de la facultad, donde  tenemos nuestros despachos, en torno a nuestras madres y el cuidado que gracias a Dios le estábamos dispensando. El adviento del reencuentro me llama  y me esperanza en el sentido de la vida que se alumbra en aquellos que  nos lo dieron todo y nos sacaron lo mejor de nosotros mismos en los últimos tiempos de su vida: la ternura. Pero antes de salir para el funeral recibo en mi despacho una visita inesperada, en este caso el contraste del funeral que me espera. Se trata de Miguel, con su madre Angelines, el hijo de Jesús. Nació hace ocho días, fue una alegría el día que lo vi por primera vez en el hospital, hoy ya estaba devolviendo la visita con los ojos bien abiertos como reclamando que nos preparemos para su proceso de vida y de fe que viene con ganas. El contraste de lo nuevo que nace, junto a la despedida de alguien que va, tras una feliz ancianidad, a descansar con los suyos, me abre a la esperanza de saber estrenar cada día en la esperanza de lo eterno que se hace con  los mimbres de lo sencillo y lo diario.
Nuevamente al despacho para seguir con la tarea, tras participar en una conferencia coloquio en la facultad de Económicas acerca de la renta básica junto a los que forman parte del campamento dignidad que luchan por trabajo, casa y dignidad. Me sorprende la pasión de Manuel Cañada, ideólogo y líder de esta lucha, me encanta ver a los universitarios allí, sobre todos a aquellos que han acudido por el tema y entre los que descubro a un militante de la JEC. Acudo a casa para el almuerzo donde el cuidado de Milagros, siempre fiel, sigue haciendo de mi casa un hogar entrañable, hoy olía a la ropa planchada y a casa limpia. El cuidado sigue sobre mí y siento satisfacción de ser querido en estos detalles con una naturalidad no improvisada por esta persona cercana. La taza de arroz se adentra en el caldo preparado y tras la cocción oportuna degusto un plato incomparable de un sabor único y casero, detalle de los cuidados ya expresados. Adviento del cuidado en el hogar del vivir, en la cercanía de lo más humano y de lo más diario, como Dios mismo y su amor en la fidelidad del detalle.

Tras el descanso en la mediana del día,  pies para la parroquia allí un grupo de chavales de catequesis preparan su actuación para la celebración festiva y navideña que tendremos el próximo  Miércoles en el salón de actos. La alegría del baile y del canto me despiertan para sentir la cercanía del tiempo de la encarnación en los rostros de estos niños y niñas, se abrazan y quieren jugar y bailar conmigo, adentrándome en su propio ensayo como uno más de ellos. Un adviento de gaudete que  no tiene pérdida ninguna, solo entradas de cantos y de fiesta por  lo que se espera y el Dios del aleluya ha prometido.

Ahora la dirección es  para pasar de los niños del inicio a los mayores de la residencia. Ese lugar que nos gustaría que fuera paraíso en el que habitan un poblado de personas de edad avanzada, con una media de más ochenta y cuatro años, con los que comparto la eucaristía cada Domingo en la mañana. Hoy no es la eucaristía ni la reunión del grupo de Vida ascendente lo que me convoca, voy para presentar a Pedro Monty y Alberto Arroyo, dos artistas de una grandeza inusitada, pianista y cantante, a ritmo de boleros entrañables van a deleitar y hacer que se sientan divinos a todos los mayores que asistan al concierto. Me siento feliz de esta donación de arte y encanto que ellos hacen para estos mayores, con un corazón encendido y apasionado, Yo sé que les mueve el amor de nuestro Dios que quiere que la alegría llegue a todos los corazones. Los mayores  han sentido parte del cielo en la tierra, han gustado estas primicias generosas y les han sabido a gloria, ¿puede haber mejor adviento?

Con premura salgo para una celebración sacramental de la confirmación de un grupo de jóvenes de nuestra parroquia que se realiza en otra del centro de la ciudad. No es fácil aparcar en los alrededores, al final hay hueco casi en la puerta, lo cual me da alegría. Qué poca cosa para ponernos contentos en medio de la ciudad. Allí vestidos de fiesta se van desgranando los pasos y rituales precisos para que la imposición de manos y el crisma los consagre como testigos amados del Padre en el Espíritu de Jesucristo. Es toda una fiesta que me llena de esperanza, ellos lo viven con alegría y buena disposición. Queda el trabajo de un proceso que los ayude a descubrir la libertad radical que les ofrece el Espíritu que  acaban de recibir. Estos jóvenes hoy los descubro y siento como adviento de la Iglesia,  y deseo para ellos que  den aire a Jesús, que desprendan el olor de Cristo como el perfume del óleo con el que han sido ungidos.

Y ahora al final de la tarde, ya entrada la noche, voy al encuentro del amor esponsal con Francisco y María. Ella ha llegado esta tarde de  Sevilla  y estamos citados en su casa para trabajar la ceremonia de su próximo enlace matrimonial. Allí se desvelan los que van desposarse y me abren el misterio de su vida y su relación para inspirarme en una celebración que ya ellos han diseñado con mimo y cuidado. 2013-09-21 10.04.58Ahí me veo como testigo de signo sacramental donde está claro que ellos son los ministros y que la realidad significada va a ser desarrollada a lo largo de una vida en común llena de enamoramiento y de fe. Es todo un lujo poder adentrarse en una celebración donde los ministros del matrimonio han asumido como propia la labor de cuidar y preparar su ceremonia, con sus propias claves, experiencias y sentido vivo de su fe, la lectura creyente de su encuentro y de su proceso en el que Dios se les ha revelado como el Dios del amor humanado, seductor y atrayente. Una cena con sentir de Emaús, con un corazón que arde y siente en el amor explícito e incondicional que se tienen.

Y llego a casa con el palpitar de este Dios que nos trae y nos lleva en este adviento, donde la pregunta por el hermano cada día tiene respuestas nuevas y novedosas. Cómo no seguir esperando esperanzados, si tú estás viniendo a nosotros cada día en cada persona y en cada acontecimiento. Me adentro orante en  horas de noche  avanzada y doy gracias, hoy tras esta jornada,  por tu venida que augura un encuentro definitivo y gozoso contigo y con toda la humanidad. ¡Ven, Señor, no tardes¡

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Juventud estudiante “en-carnada”: Navidad

¿UNA NAVIDAD DIFERENTE O SEGUIMOS LA CORRIENTE?

Por una JUVENTUD ESTUDIANTE “EN-CARNADA”

JEC  de Mérida-Badajoz, navidad 2014

 

INTRODUCCIÓN: “Encarnación, Alegría y Fiesta”

cartel navidadPronto llegarán los días navideños y con ellos un montón de celebraciones con la familia, los compañeros de estudios, los amigos…y también con la JEC, en las parroquias. Cada año se nos plantea la misma cuestión de fondo: ¿Qué celebraremos y cómo vamos a celebrarlo? Esta pregunta también nos la hacemos en todos los niveles y se la hace toda la gente. Pero casi siempre el sesgo de la pregunta se centra para la mayoría de las personas –también los bautizados- en aspectos más bien externos: Dónde, con quién, a qué hora, qué comeremos, qué beberemos, el dinero, los regalos, las felicitaciones… Todos son elementos externos. Sin embargo la Iglesia, la fe, y por  ello, la JEC y las parroquias a las que pertenecemos nos invitan a algo distinto, nos proponen que esa pregunta nos la hagamos desde el interior, en lo profundo, en las motivaciones, en lo que somos, hacemos, queremos…donde está nuestra verdadera personalidad.

Pensando en la preparación del encuentro de Navidad y su celebración –como cada año-  nos hemos parado a pensar en el equipo diocesano el misterio que vamos a celebrar y nos hemos dado cuenta de varias cosas importantes:

  • El centro de la Navidad es la persona de Jesús de Nazaret.

 

  • 014En el nacimiento de Jesús se nos muestra un Dios “encarnado”, que se mete en la humanidad y en el mundo hasta el fondo de una manera muy sencilla: “Esta es la señal, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. O sea, el Dios Creador que se despoja de todos sus poderes para hacerse criatura débil y ser uno de tantos y así poder llegar a todos. Nos acordábamos de las parábolas que él contaba: grano de trigo que cae en tierra, levadura en medio de la masa, sal para el guiso, luz para la casa, todas con la idea de mezclarse y meterse dentro para dar algo a los demás. Es lo que Él hace al nacer en medio de la historia humana.

 

  • alegria jecCuando él llega en su pobre nacimiento provoca alegría y fiesta a mucha gente sencilla: su padre, su madre, los pastores, la profetisa Ana y el viejo Simeón, su primo Juan…Los ángeles cantan en el cielo y los sencillos se reúnen y van a celebrarlo con sus cosas a aquel sitio tan pobre. Hay un modo de celebrar que dignifica a las personas, un modo de divertirse que nos da vida. Recordábamos como Jesús supo celebrar y festejar en las bodas –puso hasta el bueno vino-, comiendo con los amigos, yendo a las fiestas de Jerusalén, a su pueblo Nazaret, con la familia de Lázaro, y hablaba siempre del Reino de Dios como banquetes y fiestas de alegría y gozo, de comidas y bebidas suculentas y ricas. Hasta antes de morir quiso hacer una fiesta, una cena de gala con sus discípulos más entrañables.

De este modo, Dios en Jesús se nos muestra como un “Dios diferente que no sigue la corriente”, que no  está pendiente de su poder y sus honores sino que se define como aquel que se encarna – se hace carne con nosotros- para darnos su vida. Un Dios de fiesta y alegría que  quiere celebrar los pasos dados por las personas y la humanidad, que nos invita a una diversión saludable y auténtica. Muchos no lo reconocieron  y continuaron “siguiendo la corriente, sin ser capaces de ver y ser diferentes”, siguieron desencarnados, yendo a lo suyo sin pensar en los demás ni ponerlos como centro de sus vidas, buscando sólo su propia placer sin saber compartir la alegría y la fiesta en la fraternidad más auténtica.

Nosotros, tocados por nuestras campañas: “Eres diferente o sigues la corriente”,  “Tu estudio ¿para quién?… “Por untrabajo decente…” , queremos que nuestra Navidad sea auténtica, o sea, diferente. Cada año tenemos la oportunidad de profundizar un poquito más en el misterio de la encarnación. Por eso este año queremos centrarnos en dos ideas sencillas:

  • Celebrar la alegría y la fiesta al estilo de Jesús: Llamados a evangelizar la diversión. “Por una diversión auténtica, creativa y diferente”. Este tema lo trabajaremos los de Instituto que ahora está siendo nuestro momento en que nos abrimos más a lo lúdico festivo y que debemos buscar la verdadera diversión, la que suena a Evangelio, a alegría auténtica.

 

  • Ser y hacer de un modo nuevo –nacer-: Llamados a un estudio -y un trabajo- encarnado, comprometido, digno, justo y solidario. Cuando hablamos de un estudio encarnado, de un estudiante comprometido a qué nos estamos refiriendo.  Cuando hablamos de trabajo decente, ¿integramos en la decencia aspectos de compromiso, encarnación dignidad, justicia, solidaridad?

 

Pues caminemos juntos y descubramos lo que este Jesús que nace en Belén ilumina en nuestros corazones de militantes de la JEC, de jóvenes estudiantes cristianos. Queremos vivir una verdadera y auténtica Navidad, queremos algo diferente y no seguir la corriente.

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