El reto del diálogo interreligioso

Un nuevo reto

 Recientemente, el arzobispo de Mérida-Badajoz, D. Celso Morga, me ha encomendado el trabajo de animar la Delegación Diocesana de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso. Un nuevo reto que, en el contexto actual, alcanza una dimensión de primer orden, dado el momento histórico que estamos viviendo. ¿A quién no le es familiar un vocabulario que habla de fronteras, atentados, yihadismo, fundamentalismo, interculturalidad, globalización, inmigrantes, persecución religiosa, martirios…?

En principio, uno se asusta ante el reto, ante una tarea que se vislumbra confundida entre los deseos por cumplir y las fuerzas por llegar. Sin embargo, es mucho lo que se está haciendo y avanzando en este tema, puesto que la necesidad de paz y de ética universal que este mundo necesita es, cada vez, mayor.

Parece ser que los grandes pensadores de la historia se inclinan porque no es posible una ética universal, ni la consecuente paz, sino  es en el encuentro de todas las ideologías y convicciones, contando con el concurso de todas las religiones. La Iglesia católica, en el último siglo, especialmente desde el Concilio Vaticano II, está preocupada y entregada por aportar y favorecer todo lo que se refiere al ecumenismo dentro del cristianismo, así como al diálogo interreligioso y con los no creyentes. De este modo, hace honor a su propio calificativo de católico -que le llama a ser universal-, no desde el exclusivismo, sino desde el encuentro y la comunión. Aunque este aspecto no siempre estuvo tan claro en la historia de los pueblos e, incluso, de la propia Iglesia…

Cuestión universal

En este sentido y desde este horizonte que ahora vislumbro con mis propias manos, me entusiasma la noticia que en estos días me llega y que me anima en esta bonita labor de ser puente y no frontera. Se acaba de reunir el foro consultivo del KAIICID (12 de abril), un laboratorio virtual de ideas para fortalecer el diálogo interreligioso. Este foro tiene como finalidad una necesidad urgente, que es la de abordar los desafíos en la prevención y la lucha contra el extremismo violento. El KAIICID es la única organización intergubernamental del mundo dirigida por una Junta Directiva multirreligiosa que busca construir la paz en zonas de conflicto, aumentando la comprensión y cooperación entre personas de distintas culturas y fieles de distintas religiones. Este centro fue fundado por Austria, Arabia Saudí y España, siendo la Santa Sede de la Iglesia Católica Observador fundador del mismo. Su junta directiva está formada por destacados representantes de las cinco grandes religiones del mundo (budismo, cristianismo, hinduismo, islam y judaísmo), quienes diseñan y supervisan los programas del centro.

Una de sus creaciones ha sido el Foro Consultivo, un órgano de un máximo de cien miembros de diferentes religiones, organizaciones religiosas e instituciones culturales del mundo. Los miembros de este foro, a título individual, prestan sus servicios y aportan su amplia experiencia y conocimiento de las grandes religiones y de instituciones religiosas, internacionales y de la sociedad civil. Hace unos días, en abril, ha tenido lugar la primera reunión de dicho foro. En su trabajo, quieren servir no sólo a este Centro, sino a la comunidad mundial, dada su pluralidad e interreligiosidad, a la vez que interculturalidad.

El Papa Francisco y nuestra realidad

Noticias de este tipo nos animan a nuestra labor, sabiendo que nosotros vamos a ir viviendo tanto el ecumenismo, como el diálogo interreligioso y con los no creyentes, a pie de calle, a golpe de abrazo, en nuestras  parroquias, a nivel de diócesis y en comunión con otras. Cáceres, de hecho, ya lleva tiempo caminando en esta vereda, con una repercusión positiva en este tema a nivel de ciudadanía. El camino del diálogo tiene perspectivas muy ricas, desde un nivel de reflexión y encuentro para buscar la verdad, que no es posesión de nadie, sino a quien todos deseamos encontrar y servir, a la vez que profundizar en ella. Hay muchos detalles que, a nivel de ideas, reflexiones, deseos, esperanzas, doctrinas, celebraciones, sentimientos, trascendencia, alteridad, unificación, etc., nos podrán unir y fortalecer, sin pretender que nadie tenga que dejar su singularidad ni arriesgar la nuestra; como una riqueza que se encuentra, para darse la mano, sin prepotencia ni desprecio alguno.

Y, junto a la verdad, el amor. El papa Francisco nos regaló hace a principios de año un sencillo documento visual, acompañado con sus palabras, profundas, sinceras, donde aparecían personas y signos religiosos de las distintas religiones, aunando su corazón en una caricia de fe y proclamando el deseo y la aspiración de un mismo amor fundamentado en la mirada trascendente de todos.

 El camino de la ética y la compasión

La ética y la compasión serán, seguro, un camino en el que todos podemos transitar juntos ya, sin tener que esperar. Hemos de comenzar a dar pasos en él, sobre todo si oímos el grito de los refugiados en las fronteras de Europa, amén de otros muchos sufrimientos de la naturaleza y de la humanidad. Sin olvidar, por supuesto, la acogida y el conocimiento mutuo en nuestras sociedades, desde un respeto hecho de lo diario y de lo normal, en la calle, el comercio, el trabajo, la escuela, la política, la diversión, el asociacionismo, la cultura, los jóvenes… Esto es lo primero y posible para todos, desde la tierra donde habiten nuestros pies y en todos los lugares, pero animados y guiados desde todas las comunidades religiosas y civiles.

En estos momentos, desde este nuevo sendero que comienzo a andar, según voy reflexionando, el ánima se anima, y comienzo a imaginar personas que están inquietas, o pueden estarlo, y me ilusiono en poder caminar juntos, en buscar a otros, en compartir y caminar por estos senderos de verdad, amor, acogida, conocimiento y compromiso mutuos. En el deseo de que la religión no sea obstáculo sino camino, nudo del encuentro de lo humano, lo justo y lo digno, del amor y la compasión universal. Desde ya, queda abierta esta Delegación a todos los que quieran trabajar con estos objetivos, porque todos somos válidos en el trabajo por la unidad y el bien de la humanidad como único horizonte. Y es posible si creemos en el amor, porque todos –en esta maravillosa aventura de la fe- somos hijos de Dios y humanos.

Una clave: https://www.youtube.com/watch?v=qExx-SiALBE

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Jóvenes apóstoles universitarios

CREO QUE LA IGLESIA ES APOSTÓLICA Y JOVEN

(Desde Granada)

Me sabe a Iglesia apostólica y primitiva… En la mañana, cuando tengo entre manos las laudes, las alabanzas del Señor, se cuela este watsap que me llega de Granada con tres instantáneas y una frase sencilla: “Se va a iniciar un grupo de universitarios en Granada”. Yo siento en mi interior al Espíritu que, ya se nos está anunciado en esta Pascua, y veo su acción callada y permanente en la Iglesia y en el mundo.

La veo en Álvaro y Carmen – ambos pacenses-, jóvenes apóstoles para el mundo universitario movidos por la fe en Cristo y su evangelio. En la realidad de Madrid, liberados para llevar la libertad a jóvenes de los institutos y de las universidades en España. Trabajan, hilan, esperan, contactan, creen, sufren, celebran, reflexionan, revisan, programan, llaman. viajan, anuncian, convocan…todo, viviendo al tope las cuatro notas de la acción católica, evangelizar, protagonismo laical, organizados, en comunión con los apóstoles…siendo jóvenes, estudiantes y católicos. Ahora en Granada,y allí con otro apóstol, Juan Casado, nacido en Fuente del Maestre, que tiene un corazón grande como su cuerpo. Creyente de vida, a impulsos y cabezonería, pero adelante en su ser y hacer, sin miedos y con fuerza. Estudiante de ciencias políticas, con inquietud para formarse, que ha llegado de extremadura para aquellas tierras granadinas y que no ha olvidado aquí su ser creyente, y desea compartirlo con otros en esa universidad. Fiel a la campaña de este año: “Si emociona pensarlo, imagínate hacerlo. Participa”, ahí está dando voz al Espíritu y presentando a jóvenes universitarios el proyecto de un movimiento especializado de acción católica en el ambiente estudiantil: la JEC. Él lleva años en ese oficio de querer tener un proyecto de vida y de compartirlo con un grupo de revisión de vida, de cara a vivir el evangelio unido a su ser joven y estudiante, en una iglesia de evangelio y en un mundo de justicia y de igualdad.

Con la noticia no puedo menos de volver a los comienzos de la Iglesia apostólica cuando los discípulos de Jesús fieles a la misión, donde se primaban lo tiempos sobre los lugares, iban de un sitio para otro para ser anunciadores de un evangelio de vida y de realidad en medio de la historia, dando fe y testimonio de lo que les había sucedido en su propia vida personal. Y en la lista de todos esos apóstoles, junto a Pablo, Marcos, Bernabé,Lidia…pongo a Álvaro, Carmen… Y recuerdo cómo nos decían que los primeros cristianos, metidos en medio del mundo, se movían por necesidades personales, económicas, familiares, estudiantiles, y allí donde llegaban se identificaban como seguidores de Jesús y daban testimonio e invitaban a otros para unirse y disfrutar de su riqueza interior y su sentido de la vida, para hacer juntos el bien, y no puedo menos de ver cómo eso hoy vuelve a suceder en muchos sitios, por muchas personas habitadas por el Espíritu de Jesús, y ahí pongo sin duda a este universitario joven, Juan Casado, que movido por la inquietud de estudiar ciencias políticas para formarse y comprometerse más, se mueve en el campus de Granada y sirve de enlace para comenzar la andadura de un nuevo grupo cristiano de universitarios que aprendan a unir fe, vida y estudio, buscando una experiencia de Jesús resucitado en el propio proceso personal y comunitario, en un ambiente específico como es el estudiantil universitario. Ahí será como grano de mostaza, de sal, de pequeña luz y se abrirá para que la levadura del evangelio en el Espíritu creza en su facultad y en su campus.

Yo recibo la noticia y siento que el Espíritu me lleva a alabar a Dios por la acción apostólica de estos jóvenes, que nos llama a conversión para ser Iglesia en salida, misionera de verdad, a creer en la Alegria del Evangelio y en el Gozo del Amor.
Gracias¡¡¡

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SOLITAS, pero no solas

Celebrando la Unción de Enfermos

Se llaman Soledad, pero familiarmente les llamamos  Solita, madre e hija. Hemos compartido y celebrado juntos  una celebración singular, pues en la parroquia hoy hemos ungido con el óleo bendito de los enfermos a un grupo de personas de la comunidad, que querían recibir esta bendición  para que Dios les proteja, fortalezca y acompañe en esta etapa, ya más última de su vida. El criterio para recibirlo era que  vivieran una enfermedad grave o que ya estuvieran en los setenta y tantos avanzados, que se consideraran en una etapa de mayores, de vida ascendente que le llamamos con esperanza. Han sido casi veinte feligreses, gozosos y animados los que han sido ungidos y abrazados por la oración de toda la comunidad en la celebración de la eucaristía dominical.

Solita, Madre e Hija

Entre ellos estaba Solita madre, que amadrinada por su hija Solita –  experimentada en esta gracia, pues recibió hace siete años este sacramento, cuando los pronósticos eran de muerte para ella-, ha querido recibir esta gracia del sacramento, pero  ha querido celebrarlo festivamente y yo me he unido a madre e hija para comer juntos, en un restaurante amigo y cercano a la parroquia. Tanto el dueño, los camareros y los vecinos comensales han podido notar el tono de alegría efusiva y de celebración que nos embargaba, se han enterado que veníamos de celebrar un sacramento de gracia,  el de la unción de los enfermos. La alegría nos venía por la lectura creyente que ellas han hecho del evento y que a mí me ha llenado de fe, sintiendo una vez más la presencia del resucitado al partir el pan en la mesa con unas personas tocadas por Dios en su experiencia vital.  Los dichos que hemos proclamado eran muy sencillos: “Siempre como hoy, y mejor cuando Dios quiera” y el de aquél que dejando de beber y pasando por un bar sin caer en la tentación, al haberlo sobrepasado se decía a sí mismo, “por lo bien que lo he hecho me voy a volver a tomarme una copa”. Así estábamos nosotros con las copitas de brindis oportunos, por  la sensibilidad que nos acompañaba. Yo tomaba nota de todo y me dejaba embargar por su gracia, en una de ella ya elaborado por una enfermedad de bastantes años, en la otra por la recién recibida en la unción con el óleo bendito.

Solita, madre

La madre daba cuenta de la presencia de Dios en su vida. Recordaba aquella parábola  del hombre que llega a la presencia de Dios y comienza a ver con El las huellas de su vida, y al verlas se sentía triste y recriminaba a Dios  que, en los momentos más duros, lo había dejado solo, porque solo se veían dos huellas  y no cuatro. Dios, con sonrisa y una ternura divina, le explicaba que en esos momentos era Él quien lo había cogido en brazos y por eso sólo se veían las huellas de una persona sola. Así, decía ella ha sido en su vida, ha vivido momentos duros, pero nunca le ha faltado el Señor, cuando se ha confiado a Dios y se ha dispuesto a aceptar su voluntad, ha sentido su acompañamiento, fuerza, consuelo y esperanza. Así, por ejemplo, le ocurrió con su  hija Solita, cuando por el derrame cerebral se auguraba como muy posible su muerte, ella se puso en manos del Padre pidiendo su voluntad, y ahí estuvo el Señor como El quiso. Y ahora le agradece  la vida que ha perdurado en ella, a pesar de su enfermedad, pero lo que más resalta y por lo que lo bendice, lo proclama, lo exalta, es porque  Solita, ha descubierto a Dios en su enfermedad, y tiene hoy una profundidad ejemplar, una confianza tremenda, una alegría auténtica, allí donde se podría pensar que hay motivos para desconfiaza, desesperar, o entristecerse y quejarse continuamente. Por eso hoy ella recibía este sacramento con la alegría de la esperanza y la confianza de un Dios que siempre le ha querido.

Solita, hija

El hilo de la lectura creyente la continuaba la joven, hilvanando su propia historia. Rebelde profunda, desde los catorce años quería irse de casa, habiendo vivido en París, Fuengirola, viajado por todo el mundo, estudiado derecho, manejo de idiomas… la vida centrada en ella y en sus intereses sin tiempo  para nada. Lo ajeno, sobre todo el dolor, no lo percibía, ni lo atendía, aunque tuviera sensibilidad de fondo. El ajetreo del tener, del sentir, del gozar, del vivir por encima de todo, el nublaba. Y ahora un zarpazo de derrame cerebral, le devolvía al punto a cero de su existencia, le dejaba “solita” con ella misma para reencontrarse en la esencia del vivir. Pierde todo, su hablar, su saber, su movilidad, su pensar, su sentir, aparentemente muerta,  ahora había que comenzar todo absolutamente de nuevo. Pero la rodeaba un amor incalculable y gratuito, desde su madre, sus hermanas, sobrinos, amigos…se abría un horizonte en el que Dios se hacía palpable, compañero de camino, verdad consagrada. Y comenzó a sentir y vivir en la verdad, en el valor de lo más pequeño como el mayor tesoro, decir una palabra, dar un paso, abrir los ojos, reconocer y recordar algo, volver a ver un amigo, hasta irse un fin de semana a Toledo, ahora es todo gracia, todo gracia…Nada le es ajeno, todo le importa, todo lo quiere, todo lo ama y lo valora. Y dice ella: antes estaba muerta y ahora vivo, tengo vida. Cuando todo podría hablar de muerte y pérdida en su vida, ella habla de vida y resurrección, de alegría. Por eso hoy la mesa era una mesa de fiesta.  Estaba con dos ungidas por Dios, la madre y la hija, las dos Solitas, pero ninguna de ellas solas porque han encontrado un Dios que es vida, amor, familia, comunidad y tienen una confianza total. Porque saben que cuando llegue lo peor, Dios se abajará las subirá en brazos y las llevará hasta la gloria. Eso es lo que se celebra en la unción de enfermos.

Gracias por vuestra gracia, hoy he sido yo el que he salido ungido de resurrección con vuestras vidas.

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La colecta de Europa para Ucrania

El arzobispo de Mérida-Badajoz, se dirige a sus fieles con motivo de la colecta imperada por el Papa Francisco en Europa con la mira puesta en Ucrania y habla de un gesto de ecumenismo y diálogo interreligioso:

Queridos sacerdotes y fieles de nuestra Iglesia de Mérida-Badajoz:

El papa Francisco, como pastor universal, ungido por el deseo de que la misericordia y la compasión se hagan universales y la Iglesia sea portadora de ellas, nos ha convocado a todos los católicos europeos para una iniciativa que quiere ser gesto sacramental de la preocupación por la humanidad.
El Domingo, dedicado a la misericordia, tras la celebración de la eucaristía anunció una colecta para recoger fondos, el próximo 24 de abril en las parroquias de Europa, durante la misa del domingo, para destinarlos a paliar la acuciante situación que se está viviendo en Ucrania. Para ayudar a “quienes se encuentran en estas tierras golpeadas por la hostilidad, que ya ha causado varios miles de muertos, y a quienes -más de un millón- se han visto obligados a abandonarlas ante la grave situación”. Pidió “una generosa donación” a los fieles y “un gesto de caridad que, además de aliviar los sufrimientos materiales, quiere expresar mi cercanía y solidaridad y la de toda la Iglesia con Ucrania”. Allí se encuentra más de ochocientas mil personas desplazadas en territorios bajo control del Gobierno ucraniano, así como dos millones setecientas mil personas en zonas bajo control de los separatistas prorrusos en el este del país. Cerca de medio millón de personas tienen “una urgente necesidad de recibir alimentos”, pero las principales carencias son sanitarias. En la situación más dramática se encuentran los niños, pues unos 200.000 menores han tenido que abandonar sus casas y refugiarse en otras regiones alejadas del conflicto.

Los fondos recogidos en la colecta serán repartidos como ayuda humanitaria para todos los necesitados y en cooperación con todas las representaciones religiosas del país, donde los católicos son cerca del 10 por ciento. El objetivo del Papa es alertar sobre una situación humanitaria que le preocupa mucho y que ha perdido la atención en los medios de comunicación a pesar de su gravedad.
Como podéis ver la llamada y el signo están en la línea del lema de este año: “Sed misericordiosos como el Padre”. Compartir los bienes es una de la claves de la medida de nuestra de fe y de nuestra conversión, más si lo que hacemos está dirigido a todos los hermanos, tanto cristianos como de otras religiones, dando así un verdadero signo de comunión en el amor, que nos congrega en la unidad querida por Jesús en la más profundo de su corazón: “Que sean uno, como tú y yo, somos uno para que el mundo crea”. Nuestra colecta tiene por tanto un sentido de comunión en el sentir, de compartir en lo económico y de unidad – ecuménica y dialogante- en la esperanza de la verdadera libertad y salvación.

Sé que esta llamada, que el pastor universal nos hace, no va a caer en saco roto, porque conozco vuestra generosidad mostrada en muchas ocasiones. Os animo para que esta vieja Europa, arraigados en las raíces de nuestra tradición cristiana, con nuestra generosidad demos testimonio de amor y de fe, mostrando que es posible renovarnos y nacer de nuevo en lo mejor del humanismo cristiano, que no sabe de indiferencia porque se abre a los sentimientos de Cristo. El marco de la Eucaristía, da sentido pleno a esta colecta que reconoce la presencia real de Cristo en los sufrientes de la historia, que el pan glorioso que compartimos nos llene de deseos de justicia y dignidad para todos.
Agradeciendo de antemano vuestra preocupación e interés por esta colecta, que será signo de nuestra fe y esperanza, os bendigo en el Señor, asegurando que El nos dará el ciento por uno y la Vida eterna.

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El papa: ¿Poder fáctico?

COMPASIÓN Y DEBILIDAD

PapaEl gesto requiere ser digerido. El Papa Francisco ha estado en Lesbos, la Iglesia ha de entrar en silencio, junto a su Pastor, para elaborar lo que el Papa ha visto y oído, para poder contarlo, así como para apropiarnos humana y espiritualmente de este gesto del hermano mayor que nos quiere confirmar en la fe. El gesto no es baladí, quiere entrar en las entrañas de lo auténtico a la luz del evangelio para proclamar  con el apóstol Pablo, mirando a Cristo – el crucificado que ha resucitado- que “la fuerza se realiza en la debilidad”. Necesitamos la clave fundamental cristológica para poder rumiar este gesto simbólico de la presencia del papa en medio de la mayor debilidad de la humanidad, para poder entrar en su dolor compartido, en su abrazo real, en esa intemperie de lo divino.

Cuando trato  de digerir y orar desde el gesto, queriendo que al menos no se pase sin dedicarle unos minutos, me encuentro que mi compañero Pepe Hermoso -sacerdote de Plasencia- ya da pinceladas de lectura creyente sobre este hecho,  el color de interpelación paterna, de radicalidad eclesial, de evangelio a pie de obra, y siento la necesidad y el gozo de poder compartirlo desde este lugar divino y humano:

NO ESTÁIS SOLOS

Lesbos, maldito y bendito Lesbos, en el que se nos ofreció ayer lo mejor versión de la razón de ser del cristianismo en esta Europa tan atemorizada y tan incapaz de juzgarse a sí misma con los ojos de sus víctimas. A quienes tantas veces se preguntan, desde la comodidad de su teoría o inquina partidista, para qué sirve la religión más allá de apaciguar angustias, satisfacer deseos y piedades personales, el Papa Francisco y los patriarcas Jerónimo y Bartomé… nos han dicho con su insólito y valeroso gesto en el campo de refugiados de Moria que el cristianismo y los cristianos tenemos siempre una clara e ineludible misión pública: mantener vivo el clamor y la memoria de los sufrimientos de los seres humanos en esta cultura del amnesia y la evasión; rechazar el pragmatismo democrático que reniega de la memoria del sufrimiento y fomenta la xenofobia y las fronteras cerradas que se va extendiendo como mancha grasienta por el mapa europeo elección tras elección; y colaborar con las demás religiones y con los hombres de buena para la salvación y la compasión social y política de nuestro mundo.

Y todo desde una asombrosa puesta en escena. Tan simple, tan falta de ceremoniales y protocolos, que los tres importantes personajes se movían tímidos, descolocados e inseguros y, sin embargo, atentos a escuchar y dispuestos a abrazar a quienes corrían y se arrodillaban desesperados ante ellos para compartir su dolor y su angustia. Aquí no había masas enfervorizadas que aclamaban y vitoreaban, sólo un rumor de niños y de gentes que miraban pero no parecían entender nada; no se alzaban pancartas con el “te quiere todo el mundo”, sino cartones improvisados en los que se leían “Necesitamos ayudad, ayuda, ayuda” “Salvadnos del genocidio”. Viendo todo ello tuve la sensación por primera vez en un acto con presencia de un Papa, de lo pequeña, impotente que puede ser la Iglesia y de la fuerza vigorosa que desde esa impotencia posee para conmover e impregnar al mundo de su compasión evangélica. Qué bien lo supo resumir el Papa en su regreso: ¡Esto es demasiado fuerte para mí”!.

Gracias Pepe, por ayudarnos a ver cómo la debilidad de un Papa nos puede mostrar la fuerza de la misericordia de un Dios amoroso y sencillo, como el de Jesús de Nazaret. Aquí no faltan razones para creer y para convertirse.

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¿Un nuevo obispo en Plasencia?

Alegría para Jaén

Acaban de designar a nuestro amigo y hermano Amadeo, obispo de Plasencia durante más de una década, para la diócesis de Jaén. Felicidades a él por esta confianza que depositan en su persona para ir a una nueva comunidad diocesana y felicidades a la feligresía jiennense que lo acoge con alegría y esperanza, mi amigo Juan Rubio lo ha hecho de un modo público en el diario de Jaén. Su carta de presentación ante el pueblo cristiano y la ciudadanía de esa tierra, no tiene desperdicio en lo que se refiere a actitudes de pastor. Deseamos que Dios se las conceda, como, según los placentinos -con sus trozos salmantinos incorporados-, lo ha hecho hasta ahora. Le deseamos lo mejor a él, como hermano y padre de esta Iglesia extremeña, y a los hermanos de aquella iglesia.

Un nuevo obispo para la provincia eclesiástica de Extremadura

Ahora toca esperar un nuevo pastor para esta iglesia placentina y, aunque nadie me ha dado vela en este entierro, yo me apunto a la resurrección y al sentir eclesial y humano de la provincia eclesiástica y del pueblo extremeño para pensar en voz alta y compartirlo de buena fe. Dado que el papa nos habla de la escuchoterapia, que conlleva también ternuraterapia, etc… pienso yo, que no estaría de más – seguro que lo intentan desde la conferencia episcopal, la nunciatura y el propio vaticano-, manifestar sentimientos, deseos, ilusiones, esperanzas, para que puedan tenerlas en cuenta para la designación del nuevo pastor.

Ni que decir tiene que deseamos un pastor como los describe el Papa cada vez que se dirige a los obispos en cualquier lugar del mundo. Y que lo más importante no es de dónde sea, sino cómo sea y quiera ser, que las dos cosas son fundamentales. En alguna ocasión ya he mostrado que nos alegramos del modo y forma como el arzobispo de Mérida-Badajoz, riojano y romano por misión canónica durante décadas, se ha integrado en nuestra diócesis y va dando sus pasos de acompañamiento y animación de la comunidad diocesana, en la que ahora mismo estamos en proceso de escucha y de opciones desde las realidades básicas de las parroquias, movimientos y asociaciones, incluidos los sacerdotes y religiosos, de cara un futuro proyecto pastoral compartido. Claramente esto es lo fundamental.

Con vosotros cristianos, para vosotros pastor

Pero también, sería bueno y un detalle pastoral, que junto a este arzobispo y el obispo de Cáceres, nacido en nuestra tierra, formado en Toledo y trabajo ministerial en Valladolid, formara parte de esta provincia eclesiástica como pastor, alguno formado en estas iglesias de nuestra provincia eclesiástica, que ministerialmente se han mezclado a fondo con la pastoral de estas diócesis, que trabajan con ilusión y esperanza, pastores y párrocos consolidados que creen en la posibilidad de hacer una iglesia en salida y compasiva, con predilección por los más pequeños y heridos de nuestro pueblo, en nuestra región de Extremadura. Creo que los hay en las tres diócesis, que son queridos por sus presbiterios diocesanos y muy considerados, que trabajan siendo referentes de compromiso y cercanía, tanto para los sacerdotes como para los laicos cristianos. Que tienen una formación muy cuidada y equilibrada, a la vez que radical y comprometida, sin buscar ser obispos. Que siempre se muestran disponibles. Pienso en mi interior y me vienen bastantes, aunque hasta sentiría cierto dolor por alguno de ellos que si lo eligieran, imagino que perdería su cercanía que hasta ahora me enriquece de un modo extraordinario.

Aciertos y deseo

Creo que sería bueno, porque eso aportaría un adelanto grande con respecto a la conexión  del pastor con la historia, el momento y la situación que Extremadura está viviendo en estos momentos tanto a nivel económico, social, político, cultural, rural, como eclesial y pastoral. Considero que en las ocasiones en que se ha hecho de esta manera hemos sido enriquecidos, tanto en la elección de Amadeo para Plasencia, como cuando Ciriaco estuvo en Coria-Cáceres. Este elemento humano, histórico, social, pastoral específico, sabemos que no es estructural, ni tiene que ser exclusivo ni excluyente, pero sí sería un detalle de escucha y de ternura, que nos ayudaría a reconocernos validados y valorados por la Iglesia Universal al elegir un presbítero bueno de nuestras propias diócesis extremeñas. Sabemos que no lo debemos ni podemos exigir, pero sí podemos decir que nos alegraría contar con una cercanía, que no hubiera que crearla porque ya existiera, con la tierra, la provincia eclesiástica y el pueblo extremeño. Ah, y si te lo proponen – pienso en sacerdotes hermanos y amigos extremeños activos, y en alguno en especial- no dudes en aceptarlo, será un honor tenerte como pastor, sabiendo que hueles a oveja desde hace mucho tiempo en nuestra tierra y en nuestro pueblo. Abrazo a la Iglesia de Plasencia y los mejores deseos desde esta de Mérida-Badajoz.

José Moreno Losada.

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Gases lacrimógenos

“Dichosos los que lloran…ay de los que ahora reís”.

lacrimogénosNos cuentan que el Papa Francisco quiere ir a Lesbos, allí donde se están deportando a los pobres refugiados sin más miramientos, donde nos parece poco su llanto y su sufrimiento y les ayudamos con los gases lacrimógenos.

¿Por qué quiere ir, qué es lo que le mueve?

DESALOJADOS

Todos somos peregrinos en la historia, nacemos y peregrinamos hacia un destino mistérico. Mientras vamos de camino todos necesitamos sentirnos alojados y nos da miedo vivir en la intemperie, desalojados, sin techo, ser transeúntes sin referencia de hogar y de calor humano y familiar. La realidad nos muestra una muchedumbre ingente de desalojados en nuestra sociedad por motivos diferentes: En nuestro mundo hay 174 millones de migrantes con dirección al norte y 60 millones con dirección al sur, por razones y motivos variados. En lo que se refiere a los refugiados, este año más de 800.000 personas habrían llegado a Europa a través del Mediterráneo, y más de 3.400 habrían perdido la vida en esa ruta. Miles de personas –más de treinta mil en España- viven a la intemperie en la calle sin referencia de hogar alguno. A todo esto últimamente se suman los desahucios, según el CGPJ en el primer trimestre de 2013 se ejecutaron 19.468 desahucios, lo que arroja una media diaria de 216. Efectivamente la pérdida del empleo y la vivienda, perder el trabajo, ser desahuciado, vivir en la calle, verse obligado a cambiar de lugar de residencia o país por miedo, persecución, pobreza… son cambios drásticos, situaciones de pérdidas que, vividas de manera prolongada en el tiempo, crea situaciones personales y familiares de sufrimiento, desesperanza, preocupación, incertidumbre. La persona entra en un estado de indefensión, en el que especialmente, necesita del amparo social y comunitario, la falta de éste hace que la persona se sienta desprotegida, desalojada y pueda llegar a experimentar la depresión y vacío existencial.

LA SEÑAL DE DIOS: un desalojado

“Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.” (Lc 2,6-7) En el tiempo de Navidad escuchamos repetidamente que la señal de Dios, según el evangelio, es el desalojo, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre porque no había alojamiento para él. Como le puede ocurrir a cualquier refugiado, perseguido, desahuciado, emigrante, transeúnte. Está clara la identificación de Dios con los que no tienen vivienda, con los que son “peregrinos del mundo y la historia”, no hay duda de que es verdad que se ha hecho uno con ellos, y que por eso puede decir que lo que le hagamos a ellos se lo hacemos a Él. En la cruz le dieron vinagre para su sed, en su llanto de expiración, para que no quedara en esta frontera.

EL LÍO DE LA MISERICORDIA

Desde nuestro Dios, que se nos muestra en Jesús como pobre, perseguido, peregrino, transeúnte, desalojado, estamos llamados a “dar posada al peregrino”, a acoger al que está desalojado, desahuciado, en la calle, a la intemperie.“La ‘buena acogida’ comprende desde la hospitalidad a la comprensión, la valorización necesaria para el recíproco reconocimiento; destierra los prejuicios y busca una convivencia en armonía. Nuestra sociedad es, y en el futuro próximo será, en mayor medida, multiétnica e intercultural. Como cristianos la actitud que habríamos de adoptar ante los inmigrantes está recogida en la Ley de Santidad: “Si un inmigrante se instala en vuestra tierra, no le molestaréis; será para vosotros un nativo más y le amarás como a ti mismo, pues también vosotros fuisteis inmigrantes en Egipto” (Lv 19, 33-34).

Compromiso:

– Seguir al Papa Francisco en sus planteamientos concretos ante los hechos que están ocurriendo. – Relaciones de acogida, vecindad y fraternidad con los que nos rodean y especialmente con los que han llegado de fuera. Hacer de nuestra casa un espacio abierto y de acogida. – Tratamiento laboral justo a todos los inmigrantes en nuestros espacios familiares, empresariales. Apoyo a sus reivindicaciones justas y solidarias. – Tener presente a los inmigrantes en todos los foros y contar con ellos en nuestras programaciones: Familiares, escolares, comunidades parroquiales, Movimientos, asociaciones. – Dejarnos evangelizar por los inmigrantes, aprender de sus historias, de sus actitudes solidarias..

-Colaborar con las instituciones que cuidan de los refugiados, de los que viven en la calle y de los transeúntes o peregrinos.

Orando:

Dios Padre de todos, que en tu gran amor y misericordia nos has querido dar a tu propio Hijo, para amarnos hasta el extremo y darnos tu Espíritu para que habite en nuestros cuerpos como un templo suyo. Tú que habitas en nuestro interior y que quieres que te abramos las puertas de nuestra vida, siendo nuestro creador, te has hecho criatura y te has mostrado débil y pequeño en un nacimiento lleno de intemperie, de pobreza y desalojo. Tu señal nos deja perplejos y confusos: ¿por qué has querido ser siervo siendo rey, vivir a la intemperie siendo tu el señor de la creación, ser peregrino y no tener donde reclinar la cabeza si eres señor de los Cielos y de la tierra? Miramos nuestro mundo y su dolor en millones de hermanos que son deshabitados y desalojados, que viven en el margen y a la intemperie, solos y a pie de la historia y del mundo. Los vemos con tu corazón y comenzamos a entender tu mensaje, ellos son nuestros hermanos y en ellos te revelas tú para con nosotros. Los ha elegido para venir a habitar en nuestros corazones y en nuestras casas, sabemos que cada vez que nos acercamos y nos hacemos prójimos de ellos, te acogemos a Ti y te adentras de nosotros para darnos tu vida y tu gracia. Ayúdanos a entender que cuando ejercemos la hospitalidad favoreciendo a los que no tienen hogar ni calor estamos adentrándonos en tu verdadera señal y tú estás naciendo en nosotros y en nuestros corazones. Queremos verte en los refugiados actuales, peregrinos, emigrantes, perseguidos, transeúntes, desahuciados, abre nuestros ojos y nuestro corazón desde Belén y desde el Calvario.

lacrimogénos

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Visitar al enfermo

Sanos o enfermos?

 Hablar de  salud y enfermedad en nuestro mundo no es nada fácil, depende del lugar y del dolor con que se mire. La Organización Mundial de la Salud dice que la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social;  se trata de una salud integral que atiende a las dimensiones fundamentales de la persona. En el lenguaje cotidiano, la enfermedad es entendida como una idea opuesta al concepto de salud: es aquello que origina una alteración o rompe la armonía en un individuo, ya sea a escala molecular, corporal, mental, emocional o espiritual. No es casual que la palabra salud tenga que ver con la palabra salvación, mientras que la palabra enfermo tenga que ver con debilidad, inseguridad y dolor.

Nos valen estos conceptos sencillos para mirar nuestro mundo, la sociedad actual y nuestras propias personas. Está claro que la enfermedad está presente y se manifiesta de múltiples formas que impiden en desarrollo integral y armónico de la naturaleza y de la humanidad, el listado sería fácil para cualquiera de nosotros: desastre ecológico, hambrunas y enfermedades que afectan una gran masa de la población mundial, así como la situación de depresión, soledad y tristeza –de baja estima- que se vive en los países más ricos que parecen tenerlo todo. A esto se suma lo que viene como límite propio de nuestra propia naturaleza humana, siempre expuesta a la debilidad de la enfermedad, la limitación física, psíquica o espiritual, la muerte, de un modo u otro.

No hay duda de que hay enfermedad, pero sobre todo de que hay enfermos, con dolor y sufrimiento.

 

Compasión y misericordia

 Ante esta realidad, se nos invita a vivir la misericordia entrañable de nuestro Dios, que nos interpela y nos lanza a vivir algo propio de lo divino hecho humano: “visitar a los enfermos”. Conviene que nos paremos y profundicemos en esta obra de misericordia y en su alcance más profundo, tanto por lo que otros pueden necesitar de nosotros, como lo que nosotros podemos enriquecernos en el encuentro con el mundo de los enfermos.

Jesús de Nazaret se identificó con la misión del encuentro con los enfermos y los que sufren: «Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: “¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?”. Jesús les respondió: “Id y decidle a  Juan lo que estáis oyendo y viendo: los ciegos ven y los cojos andan,  los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan,  a los pobres se les anuncia la buena nueva (Mt 11,2-6)

 

De la pena al encuentro

 Visitar a los enfermos  supone pasar de la pena al encuentro. No  estamos llamados a penar sino a caminar junto al otro en la vivencia de su enfermedad, dolor y sufrimiento. El lugar del enfermo está en medio de la comunidad que lo sana, incorporándolo y cuidándolo, para que  no pierda su protagonismo ni el sentido de su vida. La misericordia nos llama a hacer más saludable nuestro mundo y nuestra sociedad. Hoy necesitamos recuperar e integrar el concepto del enfermo para llegar a vivir todos sanamente la enfermedad. Para ello se requiere:

•          Reflexionar y compartir cómo es nuestra consideración y relación con los enfermos que tenemos cercanos, cómo solemos reaccionar ante la enfermedad. Visitemos a los enfermos y eduquemos a los niños y jóvenes en esta obra de misericordia.

•          Analicemos si nuestros modos de consumo y hábitos de vida son sanos para nosotros y sanantes para los demás.

•          Cuidemos y defendamos, como propio, el sistema sanitario del que nos hemos dotado en nuestra sociedad. Este reto es tanto para los profesionales como para los usuarios, hemos de hacer un uso digno, justo y solidario de este servicio.

•          Pensemos nuestras comunidades parroquiales teniendo en cuenta a los enfermos, su dolor y sufrimiento.

•          Busquemos la relación viva  y cercana con las realidades de limitación y enfermedad que están a nuestro alcance: residencia de mayores, de discapacidades físicas y psíquicas, centros de alzheimer…

•          Colaboremos seriamente con las organizaciones que se preocupan de la salud a nivel universal, especialmente en los lugares de mayor pobreza y sufrimiento: Manos Unidas, Médicos Sin Fronteras, Medicus Mundi, Cruz Roja, etc.

 

Creyendo y orando

 Y los que  tenemos dimensión orante y creyente, oremos por los enfermos y por nosotros mismos, para que sepamos vivir la enfermedad:

Querido  Jesús, tú tenías conciencia de que no necesitaban de médico los sanos, sino los heridos y rotos de la historia. Te identificaste con el dolor y el sufrimiento de los enfermos, lo aceptaste y lo sufriste hasta la muerte, y desde la vivencia radical de tu entrega, tu pasión y cruz, nos has mostrado que lo que hiciéramos a uno de los enfermos lo estaríamos haciendo contigo. En ti,  el Crucificado -que ha resucitado-, nos ha visitado Dios a todos nosotros, como humanidad enferma y herida, para salvarnos y llevarnos a la vida plena. Nos has visitado con las claves de la sanación, del perdón, de la esperanza, de la alegría,  de la comunidad.

 Tú hacías del enfermo el centro de la comunidad, enseñabas a todos que la debilidad había de ser compartida. Tú sabías darle  al enfermo el protagonismo que le correspondía, atento a lo que ellos querían. Tú colaborabas para que el ciego viera, el sordo oyera, el paralítico anduviera, el endemoniado se liberara… creías y soñabas con ellos, compartías su dolor y su vida, y por eso todos te buscaban. Tú eras su luz, su camino y su verdad.

 Hoy nos invitas a todos nosotros, como cristianos e iglesia, a mirar la humanidad desde la clave del dolor, a entrar en la enfermedad que rompe al hombre -tanto física, como psíquica y espiritualmente-. Nos llamas a cuidarnos y a sanarnos mutuamente con el aceite del consuelo, el vino de la esperanza y la ilusión de la fraternidad. Ayúdanos a entender que, en cada enfermo, hay un misterio y un tesoro de ternura y de misericordia para ser descubierto en el encuentro mutuo; también que, en la enfermedad del otro, hay salud y vida para mí.

 Que yo descubra, Señor, que en la visita, seré visitado por ti, si voy de corazón y me abro para compartir el camino con el dolido y el roto, que en su enfermedad y en su dolor estás Tú para mí. Dame un corazón como el tuyo para identificarme con los enfermos y sanarme con ellos en el camino de la única salvación que nos ofreces para todos.

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Resucitar para ser pan partido

PAN PARTIDO EN LA COMUNIDAD

“Contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”(Lc 24,35)

El Creador, el Padre amoroso, en la fuerza de la pasión por la humanidad, se hizo creatura, y la revolución se estableció en todo el universo por un Absoluto que se hacía señal en un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Un sencillo hombre de la historia de cada día, que anduvo por las calles, las plazas, los caminos, a pie descalzo para sentir en su propia vida lo que era la vida de lo humano. Ahí se abrió al misterio del pan de cada día y ahí aprendió a partirlo y a compartirlo. Su propia vida fue entendida como el pan que se parte y se reparte entre los hermanos, lo hizo en todo su vivir diario y lo celebró en la mesa de la entrega definitiva cuando selló una alianza eterna de amor con su cuerpo y con su sangre: “Tomad y comed todos de él”.

No podía morir esta entrega, este amor comprometido, este deseo de justicia y de misericordia sin límites. Lo crucificaron pero, al hacerlo, no lo enterraban, sino que lo sembraron para siempre. El amor es más fuerte que la muerte y se impone a ella. El pan partido se empodera del hambre de la humanidad en su deseo de fraternidad y esperanza, para alimentarla como pan de vida eterna. Y ahora todos podemos comer su cuerpo y beber su sangre, todos podemos ser habitados por el Resucitado que, como Dios destrozado, se nos da a trozos para que podamos vivir por Él, con Él y en Él.

El hombre resucitado encuentra en el pan de la Eucaristía el amén de la fidelidad radical del Padre al Hijo que lo resucita, y del Hijo al Padre que ha arriesgado en su existencia aceptando la cruz a favor de la liberación y salvación de todos los pueblos de la tierra. En el pan glorioso del resucitado está la fuerza que nos ayuda a proclamar que el inocente ajusticiado ha sido liberado para siempre y ya tiene alimento de vida eterna para todos, especialmente los que sufren, que es posible la justicia. No impidamos a Cristo estar realmente presente allí donde Él quiere estar, para llevar su Evangelio de dignidad, verdad y justicia. Hoy como nunca el reto está en que la presencia real de Cristo llegue como sanación, consuelo, dignidad, justicia, verdad, libertad a todos los que sufren en el alma o en el cuerpo.

 

TESTIMONIO

Hace unos meses, la madre de Cristina me escribía desde el hospital y me anunciaba que habíamos entrado en alerta “0”… Su hija se había estabilizado un poco y ahora era posible intentar el trasplante de su corazón para que pudiera seguir viviendo, aunque el pronóstico seguía siendo muy grave. Alrededor de ella se temblaba y se esperaba…Era posible esperar porque la grandeza de lo humano ante los límites es insospechable, y hay mucha bondad en la historia y en nuestro mundo.

Hoy Cristina ha llegado a su casa, ha dejado el hospital de Madrid…Ya ha dado sus paseos antes de salir de allí. Todo un milagro de amor realizado entre todos, médicos, enfermeros, familia, amigos… todo el amor le ha devuelto la vida, y así ha entrado en su casa, llena de amor, con un corazón nuevo que ha sido vitalizado por millares de corazones que la quieren y la animan, conocidos y anónimos, todos unidos por una esperanza y una ilusión. Ahora a caminar y a vencer dificultades, pero todas con amor.

 

El pan partido y entregado tiene como horizonte la fraternidad que se ejerce en la comunidad de la nueva alianza. Somos alimentados por un mismo cuerpo, bebemos en una misma sangre; ahí está el principio y el horizonte de nuestra vida en Cristo.

La comunidad del Resucitado no pude cerrar sus puertas por miedo, sino que está llamada a sentarse en medio del mundo y de las plazas, como hace el pan de cada día, para que a cada uno le llegue el trozo partido de su consuelo, su alivio, su descanso y su salvación. Para eso no hay otro camino que destrozarse en el amor para que otros nos puedan comer en su hambre, todos estamos llamados a comulgar diariamente trozos de Dios resucitado, en medio de la historia, para poder destrozarnos en la entrega y ser  trozos de vida para otros. Y el Dios Resucitado nos viene entregado en los retazos del vivir diario, en los encuentros con los rotos de la historia, así como en los gestos de compartir y de unidad que se nos ofrecen por parte de muchos hombres que hacen de su vida lugar de encuentro, recuperación, sanación y familia para los que más lo necesitan. Traer al centro de la comunidad a los rotos y excluidos ha de ser el oficio propio de los que se han encontrado con el resucitado, de la comunidad eclesial que quiere ser testigo de la esperanza en medio del mundo.

 

“Señor resucitado, queremos ser pan partido para el pueblo, trozos de tu aleluya para todo sufrimiento y tristeza en nuestro mundo”

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Pascua de aleluyas y sangre

PASCUA CRISTIANA: ALEGRÍA Y DOLOR

Me despierto en este Pascua Cristiana  con un sabor agridulce, con alegría y dolor, entre juventud festiva y atentado de muerte y dolor en plazas y parques, y quiero permanecer en la Esperanza.

Han sido cuatro días intensos, de una profundidad vital impresionante, donde adultos de distinto tipo –sacerdotes, religiosas, profesores, periodistas…-, que hemos compartido el espacio, hemos sido sorprendidos por entender que lo que estábamos viviendo era  algo único. Más de cincuenta jóvenes entre 16 y 30 años –militantes de la Juventud Estudiante Católica-  que se plantean en serio cuestiones tan centrales como luchar contra las injusticias en los institutos, participar en los espacios estudiantiles y sociales desde el ser universitario y joven, o adentrarse contra el  sufrimiento laboral  y favorecer espacios de realización en el ejercicio del trabajo, entendiendo que este es mucho más que un salario, que se hizo el trabajo para el hombre y no el hombre para el trabajo.

Lo hemos hecho en un espacio privilegiado, un albergue al costado de las murallas de Ávila, en la universidad de la mística. Allí el Evangelio se nos ha hecho compañero de camino, la lectura creyente nos ha hecho arder el corazón, la cruz se ha transformado en vida, el pan lo hemos amasado con nuestras vidas, los clavos han tenido nombre, el crucificado ha tenido rostro de joven asesinado en Siria, compañero de militancia, y la resurrección se nos ha dado a trozos desde un Dios destrozado que nos ha abierto a la esperanza de que otro mundo es posible, y de que nuestra debilidad lo puede hacer tocada por la fuerza del resucitado que se nos da en estampas de lo más cotidiano, de lo más sencillo y lo más cercano. Por eso nuestra fe incluso se ha hecho baile y nuestra celebración fiesta y silencio, al mismo tiempo. Hemos pasado por el misterio de nuestra pascua personal, juvenil, estudiantil, eclesial, social, y desde ahí nos duele todo lo que le duele a la humanidad, creciendo en el deseo de un Reino que ya está viniendo, pero que quiere de nosotros para hacerse más real y más auténtico, para tocar más realidades sufrientes y desesperanzadas,  compadecerlas y con pasión darles nuestra vida.  Hemos visto, junto a jóvenes llenos de vida y de esperanza,  la pasión y nos hemos abierto a la compasión. El Aleluya final ha sido nuestro canto de misión y envío con el deseo de que saber mostrar el rostro del resucitado en trozos de vida y encuentro en todos nuestros espacios diarios juveniles estudiantiles y profesionales.

Y toda esta luz y este sentimiento de gracia y esperanza, ha chocado en la mañana de pascua, cuando todavía estaba ardiendo el Cirio de la luz del Cristo resucitado, el que nunca quiere apagarse, con la noticia de mujeres y niños que han muerto en un parque paquistaní, cuando estaban celebrando la fiesta de la Pascua, de ese resucitado del que nosotros también somos parte. El odio  y la violencia, una vez más se han vestido de crucificado, de terror, de muerte y han acabado con lo sencillo de vidas humildes y esperanzadas, que creen en la paz y en la bondad de lo humano y se manifiestan en las calles y en las plazas de los pueblos, sin ningún miedo porque el resucitado les ha traído la alegría, la paz y la esperanza.

Nueva sangre de mártires que se hacen semilla de resurrección, nueva lectura creyente hecha de sufrimiento irracional: “Dichosos vosotros cuando insulten, os persigan, os calumnien de cualquier  modo por mi nombre, por mi causa…estad contentos, saltad de gozo, porque vuestros nombres están inscritos en el reino de la vida”. Nuestro sufrimiento quiere hoy revestirse de gozo en el crucificado que ha resucitado, ahí queremos ver todas las víctimas que han muerto en Pakistán  y que tienen rostro y nombre de toda persona que sufre y muere injustamente, sea en el lugar que sea, por la causa que sean, en la fe que sea. Todos son para nosotros el rostro de un Cristo que ha de ser glorificado. Y su mirada nos compromete a fraternizarnos y a responder al odio y a la violencia, con el amor, el perdón y la paz.  Hoy más que nunca necesitamos al resucitado que se encuentra con nosotros y nos dice: “Paz a vosotros, mi paz os dejo mi paz os doy… y id por todo el mundo a anunciad el evangelio del perdón y la vida”. Creo que jóvenes como los que me han ayudado a vivir esta Pascua son los que han de transformar este mundo,  en sus manos está la paz, la alegría y el perdón, en ellos está también el encuentro de la fe y la verdad del absoluto. Serán ellos que construyan un nuevo ecumenismo y  un verdadero diálogo interreligioso, donde el amor y la paz prevalezcan sobre ideologías de muerte y destrucción.  Merece la pena apostar por aquellos que creen que es posible un mundo nuevo, un reino de paz y de justicia, el que nos está haciendo falta frente a tanto dolor injusto e inhumano. Gracias  a vosotros, mi esperanza se renueva y no se rinde ante atentados como estos. Sé que con vosotros la religión, cualquiera de ellas, será sólo luz y nunca muerte.

José Moreno Losada.

 

 

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