La revolución de una fotografía

La foto que nos devuelve al paraiso de la infancia

La foto que nos desnuda en el paraíso de nuestra infancia

Enganchados

Entrada la noche, no puedo resistir el impulso de plasmar lo que nos está pasando en estos días, todo a partir de una foto. No es una foto de desnudos, lo cual tendría poco interés en el mundo actual, sino una foto que nos desnuda y nos devuelve a la realidad de nuestras vidas, aquel paraíso –no perdido ni olvidado, solo dormido- donde toda nuestra riqueza era la inocencia inquieta y alegre, la pura ilusión y todo un futuro lleno de esperanza para ir hacia adelante en la España de los sesenta. Ahora, cuarenta y seis años después, nos está revolucionando interior y exteriormente, por medio de estos medios watpaseros que nos devuelven a hacer y a sentir adolescentes. Eso que tanto criticamos los cincuentones y que ahora nos lo echan en cara nuestros familiares al ver que damos síntomas de adicción, todo por esta p… foto.

La foto del cura en el colegio

La foto fue realizada en el colegio libre adoptado “Santo Tomás de Aquino” de Granja de Torrehermosa en el curso 1969-70. El cura del pueblo, Don Manuel Tirado, que daba religión y Lengua, nos animó a fotografiarnos, organizó la historia, sacó bancos, nos puso en fila, y dio orden a un fotógrafo –ahora anónimo- para que disparara, lo que hizo sacando sin querer y de perfil al propio cura delante de todos los alumnos y alumnas de aquél curso de primero, nunca se habrá imaginado lo que iba a ser y a provocar ese hecho tan sencillo y familiar. Yo tuve la suerte de estar en ese lugar y de estar en esa foto. Yo creo que nos la regaló a todos –al menos a mí que era su monaguillo-, sería de las primeras de color que teníamos en nuestro haber. La he guardado como oro en paño toda mi vida, la he visto muchas veces y he pensado sobre ella y desde ella en todos los que aparecemos ahí. Yo salí para el seminario tras terminar ese curso, por eso quizá le di más valor al no tener cerca a todos los que allí aparecían.

Emociones medio siglo después

Ahora casi cinco décadas después, medio siglo, algunos corazones, de aquellos tocados por los mismos sentimientos, animados por los medios que hoy lo facilitan, se han puesto a buscarnos a todos para reconocernos y recordarnos, han sido como ángeles. Es decir, volver a saber unos de otros y volver a mirarnos con aquel corazón que nos desnuda, desde aquella infancia querida y viva que duerme en cada uno de nosotros. Y hacerlo, después de este recorrido vital, donde se entiende que nuestro ayer ya es ancho, nuestro hoy profundo, y nuestro mañana con sabor de esperanza ultimada, en la que ya más de uno está prejubilado y rodeado de nietos. La foto nos llama a encontrarnos desde la vida, desde lo más auténtico y limpio que permanece desde entonces y que nos ha acompañado en todo nuestro recorrido personal, familiar, laboral, social, lúdico, económico, religioso…

Nos hemos vuelto locos

Y nos hemos vuelto locos, no es para menos. El mundo de las emociones que se está despertando y que estamos expresando desnudamente son de locura. Hemos llorado de emoción y lo hemos dicho con una naturalidad, lágrimas del sentimiento puro, de la llamada que despierta y abre un montón de corazones que te esperan a través de un móvil, de recuerdo de los padres que ya no están, de los compañeros que se fueron, alguno ya desde la misma infancia y otro desde la vida alejada, que nos enteramos al conectar. Hemos reído a carcajadas recordando y reavivando todos los momentos de humor y vitalidad de pequeños vividos a piel de flor y que ahora se nos hacen entrañables. Anécdotas de amor, de juegos, viajes, escondites…todo lo propio de un mundo rural rico y entrañable, de personajes, lugares, tiempos, actos que están grabados a cincel de vida y de muerte, y que se hacen inolvidables. Pero que ahora se hacen vivos y nos cosquillean en el interior, queriendo recobrar con fuerza aquello que parecía olvidado. Mensajes y mensajes…. –algunos desde Tailandia, otros de Estados unidos, de todas las autonomías- no hay quien dé abasto, nos atropellamos, nos abrazamos, nos metemos unos con otros, pero con una delicadeza que nos vuelve a hacer únicos, sanando cansancios y agobios que también están de fondo pero que ahora, aunque queramos compartirlos en otro momento, no nos ganan la batalla.

También nos duele

Tan fuerte es recobrar un momento con ilusión, que algunos no lo resisten, les duele el momento, les pilla muy lejos desde su itinerario, o les rompe la ternura de lo que se expone y no lo aguantan pidiendo silencio y respeto, para poder elaborar su dolor y así, quizás, recuperarnos. Cómo nos gustaría a todos revivirlos, que la desnudez fuera transversal y a ninguno nos importara aparecer con nuestras debilidades y heridas, para entre todos poder ser curadas y sanadas, porque todos estamos llenos de cicatrices que pueden curar otras heridas. Algunos aún los estamos buscando.

Necesitamos abrazarnos y hacer el credo de nuestra vida

Pero aquella foto, sacramento de un momento, hoy nos devuelve a la desnudez primera, la de la ilusión trasparente y sencilla de la infancia, lo rural, lo humano, y queremos recogernos y recordarnos, volvernos a pasar por el corazón. Necesitamos abrazarnos, volver a hacer esa foto en el mismo lugar, homenajear a los que ya no están, compartirlo con todos los que quieran y que son nuestros, pero sobre todo compartir nuestras vidas y nuestros caminos, para poder confesar, que tras este largo recorrido de medio siglo, seguimos pensando que somos lo que sentimos y lo que queremos, no lo que tenemos. Que lo que podemos, sabemos o tenemos, no es nada comparado con la persona que somos y que hemos logrado desde nuestro mundo de relaciones. Necesitamos hacer nuestro credo de la vida, desde aquella ilusión hasta esta realidad, necesitamos confesarnos lo herido y lo sanado, la ganado y lo perdido, lo amado y lo fracasado, la fecundidad y la esterilidad, retormarnos en aquel punto de partida y volver a caminar juntos, después de dejar los esos disfraces que sólo tenían como fin ayudarnos a relacionarnos pero no eran nuestra identidad, eran instrumentos de camino, pero los caminantes éramos nosotros: profesiones, dinero, fama, casas, lujos, gozos… Necesitamos reunirnos y reencontrarnos para gritar fuerte que estamos seguros de una sola cosa: Que somos lo que amamos. Una sencilla foto nos ha revolucionado, nos está desnudando a todos, y el corazón se está poniendo a punto… ah el nombre del grupo es: “sesenta más o menos…” y es que estamos llegando, pero el corazón ahora mismo nos late como a los adolescentes y nos gusta.

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Tres mujeres y una cruz

(Ante la celebración de la exaltación de la Cruz y de los dolores gloriosos de María… ocurrió en esos días)

Un regalo divino y una madre “héroe”

Me comunica el compañero de la parroquia que ha fallecido una persona de nuestra demarcación parroquial, que si puedo realizar su funeral el miércoles en la mañana. Me dice que es una chica de treinta y dos años, pero que no tenemos más referencias. Me paso hoy por el tanatorio, a última hora de la noche antes de regresar a casa, para conectar con la familia y situarme de cara al funeral que voy a celebrar mañana para orar por esta persona fallecida, junto a su familia y conocidos.

Al llegar me saludan conocidos de la parroquia que van a dar su sentido pésame a la familia y ya me dan pormenores interesantes de la situación. Alicia, la fallecida, tenía treinta y dos años y ha sufrido parálisis desde su nacimiento, siendo dependiente total. Su madre quedó viuda cuando ella tenía ocho años y otra hermana, Sara, cinco. Ha luchado  y se ha entregado por sus hijas como una “madre héroe”, sobre todo por la que más la necesitaba. Después del saludo, con su madre y su hermana, enseguida brota su sentir en estos momentos de dolor. Y según me van relatando lo que sienten y viven ante la muerte de la hija y la hermana, me voy sintiendo bañado de evangelio y de gracia vivida a borbotones. Su visión creyente y agradecida de la vida de esta criatura amada para ellas, me hace  emocionarme de encontrar tanta fe en la vivencia de una enfermedad y una limitación tan profunda.

Toda un  vida llena de vida

Al nacer, le pronosticaron un año de vida, consideran un regalo de Dios haberla tenido  más de treinta. Sara me dice, que la gente no puede imaginarlo, pero la sensibilidad que ella ha adquirido en la relación con su hermana, es algo que no puede compararse con todos los estudios de su vida, ni con la riqueza. Su madre me dice que tiene una paz y una serenidad, en medio del dolor, de haber sido fiel en el amor, de haber amado y sentirse amada por ella, y que ahora todo su amor se centrará en Sara, a quien ha descuidado más porque podía volar por ella misma. Le sostiene la esperanza de  que ahora va a ser cuidada por su padre, que ya la adelantó en el morir, y por el Buen Dios, que siempre ha estado junto a ella y ahora la tiene ya consigo para siempre. Tras orar con ellos ante el cadáver cuidado y rodeado de bellas flores blancas, de sencillez, pureza y hermosura, me vengo a casa, callado en el coche, dejando que el eco del encuentro se repita  y se repita, y en él encuentro respuesta a esa pregunta tan constante para el hombre, sobre todo ante el dolor, la debilidad, la limitación: ¿Dónde está Dios?

Ante Alicia, ¿Donde estaba Dios?

Y siento que el propio eco de lo recibido en minutos, se me hace grito y respuesta a la luz del evangelio que se ha hecho vida en esta persona y en la relación vivida con los suyos. Una vez más lo que dice el evangelio no es verdad porque lo diga el evangelio, sino porque es verdad en la vida, pasa realmente. Y así lo creo, se vuelve a cumplir lo de la verdadera señal de Dios:

“Esta es la señal, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”

Dios se ha revelado en Alicia:

–          Envuelta en pañales y acostada en un pesebre: dependiente.

  • Dios se ha hecho fuerte en tu debilidad. Tú has  vivido y has luchado en tu limitación, has sido un referente de esfuerzo y lucha por vivir. Has llegado a la meta, lo has conseguido, has entrado triunfante en la gloria.
  • Dios ha sacado lo mejor de mucha gente desde tu debilidad.
  • Has sido sentido y sentimiento de Dios por el camino de lo frágil, de lo que no cuenta para el mundo ni para la sociedad. Nadie puede imaginar lo que tú valías, tu verdadero valor en el amor,  nada más que los que te han querido y el Dios de la vida que ahora te ha protegido para la vida eterna.
  • No hay duda de que serás tú la que les abras la puerta del cielo a todos tus seres queridos cuando allí lleguen.  Y  con cantos, salto, brincos y carreras les abrirás todas las estancias, los caminos, las praderas del gozo y de la vida.

 

–          Rodeada de cariño y cuidados: Mayores. Abuelas, tíos, primos, jóvenes, niños… cuidados.

  • Dios se ha revelado sonrisa en tu rostro.
  • Juego en tu inocencia
  • Alegría en tu relación.
  • Gozo en lo gozado por ti.
  • Y  en ti, Dios, ha sido fuente de cariño y de bondad para muchos.

 

–          Piedra angular: Centro de vida  para  su madre y su hermana.

  • La piedra que desecharon los arquitectos –un año- ha sido piedra angular, un edificio triangular, rodeados de su familia. Nada de descarte, clara opción: no ha sido un castigo ha sido un regalo de Dios. Dice su madre: “Tu nos la diste y ahora te la entregamos agradecidos y esperanzados, sabiendo que tú la vas a cuidar con mimos divinos que acabarán con todos sus límites.”

 

–          Fuente y Lugar de la mayor sensibilidad.

  • Dice su hermana: No seríamos las personas que somos sin ella, no sentiríamos lo que sentimos, ni con todos los estudios del mundo.
  • Nos has dado la riqueza de sentir de un modo especial y único, que no todos lo entienden ni lo comprenden, lo que Dios enseña a los sencillos de corazón.

 

–          Oración de la madre  ante la vida ultimada de Alicia:

¿Cómo te podremos pagar Señor, todo el bien que nos has hecho con Alicia?

–          Alzaremos la copa de la salvación  e invocaremos tu nombre,

 y anunciaremos ante toda la asamblea que el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

 Grande porque nos eligió para ser portadores del tesoro de la vida de Alicia, un tesoro en vasija de barro, que hemos cuidado con amor hasta su último suspiro.

 Porque has atendido nuestro ruego  pedigüeño de que no sufriera para morir y que  ella  me antecediera en la marcha  y se fuera abrazada maternalmente hasta el último momento, para que así me puedas abrir las puertas del paraíso cuando  llegue yo también a la plenitud, contigo y con papá, y  allí nos encontremos definitivamente para no morir ni sufrir, sino solo gozar llenos de vida y de ilusión sin fin”

 

Esta noche como sacerdote, fui a conocer, consolar, y he salido confortado, reconocido y fortalecido en mi fe. Gracias Alicia, gracias familia, que Dios os bendiga y sintáis pronto el ciento por uno de todo lo amado. Ya no te veremos en tus sillas de ruedas, en tus paseos por el barrio y la zona, ahora serás tú la que, gloriosa desde el cielo, nos veas, nos sonrías y nos alegres la vida a los que vamos deambulando y muchas veces tropezando por este valle de esperanza. Ayúdame mañana, para que en mi torpeza de pecador, mis palabras puedan estar a tu altura, y yo diga lo que el Padre Dios y tú queréis que diga a todos los vuestros.

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Perfil de hoy para una parábola de siempre

El domingo se leíamos en todas las iglesias católicas del mundo este texto evangélico de la Parábola del Padre bueno o del hijo pródigo.  Con tal motivo os sirvo esta experiencia viva de un compañero en el mundo rural que pone rostro y actualidad, de un modo invertido,  a este mensaje de misericordia y de amor evangélico.

Lo cubrió de besos

– voy a volver a casa de mi padre…

Se puso en camino a casa de su padre.

…Su padre le vio de lejos y se enterneció…

Se le echó al cuello y le cubrió de besos…

(Lc. 15,11-24)

(De la mano y experiencia de mi amigo y compañero Enrique Gómez, cura del mundo rural)

Relato vivo

Se presentó una noche en mi casa. P…, joven estudiante de 17 años, preocupado por su padre, me vino a contar miles de historias de su familia; él, con madurez adelantada a su edad, se daba cuenta y sufría.

J…, que así se llama el padre, carbonero de oficio, estaba enganchado al alcohol.

La comunicación está rota en mi casa, dice P…, mi padre es un cielo, pero el día que vine bebido no hay quien le aguante. Hay discusiones. Yo no me centro en los estudios, mi padre se está haciendo mucho daño…

Este chico conocía mis andanzas en este terreno por unas charlas que hubo en su centro de estudios. Se acordaba que acompañé a la Asociación.

Agradecí su confianza y montamos la estrategia. Posteriormente vino con su madre, mujer trabajadora que había ido tapando, aguantando…como muchas mujeres. Lograron que J… fuera a la Asociación. En muchas de las terapias le acompañaba su hijo. El matrimonio se fue integrando y en la familia se vivía otro clima.

Sugerí que en las próximas jornadas sobre alcoholismo de cara al pueblo pudieran representar una obra de teatro. Y que el texto fuera elaborado por todos, partiendo de sus vivencias, recorrido, problemática. Y así fue. Todos estaban entusiasmados. J…, un piconero alcohólico, desconocido e” insignificante” para la gente actuaría en los papeles principales.

Seguí en contacto con P… Ante el acontecimiento teatral en la casa de cultura era importante que su hijo estuviera.

-No…no voy a ir. Me da no se qué…

Me decía mirando el suelo restregando el pie.

Insistí una y otra vez:

-Es necesario que estés, P… Supone tanto para tu padre que te vea allí. Piénsalo!.

Intuí: el impedimento que P.. tenía es que le daba vergüenza ante sus compañeros abrazar a su padre públicamente. En el ambiente era un borracho.

Después de la actuación, con la sala llena de gente se hizo un forum sobre lo representado. Todo salió a pedir de boca. Los aplausos no paraban. Observaba la escena, llena de gozo: se levantó P… del Asiento, su madre y hermana. Deprisa fueron al encuentro de su padre que bajaba emocionado del escenario. Se abrazaron largo rato. Las lágrimas ratificaron la comunión de la familia.

 

Aquí se cambiaron los papeles: el padre que estaba lejos volvió. El hijo le esperó y el abrazo selló la rehabilitación.

Días después le alenté a que ante los compañeros de su clase contara la parábola del padre pródigo. Pedro, hoy día es voluntario y siempre que puede acompaña las terapias de grupo.

Reflexión para el diálogo

Me sorprende el descubrimiento: hoy día todo tipo de toxicomanías, y el alcohol, una más y fuerte, es un elemento que ahuyenta al hombre (replegándole o evadiéndole) de la “casa paterna”, entiéndase realidad familiar, responsabilidad social, incluso de sí mismo.

Haber sido creados   imagen y semejanza de Dios (Gn.1,26), significa que estamos hechos para la relación, como Dios que es relación y reciprocidad. Oscurecemos la semejanza  divina cuando emigramos a un país lejano: huye de la verdadera vocación de ser hijo. Busca fuera, lo que en realidad tiene dentro.

En las personas dependientes la huida, muchas veces es un misterio por las múltiples aristas causales, pero sí hay una constante: la insatisfacción, la curiosidad, la comedura de coco, los problemas… y cuanto más se huye, más se entra en la soledad, desconfianza, individualismo.

Voy reparando en cada rostro. Lo he visto, lo he palpado: …y allí derrochó su fortuna, viviendo como un perdido. Soñaba con un paraíso lejano y no valoró el paraíso en que vivía. Llega un momento que el alcohólico vive como un perdido, como un don nadie; en su casa era  alguien. Se cansó de ser hijo y prefirió ser esclavo. Insatisfecho, siempre buscando la droga, pero siempre en realidad hambriento. Cada vez más despersonalizado. Se pregunta si le importa a alguien. Le hacen caso en la medida que pueden utilizarle, cuando no le queda nada, deja de existir para mucha gente. Y cuando ni siquiera le dan la comida que echaban a los cerdos, se da cuenta de que ni siquiera le consideran un ser humano, y ahí siente la soledad, el vacío, la miseria.

Pero donde abundó la miseria, sobreabundó la gracia. La imagen del Padre y la casa paterna en cualquiera -toxicómano o no-, aunque oscurecida, sigue intacta; la imagen se desvela cuando hay un resquicio. Dios que nos abre para acoger, como en la parábola: en medio de la degradación, se aferró a la realidad que todavía era hijo de su padre. Entonces adviene la posibilidad de la vuelta. Dios se me ha ido revelando en todo esto que  cuento. Me he dado cuenta que percibir esta presencia suya en estos despojos humanos es re-velación. Cuesta descubrirlo!. El Dios de la parábola, el Dios de Jesús, es el Dios más identificado con nuestra debilidad, con nuestro vacío y con los que han sido vaciados, que casi no se deja ver. Solo lo podemos ver cuando vamos también nosotros al encuentro del dolor y el vacío ajenos.

Es más difícil el camino de retorno que el de huida. Es difícil recuperar la libertad, ser persona cuando se ha devaluado totalmente su estima. Mientras camina hacia el encuentro con los demás alcohólicos… piensa si será bien recibido cuando llegue… (Cuantas culpabilidades por el pasado y preocupaciones por el futuro!. Va preparando su discurso, lleno de disculpas he pecado contra el cielo y contra ti… no merezco llamarme…, casi siempre es un discurso tramposo, lleno de justificaciones. Su finalidad, de momento, es matar el hambre, la reconciliación consigo mismo, su familia, los amigos, el entorno, vendrá después. Será un discurso con la posibilidad de sobrevivir. Piensa que le van a exigir alguna explicación. Todavía considera un amor condicional y la asociación un lugar donde no está totalmente seguro.

En el trato pastoral con estas personas el evangelio de Jesús me ha dado tales claves humano-teológicas que me siento un agraciado; me lleva a decir que la vida de Dios en nosotros es consustancial para que vivamos nuestra vida en los otros. Hay un cierto replegamiento hoy en  día, en la vida de la Iglesia que nos hace vivir encogidos, que no recogidos, para expandir tanto evangelio como podemos dar. Cada paso de evangelio-vida te despoja de efectos colaterales prestigiosos: vestido, dinero, dignidad, dominación, pedestales…, te descentra para acoger al otro.

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Politica: una cuestión de confianza?

Politica y desconfianza

Ayer  se repetía en el congreso, una y mil veces, que se trataba de una cuestión de confianza lo que allí se estaba cociendo. El clima no sé si era de confianza real  o de desconfianzas mutuas, para seguir aumentándolas..

El ser humano vive por y desde la confianza, no hay otro modo de hacerlo. Somos fruto y semilla de la confianza, en medio de la debilidad. Cada día somos y vivimos desde el confiar mutuo: en la familia,  el trabajo, la educación, el tráfico,  la alimentación,  las conversaciones,  el juego,  la diversión,  el viajar, la salud, la administración… También en lo común, en lo público y necesariamente en la política. Esta política que nos trae de cabeza es un “desgobierno” producto de una total desconfianza.

Paula, su primer dia de “guarde”

Esta mañana me llega la foto, por el watsap familiar –tan pesado como entrañable- , que nuestra niña más pequeña, Paula, va por primera vez a su guardería. Ni que decir tiene que es la más bella del mundo para todos nosotros y que lleva una alegría desmesurada para que no nos entristezcamos al ver que se va a quedar en un medio totalmente nuevo, todavía no se dará cuenta de que su madre se irá y ella quedará allí en otras manos, aunque seguro que lo sentirá. Al ver la foto y pararme en los sentimientos que me provoca me surge la cuestión de la confianza. No podemos vivir sin ella, mis sobrinos, tras haber auscultado las posibles guarderías, han tenido que optar por una y  confiar en ella. Le dejan hoy en sus manos su bien más preciado, por el que darían la vida. No dan a su hija, pero la depositan en la confianza del bien interno de esa institución y de los profesionales que la van a tratar. Ya lo tuvieron que hacer cuando en el seno materno, con el cuidado de profesionales, en reposo absoluto su madre la esperó con paciencia y amor. No podemos ser sin la confianza, la necesitamos para todo.

La confianza, la cuestión de lo humano

La cuestión es de dónde viene y a dónde nos lleva la confianza. Puede haber desconfianzas que vienen del “pecado”, personal y social, como ocurrió con Adán y Eva en el paraíso, cuando todos querían jugar a ser dioses por ellos mismos y  como consecuencia, se acusaron uno al otro en aquello que era iguales, donde estaban llamados a ser humanos y hermanos hicieron un foso de separación y división. También puede ser por envidia y competitividad en el deseo de ser los mejores o tener más que los demás, lo que llevó a Caín y Abel a una violencia destructiva,  haciendo de aquello que podría haberles llevado a la justicia y a la igualdad, en la alabanza del bienestar, un herramienta mortal. Desde allí viene la carrera de armamentos, de la que ayer no se habló,  que a veces trabaja con balas y otras con palabras duras de juicios severos y mortales, la del faraón en Egipto, esclavizando hasta axfisiar. Pero sobre todo puede venir de la ceguera solipsista, de los individualismos que no tienen corazón para entrar en el dolor y en el deseo de la dignidad de los humanos.  La ceguera que impide determinar cuáles son los sufrimientos, los problemas más graves, sus causas y consecuencias, y el posible modo de intervenir para sanar, ordenar, administrar y potenciar la realidad de un modo fraternal y humano. Es verdad que se hicieron referencias, muy pocas, a los pobres y sufrientes de nuestra sociedad, que no son pocos. Pero desde dónde se hicieron  y con qué intención.  A los grandes problemas del mundo laboral, educativo, de inmigración, sanidad… No dialogaron sobre ello, no presentaron sus ideales, ni convicciones, no hicieron análisis de las causas y sus consecuencias. Y así no pueden generar confianza, la que necesita una sociedad que ha de tener referentes e ideales de altura, para educar en la dignidad y la justicia. Convicciones profundas que provoquen adhesión e ilusión de compromiso y acción en la ciudadanía, que desarrollen la dimensión social y política de los ciudadanos.

Necesitamos recuperar la confianza política

Ayer, hoy y mañana, parece ser  que no buscarán caminos de solución para los que están pasando mal momento, o para el bien común. Se hablará de estrategias, aguante, turnos, para ver quién puede más o menos, o sea  un maremágnum que seguirá mermando en nuestra confianza política. Confianza que es la básica para la polis, para el bien común, para lo digno y lo humano. Nada nos hace más falta que la confianza política en la organización de lo público.

No hay duda de que nuestra sociedad, y sus políticos, necesitamos una conversión profunda de confianza y compromiso por lo humano. Ahora, en este país,  es un momento oportuno y sería una pena dejarlo de la mano, al arbitrio de veleidades y protagonismos individuales y partidistas, alejados del sentir común del pueblo, sin ser capaces de construir un horizonte esperanzador y plural. No hay alternativa, o tomamos las riendas  para un buen rumbo de nueva ciudadanía, o será una piedra de fuera, empujada por el dolor y la rabia,  la que venga a romper el imperio construido sobre bases de barro, y  entonces veremos confundido todo el oro, con la plata, el hierro y la miseria del barro en un desorden de un mundo ciego que no sabe de dónde viene ni a donde va. Son muchos los que están ya bajo las ruedas de ese carro que destruye, como en la visión  imperial del Nabucodonosor, cuando el profeta de lo sencillo, le avisaba del futuro de un imperio ciego que se autodestruye.

Volvamos a las convicciones, por Paula, por lo humano.

Aquí, ahora, ha surgido un pequeño profeta, anciano… como suelen ser los profetas  más verdaderos, el Papa Francisco –hay muchos más- que nos está invitando a convertirnos para llegar a la confianza de lo humano, como principio de vida y supervivencia de lo digno y lo justo para todos. La llamada está, el peligro acecha, los sufridos aguantan, y cada uno hemos de seguir confiando, porque nos va la vida en ello. Recuperar y devolver la confianza es asunto de todos, y también de nuestros políticos.Paula está en las manos de los profesionales de una guardería, todos estamos en las manos de todos. Nadie puede tirar la primera piedra, pero todos podemos poner una piedra  para cimentar la confianza en la vida de lo diario, de lo común y lo público. Ahora ha de ser el tiempo de la confianza, que habrá de tener como base la compasión y la misericordia para lo más humano y sufrido. Hoy en  Paula, veo la humanidad, y en nuestras manos, su guardería, en los políticos sus cuidadores, hagamos feliz a Paula, para que se realice y crezca en  todas sus dimensiones, y el camino de lo social y lo público que comienza hoy en su guardería sea un lugar verdadero de lo humano y lo justo.

N.B.: Su primer día mágnifico, ella espectacular muy de relaciones y disfrute, sus cuidadores muy dignos de confianza.

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Los libros ¿mueren con nosotros?

Desde la biblioteca de un sacerdote fallecido

He pasado la tarde en conversación con el familiar de un sacerdote en la vivienda en la que permaneció hasta su muerte, que le llegó cuando se acercaba a los noventa años. Hace tiempo que alguien allegado me habló de que tenía entre sus enseres objetos y útiles litúrgicos que podrían servir en algún lugar, yo los recogí y los llevé hasta uno de los lugares en los que él había celebrado la eucaristía bastantes veces. Allí se han recuperado  sus  purificadores, corporales, alba, estolas, así como algún copón y hostiario, a manos de una buena mujer de esas que dan vida en las sacristías llenando de blancura y limpieza lo que sirve al altar. Poco después me llama el familiar que lo cuidó hasta el final y me dice que vaya para ver qué hacen con su biblioteca personal y sencilla de sacerdote, una vez que ellos se han apropiado de aquellos libros de interés personal en función de sus aficiones. Yo quedo con esta persona y allí he estado esta tarde, en la casa que fue de este compañero.

El duelo y lo entrañable de los libros

Primero ha sido una elaboración de duelo y consuelo del familiar que le acompañó en los  últimos años, haciéndose cargo de su realidad, y así facilitó algo que a él le hundía como persona cuando enfermó, como era tener que ultimar su vida en el asilo, ha muerto en su casa, en su cama, con una calidad de vida muy buena hasta momentos antes de expirar gracias a Dios y a este familiar. Después hemos pasado a su despacho, allí unas estanterías sencillas llenas de sus libros. Algunos enciclopédicos, sin siquiera estar abiertos, otros de uso  diario como sus  libros de la liturgia de las horas, los leccionarios. Un buen cuerpo de aquellos que tienen que ver con sus estudios de derecho canónico y otros de teología y moral, así como aquellos de espiritualidad sencilla. Y de notar aquellos que fueron de su infancia, como la gramática de latín. Me invita a escoger alguno de recuerdo para mí y elijo aquellos que yo tenía y que perdí, a los que le tengo afecto. Una edición bilingüe del Concilio  Vaticano II de la BAC normal,  otro sobre el cristianismo de De Lubac,  las “Entrañas del Cristianismo” de Olegario González de Cardedal, y otro muy sencillo, pero propio  de la espiritualidad de nuestra juventud cristiana, de Michel Quoist que llevaba por título “Oraciones para rezar por la calle”, símbolo de una espiritualidad secular, que unía vida y oración, calle y Dios. Recomiendo que todo lo demás pueda llevarse a la biblioteca del Seminario para ver que es de provecho para ella, y lo aceptan con alegría, también el Seminario fue parte importante de la vida de este sacerdote.

Orando desde el silencio de una biblioteca desalmada

Ahora llego a mi casa, entro en mi pobre biblioteca para colocar estos regalos sacramentales del compañero ya glorificado, y pienso que un día harán lo mismo con ella, y hojeando el libro de Quoist, orar desde la calle y la vida,  me sale una oración sencilla que comparto desde los sentimientos al ir viendo y seleccionando sus libros:

“Padre, en esta tarde te he visto en el silencio de la ausencia, en los libros callados de una biblioteca sencilla de un cura, de un hombre que, tocado por ti, quiso llevar tu luz a los hombres, con sus riquezas y sus pobrezas personales. Ahora la estancia, con sus estanterías y sus libros, estaba muy callada, no triste, pero si aletargada, deseando salir de ese espacio que ya tiene otro horizonte y otro sentido. Según he ido viendo los libros y tocándolos, sentía y reconocía la vida de este compañero y pensaba en sus sentimientos, en sus oraciones, en sus alegrías y tristezas, en sus saberes y estudios, en sus gustos y hobbies, en su soledad y en su compañía. Te doy la gracias porque sé que no ha estado solo en ningún momento en la última etapa de su vida cuando era dependiente, que lo que era su miedo fue vencido con el cuidado y la ternura de un ser querido que optó por él y se entregó. Te doy gracias por esta persona, este familiar, que estuvo a punto en el momento oportuno, y que supo hacer hogar y acogida, lo que se presentaba con dolor, soledad y hundimiento.

Te ruego por él para que esté ya gozando en el cielo con tu presencia y tu amistad, y te pido por los que andamos todavía en el ejercicio ministerial, los que andamos con una pequeña biblioteca todavía viva y esperanzada, ayúdanos a saber que estamos llamados a la humildad del que está de paso, del que pone toda su confianza en ti, sabiendo que  tú nunca lo vas a  abandonar. Que no perdamos nuestro tiempo ni nuestras fuerzas en aquellos que la polilla y la carcoma corroe, que nuestra sabiduría tenga fondo. Que sepamos irnos, ligeros de equipaje, para encontrarte con libertad, no dejes que nos atemos a nada, que nada nos impida ser tuyos y de los demás, y que todo lo que seamos y hagamos sea transversalizado y transfigurado por tu gracia y tu ternura.  Agradezco la conversación larga y tendida con la persona que lo cuidó y lo tocó queriendo ser fiel a sus necesidades y que supo llevar con gracia y paciencia su enfermedad y sus debilidades, dale  Señor el ciento por uno, alégrale su vida, dale la paz y la serenidad del deber amoroso cumplido. Y a todos nosotros, los compañeros del presbiterio,  ayúdanos a ser agradecidos y contemplativos con todas las  personas que, en nuestra soledad y debilidad sacerdotal, se acercan con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza para animarnos y acompañarnos como madres, hermanos y hermanas. Y mi último ruego pedigueño, que el día que tu me llames definitivamente, algún alma sencilla al tocar mis libros eleve una pequeña oración desde ellos hacía tí, para que yo te abrace   mientras la escuchas”.

José Moreno Losada. Sacerdote.

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Un cura rural se confiesa…

EL CORAZÓN ECLESIAL DE UN CURA RURAL

El nuevo cura de Pallares

Miguel Ángel García Encinas, al que nombramos normalmente como “Guadi” entre los compañeros, está encargado hace años de la parroquia de Monesterio, pero también ha venido atendiendo como sacerdote en Montemolín, ahora le encargan de Pallares y deja éste último. A la hora de hacer estos cambios, aunque parezcan sin importancia, los sentimientos ministeriales se interpelan y se preguntan, del cómo y por qué vamos  de una comunidad a otra y , sobre todo, con el espíritu que se desea ir. Por eso me ha parecido muy interesante esta comunicación, reflexión, lectura creyente -como le queramos llamar- de  este sacerdote ante este pueblo al que va a ir acompañar ministerialmente cuando ya hace dos décadas que comenzó su itinerario de cura de almas. Podríamos decir que es una confesión de corazón, a pie descalzo y a fe desnuda:

El sentimiento creyente del nuevo cura de Pallares

“Creo en la Iglesia”

Me situaba ante el día de hoy, ante el inicio oficial de mi servicio a  esta Parroquia de S. María Magdalena de Pallares, en estos días de tantas presentaciones y tomas de posesiones de tantos compañeros que están disponibles para la Iglesia Diocesana y su pastor, D. Celso, hasta el punto de aceptar cambios, mudanzas, nueva misión y nuevas realidades… Eso me hacía pensar en el día de hoy en mi postura y sentir ante la Iglesia, tanto la diocesana como la universal y doméstica. Y al hacerlo me reafirmo esta tarde ante vosotros sin dudarlo en la afirmación del credo: “creo en la Iglesia”. Pero no en cualquier Iglesia, Creo en ésta Iglesia concreta de Mérida- Badajoz, con tanta gente buena y tanta misión tan bien realizada; y con sus defectos y pecados, pero yo Creo en ésta Iglesia y no en la que otros quieren presentarme.
Sé que en el credo hay graduación de verdades de fe, que no es lo mismo decir creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu que en la Iglesia. La institución eclesial no es tanto objeto directo de fe, como contenido divino, cuanto del lugar desde el que creo y en el que vivo mi fe en el Dios de la vida y sin la cual no hubiera llegado a ser la persona que soy, ni tener la esperanza que tengo, ni el amor y la entrega a la que aspiro en medio de mis pecados y debilidades.

Desde lo vivido y conocido
Pero hoy al comenzar un servicio nuevo en esta comunidad de Pallares, me reafirmo en mi afecto y amor a la Iglesia, y puedo hacerlo desde los pastores que he conocido; tanto desde Don Antonio Montero, como Don Santiago, y don Celso, que  es el que me envía aquí con vosotros desde el día de hoy. Ninguna de las posibles debilidades que en ellos o en mis compañeros sacerdotes se den, van a poner en cuestión la realidad fundamental que es la comunidad eclesial como lugar en el que se gesta mi fe. Todas sus atenciones y desvelos lo son para agradecer al Padre el cuidado que nos tiene. Puedo estar en disconformidad con algunos de sus planteamientos; y deseo mostrar con claridad mis pensamientos –sabiendo que yo soy tan o más pecador que ellos- pero el ser de la Iglesia forma parte de mi ser y desde ahí lo vivo, tanto en lo bueno –que es con mucho lo más- como en lo defectuoso que tenemos que sufrir unos de otros. Sé que no debo caer en la tentación de confundir la Iglesia identificándola con uno de ellos, ni conmigo mismo y mis opciones.
Pero hoy siento que creo en la Iglesia desde el fondo de ella, desde sus entrañas enraizadas en el Padre. Y ahí veo la Iglesia de mi origen, la de mis padres  y abuelos emigrantes que dejaron su tierra querida de Granada; sencillos y callados en el sufrimiento y fuertes en la lucha por nosotros y en el sentido de la vida ganado día a día en medio de esfuerzos  garantizados en la confianza en el Señor.

Desde la propia historia personal

Ahí está la iglesia de mi barrio en la que me crié, las comunidades en las que he servido y trabajado en estos 20 años de sacerdocio; su gente, sus devociones, sus catequesis, sus rezos, sus fiestas, sus alegrías, sus dolores. La iglesia que me llevó al seminario siendo un joven de 18 años , creyendo en mí, confiando en mí, cuando solo era un muchacho desorientado ante la vida y la fe. Creo en la  Iglesia desde esa vivencia de Seminario, de compañeros, de formadores, de profesores, de actividades veraniegas…tanto y tantos han conformado mi existencia y  mi personalidad que  no sería la persona que soy sin toda esa vida eclesial regalada. Creo en la Iglesia desde mi sacerdocio, a veces tibio, vivido en Los Santos de Maimona, Azuaga y Malcocinado, Badajoz con su seminario diocesano, Fregenal de la Sierra y Bodonal de la Sierra, Monesterio y Montemolín donde tanto aprendo y seguiré aprendiendo en estos últimos años… hilos, hilvanes de una historia impagable de vivencias con el pueblo, la gente. Y en concreto desde unos cristianos y cristianas que me han llevado en volandas, para que vuele más y para que corrija mejor mis defectos, aceptándolos y entendiendo que no hay mayor  perfección que la compasión integral para nosotros mismos y para los demás.

El deseo de  una Iglesia encarnada y abierta…
Creo en la Iglesia que nos pide e interpela para que miremos juntos el momento actual, y que ahora nos recuerda constantemente –más desde el Papa Francisco- que volvamos a Jesús y miremos con ojos de justicia y caridad a los hermanos, especialmente a los que sufren y viven en el dolor y la pobreza.
Por eso hoy vengo con ganas y alegría a esta comunidad de Pallares, con el deseo de regenerarme eclesialmente, de ver en positivo esta realidad del Espíritu que nos pide renovación interna y profunda a nuestra iglesia diocesana. Vengo con el deseo de ser nuevo, de convertirme, de volver al amor primero, de recuperar el rostro genuino de esta Iglesia que debe ser continuidad de la encarnación del Hijo para que todo hombre se pueda encontrar con el evangelio de Jesucristo. Hoy pido por mis obispos, Antonio, Santiago y Celso, pero sobre todo pediré que el Señor me saque de mis tibiezas eclesiales, de mis amores e inquietudes olvidadas o gastadas, de mis incoherencias y dobleces, de mis dudas institucionales, que me lleve a una fidelidad renovada y creativa. Rezo para que este momento eclesial no sea para destruir sino para convertirnos y construir la Iglesia de la fe, la que ilumina y  transforma con un corazón lleno de los sentimientos de Cristo, sin ahogarse en la institucionalización que paraliza.
Y me acerco a vosotros con la misma disponibilidad y cercanía que siempre me han caracterizado como persona y pastor. Desde hoy me pongo a vuestra disposición y espero que vayamos conociéndonos como personas y cristianos, compartiendo juntos la alegría del Evangelio de Jesús.
Muchas gracias a todos.

Miguel Angel García Encinas.

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Curas restaurados y orantes

EJERCICIOS   ESPIRITUALES  EN ÁVILA

Como cada año, he podido disfrutar  de este lugar y tiempo de ejercicios espirituales en tierra de Santa Teresa de Jesús, han sido unos días de verdadero descanso espiritual y de encuentro con la Palabra hecha carne en Jesucristto  a la luz del Evangelio. El marco pradosiano nos favorece y nos regala, ya tradicionalmente,  con este encuentro de curas de tantos sitios unidos por un mismo evangelio y un mismo celo y deseo apostólico que respondemos a la convocatoria que nos hacen al final de curso. Aquí os doy cuenta de dicho encuentro en el que una vez más “el rostro del Señor ha brilado y nosotros hemos sido restaurados” para poder volver a la tarea pastoral con nuevo ánimo.

De muchas diócesis

Cincuenta sacerdotes diocesanos de toda España están celebrando los ejercicios espirituales organizados por el Prado, instituto sacerdotal que inició el Padre Antonio Chevrier en Lyon (Francia) y que se extendió por distintos países con monseñor Ancel, obispo auxiliar de Lyon, que fue sacerdote obrero. El carisma está activo por más de cincuenta países en cuatro continentes, su singularidad viene dada por el deseo de animar y acompañar a los sacerdotes para  llevar la riqueza del Evangelio a los más pobres y necesitados de la sociedad. Abierto también en su espiritualidad a un sector de laicado y de vida consagrada femenina.

Pesebre, Crucificado y  Eucaristía

Armando Pasqualotto, sacerdote pradosiano de Treviso (Italia), que actualmente forma parte del equipo internacional de dicha obra y es responsable del acompañamiento a España,  es quien está dirigiendo a lo largo de estos días, del 22 al 27 de Agosto, las reflexiones para profundizar en la Palabra de Dios y en la vida ministerial de estos sacerdotes llegados de distintas diócesis españolas. El Tema de los ejercicios es la “Contemplación de Jesucristo a través del mural de Saint Fons”. La clave fundamental que están siguiendo es la del “conocimiento de Jesucristo”, a través del estudio del Evangelio. La orientación específica en estas jornadas está siendo no tanto el conocimiento intelectual de la Palabra de Dios, sino la entrada contemplativa y afectiva en el misterio cristológico, de la persona de Jesús de Nazaret y la revelación de la salvación en él para la humanidad.

Tres están siendo los referentes en torno a la mirada creyente y afectiva a Jesucristo: la del Pesebre (pobreza), la del crucificado (muerte a sí mismo) y la del tabernáculo-eucaristía (caridad). Los tres grandes misterios de encarnación, muerte y resurrección. Desde el la profundización bíblica, a lo largo de la oración y el silencio los sacerdotes han sido animados a profundizar en el discipulado del Cristo del pesebre, del Cristo Crucificado y del Cristo pan de vida. Las jornadas se desarrollan en momentos de oración comunitaria, de iluminación de puntos para el estudio del evangelio y conocimiento interno de Cristo, de grandes espacios de silencio, de celebración eucarística compartida.

Cada año se celebran estas jornadas de ejercicios espirituales en Ávila, en estas fechas de vacaciones, abiertas al clero en general, al mismo tiempo se ha celebrado  este año otra tanda en Lérida.Es un servicio que los sacerdotes del Prado vienen ofreciendo al clero español desde hace décadas y es un lugar de encuentro y gozo de muchos sacerdotes que les   atraen las claves pradosianas en lo que se refiere a la formación del los sacerdotes diocesanos y la espiritualidad secular como hombres de la Palabra encarnada y de Pan compartido y repartido, para los más pobres y sufrientes,  en  medio de la gente del pueblo de Dios.

 

 

 

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La vida, nos trae y nos lleva

“No hay vuelta, la vida  nos trae y nos lleva”

(Volver a la casa y al pueblo)

Volver sentidos y entregados

Amalgama de sentimientos confundidos, sin control. Aparentemente normalización, alegría, buenas presencias y palabras amables y de cariño… pero el frío interior corta el ánimo, la ausencia se hace grito de la presencia que duele, el vacío no sólo está hueco sino caído, y no sabes cómo sentirlo, mucho menos cómo decirlo y compartirlo. Nos hemos subido al coche para volver, hemos salido de Granja de Torrehermosa, íbamos ya por Azuaga, el silencio era total, pero ninguno de los tres  hermanos estábamos callados en nuestro interior, todos musitando, sintiendo, elaborando, controlando, evaluando, repasando. Al menos yo,  detalle por detalle, palabra por palabra, gesto por gesto, persona por persona, mirada por mirada, lleno el corazón y soledad sentida. Al ir, íbamos entre bromas y risas, al volver venimos sentidos, vencidos y entregados, porque volver no es volver sino aceptar lo que va dejando de ser.

Hoy el deseo vital hubiera sido detener las olas de nuestra historia, para que no sigan yendo y viniendo para que de una vez se estén quietas, pero la realidad no lo permite. Puedes volver al recuerdo, pero no detener el futuro que se te viene y se te impone aunque no quieras en su marcha permanente: la casa habitada por el silencio, fotografías de momentos detenidos sólo con el alma pero ya acabados y ultimados, deseo de restablecerlo todo, de obrarlo de nuevo,  para que siga siendo igual, cuando ya no puede ser, ya no cabe, esa ola se fue y aunque estemos de fondo, yendo y viniendo nosotros, ellos ya no están y otros se están yendo por el mismo camino y la misma debilidad.

Los  que quedan de ella

Hemos ido a los de cerca, a los hermanos de la madre, para encontrar lo mismo, la ola sigue, y ahora sin suavidad, ya tocando bordes de ellos, dando olvidos, delgadez, lágrimas de presente y de amor sincero pero en el olvido de nombres, de relaciones y referencias. Disimulamos y mostramos que todo sigue igual pero el mayor ya está en el borde, ya no borda solo pinta, y toca acariciarlo y dejar que nos toque los pies  en la orilla de la vida, con el vaivén de  su debilidad olvidada y con su yo. Ese yo que pide ser reconocido, cuando él mismo comienza a dejar de conocerse en lo más entrañable y en lo  más querido, aunque guarda con corazón la foto vieja de sus padres como algo de actualidad sin ocaso.

La nacencia

Nos hemos detenido en la calle, en la puerta de la casa en la que nacimos, aprendimos a andar y amar, a jugar y a reír, a llorar y caernos, hemos querido volver a  la infancia. La hemos abrazado entrando en casa de los vecinos, para oler a los nuestros que se fueron. Los hemos vistos cariñosos, han caído lágrimas, nos han besado como padres, nos han aliviado en emoción,  pero también ya están en su borde. Nos hemos  emocionado con sus hijas, nos hemos reído con el recuerdo, pero ya acabado y consumado, sólo dispuesto para pasarlo por el corazón. Nos hemos dicho que estábamos muy bien, los que ayer fuimos niños de una misma edad, pero metidos debajo de la ola que sigue yendo y viniendo, gastando la piedra y la concha del vivir y del querer en todos, aunque en cada uno a su manera.

La ola de la vida es imparable

Hoy, hemos vuelto al pueblo, hemos entrado en la casa, hemos besado a los que quedan, nos hemos parado en la nacencia, pero  íbamos riendo como quien puede  parar la ola del ayer, y ha sido  ella  la que ha jugado con nosotros y nos ha quedado atrás, confirmando que el pasado, pasado está, y el presente corre con otras olas que traen un futuro rápido. Vaivenes que siguen quedando rotos en el volver de la ola, en la vida convertida en la  arena de los que queremos. De ellos, los que nos siguen enseñando y presagiando que de las olas, del vaivén de la vida, sólo queda el sentimiento y el amor de ese toque que, aunque no podemos detenerlo al ir y al volver, en su tensión  va llenando la vida en aquello mismo que la va vaciando. Somos ir y venir, ellos se fueron,  ahora otros  están en los bordes de la ola y no podemos detenerlos ni en su soledad, ni en sus olvidos, ni en su delgadez o sordera, y nosotros ya lo sabemos por haber caminado con los nuestros.

Tenemos la señal de la vida: saber vivir, saber morir

Volvemos en silencio contemplativo, el silencio que nos da  el tener la señal de la vida. Sentimos que  ya ha pasado nuestro momento de crecimiento y ahora nos toca abrirnos para ir bajando en ternura y suavidad el tramo de lo más querido y más necesitado de nuestra propia historia y nuestro propio yo. Ya es hora de volver a reencontrarnos, recordarnos, unirnos y disponernos para entregarnos en la orilla de la vida, porque no hay vuelta, sólo nos queda la esperanza de  que haya otra orilla y allí nos reencontremos de una vez para siempre en un mar en calma divina y serena, abrazados eternamente a los que quisimos. Ahora, con nuestro cariño nos toca ser sombra de ternura y generosidad para que otros  puedan crecer.

José Moreno Losada

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Profetas, ¿De qué?

“Invitados a arriesgar”

(Eco de la homilía del pasado Domingo)

¿Profetas del éxito o de la verdad?

JUANNNNSer profetas de la oficialidad establecida por los cánones del mercado, del éxito, de la competitividad es oficio de lo común y de lo ordinario en nuestro mundo. Está muy bien pagado y considerado, aunque sólo es de unos pocos y por poco tiempo. Se dice que cualquiera puede ser la mejor voz pero de ochenta mil sólo una es elegida, quedando en el camino miles sin éxito, miles de excluidos sin hogar ni voz.

El camino de la coherencia, la verdad y lo profundo genera otro tipo de profetismo que no va por la ruta del éxito y lo externo. Se trata de la profecía de la justicia y la dignidad, que no encuentra veredas fáciles ni gratuitas, más bien hay que caminar en medio de abrojos y de desiertos con cierta soledad. Así le ocurrió al profeta Jeremías cuando en medio del pueblo era sincero y hacía lectura creyente y coherente de la situación que estaban viviendo y que abocaba al dolor y al fracaso del pueblo, reclamando una conversión para la fidelidad al Dios de la vida y del pueblo, buscando caminos de verdad y fraternidad entre todos.

No hay duda que los verdaderos profetas de Dios son los que caminan por estas sendas de la verdad de lo humano, de la dignidad de la justicia, de la verdad entrañable y compasiva. La de aquellos que olvidándose de sí y arriesgando se creen el aserto de que quien quiera guardar su vida la perderá y el que esté dispuesto a perderla la encontrará.

Jesús, el profeta de Dios

El referente más directo de la profecía divina no es otro que el propio Jesús de Nazaret. En él encontramos al profeta definitivo, que nos trae el corazón del Padre del Padre y con la fuerza del Espíritu desea que su fuego se adentre en el mundo y toque los corazones de todos los humanos. Se trata del fuego de la verdad, la vida y el camino que lleva a la fraternidad universal venciendo toda tentación de poder, riqueza y éxito que se implanta desde la injusticia, la desigualdad y la exclusión. Él es profeta de la verdadera autoridad y el magisterio lavando los pies de sus discípulos, es rey del universo sintiendo compasión ante la muchedumbre perdida como ovejas sin pastor para los que multiplica el pan, es el único Señor tomando el pan y entregando su vida en la cruz por todos los hombres. Se trata del profeta crucificado que ha resucitado y ha sido validado por el Espíritu del Padre, como el único salvador. Es el profeta de la radicalidad ganada y del amor plenificado, en él está la plenitud de la profecía. Y en él hemos sido bautizados nosotros para ser también con él profetas, participando de su profetismo.

Bautizados para ser profetas

PapaTras él han sido y son muchos los que se dejan quemar por su fuego y son verdaderos profetas en medio de la historia. Desde el propio papa Francisco, pasando por los misioneros que son afectados por enfermedades como el ébola o aquellos que están al lado de los refugiados defendiendo sus derechos; son miles, multitudes los que están tocados de la gracia y se plantean sus vidas con radicalidad. No entran en los caminos de lo fácil dejándose engañar por promesas terrenales, vacías de espíritu, de entrega y de fraternidad auténtica. Optan por proyectos de vida personales y comunitarios que son alternativa en medio de nuestro mundo y que nos abren los ojos para creer que otro mundo es posible y que el evangelio se está cumpliendo en medio del mundo. Saben que por su bautismo son sacerdotes, profetas y reyes como El.

Todos estamos invitados a vivir nuestro profetismo bautismal: “Quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios”

José Moreno Losada

Presbítero de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe

Badajoz

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Olimpiadas en cuerpo y alma

Correr, luchar… por una corona que no se marchita”

La grandeza de los atletlas

Llego del descanso veraniego y me dejo seducir por las imágenes plasmáticas televisivas que nos dan primeros planos, nos hacen  espectadores privilegiados de las pruebas deportivas en las olimpiadas de Brasil, algo nunca soñado. Tener este privilegio de poder vivir al detalle preciso y exacto lo que acontece allende de los mares. La belleza de las pruebas y el ejercicio de los atletas nos arrastran y nos elevan hasta en el espíritu, los mismos comentaristas  loan el trabajo, la dificultad, la superación, el dominio, la entrega, la colaboración, el equipo, la deportividad… hasta el papa Francisco se ha hecho eco de esta imagen de dominio, equilibrio, belleza, unidad, valores, etc. de los que son ejemplo para el mundo las olimpiadas y los participantes en ellas.

La riqueza del cuerpo almado y del alma encarnada

Siempre el ser humano en la comprensión de su realidad entendió que la unidad de su ser pasaba  por la riqueza del su cuerpo como expresión de su construcción personal. El cuerpo es tarea de lo humano, porque no hay humanidad sin corporeidad. Hasta el punto de que es inviable hablar del espíritu humano sino es desde su corporeidad, y no es posible hablar de su cuerpo humano sino es de su ser almado. No hay alma sin cuerpo, ni realidad de cuerpo humano sin ser almado, los dualismos dialécticos y contrarios han sido siempre enemigos de la belleza, la bondad y la unidad que el génesis proclamaba al hablar de ser humano en su estructura de cuerpo almado y de alma encarnada. Por eso, ver a jóvenes con ese dominio del cuerpo, interrelacionándose e incluso compitiendo ordenadamente, nos eleva en el alma y nos seduce. Cuántos habrán contemplado estas imágenes y habrán sentido- miles, millones-, pensado, querido, dolido, ilusionado, motivado…al  tiempo que habrán sido interpelados en sus vidas y en sus modos de tratar y vivir su corporeidad. Seguro que  la realidad que hemos contemplado en los deportistas, más allá de sus logros,  ha dinamizado pensamientos positivos y deseos de tratar y ser mejores cuerpos en nuestro ser personal.

La olimpiada del Espíritu

Del mismo modo pasaba hace un mes en Polonia, allí más de un millón de jóvenes, selección de otros muchos, expresaban el trabajo y el cuidado de su espíritu, de sus personas encarnadas y almadas. Allí se reunieron para celebrar unas jornadas de juventud donde el horizonte, la carrera y la meta era el amor y la misericordia entrañable. Un ejercicio que requiere del alma y de todo el ser para poder realizarse en verdaderas obras. El Papa iluminó aquellos juegos  del Espíritu,con palabras sabias, invitando a salir del diván de lo cómodo y lo indiferente, donde engorda y muere el espíritu, para ser protagonistas de sus vidas y aceptar el reto de hacer un mundo mejor y más cuidado, tanto en la relación con la naturaleza como con toda la humanidad. Allí también se abrían horizontes y deseos de bondad, interpelación de inquietud y compromiso para todos los que lo siguieron y contemplaron con corazón abierto. Pero todos estos encuentros luminosos requieren ser preparados y vividos en realidades mas cotidianas y permanentes para ser posibles.

Estudiantes Extremeños con Espíritu

Yo he sido testigo en esta etapa veraniega de ámbitos olímpicos de jóvenes del Espíritu – seguidores de Jesús- bien encarnados, de estudiantes con espíritu cristiano. El primero a nivel regional, en Losar de la Vera, donde una cincuentena de jóvenes de quince a treinta años, mitad de institutos y mitad universitarios, durante ocho días entraron en el  ejercicio de formación integral acerca de cuestiones de calado vital como son las modas para los adolescentes y el tema de la afectividad, la sexualidad y la pareja para los más jóvenes. Ocho días de gozo, encuentro, reflexión, oración, pero sobre todo de formación juvenil con claves directas de protagonismo y de búsqueda personal en orden a las personas que quieren ser y construir, para no hacer vidas sobre arena. Cada año vengo convertido e interpelado por estos jóvenes, sencillos y normales, que están en nuestras aulas pero que son olímpicos de un espíritu sano, abierto, inquieto. Los descubro como buscadores, creyentes, limpios, abiertos… no hay duda de que van obteniendo  y luciendo una corona que no se marchita.

Jóvenes de todo el mundo por una corona que no se marchita

La segunda parte, que no he vivido directamente, pero que la he seguido con el corazón y las imágenes, ha sido – como las olimpiadas- un encuentro internacional que se ha celebrado en Madrid, organizado por la juventud estudiante católica. Jóvenes de más de 25 países de cuatro continentes han estado una semana completa tratando cosas fundamentales del Espíritu y de lo humano. A la luz del espíritu del Papa Francisco en la “Laudato, Si”, han reflexionado juntos y compartido vivencias sobre la problemática ecológica de nuestro mundo, el cuidado de la casa, así como de la problemática de lo humano, el cuidado del hermano, la violencia y la paz. Han  participado desde un joven palestina, arriesgada y comprometida, de quince años, hasta africanos, latinos, indios… Todos movidos por el ejercicio de un espíritu de jóvenes que creen en la humanidad, en la posibilidad de un mundo nuevo, movidos por la convicción de que les habita el Espíritu de Jesús que los hace atletas de la bondad y del amor en la construcción del mundo. Espíritu que no cree en desigualdades, fronteras, separaciones, corrupciones, destrucción, que gime con dolores de parto ante una nueva creación que se avecina, que se está gestando en corazones de jóvenes como estos.

Alvaro y Carmen, atletas en cuerpo y alma.

Soy testigo de que esta preparación ha estado fundamentalmente en manos de dos jóvenes universitarios extremeños, Álvaro  Mota y Carmen Ledesma, ellos como verdaderos atletas llevan años de formación y entrenamiento, por eso se lanzaron a la organización de este encuentro internacional. Han quedado extenuados, como los buenos atletas, porque lo han dado todo para hacerlo posible, pero también sé que la corona que les habita y les encabeza no se va a marchitar porque saben dónde está su tesoro y allí están poniendo el corazón.  Son, sin duda, atletas del Espíritu. No buscan el éxito sino la corona de la vida que no se marchita y se comparte para que todos tengan más vida. Aunque todos le daríamos la medalla de oro en dobles, por aquello de que el Señor los envió de dos en dos.

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