Pastores de lo humano y de lo común -del nosotros-

La humanidad necesita pastores de lo sencillo y de la entrega. En esta situación se nos está revelando que es lo esencial e importante, lo necesario. Hoy como nunca se nos desvela que no hay otro camino que el “nosotros”, fundado en la armonía del amor creador y creativo, lleno de ternura. Lo que se centra en el “ego”, personal o patriótico, en poder y en riqueza, lleva a la muerte y la destrucción. ¿Dónde están y quienes son los pastores de la humanidad que conducen al nosotros de una ecología integral, de una armonía total y global?

Habrá un solo rebaño y un solo pastor…

“Os daré pastores según mi corazón”

Pastor

La realidad nos ha hecho evidente la verdad del amor y del acompañamiento. El descubrimiento del nosotros se hace a marchas forzadas, ha sido el mal que desvela nuestra vulnerabilidad quien nos ha despertado a la comunión, a la red de lo humano, a la necesidad del otro, a la construcción del nosotros, sin el cual no hay salvación. ¿Pero dónde está el fundamento que lo sostiene, la verdad que lo ilumina, el amor que lo dinamiza?

Nosotros creemos en el amor fundante y primero, que dio vida y razón a toda la creación, lo hico como un todo para la armonía. Ahí está el paraíso en la paz, serenidad y alegría de la armonía. La naturaleza, el hombre y Dios, con una corriente de donación y voluntad sin medida. Lo hizo de la nada y porque su amor lo conducía. Cuando la realidad se abre al amor de la armonía en lo comunitarios, entonces, se despliega la vida sin límites, amanece la justicia y nos alimenta lo digno y lo bello. Cuando la corriente de donación y de amor, se rompe por la separación de un ego idolatrado llega la desgracia, la mentira, la injusticia y la muerte. Es entonces cuando queremos volver a la fuente, a por el agua de la vida, a por los pastos que nos reúnen de nuevo en el verdadero rebaño de una humanidad que se hace nueva y vuelve por los caminos de la reconciliación y de la verdadera fraternidad.

Hoy necesitamos volver a esa corriente de la armonía, de la ecología integral, del nosotros universal y amado, del rebaño reunido y sanada. Necesitamos un pastor que nos de la vida, que nos alimente, sane, anime, conduzca, pastor de lo natural, lo humano y con amor divino. Y nosotros lo hemos encontrado en Jesucristo, en su humanidad, en su cuerpo entregado, en su agua llena de vida que quita la sed para siempre, en su evangelio lleno de alegría para la historia. Hoy toca contemplarlo y seguirlo.

Past

Da la vida por sus ovejas, no hay otro Dios más cercano. En la persona de Jesús hemos descubierto la ternura y la vinculación extrema en el amor, Él es el buen pastor. No hay nada en nosotros que le sea ajeno o indiferente, vive por nosotros y para nosotros. Resucitado está entre nosotros y lo hace como el que sirve, para que tengamos vida abundante.

 La aventura digna para nosotros es estar en su rebaño, seguirle, comer sus pastos, descansar en su redil y entrar y salir por El, que es la única puerta válida. La puerta de la verdadera comunidad que genera salvación e integra a todos para que nadie se pierda.

 El amor integra y cura, el buen pastor genera una red de encuentros y vida entre nosotros, vínculos sagrados y eternos. Abrir nuestros corazones a su voz es romper límites y hacerse universales, sobrepasar el individualismo con la fuerza de la generosidad y de la comunión.

Un solo rebaño porque uno sólo es el pastor, una sola es la vida que se nos da gratuita y que pertenece a todos. Cómo no bendecir hoy a ese buen pastor por toda la humanidad que, en esta briega de noche pandémica, conducidos por los silbos amorosos de este Cristo, se han hecho pan de vida, agua sanadora, luz y consuelo de los sufrientes. Dios, en Jesús, sigue dando pastores de humanidad a la tierra y a la calle, al campo y a la ciudad, los hay en todas partes, allí donde una persona cualquiera, en lo más anónimo y oculto, hace un gesto de entrega y de construcción del nosotros más allá de su propio interés y propio ego, allí está el buen pastor.

Entra y quédate con nosotros…

La noche está servida y Él está a la puerta…

Él, resucitado, sueña despierto con su cuerpo la Iglesia, con su familia comunitaria, y hacer soñar al anciano papa Francisco para que le ayude a llamar a nuestras puertas, nos trae un espíritu que ilusiona y envía. Trae alas de altura y libertad, de vida nueva, para un confinamiento de salvación.
casas

Las casas habitadas, las ventanas abiertas, los balcones llenos de aplausos, pero todos confinados… y hay alguien que se para en la puerta y llama, que desea estar con nosotros porque la tarde está avanzada y la noche la tenemos encima. Solo entrará si nosotros le abrimos las puertas de nuestra vida para que nos habite con su presencia iluminadora y transformadora. Él sabe de crisis y oscuridad, de miedos y debilidades, de abandono y soledad, de muerte sin razones, pero sobre todo sabe de vida nueva, de nacer desde lo alto, de vencer la muerte con amor. Y quiere entrar en el corazón de su propia iglesia, de su comunidad, del verdadero templo, de cada cristiano, porque estos son momentos para salir, para convertirnos y reconciliarnos con la vida, con la luz, con el verdadero camino, bebiendo en la mejor fuente, donde nace el agua que salta hasta la vida eterna.

emaus

Él, resucitado, sueña despierto con su cuerpo la Iglesia, con su familia comunitaria, y hacer soñar al anciano papa Francisco para que le ayude a llamar a nuestras puertas, nos trae un espíritu que ilusiona y envía. Trae alas de altura y libertad, de vida nueva, para un confinamiento de salvación. No quiere que estemos tristes y ofrece la alegría del evangelio, no quiere que sigamos gritando en la queja desalentadora, sino que entremos en la alabanza, no nos quiere perdidos y nos presenta la alegría del amor, quiere reconciliarnos con la naturaleza para que podamos llamar querida a la que había sido abandona y esquilmada.  Quiere que nuestro gozo sea tal que no podamos estar quietos y necesitemos llevarlo a toda la humanidad y a toda la creación. Nos quiere ilusionados y enviados.

papa

Ilusión y misión, dos claves fundamentales para una iglesia evangelizadora que quiere llegar a los hombres con la verdad de la salvación. El camino se hace largo, a veces duro y cuesta mantener los ojos abiertos e ilusionados para una lectura creyente del cansancio y del fracaso histórico, para este momento de pandemia e incertidumbre. Los creyentes se desilusionan, se acomodan, se aburguesan… y volvemos tristes y cansados, hemos de refugiarnos vencidos por la pequeñez de nuestra propia debilidad y pobreza, por nuestra ignorancia. La acedia se impone sobre nuestros corazones. Y ahí vuelve a ponerse a nuestro lado el espíritu anónimo de Jesús, para compartir nuestro camino, para hacer confinamiento con nosotros, para tocar el corazón, para encenderlo y volver a ilusionarnos con su Espíritu resucitado.

cristo

 La iglesia, cada uno de nosotros, hoy ha de pararse, entrar dentro de nosotros mismos,  hablar con Él, desahogarse con El, invitarlo a nuestra pequeña casa oscura, entrar en el atardecer en su intimidad, y permitirle que meta fuego a nuestro corazón, para que se ilumine la noche y podamos volver a la comunidad y a la calle de la vida ilusionados y con el deseo de despertar a otros muchos que también caminan con tristeza desilusionada, a aquellos que esperan un compañero de camino que les encienda con amor y fe sus corazones. Tú y yo podemos ser los discípulos de Emaús, de ida y de vuelta. Aprovechemos que estamos en casa para interiorizar y acogerle para comer el pan de la vida y sentir cómo nos envía de nuevo, con nuevo amor para darnos y saltar de gozo y alegría en la comunidad de lo humano y de lo natural, con el disfrute del evangelio que se hace realidad en la vida.

Ahora es el momento, la noche está servida y Él está a la puerta.

What do you want to do ?

New mail

La teología evitada ante la pandemia

Si se calla el cantor muere la vida…

(Lo teológico silenciado ante esta pandemia)

En estos días recibo manifiestos calientes, defensores de los sacerdotes, de la iglesia, de los cultos y ritos… como perseguidos y la verdad que siento cierta molestia. No comparto ni el contenido, ni el modo de hacerlo, ni la forma sentiente con la que se expresan frente a algo o alguien. No me siento perseguido, ni obstaculizado, entiendo que puede haber singularidades que sí lo estén sintiendo y lo expresen, pero no creo que sea generalizado. La Iglesia se está moviendo en libertad como siempre para actuar con los más pobres, para rezar y comunicarse, etc. Incluso para andar con las custodias por donde a cada uno le parece, ya lo vemos hasta en las portadas.

Nunca me habían llegado más reflexiones, vídeos, etc… que en estos días con claves religiosas, orantes, reflexivas de orden interior, personal y comunitario. Vamos que aquí no hay ya quien le ponga puertas al campo, gracias a Dios. Y bastante está costando ponerle puertas al virus, en este mundo globalizado, donde todos nos hemos especializado poco a poco, incluso los virus. Ya leía esta mañana incluso que alguno decía que debíamos bajar el tono endiosado que le damos a la naturaleza que es capaz de crear este mal del que tenemos que defendernos a toda prisa y a todo coste. Y al hilo de esta anécdota que no es pura curiosidad, sí me gustaría plantear una cuestión que si me parece de idiosincrasia española y que no ha comenzado ahora, sino que viene de atrás, quizá porque nuestros padres comieron agraces y nosotros sufrimos la dentera, como decía la tesis tradicional de retribución bíblica.  Me refiero al tema de la reflexión teológica en los medios de comunicación social, públicos y privados, será por nuestro pasado y aquellos que comieron agraces en el otro siglo.

Mientras que Alemania e Inglaterra en la prensa y en los medios de comunicación aparecen en las tribunas las mejores reflexiones filosóficas y teológicas en torno a la cuestión del sentido, de Dios, de la esperanza, de la muerte, de la naturaleza, lo humano y lo divino en torno a esta pandemia, aquí se silencia y se retira. Se admiten reflexiones psicológicas, sociológicas, se abren espacios sin fin para políticos que nos hacen proclamas cuasi proféticas, y alabanzas casi culticas y repetidas como mantras de nuestra bondad y educación cuidada a la hora de los telediarios, como si estuviera estudiado el tratamiento que necesitamos como masas para autoestimarnos en el encierro.

Entiendo que bien informados y asesorados por los gurús de la  postmodernidad y los expertos de lo cibersocial. En esto he notado que hasta casi encauzan y animan los aplausos, es en lo que más fuerza están gastando de cara a la ciudadanía, se trata como de un rito religioso diario y lo alzan al grado de casi obligatorio, poniendo como razón las víctimas que se consagran ante la comunidad y se juegan el tipo ante la sacralidad del gobierno y del estado. Los sacerdotes oficiales también están institucionalizados, basta oír las sirenas oficiales y la distribución de todas ellas en todas las ciudades, algo menos en los barrios empobrecidos quizá porque allí no hay balcones, ni terrazas. Y no piensen que soy detractor, que cumplo y muy bien con el ritual, hasta me atrevo a ser quien pongo música en mi balcón para los vecinos, con canciones que considero que tienen algo de mensaje, sin desechar el himno nacional del resistiré en muchas de sus versiones, que ya me suena a padrenuestro.

Reconozco que esto lo puedo decir por lo que sigo en los medios y escucho como reflexiones, así como por experiencia personal. Suelo participar en los medios y escribir en ellos, con buena acogida y buena atención de los periodistas, de los profesionales, pero siempre considero que estamos vigilados –así me siento-  en lo que se refiere a la reflexión explicita sobre lo teológico y lo evangélico, como sospecha y cuidado de que eso puede dañar la libertad del medio de comunicación, su pluralidad, su apertura, su neutralidad, etc… cuando lo que escribo lo firmo yo y lo entrego para consideración pública que puede recibir la respuesta que cualquiera considera razonable. Me suelen mandar a la sacristía como lugar propio.

Es una pobreza que en este país donde resulta que ocho millones de personas semanalmente suelen ir a la eucaristía, escuchan el evangelio, la reflexión oportuna, amén del sentido de comunidad y de deseo de construir un nuevo mundo, un nuevo modo de vivir. Donde un tanto por ciento muy elevado se considera religioso, sin embargo, no esté en lo público la reflexión cristiana de orden filosófico y teológico, que seguro que le interesa a muchísima gente. Sé que hay espacios propios en periódicos y revistas especializadas en ello –que yo utilizo a nivel más profesional y cualificado-, pero eso no justifica que haya sospecha y tanto cuidado en publicar lo que tiene tinte cristiano y teológico pero que plantea cuestiones vitales de lo que está sucediendo hoy. En este sentido envidio países como los que aludía antes, que tienen esa madurez del saber ecuménico y de entender que valen todas las reflexiones que aborden el verdadero sentir humano y que se planteen las cuestiones trascendentales de la vida, de la humanidad, de la naturaleza, del sentido y de la esperanza, porque en ello va el valor de lo humano. Y no creo que haya persecución o rechazo, sino un raro respeto que silencia y acalla el valor de lo teológico, porque puede molestar a algunos, aunque podría ayudar a muchos. Me atrevo a escribirlo porque en estos días muchos me preguntan el por qué no escribo en torno a este tema de la pandemia.

José Moreno Losada.

What do you want to do ?

New mail

What do you want to do ?

New mail

Del confinamiento -cenáculo- a la comunidad del resucitado

RESUCITAR A LA COMUNIDAD…

Este tiempo de confinamiento en nuestras casas puede ser laboratorio de salvación y apertura a la verdad de la comunidad. El hombre imagen de Dios, está llamado a ser comunitario, a vivir en fraternidad de criatura con toda la naturaleza, fraternidad humana con todos los hombres, fraternidad confiada y filial con el Padre y en el Hijo. Dejemos que el Espíritu abra nuestros balcones y que el aplauso se haga verdadero en el deseo profundo de construir una comunidad llena de justicia y de paz, de amor para todos  sin dilapidación, ni exclusión.

cuadro1II Domingo de Pascua
No sólo resucitó Jesucristo, sino que con él lo hizo la comunidad. Una vez que Jesús resucita su empeño permanece intacto en el deseo de fecundar la comunidad, de la fraternidad en medio del mundo, que avanza por los caminos del Reino de Dios y su justicia.

La fuerza del resucitado viene en favor de la comunidad para rehacerla y fundamentarla en una roca verdadera, en la fe firme de que el crucificado ha resucitado y vive para siempre. Que la muerte ha sido vencida, que el amor y la justicia han ganado la batalla y ahora todos somos de la vida, el Padre nos ha ganado en su gratuidad de amor extremo en Cristo.

El maestro no se rinde ante el discípulo que fuera de la comunidad se resiste a creer. Lo busca, lo trae al centro de la comunidad, y en ella con un amor infinito le adentra en la experiencia de tocar la muerte vencida para encontrarse con su Señor y su Dios.

Hoy vivir al resucitado es mantenernos en el empeño de una verdadera comunidad en la que cabemos todos y en la que se respeta el camino y el proceso de cada uno en su búsqueda de la verdad y del espíritu.

En estos días que estamos recluidos en el cenáculo por esta pandemia, podemos hacer el proceso de encontrarnos con El, de entrar nuestros dedos en sus llagas y nuestras manos en su costado, para darnos cuenta del dolor del mundo y de los que en medio del dolor se abrazan para consolar, sanar, bendecir, colaborar, entregarse y arriesgar a fondo perdido. Ahí podremos reconocer y recobrar el verdadero rostro del hombre y de Dios.

Ahora que estamos cada uno en nuestra casa, que tenemos que respetar estar recluidos para favorecer a la comunidad, ahora es el momento de convertirnos a la verdadera comunidad en lo humano, lo ciudadanos, lo profesional, lo familiar y también en nuestra fe a nivel eclesial. Recobremos el verdadero sentido comunitario en el que nos hacemos imágenes auténticas de nuestro maestro, él que resucitado siguió empeñado en construir comunidad. Que los aplausos y la reflexión de estos días nos lleven a la verdadera comunidad con la naturaleza, la humanidad y con nuestro Dios. Seres: naturaleza, hombre y Dios

 

What do you want to do ?

New mail

Semana santa en un “espacio nuevo”. La Iglesia no ha cerrado.

Destruid este templo y en tres días lo levantaré…” Ni en este monte ni en el templo, en la vida.Nada ha sido igual, pero todo ha sido especial. Yo me he redescubierto y enriquecido en mi ministerio sacerdotal y en mi modo de celebrar, de evangelizar. Mi compañero se siente tocado por Dios en su experiencia que está compartiendo con los sin hogar. Pero todos los demás, laicos vivos y adultos de estas comunidades, han sido creativos,comprometidos, generosos, atentos, disponibles, receptivos y lo han hecho posible. Creo en la Iglesia que se levanta en tres días cuando se cierran sus templos. Los que saben enredarse para dar vida y esperanzar, los testigos del crucificado que ha resucitado.

TESTIGOS DEL RESUCITADO Y DE LA ESPERANZA HOY

Me llegaba hoy dibujo humorístico con diálogo del diablo y Dios, en el que el primero se ríe diciendo que ha conseguido el virus cerrar todas las iglesias, refiriéndose a los templos,  y le responde el Padre Dios que lo ha conseguido es abrir templos de vida, iglesia en cada casa y en cada familia.  La verdad que es algo de lo que he sentido junto a muchos feligreses de la parroquia en la que suelo ejercer mi ministerio, de la Universidad, de los movimientos de Acción Católica de jóvenes estudiantes y de profesionales, de la residencia de los mayores y muchos otros con los que suelo contactar a partir de los blogs y de Facebook.

La vida

Nos enfrentábamos a un proceso cuaresmal y una vivencia del triduo pascual en una situación que de entrada nos parecía adversa, que lo hacía casi imposible. Pero no fue esta sensación la que se apoderó de nosotros, sino que unos con otros, paso a paso, intento a intento, ensayo a ensayo, hemos ido cogiendo forma y hemos notado como en cada casa, hemos llegado a muchos niños, a algunos jóvenes, a los matrimonios, y de un modo más continuado a los miembros de la comunidad que siempre están más al tanto de las responsabilidades y de los compromisos, adultos de cáritas, liturgia, catequistas, animadores, profesionales,etc.

Yo me he sentido muy acompañado y en equipo para poder animar lo que iba surgiendo del propio espíritu, he contado con personas que han estado siempre disponibles para ver cómo podíamos llegar, acompañar, animar y ayudar a lectura creyente del momento que estamos viviendo. Y sobre todo poder hacerlo desde la vida y la experiencia de la gente, así como de su oración y de su celebración.

Mi compañero y párroco Paco Maya,  delegado episcopal de Cáritas diocesana, se ha puesto, junto a otros voluntarios arriesgados, en frontera radical coordinando y apoyando el albergue de los sin hogar, dándolo todo,  donde han tenido hogar los que nunca lo tienen. Cáritas, con la colaboración de instituciones políticas y sociales, está dando lugar a la vivencia de una pasión esperanzada allí donde están los más últimos y desatendidos de la sociedad.

cruz

Me decía Paco, que lo que estaba viviendo era único, una verdadera experiencia de Dios. Sentimientos que ha ido compartiendo con toda la comunidad, lo que nos ha ayudado a estar cerca de esta imagen de Dios tan sacramental y directa que llenaba demás el vacío de los pasos de cruz y de pasión. Nos impresionó la oración que los acogidos en dicho albergue hicieron ante la cruz el viernes santo y que pudimos contemplar en algunos de sus testimonios.

Junto a esta cruz hemos tenido contacto y comunión con signos de tensión y de lucha, de apuesta por vivir desde el evangelio en medio de esta pandemia y todas sus dificultades y dolores: Gerente de salud en el área de Badajoz recordando aquello de que los primeros cristianos lo tenían todo en común; auxiliares de enfermería arriesgando y dando signos de alegría y esperanza en medio del hospital; enfermeras y médicos consagrados con una dedicación sentida y en manos del Padre que sabían del riesgo con vocación;

cruz y niños

 Una profesional de la salud dedicada a los mayores en nuestra residencia de la granadilla que ha sufrido el virus y que en este proceso murió su padre, sin poder acercarse ella que es lo que siempre deseaba su progenitor para este momento último y que hoy me escribe gozosa porque mañana vuelve a su trabajo y sabe que la alegría y el buen humor de su padre no le va a faltar; los que han tenido familiares en situación de dolor y los que los siguen teniendo; maestros y profesores de universidad e institutos que están a tope para hacer lo mejor posible y enfrentarse a la desigualdad que puede generar el hacerlo por las redes; los centros de personas con problemas de movilidad, de inteligencia etc;  los niños que han estado al pie del cañón con sus dibujos, sus cantos y bailes, sus ayudas en casa y a hacer máscaras antivirus con sus padres; hasta los creativos que han ido haciendo cada día con sus legos y otros juegos, el paso religioso de cada día llenos de colores y sentido; los de cáritas que no han cerrado para que pudieran llegar los necesitados y no les faltar lo básico en nuestra parroquia; los que de un modo rápido han hecho sus aportaciones a la cuenta especial en la parroquia para ir solventando los problemas que ya vienen con esta pandemia y que seguro que se van a multiplicar en los días que vienen…

resurrección

Toda esta realidad conectada con la vida creyente, con el ver, juzgar y actuar de los movimientos de acción católica, con la oración, con las homilías recibidas, con las imágenes, los vídeos de reflexión y hasta un canal youtube, todo nos ha ayudado a ser iglesia viva, misionera, en salida, para poder decir que los templos estaban cerrados pero la iglesia viva, recreándose, saliendo, haciendo discernimiento y ayudando a dar más identidad a los que nos llamamos cristianos, pero que andábamos como algo dormidos y cómodos. Yo he sentido que todo esto ha estado en cada celebración que hemos servido desde Facebook y el canal de youtube. Desde mi casa con la ayuda de otros, hemos podido llevar la celebración pero haciendo comunidad. Cada día en las casas y  comunidades todos preparaban los elementos de la celebración y la reflexión previa y eso hacía que todos  al mismo tiempo estuviéramos haciendo la celebración de todo el triduo pascual en sus tres momentos de última cena, cruz en el calvario y noche de resurrección. Las personas se han sentido unidos, comunidad y han interactuado. Ha compartido nuestra celebración personas de muchos puntos del país y de otros países que tenían alguna vinculación o que han comenzado a tenerla, algo también muy nuevo.

La mesa  y la vida

Todo ha sido, en nuestra pobreza y sencillez, un signo de la acción del espíritu del resucitado entre nosotros. Ahora seguiremos con el quehacer del tiempo pascual en el que el Resucitado desea dejarse ver en favor nuestro para llegar al fondo de nuestro corazón, y que quiere hacerlo en los caminos de Galilea, en la vida que hoy y ahora nos toca vivir. Por eso el pregón de este tiempo pascual lo hemos dejado en la boca y el corazón de los miembros de la comunidad que tocados por el resucitado creen en él y sienten la esperanza. Y aquí os servimos una muestra sencilla de algunos de esos testimonios, que sólo pretenden la comunión en la alegría de la resurrección, en la profundidad de su amor y en la fuerza de su envío para que seamos testigos del resucitado. Os lo servimos en este enlace de nuestro canal en el que si lo deseáis podéis subscribiros y entrar en esta iglesia enredada que es capaz de hacer templo vivo hasta en las redes:      Testigos de la resurrección y la esperanza

De resurrección y liberación: de la seguridad al riesgo ser.

 Ahora toca buscar la justicia de los que están muriendo en este viajar herido. Hay dirección y sentido, hay razones para la esperanza. La resurrección de Jesús es nuestro referente. Sin él seríamos lo más desgraciados de la historia. Nos toca dejarnos hacer por los que mueren y se comprometen, por los crucificados y los que se crucifican para darles la vida, ahora es el tiempo de resucitar a un modo nuevo de ser y vivir. Ellos se lo merecen.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN:

Luz

“Y la luz brilló sobre el sepulcro, aleluya”

Una humanidad sedienta y ciega: rotos y separados por el ritmo de vida, por los objetivos marcados, por las superficialidades de la existencia, sentimos una sed inagotable y no encontramos la fuente de la vida. Ahora sometidos por el confinamiento ante una pandemia, volvemos a las andadas. Las personas no se sienten felices, consumimos fármacos para nuestra tristeza y nuestra infelicidad. Nuestro mundo se diagnostica de enfermedad del sin-sentido, de la ansiedad agotadora. Lo tenemos todo, pero no somos nada, confinados y con miedo, ante la muerte de miles de hermanos.

Luz, palabra, agua y pan de vida

La noche de resurrección  nos abría la fuente del agua de la vida, Cristo quiere darnos su Espíritu, derramar sobre nosotros un agua pura que nos purificará de todo lo que nos ata y nos aprisiona, para respirar en la libertad de los que han encontrado un sentido de la vida en la generosidad y en la entrega. Donación que nos hace salir de la muerte de la seguridad y de la autorreferencia. De nuestro interior, nos decía el apóstol, saltará la fuente del agua de la vida eterna, si incorporados –bautizados- a Cristo dejamos que su Espíritu guíe nuestra vida en lo diario. Si lo hacemos, notaremos que donde hoy sentimos miedo y sequía, nacerá el vergel de la comunión, de la vinculación fraterna y la valentía de la alegría profunda. La verdadera medicina para cualquier pandemia del cuerpo o del espíritu.

Nuestra oración es sencilla hoy, Señor dame de tu agua, todos la estamos pidiendo. Nuestra noche, también se vistió de luz, la palabra nos ha llegado al corazón, nos hemos sentido renovados en el agua del Espíritu que colma nuestra sed de plenitud, y vamos a comer al Crucificado que ha resucitado y se deja ver en favor nuestro, para que nadie nos pueda quitar la alegría de la resurrección, nuestro aleluya. Cristo ha resucitado y nosotros estamos alegres, muy alegres, porque tenemos la Vida. Y no queremos esconderla, ni guardarla porque es de toda la humanidad, somos hermanos. Necesitamos profundizar en el misterio del crucificado que ha roto las ataduras de la muerte, ha sido resucitado. Lo necesitamos ahora que estamos en sepulcros de confinamientos llamados a la profundidad de la vida. Ahí podremos entender los cristianos el misterio del crucificado que ha resucitado tal como lo proclama el escrito lucano:

Flor

“Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado, pero vosotros, valiéndoos de los impíos, lo crucificasteis y lo matasteis. Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que ésta lo retuviera en su poder…” (Act 2,23-24)

El resucitado es el crucificado y vive para siempre

En este Domingo que inaugura la Pascua, nosotros contemplamos que el que ha resucitado es el “siervo de Yahvé”. La resurrección viene a confirmar teológicamente toda la historia de la salvación: el éxodo, la creación, la liberación del pecado, la alianza y la promesa, la encarnación, la vida y el mensaje de Jesús, la cruz como lugar de gloria y no de muerte.  El que resucita es el de las llagas y el costado abierto, el que no tenía donde reclinar la cabeza, el hereje, el blasfemo, el que comía con los pecadores haciéndose uno de ellos, el que perdonaba lo imperdonable, profanaba el templo y no cumplía la ley, el que se puso de parte de los hombres en nombre de Dios.

Frente a una mentalidad cientifista y cerrada en lo inmanente, y el extremo de un dogmatismo trascendentalista y deshistorizado, creemos en lo imposible de la resurrección desde los signos que llevan al hombre de la nada y la muerte, al todo y a la vida y que gritan continuamente: “No está aquí, ha resucitado”, como hoy hacen los que aplauden cada alta en el hospital a un pobre afectado.

El pobre Jesús de Nazaret ha resucitado y vive para siempre. La resurrección es signo de la libertad y la justicia definitiva, que tiene como fundamento y objeto al Dios de la vida afectando toda la realidad humana. En la resurrección, la libertad y la igualdad se hacen definitivas y se unifican, se hace justicia a todas las víctimas. Libertad y equidad, no pueden ser  una sin la otra. La resurrección da libertad y fundamenta la igualdad desde la fraternidad que ya se hace viable y posible.

Las victimas reclaman nuestra justicia: Un cambio de vida

La Iglesia que anuncia a Jesucristo Resucitado y que se deja mover por su Espíritu no puede ser sino una iglesia pobre, que anda por los caminos de la historia provocando el encuentro con los débiles e identificándose con ellos porque sabe que su Reino pasa por el sacramento del hermano: “¿Cuándo te vimos…? – Cada vez que los hicisteis con uno de éstos… Venid vosotros benditos de mi Padre”. (Cfr.,Mt 25,31ss).

Ahora, ante la pandemia,  nos estamos viendo y sintiendo criaturas, débiles, amenazados, solos, sin trabajo, sin saber del mañana, pero es ahora el tiempo de la gracia y de la luz, ahora estamos llamados como nunca a dejarnos interperlar por las muertes y los sufrimientos.

Nos toca acoger el grito que nos llama a la resurrección de lo natural, del cuidado, de la ternura, de la fraternidad, de la convivencia comprometida, de la responsabilidad ante la naturaleza y todos los seres que Dios ha dispuesto que existan y nos acompañen en esta naturaleza. Dios quiere que hagamos con ellos historia de esperanza y de luz, de gozo y encuentro, de realización vital integral

Ahora es momento de resucitar a algo nuevo, estamos llamados a ser pioneros, mediadores, animadores, acompañantes de estos procesos de cambio y de verdad en la vida de las personas. Sólo desde esta resurrección interior a un modo nuevo de ser y relacionarnos con nuestro propio interior, con los demás, con la naturaleza y con nuestro propio Dios, haremos justicia a los que van muriendo y quedando por el camino de esta situación tan dura. Si no cambiamos, su muerte quedará declarada inútil por nosotros y para nosotros, continuaremos muertos en vida, aunque seguro para que para Cristo, para el buen Dios, será fecunda y los tendrá ya en su seno glorioso declarándolos hijos amados para la eternidad. Resucitemos con ellos  a una nueva vida.

Atardecer
What do you want to do ?

New mail

What do you want to do ?

New mail

Por la señal de la santa CRUZ

Una Iglesia que no sufre persecución viviendo en un mundo injusto, lleno de pobreza y desigualdad, ha de preguntarse si está sirviendo al Reino de Dios, a la causa y al nombre de Jesús.

¿A quién vamos a ver en el rostro del crucificado este año en el que estamos asolados por esta pandemia y en este confinamiento?

VIERNES SANTO: POR LA SEÑAL DE LA SANTA CRUZ

cruz

La cruz sencilla que Dios quiere nos dice san Pablo:

“El lenguaje de la cruz, en efecto, … es poder de Dios …Dios ha querido salvar a los creyentes por la locura del mensaje que predicamos. Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. Mas para los que han sido llamados… se trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios…”(1Cor 1,18.21-24)

Necesitamos recobrar continuamente este lenguaje, esta señal, lo cual es imposible sin los crucificados de nuestro mundo actual, recobramos la señal cuando los recobramos a ellos. Ahora los crucificados vienen señalados además por esta pandemia, sumándose a la larga historia y listas de sufrientes inocentes. La cruz, que viene con el Reino, no es la designación de los males en manos del Padre, sino la contradicción que engendra el anuncio del Reino a los más débiles, que desajusta toda estructura aseguradora e injusta. Las resistencias personales, culturales, económicas, ambientales, religiosas e incluso de los mismos pobres y familia, hasta la de los propios discípulos son las que elaboran el verdadero material de la cruz. Pero tal cruz no es sino un signo del camino real del Reino: “Dichosos vosotros cuando os insulten, os persigan o digan contra vosotros toda clase de calumnias por mi causa. Alegraos y regocijaos…”(Mt 5,11-12) Ponte a ser manso, transparente, justo, misericordioso, pacífico y sentirás el peso de la cruz de los que en este mundo solo quieren violencia, poder, engaño, indiferencia, gozo y placer. Una Iglesia que no sufre persecución viviendo en un mundo injusto, lleno de pobreza y desigualdad, ha de preguntarse si está sirviendo al Reino de Dios, a la causa y al nombre de Jesús. La Iglesia que anuncia a Jesucristo, y da testimonio de Él, ha de andar por caminos que le cargan la cruz; cruz que es signo de buena noticia de liberación para los crucificados de nuestro mundo, noticia de un Dios compasivo y misericordioso.

Frente a un sistema del placer absoluto y de una humanidad indolora, del bienestar individual y desvinculado, en estos momentos tan duros se nos está llamando a desarrollar la cultura de la entrega y del compromiso, que a veces es dolor a favor del hermano dolorido para calmarle y consolarlo, como están haciendo miles de profesionales y ciudadanos, recuperándolos para la vida, siendo testigos vivos del Jesús- Buen samaritano. Este dolor entregado en el amor para dar vida    es presencia del crucificado- glorificado que vive para siempre y que transforma dolor en gloria y sufrimiento en alegría

 ¿Dónde están los crucificados que dan la vida? No los busquéis en los palacios, ni en los templos del éxito  y del poder, miradlos en lo sencillo y en lo pequeño de cada día: los sanitarios, los limpiadores, las cajeras, los vecinos, la hija que cuida a su madre con alzheimer desde hace años,  los padres que tienen a su hijo con Síndrome de Dowm  como el centro de su casa; el empresario que contrata a un disminuido físico, la esposa del alcohólico que apuesta por él y lo quiere de verdad, la asociación que le acoge con dignidad y le ayuda a resucitar, la que lava a su vecina sola y  enferma, y le lleva de comer sin que se entere nadie, el animador que da la vida por los jóvenes para que encuentren el camino de la vida; el que se mata para que funcione el coro; el médico que conoce y ama a sus pacientes, el que dona los órganos de su hijo fallecido en accidente para que le de vida a otros, el niño que da lo que recibe en la comunión para un proyecto en África y rechaza un traje ostentoso  haciéndolo con el de su primo, el que da un tanto por ciento significativo de su sueldo para cáritas y ya está dando para los efectos de este virus en los más pobres, el voluntario  en el asilo, y cuantos más… la madre que da toda su vida por sus hijos,  la que adopta un niño abandonado…¿A quién vamos a ver en el rostro del crucificado este año en el que estamos asolados por esta pandemia y en este confinamiento?

 Una cruz, no elegida sino aceptada en la mayor simplicidad,  sin ningún adorno ni distracción, cómo quería León Felipe que le hiciera su cruz para la mesilla de noche en medio de su enfermedad:

“Hazme una cruz sencilla, carpintero…

sin añadidos ni ornamentos…

que se vean desnudos los maderos,

desnudos y decididamente rectos:

los brazos en abrazo hacia la tierra,

el mástil disparándose a los cielos.

Que no haya un solo adorno que distraiga este gesto:

este equilibrio humano de los dos mandamientos…

sencilla, sencilla… hazme una cruz sencilla, carpintero.”

What do you want to do ?

New mail

Sin entierro pero con duelo…

LITURGIA INTERIOR ANTE UN DUELO SIN ENTIERRO

José Moreno Losada. Profesor de escatología en Instituto de Ciencias religiosas en Badajoz.

Una situación no esperada y desbordante: ¿Cómo hacer duelo?

Arrancada la pandemia y arribada a nuestras fronteras, se ha incrustado allí donde nos produce dolor y desconcierto, cuando no angustia y ansiedad. Nos ha dado el marco de un huerto de olivos permanente para esta semana santa, en que no nos queda otra oración que la de Jesús: “Si es posible que pase de mí este cáliz…”. Ahora ya el cáliz ha sido bebido por muchos de nuestros hermanos cercanos y la hiel nos duele a los que los amamos, al sentir la impotencia y la debilidad en un grado insospechado, de su muerte en soledad aparente y de su ausencia. Ojalá que también podamos sentir la esperanza y el consuelo de un horizonte de vida y de amor más fuerte que la misma muerte, una resurrección que se plante con vida sin límites ante la pandemia.

Recibo en estos días llamadas de conocidos, feligreses y amigos, que están sintiendo dolor, angustia, soledad, miedo…ante la situación que estamos viviendo. Me piden que yo haga algo, que les acompañe, que rece, les ayude, ofrezca la eucaristía. Toda esta situación me hace recordar las obras de misericordia y en especial la de enterrar a los muertos, que parece material, pero es de un calado humano y espiritual, de una profundidad tremenda. Estos momentos nos están descubriendo esa dimensión tan importante en el ser humano que es la vivencia de la muerte, y de que no es un acontecimiento individual, sino en cuanto humano lo es social, comunitario y necesita ser elaborado por la comunidad, en la familia, en los cercanos, en la iglesia. Enterrar a los muertos no es sólo una cuestión de sepultura, ya lo decía León Felipe, que para enterrar a un muerto cualquiera vale, cualquiera, menos un sepulturero. No se trata de un acto rutinario de adentrar un féretro en un nicho o cremar un cuerpo, sino de un acto profundo y humano, ante una vida que culmina, que acaba y entra en el misterio de la muerte. Cuando eso ocurre hay muerte en el nosotros, pero también debe haber duelo, vida, aceptación, consuelo, esperanza, reconstrucción. Por eso me atrevo en este momento a ofrecer esta reflexión guion que nos pueda servir de elaboración de un enterramiento espiritual y religioso de nuestros seres queridos en los que somos creyentes y alumbramos la esperanza en Cristo.

Duelo en la ausencia más brutal

El dolor en este momento para los que pierden un ser querido es grande y elaborar el duelo se hace muy duro por irreal. Sin haber podido estar a su lado, como siempre le prometimos que haríamos, y como ellos quizás nos han pedido a los más íntimos. Sin poder ir ahora a su entierro con los seres más queridos, demás familia, amigos, vecinos… sin poder abrazarse, consolarse, llorar juntos, recordar… vivir la muerte del padre, la madre, el hermano, el hijo… y acogerla en el seno de lo íntimo y lo amoroso, con toda la gente del pueblo, con todos los queridos y conocidos. Sólo tres personas como testigos casi judiciales de un acto último, a escondidas y con miedo. Cuando lo más seguro es que la vida ha sido siempre rodeada de familia y de encuentros, que hayamos celebrado todo en familia y comunidad con los nuestros, tanto la vida, el nacimiento, la juventud, las bodas, pero también el dolor, la enfermedad y las muertes. Ahora parece que el universo se ha parado y que estamos sentenciados. No es la extraña la voz interior que nos dice que no puede ser, no lo puede aceptar, no porque nos falte nada a su alrededor, sino porque hemos perdido un amor fundante, importante, y ahora parece que te quedas sin esos lazos, cimientos, de la noche a la mañana y no puedes razonarlo en las claves de la emoción y el sentimiento, aunque la racionalidad quiera que sea lógico, la inteligencia sentiente se resiste porque ama la vida y la vida de los amados. ¿Qué podrá consolarnos? ¿Quién podrá hacerlo…?  Ciertamente nadie, más que Dios y la mirada a la vida de los que se marchan y nos dejan. Será la misma vida vivida la que nos reconciliará con este momento, a la muerte sólo podemos ganarle con la vida misma, descubriendo que ella no ha acabado con la persona, sino que la ha fijado para siempre y le ha permitido entrar en lo eterno para que desde allí nos ame, nos cuide y nos proteja, y así nos consuele, nos alegre y nos haga sentirnos felices por lo que con él hemos recibido y vivido, que ya nadie nos lo podrá quitar nunca. Aunque ahora sea en el mayor dolor de una herida recién abierta y tierna. Pero ¿Cómo escapar de ese dolor de la muerte tan humano por la vía de un amor que sea divino y humanizado en estos momentos? ¿Cómo consolarnos interiormente y animarnos mutuamente en la fe? ¿Cómo levantar cabeza y superar la angustia, la ansiedad, la desesperación…?

En la comunión de los santos: Diálogos entrañables

Pasado el primer llano es necesario que volvamos a reencuentro interno y profundo con los seres amados, con ejercicios muy sencillos y auténticos. Entrar en la conversación de la vida, hacer lectura creyente de la persona y de lo vivido con ellos. Nos ha de valer la imaginación que incentiva la fe confiada en Dios y si queréis incluso el sueño. Ahora Dios Padre está a la escucha de su historia y de su vida, nuestro ser querido le está hablando contando las cosas de su vida. Ahí entramos nosotros, como le estará hablando a Dios de mí, lo que pensaba y me quería, los momentos tan importantes que hemos vivido juntos, sus enseñanzas de vida, sus detalles de ternura… y los traemos a nuestro corazón agradecido y dejamos que nos vaya consolando su propio discurso celestial donde ha llevado parte de todos nosotros. Por otra parte, poder nosotros hablar con ellos y decirles lo que no le hemos dicho, los sentimientos que tenemos hacia ellos, porque nunca lo olvidaremos, cómo necesitamos que nos sigan apoyando y protegiendo, lo que nunca vamos a olvidar, lo que puede estar tranquilo por vamos a hacer aquello que sabemos que era muy importante para él y que nos transmitió. Y todo esto expresarlo compartirlo con los otros seres queridos, ponernos de acuerdo, para no hablar en pasado, por aceptar su muerte, pero como paso y no darlo por muerto. Hablar de él en presente y en futro, y si es del pasado sólo para celebrarlo y gozarlo por la riqueza de habernos tenido mutuamente. Mantenernos unidos en su recuerdo y esperanzado en el reencuentro. Podemos incluso imaginar que nos escribe una carta desde el cielo…

Carta a Vosotros: “No lloréis al que vive, os abrazo desde la vida”

Queridos míos –ponemos nuestros nombres-:

(Con humor –no negro-  seguro que no os extrañará si comienzo mi comunicación con vosotros con carta, porque no están las cosas como para ir para allá ahora con la que hay liada ahí abajo, aquí se está “divinamente”. Me pregunto por qué nos costará tanto dar el paso. Tampoco os extrañará que comience la carta como si estuviera escribiendo desde la mili… ahí va)

Espero que, a la llegada de esta, vosotros os encontréis todos bien, yo bien gracias a Dios, por eso os decía lo de divinamente, aquí me tenéis en el paraíso.

Al principio un poco preocupado por vosotros, pero tras hablar con el Padre Dios, ya estoy sereno y con una alegría que no me la va a quitar ni el demonio, aquí no puede hacer de las suyas, lo tiene muy controlado san Pedro.

La verdad que fue todo un revuelo, todo tan rápido, inesperado, aunque no porque no lo avisaran que yo tenía mi miedo bien metido en el cuerpo, sobre todo por la incertidumbre que había generado y por tener que estar sin comunicación. Aunque la verdad que lo que más me preocupaba erais vosotros  y que os afectara también, más por mi culpa. Pero bueno, vamos a lo que interesa.

Entiendo vuestra confusión, vuestro dolor, vuestra pena, pero hay que levantar anclas compañeros, y volver a vuestro cauce que yo ya he arribado a mi orilla de luz y de amor, después de haber remado toda mi vida en esa barca tan querida que ha sido nuestra familia.

Me considero un afortunado, ahora sí que me doy cuenta, al acabar la jornada de la vida que he sido de los más ricos del mundo, algo presentía, pero aquí te quedas transfigurado cuando lo ves todo claro desde el corazón de Dios. No sabéis, ni os podéis imaginar, cómo se ve y se ama desde aquí. El gozo es total, solo le falta que lleguéis vosotros para que el amor sea más completo porque pleno ya es. Miro la vida y le voy contando a Dios que me escucha como yo os he escuchado a vosotros, es impresionante el parecido que tenemos, quién me lo iba a decir a mí, Dios y yo sin perder la pinta.

En los momentos más íntimos me pide que le hable de mi vida y de vosotros, está muy interesado, como si lo oyera o lo viera por primera vez, yo creo que lo hace para que yo me sienta más feliz.  Os preguntaréis qué le digo de vosotros, no paro, es tanto, pero como aquí tenemos toda la eternidad, lo de las prisas, el tiempo, la separación, etc., no existe, te coge la mano y ya no te la suelta nunca y te da una paz. Esto era lo que yo siempre deseaba con vosotros.

Hoy me ha preguntado por mi vida…que cuántos hijos, que cómo es mi esposa-o- y yo le he comenzado a contar. Le he hablado de nuestro proyecto de familia, de cómo hemos podido realizarlo y plenificarlo, que me he venido en plenitud y alegría con la tarea bien hecha, aunque habrá que seguir desde aquí para ultimarla. Le he contado nuestras cosas – aquí es un momento de contemplación y de ir poniendo delante de nuestro corazón la vida y nuestra relación con esas personas… Ante esto Dios me ha abrazado fuertemente, diciéndome que ha disfrutado muchas veces contemplando mi vida y mi relación con todos vosotros. Me ha ido preguntado por cada uno de vosotros no se ha olvidado de ninguno…

Tenía ganas de estar un rato a solas para hablaros. Es verdad que fue todo lioso y complicado, triste para vosotros, que no pudimos despedirnos como nos hubiera gustado, pero tampoco os disgustéis por eso, yo me alegro que me recordéis en plenitud de facultades de amor y de humor, de entrega y de esperanza. Ya sabéis lo que ha sido la fe para mí, la esperanza, ahora lo que me queda es solo el amor. Y en ese amor os espero, pero sabed que estoy a vuestro lado, en vuestro camino junto a Cristo hasta el final de vuestras vidas. Yo no me he sentido solo al final de mi vida, os lo aseguro, el Padre Dios señor de la vida, me ha acompañado en Jesucristo, y su madre la virgen me ha entrado en brazos en este cielo que os espera.  Ahora os quiero más que nunca, eternamente y eso es tan verdad como que vosotros me queréis a mí y vais a continuar con la fe, la esperanza y el amor.

Aceptad mi muerte, porque yo la he vencido y no quiero que ella os venza en la angustia y en la desesperación. Tened paciencia, hasta que os podáis encontrar y abrazar, sentir que ahora yo os tengo abrazados a todos en un mismo abrazo. Ah bueno…que ya es tarde. Solo os pido una cosa, que no habléis de mí en pasado, que no estoy muerto que he resucitado, como decía Jesús, no lloréis entre los muertos al que vive. Hablad de mí en presente y en futuro. Estoy con vosotros y os prepararé sitio en este paraíso, por eso me he venido antes, para coger una estancia en la que podamos estar todos. Aquí todos somos conocidos y queridos.

Un abrazo desde la eternidad, ánimo no temáis, yo he vencido, con la ayuda de Dios, al mundo y a la muerte. Haced vosotros lo mismo.

Vuestro ser querido.

What do you want to do ?

New mail

CON CUIDADO Y TACTO PARA LOS VULNERABLES: NUESTRO MAYORES

El grito de Marisa, una geriatra vocacionada:

Nuestros mayores se lo merecen. Basta ya! Por una información cuidada y con tacto hacia los mayores. No son vulnerables por el coronavirus sino por que su edad lo es en el proceso de la vida humana, ahí llegaremos todos y no olvidemos la máxima evangélica: “la medida que uséis la usarán con vosotros”… sed compasivos. Nuestros mayores se merecen una reflexión cuidada para que sepamos estar con ellos en esta pandemia, ellos precisamente son más víctimas que generadores de ella.

Soy médico de familia, pero trabajo de geriatra desde hace 15 años en un centro residencial de mayores. Hace una semana que estoy en aislamiento por coronavirus, y gracias a Dios los dos últimos días que trabajé usé mascarillas y guantes, a pesar que la indicación era de no usarlos porque no había material para todo el personal y además podríamos crear alarma social ! Cuando la alarma social ya estaba creada!

Quiero transmitir dos mensajes a toda la población, y en especial a los políticos y a los medios de comunicación, porque me duele profundamente algunos aspectos de lo que está ocurriendo y de cómo se está transmitiendo.

El primero, es para todas las personas mayores que atendemos en centros residenciales y a todas las que están en sus domicilios (me refiero a nuestros padres y abuelos ) . Quiero que piensen que se merecen la mejor atención asistencial que necesiten, que no son pacientes de segunda, que ahora son como dicen los medios constantemente la población vulnerable, pero que durante años han estado trabajando para que nosotros tengamos una carrera y un futuro, nos han apoyado siempre cuando los hemos necesitado, nos han cuidado a nuestros hijos ,… Me gustaría llegar a todos ellos y poder decirles con claridad:  “nuestra sociedad está en deuda con vosotros ! Os queremos y os necesitamos, nos habéis dado la vida. Estamos con vosotros.” Y  no, no es justo que ahora toda la información que reciben, si ven la televisión o la radio, mientras están aislados, solos y sin familia, es que se van a morir por este virus, que si llegan al hospital, y hay que decidir, les quitarán el respirador a ellos … que los encuentran muertos en las residencias, que los ponen en sitios aparte, que no se utilizan los medios con ellos para ser más eficaces y economizar esos medios para otros ciudadanos más jóvenes, más útiles.

Yo que hablo con mi padre de 86 años cada día, noto como se va deprimiendo, como me dice que si tiene síntomas no va a llamar al 112 para que le dejen morir solo en el Hospital …Reflexionar en los medios de comunicación , y no dar información q empeora la salud de nuestros padres, seamos respetuosos y tengamos tacto, ternura, verdad y amor.Gracias a todas las personas mayores que han permitido que hoy seamos las personas q somos. Sin ellos no estaríamos aquí, ni tendríamos todos los conocimientos y medios que tenemos.

El segundo mensaje es de ánimo, a todo el personal sanitario y no sanitario, que cada día se levanta y lucha contra el coronavirus, ayudando a quien lo necesita .ellos se las ingenian para atender sin el material necesario! Gracias en especial a todos los médicos de residencia de mayores , que estamos olvidados de la administración  en estos momentos, y después de pedir un protocolo específico para residencias, lo mandan tarde y sin el material necesario para todo el personal. Y con la indicación clara de no derivar personas mayores al Hospital. Hay que revisar estos modos y protocolos, hay que presentarlos de un modo humano y ético. Las prisas, el agobio y el miedo no pueden derivar en exclusión y descarte en esta pandemia. No son ellos los culpables, son víctimas como todos y requieren compasión y proximidad.

Hay que pedir a los medios de comunicación que no se sobrepasen en la información y cuiden cómo la dan. Es necesario que nuestros padres y abuelos sientan y crean que estamos con ellos y no los vamos a abandonar si enferman. Tenemos que pensar que en una semana que llevamos aislados nos sentimos solos y desesperados en ocasiones , es bueno preguntarse  que será estar así meses y sin expectativa de mejorar en los estadios últimos de la vida. Pues eso es lo que sienten nuestros padres en su vejez, soledad, limitaciones…Ojalá esta ocasión sirva para hacernos más próximos de los que han dado su vida por nosotros y se merecen una vida –  y mucho más, una muerte-digna. Pensemos en dignificar esta pandemia y todos sus modos.

Marisa. Médico en  Residencia de Mayores.

What do you want to do ?

New mail

La homilía de hoy en labios de una médico

Médicos ante el coronavirus: “nos abren los ojos”

Profesionales de salud vocación y capacidad de trabajo

Profesionales de salud vocación y capacidad de trabajo

Metidos hasta lo profundo del barro de esta pandemia están resplandeciendo y abriendo los ojos a una sociedad que aplaude a rabiar a estos profesionales que saben y viven el bien interno de sus profesiones

Aquí tenemos el ejemplo de una mujer médico de familia, madre de tres hijas, que todos los días va a su consulta y que tiene claro lo que es su conciencia y su profesión, lo que le toca vivir y dar en este momento, fiel al sentido de su vida y del amor a todos, especialmente a los suyos como son sus padres, su esposo, sus hijas.

Hemos venido a hacer el bien, a sembrarlo. Dejemos que se nos abran los ojos. Habrá milagro. Os lo aseguro

Profesionales de la salud: nos abren los ojos

Del evangelio del Domingo: “con barro y agua limpia, para que tus ojos se abran”

Dios quiere abrir mis ojos, regalarme la luz, sacarme de mi oscuridad y de mi ceguera. Jesús es la luz que viene a este mundo, pero las tinieblas no lo reciben. Una vez más la cuaresma nos toca a la puerta del corazón y nos habla de la luz de la vida, nos pide abrir ventanas, salir para ver. No se trata de encerrarnos en nosotros mismos, eso nos oscurece, sino de caminar en la historia, en la calle, la casa, la plaza, los caminos… y dejarnos tocar en lo profundo por la vida real, la de los sencillos y los pobres. Ellos tienen la mirada propia de lo divino, Dios en la vida diaria, pobre y sencilla les revela quién es Él y donde está su verdad de amor y de justicia. Es en la vida de los sencillos donde se aprende a valorar lo pequeño, a agradecer la vida, a compartir lo que se tiene, a unirse para vivir mejor todos. Salir de la ceguera del consumo, del tener, del éxito, del individualismo, es todo un reto que se logra por el camino de la fraternidad y de la entrega, del ayuno y de la limosna, pero para eso hay que encontrarse con el Dios encarnado en los sencillos y dejarse abrir los ojos del corazón por ellos.

Me abriste los ojos en esta pandemia

medico

Dónde está la sencillez y lo profundo de la vida… te la puedes encontrar en cualquier lugar, calle, plaza, escuela, o en el centro médico, en ese profesional que te atiende. Anoche conversaba con una amiga profesional a la que me une el proceso de su vida desde hace más de 25 años, desde la vida de sus padres, después el fin de su carrera de medicina, su matrimonio, su maternidad, ya triple, sus hijas… bautizos, rezos, canciones… Hablamos de este momento de crisis sanitaria y humana, yo le preguntaba por interpelaciones que tengo en mi interior pensando en los profesionales de medicina. Tras la conversación, esta es la síntesis que os ofrezco. Me abrió los ojos, como Jesús al ciego, me puso el barro de lo que está aconteciendo en su consulta, en su trabajo en estos días, y comencé a ver mucho mejor el papel y el sentido de la medicina, el bien interno de esta profesión y la cantidad de personas que se lo creen y lo quieren vivir sin ser héroes, callada y anónima. Anoche me hablaba de su rubor por la noticia y la gente que la llamaba para felicitarle por haber leído estas notas. Yo sólo quiero que todos pensemos y actuemos, me decía, yo soy muy normal y quiero estar en silencio. Pero, traicionándola, os sirvo lo  que recibí de su reflexión.

Desde la vida sencilla de Elena, médico de familia

primaria

“Ahora mismo me siento tranquila, con confianza, fe y esperanza. Estamos entrenados y tenemos gran capacidad de sacrificio. Nuestra entrega a la sociedad es nuestra función, así que no hay más que pensar. Nos cuidaremos lo que podamos y entre todos, lo conseguiremos.

Quienes más me preocupan son los mayores, especialmente me preocupan mis padres, su edad los hace más vulnerables, así que, llevo sin verlos 10 días. Pero ellos pueden estar aislados. Esta situación se lleva de la mejor forma que podemos, especialmente mis niñas que están muy apegadas a mis padres.

Como profesional, sé lo que me corresponde, precisamente las raíces de mi vocación: AYUDAR y ayudaré en todo lo que esté capacitada como médico y como persona, que se traduce en otro de los pilares: ENTREGA. Intentaré tener todas las precauciones posibles aunque tengo asumido que no serán las suficientes, tengo claro el lugar que ocupo en trabajo. Cuando vuelvo a casa, limpieza extrema para atender a mi familia, mi otro deseo desde la niñez.

La vida seguirá para la mayoría y si me tocara a mí terminarla… sufriría por mis niñas pero lo asumo. Sería su historia, sería la historia de mis tres hijas. Siento como profesional y como madre que apostamos por dejarle un mundo mejor, muchas enseñanzas y especialmente 3 hermanas.

“Nuestros padres nos dejaron un mundo a nosotros, nosotros a vosotros … y a ellas. Ahora es tiempo de reflexión …. virus del mundo…”

Respecto a la sociedad …. para mí es muy egoísta, pero espero que esta situación les haga recapacitar, su interioridad …. el bien ser… El bien cada día para todo el que se cruce en tu camino. La sociedad ahora es clave, se necesita mucho respeto ante los consejos sanitarios. Mira que me duele ver cada día el egoísmo y falta de respeto de muchos. Ahora parece que están respondiendo, afortunadamente.

Confío en el Padre, estoy tranquila, necesito recuperar mi voz para seguir informando estos días, estar al 100% y seguir construyendo un mundo mejor.”

 Así quiere Dios su Iglesia:  https://youtu.be/xy4EiHs5Gec