Una despedida. Un aniversario.

Mis compañeros del Hospital Nacional de Parapléjicos me despidieron con una comida que creo a todos nos resultó entrañable. Hubo sinceros buenos deseos de unos para con otros, una preciosa pluma de regalo con la que escribo orgullosamente en mi nuevo hospital (San Juan de Dios de Zaragoza), y algunos parlamentos. Comparto con ustedes unas líneas que leí ese día.

“Os agradezco a todos y cada uno de todo corazón que hayáis venido hoy a acompañarme. Sinceramente, este no es un momento fácil para mí, porque las despedidas no suelen serlo. Han sido nueve años en el HNP y aquí he aprendido muchas cosas, en un campo de la medicina que para mí era completamente desconocido. Me tomé mi tiempo para estudiar esta nueva faceta de la medicina, muy específica. Varios de mis compañeros me ayudaron mucho, cosa que siempre agradeceré. Creo que comprendí con rapidez que se trataba de una patología muy compleja que transformaba radicalmente la vida no sólo de los pacientes, también de todo su entorno. La lesión medular colocaba al paciente en una situación de vulnerabilidad y dependencia extremas, mucho mayor que cualquier otra enfermedad que aflige al ser humano. Se necesita ayuda absolutamente para todo, a veces incluso para seguir respirando.

Encontré grandes personas y grandes profesionales en todos los estamentos: camareros, señoras de la limpieza, celadores, auxiliares, administrativos, enfermería, staff facultativo. Aprendí de ellos todo lo que pude. De algunos me sentí muy cercano: al fin y al cabo compartíamos anhelos pasados y presentes, cada uno a su modo habíamos aspirado e intentado una sociedad diferente.

Han sido unos años interesantes y en algunos aspectos fecundos. Sin embargo, por motivos que no hacen al caso, he decidido buscar otras posibilidades, más cerca de mi familia, en la ciudad donde nací y en la que apenas he vivido desde que marché en 1983, tras terminar medicina.

Marcho de aquí dejando amigos y compañeros muy queridos. Este es un hospital muy particular, único en su género en España, con 40 años de historia, una casuística mayor que la inmensa mayoría de centros del planeta que se dedican a la lesión medular y una plantilla excelentemente preparada. Ojalá recuperase el lugar que su potencial merece. No puedo sino desearle cosas buenas: me ha dado mucho en lo personal y lo profesional, en él he intentado aportar y he recibido mucho. Llevaré conmigo los rostros de compañeros de trabajo, de pacientes y familiares, de todas las situaciones vividas aquí. En este hospital he visto hechas carne y sangre palabras como entrega, sacrifico y abnegación, que escuché a menudo durante mi estancia en el Seminario pero cuyo significado real he comprendido aquí, en contacto con los lesionados medulares y sus familiares.

 Termino compartiendo con ustedes algunas reflexiones sobre nuestros actuales pacientes que no quier dejar de mencionar.

Sé que los pacientes son actualmente mayores y más frágiles, su atención es quizás menos gratificante y se halla privada del glamour de la juventud, pero merecen que se les siga atendiendo con compasión y ecuanimidad: están limitados y nos necesitan, son seres humanos que han tenido mala suerte. Piensen cómo harían si fuesen su padre o su madre, un hermano, una hija … no olvidemos nunca que los médicos y enfermeras somos el corazón de una sociedad, así como los sacerdotes y religiosas son su alma. Sin corazón o sin alma, una sociedad acaba pereciendo.

Cuidemos los términos con los que nos referimos a los pacientes: no hace falta ser un experto en filosofía del lenguaje para comprender que aquello que hablamos modela la realidad que vivimos. Recuperemos el deseo de hacer el trabajo lo mejor posible, sin fijarnos en la edad o la situación del paciente, con la mayor calidad profesional y con el mayor cariño. Eso está por encima de malos directivos y peores gerentes, está en la raíz de nuestra vocación sanitaria, nos confiere identidad como sanitarios y nos otorga valía como personas.

Gracias por todo, hasta siempre o hasta otro momento, Dios dirá. Por ahora, me tenéis a vuestra disposición en Zaragoza. Un abrazo a todos.” (Toledo, 19.09.2018

Así que desde el 24 de Septiembre me tienen en el hospital de los hermanos en Zaragoza, en un campo próximo a la lesión medular, dado que estoy en la unidad de daño cerebral: me he movido de una parte del sistema nervioso central a otra, con lo que las diferencias no son excesivas, además los pacientes y los problemas derivados de la enfermedad no son demasiado diferentes, independientemente de dónde se atiendan.

En otro orden de cosas bien diferente, ayer fue el aniversario del fallido referéndum de secesión en Cataluña, aquel día funesto en que el gobierno de una comunidad autónoma desafió al país entero y con ello dinamitó nuestras normas básicas de convivencia. No quiero dejar de expresar un año después mi repudio a lo que hicieron algunos entonces y a lo que hicieron algunos ayer, con hechos violentos de vandalismo que a nada conducen, y que no hacen sino exasperar el rechazo que una buena parte de la ciudadanía experimentamos hacia algunos habitantes de esa región. Mientras un gobierno central fuerte no se decida a abordar el problema de veras y se promulguen leyes que impidan que estos hechos se repitan, tendremos que seguir aguantando el desprecio de esas gentes hacia nuestro país. Creo que eso es algo que la inmensa mayoría de españoles de buena voluntad no merecemos.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por nuestro país.

Desde Entebbe (Uganda)

Escribo desde un hotel en Entebbe, Uganda, desde donde manyana espero volar hacia Espanya. Este anyo no me ha sido posible hacer ninguna entrada desde el Kitovu Hospital, donde he permanecido las dos ultimas semanas, no hubo manera de conectar con internet para poder escribir. Vuelvo con sentimientos agridulces: he sido testigo de las actuales dificultades del hospital, que intenta sobrevivir con recursos escasos, y recibe menos pacientes al tener que cobrarles (modelo “not for profit”, se cobra poco pero hay que subsistir, dado que el gobierno no ayuda en modo alguno). Eso condiciona que la gente pida el alta en cuanto sale del peligro vital, o no puedan realizarse analisis o radiografias, aun cuando el hospital posee ese recurso.

He sido tambien testigo del sufrimiento que la enfermedad provoca aqui, especialmente el SIDA: personas jovenes que mueren de enfermedades tratables, solo porque acuden al hospital en situacion tan avanzada que no puede rescatarseles de la muerte; no existiendo cuidados intensivos como los conocemos, no siempre comenzar un tratamiento es eficaz, en ocasiones ya es demasiado tarde. O no puede realizarse un diagnostico preciso por no haber soporte de microbiologia o hematologia. Eso resulta muy penoso, aunque en otros casos hay mas exito y  ves que la gente mejora.

En cuanto a lo dulce, he conocido medicos en formacion prometedores, que seran buenos clinicos en el futuro, y he sido tratado con la gentileza y el agradecimiento que parecen innatos en muchas personas aqui. Igualmente, es indudable que el pais progresa en la economia, aunque las diferencias sociales y la pobreza sean todavia enormes. Pero hay mas y mejores carreteras, comercios, negocios, y todo ello no solo en la capital, tambien en una ciudad pequenya como Masaka se nota. Este es un pais con enormes retos y enormes potencialidades, que aguarda expectante las proximas elecciones (en un par de anyos). Mi impresion es que el clima politico se halla enrarecido, por ejemplo ha habido algunos recientes episodios de violencia en varias capitales. Esto produce vertigo dada su historia reciente.

Como final, comentarles que me resulta triste no poder responder a las expectativas de trabajadores del hospital que, en ausencia de la Dra. Maura Lynch, la ultima misionera de Maria (fallecida en Noviembre), han quedado sin poder pagar los estudios del hijo, o el proyecto de una granja de pollos que tenian, y se dirigen a mi pensando que podre ayudarles. No siempre me es posible.  Desde aqui les invito a que recemos por ellos y por Espanya, a la que espero llegar el domingo, tras una larga escala en Dubai.

Que Dios nos guie y nos bendiga.

Uganda 2018. Adiós al Hospital Nacional de Parapléjicos

El día 31, Dios mediante, viajaré de nuevo al Kitovu Hospital de Uganda, donde espero permanecer dos semanas. Como otros años, visitaré pacientes, ayudaré en lo que pueda, aprenderé lo que pueda, quizás dé alguna charla dentro del programa de formación continuada … saludaré a amigos y conocidos y echaré de menos a quienes ya no están, bien porque dejaron el hospital buscando mejores posibilidades y mejor salario, o porque han muerto (Sr. Maura Lynch, la última monja irlandesa que quedaba, tras 40 años de servicio en África). Siempre me gusta volver, redescubrir una medicina diferente a la que ejercemos aquí (con los mismos fundamentos pero con menos medios técnicos), aunque este año viajo con la incertidumbre de qué hospital encontraré tras el fin de la presencia occidental y la marcha del antiguo director, internista como yo y buen amigo. En la medida de lo posible (ya saben de otras veces que la conexión a internet no siempre existe), les informaré de lo que me vaya aconteciendo.

En otro orden de cosas, en unas semanas, al poco de regresar de Uganda, comenzaré a trabajar en el Hospital de San Juan de Dios de Zaragoza, curiosamente el mismo hospital en que nací hace 58 años. La actual situación del Hospital Nacional de Parapléjicos (un centro con un pasado ilustre, un presente gris y un futuro incierto) me ha llevado a buscar mejores posibilidades, he solicitado una excedencia en Toledo y he aceptado un contrato en mi ciudad natal. Como todo cambio, viene cuajado de expectativas, ilusiones, también algo de zozobra e incertidumbre … espero en mi nuevo trabajo aprender y aportar, como he intentado hacer en todos los hospitales donde he trabajado. Mi marcha de Toledo no está exenta de tristeza: es un hospital con carisma y con potencialidades (estos dos adjetivos definen también al tercer mundo, y la mayor parte de esos países apenas mejoran), pero que hace mucho tiempo que perdió el norte y no parece capaz de recuperarlo; un centro que funciona por inercia pero sin un proyecto ni asistencial, ni docente ni investigador (las tres patas de cualquier hospital) consistente, y yo no quiero dedicar los años que me quedan hasta la jubilación en un sitio así, por más que profesional y humanamente merezca la pena. Nunca he sido de quedarme en un lugar a disgusto o refunfuñando, de modo que hace unos meses me puse a buscar y el actual trabajo en el hospital de los hermanos en Zaragoza es fruto de esa búsqueda. Espero contarles lo que allí encuentre, y aguarden todavía alguna entrada sobre el HNP.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por España.

¿Qué es la abnegación?

Abnegación es que tu esposa se rompa el cuello a los 39 años y cuidarla desde entonces, ahora que tienes más de 70. Día tras día, mes tras mes, año tras año, cambiarle de postura cada 3 horas, limpiarla cuando se ensucia, cambiar la sonda urinaria cuando se obstruye, sacar las cacas del recto cuando se atasca, dedicarle 21 horas al día y tener 3 para ti. Y cuando envejece y enferma y queda conectada a un respirador, darte cuenta de que tendrás que dedicarle 23 horas y media y tendrás media hora para ti, para salir a tomar un café y leer un periódico sin estar pendiente de una alarma que se dispara o un timbre que suena porque te necesita.

Abnegación es que tu pareja tenga una enfermedad en la que se generan tumores dentro del cráneo y hayan tenido que operarla ya 8 veces, y cada vez quede peor que la anterior, y vaya perdiendo la capacidad de deambular, de fonar adecuadamente, de comer por la boca … y seguir a su lado a pesar de todo lo pasado y de lo que os espera.

Abnegación es que a tu hijo lo voltee una vaquilla y sufra una lesión medular tan alta que quede dependiente a tiempo completo de ventilación mecánica, y de eso hace ya 8 años, y ni un solo día hayas fallado a su lado, tú que casi no tenías estudios y que tuviste que aprender a manejar un aspirador de secreciones, un concentrador de oxígeno, un respirador portátil …

Y vivir todo eso sin echar la culpa a nadie ni maldecir a la vida, incluso sonriendo a veces e intentando disfrutar de los motivos que quedan: la visita de un familiar, un buen día en el fisioterapeuta, un programa de televisión, una conversación con un amigo …

Todos estos son casos reales de este hospital, personas cuya vida quedó radicalmente modificada por una lesión medular o cerebral, en una situación sumamente adversa que han tenido que habitar, y que además es irrevesible: no cabe espera mejoría, solamente puede aspirarse a que no empeore todavía más. He podido ver en primera persona lo que es la abnegación verdadera, algo que no había entendido nunca y que ahora me resulta claro como el cristal: renunciar a una vida propia para dedicarla a otro, para hacer que un ser querido pueda sobrevivir. Nada tiene que ver con las privaciones voluntarias ni con los sacrificios mal entendidos que a nadie ayudan. Tiene que ver con lo prosaico de dar de comer por una sonda,  limpiar cacas y retirar bolsas de orina,  ajustar los parámetros de un respirador cuando se dispara una alarma, acompañar cuando ya no quedan fuerzas.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por España.

¡Bienvenido SIMECAT!

Un grupo de médicos catalanes, hartos de que el sindicato médico tradicional de esa comunidad autónoma tomase una actitud beligerante prosecesionista, han decidido constituir un sindicato alternativo, donde puedan defender sus intereses profesionales de forma libre y autónoma, lejos de posiciones que nada tienen que ver con el papel legítimo de una organización sindical. El acto de constitución del Sindicato de Médicos Catalanes (miembro desde ese momento de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos) tuvo lugar en el Hospital Clínico de Barcelona el martes por la tarde. Comparto con Vds. las breves palabras que dijo el presidente del nuevo sindicato, a la sazón mi hermano gemelo, donde explica sus motivos para estar ese día ahí presente.

“¿Qué hace un médico aragonés, formado como traumatólogo en Cataluña y que ha desarrollado la gran mayoría de su carrera profesional en Tarragona de presidente del Sindicato Médico Catalán?. Os explicaré por qué estoy aquí esta tarde:

Estoy aquí porque una persona no puede elegir las circunstancias históricas que le toca vivir, pero puede intentar vivirlas dignamente.

Estoy aquí porque un octubre terrible del 2017 me quedé sin el sindicato al que había estado afiliado muchos años.

Estoy aquí porque ese mismo mes un grupo de médicos a los que no conocía de nada y yo mismo elaboramos un manifiesto al que se adhirieron más de 1.500 médicos catalanes en contra de pronunciamientos políticos del Colegio de Barcelona y del Consell de Col.legis de Metges de Catalunya, que habían hecho lo que no debían: hablar en nombre de todos sobre temas que nada tienen de profesional. Así nació Neutralitat Colegis Metges y aprovecho para reconocer la labor discreta pero constante de sus miembros.

Estoy aquí porque muchos otros no firmaron por miedo a represalias en sus centros de trabajo y me lo dijeron con pesar. Y que eso ocurra me parece un escándalo.

Estoy aquí porque creo necesitamos un sindicato para todos y no para unos pocos, que se ocupe de defender nuestros intereses profesionales y no los criterios políticos de sus dirigentes.

Estoy aquí porque un Sindicato no puede ser servil con el poder. ¿Cómo podrá luego exigir nada?.

Estoy aquí porque cuando más bajo tenía el ánimo me acordaba de los miles de vascos que aguantaron en situaciones cien veces más difíciles que las nuestras.

Estoy aquí porque entre todos hemos conseguido que la Sanidad Catalana sea puntera en nuestro país, y en esa tarea tanto hemos colaborado los nacidos aquí como los que vinimos de fuera y fuimos acogidos con los brazos abiertos. Puedo afirmar que yo he aportado mucho a Cataluña y como yo miles de médicos de todas partes de España, y Cataluña nos ha dado unas oportunidades profesionales excelentes.

Estoy aquí porque no quiero romper mis lazos con el resto de médicos españoles como yo.

Estoy aquí porque en este Sindicato que hoy nace cristalizan los anhelos de muchos que nos hemos sentido huérfanos todos estos meses.

Estoy aquí porque no puede ser de otra manera, y aquí seguiré mientras pueda seguir siendo útil, si hace falta ser presidente lo seré y si lo que se me pide es hacer sobres y pegar sellos igualmente lo haré.”

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país, que merece una mejor suerte que la que propician nuestros políticos actuales.

Autonomía pobre, pobre autonomía

Castilla la Mancha, donde vivo desde hace 14 años, no es una autonomía rica: básicamente rural, con poca industria, relativamente pocos recursos naturales, siempre esperando el agua, quejándose por el agua y en conflicto por ese recurso con otras autonomías. Pero además es una pobre autonomía: gobernada durante años por un partido que invirtió lo que no tenía, que construyó hospitales (Tomelloso, Almansa, Villarobledo) que nadie con sentido común hubiese construido, apenas a una veintena de kilómetros unos de otros, que consintió que se edificase un aeropuerto (Ciudad Real) que nadie iba a utilizar, y que debiera ser, vacío e inútil, testigo de una época que pensábamos que no volvería y de la que, sin embargo, este partido no aprende: quizás por eso sigue insistiendo en un hospital magno para la ciudad de Toledo, absolutamente desproporcionado para una urbe de poco más de 80.000 habitantes y una provincia relativamente pequeña… no pongo en cuestión que haya de construirse un nuevo hospital, de hecho el Virgen de la Salud está desbordado desde hace años, pero sí ciertamente que se quiera crear uno de los hospitales mayores de Europa, una obra faraónica y kilométrica en la que se han enterrado ya los recursos necesarios para generaciones enteras, en medio de la demagogia más absoluta. Máxime cuando la calidad de un hospital viene dada por su capacidad de resolver problemas médicos y quirúrgicos en base a su plantilla, no por su tamaño, y de inversiones en recursos humanos y especialidades que no se tienen, no quieren ni oír hablar. Qué incompetencia contumaz … Las obras se paralizaron con la crisis y se han vuelto a retomar ahora, lástima que el partido que gobernó en la legislatura anterior lo hiciese con tal torpeza comunicativa y decisoria que se ganó la enemistad de muchos (la mayoría mal intencionados, algunos de buena voluntad); sin embargo, nos salvó de la práctica bancarrota y adecentó la cosa pública para que pudiésemos sobrevivir unos años más.

Esta es una autonomía con una historia de la que no aprende, ejemplo fiel de un estado de las autonomías que en varias de sus vertientes se ha convertido en una lepra que va devorando poco a poco al país, con unas estructuras burocráticas desproporcionadas, con una sanidad que mantiene cientos y miles de funcionarios innecesarios y escatima en recursos humanos y materiales y unos políticos mal preparados e incapaces de contemplar a la autonomía con perspectiva y hacerla no ya competitiva, al menos sostenible siquiera para diez años; permanentemente instalados en la queja de lo que no tienen y de lo que se les debe. Desdichadamente, pues, casi nada que celebrar mañana, día de Castilla la Mancha, de donde sus miembros más preparados y capaces se van en busca de mejores posibilidades y en donde El Quijote, si viviese hoy, no pararía de dar mandobles a tanto incompetente como hay aquí (por desgracia de forma parecida a otras autonomías del país, en eso no somos diferentes y conviene no engañarse).

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por Castilla la Mancha.

Dejen a los jueces (y a los médicos …) ejercer en paz

Mis experiencias personales con la justicia no han sido particularmente venturosas. Sin embargo, entiendo su función en una sociedad democrática y la respeto, me guste o no lo que decida un juez, esté de acuerdo o no con un veredicto. Lo contrario supone entregarse a la ley del más fuerte, o de quien grita más, aceptar la ley de Lynch en vez del derecho romano … Y no estaría dispuesto a que nadie me dijese cómo ejercer mi profesión, para eso existen los colegios de médicos y otras asociaciones profesionales, los equipos de trabajo en los hospitales … Si alguien pensase que no le había atendido médicamente bien, tendría dónde presentar sus quejas. No seré yo quien le diga a un juez cómo debe aplicar la justicia, como no toleraría que me dijesen cómo ejercer la medicina.

No puedo pues estar de acuerdo ni empatizar con quienes braman contra el veredicto de los jueces de Pamplona, con quienes toman las calles entregados a la ira. Entiendo que la justicia tiene sus mecanismos de recurso y que hay que aceptar esas reglas de juego, infinitamente mejores que los tribunales populares, que pasarían por las armas sin dudarlo a quienes disintiesen, ya lo hicieron antes y lo harían otra vez ahora. Este es un tiempo confuso y conviene no olvidar nuestra historia para no tener que sufrirla otra vez.

También conviene tener siempre presentes nuestras convicciones (quienes las tengan, claro). Las mías pasan por la no violencia -que nada tiene que ver con la ausencia de compromiso o la falta de firmeza en su defensa- y el pro-seguimiento de Jesús en el lugar donde la vida -y mis decisiones- me han colocado. No me esperen pues voceando por las calles si no es para defender la vida humana amenazada, nuestro país, nuestra Constitución y nuestra democracia. Eso sí, pueden encontrarme todos los días en medio de mis pacientes y algunas tardes por las carreteras de Toledo, a lomos de una bicicleta. Al menos por ahora.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.

Requerimiento administrativo a los colegios de médicos catalanes

Un grupo de médicos de los Colegios de Tarragona, Barcelona y Lérida ha enviado sendos requerimientos administrativos al Colegio Oficial de Médicos de Barcelona (COMB) y al Consell de Col.legis de Metges de Catalunya. En ellos se solicita la anulación de los acuerdos y comunicados corporativos emitidos por dichas instituciones sobre el referéndum del 1 de octubre de 2017 en esa comunidad autónoma, la actuación de las Fuerzas de seguridad del Estado en esa fecha y la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Resulta obvio -y las leyes así lo señalan- que una Corporación Profesional, al ser de afiliación obligatoria, ha de ceñirse a la materia profesional que le es propia, y no puede ni debe adscribirse a una orientación ideológica concreta. Con sus actuaciones el COMB y el Consell presentaron su doctrina ideológica como si fuera la de todos, adoptando una decisión partidista. Tomaron acuerdos y emitieron comunicados sin contar con la opinión de los colegiados, vulnerando así derechos fundamentales como son la libertad individual de conciencia, pensamiento y expresión. Usurparon opiniones y decisiones que en modo alguno les habían sido conferidas ni delegadas. Con ello no hicieron sino seguir el camino marcado por los golpistas, que durante todo el proceso desdeñaron, ignoraron y violaron los derechos y libertades de aquella parte de la ciudadanía que no suscribía sus postulados ideológicos, de una manera que ninguna sociedad civilizada puede tolerar.

Desgraciadamente, esta actitud no ha sido exclusiva de los Colegios de Médicos, también otros colectivos profesionales han tenido que exigir a sus responsables neutralidad política. En el caso concreto de los Abogados y Arquitectos los Tribunales de Justicia han dado la razón a los colegiados que reclamaron neutralidad. En la misma línea los colegiados que realizan el requerimiento (primeramente administrativo, entiendo que si se ignora esta vía irán a la judicial), han tomado esta iniciativa. Este grupo de médicos que ejercen en Cataluña reivindica así sus derechos vulnerados por los colegios de médicos catalanes, dada la dejación de funciones que el Estado ha realizado -antes y después del 155- en esa parte de España. Es triste que los ciudadanos debamos pelear por derechos fundamentales constitucionales y los responsables políticos miren para otro lado. Por demasiado tiempo se han consentido y se siguen consintiendo este tipo de desmanes, y no debiera sobrevivir políticamente un Gobierno que ha actuado tarde y mal y que no ha puesto coto suficiente a una rebelión violenta -porque la vulneración sistemática de derechos realizada desde las instituciones y los medios de comunicación catalanes es una forma no menos execrable de violencia-, fiándolo casi todo a la acción de la justicia.

Esta es una semana triste para nuestro país: persiste el desafío secesionista en un contexto de respuesta tibia por parte del Gobierno y los comunicados de la banda terrorista ETA nos reavivan los recuerdos de una época llena de sangre y de dolor. Una época en que matar y torturar se aceptó por muchos como un medio adecuado para conseguir un fin político (no sólo por los que perpetraban los crímenes, también por quienes les jaleaban o admitían, y por quien luego accedió a pactar con ellos). La sociedad que acepta que la violencia -de todo tipo, como he explicado antes- forme parte de las reglas del juego se está condenando a sí misma, como le ocurrió a Caín. No es casualidad que estas dos realidades se recojan y reflejen juntas en los diarios y en mi entrada de hoy: son diferentes cabezas de la misma hidra, que pretendió y pretende destruir un país que entre todos hemos construido a base de esfuerzo, de lágrimas y de sudor. En lo que a mí concierne, no voy a aceptar este hecho sin pelear, como no lo aceptan estos colegiados, que defienden sus derechos vulnerados.

Recen por los enfermos y por quienes le cuidamos.

Monseñor Cantero Cuadrado = Monseñor Setién et al

Cuentan que los familiares de líderes comunistas detenidos y maltratados durante la dictadura fueron a pedir a D. Pedro Cantero Cuadrado, en aquel entonces arzobispo de Zaragoza, que intercediese delante de la policía: les escuchó pero se negó a admitir que se torturase a los detenidos. Decidió, pues, mirar para otro lado.

Años después, cuando secuestraron a Ortega Lara (claro ejemplo de tortura por deprivación sensorial y limitación del espacio vital prolongada, quizás de las más atroces que un ser humano puede sufrir), otros obispos, en este caso vascos, también decidieron mirar para otro lado.

¿Hay alguna diferencia entre ellos? En mi opinión, ninguna.

Durante el franquismo se maltrató a detenidos, hubo corrupción social y política, pero todo eso es casi lo esperable de una dictadura (poco importa que sea de derechas o de izquierdas, véase la Venezuela o la Nicaragua de nuestros días). Pero no podíamos esperar de una democracia que se haya convertido en lo que es: un conjunto de instituciones cuajadas de favoritismo político, una partitocracia donde la parte en el poder dispone a su antojo del erario público, donde los paniaguados son legión y “el bien común del pueblo” (en formulación de monseñor Romero, un mitrado que decidió no mirar para otro lado) lo menos significativo.

Cuando el 23 de Abril de 1978 nos manifestamos en Zaragoza por la autonomía aragonesa, poco podíamos pensar que 40 años más tarde la democracia española iba a resultar tan imperfecta, pero los seres humanos somos capaces de pervertir casi cualquier realidad, por prometedora que sea. Es el mito de Caín y Abel, esa es la historia de la humanidad, capaz de lo mejor y de lo peor.

De ahí denunciar la profunda perversión y mentira de la ley de memoria histórica: no veo cualitativamente diferente el expolio de la dictadura y los cientos de millones de los ERE de Andalucía; no veo diferencia entre los desfalcos de entonces y los de ahora, con el agravante de que ahora se han hecho y hacen “bajo apariencia de bien”, posiblemente por eso más condenables, más insultantes. Ni entre el silencio de Pedro Cantero y el de los obispos vascos, con el agravante de que éstos se creían más “buenos” que aquel.

Es posible que estas líneas me hagan impopular, pero no quiero dejar de escribirlas porque quiero a mi país y no estoy dispuesto a que se mienta a las generaciones venideras y se tergiverse la historia, por lo menos la que yo he podido vivir en carne propia. Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por España.

Ante el terror de antes y de ahora, ni un paso atrás

La nota de prensa de los terroristas de ETA mueve a espanto: mete en el mismo saco a víctimas y verdugos, sacraliza el uso de la violencia más bárbara como medio de conseguir objetivos políticos y prostituye el relato de la historia y la misma historia interpretando el terror como consecuencia inevitable de un conflicto y la violencia como la respuesta adecuada por parte de un pueblo oprimido. Si bien todo esto es muy triste, todavía más triste es que una parte no pequeña de la sociedad española se crea esta patraña e incluso la aplauda; que se manifieste en apoyo de los violentos actuales, que no matan pero sí golpean, expulsan, anatematizan y amedrentan. No sólo eso: resulta atroz que a día de hoy esos comportamientos excluyentes y filoterroristas se perpetúen en Navarra y en Cataluña, donde los herederos de los que jaleaban a los asesinos de nuevo reproducen ese esquema de persecución encubierta o franca de quienes no comparten su modelo de sociedad. Es todavía más triste que todos estos comportamientos se permitan en el contexto de una autonomía suspendida.

Ante el terror de antes y ante el terror de ahora -en Navarra, en el País Vasco, en Cataluña-, de nuevo toca sufrir. De nuevo la sociedad civil deberá plantar cara y ofrecer a sus mártires, mientras quienes debieran defender valores sagrados como la misma vida antes, como el derecho a vivir en paz y a pasear en tranquilidad ahora, se ocultan tras jueces e instituciones, por falta de valor y de coraje. De nuevo tocará apretar los dientes y rezar, como hacía monseñor Romero ante la violencia en sus días, pidiendo fortaleza y valor, rogando por mantener los ideales altos de la respuesta no violenta, de la defensa de la justicia a pesar de las dificultades, los sufrimientos y los sinsabores cotidianos, escapando a la tentación del rencor y la amargura.

Recen por los enfermos, por quienes los cuidamos y por España.