Sister Dr. Maura Lynch MMM, in memoriam

Maura Lynch, cirujana y miembro de la orden Medical Missionaries of Mary, murió ayer en Kampala. Por lo que sé, no pudo superar una malaria que le atacó en plena convalecencia de una cirugía de cadera: hace unas semanas se cayó y se rompió el fémur, sufriendo los problemas logísticos de ese tercer mundo al que había servido durante décadas, su traslado a un centro donde pudiesen operarla (no era posible en su Kitovu Hospital, donde no hay ni material ni personal cualificado para ello) se demoró varios días, luego no había sangre para transfusiones (hay una escasez a nivel nacional en Uganda), y quizás por ello su organismo quedó más debilitado de la cuenta y no ha podido sobrevivir a la malaria.

Conocí a Maura en 2012, la primera vez que viajé al Kitovu Hospital. Era una persona vivaz, animosa, que conocía perfectamente el terreno en el que se movía, no en vano había estado casi cincuenta años en África, entre Angola y Uganda. Le gustaba contar –y a mí me gustaba escucharle- historias de sus primeros tiempos en Uganda, inmediatamente tras la guerra, cuando llegaron no había de nada, ni siquiera papel higiénico, habían sido tiempos duros. Se había curtido en la cirugía en África, y en los últimos años su principal dedicación era el campo de la reparación de la fístula vésico-vaginal, que sufren las mujeres con partos prolongados, muchas de ellas muy jóvenes. Tras días de sufrimiento el feto muere y se acaba expulsando, entonces la mujer se da cuenta de que pierde orina o heces al haberse formado una comunicación entre el canal del parto y la vejiga de la orina o el recto. La mayoría quedan estigmatizadas y son repudiadas, el sufrimiento que deben soportar es difícilmente imaginable. Este problema tiene solución quirúrgica, aunque hace falta mucha experiencia y destreza, y Maura la había adquirido e intentaba transmitirla a otros desde la unidad quirúrgica que atendía en el Kitovu Hospital, era su principal tarea y proyecto en estos últimos años de su vida.

Compartí con ella muchos momentos, de asueto y de trabajo. Dirigía la reunión del staff los lunes por la mañana, en la que intentaba transmitir conocimientos y una actitud ante los pacientes a los jóvenes médicos, habrán sido centenares los que hayan podido beneficiarse de sus conocimientos, ojalá los pongan al servicio de la población. Era consciente de que la asistencia se deterioraba en su ausencia, y eso le hacía sufrir, lo habíamos hablado muchas veces, los estándares de cuidados, sobre todo de enfermería, no se mantenían a pesar de todos sus esfuerzos, con una salud ya mermada (unos años antes había perdido la visión de un ojo).

En mis visitas, muchas tardes acudía a su casita, no muy lejana de donde solían alojarme, y en la que tenía una televisión que le permitía ver las noticias, películas y series (casi siempre veía las mismas, básicamente comedias). Tomábamos un té y charlábamos del acontecer del día. Me dejaba libros sobre la medicina en África, alguna novela, libros de espiritualidad, tenía una pequeña biblioteca, aunque ahora ya no leía mucho. Era una persona afable, cordial y con un profundo sentido común, imprescindible si se quiere sobrevivir en África. Estoy convencido de que todo el mundo que la ha tratado la echará de menos, y es incierto el futuro del pabellón de la fístula ahora que ella no está.

En 2015 el Consejo de Europa le concedió el premio Norte-Sur en reconocimiento a su tarea en el campo de la fístula obstétrica. Descansa en paz Maura Lynch y ruega por quienes quedamos aquí.

Charla-coloquio “Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo: una mirada hacia el futuro”

Llegué a este hospital hoy hace 8 años. Encontré un lugar con una rica historia: fundado en 1974, se inspiró en el modelo que Ludwig Guttmann, médico que había huido de la Alemania nazi, había desarrollado en el hospital británico de Stoke Mandeville en 1944 para el cuidado de los lesionados medulares. Este médico diseñó un programa holístico de atención a los heridos de guerra que habían sufrido un daño en la médula, quedando parapléjicos (sin movimiento ni sensibilidad en las extremiidades inferiores) o tetrapléjicos (de las cuatro extremidades). Esta es una de las situaciones más adversas que debe habitar un ser humano: se pierde el control del movimiento y de la sensibilidad, así como de los esfínteres, debiendo depender de otras personas para todas las actividades básicas de la vida diaria. El modelo de atención de Guttmann, que atendía a todos los aspectos de la persona, no sólo los médicos o quirúrgicos, también a los afectivos, a la sexualidad y a la vocación y utilidad en la vida, demostró su eficacia en todos los lugares en que se implantó. Pronto hubo centros especializados en lesionados medulares en otros países de Europa, en Estados Unidos y Canadá, en Japón … Sólo en la mayoría de países africanos y otros con escasos recursos no existieron ni existen todavía.

El Hospital Nacional de Parapléjicos, impulsado siendo ministro de trabajo D. Licinio de la Fuente (que había nacido en un pueblo cercano a Toledo), se diseñó siguiendo las directrices del mismo Guttmann, quien ayudó en su diseño, y se convirtió en un centro de referencia no sólo para España, también para países latinoamericanos y del norte de África. En sus más de 40 años de historia ha atendido a más de 13.000 pacientes, muchos de los cuales han sido capaces de sobrevivir a una lesión medular y en muchos casos vivir en adelante vidas productivas y satisfactorias.

Sin embargo, el hospital no ha sido ajeno a la evolución del país, y ha perdido su lugar en el sistema sanitario público, toda vez que numerosas autonomías decidieron abrir sus unidades de lesión medular (si eso era algo sostenible, razonable o adecuado, nadie lo preguntó, ya saben que en nuestro país los criterios son políticos, casi nunca científicos o técnicos). Ahora a muchos antiguos pacientes no les autorizan venir a revisión y cada nuevo ingreso es una odisea administrativa.

Conscientes del declive del hospital y con la convicción de que el HNP tiene todavía mucho que ofrecer a la sociedad española, un grupo de profesionales de todos los estamentos nos constituimos en asociación de profesionales y usuarios en defensa del HNP. Hemos intentando que el actual equipo directivo del hospital atendiese a nuestras propuestas, algunas tan sencillas como instalar lavadoras (que además nos regalaban) para que los pacientes y sus familiares (en la mayoría de los casos están meses ingresados y muchos son personas con medios escasos o limitados) lavasen su ropa. Otras eran más ambiciosas: utilizar salas vacías para cuidar de los pacientes complejos que no tienen un lugar adecuado al que ir, o para albergar a familiares sin recursos; optimizar las posibilidades de investigación y clínicas, sin malgastarlas en cosas como cargos intermedios innecesarios; recuperar especialistas y servicios que se perdieron en la crisis, como la microbiología (de especial relevancia en un hospital donde la inmensa mayoría de pacientes sufren infecciones graves en algún momento de su evolución); adecuar la política de contratación al perfil de centro de referencia, y algunas otras ideas que entendemos mejoran la calidad de la asistencia que se da.

Desdichadamente, no hemos obtenido respuesta alguna. Han pasado los meses e incluso los años y nada cambia para mejor, antes bien lo hace para peor. Y como algunos de nosotros no aceptamos una realidad que nos parece injusta sin intentar cambiarla, hemos abandonado las vías institucionales, que se han revelado como vías muertas, y hemos organizado una charla-coloquio pública, para exponer las potencialidades del hospital y llamar la atención sobre la situación de un centro que merece y puede ofrecer algo mejor. Un hospital que tiene un pasado ilustre, un presente gris tirando a negro y un futuro incierto.

Si alguno de ustedes se anima a asistir, será bienvenido. Si no, siempre puede rezar por los enfermos y por quienes les cuidamos.

CHARLA-COLOQUIO HOSPITAL NACIONAL DE PARAPLÉJICOS DE TOLEDO: UNA MIRADA HACIA EL FUTURO
MODERA
Natividad Laín Terés. Médico, Presidenta del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Toledo
PONENTES
Ángel García Forcada. Médico. Servicio de Medicina Interna del HNP
Ángel Gil Agudo. Médico. Jefe del Servicio de Rehabilitación del HNP
José Luis Párraga Bermejo. Enfermero. Presidente de ADEHNPA y del Comité
de Ética del HNP
Soraya Martín Manjarrés. Fisioterapeuta del HNP. Máster en Patología Neurológica
Mariano Vallejo García. Enfermero. Jubilado
Usuario y Familiar del HNP
11 de Diciembre 19 horas
LUGAR: SALA DE PLENOS C/ Rio Bullaque 24, Polígono residencial, Toledo
ORGANIZA
ASOCIACIÓN DE PROFESIONALES Y USUARIOS DEL HOSPITAL NACIONAL DE PARAPLÉJICOS (ADEHNPA)
COLABORA ILUSTRE COLEGIO OFICIAL DE ENFERMERÍA DE TOLEDO

Una clave (última) de lectura

 

“… he preferido explicarles las raíces profundas de la actuación de la Iglesia en este mundo explosivo de lo sociopolítico. Y he pretendido esclarecerles el último criterio, que es teológico e histórico, para la actuación de la Iglesia en este campo: el mundo de los pobres. Según les vaya a ellos, al pueblo pobre, la Iglesia irá apoyando desde su especificidad uno u otro proyecto político.

Creemos que ésta es la forma de mantener la identidad y la misma trascendencia de la Iglesia. Insertarnos en el proceso socio-político real de nuestro pueblo, juzgar de él desde el pueblo pobre e impulsar todos los movimientos de liberación que conduzcan realmente a la justicia de las mayorías y a la paz para las mayorías. Y creemos que ésta es la forma de mantener la trascendencia e identidad de la Iglesia porque de esta forma mantenemos la fe en Dios.” (monseñor Óscar Romero, discurso con motivo del Doctorado Honoris Cause por la Universidad de Lovaina, 02.02.1980).

Comparto con Vds las palabras de monseñor Romero, tan útiles para interpretar la realidad. No pensé que fuese a escribir nada más sobre Cataluña, pero no puedo dejar de aportar esta reflexión tras leer las noticias aparecidas ayer en los diarios: el gobierno de esa comunidad autónoma bloqueó 152 millones de € destinados a organizaciones sociales, con lo cual cortó las ayudas de las que dependían personas necesitadas. Cuando los trabajadores sociales abandonan sus despachos (en los que trabajan de 8 a 3, y donde reciben sólo con cita previa), comienza la labor de las personas que realmente ayudan a los pobres reales de nuestra sociedad (a quienes poco importa quién gobierne o la independencia, dado que casi siempre pierden). En ese momento entran en acción los voluntarios y trabajadores de organizaciones no gubernamentales, muchas de ellas religiosas y eclesiásticas, otras laicas. Ésas son las que se han quedado sin apoyo económico, y en último término los seres humanos a los que atienden y a quienes se dedican.

Interpretado con ese último criterio de lectura que nos ofrece monseñor Romero, yo no puedo sino denunciar desde aquí a un gobierno autónomo que ha gastado a manos llenas en promover la sedición y ha descuidado a la parte frágil de la sociedad que necesitaba de veras su ayuda. Y no sólo a ése: a cualquier otro que no tenga en cuenta las necesidades reales de los ciudadanos, que haya malgastado y derrochado el dinero de los impuestos o lo haya robado.

Otro día, desde esta clave de lectura, reflexionaré sobre el presente de la sanidad pública española, que creo conocer bien tras haberle dedicado toda mi vida profesional, ya casi treinta años. Pero por ahora, sólo desearles un buen fin de semana.

Recen por los enfermos y por quienes los cuidamos.

Psicopatología, maldad y cirugía (II)

Nos preguntamos, tal como le preguntaban a Jesús y luego a Pablo ¿qué debemos hacer para tratar este flemón que amenaza al organismo entero? Responderé lo que creo que debe hacer el Estado (algo sobre lo que los ciudadanos, desdichadamente, tenemos poco poder de decisión), y lo que debo hacer yo como ciudadano.

Hay que evitar a toda costa que la infección siga propagándose: los maestros de jardín de infancia y de escuela, los profesores de colegios e institutos, los docentes universitarios, todos los que eduquen en el odio y deformen la historia, deben ser investigados, sus contenidos docentes examinados, y si es preciso, depurados; deben ser consignados a los tribunales si se sospecha que puedan haber cometido un delito tipificado. Se ha transigido con esta barbaridad demasiado tiempo, y si queremos que el pus deje de extenderse, habrá que ir a la raíz del mal.

Las personas que insistan en quebrantar las normas y las leyes, en continuar afrentando el sentido común y a la sensibilidad de los españoles de buena voluntad (que somos la mayoría), deberían ser acusadas y procesadas. Con sus comportamientos han angustiado durante semanas y meses a ciudadanos pacíficos que sólo querían vivir en paz y prosperidad, y así han retrasado y torpedeado la salida de una crisis dolorosa, en un país que comenzaba a ilusionarse después de años de padecimientos, desconfianza y desolación. Los seres (enfermos o malos, poco importa ya) que han hecho esto deben ser castigados. No se trata de venganza, se trata de defensa propia: estos seres locos o perversos han hecho y seguirán haciendo daño.

El problema de fondo debe acometerse: se ha socavado la convivencia y la igualdad entre españoles, y no podemos fiarnos de un gobierno que ha sido incapaz de prever estas circunstancias y de resolverlas a su debido tiempo, de modo que es responsabilidad de cada ciudadano, desde el lugar social que ocupe, el exigir que se ponga remedio a estas situaciones penosas. No debemos olvidar lo acontecido estos días de zozobra y preocupación. Los catalanes (y cualquier otro) deben aceptar que son iguales que todos los demás, seres humanos con los mismos derechos y obligaciones, que no merecen privilegio alguno por hablar una legua diferente o haber nacido en un rincón de España determinado, porque además la historia no justifica tales diferencias: no sólo serían injustas, serían asimismo mentirosas. El gobierno actual y el futuro debe comprender que muchos no vamos a permanecer pasivos ante todos estos desmanes, que no votaremos a quien no se comprometa a acabar con ellos, y que apoyaremos todas las iniciativas que conduzcan a la igualdad entre españoles y a la justicia entre españoles, y condenaremos aquellas que vayan en sentido opuesto. De nada sirve el artículo 155 si no se acomete el problema de fondo: la existencia de una parte de la sociedad catalana (quizás también de otras regiones) que niega un hecho fontal: nuestra igualdad como ciudadanos.

En estos días difíciles he pensado a menudo en Gandhi, cuando dijo “yo soy judío, y soy cristiano, y soy hindú, y soy musulmán”. Yo soy aragonés, catalán, español, europeo, ciudadano del mundo … soy de todas partes, porque mi convicción más profunda, según la cual intento vivir en todas las circunstancias, es que Dios es Padre y todos los hombres somos hermanos. Si olvido eso y vivo sin recordar que esas sencillas palabras me fundamentan, entonces pongo fronteras, desprecio, orillo, excluyo y provoco sufrimiento. También he recordado a menudo a Kübler-Ross, que escribió: “todos venimos de la misma fuente y volvemos a la misma fuente, todos somos bendecidos y guiados”. Que haya en la práctica gobernantes y ciudadanos que nieguen estas convicciones profundas haciéndose diferentes y arrogándose privilegios por nacimiento, raza, color, ideología, convicción política o creencia religiosa no sólo nos destruirá como nación, también lo hará como seres humanos. Y no vamos a aceptar la destrucción sin pelear.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.

Psicopatología, maldad y cirugía (I)

Quiero de veras pensar que esta será mi última entrada sobre la realidad nacional que nos ha tocado vivir estas semanas, pero no quiero dejar de compartir pensamientos y sentimientos que estaban latentes y se han concretado en estas fechas. Ahí van.

Los que han fabricado todo este conflicto ¿están locos o son malos? Muchas veces nos encontramos con personas que perpetran actos perversos, y puede venirnos a la cabeza esa pregunta. Estoy seguro de que muchos de ustedes han encontrado seres así durante la vida: un familiar, un compañero de trabajo, un directivo o gobernante … seres que producen dolor de forma consciente y deliberada, intentando dañar lo máximo posible. Ninguna de las dos respuestas a esta pregunta es venturosa: si son malos, mejor apartarse; y si están locos, cuidado, porque la enfermedad mental produce sufrimiento a todos: a quien la padece y a su entorno.

Porque lo triste es que con un demente no se puede hablar: participar en el delirio, intentar mantener un diálogo, puede conducir al interlocutor a perder la razón, a dudar de la propia adecuación a la realidad. La etimología de la palabra “diálogo” es muy sencilla, “a través del conocimiento, a través de la palabra”: es la comunicación entre dos personas/seres racionales. Eso presupone que se emite un discurso coherente, dentro de unos marcos lógicos. También que hay una voluntad de encuentro, de entendimiento, lo cual elimina radicalmente el empleo de mantras y de dogmas, no puede dialogarse con una persona dogmática, el dogma se acepta o se rechaza, no se dialoga sobre el mismo.

Estas reflexiones, obviamente con Cataluña como trasfondo, apuntan al absurdo de haber pretendido dialogar con quien había roto todos los requisitos previos, con quien hace décadas ha anatematizado a quien no pensaba unívocamente, que ha pervertido las palabras (han llamado a la verdad, mentira, y a la mentira, verdad); que ha deformado la historia propia y la ajena, y ha inoculado el virus del odio y el desprecio en generaciones de niños y jóvenes, de modo que ha generado centenares de miles de tarados, a los que ha convencido de que eran diferentes (léase superiores), una élite que no debía compartir su destino con “los que no son de los nuestros”. Se ha engendrado una sociedad escindida entre “nosotros y ellos”. Con quien ha proclamado el carácter pacífico del “pueblo catalán” (terminología que se ha apropiado) mientras intentaba comprar fusiles de asalto y balas ¿Malos o locos?

Así, se ha fabricado un becerro de oro llamado independencia, para el que todos los sacrificios y holocaustos están justificados. Se ha hecho sentir a los no independentistas extraños en su propia tierra, forasteros en su propia casa. Los catalanes segregacionistas han instilado el miedo en el corazón de sus conciudadanos, la desconfianza entre familiares, amigos y compañeros de trabajo; han indoctrinado a poblaciones enteras en el convencimiento de que había que segregar a parte de la población, no por el color de su piel, sino por la lengua que hablaban o porque sostenían opiniones diferentes. En la adoración al becerro se podían violentar las leyes, ignorar las normas de funcionamiento de un Parlamento, prostituir los procedimientos y arrinconar a los políticos no afines, retorcer los reglamentos hasta hacerles decir lo contrario de lo que determinaban, insultar impunemente acogiéndose a lo que llamaban “libertad de expresión”. ¿Locos o malos?

Todos los valores se han trastocado: en vez de dedicar el dinero público a mejorar la vida de los ciudadanos con inversiones ajustadas y racionales en sanidad, en obras públicas, en crear empleo, se ha destinado a promover el odio y la vesania. Los inmigrantes que fregaron sus suelos, cuidaron a sus niños, construyeron sus casas, ensamblaron sus autos, cuidaron a sus enfermos, han sido vejados y despreciados ¿Por qué se ha tolerado esto?

Ninguna solución a estos desmanes es sencilla ni limpia. El independentismo catalán (como antes lo fue el vasco, todavía latente), por acción y omisión de los diversos partidos en el poder durante décadas, ha dejado de ser un absceso bien delimitado para convertirse en lo que en medicina llamamos un flemón: la presencia de pus en un tejido sin límites definidos, de modo que resulta imposible de extirpar; los médicos saben que la cirugía de un flemón es casi siempre ineficaz, además la anestesia llega mal y resulta dolorosa; por ello el tratamiento es lento, con calor local, analgésicos, antibióticos …

Y ahora viene la pregunta capital para un cristiano, la que le hacían a Jesús, luego le hicieron a Pablo: ¿Qué debemos hacer? (porque lo importante no es qué debemos pensar, sino qué debemos hacer, la ortopraxis por encima de la ortodoxia). Contestaré en la siguiente entrada.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.

Se acabaron las medicinas, comienza la cirugía

Se acabó el tiempo de las aspirinas, el paracetamol y el Valium®. Ya no vale la penicilina ni la gentamicina. Ninguna utilidad tiene la cortisona, el más potente antiinflamatorio que poseemos (casi siempre efectivo, aunque con múltiples efectos secundarios). Todavía resultan menos útiles las técnicas de psicoterapia, más bien son contraproducentes, porque con un paciente delirante no se argumenta, si se agita y se pone en peligro a sí mismo y a su entorno, se le contiene y se le seda, ese es el único tratamiento efectivo. No se participa de su delirio, a riesgo de que el propio terapeuta acabe demente.

Cuando la medicina fracasa, es el momento de la cirugía, a veces la única opción curativa, a pesar de la sangre que se derrama y del hecho de que suele resultar mutilante y traumática. Entran en acción los bisturíes y demás tipos de cuchillos, las pinzas con y sin dientes, las agujas y sondas acanaladas, la sierra y el martillo, a veces la fresa y el escoplo. El cirujano corta, amplía la incisión, liga vasos y nervios, cauteriza, abre abscesos, amputa miembros enfermos: la parte extirpada se examina en el laboratorio de anatomía patológica y luego se entrega al fuego. En el caso de la neurocirugía, la cavidad craneal o la columna vertebral se abren con instrumentos de disección y se intenta extirpar por completo el tumor maligno; después, se utilizan placas, clavos y tornillos para fijar las partes separadas, con el objetivo de dejar la zona lo más estable que se pueda. La cirugía pretende ser curativa, pero a veces deja secuelas gravísimas, lo veo a diario en mi hospital, cuidar pacientes que han quedado discapacitados de por vida tras un procedimiento es parte de mi trabajo.

En el quirófano se mezclan muchos olores: el de la carne quemada con el bisturí eléctrico, el de la sangre que corre, a veces el del pus que se extrae … la cirugía nunca es inodora, el que no quiera enterarse, que no entre en una sala de operaciones, renuncie a la opción quirúrgica y deje morir al paciente: para la cirugía hace falta un valor y un coraje que no siempre se poseen; ahora, por fin, parece que el Gobierno de la nación sí lo ha encontrado. No hay otra posibilidad si se quiere salvar la vida del enfermo, al menos tal como lo conocemos y lo queremos, y que además es todavía joven, dado que nació en 1978.

El momento de la verdad ha llegado: hay que extirpar de la sociedad catalana–a ser posible de raíz, cosa harto compleja- la soberbia, el desprecio a las leyes que permiten la convivencia pacífica de los españoles, el chantaje, la amenaza, el amedrentamiento de los no independentistas, el adoctrinamiento mentiroso y falaz, el expolio continuado de las arcas comunes (antes, durante y después de las Olimpiadas Barcelona-92, que pagamos entre todos y beneficiaron exclusivamente a una parte), en orden a subvencionar un aparato de subversión y propaganda; hay que intentar erradicar el delirio y la felonía de gobernantes y de una parte de la sociedad catalana, su insolidaridad, egoísmo y mala voluntad manifiesta hacia la mayoría, sacrificando la confianza mutua en el altar de un ídolo llamado independencia; hay que suprimir la manipulación permanente de los medios, instalados en una información torticera y falseada; la chulería constante y mafiosa de los radicales, que les lleva a discriminar entre “nosotros y ellos”, que conduce al segregacionismo de facto y de iure en el seno de la sociedad catalana, al insulto permanente a España y a lo español, a nuestra lengua y a nuestra cultura, a nuestros siglos de historia compartida y veraz; hay que aislar a aquellos que han pervertido el lenguaje (ver la excelente columna de Javier Marías en El País de ayer, “las palabras ofendidas”), llamando al mal bien, y al bien, mal, destruyendo así uno de los atributos que más nos humaniza, la capacidad de comunicarnos de forma eficaz y creíble… demasiados tumores para extraer en una sola operación, ojalá el cirujano tenga paciencia, destreza y valor en el momento de empuñar los instrumentos cortantes y la tijera: para ello cuenta con mi apoyo y el de muchos españoles de buena voluntad (porque quien en este momento grave de nuestra patria se instala en el lado contrario o en la tibieza, no demuestra buena voluntad y bajo apariencias en realidad desea destruir el país).

Deseo de veras que esta pesadilla catalana acabe pronto, y pueda así escribir sobre mis experiencias cotidianas de salud y enfermedad, sobre Uganda, pero la realidad contradice cada día mis expectativas: la urgencia y gravedad del momento no cesan de apremiar, y no quiero dejar de levantar mi voz para defender lo que considero bueno y justo. Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos, y por España.

Colegios de Médicos desnortados

Los Colegios de Médicos de Barcelona, Gerona y Tarragona han apoyado en sendos documentos, con mayores o menores matices, el golpe de Estado orquestado desde el gobierno autónomo catalán. Con ello, han violentado la voluntad de numerosos colegiados, que se oponen a apoyar la ilegalidad, el delito y el crimen. Al igual que ha hecho la Generalidad, estas instituciones se han arrogado la representación de un colectivo, cuando en realidad ignoran por completo qué piensan los médicos, a los que nadie ha preguntado ni encuestado. Es curioso que unas instituciones que, desdichadamente, se distinguen por su inoperancia y la ausencia absoluta de compromiso en la defensa de los derechos de los colegiados, se apresuren ahora a posicionarse sin ambages al lado de los golpistas y los sediciosos. Durante años, lustros y décadas, no se han pronunciado sobre las malas condiciones laborales de los médicos, los contratos irregulares e injustos que muchos compañeros tienen que tolerar, los pagos ridículos que los colegiados reciben de la inmensa mayoría de las mutuas … es decir, les importa un carajo qué les ocurra a sus socios tanto en la esfera de la medicina pública como la privada, y sin embargo emiten comunicados diáfanos en apoyo de la sedición. Unas instituciones que no tuvieron nada que decir cuando el día 3 de Octubre se cancelaron cientos y miles de consultas y cirugías programadas, pero alzan su voz contra la Policía y la Guardia Civil, que sólo intentaron obligar a cumplir un mandato judicial.

Es por ello de agradecer que un grupo de colegiados tarraconenses hayan escrito a la prensa exigiendo que el Colegio de Médicos de esa ciudad rectifique esos comunicados, que no les representan. Espero también que la Organización Médica Colegial tome cartas en el asunto, porque no debe dejar que se pisoteen los derechos de los médicos, a riesgo de producir su propio descrédito. Por mi parte, he solicitado que el Colegio de Médicos de Toledo, al que pertenezco, se pronuncie con claridad pidiendo que se restablezca en Cataluña el orden constitucional. Espero que, al menos, me contesten.

La sociedad catalana está tan enferma que ni siquiera percibe su profunda esquizofrenia, que lleva a llamar paz a una situación de violencia continuada, a denominar democracia a la imposición unilateral, y a calificar como voluntad de diálogo el desprecio radical a las condiciones legales y legítimas. Sinceramente, en una sociedad así no merece la pena vivir.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por España.

No es así, hermanos …

No es con la desinformación ideológica por parte de TV3, una televisión que miente y tergiversa al dictado de los dirigentes independentistas, traicionando así el espíritu de proporcionar información verídica de todo periodista; no es con la manipulación escolar de niños y adolescentes, indoctrinados mediante una historia manipulada en el odio a España y a lo español. No es con el amedrentamiento de los ciudadanos discrepantes, sometidos a insultos, salivazos, continuos hostigamientos; no es con la amenaza y el ataque a policías nacionales y guardias civiles, denostados y expulsados como perros de sus lugares de habitación. No es con el desprecio a los pacientes por parte de las autoridades sanitarias del Instituto Catalán de la Salud, que cancelaron quirófanos y consultas el día 3 de Octubre, sin importarles el tiempo que llevasen esperando una cirugía o el dolor que tuviesen; no es con el apedreamiento de los autobuses urbanos y los comercios que decidieron abrir ese día. No es con el desprecio de los deseos de cientos de miles de personas que mostraron pacífica y civilmente su rechazo a los planes independentistas; no es con el aniquilamiento de la prosperidad de una sociedad y el exilio forzoso de algunos de sus mejores profesionales. No es con la absolutización de los pretendidos derechos de una minoría a decidir sobre el destino de todos, dinamitando así las normas de convivencia que nos permiten convivir en paz y libertad. No es así, hermanos, como Cataluña va a encontrar el camino menos violento de la salvación.

¡Alerta sanitaria, declaradas dos epidemias!

Debo avisarles de que en España se han declarado graves epidemias de dos enfermedades, una se llama odio (la más letal) y la otra individualismo. Comentaré ambas.

El odio es una enfermedad muy grave y antigua, para la que, entrado el siglo XXI, no se dispone de tratamiento efectivo. Viene a ser equivalente a algunos tipos de cáncer, que progresan inexorablemente hasta causar la muerte del mismo sujeto que lo engendró; al fin y al cabo, son sus mismas células las que se reproducen incontroladamente y destruyen el órgano o tejido en el que nacieron. También afecta a la familia y a la sociedad donde vive el paciente, a la que asimismo termina destruyendo. Es el único caso conocido de tumor maligno que resulta contagioso, en ese aspecto puede compararse a la lepra, de evolución lenta pero progresiva.

Nació en una época tan antigua que no existe literatura médica al respecto, aunque sí referencias en los textos sagrados de la mayor parte de religiones; en la Biblia, por ejemplo, se describe con precisión en el libro del Génesis, incluso se menciona el nombre del enfermo: Caín. La enfermedad primero le cuesta la vida a su hermano, luego a él mismo, que vaga maldito hasta que la muerte natural viene a aliviar su sufrimiento. En los Evangelios cristianos también se cita otro caso muy conocido, el nombre del paciente es Judas. Ya en la literatura contemporánea, se ha dado una epidemia reciente en el noreste de España, en un territorio que se llama Cataluña, donde los afectados son cientos y miles, y que amenaza con extenderse al resto del país. El pronóstico de esta epidemia en curso es muy incierto y está provocando muchos sufrimientos.

Los tratamientos son en su mayoría empíricos, no hay ensayos clínicos randomizados que se hayan demostrado eficaces. Se aconsejan la oración, algunas técnicas de relajación, pero no suelen ser demasiado eficaces, incluso en algunos casos, según quién las proporcione (ciertos sacerdotes y otros falsos gurús) pueden empeorar el cuadro clínico. Y ningún tratamiento es enteramente inocuo, ni indoloro, casi siempre deja secuelas en el paciente y su entorno, algunas de por vida.

La otra enfermedad actualmente epidémica que describiré se llama individualismo. Es algo típicamente occidental, de las sociedades así llamadas “civilizadas” (lo que conocemos como primer mundo), poblaciones en general saciadas y a las que les sobra de casi todo, siendo casi desconocida en África, donde la gente se estructura en clanes y etnias, y antes de hacer algo se pregunta en qué repercutirá en el clan. El cuadro clínico consiste en anteponer la libertad individual (el puro yo) a lo que monseñor Romero llamó “el bien común del pueblo”, y convertirla en un absoluto. Así, por encima de cualquier consecuencia sobre el grupo humano en el que se vive, se dice que la clave de interpretación de la realidad es el derecho a decidir de un individuo (hombre o mujer, no importa), un grupo social, una comunidad autónoma … Bajo apariencia de bien y de respeto y amor por la libertad, esta enfermedad destruye también sociedades enteras, dado que nos convierte en seres insolidarios y centrados en nuestro propio interés, opinión o ideología.

Hay muchos ejemplos de este tipo de aflicción; por ejemplo, no vacunar a los hijos propios, permitiendo así que persistan enfermedades que podrían haberse erradicado hace tiempo; o decidir segregarse del país en el que uno ha nacido, vive y al que le debe casi todo, con el único objetivo de cubrir los propios desastres, o apropiarse de lo que no es de uno, archivo a archivo, tesoro a tesoro y campo a campo hasta quedarse solos en el país … Curiosamente, también hay actualmente una epidemia de esa enfermedad en la misma comunidad autónoma a la que antes me refería. En este caso es más contagiosa y de transmisión rápida (como el Ébola o el SIDA), y los tratamientos son también difíciles, costosos y poco fiables. Se ha comunicado una alta tasa de infecciones a partir de ese foco en otras comunidades autónomas, en personas que afirman que lo más importante es convertir lo relativo (derecho a decidir, independencia) en absoluto, olvidando que, como dijo Pedro Casaldáliga, en realidad, sólo hay dos Absolutos: Dios y el hambre.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por España.

Uganda, Cataluña: el final de dos viajes.

Ayer regresé de Uganda, cansado tras un viaje de 24 horas que significó una larga escala nocturna en el aeropuerto de Dubai, una obra magna de ingeniería y lujo que contrasta con lo incómodas que son las sillas de plástico y lo duro que es el suelo. Atrás quedó el Kitovu Hospital y todos los momentos allí vividos. Me resultó imposible escribir más desde allí: la conexión a internet resultaba difícil o funcionaba con tal lentitud que resultaba inviable. En estos primeros momentos tras mi regreso, no puedo quitarme de la cabeza los rostros de pacientes que dejé esperando la muerte, dado que no existen los medios para tratar sus enfermedades o, aun existiendo, no pueden costearlos. Esto es algo que he ido aprendiendo en cada estancia, a trabajar en la aceptación de una realidad que resulta muy difícil de digerir.

Sin embargo, no todo han sido enfermedades intratables: he conocido gente interesante –casi siempre ha sido así, es frecuente en el tercer mundo-, y creo que a los médicos en formación con los que trabajé les han sido de utilidad algunas reflexiones clínicas que expresaba en voz alta durante el pase de sala. En todas mis visitas he intentado transmitirles el mensaje de que puede intentarse hacer una buena medicina clínica en un contexto de recursos escasos, demasiadas veces la excusa para practicar una pobre medicina (que no es lo mismo que una medicina pobre, como he ido aprendiendo). Me he hecho de nuevo consciente de los graves problemas que afectan a los hospitales misionales (aun trabajando siempre en el mismo, he hablado con bastantes personas y la pintura es muy similar), enfermos de una crisis de identidad de la que no estoy totalmente seguro sean conscientes; también he podido pulsar el momento social Ugandés, sumamente complejo, aunque es indudable que el país es actualmente más estable que los del entorno, y hay datos de una situación económica en mejoría con respecto a la de mi primer año (aun cuando, como típico país del tercer mundo, cuánto dure esa estabilidad es una incógnita). Dios mediante, en entradas sucesivas iré desgranando más datos y detalles de mis días en Kitovu.

Mi viaje, como todo en la vida, acabó, y el regreso supone -incluso tras estancias tan cortas como la mía- el siempre costoso y acelerado reencuentro con un mundo cuyos medios (carreteras, posibilidades, comodidades) son casi antagónicos al que uno deja atrás. Seguí la evolución del día en Cataluña y en España en boletines de la BBC, que podía leer en la pantalla del asiento del avión, y luego, como la mayoría, en radio, ediciones digitales de los periódicos y televisión. Y así conocí que el viaje de la Cataluña que conocimos y a la que muchos quisimos ha terminado: una parte significativa de la sociedad abierta y próspera con la que convivimos, tras treinta años de manipulaciones y falsificación de la historia, por inacción y omisión de los diversos gobiernos, se ha convertido en una sociedad totalitaria que odia a España y a lo español, que ha decidido incumplir la ley y dinamitar las normas de convivencia, sin importarle su propio futuro ni el del país entero, arengada por personas malvadas e irresponsables, con las que ya no queda diálogo posible. Este viaje comenzó posiblemente alrededor de las olimpiadas de Barcelona (yo estaba ahí), pero no nos dimos cuenta hasta hace unos pocos años de cuál era el destino final. Pensábamos que se detendría por el camino; ahora, ya tarde, la realidad nos demuestra que nos hemos equivocado. También se ha dado cuenta este gobierno, que quizás por ello esté herido de muerte.

Por eso, desde la tristeza y la preocupación que da saber que parte de mi familia está ahí y sufre las consecuencias de lo que parecía una comedia y ha devenido en tragedia, voy a continuar la metáfora médica que esbocé en una entrada anterior. El tratamiento quirúrgico del miembro gangrenado es irreversible. En la cirugía, siempre cruenta, se vierte sangre y es un procedimiento sumamente traumático, que deja secuelas y del que cuesta recuperarse. Además, no basta una fina hoja de bisturí, se precisan instrumentos mucho más contundentes, como sierras y tijeras. Aunque existan técnicas anestésicas, no es una intervención enteramente indolora, requiere medicamentos potentes en el posoperatorio y el pronóstico es siempre grave e incierto. ¿Y si no se realiza la amputación? En ese caso la infección se extiende por todo el organismo y compromete seriamente la vida del paciente, en este caso nuestro país entero.

Traduzca cada uno como desee esta metáfora en términos reales. Este es un momento grave para  nuestra patria, en el que cada uno podemos preguntarnos qué debemos hacer. En mi caso, atender a los enfermos lo mejor que puedo y sé, y aportar mis reflexiones por si a alguien puedan interesar; firmar todos los manifiestos posibles a nuestros gobernantes (en apoyo a las fuerzas de seguridad, pidiendo la disolución de los mozos, la aplicación del artículo 155, la prisión para los sediciosos que nos han llevado a este penoso momento) y rezar. Rezar para que Jesús nos ilumine a cada uno en este instante doloroso de nuestra historia, que muy pocos podríamos prever, cuando parecía quedar atrás el periodo trágico del terrorismo vasco y lo más agudo de la crisis (aunque incompletamente, porque los verdugos campan a sus anchas y las víctimas son cotidianamente vilipendiadas). Para que nos dé valentía, paciencia, generosidad y esperanza para lo que pueda venir, que preveo no va a ser nada fácil. Quizás se acerquen momentos de prueba para cada uno, habrá que recordar a monseñor Romero y acudir a “la trascendencia, que mira ante todo a Dios y sólo de Dios recibe su esperanza y su fuerza”.