“Reconstruir el yo” en la lesión medular
La semana pasada una joven psicóloga que ha estado rotando por mi hospital presentaba una sesión clínica con este sugerente título. No entraré a discutir si es acertado desde el punto de vista de la antropología filosófica hablar de si es el “yo” lo que debe ser a reconstruido tras una lesión medular, no fue una disquisición académica lo que movió a esta profesional en formación a presentarnos sus reflexiones.
Partía de sus observaciones en la consulta y de la impresión que le produjo oír a los lesionados medulares desidentificados con su cuerpo tras la lesión: unas piernas y brazos que no les obedecen y que sienten como ajenos o que incluso les producen sensaciones extrañas y molestas (lo que denominamos “disestesias”, a veces parte del dolor neuropático), el rechazo ante esas nuevas sensaciones, la imposibilidad de mirarse en un espejo, el dibujarse con piernas pero sin manos y nunca sobre la silla en los tests proyectivos … Tras escuchar a los pacientes decidió indagar en el difícil mundo de la imagen personal, del esquema corporal, de la aceptación o rechazo al propio cuerpo. Si esto es difícil incluso para personas no lesionadas, imaginen tras un accidente o enfermedad que te postra en una silla de ruedas y te convierte en dependiente.
Fuera, pues, de cualquier reflexión psicológica o filosófica sobre si es adecuado o no hablar de “reconstruir el yo” tras una lesión medular u otra enfermedad deformante, no cabe duda que tras toda ruptura vital hay que reelaborar quién soy, tal vez la persona entera. Habrá que basarse en la vida previa, en rasgos caracteriales o relacionales que se poseían (aunque estos últimos a veces se pierden), y hacer este complejo proceso en continua interacción con el medio: ahí jugamos un papel los demás, los otros, porque la persona se construye siempre en relación con otras personas, si somos aceptados nos aceptaremos mejor, etc. Pero no cabe duda de que se trata de un proceso largo y difícil.
Me llama la atención visitar pacientes cuya habitación está llena de recuerdos de la vida previa: fotos, objetos, que les ubican en la identidad social o relacional que tenían antes de perderla. Porque ahora tendrá que ser otra, habrá que elaborar otra: la persona permanece, con las mismas virtudes o defectos, pero habrá que buscar bases más profundas, la identidad ya no vendrá dada por una profesión o un conjunto de relaciones. Se abre una etapa nueva que puede ser bella o terrible, y que hace que haya quien se dé cuenta que es mucho más auténtico después de la lesión que antes, cuando la esperanza se basaba en cosas que luego se consideran accesorias.
A veces, tras una pérdida, se encuentra uno musitando “mi vida murió”. Y es cierto, la vida que hemos llevado ha quedado atrás y hay que renacer a una diferente que en ocasiones puede ser mejor que la anterior. Aunque al principio nos parezca inhabitable. Estoy seguro de que algunos de ustedes me entenderán y habrán pasado por procesos vitales similares, posiblemente no una lesión medular pero sí pérdidas que han obligado a comenzar de nuevo.
Recen por los enfermos y por quienes los cuidamos.
