Uganda 2018. Adiós al Hospital Nacional de Parapléjicos

El día 31, Dios mediante, viajaré de nuevo al Kitovu Hospital de Uganda, donde espero permanecer dos semanas. Como otros años, visitaré pacientes, ayudaré en lo que pueda, aprenderé lo que pueda, quizás dé alguna charla dentro del programa de formación continuada … saludaré a amigos y conocidos y echaré de menos a quienes ya no están, bien porque dejaron el hospital buscando mejores posibilidades y mejor salario, o porque han muerto (Sr. Maura Lynch, la última monja irlandesa que quedaba, tras 40 años de servicio en África). Siempre me gusta volver, redescubrir una medicina diferente a la que ejercemos aquí (con los mismos fundamentos pero con menos medios técnicos), aunque este año viajo con la incertidumbre de qué hospital encontraré tras el fin de la presencia occidental y la marcha del antiguo director, internista como yo y buen amigo. En la medida de lo posible (ya saben de otras veces que la conexión a internet no siempre existe), les informaré de lo que me vaya aconteciendo.

En otro orden de cosas, en unas semanas, al poco de regresar de Uganda, comenzaré a trabajar en el Hospital de San Juan de Dios de Zaragoza, curiosamente el mismo hospital en que nací hace 58 años. La actual situación del Hospital Nacional de Parapléjicos (un centro con un pasado ilustre, un presente gris y un futuro incierto) me ha llevado a buscar mejores posibilidades, he solicitado una excedencia en Toledo y he aceptado un contrato en mi ciudad natal. Como todo cambio, viene cuajado de expectativas, ilusiones, también algo de zozobra por los cambios … espero en mi nuevo trabajo aprender y aportar, como he intentado hacer en todos los hospitales donde he trabajado. Mi marcha de Toledo no está exenta de tristeza: es un hospital con carisma y con potencialidades (estos dos adjetivos definen también al tercer mundo, y la mayor parte de esos países apenas mejoran), pero que hace mucho tiempo que perdió el norte y no parece capaz de recuperarlo; un centro que funciona por inercia pero sin un proyecto ni asistencial, ni docente ni investigador (las tres patas de cualquier hospital) consistente, y yo no quiero dedicar los años que me quedan hasta la jubilación en un sitio así, por más que profesional y humanamente merezca la pena. Nunca he sido de quedarme en un lugar a disgusto o refunfuñando, de modo que hace unos meses me puse a buscar y el actual trabajo en el hospital de los hermanos en Zaragoza es fruto de esa búsqueda. Espero contarles lo que allí encuentre, y aguarden todavía alguna entrada sobre el HNP.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por España.

¿Qué es la abnegación?

Abnegación es que tu esposa se rompa el cuello a los 39 años y cuidarla desde entonces, ahora que tienes más de 70. Día tras día, mes tras mes, año tras año, cambiarle de postura cada 3 horas, limpiarla cuando se ensucia, cambiar la sonda urinaria cuando se obstruye, sacar las cacas del recto cuando se atasca, dedicarle 21 horas al día y tener 3 para ti. Y cuando envejece y enferma y queda conectada a un respirador, darte cuenta de que tendrás que dedicarle 23 horas y media y tendrás media hora para ti, para salir a tomar un café y leer un periódico sin estar pendiente de una alarma que se dispara o un timbre que suena porque te necesita.

Abnegación es que tu pareja tenga una enfermedad en la que se generan tumores dentro del cráneo y hayan tenido que operarla ya 8 veces, y cada vez quede peor que la anterior, y vaya perdiendo la capacidad de deambular, de fonar adecuadamente, de comer por la boca … y seguir a su lado a pesar de todo lo pasado y de lo que os espera.

Abnegación es que a tu hijo lo voltee una vaquilla y sufra una lesión medular tan alta que quede dependiente a tiempo completo de ventilación mecánica, y de eso hace ya 8 años, y ni un solo día hayas fallado a su lado, tú que casi no tenías estudios y que tuviste que aprender a manejar un aspirador de secreciones, un concentrador de oxígeno, un respirador portátil …

Y vivir todo eso sin echar la culpa a nadie ni maldecir a la vida, incluso sonriendo a veces e intentando disfrutar de los motivos que quedan: la visita de un familiar, un buen día en el fisioterapeuta, un programa de televisión, una conversación con un amigo …

Todos estos son casos reales de este hospital, personas cuya vida quedó radicalmente modificada por una lesión medular o cerebral, en una situación sumamente adversa que han tenido que habitar, y que además es irrevesible: no cabe espera mejoría, solamente puede aspirarse a que no empeore todavía más. He podido ver en primera persona lo que es la abnegación verdadera, algo que no había entendido nunca y que ahora me resulta claro como el cristal: renunciar a una vida propia para dedicarla a otro, para hacer que un ser querido pueda sobrevivir. Nada tiene que ver con las privaciones voluntarias ni con los sacrificios mal entendidos que a nadie ayudan. Tiene que ver con lo prosaico de dar de comer por una sonda,  limpiar cacas y retirar bolsas de orina,  ajustar los parámetros de un respirador cuando se dispara una alarma, acompañar cuando ya no quedan fuerzas.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por España.

¡Bienvenido SIMECAT!

Un grupo de médicos catalanes, hartos de que el sindicato médico tradicional de esa comunidad autónoma tomase una actitud beligerante prosecesionista, han decidido constituir un sindicato alternativo, donde puedan defender sus intereses profesionales de forma libre y autónoma, lejos de posiciones que nada tienen que ver con el papel legítimo de una organización sindical. El acto de constitución del Sindicato de Médicos Catalanes (miembro desde ese momento de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos) tuvo lugar en el Hospital Clínico de Barcelona el martes por la tarde. Comparto con Vds. las breves palabras que dijo el presidente del nuevo sindicato, a la sazón mi hermano gemelo, donde explica sus motivos para estar ese día ahí presente.

“¿Qué hace un médico aragonés, formado como traumatólogo en Cataluña y que ha desarrollado la gran mayoría de su carrera profesional en Tarragona de presidente del Sindicato Médico Catalán?. Os explicaré por qué estoy aquí esta tarde:

Estoy aquí porque una persona no puede elegir las circunstancias históricas que le toca vivir, pero puede intentar vivirlas dignamente.

Estoy aquí porque un octubre terrible del 2017 me quedé sin el sindicato al que había estado afiliado muchos años.

Estoy aquí porque ese mismo mes un grupo de médicos a los que no conocía de nada y yo mismo elaboramos un manifiesto al que se adhirieron más de 1.500 médicos catalanes en contra de pronunciamientos políticos del Colegio de Barcelona y del Consell de Col.legis de Metges de Catalunya, que habían hecho lo que no debían: hablar en nombre de todos sobre temas que nada tienen de profesional. Así nació Neutralitat Colegis Metges y aprovecho para reconocer la labor discreta pero constante de sus miembros.

Estoy aquí porque muchos otros no firmaron por miedo a represalias en sus centros de trabajo y me lo dijeron con pesar. Y que eso ocurra me parece un escándalo.

Estoy aquí porque creo necesitamos un sindicato para todos y no para unos pocos, que se ocupe de defender nuestros intereses profesionales y no los criterios políticos de sus dirigentes.

Estoy aquí porque un Sindicato no puede ser servil con el poder. ¿Cómo podrá luego exigir nada?.

Estoy aquí porque cuando más bajo tenía el ánimo me acordaba de los miles de vascos que aguantaron en situaciones cien veces más difíciles que las nuestras.

Estoy aquí porque entre todos hemos conseguido que la Sanidad Catalana sea puntera en nuestro país, y en esa tarea tanto hemos colaborado los nacidos aquí como los que vinimos de fuera y fuimos acogidos con los brazos abiertos. Puedo afirmar que yo he aportado mucho a Cataluña y como yo miles de médicos de todas partes de España, y Cataluña nos ha dado unas oportunidades profesionales excelentes.

Estoy aquí porque no quiero romper mis lazos con el resto de médicos españoles como yo.

Estoy aquí porque en este Sindicato que hoy nace cristalizan los anhelos de muchos que nos hemos sentido huérfanos todos estos meses.

Estoy aquí porque no puede ser de otra manera, y aquí seguiré mientras pueda seguir siendo útil, si hace falta ser presidente lo seré y si lo que se me pide es hacer sobres y pegar sellos igualmente lo haré.”

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país, que merece una mejor suerte que la que propician nuestros políticos actuales.

Autonomía pobre, pobre autonomía

Castilla la Mancha, donde vivo desde hace 14 años, no es una autonomía rica: básicamente rural, con poca industria, relativamente pocos recursos naturales, siempre esperando el agua, quejándose por el agua y en conflicto por ese recurso con otras autonomías. Pero además es una pobre autonomía: gobernada durante años por un partido que invirtió lo que no tenía, que construyó hospitales (Tomelloso, Almansa, Villarobledo) que nadie con sentido común hubiese construido, apenas a una veintena de kilómetros unos de otros, que consintió que se edificase un aeropuerto (Ciudad Real) que nadie iba a utilizar, y que debiera ser, vacío e inútil, testigo de una época que pensábamos que no volvería y de la que, sin embargo, este partido no aprende: quizás por eso sigue insistiendo en un hospital magno para la ciudad de Toledo, absolutamente desproporcionado para una urbe de poco más de 80.000 habitantes y una provincia relativamente pequeña… no pongo en cuestión que haya de construirse un nuevo hospital, de hecho el Virgen de la Salud está desbordado desde hace años, pero sí ciertamente que se quiera crear uno de los hospitales mayores de Europa, una obra faraónica y kilométrica en la que se han enterrado ya los recursos necesarios para generaciones enteras, en medio de la demagogia más absoluta. Máxime cuando la calidad de un hospital viene dada por su capacidad de resolver problemas médicos y quirúrgicos en base a su plantilla, no por su tamaño, y de inversiones en recursos humanos y especialidades que no se tienen, no quieren ni oír hablar. Qué incompetencia contumaz … Las obras se paralizaron con la crisis y se han vuelto a retomar ahora, lástima que el partido que gobernó en la legislatura anterior lo hiciese con tal torpeza comunicativa y decisoria que se ganó la enemistad de muchos (la mayoría mal intencionados, algunos de buena voluntad); sin embargo, nos salvó de la práctica bancarrota y adecentó la cosa pública para que pudiésemos sobrevivir unos años más.

Esta es una autonomía con una historia de la que no aprende, ejemplo fiel de un estado de las autonomías que en varias de sus vertientes se ha convertido en una lepra que va devorando poco a poco al país, con unas estructuras burocráticas desproporcionadas, con una sanidad que mantiene cientos y miles de funcionarios innecesarios y escatima en recursos humanos y materiales y unos políticos mal preparados e incapaces de contemplar a la autonomía con perspectiva y hacerla no ya competitiva, al menos sostenible siquiera para diez años; permanentemente instalados en la queja de lo que no tienen y de lo que se les debe. Desdichadamente, pues, casi nada que celebrar mañana, día de Castilla la Mancha, de donde sus miembros más preparados y capaces se van en busca de mejores posibilidades y en donde El Quijote, si viviese hoy, no pararía de dar mandobles a tanto incompetente como hay aquí (por desgracia de forma parecida a otras autonomías del país, en eso no somos diferentes y conviene no engañarse).

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por Castilla la Mancha.

Dejen a los jueces (y a los médicos …) ejercer en paz

Mis experiencias personales con la justicia no han sido particularmente venturosas. Sin embargo, entiendo su función en una sociedad democrática y la respeto, me guste o no lo que decida un juez, esté de acuerdo o no con un veredicto. Lo contrario supone entregarse a la ley del más fuerte, o de quien grita más, aceptar la ley de Lynch en vez del derecho romano … Y no estaría dispuesto a que nadie me dijese cómo ejercer mi profesión, para eso existen los colegios de médicos y otras asociaciones profesionales, los equipos de trabajo en los hospitales … Si alguien pensase que no le había atendido médicamente bien, tendría dónde presentar sus quejas. No seré yo quien le diga a un juez cómo debe aplicar la justicia, como no toleraría que me dijesen cómo ejercer la medicina.

No puedo pues estar de acuerdo ni empatizar con quienes braman contra el veredicto de los jueces de Pamplona, con quienes toman las calles entregados a la ira. Entiendo que la justicia tiene sus mecanismos de recurso y que hay que aceptar esas reglas de juego, infinitamente mejores que los tribunales populares, que pasarían por las armas sin dudarlo a quienes disintiesen, ya lo hicieron antes y lo harían otra vez ahora. Este es un tiempo confuso y conviene no olvidar nuestra historia para no tener que sufrirla otra vez.

También conviene tener siempre presentes nuestras convicciones (quienes las tengan, claro). Las mías pasan por la no violencia -que nada tiene que ver con la ausencia de compromiso o la falta de firmeza en su defensa- y el pro-seguimiento de Jesús en el lugar donde la vida -y mis decisiones- me han colocado. No me esperen pues voceando por las calles si no es para defender la vida humana amenazada, nuestro país, nuestra Constitución y nuestra democracia. Eso sí, pueden encontrarme todos los días en medio de mis pacientes y algunas tardes por las carreteras de Toledo, a lomos de una bicicleta. Al menos por ahora.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.

Requerimiento administrativo a los colegios de médicos catalanes

Un grupo de médicos de los Colegios de Tarragona, Barcelona y Lérida ha enviado sendos requerimientos administrativos al Colegio Oficial de Médicos de Barcelona (COMB) y al Consell de Col.legis de Metges de Catalunya. En ellos se solicita la anulación de los acuerdos y comunicados corporativos emitidos por dichas instituciones sobre el referéndum del 1 de octubre de 2017 en esa comunidad autónoma, la actuación de las Fuerzas de seguridad del Estado en esa fecha y la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Resulta obvio -y las leyes así lo señalan- que una Corporación Profesional, al ser de afiliación obligatoria, ha de ceñirse a la materia profesional que le es propia, y no puede ni debe adscribirse a una orientación ideológica concreta. Con sus actuaciones el COMB y el Consell presentaron su doctrina ideológica como si fuera la de todos, adoptando una decisión partidista. Tomaron acuerdos y emitieron comunicados sin contar con la opinión de los colegiados, vulnerando así derechos fundamentales como son la libertad individual de conciencia, pensamiento y expresión. Usurparon opiniones y decisiones que en modo alguno les habían sido conferidas ni delegadas. Con ello no hicieron sino seguir el camino marcado por los golpistas, que durante todo el proceso desdeñaron, ignoraron y violaron los derechos y libertades de aquella parte de la ciudadanía que no suscribía sus postulados ideológicos, de una manera que ninguna sociedad civilizada puede tolerar.

Desgraciadamente, esta actitud no ha sido exclusiva de los Colegios de Médicos, también otros colectivos profesionales han tenido que exigir a sus responsables neutralidad política. En el caso concreto de los Abogados y Arquitectos los Tribunales de Justicia han dado la razón a los colegiados que reclamaron neutralidad. En la misma línea los colegiados que realizan el requerimiento (primeramente administrativo, entiendo que si se ignora esta vía irán a la judicial), han tomado esta iniciativa. Este grupo de médicos que ejercen en Cataluña reivindica así sus derechos vulnerados por los colegios de médicos catalanes, dada la dejación de funciones que el Estado ha realizado -antes y después del 155- en esa parte de España. Es triste que los ciudadanos debamos pelear por derechos fundamentales constitucionales y los responsables políticos miren para otro lado. Por demasiado tiempo se han consentido y se siguen consintiendo este tipo de desmanes, y no debiera sobrevivir políticamente un Gobierno que ha actuado tarde y mal y que no ha puesto coto suficiente a una rebelión violenta -porque la vulneración sistemática de derechos realizada desde las instituciones y los medios de comunicación catalanes es una forma no menos execrable de violencia-, fiándolo casi todo a la acción de la justicia.

Esta es una semana triste para nuestro país: persiste el desafío secesionista en un contexto de respuesta tibia por parte del Gobierno y los comunicados de la banda terrorista ETA nos reavivan los recuerdos de una época llena de sangre y de dolor. Una época en que matar y torturar se aceptó por muchos como un medio adecuado para conseguir un fin político (no sólo por los que perpetraban los crímenes, también por quienes les jaleaban o admitían, y por quien luego accedió a pactar con ellos). La sociedad que acepta que la violencia -de todo tipo, como he explicado antes- forme parte de las reglas del juego se está condenando a sí misma, como le ocurrió a Caín. No es casualidad que estas dos realidades se recojan y reflejen juntas en los diarios y en mi entrada de hoy: son diferentes cabezas de la misma hidra, que pretendió y pretende destruir un país que entre todos hemos construido a base de esfuerzo, de lágrimas y de sudor. En lo que a mí concierne, no voy a aceptar este hecho sin pelear, como no lo aceptan estos colegiados, que defienden sus derechos vulnerados.

Recen por los enfermos y por quienes le cuidamos.

Monseñor Cantero Cuadrado = Monseñor Setién et al

Cuentan que los familiares de líderes comunistas detenidos y maltratados durante la dictadura fueron a pedir a D. Pedro Cantero Cuadrado, en aquel entonces arzobispo de Zaragoza, que intercediese delante de la policía: les escuchó pero se negó a admitir que se torturase a los detenidos. Decidió, pues, mirar para otro lado.

Años después, cuando secuestraron a Ortega Lara (claro ejemplo de tortura por deprivación sensorial y limitación del espacio vital prolongada, quizás de las más atroces que un ser humano puede sufrir), otros obispos, en este caso vascos, también decidieron mirar para otro lado.

¿Hay alguna diferencia entre ellos? En mi opinión, ninguna.

Durante el franquismo se maltrató a detenidos, hubo corrupción social y política, pero todo eso es casi lo esperable de una dictadura (poco importa que sea de derechas o de izquierdas, véase la Venezuela o la Nicaragua de nuestros días). Pero no podíamos esperar de una democracia que se haya convertido en lo que es: un conjunto de instituciones cuajadas de favoritismo político, una partitocracia donde la parte en el poder dispone a su antojo del erario público, donde los paniaguados son legión y “el bien común del pueblo” (en formulación de monseñor Romero, un mitrado que decidió no mirar para otro lado) lo menos significativo.

Cuando el 23 de Abril de 1978 nos manifestamos en Zaragoza por la autonomía aragonesa, poco podíamos pensar que 40 años más tarde la democracia española iba a resultar tan imperfecta, pero los seres humanos somos capaces de pervertir casi cualquier realidad, por prometedora que sea. Es el mito de Caín y Abel, esa es la historia de la humanidad, capaz de lo mejor y de lo peor.

De ahí denunciar la profunda perversión y mentira de la ley de memoria histórica: no veo cualitativamente diferente el expolio de la dictadura y los cientos de millones de los ERE de Andalucía; no veo diferencia entre los desfalcos de entonces y los de ahora, con el agravante de que ahora se han hecho y hacen “bajo apariencia de bien”, posiblemente por eso más condenables, más insultantes. Ni entre el silencio de Pedro Cantero y el de los obispos vascos, con el agravante de que éstos se creían más “buenos” que aquel.

Es posible que estas líneas me hagan impopular, pero no quiero dejar de escribirlas porque quiero a mi país y no estoy dispuesto a que se mienta a las generaciones venideras y se tergiverse la historia, por lo menos la que yo he podido vivir en carne propia. Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por España.

Ante el terror de antes y de ahora, ni un paso atrás

La nota de prensa de los terroristas de ETA mueve a espanto: mete en el mismo saco a víctimas y verdugos, sacraliza el uso de la violencia más bárbara como medio de conseguir objetivos políticos y prostituye el relato de la historia y la misma historia interpretando el terror como consecuencia inevitable de un conflicto y la violencia como la respuesta adecuada por parte de un pueblo oprimido. Si bien todo esto es muy triste, todavía más triste es que una parte no pequeña de la sociedad española se crea esta patraña e incluso la aplauda; que se manifieste en apoyo de los violentos actuales, que no matan pero sí golpean, expulsan, anatematizan y amedrentan. No sólo eso: resulta atroz que a día de hoy esos comportamientos excluyentes y filoterroristas se perpetúen en Navarra y en Cataluña, donde los herederos de los que jaleaban a los asesinos de nuevo reproducen ese esquema de persecución encubierta o franca de quienes no comparten su modelo de sociedad. Es todavía más triste que todos estos comportamientos se permitan en el contexto de una autonomía suspendida.

Ante el terror de antes y ante el terror de ahora -en Navarra, en el País Vasco, en Cataluña-, de nuevo toca sufrir. De nuevo la sociedad civil deberá plantar cara y ofrecer a sus mártires, mientras quienes debieran defender valores sagrados como la misma vida antes, como el derecho a vivir en paz y a pasear en tranquilidad ahora, se ocultan tras jueces e instituciones, por falta de valor y de coraje. De nuevo tocará apretar los dientes y rezar, como hacía monseñor Romero ante la violencia en sus días, pidiendo fortaleza y valor, rogando por mantener los ideales altos de la respuesta no violenta, de la defensa de la justicia a pesar de las dificultades, los sufrimientos y los sinsabores cotidianos, escapando a la tentación del rencor y la amargura.

Recen por los enfermos, por quienes los cuidamos y por España.

Marzo, el mes de monseñor Romero (II): el miedo como enemigo de la fe

Después de la idolatría, quizás sea el miedo el peor enemigo de la fe: paraliza, impide actuar, nos encierra en nosotros y nos impide luchar por la justicia, en resumen pro-seguir el camino de Jesús. Tenemos miedo al conflicto en la familia, en el trabajo, en el grupo de amigos, en el contexto social en que vivimos … tenemos miedo de lo que puedan decir de nosotros, en perder oportunidades de promoción personal o laboral, miedo a quedarnos sin amigos, a que nos miren mal, a sufrir represalias, a perder amigos o clientes … en casos extremos, el miedo puede ser más tangible y palpable, a resultar físicamente heridos o a perder la propia vida. Posiblemente ese fue el miedo que conoció monseñor Romero (y tantos como él). A lo largo de sus últimos meses como arzobispo de San Salvador fue frecuentemente amenazado de muerte, de diferentes formas: mediante anónimos, pintadas, llamadas telefónicas … conforme se fue posicionando más y más firmemente en favor de las mayorías oprimidas y reprimidas más arreciaron las amenazas y fueron cobrando más verosimilitud los mensajes que recibía.

Cuando concluyó su más famosa homilía el domingo 23 de Marzo de 1980, se dirigió a casa de la familia Barraza, como tantos domingos hacía, a compartir con ellos el rato y el almuerzo, allí tenía personas que le querían incondicionalmente, que guardaban para él zapatillas de estar en casa, para que se sintiese cómodo … en aquella comida y después, ya durante la tarde, le vieron llorar varias veces, mirarles fijamente uno por uno como despidiéndose de ellos, atravesó varios cambios en su estado de humor, alternando ratos animosos y otros francamente tristes. Quizás era el miedo lo que le hacía estar así, quizás presentía que su fin estaba cerca, que con su llamamiento “a las bases del ejército, de la policía nacional, de los cuarteles” para que desobedeciesen a sus mandos y cesasen en la represión, había firmado su sentencia de muerte. Al día siguiente, 24 de Marzo, ésta le llegó mediante un único disparo de francotirador: una bala de fragmentación como las que utilizaba el ejército salvadoreño le entró por el pecho mientras celebraba una misa de funeral, afectó estructuras vitales y le produjo una hemorragia interna que le costó la vida.

Es el mismo miedo que debió sentir Jesús en Getsemaní, muriéndose de tristeza y de angustia. O el que debían sentir los concejales en el País Vasco cuando salían de casa, sin saber si volverían por la noche, ignorando si les esperaría un pistolero o habría una bomba en su coche. O los misioneros que eligen quedarse en zonas de conflicto, al lado de su grey, del pueblo al que fueron a servir y por el que abandonaron país, familia, amigos, una sociedad y una lengua que conocían …

El valor no es no tener miedo (eso es temeridad), sino saber vencerlo. Como hizo monseñor Romero, como hicieron otros profetas antes que él, otras personas que decidieron arrostrar las consecuencias de “la lucha por la fe y la lucha por la justicia que la misma fe exige”, como formularon con gran precisión los jesuitas en su congregación general XXXII Como hacen aun hoy todas las personas que están en desacuerdo con una realidad injusta y deciden dar pasos para cambiarla. Resistirse al miedo, no dejar que nos paralice, es afirmar la fe, es creer en Dios y en su Cristo y pro-seguir su tarea.

Que monseñor Romero nos ayude a vencer nuestros miedos cotidianos. Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.

Marzo, el mes de monseñor Romero (un año más …)

Un año más, ha llegado Marzo, y con él se me hace más presente el recuerdo de monseñor Romero. Siempre encuentro apoyo e inspiración para las circunstancias concretas que me toca vivir, siempre hay textos relevantes para la vida corriente, para la praxis profesional y cristiana, para buscar un sentido a lo que vivimos …

Parece claro que monseñor se manejaba mal en la política partidista, que desconocía y de la que posiblemente desconfiaba, quizás porque veía que el sentido de la misma era el poder, no “el bien común del pueblo”. Este último término aparece con frecuencia en sus escritos y homilías, y es hoy tan relevante como lo fue en sus días. Examinar las propuestas y la praxis de los partidos políticos en la España contemporánea es darse de bruces con una realidad muy similar a la que desconcertaba a Romero: se cita con frecuencia al pueblo (“la gente” dicen ahora), pero en realidad no se piensa en sus necesidades reales ni futuras (es interesante analizar con esta coordenada de lectura el actual debate sobre las pensiones, la situación política en Cataluña …). Para una persona tan enraizada en la historia y la realidad eclesial (Sentire cum ecclesia fue su lema cuando fue entronizado arzobispo) debía resultar frustrante la dificultad en llegar a acuerdos por motivos ideológicos, obviando las necesidades reales del país, de un país pobre y ensangrentado por todas partes como era El Salvador a finales de la década de los 70 e inicio de los 80. En medio de necesidades y problemas acuciantes, muchos de ellos de vida o muerte, no sólo los partidos tradicionales, también las organizaciones populares revolucionarias se enzarzaban en discusiones bizantinas detrás de siglas e intereses muchas veces espurios. Esto lo denunció monseñor en repetidas ocasiones, y afeó a los actores políticos en El Salvador que antepusieran sus intereses de organización o de partido a los del pueblo salvadoreño.

En esta España de las autonomías quizás fuese interesante examinar a la luz de la enseñanza de monseñor Romero cuántos cargos y organismos públicos son realmente útiles “a la gente”. Hemos construido un Estado excesivamente complejo y eso no redunda en “el bien común del pueblo”, si acaso en beneficio de los partidos políticos y de limitados sectores sociales (los que tienen acceso a esos puestos y cargos). Pero nada más, máxime cuando las actividades de numerosos agentes y organismos no resultan cuantificables, no puede demostrarse que resulten de utilidad ni lo contrario (no suponen “accountable activities” en terminología sajona).

En otra línea, si algo puede afirmarse sobre monseñor Romero, es que fue un hombre de fe, una persona que comprometió su vida y su muerte en fidelidad al Dios de Jesús. Necesitó aferrarse a esa fe profunda en momentos de extrema confusión, dificultad, y sufrimiento, de miedo y de duda. La fe le fue diciendo por dónde debía caminar, a quién y a qué debía apoyar, qué debía denunciar. Como muchos otros antes y después que él, aprendió que los enemigos más feroces de la fe son la idolatría y el miedo. En El Salvador había numerosos ídolos en sus días: la doctrina de la seguridad nacional, la eliminación a toda costa de los enemigos políticos, la violencia en sus varias formas … en función a esos ídolos se vivía, se gobernaba y se mataba. Aquí y ahora, podemos preguntarnos ¿qué ídolos se adoran en nuestra España del siglo XXI? ¿cuáles son los absolutos que dirigen las vidas de las personas y de las instituciones? Es peligroso olvidar -como afirmó Pedro Casaldáliga- que sólo existen dos absolutos: Dios y el hambre. Cuando lo relativo y lo efímero (una idea política o una organización) se convierten en absoluto, no queda espacio para el diálogo y la consecuencia inevitable es el enfrentamiento. Respecto al miedo como enemigo de la fe … quizá sea tema de otra entrada.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.