Uganda, Cataluña: el final de dos viajes.

Ayer regresé de Uganda, cansado tras un viaje de 24 horas que significó una larga escala nocturna en el aeropuerto de Dubai, una obra magna de ingeniería y lujo que contrasta con lo incómodas que son las sillas de plástico y lo duro que es el suelo. Atrás quedó el Kitovu Hospital y todos los momentos allí vividos. Me resultó imposible escribir más desde allí: la conexión a internet resultaba difícil o funcionaba con tal lentitud que resultaba inviable. En estos primeros momentos tras mi regreso, no puedo quitarme de la cabeza los rostros de pacientes que dejé esperando la muerte, dado que no existen los medios para tratar sus enfermedades o, aun existiendo, no pueden costearlos. Esto es algo que he ido aprendiendo en cada estancia, a trabajar en la aceptación de una realidad que resulta muy difícil de digerir.

Sin embargo, no todo han sido enfermedades intratables: he conocido gente interesante –casi siempre ha sido así, es frecuente en el tercer mundo-, y creo que a los médicos en formación con los que trabajé les han sido de utilidad algunas reflexiones clínicas que expresaba en voz alta durante el pase de sala. En todas mis visitas he intentado transmitirles el mensaje de que puede intentarse hacer una buena medicina clínica en un contexto de recursos escasos, demasiadas veces la excusa para practicar una pobre medicina (que no es lo mismo que una medicina pobre, como he ido aprendiendo). Me he hecho de nuevo consciente de los graves problemas que afectan a los hospitales misionales (aun trabajando siempre en el mismo, he hablado con bastantes personas y la pintura es muy similar), enfermos de una crisis de identidad de la que no estoy totalmente seguro sean conscientes; también he podido pulsar el momento social Ugandés, sumamente complejo, aunque es indudable que el país es actualmente más estable que los del entorno, y hay datos de una situación económica en mejoría con respecto a la de mi primer año (aun cuando, como típico país del tercer mundo, cuánto dure esa estabilidad es una incógnita). Dios mediante, en entradas sucesivas iré desgranando más datos y detalles de mis días en Kitovu.

Mi viaje, como todo en la vida, acabó, y el regreso supone -incluso tras estancias tan cortas como la mía- el siempre costoso y acelerado reencuentro con un mundo cuyos medios (carreteras, posibilidades, comodidades) son casi antagónicos al que uno deja atrás. Seguí la evolución del día en Cataluña y en España en boletines de la BBC, que podía leer en la pantalla del asiento del avión, y luego, como la mayoría, en radio, ediciones digitales de los periódicos y televisión. Y así conocí que el viaje de la Cataluña que conocimos y a la que muchos quisimos ha terminado: una parte significativa de la sociedad abierta y próspera con la que convivimos, tras treinta años de manipulaciones y falsificación de la historia, por inacción y omisión de los diversos gobiernos, se ha convertido en una sociedad totalitaria que odia a España y a lo español, que ha decidido incumplir la ley y dinamitar las normas de convivencia, sin importarle su propio futuro ni el del país entero, arengada por personas malvadas e irresponsables, con las que ya no queda diálogo posible. Este viaje comenzó posiblemente alrededor de las olimpiadas de Barcelona (yo estaba ahí), pero no nos dimos cuenta hasta hace unos pocos años de cuál era el destino final. Pensábamos que se detendría por el camino; ahora, ya tarde, la realidad nos demuestra que nos hemos equivocado. También se ha dado cuenta este gobierno, que quizás por ello esté herido de muerte.

Por eso, desde la tristeza y la preocupación que da saber que parte de mi familia está ahí y sufre las consecuencias de lo que parecía una comedia y ha devenido en tragedia, voy a continuar la metáfora médica que esbocé en una entrada anterior. El tratamiento quirúrgico del miembro gangrenado es irreversible. En la cirugía, siempre cruenta, se vierte sangre y es un procedimiento sumamente traumático, que deja secuelas y del que cuesta recuperarse. Además, no basta una fina hoja de bisturí, se precisan instrumentos mucho más contundentes, como sierras y tijeras. Aunque existan técnicas anestésicas, no es una intervención enteramente indolora, requiere medicamentos potentes en el posoperatorio y el pronóstico es siempre grave e incierto. ¿Y si no se realiza la amputación? En ese caso la infección se extiende por todo el organismo y compromete seriamente la vida del paciente, en este caso nuestro país entero.

Traduzca cada uno como desee esta metáfora en términos reales. Este es un momento grave para  nuestra patria, en el que cada uno podemos preguntarnos qué debemos hacer. En mi caso, atender a los enfermos lo mejor que puedo y sé, y aportar mis reflexiones por si a alguien puedan interesar; firmar todos los manifiestos posibles a nuestros gobernantes (en apoyo a las fuerzas de seguridad, pidiendo la disolución de los mozos, la aplicación del artículo 155, la prisión para los sediciosos que nos han llevado a este penoso momento) y rezar. Rezar para que Jesús nos ilumine a cada uno en este instante doloroso de nuestra historia, que muy pocos podríamos prever, cuando parecía quedar atrás el periodo trágico del terrorismo vasco y lo más agudo de la crisis (aunque incompletamente, porque los verdugos campan a sus anchas y las víctimas son cotidianamente vilipendiadas). Para que nos dé valentía, paciencia, generosidad y esperanza para lo que pueda venir, que preveo no va a ser nada fácil. Quizás se acerquen momentos de prueba para cada uno, habrá que recordar a monseñor Romero y acudir a “la trascendencia, que mira ante todo a Dios y sólo de Dios recibe su esperanza y su fuerza”.

Desde Masaka (Uganda)

Les escribo desde un intertnet cafe en Masaka, Uganda. Tras tres dias de trabajo he venido a la ciudad y me he podido conectar a internet. Es ya mi cuarta vez aqui, en el Kitovu Hospital, y la gente me esperaba, aunque ha habido un fuerte recambio de personal, tanto medicos como personal de enfermeria. Eso es un gran handicap en los hospitales misionales, no pueden consolidar su personal, dado que pagan menos y por lo general se trabaja mas que en los centros publicos. Tal como ocurre en Espanya con los hospitales comarcales, los medicos quieren trabajar en la capital, y es dificil encontrar personal cualificado para las zonas rfurales, de hecho las mas necesitadas.

Es dificil hacerse idea en nuestra sociedad del sufrimiento que a causa de la enfermedad mucha gente soporta aqui, y la estoicidad con que lo hace. Algun dia les hablare del programa que sobre la fistula hay en el hospital, quizas el mas claro ejemplo del sufrimiento que les comento. Cuesta llegar al hospital, cuesta reunir el dinero para pagar los tratamientos y las exploraciones complementarias elementales (laboratorio, RX, ocasionalmente ecografia) que a veces son necesarias, y por todo ello en el momento en que desaparece la fiebre o hay una mejoria, se pide el alta, a veces en condiciones lejos de lo aconsejable, pero en estos anyos me he ido acostumbrando. Aunque cuesta mucho aceptar estas limitaciones en las personas jovenes, por lo general los mas graves. En ellos el SIDA sigue siendo un problema de primera magnitud, aunque hasta ahora he visto menos casos que en anyos pasados. Pero los que llegan resultan todavia devastadores.

Sin embargo, todo el mundo aqui me comenta que el pais mejora, y puedo verlo con facilidad: hay mas vehiculos,mas tiendas en la ciudad, se consume mas … quizas una consecuencia negativa de ello es la gran cantidad de basuras que hay por todas partes, a veces ardiendo incompletamente, formadas mayoritariamente de envases de plastico, que combustionan mal. No parece haber un sistema de disposicion de basuras, de modo que se tiran en cualquier parte. Es un agudo contraste con la belleza del paisaje.

Segun me dicen los companyeros de aqui Uganda atraviesa un periodo de estabilidad, a pesar de problemas cronicos, y en la prensa se habla de que en unos anyos podria ubicarse en el grupo de paises de medianos ingresos (middle income countries). Pero los retos son todavia inmensos.

Por lo demas, he respondido cientos de veces, quizas miles, a los ninyos que me saludan por los caminos agitando la mano y diciendo “mzungu, mzungu” (blanco), c omo ya les he contado otras veces, incluso a veces formando coros. Por cierto, ninguno esta obeso.

Y me acompanayan los olores de Africa, de sus gentes, de la vegetacion, aunque tambien de las basuras, aqui todo es mas acusado, mas vivo quizas, en contraste con nuestro mundo, normalmente inodoro (y quizas tambien un poco insipido).

Recuerdo con preocupacion a nuestro pais, en su propia encrucijada, ahora aprovechare para echar un vistazo a la portada de la prensa espanyola, a ver como van las cosas.

Recen por Uganda y por Espanya, espero poder seguir contandoles cosas de aqui en los dias sucesivos. Un abrazo desde Masaka town, Uganda.

Medicina, Cirugía y la realidad nacional

Cuando la medicina no puede atajar un mal, hay que recurrir a la cirugía. Esto siempre es traumático para el paciente, aun cuando a veces sea la única solución para salvar la vida. Si la infección no ha podido controlarse con antibióticos, hay que amputar el miembro afecto. Siempre te queda la duda y el padecimiento de si se hubiese podido evitar algo tan mutilante como una amputación: si se hubiese atajado antes el proceso (nunca más ajustado el término), si el diagnóstico y el tratamiento hubiesen sido más precoces, más minuciosos, las maniobras terapéuticas más ambiciosas, más atrevidas … Sin embargo, como la realidad manda, el paciente ha de ponerse en manos del cirujano y sufrir el cuchillo. Ocurre lo mismo con la mayor parte de tumores malignos: aun cuando hay medios como la radioterapia y la quimioterapia que curan algunos, en muchos también es necesario acabar operando. En cierto modo, podemos decir que la cirugía es el fracaso de la medicina, pero a veces la única solución.

La medicina nos enseña mucho para la vida, por ejemplo a llamar a las cosas por su nombre, realizar los diagnósticos precisos -aun cuando sean dolorosos para el que los padece y el que los emite- y prescribir un tratamiento, por penoso que resulte. No es difícil establecer un paralelismo entre el proceso médico y nuestra realidad nacional en Cataluña:

– esta situación se ha dejado evolucionar y pudrir durante décadas; por acción u omisión de nuestros gobernantes, generaciones enteras de catalanes han sido instruidas y aleccionadas en el odio a lo español, mediante una pedagogía y una historiografía falseadas y tergiversadas; se han tolerado mentiras, desmanes y atropellos de lo español demasiado tiempo, y ahora ya es tarde. Por dejación, cobardía o intereses espurios de los diversos gobiernos de los diversos colores, no se ha puesto coto efectivo a una manipulación sistemática y torticera de la historia y la sociología, hasta llegar a la situación actual. Lo más grave es que los medios del Estado, que pagamos entre todos los españoles, se han utilizado con estos fines traidores, sin que pueda ahora recuperarse ni un céntimo.

– en este momento la solución ya no es médica, es quirúrgica. No cabe el diálogo con quien desprecia las leyes y los principios elementales de la convivencia, con quien desoye cualquier planteamiento que no sea el propio, desde el absolutismo radical de quien quiere dinamitar los fundamentos que nos han servido en la época más fructífera de nuestra historia reciente. Con quien quiere anexionarse territorio a territorio y desplazar a los divergentes pueblo a pueblo hasta quedarse como dueño del país e imponer su ideología totalitaria.

– no hay que tener miedo de utilizar la fuerza, como el cirujano no tiene miedo de amputar o meter el bisturí, porque lo hace convencido de que busca un bien mayor, aun cuando derrame sangre y produzca dolor o sufrimiento, al menos inicialmente. Respecto a los medios concretos que deben usarse en este momento en Cataluña, simplemente atendiendo al sentido común se me ocurren algunos: sé que no serán agradables para nadie, ni para quien los efectúe, ni para quien los reciba, pero es claro que deberían implementarse cuanto antes; así,  TV3 debería ser intervenida para que deje de ser portavocía de la sedición; los parlamentarios que han quebrantado las leyes deberían ser detenidos y encarcelados en espera de juicio, y los hostigamientos callejeros de alcaldes y políticos no independentistas deberían ser impedidos y reprimidos con firmeza. A medio y largo plazo, el sistema educativo, tanto primaria como secundaria y universidad, deberían ser también intervenidos y los contenidos falsos y antiespañoles bloqueados. Los partidos que preconicen la sedición, la traición y el irrespeto a las leyes, ilegalizados y perseguidos, tal como en su día lo fue Herri Batasuna, aquella formación cuya acción política se basaba en el atentado con bombas, el tiro en la nuca y el amedrentamiento. Y así sucesivamente con las instituciones autonómicas catalanas que han vulnerado las normas y las leyes, se han reído del resto de los españoles y han elegido ignorar y reventar nuestro Estado de Derecho.

Además, deberemos intentar aprender las lecciones del pasado, para que no vuelvan a presentarse situaciones tan tristes y, sobre todo, tan injustas como la actual, en que una parte quiere imponerse violentamente (hasta ahora solamente con violencia verbal, pero no deja de ser violencia) al todo. Porque, de no intervenir quirúrgicamente, la gangrena progresará y acabará infectando todo el organismo. Y entonces ya no es un miembro lo que se pierde, es la vida entera. Estoy convencido de que los españoles no hemos sufrido tanto y nos hemos esforzado tanto en estos últimos decenios para merecer esto.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país.

Este médico, con la Constitución

Nuestro país ha recibido hoy por parte de los secesionistas catalanes el ataque más virulento imaginable desde el 23 de Febrero de 1980, equiparable a los episodios más violentos de nuestra historia reciente. Sin ametrallamiento del techo ni voces airadas, pero igualmente de amenazador para nuestra nación y nuestra democracia.

Por eso no quiero dejar de pronunciarme en favor de nuestra Constitución de 1978 –la primera vez que voté en mi vida-, y de expresar mi apoyo a las autoridades del país en las medidas legales, administrativas y coercitivas que decidan tomar para poner término al desafío secesionista y castigar a los responsables. Ciertamente, como ya he expresado en otras ocasiones, lamento que no lo hayan hecho antes, quizás no nos veríamos ahora en esta tesitura que sería cómica de no ser potencialmente trágica.

Durante estos años en que escribo en este blog, he compartido con ustedes los gozos y las sombras de la vida de un médico que trabaja en un hospital de la sanidad pública muy particular, el Hospital Nacional de Parapléjicos, el único hospital con estas características que existe actualmente en el país. Como en todo hospital, pero más en éste por la peculiar patología de la que se ocupa, nos movemos entre el dolor y la esperanza, entre pequeñas victorias y amargos fracasos. Ser testigo de todo ello y acompañar a mis pacientes en este recorrido de pérdida y rehabilitación es a diario una profunda experiencia médica y humana.

Igualmente podría comentarles que en unos pocos días partiré a Uganda, un país típico de lo que aquí conocemos como “tercer mundo”, y que he visitado varias veces en los últimos años. Cuando esté allí, espero poder contarles, según las posibilidades de acceso a internet, los avatares de mi estancia ahí, pero hoy he preferido, en lugar de narrar más en profundidad hechos del hospital o de la preparación de mi viaje, afrontar la realidad nacional, y eso pasa en este momento por afirmar de forma inequívoca mi apoyo al Gobierno de la Nación y a nuestra Constitución de 1978. Como un ciudadano de buena voluntad más, les invito a pronunciarse en cualquier foro al que tengan acceso a favor de estos mismos valores. Las ideas políticas son legítimas en tanto en cuanto respetan unas reglas del juego que todos nos hemos dado, y cuando se automarginan de este marco, se convierten en atentados directos e implícitamente violentos contra nuestra sociedad y nuestra nación. Hoy, en España, estar contra la Constitución significa cabalmente estar a favor de un auténtico golpe de estado. Yo no puedo estar de acuerdo con unas personas que pretenden aprobar una ley que dinamita nuestra convivencia y he querido expresarlo mediante estas líneas. También he querido así expresar mi solidaridad con los catalanes y españoles de buena voluntad, que asistimos escandalizados y estupefactos a tal demostración de orgullo y desprecio por nuestra democracia

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país.

Pobre Barcelona, pobre Cataluña, pobre España

Pobre Barcelona, desgarrada por la violencia terrorista. Descuidada por quien dice amarla, pero que en realidad no la ha protegido del terror, “para mantener la libertad”, decía. La ciudad donde aprendí el arte de la medicina interna, donde viven amigos muy queridos, donde gocé y sufrí, lloré y reí, trabajé y descansé, y que hoy está en manos de personas que acusan a otras para justificar la propia incompetencia.

Pobre Cataluña, la tierra de mis abuelos maternos, de mi madre, de mis tíos, donde vive parte de mi familia más querida, hoy bajo el control de delincuentes y sediciosos. Una región respetada, apreciada, antes ejemplar en el trabajo y el ocio, y que hoy nos provoca náusea, indignación y hastío.

Pobre España, en manos de políticos que ignoran por completo lo que monseñor Romero llamó “el bien común del pueblo”, que han antepuesto sus intereses personales y de clase a cualquier otro criterio, que han convertido la lucha política honrada en un circo y un sainete, sin altura de miras ni de debate. Con un gobierno que ha hecho omisión de sus deberes sagrados, que ha dejado que los ciudadanos catalanes y españoles honrados vivan en la decepción y la amargura, todo por evitar un conflicto inevitable; y con una oposición desleal cuando no prosediciosa, cuyo único objetivo es destruir uno a uno todos los logros que nos hemos dado en los últimos cuarenta años con tal de imponer su ideología sobre el país.

Sobre este país de mártires y santos, de poetas y guerreros, de gente cabal que se preocupa por los demás y cuida de los suyos, soy testigo de todo ello -y desdichadamente también de lo anterior- en este hospital donde intentan salir adelante y rehacer su vida personas que han sufrido una de las condiciones más devastadoras que pueden acontecerle al ser humano después de la propia muerte: la lesión medular alta, que paraliza del cuello para abajo; a pesar de ello, hay quien sueña con volver a trabajar, retornar a su domicilio, rehacer su vida con sus seres queridos. Es un agudo y doloroso contraste lo que veo aquí -esfuerzo, sacrificio, generosidad, entrega sin límites- con lo que leo en la prensa y escucho en la radio y la tele.

Por eso entono este lamento por mi país, porque creo que merecemos una suerte mejor y unos gobernantes mejores, y rezo para que todo ello venga algún día. Mientras tanto, recen por los enfermos y por quienes les cuidamos. Y por España.

Un país que se equivocó (y debe rectificar)

Se reconoce en psicología que las personas tenemos derecho a equivocarnos (y rectificar, si se puede), como base para el crecimiento personal. Es posible que eso sea aplicable también a los países. Como sanitario que siempre ha trabajado en la sanidad pública, mi visión es que este país nuestro se equivocó al estructurar un sistema sanitario transferido a las autonomías. Tenemos una sanidad que es ejemplar, de una capacidad y eficacia contrastadas (básicamente a expensas del esfuerzo de unos profesionales mal pagados), pero -aunque nadie lo admite claramente- que es económicamente insostenible a largo plazo. Uno de los problemas principales es que existen 17 sistemas sanitarios diferentes, y eso supone una burocratización que repercute en la sosteniblidad, el funcionamiento y la equidad. Mientras que en tiempos del INSALUD menos de cien personas coordinaban el conjunto de centros de salud y hospitales del país, ahora existen decenas de miles de funcionarios prácticamente para lo mismo, además de cientos y cientos de cargos de tipo político, muchos de ellos sin cualificación suficiente para el cargo que ocupan. Esto es aplicable a la sanidad, pero también a otros muchos aspectos de la vida pública: la educación (que nunca debió de dejar de estar a cargo de un gobierno central), la agricultura, la industria …hablo de la sanidad porque es el campo que conozco.

Este país apostó por una descentralización tras décadas de un estado centralista, fue una exigencia del momento y se hizo con buena voluntad, creyendo que los problemas se resolvían mejor a nivel local, pero esta decisión se ha revelado un error garrafal. Es un error que debiéramos rectificar. Debe haber un sistema sanitario nacional, una tarjeta sanitaria nacional que elimine la burocracia en la percepción de los servicios sanitarios, un ministerio de sanidad que decida y coordine a las comunidades autónomas, y se deben eliminar los cientos y miles de cargos intermedios que suponen un gasto innecesario e inasumible. Quizás si hubiese existido un sistema centralizado no se hubiese autorizado la construcción de centros de salud y hospitales en el mejor de los casos faraónicos, en el peor innecesarios (eso sí, todo hecho sub Angelum lucis, como explicaba San Ignacio sobre la forma en que el mal se disfrazaba para actuar). Sin embargo, no creo que en mi periodo vital se rectifique este error, que pagaremos durante generaciones. Al menos, que no quede por mi parte el denunciarlo.

Otro día les pongo ejemplos concretos de todos los puntos anteriores tal como ocurren en mi hospital. Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.

Miguel Ángel, hermano, no te olvidamos

 imagen MA Blanco

Ay, canto qué mal me sales cuando tengo que cantar espanto.

Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.”

(Fragmento del poema que Víctor Jara compuso en el Estadio Chile y se sacó de forma clandestina; el cadáver del cantor fue encontrado, baleado y con espantosas heridas, al lado de la tapia del cementerio del barrio de San Miguel, el 16 de Septiembre de 1973).

¿Qué has hecho? Clama la sangre de tu hermano, y su grito me llega desde la tierra.” (Gen 4, 10)

Estos dos textos resumen mis sentimientos 20 años después del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. Nunca había escrito sobre aquellos hechos sobrecogedores, aunque mis recuerdos (como seguramente los de muchos de ustedes) son muy vívidos. Me hablan de dolor, rabia e impotencia durante aquellas horas angustiosas, en que un país contuvo el aliento en espera de un desenlace que muchos sabíamos fatal, porque cuando una fiera sanguinaria cobra una pieza, jamás la suelta. Fueron días de manifestaciones, vigilias, llantos y miedo, de una movilización sin precedentes contra ETA de la que enseguida se apearon los que se habían subido al tren a su pesar: muchos peneuvistas, algunos socialistas (exactamente como ahora).

Hoy me pregunto qué queda de aquello y, en realidad, me pregunto por qué escribo si no lo había hecho en 20 años. Simplemente, porque no puedo tolerar que la verdad se violente ni que se intente reescribir nuestra historia, y me sobrecoge lo que veo y lo que escucho: alcaldes que se niegan a realizar un homenaje, gente que se sigue alegrando de la muerte de aquel pobre muchacho, políticos que no condenaron entonces ni condenan ahora, parlamentarios, concejales, presidentes de comunidades autónomas … Por eso rescato el fragmento de Víctor Jara, y me produce espanto recordar y sobre todo me produce espanto lo que veo y oigo. Porque no hay preverdad ni posverdad, sólo hay verdad y mentira. Hubo victimarios y hubo víctimas. Hubo torturadores y hubo torturados. Hubo verdugos y hubo ajusticiados. Hubo políticos (“con corazón de hielo”, como los definió Mayte Pagazaurtundúa) y ciudadanos, vascos y no vascos, que no condenaron entonces ni condenan ahora, que fueron conniventes con ETA y que perpetúan su ideología, sus actitudes y sus fines. Hubo un asesinado y uno de los autores (Txapote) incluso ha tenido hijos en prisión, ignoro si hijos del amor, ciertamente hijos del mal. Hubo unas personas -y las hay hoy en día- que crearon lo que monseñor Romero denominó “el reino del demonio”: los que secuestraron, torturaron y asesinaron; los apóstoles de la bomba debajo del coche y los tiros en la cabeza, así como los que les jaleaban y jalean. Hoy no matan, pero apalean guardias civiles, insultan, amedrentan y amenazan.

Y lo triste es que hoy lloramos y recordamos a Miguel Ángel, pero quedan en el olvido decenas y centenares de “víctimas silenciosas”: policías y guardias civiles, humildes concejales, empresarios y trabajadores, personas cobardemente asesinadas, enterradas a toda prisa, sin homenaje ni recuerdo alguno, cuyas tumbas aparecían cotidianamente pintarrajeadas y mancilladas, de modo que sus deudos (como la familia de Miguel Ángel) han acabado por trasladar sus restos a otros cementerios (de Galicia, de Extremadura), donde por lo menos puedan descansar en paz y su memoria ser honrada.

Todo eso hubo, y todo eso hay: un país que debe recordar la verdad, por justicia y respeto a las víctimas y familiares pero sobre todo para no repetir los errores del pasado. Para aprestarse a defender lo conseguido, porque los etarras ya no matan, pero siguen presentes entre nosotros. Hay entre nosotros quienes quieren llegar al poder a cualquier precio para imponer un régimen similar al que deseaban los criminales, aunque sea costa de sangre y de dolor. Quienes afirman que no hubo víctimas, sino daños colaterales. Quienes quieren destrozar la patria, sin importar las leyes ni el derecho, hasta imponer su forma de ver la sociedad y quedarse solos en el país, aunque eso suponga el fin de las libertades y el empobrecimiento de todos.

Por eso escribo, porque quizás muchos estamos dispuestos a defender a España y lo que hemos conquistado, por imperfecto que todo ello sea (libertades, una Constitución, unas normas de convivencia). Personas que se preguntan si el gobierno actual (aun siendo quizás el menos malo de los posibles) está haciendo lo suficiente, dado que muchos ciudadanos de bien (en el País Vasco, en Cataluña) se sienten abandonados y carecen de apoyos concretos en circunstancias difíciles, tal vez por ahora sin temor por sus vidas o sus propiedades, pero sí por su lugar en la sociedad y su libertad para expresarse en tranquilidad y paz. Por eso hoy no puedo callarme y he decidido escribir.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país donde la verdad se ve día a día traicionada.

El presidente que anuncia lo que no puede y no contesta una carta

Hace unos meses, el presidente de Castilla la Mancha envió a los ciudadanos una carta anunciando el comienzo del cribado del cáncer de colon. Lo hizo con gran fanfarria mediática, con cobertura de la prensa y la televisión local, con declaraciones grandilocuentes sobre lo mucho que iba a mejorar la salud de los castellano-manchegos con esta medida. Ahora, un año después, no sabemos en qué quedó aquello, pero sí sabemos que el señor presidente de esta comunidad autónoma no contesta la carta de un ciudadano consciente que le ha pedido explicaciones. Les transcribo esta carta sin respuesta, que me ha hecho llegar el interesado (cuyo nombre omito y a quien le comenté cuánta razón tenía y cuan cándida era su misiva):

A

De:

Toledo

: D Emiliano García-Page Sánchez,
Presidente de Castilla la Mancha

Plaza del Conde, 2

45001 Toledo.

22 de mayo de 2017

Estimado Don Emiliano García-Page Sánchez

PROGRAMA DE PREVENCIÓN DE CÁNCER DE COLON Y RECTO (PPCCR)

Hace casi un año recibí una carta de Vd. sobre el tema arriba mencionado, copia adjunta.

Me interesa mucho participar en dicho programa, ya que murieron de cáncer de colon tanto mi padre, mi abuela paterna (con solo 45 años) como mi abuelo paterno. Entiendo que hay tendencias genéticas a sufrir el CCR, y estoy en la categoría prioritaria de edad, teniendo 65 años.

Dicho eso, lamento observar que NO he recibido ninguna notificación desde su carta original.

¿Puede confirmarme que el programa sigue activa?

Muy atentamente

XXXX

DNI XXX

Hay que decir que el ciudadano viene de otro país europeo, donde a los políticos se les pueden pedir explicaciones personales de lo que prometen y no cumplen, y ha pensado -cándidamente- que en España podía hacerse igual. A fecha de hoy, un mes después, no ha obtenido respuesta alguna. Y podemos preguntarnos ¿por qué? Porque el Sr. García-Page (y su consejero de sanidad, y su gerente del sistema sanitario público) anunció algo que no podía cumplir sin hablar antes con los profesionales hospitalarios implicados; y lo hizo por pura política, porque una medida de salud pública -justificada o no- no puede implementarse sin presupuesto y sin consenso, y por eso ha fracasado, generando unas expectativas -como en este ciudadano cabal- que ahora quedan defraudadas. He querido contárselo porque este buen hombre me ha hecho llegar sus preocupaciones, pensando en una colonoscopia que necesita, que le anunciaron y de la que ahora nadie sabe dar razón. Sería interesante saber cuántos asesores y cuántos funcionarios están dedicados y viven de este programa que se presntó a bombo y platillo y parece haber llegado a ninguna parte, en aras de una transparencia que este mismo político utilizó como leitmotif de su campaña electoral. Por cierto, el Sr. consejero de sanidad de esta misma comunidad autónoma tampoco ha tenido a bien contestar a la solicitud de entrevista que repetidamente ha solicitado la asociación de profesionales y usuarios del Hospital Nacional de Parapléjicos, para poner en su conocimiento circunstancias desdichadas de nuestro centro. Se ve que el gobierno actual de esta comunidad autónoma tiene como norma no atender las solicitudes que les hacen los ciudadanos.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.

La muerte de un joven

Javier -así se llamaba el muchacho de quien escribía en la última entrada- murió pocas horas después. Se marchó en paz, su padre y una prima muy querida estaban con él cuando su vida se apagó, al punto llegaron el resto de familiares. Dejó tras de sí tristeza y llanto inconsolables, como no podía ser de otra manera, una ausencia que parece insuperable. El dolor se vio tamizado por la compañía numerosísima en el cementerio, en el funeral y el entierro. Conmovía ver las lágrimas de familiares y amigos, la mayoría gente muy joven, posiblemente para muchos de ellos era el primer contacto con la muerte. Un muchacho que era entrenador de balonmano de diversos equipos, de diversas edades, que le lloraban y despedían con un cariño que hablaba de lo mucho que lo habían apreciado en vida y lo dolorosa que les resultaba su muerte.

Ahora, sólo queda el silencio. La ausencia. El recuerdo de otros tiempos que aflora a cada momento, parece ocuparlo todo y provoca tanto dolor que se convierte en insoportable, hasta que se alivia temporalmente con el sueño. De poco sirve pensar que, como cristianos, no creemos en la muerte sin resurrección, aun cuando no sepamos en qué consiste ésta. Es el momento de la fe desnuda, desprovista de toda razón, que se lanza a la negrura y pregunta, como Jesús en la cruz, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado”. Cuando el Padre ya no está, ni se le percibe ni se le espera, cuando todas las experiencias previas de un Dios fiel no resultan de ayuda, cuando nada ni nadie parece que puedan aliviar el dolor. Quizás sólo queda pensar en Jesús crucificado -queda todavía próximo el recuerdo de la semana santa, ahora instalada en un Viernes Santo permanente- , que conoció antes que nosotros el abismo al que hemos sido arrojados, de forma todavía más dolorosa e injusta, porque no es lo mismo morir en una cama rodeado del cariño de los tuyos que en un instrumento de tortura, abandonado y maldito, aunque eso sirva ahora de poco consuelo a esta familia por la que rezo y lloro.

No quiero dejar de mencionar lo que vi la tarde de la muerte de Javier en el hospital donde le trataban (La Princesa de Madrid). Un personal sanitario que abrazó y lloró con los padres, de todos los estamentos profesionales: el joven médico que le atendía, enfermeras, auxiliares. Eso dice mucho de su calidad humana, mucho más allá de una profesionalidad que han demostrado durante estos duros años, en los repetidos ingresos hospitalarios, las tandas de quimioterapia, los trasplantes de médula. Como médico, he aprendido que el factor humano hace más llevadera la peor de las situaciones, y apenas puedo imaginar una peor que ésta.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.

La enfermedad de un joven

La enfermedad se presenta de repente, cuando menos la esperamos. No habíamos contado con que pudiese ocurrir. En el caso de la gente mayor, lo cierto es que resulta algo casi previsible, antes o después los órganos se agotan, se averían, y aparecen los síntomas. Pero en el caso de las personas jóvenes, con toda la vida por delante, con proyectos, enfermar resulta mucho más duro. Además, por lo general las enfermedades en la gente joven siempre son graves: cánceres sanguíneos, tumores cerebrales, enfermedades autoinmunes … la gente joven tiene ganas de vivir, le queda todo por disfrutar y descubrir en la vida, el amor, una vocación, un trabajo … y se aferran a ella con todas sus fuerzas. Por eso es tan terriblemente duro verles morir, resulta tan desgarrador ver que se van apagando, que la vida se les escapa, que se acercan a su agonía, casi siempre penosa de contemplar y dolorosa de acompañar. Se me rompe el alma al ver a un padre coger la mano de su hijo moribundo, preocupándose por el menor síntoma, esperando quizás un milagro… Se me llenan los ojos de lágrimas por esa vida que se apaga y por el sufrimiento que intuyo espera a la familia. Quisiera poder ayudar de algún modo, pero no se me ocurre ninguno. Me conforta pensar en los amigos que acuden de todas partes para mostrar su dolor y su cercanía, en la familia que se intenta reconfortar en este trance. Intento recordar que, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección, aunque no sepa cómo sea ésta. Y que el muchacho renacerá a una vida mejor, más plena, una vida en el espíritu que nos anunció el Padre de Jesús. Pero me temo que creer eso no ayuda mucho a los más cercanos que quedan aquí.

David Werner lo formuló muy certeramente: ´”las personas que han vivido plenamente, por lo general, no le tienen miedo a la muerte: al fin y al cabo, es la forma natural de terminar la vida. Sin embargo, hay quien teme abandonar el mundo que conoce”.  Yo añado que una persona joven nunca quiere abandonarlo, a menos que la vida le suponga un sufrimiento insoportable y se suicide, pero para eso hay que estar muy enfermo, y no es el caso de la mayoría. Ciertamente no es el caso de la persona en quien tengo ahora mi pensamiento, un muchacho que quería vivir y que quería hacer un montón de cosas en esta vida.

Lamento transmitirles tristeza, pero ayer visité no como médico sino como amigo al hijo de unos amigos que se está muriendo y me golpeó todo el sufrimiento que vi. Por lo general suelo ser estar acostumbrado a estas situaciones, hace ya muchos años que ejerzo y uno se hace a casi todo, pero hay veces en que se está más sensible, o las defensas están más débiles, quién sabe. Quiero creer que el Dios cristiano lo abrazará amorosamente cuando marche de este mundo que conocemos, como su madre lo abrazó con toda ilusión cuando nació. Y ojalá entre todos podamos consolar a los vivos.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.