Una tentación realmente bárbara

barbara-reyDe lo de Bárbara y el monarca hoy emérito lleva hablándose hace por lo menos un cuarto de siglo: así, en pequeños círculos, que se iban agrandando, en un boca a boca que como un runrún bajaba de palacio a las tabernas de la plebe, pasando por los círculos generalmente bien informados. De lo de Bárbara y de lo de otras mujeres de hermosa presencia física y suficiente resonancia social, hasta llegar a Corina. Yo mismo me recuerdo yendo con esa mercancía a mis amigos y allegados hace toneladas de años; pero esas cosas quedaban envueltas en una cierta neblina de irrealidad, un sí es no es, entre la puñetera envidia y la quimera, entre la lujuria y la calumnia. ”Lo siento, me equivoqué, no volverá a ocurrir”. La leyenda de la bragueta fácil de los Borbones es antigua y acreditada y este pueblo no es de natural pudoroso ni inquisidor con los asuntos de ingles, de manera que la pérdida del estado de gracia de don Juan Carlos vino antes por el elefante abatido en África que por las piernas nobilísimas de Corina, coincidiendo todo ello con un clima de sospecha general del que ya no pudo escapar el rey.

Lo de Bárbara es otra cosa. Lo de María García García, familiarmente conocida como Marita, natural de Totana, Murcia, 66 años, y rebautizada para la gloria de las variedades como Rey es asunto hecho de noche y alevosía, de corazón de piedra y frialdad glacial. Acostarse con el rey no es en el fondo un tema de mayor alcance y de ello podrían dar cuenta otras mujeres del famoserío nacional que también han pasado por la cama del don Juan de palacio. Tráfico de lujurias y vanidades, del que no queda nada más allá de la memoria íntima de los protagonistas. El factor diferencial en el caso Bárbara es el chantaje, eso es lo realmente bárbaro de este cuento. Esta señora, de palmarés largo, casi infinito, como sus piernas, vino a Madrid muy consciente de las prendas que atesoraba, con las ideas claras y la cintura fácil. Quienes se sorprenden de cuestiones como la que se ventila estos días en los digitales tendrían que preguntarse si Bárbara Rey lleva una vida viviendo en un chalet de lujo en La Moraleja gracias a los beneficios sacados de sus películas y canciones, si acaso completados con lo que le quedó de su aventura en el circo con el pobre Ángel Cristo. Que Bárbara tiene pocos escrúpulos no necesita de mucha explicación, que quizá tampoco ha tenido demasiada cabeza al entrar a lidiar con los Servicios Secretos del Estado parece también palmario. La bella de Totana se arriesgó en su día, tal vez, a aparecer en una cuneta como una muñeca rota.

En este cuento del rey y la Rey me gustaría que nos retratáramos todos. Yo, el primero. Las señoras pueden cambiar a Bárbara por un objeto de su deseo, no sé Clooney, quien quieran. Si se me permite la licencia voy a otorgar a Bárbara el papel del demonio. Pareciera que cuando se habla de tentaciones nos imagináramos a un diablo horrible con rabo. Ese demonio no se llevaría al huerto a nadie. Hay que ponerse en la tesitura, no sé, finales de los 70, años 80, aquella mujer colosal, con curvas como una autopista del deseo, todo sexo. Que cada cual secretamente considere si hubiera resistido la tentación. Demos en imaginar que el monarca hoy emérito descubrió de pronto, marcada en el trasero de la vedette la cifra mágica, 666.

Y luego lo buena que estaba. Lo mala que era.

14 Responses to “Una tentación realmente bárbara”

  1. La historia es vieja. Como la monarquía de don Juan Carlos. Como la monarquía. La historia ya no mueve molinos ni aspavienta deseos. Puro costumbrismo podre. La vieja Bárbara, arrugada como su moral provinciana, es miseria de un tiempo que se nos fue. Y el monarca, ese pobre fantoche sin fantasía. Qué lindas calcamonías, qué carcoma, que hastío!

  2. Se me da un ardite esos devaneos, esos personajes. Claro que lo de pagarles unos polvos no está nada bien. Repaso las Sagradas Escrituras. Los Proverbios c.31, v.4, dicen: “No es cosa de reyes beber vino; ni de los magistrados, el licor. No sea que bebiendo olviden lo que se ha decretado y perviertan el derecho de todos los afligidos”. Además de vino, mujeres.

  3. ¡Qué impresiónante -por dura- la intervención de Ana R! No cabe decir nada más después de eso, aunque el cuerpo me pida defender (tal vez es piedad) a ese rey viejo y agotado, tratado con severidad extrema ahora que la monarquía ya no nos hace ilusión. Se acabarán olvidando del todo los tiempos buenos, la estabilidad política, el buen nombre internacional de nuestro país, después de tantos años de oscuridad, las decisiones bien tomadas… No sé si fue tan mísero ese tiempo que se nos fue como amenaza serlo el que vivimos ahora, con un rey que tampoco parece creer mucho en la monarquía y es tan tan prudente que uno no se lo imagina ni tirando un papel al suelo. Le tengo afecto a Juan Carlos, si, y bastante antipatía a la chantajista, aunque se de primera mano (la conocì) que es una mujer simpáticona y sincera.

    Escribe usted muy bien, Ana R, qué lástima que se prodigue tan poquito.

  4. Lo que me escsndsliza realmente ,no es el adulterio manifiesto del Rey de España ( nadie esperaría otra cosa de un Borbón) ,por mí puede acostarse con quien quiera,incluída la cabra de la Legión.Lo que me escandaliza es que se hable tanto de cuernos y tan poco de que los hayamos pagado los españoles,que a esa señora (¿y a cuantas más,teniendo en cuenta que hasta le ha alojado a una,incluído servicio de seguridad en un babellon propiedad del Estado?) 500 millones de las antiguas pesetas, en aquellos años,es un pastón.Un robo al pueblo.Una estafa real.Hemos sido representados en el mundo entero por un crápula,inculto,campechanamente mal educado,con costumbres de rey medieval comisionista de negocios de Estado…En fin una joya…¡ y sólo se habla de los cuernos que le puso a Sofía!

  5. Y bastante cara esta bárbara tentación pagada por tod@s !!

  6. Colosal post de Tirado. El mejor Tirado escribiendo es el que, como música de fondo, suena Francisco Umbral. Y aquí suena. Sólo como música de fondo, como en esa sensacional película que se acaba de estrenar: ‘La, La, Land’. Y al asunto. Recuerdo el debut de Bárbara Rey en TVE en un programa musical, que se emitía los sábados por la noche, que presentaba junto a Bobby Deglané. Ahí es nada. El maestro decía: “Bárbara, que está Bárbara…”. Nunca me gustó Bárbara Rey. Únicamente me pareció algo atractiva en un reportaje que Interviú publicó en 2006, en el que mostró cierto esplendor de mujer madura en tanga negro. Pero en 1981 hice un reportaje sobre el circo, para el ‘ABC’, y al finalizar la función etrevisté a Ángel Cristo, que se había jugado la vida con los leones, mientras Bárbara Rey contaba, sentada a nuestro lado, uno a uno, los billetes de la recaudación de esa tarde en la taquilla. A Bárbara, pues, le han gustado siempre los hombres que huelen a tigre o a billetes. En definitiva, esta mujer me da un poco de asco. Magnífico post, Tirado, insisto.

  7. Leo ahora los comentarios dejados en el blog y suscribo abiertamente el de Doña Perfecta. Un respeto para el reinado de Don Juan Carlos, a su actuación política, a la España que modernizó, al golpe del que nos salvó, aunque su legado final ha sido terrible. Y a la ambiciosa Bárbara se le notaba de chiquita de lo que iba. Por eso se puso el apellido que se puso: Rey La Historia, con todo, ha empequeñecido a Don Juan Carlos, y ha hecho grande a Doña Sofía. Me alegro muchísimo. He coincidido con Dola Sofía dos veces, y las dos en conciertos de música -de los que yo tenía que escribir-. Qué diferencia la estética musical en la que se ha movido la Reina, y la estética castrense del Rey (eméritos). Y don Juan Carlos con una amiga que olía al tigre del marido. Una pena esa tradicional falta de contención borbónica, sí.

  8. Es un robo a todos los españoles

  9. A Cebolla no le gusta Bárbara. A Macaón, el bíblico-mitológico, tampoco. Entiendo que no es del gusto de doña Perfecta, si bien ni ella ni las demás comentaristas dejan constancia de sus gustos. A Perfecto, mi gemelo, le mientas a Bárbara y le da la vomitona. ¿Y a quién coño le gusta Bárbara entonces? ¿Solo al Rey y a mí? Tirado da a entender que sí, que a él le pone. Bien, de manera que sólo a tres españoles de los que leen y escriben en este blog nos gusta Bárbara Rey. ¿Tan extraviado tenemos el gusto? ¿En qué conste esto? ¿Está buena o no está buena la señora Rey? Y a otro perro con asuntos de moralinas y melindres eticomentodo. Aquí hablamos de lo que hablamos. Y lo que yo digo, piensen lo que que piensen el Cebolla, Macaón y Don Perfecto es que Bárbara está bárbara. Estaba y sigue estándolo, qué conste. Y mire usted, Madriles, bendito olor a tigre. Hay hombres a los que nos gusta la mujer que huele a tigre y polvo de talco.

  10. Me acusa usted, Gerundio, de no pronunciarme respecto a la vedette. De que no explico si me gusta o no ¿Qué espera usted que sienta o piense una mujer heterosexual de una congénere que está buena, hasta ahí llegamos todos, y poco más? “Aquí hablamos de lo que hablamos…”, dice Gerudio. Pues ya está todo dicho. Sin el tirón sexual de ese cuerpo extraordinario (bastante ajado ya, seamos sinceros) no se qué coño añadir, y nunca mejor dicho: Señora buenorra, paletorra donde las haya, rayana en lo muy gañán, engatusa a un Borbón despistao, semigañán a su vez, aburrido, casado medio a la fuerza con una señora que no se la pone (me van a perdonar, pero ya que estamos metidos en harina lo diré), que no se la pone dura. Una exquisita feucha y diría que frígida, aunque inteligente, responsable y tal… Es que no da más de sí el asunto, mis muy estimados. El gusto de la tal Bárbara a la hora de casarse tiene muchos bemoles, por cierto. De ser ella, me habría liado con los tigres a la menor de cambio (y no digo que no lo sospeche)

  11. Vayamos al grano, en cuestiones del corazon, de sentimientos del amor, es inutil los rodeos, las evasivas, o las medioverdades que no conducen a nada. Yo también en aquellos tiempos fuí la amante.

    No me pidais descripciones detalladas, ¿empezó en verano o en invierno,? fué en verano, posiblemente a finales, recuerdo que se empezaba a oler el otoño próximo.

    Le conocí una noche en Palma a la salidad de algún restaurante de lujo cerca del Paseo Maritimo. Me lo presentó Mr. Kantner del que yo era más que amiga en aquellos dias.

    Le veo, cuando le saludé, con una chaqueta blanca confeccionada, posiblemente, por Huntsman, y sus zapatos Churchs inmaculados y brillantes. Me tendió la mano dejandome el aroma de su colonia Dr. Arlington para el resto de la noche.

    Me impresionó, o mejor, me gusto su mirada, era una mirada acostumbrada a apresar como un imán invisible las voluntades de los demás. (Mirar es tan importante….. debes clasificar a las personas según su forma de mirar, me dijo una profesora de bachillerato una tarde lluviosa y machediana hace muchos años, ¿y con que criterios las clasifico? le pregunté dos veces, pero nunca me contestó, me sonrio como se sonrie a alquien bastante ingenuo).

    Tampoco espereis que os cuente secretos escandalosos o intimos, solo me referire al primer regalo, no el más valioso, un conejito de peluche blanco, que le bautizamos con el nombre de Sigrid. ¿Acaso como recuerdo infantil a la novia de Capitán Trueno?.

    Sus mensajes posteriores, en clave para quedar, eran:
    “Esperame junto a Sigrid”.

    En algún momento, ¿o fué la culminación de muchos momentos?, decidimos crear El Batallon de Voluntarios del Amor del que nosotros fuimos los primeros oficiales, y gritabamos , y cantabamos y deciamos tantas estupideces, que ahora años despues me averguenzo recordar.

    Tampoco os pienso decir, me niego rotundamente, aunque sea someramente, “como lo haciamos”, ni si era habil o torpe, rapido o lento, me parece soez y la educación, por su puesto la buena, en todo momento debe actuar, pero os diré creo que con eso no rompo ningún secreto, que lo mejor eran sus abrazos, tanto de bienvenida, como de despedida (es otro debate distinguir si el de bienvenida se diferencia sustancialmente del de despedida, pido que abra el amigo Tirado un hilo de abrazos, de saludos, de adioses, de hasta luegos o de hasta la próxima. Palabras acompañadas de gestos reflejos que se repiten una y otra vez, vacios y a la vez tan distintos) acompañados con aquellos besos tan geometricos, tan calculados en el milimetro que eran una perfecta estrategia de placer.

    Pero vayamos al grano, no disertemos más, debo decir, o declarar o manifestar que yo fui la amante de A.C., el gran domador.

  12. ¡Qué bueno!

  13. ¿Yoqierosergraceslik?

  14. Me he quedado boquiabierto con la historia de la grasekelli. Señora, sensacional, y me ha dejado patidifuso. Francamente estaba convencido que su historia, tan bien contada, había sido con el rey emérito. Ni se me hubiera ocurrido pensar en Ángel Cristo. Por cierto que acabo de leer que esta señora recibía a don Juan Carlos en minifalda y sin bragas. Un escándalo. Pero, ¿a quién le amargaría un dulce? Esta es la historia en cuestión.

    http://www.vozpopuli.com/gritos/Barbara-Rey-Don-Juan-Carlos_0_992901803.html

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