Malvenido Mr. Trump. Colaboración especial de Pilar Pineda

descargaCuando Ronald Reagan abandonó la Casa Blanca, en 1989, tuve la tentación de enviarle una carta, y si no lo hice fue porque no supe a dónde, puesto que precisamente en la Casa Blanca ya no estaba. Quería expresarle mi gratitud, mitad sincera, mitad irónica, por los momentazos mediáticos con que nos había obsequiado, y dejar claro que, con ser un tipo odioso en lo político, en lo personal me resultaban entrañables su perfil de vaquero expresionista (en muchos moteles y bares de carretera de Estados Unidos cuelgan tíos así, dibujados en neón con revolver y sombrero) y su falsa candidez de paleto perdido en la ciudad, más parecido a esos turistas ancianos de sandalias y gorrito que a un superstar de la política norteamericana y por ende mundial.
       De su sucesor, y del sucesor del sucesor, no puedo decir nada amable, aunque también soy capaz de encontrar, con grandes dificultades en los dos casos, un atisbo de piedad eximente, el equivalente perdonador a ese punto de contrición de que hablaba el Tenorio. De Bush padre apenas recuerdo otra cosa que aquella pota memorable que soltó en un banquete ofrecido por el gobierno chino. Hay otras formas de decir a a opinión pública que no te gusta la comida china, pero el tiró por la calle de enmedio y seguro que se quedó tan a gusto. De Bush hijo, por no abrir el aterrador avispero que sabemos (y que estamos pagando tan caro) sólo destacaré el  pésimo gusto que tuvo para hacer amigos españoles, con la gente tan maja y tan presentable que hay en mi país. En fin, que por más que miro hacia atrás, no encuentro a ningún presidente de ese país que no se merezca siquiera un segundo de involuntaria simpatía, de empatía elemental o,  al menos de clemencia. Nada que ver con esto.
       “Esto”, con “o”, no es ya un error de la democracia norteamericana ni de su sistema electoral, sino de la evolución. Los humanos de hoy tenemos algo en la mirada que nos diferencia de los saurios, los reptiles, los selacimorfos… Los ojos humanos expresan. Lo que sea, pero comunican algo; dejan reconocer, tras la inquietante semitransparencia del fondo blanquecino y la pupila de color, una respuesta del alma, un interior palpitante y actuante. No es el caso de nuestro hombre, que no lleva nada, pero nada de nada, debajo de esas dos cejas, teñidas y maquilladas como para el reality del que nunca debió salir. No habla con los ojos, no interioriza, no procesa lo que vé, ni devuelve el imprescindible feed-back de quien ha dejado pasar la realidad a su cerebro y deja allí, cociéndose, su particular interpretación. Tampoco se expresa con los músculos de la cara, como hace todo el mundo, sino que se limita a activar el modo sonrisa o el modo enervado con indiferencia mecánica, con desprecio total del significado de cada cosa. Los expertos en lenguaje no verbal ya señalaron ese déficit de simpatía, la nula intención de seducir con el encanto y sí de amenazar con la hostilidad y el miedo. “Dos expresiones faciales que deben ser fuertemente evitadas, aunque el no lo hace, son la repugnancia y el desprecio Donald Trump muestra desprecio y desagrado mucho más a menudo de lo que debería, y más que cualquier candidato presidencial americano desde el advenimiento de la televisión. Esto reforzará la satisfacción de sus votantes, a los votantes, pero acentuará la animosidad de sus detractores”. No sé si cabe, a los pocos días de su toma de posesión, mayor animosidad.
       ¿Y qué decir de la voz? Es proverbial la llanura monocorde de los dictadores, la pesadez rítmica, la ausencia de color, calor, movimiento, sentimiento, énfasis… “America-great- again”, tres zafios martillazos en la mesa repetidos como un mantra torvo, maligno, desafiante y fanfarrón. América nunca ha sido tan grande como cuando sus hijos, nacidos allí o no, han mirado con altruismo y piedad a los que sufrían miseria y marginación, y les han ofrecido manos generosas y leyes justas. A estas horas, según acabo esta modesta y absolutamente pesimista impresión escrita, ciudadanos decentes que volvían de sus países, Iraq, Yemen, etc…. se han encontrado de buenas a primeras, no con advertencias o restricciones legislativas, sino con que no pueden -¡no pueden!- volver a sus casas y ver de nuevo a sus familias. Sólo un botón, de una lista que sabrá Dios, y nosotros, por desgracia, cuándo y dónde se detiene.
       ¿Debo seguir, continuar esforzándome para acertar con los adjetivos adecuados, para expresar tantas ideas tristes y envenenadas como me rondan por la cabeza?  De verdad que lo siento, pero no puedo. No tengo ya palabras. Malvenido, Mr. Trump. O más exactamente, mal nacido.

14 Responses to “Malvenido Mr. Trump. Colaboración especial de Pilar Pineda”

  1. Poco que decir, que ya lo dice todo el escrito leído. El Trump o el Trampas se verá cogido en su propio idem y él tendrá su ajustador de cuentas a su momento.

  2. Pues esto me temo que no es nada para lo que nos queda por ver. Miedo me da el futuro!!

  3. Una descripción pulcra y señalando acertadamente los precedentes. No ha sido la diplomacia el atributo exhibido por este millonario, precisamente. El problema de la retórica empleada por Mister Trump, es que en esos benditos estados hay millones y millones de licencias de armas. Y la desesperación…es muy mala. Tan mala como la exaltación patriótica exacerbada. Da muy mala espina, Mister Trump. Parece de esos que revuelven el río para pescar… Mucho ojo con los ríos demasiado revueltos, si se desbocan.

  4. Y graznó el cuervo causando temor entre los hombres. Los ojos humanos expresan, nos dice la señorita Pineda, pues sí, y hay hombres que en cuanto abren los ojos manchan con la mirada. No sé si es cierto el repetido dicho de que toda nación tiene los gobernantes que se merecen. Creo que en nuestro país eso se cumple. Casi diría lo mismo de los Estados Unidos. Siempre fui algo, o mucho, anti-yanki, eso que hace décadas estaba de moda. Leí, no hace mucho, la expresionista y delirante novela “América” de Kafka. Fue escrita en 1927. Entendiéndola puede entenderse el por qué 90 años después mande en ese país el que manda. También pienso en la bomba atómica, el napalm, el gas mostaza, las bombas racimos…(sé que hay otros EE.UU, otra España…). Se ha dicho, se está diciendo y se llegará a decir tanto vituperio sobre ese bicho, que poco me queda a mí que añadir. Algo apuntaré: me parece tan perverso como garduña, un protervo más malo que un matacán, de un entendimiento de ladrillo y argamasa, un azotacalles, un demonche… Ignoro cuál puede ser el final de esta historia, si es que acaso hay un final. Espero atento.

  5. Nunca entenderé a los anti-yankies, mi estimado Macaón. He tenido que sufrir ese asunto tantas veces, y tan de cerca, que he acabado por eliminarlo de mis debates entre amigos. De algún modo, el antiamericanismo me recuerda, y me casi me duele igual, a ese antiespañolismo ciego y letal que envenena el presente y el futuro de mi pais ¿Anti-yanquies por qué? ¿Doscientos y pico millones de personas culpables de qué? Especifique, Macaón. Si no aquí y ahora, cuando proceda y cuando nuestro anfitrión lo considere oportuno.

  6. Eso de los “anti-patria” son cuestiones largas y complicadas de explicar señorita Pilar, además sin solución, además con sentimientos de por medio, además los EE.UU. me caen muy lejos en todo, a pesar de haberlos visitados en un par de ocasiones. Una anécdota: el general Patton, el llamado general “Sangre y Agallas”, tras sus éxitos en el desembarco de Normandía, donde se produjeron más de 200.000 muertos solo por el lado aliado, declaraba: “¿Puede haber algo más magnífico que una guerra? Comparadas con la guerra, todas las demás actividades son una insignificancia. ¡Por Dios, cuanto me gusta!”.

  7. Absolutamente de acuerdo con la reflexión de Pilar Pineda. En todos sus términos.

  8. Me perdone, Macaón, pero eso que a Vd. le resulta odioso es lo que precisamente nos engancha de América: que no se andan con mariconadas, y que si se meten en una guerra, se meten a por todas y montan un pifostio en condiciones, y además lo ganan. Y que si lo pierden, que son pocas veces, lo pierden a lo grande y después nos recompensan con canciones y películas inolvidables. Y nos obligan a seguir enganchados a su grandeza por lo que hacen bien y por lo que hacen mal. Y por lo que quieren que pensemos o no pensemos, como ahora sucede con este garrulo al que le van a meter un pepinazo en la bragueta (hay tiradores de élite capaces de eso y más) ¡Qué catársis poder organizar celebraciones en Times Square como la de agosto del 45, cuando se rindió Japón ¡Qué felices vamos a ser, qué orgía mundial después de ejecutar al malísimo en la plaza!

    Hay que entender al hombre, Macaón. Nos gustan las guerras, los incendios, los asesinatos y, ahora más que nunca, porque las fantásticas series dedicadas a ello nos las sirven en bandeja y en cámara lenta, las delicadas y escalofriantes filigranas de los forenses. Somos brutalidad repintada y vuelta a repintar de valores cristianos y tal. Este tentetieso de cartón se cree más grande que esa América que ahora le parece pequeña, esa que quiere -con gran éxito- que le odiemos a él y la sigamos amando a ella. Esa que con una mano nos regala guerras, atentados y tortura mientras vigila con la otra que no se nos agriete ni se nos caiga la pintura. Grandísima, con el permiso de Vd.

  9. Yo prefiero vivir en Canadá antes que en EE.UU. Como los canadienses presumen: somos norteamericanos sin armas y con sanidad gratuita y universal.

  10. Doña Perfecta va hoy de provocadora. Así sea.

  11. ¿Participaron los norteamericanos en las viejas batallas de
    Lucifer y San Miguel?

  12. Es sorprendente ver a Macaón tan tocado. Y tan falto de argumentos.

  13. Lo de Mr.Trump es inaudito. este hombre está rompiendo las normas de regirse el mundo, y el en vez de regirlo politicamene, lo quiere hacer en base al mundo empresarial. .
    Se está enfrentando a los lídferes politicos de parte del mundo,por su forma de querer dirigir Estados Unidos, que como potencia económica número uno , la forma de ejecutar su dirección, afectará al resto Por no hablar de su malisima educación , cuando en una conversación telefónica con el presidente de Australia , al no estar dee acuerdo , le colgó erl teléfono
    Estoy de acuerdo con casi todos los que colaboran con sus argumentos en el blog, aunque coincido con seitaris en lo que considero poco acertados de Macaon.

  14. Platón decía que la política debía estar en manos de los filósofos. A lo largo de la historia ha quedado claro que no era una buena idea. No parece tampoco que los empresarios sean los más adecuados para dirigir los asuntos de la polis. Berlusconi es un mal ejemplo de casi todo y Trump… Con Trump se agotan las palabras. Quizá lo mejor sea la respuesta en tonos bajos de la Unión Europea. No hay forma de gritar más que el monstruo y habría que procurar que se ahogara en su propio grito, que lleva un vómito pegado. Con él aprenderemos muchas cosas, entre otras que no hay porque echar en cara a los políticos que no cumplan sus promesas. Este parece empeñado en llevar a la práctica todas sus baladronadas. La gran esperanza está en los mecanismos de la democracia norteamericana, en la que no han enterrado a Montesquieu y funciona adrmirablemente la división de poderes. Parece evidente que Trump va a echar un pulso a las instituciones en su afán por doblarle el espinazo a la democracia. Está por ver si gana el monstruo y se convierte en el primer dictador en la historia de Estados Unidos o gana el sistema. En todo caso, lo que queda claro una vez más es que la democracia se ejerce en las urnas, pero que no por haber ganado unas elecciones se es un demócrata. Véase, por ejemplo, el caso de Venezuela.

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