El Nene

aisaje1Cuando nací, el Nene había pasado con holgura la  línea de sombra de la treintena. El Nene tenía anchuras de boxeador, botas de barro, fuera cual fuese la estación, perfil hosco y un humor que bebía en las fuentes del exceso y la mala sombra. Era cortante y seco como un invierno de Castilla, aunque a veces parecía como si quisiera dejar salir el niño, o el nene, que llevaba dentro, sólo que en aquella presencia huraña costaba imaginar dónde podía esconderse la fuente de la ternura. El Nene era retador y menos antipático de lo que pretendía hacerse. O quizá más. Gastaba modales de gañán blasfemador, era oficiante de los ritos de taberna y degustador de vino peleón. El Nene era lo más parecido a John Wayne que yo he visto en persona; donde él estaba no había sitio para la refriega a menos que él fuese el atizador. Más allá de lo aparatoso se intuía en él una cierta ironía discreta, como un humor socarrón y distante. Durante casi veinte años, el Nene tuvo encerrada en casa a su mujer. Ya sé que hoy cuesta creerlo, pero es así, sin otra argucia retórica. En tiempos de labor, la sacaba casi de madrugada, por la puerta de atrás, para que le ayudara en las tareas del campo. Después, discretamente, la devolvía a su reclusión doméstica. De allí no salía ni para hacer un mandado ni para nada. Era él quien se encargaba de todas las compras, incluidas las necesidades de su mujer en asuntos de prendas mínimas o detalles pequeños. Los vecinos no conocían la cara de aquella mujer, más allá de alguna esporádica aparición en la puerta de casa. Yo estuve una mañana, no recuerdo por qué, en aquel laberinto y pude comprobar (o eso me dice ahora la memoria, quizá engañosa), que era cierta la leyenda que corría según la cual algún mueble principal de la casa, o tal vez una mesilla de noche, estaban adornados con una caprichosa herradura, muchos años antes de que la escultura moderna nos acostumbrara a esos sobresaltos.

La mujer de El Nene era muy guapa, y no pisó la calle, que se sepa, hasta que los hijos fueron mayores y propiciaron un cambio de las leyes paternas. A partir de entonces, se la veía, sobre todo, en fiestas o celebraciones locales, siempre al lado de su marido. Ahora está sola, y como tal se mueve. El Nene murió hace un par de años, que pueden ser cinco… porque el tiempo vuela.

P.D. Feliz verano a todos. Si los elementos no lo impiden volveré en septiembre.

SÁBADOS LITERARIOS. Andrés Trapiello o las armas de un hombre de letras

Andrés Trapiello

Andrés Trapiello

“Las armas y las letras” sería el libro que habría que escribir urgentemente si ya no estuviera escrito. Pero lo está, desde hace 16 años y por tres veces. La última edición, que es revisión a fondo, con mucho testimonio y documento novedoso es de hace apenas un par de meses. Su autor, Andrés Trapiello, es hombre más cervantino que quijotesco, leonés, escritor omnívoro, gustoso de la polémica, para la que está muy dotado. Éste del que hablamos es un libro sencillamente imprescindible para una persona con una cultura de letras que incluya el aprecio y el deseo de conocer la literatura española del siglo XX. Lo que se cuenta en “Las armas y las letras” sucede en tres años, los de la guerra civil, pero sus raíces y sus proyecciones cubren en realidad una centuria. Que la guerra es una situación excepcional en la que los individuos sacan sus miserias y/o su valor parece que es verdad que se sostiene con facilidad. Lo que es apasionante es ver cómo se desenvuelven unos escritores y otros, dónde surge el heroísmo, muy raro, y cuándo el miedo arrasa cualquier principio. Trapiello cuenta la historia de más de un centenar de hombres de letras, unos archiconocidos y otros desconocidos por el gran público, pero de peripecias no menos interesantes. El ensayo está muy documentado, es de un cuidado admirable y riguroso. Eso sí, Trapiello no es persona corroída por el afán de objetividad, sino más bien un ejemplar que no esconde preferencias y manías y que reparte afectos y estopa con igual vehemencia, sin faltar a la indispensable verdad. Hay una trilogía de escritores cuya actitud en la guerra se sitúa en el ámbito de la ejemplaridad: Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Miguel de Unamuno. Por su obra literaria están entre los gigantes y su actuación en la contienda no desmerece. Bergamín o León Felipe, por el contrario, presentan vertientes menos atractivas, y no digamos ya Rafael Alberti, que aparece como un personaje nada coherente con los ideales que predica, entregado a los lujos y placeres en un Madrid que vivía entre el terror y las carencias. Sobre la figura de Alberti han mantenido en las últimas semanas una acalorada controversia Benjamín Prado y el propio Trapiello. Tampoco Ortega, Azorín o Baroja tienen una conducta precisamente intachable durante la contienda, aunque el autor comprende en parte sus reacciones auspiciadas por el miedo y su falta de identificación con ninguno de los enemigos en guerra. Sobre Ortega dice Trapiello que ningún bando casa con su “natural pacífico, escolástico y especulativo”.

La tesis del libro la resume el propio autor cuando señala que “aquella no fue una guerra civil entre dos Españas, como erróneamente creímos muchos durante tantos años (…) sino la determinación de dos Españas minoritarias y extremas para acabar con otra, la mayoritaria tercera España”. Concluye su razonamiento Trapiello señalando que la España fascista, por un lado, y la anarquista, comunista y socialista radical por otro, con su ensayo de revoluciones que ya habían triunfado en la URSS, Alemania o Italia llevaron a la mayoría de los españoles al abismo.

Es imposible en una reseña como ésta apuntar siquiera la riqueza de personajes y acciones de “Las armas y las letras” que no puedo sino recomendar con el ímpetu del lector enamorado de un libro. Me ocurre como a mi amigo y bloguero Joaquín Armada, cuya bitácora recomiendo visitar.

El año que ganamos el Mundial

1278887045_extras_albumes_0Como los más viejos del lugar, estoy más hecho para la derrota que para el triunfo. Sé muy bien como afrontar el destino truncado, pero me falta el talento de los ganadores naturales. Qué fácil les resultará comprenderme a los de mi generación y las anteriores, aquellos que se lamían las heridas con la España vencida de José Emilio Santamaría en el Mundial del 82, o la España del penalty fallado de Eloy. Mucho antes, la del error garrafal de Cardeñosa. En fin, tantas Españas muertas, tantas idas y venidas por el callejón de los desastres que ahora concluyen para siempre. Otra España nació hace ya un par de años en Viena, la del talento sin trauma, la de la desenvoltura, el toque y el tiki-taka (¡honor aquí, desde el recuerdo, al gran Andrés Montes, porque la vida puede ser maravillosa!). Albert Camus, que fue portero antes que figura del existencialismo literario, dejó escrito que: “No hay lugar en el mundo donde un hombre pueda sentirse más contento que en un estadio de fútbol”. En ese rectángulo mágico nos hemos movido esta noche millones de españoles, todos éramos Iniesta en el momento soñado en que el balón traspasaba por fin la red holandesa. Todos éramos Casillas en los instantes decisivos en que el portero alejaba la fatalidad.

Al terminar el partido he cogido a Alicia en brazos y la he sacado a la cercana plaza de Olavide, para que fuera partícipe de una fiesta que por su misma condición de exagerada e inexplicable ha sido vivida por la niña con naturalidad asombrada. En seguida he recibido un mensaje de Paloma, una amiga incondicionalmente dotada para la alegría. María, mi mujer, exiliada del reino del fútbol ha vivido el partido a ritmo de infarto y ha paseado feliz a la niña por nuestra querida plaza. Allí hemos estado Teófilo, Celia, Sara enjugando en sidra nuestras lágrimas de felicidad. He llamado a mis padres, a mi hermano, y luego no he querido llamar a nadie más, para quedarme un poco a solas, entre el griterío, con mis sueños de chaval, allá por el setenta y pocos, cuando no deseaba nada tanto como que el Atlético de Madrid ganara la copa de Europa y España el Mundial. (Acabo de recibir un mensaje de José Antonio, desde la luna de Madrid: “Esto es una bestialidad, Juan Antonio”). Confieso que hacía mucho que había dejado de barajar ese sueño, hasta que la llegada de Luis Aragonés al banquillo de España volvió a remover el cubilete de las fantasías. Ahora, en la hora feliz y tranquila de la victoria pongo en letras de oro el nombre de Vicente del Bosque, en su sencillez de hombre grande. Y permitidme un poco de autocrítica, cariñosa y bobalicona, hacia quienes pusimos en entredicho la presencia bajo los palos de España de Iker Casillas, el héroe victorioso con quien es natural que se queden las princesas de cuento.

En esta hora, dos y diez de la madrugada, en que España se baña en la euforia, mientras escribo en la placidez con aire acondicionado de mi gabinete, quiero fijar aquí la reflexión que planteaba el escritor Alejandro Gándara en su blog, tras la victoria sobre Alemania: “Y ahora qué hace uno con esta alegría, a ver. Es el problema de los desbordamientos, de lo que es más grande que el cuerpo y que el cuerpo no puede alojar. Esta euforia. Uno no puede estarse con este contento a solas, quedárselo dentro, abrazarlo y entregarse a alguna plenitud; entre otras cosas porque no lo abarca. Así que sale afuera, busca su expresión, busca cómplices, busca un lugar donde asentarlo y apaciguarlo. Lo que pasa es que no se consigue. Y por ello suele degenerar en violencia y en Cibeles sin orejas, en cualquier catarsis brutal, con el sólo objeto de hallar límite, reposo, al fin. (Con la tristeza, cuando desborda, pasa algo parecido, pero la tristeza es implosiva)”.

Y colorín, colorado la historia de la roja en Sudáfrica ha terminado. El pulpo tenía razón. ¡Qué mariconazo el pulpo! ¡Qué tío tan salado! Qué gusto, ser campeones.

SÁBADOS LITERARIOS. En la casa encendida de Luis Rosales

luis-rosales1“Me gusta recordar que he nacido en Granada”, escribió el poeta. Sí, hace cien años. Luis Rosales, perdedor de las guerras que ganó, “señor de idiomas” lo llamó Neruda, es uno de los más grandes poetas españoles en un siglo rebosante de magníficos poetas. Profundo y triste, amargo, sereno, callado a gritos, taciturno, andaluz raro, venía de los clásicos: de Manrique, de Garcilaso, para acabar hermanado con los del 27: Cernuda, Alberti, Dámaso; en diálogo permanente con don Antonio Machado. Con Lorca se le fue mucho más que un amigo. El asesinato en Fuentevaqueros de Federico es una sombra, no una mancha, que pone una raya de congoja, con frecuencia barnizada de infamia, en su chaqueta grande de hombre que se atrevió a decir: “(yo) que jamás me he equivocado en nada/sino en las cosas que más quería”. Por supuesto que Rosales no ha sido valorado en lo que merece, pero eso no ninguna singularidad en un país con más vocación por el chisme que por la mirada profunda. Siempre es más fácil colgar un sambenito sobre la frente de alguien o colocarle una frase, a modo de eslogan, que entrar en las grietas  y simas de su escritura, en su verdad enfangada en palabras, en las contradicciones que conforman esa cosa extraña que llamamos hombre.  Leo en uno de sus poemas: “Desde hace mucho tiempo no es posible elegir, sólo se puede optar/ y hagamos lo que hagamos siempre habrá que comer yerba de muertos”. Luis García Montero ha escrito en el prólogo a la antología “El náufrago metódico”: “Siempre he imaginado que Luis Rosales debió vivir el triunfo de los suyos con la misma contradicción íntima que hubieran sufrido poetas como Pedro Salina o Jorge Guillén ante una victoria de la República dirigida por socialistas y comunistas”.

La poesía de Rosales canta lo humano en lo que tiene de frágil, la vida en lo que encierra de desengaño. A veces pareciera que el poeta iba a morirse en el último verso del próximo poema. No se vislumbra en su obra al fanfarrón que pone música épica a la victoria, si no al existencialista, al derrotado más allá de las apariencias, al hombre religioso que busca a Dios, aunque sin la seguridad de encontrarlo en el camino. “El recuerdo es un traje que nos queda siempre corto” escribe con gusto, que es regusto, por lo sentencioso el autor granadino. “Vamos creciendo hacia la muerte” leemos en otro lugar.  Esa obsesión, tan biográfica, amén de metafísica, por la muerte: “Yo he ido encontrando en el mundo/ casi más muertos que hombres,/ muertos en pie, muertos buenos, con distintas opiniones”. O en otro poema: “Nadie sabe su nombre entre nosotros,/ son los muertos que enferman de los vivos, /son los muertos naturales”.

La poética de Rosales, sin embargo, no empantana en aguas muertas, sino que de los lodazales del luto sale siempre la palabra que ilumina, la gracia sencilla de estar vivos, la vida como paradoja, como decepción, pero también como esperanza. No hay, a mi entender, entre sus libros uno que alcance las cimas de “La casa encendida”. De hecho, creo que ese poemario está entre la media docena de obras poéticas más logradas de la segunda mitad del siglo XX. De él estos versos: “Porque todo es igual y tú lo sabes,/ has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta,/ con ese mismo gesto con que se tira un día,/ con que se quita la hoja atrasada al calendario/ cuando todo es igual y tú lo sabes”. O más adelante: “He llegado a mi cuarto, igual que siempre, y al desnudarme/ me siento entumecido de alegría, /como si el cuerpo me sirviera de venda y me cegara/ y yo estuviera siendo/ de una materia casi cristal de niño, / casi nieve de niño alucinado”.

Luis Rosales, porque todo es igual, porque nada es igual. Y tú lo sabes.

Casillas y Sara Carbonero, la pareja imparable

sara-carbonero-4Se suponía que el juego de la roja iba a enamorar al mundo, pero de momento la única que ha enamorado a la prensa internacional es Sara Carbonero, una deslumbrante mujer de ojos de fuego, mirada exótica, sonrisa en suspensión y labios de anuncio. Las apuestas han bajado mucho la cotización de España como probable campeona del mundo, pero la que ya tiene su galardón es Sara, que ha sido elegida, por quien elija estas cosas, la reportera más sexy del planeta. Si se miran las que le siguen en el ranking se comprende la hazaña de nuestra enviada especial a Suráfrica. ¿Por qué hablamos de fútbol cuando queremos decir sexo? No sé, pero un periódico con tanta fama de sesudo como “The Times” le dedicó una portada a la novia de Casillas con el pretexto de culparla de la derrota de nuestra selección frente a Suiza. Obviamente lo que pretendía el diario no era denunciar nada, sino aprovechar que el Támesis pasa por Londres para poner una nota de color y morbo en sus páginas. Es ridículo responsabilizar a Sara Carbonero del estado de forma de su chico, aunque salta a los ojos (casi tanto como la belleza de la mujer) que Iker no pasa sus mejores horas bajo los palos. Lleva así buena parte de la temporada, no sé si coincidiendo o no con su tórrido romance. Tanto en el partido contra Suiza como en el de Honduras se le notó nervioso y con un punto de inseguridad, todo ello mientras su novia periodista revoleteaba detrás de la portería. La situación tiene algo de pintoresca, quizá por lo desusado, de modo que también el celebérrimo “New York Times” ha considerado la historia digna de sus páginas. A esto no hay que darle muchas vueltas: por más que aquí vivamos entre el paletismo y la mitificación lo que se escribe en las grandes cabeceras periodísticas, aquellas están impregnadas de la misma fruslería y banalidad que se estila entre las nuestras.

21_06_2010_23_02_15_1614718797Quieran los dioses del fútbol que a Casillas no le metan un gol tonto, como el que le clavaron al portero inglés, porque entonces la imagen dará varias veces la vuelta al mundo, que es redondo como una pelota y chismoso como una revista del corazón. Quien está gestionando primorosamente este asunto, con el descaro que le caracteriza, es Tele 5, que por si fuera poco ha nombrado a Sara Carbonero subdirectora del área de deportes, en lo que parece y es un chiste que le hará mucha gracia a Vasile, pero menos a los que tenemos un cierto respeto por esta profesión.

Que a Casillas le gusten las mujeres bellas es tan natural que no merece ni un solo adjetivo, ahora bien, lo que hace algún tiempo que el portero de la selección ha descubierto es su fascinación por las chicas famosas. Sara no es la primera, hay por lo menos por ahí una Eva, princesa de los platós, con  quien tuvo un sonado flirteo. No sé si esta inclinación hacia el mundillo rosa puede estar en el origen de un cierto bache como guardameta, pero lo que es una obviedad es que en España hay excelentes porteros. Sin ir más allá del Mundial, Pepe Reina y Valdés podrían ocupar la portería de España, quizá con menos glamour, pero con contrastada solvencia. No hay que descartarlo.

El chocolate del loro

LoroEl gobierno, aunque sea a la fuerza, como le sucedía al médico a palos de Molière, empieza a recetarnos las pócimas y brebajes que tendremos que tragarnos para salir de la miserable situación económica en que nos hallamos. Podría antojársenos un alivio el hecho de que el mal afecta a todos, incluidos los que prescriben la medicación, pero tal consuelo sería cosa de tontos de remate teniendo en cuenta lo que nos jugamos en el envite. Otra cuestión es que estemos convencidos de que el diagnóstico es el correcto, pues si la economía está tan delicada y flacucha como parece, no está uno muy convencido de que la contención del gasto sea el bálsamo que todo lo cura. Pero lo cierto es que desde diversas instancias internacionales se nos advierte de que la salida de la crisis pasa por cerrar el grifo del dinero público y pasar unos años bajo mínimos. Si esto es así y si el ejecutivo del señor Rodríguez Zapatero ha decidido, finalmente, seguir el camino que le indican los sabios económicos y políticos, guardemos por esta vez las críticas al jefe del gobierno y aceptemos que, mal que le pese, se ha avenido con el principio de realidad, él que está doctorado en cien quimeras.

No hay malos tiempos si se sabe sacar buena lección de los que por tal se tienen. Buen momento éste, tan crítico, para corregir desviaciones y frenar el ímpetu derrochador de los que gobiernan la cosa pública. Hay muchos sitios por donde meter la tijera, en la seguridad de que no se atacan nervios que rebajen el bienestar colectivo; simplemente se trata de poner coto al afán gastoso de los que manejan el cotarro. Hay mucho asesor, y asesor de asesor, y aún tercer asesor, y cargos con coche público y gastos de representación por encima de lo representado, y sinecuras, y visas oro. Hay mucho rey de taifa, y amigo del rey, y amigo del amigo, y mucho estudio sobre mil asuntos entre inverosímiles e inauditos, y mucha televisión autonómica, y más pompa, y más gasto y regalía. Hay desenfreno y barra libre en instancias estatales, autonómicas y municipales, muy poco esmero y cuidado con lo que se gasta, la sensación bastante general de que se dispara con pólvora del rey. ¿Hasta qué nivel debe un cargo público tener coche oficial? ¿Y escolta? No olvido que el terrorismo es una anomalía que amenaza permanentemente este país, pero eso no justifica que se generalice el uso de escolta entre dirigentes y ex. Recuerdo que al presidente sueco Olof Palme lo asesinaron, en 1986, después de salir del cine y cuando iba, junto con su esposa, a tomar el “metro”. ¡Qué extraño se me hace sólo imaginar algo parecido (lo del cine y el “metro”, no lo del crimen) aquí que tan proclives somos a la ostentación y tan enemigos de la austeridad y el buen ejemplo!

De puro obvio está cantado que con medidas exclusivas de este corte no se endereza la coyuntura económica, pero demos por cierto que no va a empeorar, que será un buen paso en el camino conveniente. Cuando sale este asunto, siempre hay algún tertuliano que aduce que “éste es el chocolate del loro”. La frase empieza a estar casi tan manida como aquella de “con la que está cayendo”, pero habrá que decirle a quien así se manifiesta que el loro come chocolate sin empacho, a doble pico. De modo que si la cuestión es tan grave como nos la pintan, quizá haya que ir pensando en poner al loro una severa dieta de golosina.

P.D. Que el fútbol multiplica la audiencia en comparación con cualquier otro espectáculo televisivo, sobra decirlo. También en el país de Alicia, el post sobre “la roja” ha elevado sensiblemente el número de comentarios. Veremos qué pasa con este loro enganchado al chocolate bobo.

Recuerdos y fantasías de un seleccionador

Como no teníamos televisión, la final del 74 la vi en casa de Josefa la Cancanita. Yo iba con Holanda, pero por si me faltaba algo para tomar partido me bastó con ver la primera jugada del encuentro, aquella maravillosa sinfonía holandesa, con el balón que llega a los pies mágicos de Cruyff, el penalty y el 1 a 0. No había pasado un minuto y los anfitriones, los poderosos y antipáticos germanos no habían tocado aún la pelota. ¿Justicia poética? Cualquiera sabe, quedaban 89 minutos por delante.

El problema de un seleccionador de blog a la hora de alinear a los once comentaristas que hoy disputarán la gran final de este campeonato imaginario no está en que falten jugadores, si no en que los hay muy buenos y no todos pueden saltar al folio. En la portería, con todo, no hay duda. Ahí jugará Sin reflejo, aunque tanto Joaquín como Luis Miguel podrían ocupar el arco con total garantía.

La roja triunfante en 2008

La roja triunfante en 2008

Era por la tarde, yo había llegado del instituto y aún alcancé a ver casi completo el segundo tiempo del Brasil- España de Argentina 78. El gran Ladislao Kubala, seleccionador que yo creía vitalicio, había sacado a un equipo muy conjuntado que estaba jugándole de tú a tú a la mítica escuadra amarilla. Y entonces llegó el error fatal de Cardeñosa.

Para el lateral derecho he estado dudando hasta última hora entre Seitaridis y Talavante, pero, finalmente, me he decantado por la experiencia y alinearé a Seitaridis, que es un buen carrilero. En el centro de la retaguardia formarán Macaón y la Bayón, que son dos zagueros intratables, en tanto que el carril izquierdo de la defensa será para Luna de Valencia o para LGM, que esa incógnita aun no la he despejado. El primero es más seguro atrás, en tanto que LGM es un estupendo lateral largo, aunque tiene cierta tendencia a descuidar las tareas defensivas.

¿Cómo se llamaba, hombre, aquel árbitro cabrón? Era australiano, me parece, un tal Bambridge si no me falla la memoria de Google. Jugar con Brasil siempre es maravilloso tirando a sublime. Era la primera fase del Mundial México 86, yo llevaba medio año en Valladolid, donde me había sacado una plaza de redactor en Radiocadena, lo que hoy es Radio 5. El partido fue bonito, pero el tal Bambridge, que así se llamaba el árbitro si Google, etc, se comió un gol como una casa de Michel.

En el centro del campo he dispuesto un doble pivote que estará integrado por Eva Patricia, una de las grandes revelaciones del fútbol-blog y Teófilo, que es el medio centro perfecto, un poco a lo Xavi, pero con más visión de juego. Como interior derecho alinearé a Copos, MEG o a DAA y para la izquierda dispongo de Paloma, Susana y Jaime Goded, aunque aún no tengo muy claro por quien me inclinaré.

Parece que esa leyenda un poco tonta y muy graciosa de la furia española se originó en Amberes en 1920, durante la disputa de los Juegos Olímpicos. Los españoles, que eran favoritos para perder, se encontraron en un choque crucial con Suecia. Era el 1 de septiembre de ese año 20. Lo evocaba en una deliciosa página firmada en “El País” el periodista José María Sirvent: “Sabino iba lanzado con el balón, a los dos minutos justos de comenzar la segunda parte, cuando Belaúste, rodeado de contrarios dentro del área adversaria, le gritó: “Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo”. Y efectivamente, los arrolló: Belaúste, varios defensores suecos y el balón entraron en la portería contraria”.

Y en el ataque jugarán Beatriz y Lamet, los dos delanteros más en forma del fútbol-bitácora. Pero el plantel es bastante más amplio y para cualquier contingencia pueden saltar a la pantalla Peralta 83, Silvia, Eveyo, Enrique, Ana R, Médico, Luis Santiago, Rocío, Eolo, General Rodrigo, Santiago López Legarda, Juanjo. Mónica, Luis Eduardo Siles y algunos otros primeros piernas de la bloguería andante.

En la final del 74 ganaron los malos, que eran también muy buenos. Holanda con un fútbol que dolía de tan bonito cayó 2- 1 ante la imperial Alemania. Cardeñosa falló frente a Brasil aquel gol imposible de marrar y a España le tocó hacer las maletas en Argentina 78. En el Mundial de México del 86, pese al colegiado australiano España llegó a cuartos jugando muy bien y con Butragueño como figura estelar. Y lo de Amberes, pues eso, un Belaúste desquiciado gritando: “A mí, Sabino, el pelotón, que los arrollo”. ¡Y los arrolló y nació la furia!

Queridos compañeros y amigos de viaje por la blogosfera ahora espero vuestros comentarios y recuerdos mundialistas. Titulares, suplentes y nuevos valores de la cantera, a todos convoco por igual. ¡Y que gane la Colorada!

La irresistible caída de Zapatero

zapatero_580x435Dice una encuesta de “El país” que el 86 por ciento de los ciudadanos tiene poca o ninguna confianza en Zapatero. Soy de los que desde hace años vengo cuestionando las políticas del presidente del gobierno, que a mi entender han respondido a menudo más a triquiñuelas de táctico de cortos vuelos que a las de quien mira un palmo más allá de los intereses electorales. La suya ha sido una política de imagen, de posturitas, en una línea que en este mismo blog he equiparado más cercana a míster Chance que a un gobernante de cierta talla. También le he llamado, sin afán de originalidad, Pangloss, por su optimismo enfermizo y sin pie en la realidad. Ya saben, Pangloss era aquel tipo que Voltaire pinta en su novela “Cándido”, a quien nada es capaz de apearlo de su optimismo radical. Cuando Cándido, Pangloss y Jacobo el anabaptista se embarcan rumbo a Lisboa, una tormenta sacude la nave y Jacobo cae por la borda. Pangloss detiene a Cándido cuando se dispone a saltar al mar para salvarlo, aduciendo que la bahía de Lisboa ha sido hecha expresamente para que Jacobo se ahogara en ella.

Zapatero no va teniendo ya quien le escriba, y menos que le van a quedar. Pronto será un proscrito en su propio partido; para decir esto ahora no hay que ser un adivino. Lo alarmante es la manera en que las cabezas más autorizadas del PSOE han asentido ante la política marrullera y caprichosa del leonés, dejándole vía libre para que capitalice el partido, hasta el punto de que no ha quedado un resquicio fuera de su ceja iluminada. Ya digo que en poco tiempo nadie defenderá a Zapatero y se lanzarán sobre él como árbol caído. Es lo que da la tierra. Manuel Rivas, gran escritor y defensor acérrimo de la causa zapatera, señalaba hace un par de semanas los, a su entender, paralelismos entre José Luis Rodríguez Zapatero y Adolfo Suárez, en el sentido de que aquél fue vapuleado, vejado sin piedad por periodistas y opinión pública, y éste sufre similar proceso inquisitorial. Es verdad que ZP ha sido zarandeado desde los albores de su mandato por la derecha llamémosle recalcitrante y que ese clima se va extendiendo. Ahora bien, lo que me llama la atención ha sido la ceguera casi general de la izquierda para detectar las mentiras y las trampas de este jugador aficionado. Hay que tener buen cuidado con entregarse a la caza del hombre, es posible que en ocasiones se vaya la mano de la crítica, y también que hay críticas zafias y malintencionadas, pero me parece que caben pocas similitudes entre las figuras de Suárez y Zapatero. Aquel encarna el espíritu de la transición y la concordia, éste ha querido, de modo irresponsable, liquidar la transición, o al menos desacreditarla de forma contumaz, dando pábulo a un clima neoguerracivilista que en nada favorece la empresa colectiva que es un país. Ha tenido medidas valerosas en el orden de la política social, pero han respondido más a un impulso en la estela de los partidos radicales, como el  del italiano Marco Pannella, que a una actuación socialdemócrata. Las medidas verdaderamente izquierdistas han resultado con frecuencia demagógicas y equivocadas. No hablemos del llamado proceso de paz, acertadamente rectificado en la segunda legislatura. La causa de los estatutos de autonomía, con el afán de cambiar por la puerta de atrás la Constitución ha sido una fuente constante de problemas.

Mi amigo Teófilo Ruiz lleva años anunciando que ZP, que estaba acuchillando a todo el mundo, terminaría por clavarse la daga a sí mismo cuando ya no le quedasen “amigos” con los que acabar. Me parece que ese momento está llegando. Reconozco que este escrito no es nada condescendiente y por lo mismo puede encerrar parte de injusticia, pero no pretendo en este momento trazar un cuadro objetivo y detallado de las intervenciones políticas del personaje, sino dejar constancia de mi desacuerdo, lejano ya, con un modo de estar en la vida pública que mira obsesivamente por los intereses partidarios, y sobre todo personalistas, desde la arbitrariedad y la ausencia de realismo. Míster Chance volverá, en no demasiado tiempo, a cultivar las rosas y petunias de su jardín. Supongo que a su partido, y a la mayoría de los ciudadanos les costará trabajo olvidar su desempeño en el ejercicio de la responsabilidad pública. O así me lo parece, dicho sea sin acritud.

Salvador Pániker y las entrevistas

Salvador Pániker

Salvador Pániker

Principio de Pániker para las entrevistas de prensa: “Toda persona entrevistada acaba reducida a los límites mentales de su entrevistador”. La regla de Salvador Pániker es acertada, aunque deja ver que él se sabe y se cree más inteligente que sus entrevistadores. En su caso puede ser cierto, mas no vale como ley universal. Yo, sin buscar más allá, he entrevistado a muchos tipos, futbolistas por ejemplo, cuyas palabras vertidas en prensa no han reducido el límite mental del jugador sino que lo han ampliado hasta el mío. Es verdad que caigo en lo mismo que señalo de Pániker, en creerme más listo que los otros. Será, supongo, condición indispensable para establecer una regla. Nadie formula una teoría para demostrar que es más tonto que los demás. Recuerdo un entrenador que tuvo el C.D. Málaga, Antonio Benítez, cuando yo era joven, indocumentado y barroco. Por entonces me dedicaba al seguimiento deportivo en las páginas de la edición malagueña de Diario 16. Benítez le comentó a Juan Antonio Morgado, un compañero del  diario SUR, que cuando yo le entrevistaba hablaba de una manera que ni él mismo se enteraba de lo que decía. Vemos que la ley de Pániker se cumple, lo único es que conviene reformularla: “Toda persona entrevistada acaba trasladada (reducida o aumentada) a los límites mentales y verbales del entrevistador”.

Me reencuentro con Cuaderno amarillo, el diario publicado por Salvador Pániker hace tiempo. Desde que llegué a su prosa, va para veinte años, me he convertido en lector gozoso y goloso de sus páginas. En ellas abrevo con placer de cabra loca de la literatura y el pensamiento. Pániker ha nacido para contarse, para medirse con el exterior, para traducirlo todo a palabras. Sus dos libros de memorias, Primer testamento y Segunda memoria, contienen quizá lo más afortunado de su prosa. En Filosofía y mística (una lectura de los griegos), vuelve a contarnos su peripecia vital, esta vez echando mano de Heráclito, Platón, Aristóteles, Parménides o Plotino. ¡La modestia no está entre las cartas de presentación de este elegante caballero indiocatalán! Pániker es un mosaico de sapiencia, de suficiencia y de gracia narrativa. Ha hecho de su vida una teoría y del pensamiento filosófico una novela.

Pániker dice que hay que dedicar media vida a crearse un ego fuerte y la otra media a desprenderse de él. A juzgar por las apariencias, él se debe creer todavía en la primera mitad de su existencia. Contaré una anécdota al respecto. Acudí a entrevistarle (a reducirle a mis límites mentales) a su magnífico chalet situado en la parte más noble de Barcelona. La cordialidad presidió nuestro encuentro. Es verdad que yo le toqué las cuerdas de su narcisismo y  vanidad, demostrándole un conocimiento entusiasta de su obra, cosa que no me costó esfuerzo, puesto que era cierta. En la despedida me dedicó alguno de sus libros y me estrechó la mano con fuerza, tras decirme que había sido una charla muy grata y que esperaba repetirla con más tiempo. Ocurrió, no obstante, algo muy común en cualquier redacción, y es que el reportaje en que aparecía Pániker fue retrasándose. Pasaban las semanas y el reportaje no salía. Y mes a mes llamaba a la redacción del programa la secretaria de Salvador, para preguntar por la suerte de la entrevista. Pasaron diez meses y llegó un nuevo verano. Llamó la secretaria de Pániker y me puse al teléfono. Le dije que probablemente el reportaje se emitiera en agosto. La secretaria del escritor me contestó que don Salvador pasaría ese mes fuera de Barcelona y que no habría forma de que pudiera grabar su intervención. Yo la tranquilicé, le dije que no se preocupara, que le enviaríamos una copia, pero éste no llegó a emitirse. En septiembre volvió a llamar la secretaria de don Salvador, preguntando si, puesto que no se había emitido era posible que le enviásemos su intervención. Le dije que teníamos grabado el documental y que se lo haría llegar en una cinta; la secretaria me contestó que Pániker no precisaba el reportaje, que se conformaba con su intervención personal. Se la mandé. Unos meses después, varios compañeros del programa fueron a casa de don Salvador a entrevistarle sobre la eutanasia, y éste les contó que estaba muy dolido porque le habíamos hecho una entrevista y nunca la habíamos sacado. ¿Cómo creerme, entonces, la confesión de Pániker de que se ha desprendido de su ego y busca su unión con la sustancia universal?

Le quiero, le leo con placer. Entre sus frases hallo algunas tardes entretenimiento. Atisbo ilusiones, principios de seducción, ingenio de alta escuela. Le amo, le acepto en su condición de vanidoso universal. Saco de mi gozado Cuaderno amarillo unas palabras en las que el propio escritor reconoce su egocentrismo y su narcisismo, y lo justifica así: “Sucede que la gente, en general, me impresiona poco, y para compensar esta falta de interés tengo que relacionar a los demás conmigo mismo. Entonces –y sólo entonces- los demás cobran una cierta consistencia, un cierto relieve”. He aquí a Pániker al natural, sin entrevistador que lo reduzca a sus límites mentales.

Cuando me pongo brutal

mostro_bruto“Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado”. De la elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández.

Diccionario de la Real Academia Española, vigésima segunda edición:

Brutal: Del lat. brutālis).

1. adj. Propio de los animales por su violencia o irracionalidad.

2. adj. Dicho de una persona: De carácter violento.

3. adj. Propio de una persona brutal. Una paliza brutal.

4. adj. Muy grande. Una oscuridad brutal.

5. m. ant. bruto (animal irracional).

El significado del adjetivo brutal está al alcance de cualquier analfabeto, funcional o no. Ni a los que menos saben se le despista que brutal es sinónimo de bestial y salvaje. Cualquier garrulo sin desasnar sabe que un asesinato puede ser brutal, pero que un agradable paseo por el campo no es una experiencia brutal. Puede ser imborrable, inolvidable, maravillosa, gozosa, pero nunca brutal. Bueno, eso era así hasta hace no sé cuánto, porque de un tiempo indeterminado a esta parte se está dando un fenómeno contagioso, inmotivado, extravagante que está haciendo que brutal se convierta en un comodín lingüístico que sirve para todo. Desconozco dónde puede estar la fuente original de este desdichado fenómeno aunque sospecho que han sido los medios de comunicación los que han extendido está gripe A gramatical al general y ahora estamos casi todos infectados. Hoy una película muy divertida es brutal, una cena romántica es brutal, un paseo en góndola en Venecia es brutal, un reencuentro de viejos amigos es brutal, la emoción previa a un partido de fútbol es brutal y un polvo es brutal (en este caso reconozcamos que sí, que hay polvos que son efectivamente brutales). Una conocida tertuliana decía la otra mañana en una tele que en la lucha contra ETA se estaba dando una colaboración ciudadana brutal. En fin, que hasta aquí hemos llegado, que si la colaboración ciudadana es susceptible de ser calificada de brutal estamos definitivamente perdidos, que todo es brutal, que todos somos unos brutos sin cura posible.

Claro que estas pasarelas verbales universalizadas que los medios de comunicación paren sin parar no empiezan ni acaban en brutal. Reconozco que tengo un oído demasiado sensible para cierto tipo de expresiones convertidas en casquería por la machacona repetición. Por ejemplo: Como no podía ser de otra forma: me basta escucharlo para cambiar de canal. Lo mismo me ocurre con hoja de ruta, estúpida muletilla que está en boca de cualquier memo con asiento mediático. Tolerancia cero, he aquí un término oído hasta el hastío. Últimamente se escucha cada vez con más frecuencia eso de con la que está cayendo, que pone de relieve el gran sentido analítico y la riqueza expresiva de quien lo emplea. Lo de daños colaterales parece que, por suerte, está pasando de moda, no sucede lo mismo con poner en valor, que con tanta facilidad sale de bocas pretenciosas. Y suma y sigue, porque políticos y periodistas acostumbran a moverse con media docena de recurrentes latiguillos que disimulan, o lo pretenden, la carencia de ideas. Son muy habituales también los eufemismos y los términos que el poder expande a modo de propaganda. Así, sostenible, poderoso lugar común que se aplica a la economía, a la arquitectura, a las relaciones afectivas o a lo que cuadre. En los últimos días el Gobierno ha dado salida a un circunloquio, los que más tienen, que empieza a calar con fuerza en periódicos y radios, y aventuro que en un pis pas en la calle.

Lo dejo por hoy, pongan en valor lo que les cuento, saquen su hoja de ruta y con la que está cayendo búsquense una sombra sostenible, a ser posible al lado de los que más tienen. Y, eso sí, tolerancia cero con todo lo que se mueva, procurando que no haya daños colaterales. Todo esto es brutal, como no podía ser de otra forma.