Memorias del Atleti. Colaboración especial de Luis Eduardo Siles

atleti_campeon_nuevaFue mi padre el que me hizo del Atlético cuando llegamos a Madrid desde Jaén en mayo del 68. El primer partido que vimos en Madrid, sin embargo, fue un Real Madrid 5-Sabadell 0. El periodista Miguel Ángel Aguilar, al que invité a pronunciar una conferencia en Huelva cuando yo dirigía el periódico ‘Odiel’, me trajo un libro sensacional que recopila las crónicas futbolísticas de Cuco Cerecedo. El libro incluía la crónica de aquel partido.

Pero desde el primer momento me percaté de que el Atlético era otra cosa. Una mañana de domingo, mi padre me dijo que nos íbamos al Manzanares a ver al Atleti. Y allí llegamos. Nos acompañó un tío mío, hermano de mi madre, madridista, que se burló de que el Atlético no tenía dinero para acabar de construir la tribuna cubierta, que era como un tejado en medio de un estadio que siempre me ha parecido el más bonito del mundo. Jugaban el Atlético y el Sabadell, y yo, en mi inocencia de niño, no sé si llegué a preguntarme si los equipos de Madrid únicamente disputaban partidos contra el Sabadell. Pero de pronto la megafonía del Manzanares dio una alineación que se clavó para siempre en mi memoria y que todavía puedo repetir de carrerilla y en escasos segundos: Rodri; Melo, Jayo, Calleja; Adelardo, Iglesias; Ufarte, Luis, Gárate, Irureta y Alberto.

Fui 13 años socio del Atlético. Vi a Ayala, Heredia, Pereira, Leivinha, o a Miguel Reina. Pero nadie me parece comparable a José Eulogio Gárate, y cuando pronuncio el nombre de Gárate la mente se me va a una noche oscura, lluviosa y fría de Oviedo, en la que en una oposición para Radio Cadena Española conocí allí a un joven que lo sabía todo de Gárate y del Atleti, que era muy del Atleti y muy sabio -tan sabio que el cabrón ganó la única plaza de la oposición-: Juan Antonio Tirado. Era noviembre de 1985 y Francisco Umbral, el Gárate de la prosa, había quedado esa misma noche finalista del Premio Planeta. El Atleti, Gárate, Umbral, Tirado y yo, paseamos sin prisa por las calles frías de Oviedo.

Cuando en 1987 me marché a vivir a Huelva me di cuenta de que, con el paso del tiempo, iba olvidándome de mis amigos de Madrid, de la familia, de la rutina, de mi entorno

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles

madrileño. Pero nunca del Atleti. Cualquier domingo, a las cinco de la tarde, nada podía sustituir estar en el Vicente Calderón. Para colmo, Pepe Bermejo se había jubilado, y en Huelva no se escuchaba Radio España de Madrid, por lo que me quedaba sin las narraciones de los partidos del Atleti de Andrés de Sendra -que de todas formas se jubiló poco depués-. Un vacío desolador. Mi hijo, Eduardo, lloraba cuando perdía el Atleti por la televisión con la camiseta puesta de Bandai que yo le había regalado. Tiempo después se hizo del Madrid y ahora escribe en un periódico de Huelva grandes crónicas del Recreativo.

Vi la final que el Atleti ganó el viernes al Madrid hablando desde un móvil con mi hijo, con otro móvil con Tirado, y con mi padre, muy mayor, casi sordo, con la cabeza pegada a la pantalla del televisor. No estaban Gárate, ni Luis, ni Irureta, pero la sensación de emoción era la misma. Era esa exaltación interna, el pálpito, el golpeo del flujo sanguíneo, como si estuviera muchos años atrás viendo aquel Atleti-Sabadell.

En eso consiste la emoción del fútbol. Que pasan los años. Que pasa la vida, pero ante un partido importante todo es igual.

El Atleti es campeón. Tócala otra vez, maestro Tirado, como si siguiéramos paseando a través de aquella remota noche de Oviedo.

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El fin de la historia. Colaboración especial de Teófilo Ruiz

Carlos Marx

Carlos Marx

Cuando G.W.F. Hegel vio pasar bajo su ventana a las tropas napoleónicas, tras la batalla de Jena, creyó que había llegado el fin de la Historia y que en la figura del Emperador se consumaban los ideales de la Revolución Francesa, poniendo, por fin, de acuerdo Razón y Realidad. Sin embargo, Waterloo vino a demostrar lo equivocado de este planteamiento. Marx también avanzó otro fin de la Historia con la superación del capitalismo por el socialismo y la consecución de la sociedad comunista que traería la desaparición de la concepción explotadora del Estado burgués. Sin embargo, sus “hijastros” condujeron a millones de fieles seguidores no al nuevo paraíso terrenal, sino a la pesadilla del gulag.

Más recientemente, Francis Fukuyama profetizaba otro “Fin de la Historia”─con gran éxito de público y crítica─ ante la desintegración del bloque soviético: la superioridad del sistema capitalista liberal hacia innecesario que siguiera girando el motor de la Historia (el thymos platónico) y la Economía venía a sustituir a la ideologías, con la consiguiente extensión de la prosperidad por todas partes. Sin embargo, el tiempo es muy tozudo y sigue demostrando que la Historia continúa. Cierto que en la actualidad la Economía todo lo ocupa, para dar prueba fehaciente de que “La inhumanidad está sepultada bajo la racionalidad mundana de la contabilidad” (H. Marcuse. Industrialización y capitalismo en Max Weber). Fukuyama ha rectificado sus posiciones de 1992 y ha admitido que el modelo americano ─paradigma de su profecía─ tiene un problema (Después de los Neocons: América en la encrucijada). La generalización de la democracia y la prosperidad, pronosticada por el catedrático de Economía Política Internacional de la Universidad Johns Hopkins queda severamente refutada por los cientos de millones de parados y hambrientos que viven en este “paraíso terrenal” con remoquete tan siniestro como la industria textil de Bangladesh.

Pero sí. Hay un fin de la Historia. Es el fin del sueño de la economía social de mercado, ese equilibrio (inestable) entre los intereses de clase que se tradujo en el Estado de Bienestar, que perece superado por el hiperdesarrollo del capitalismo especulativo, apoyado en las inmensas posibilidades que facilita la Informática, en sus diversas aplicaciones, poniendo la “razón técnica” al servicio de los intereses de la “razón económica”. Parafraseando a Augusto Monterroso, podría aseverarse que al despertar de la pesadilla, cuando los mercados quebraron el capitalismo seguía en pie. Y no será por una superioridad de conceptos, sino por la naturaleza misma de las cosas: mientras sea necesario el intercambio de trabajo y conocimiento por una compensación para poder satisfacer las necesidades de cada individuo, estaremos en el mismo sistema, con independencia del nombre que le queramos dar o la forma que a él le convenga adoptar.

Para explicar la Shoah se ha llegado a decir que Dios se había retirado del mundo, que estaba dormido. Por esta “razón” un grupo de individuos, creyéndose elegidos para1368458574_703381_1368458658_noticia_normal una misión milenaria, dieron muerte atroz a millones de hijos del pueblo predilecto de Dios, que a su vez había cumplido el mandato divino de exterminar a todo pueblo que encontró en su camino hacia la tierra prometida. Ahora estamos ante otro Holocausto: en nombre de la eficiencia, la competitividad y, sobre todo, el beneficio, se practica una actividad depredadora donde el individuo es un simple dato contable; las muertes no son tan sangrientas, pero la crueldad es la misma; el Zyklon B ha sido sustituido por el paro; la muerte física por la nulidad civil. Evidentemente, todo parece indicar que se aburre con las insensateces de su criatura y se ha vuelto a dormir.

Sin creer que ha de cumplirse la inmanencia marxista que adjudica una “revolución” a las crisis de las dimensiones de la actual, si puede aceptarse que la cuerda se ha tensado hasta el límite de su capacidad de resistencia, con lo que la ruptura puede ser inevitable y con consecuencias imprevisibles.

 Teófilo Ruiz es autor de los libros “El milagro del Opus Dei” y “La muerte de Dioniso: Nietzsche o la voluntad de ser Dios”.

P.D. 2 La viñeta es de EL ROTO en “El País”.

 

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La marca España se desmarca

portada revista marzoHay dos Españas futbolísticas irreconciliables. Acabamos de ver como han sucumbido las dos ante la furia alemana, se han venido abajo los chiringuitos de Madrid y Barça entre la euforia de los hinchas de los rivales enfrentados. Como espectáculo quizá no sea edificante y permite esbozar teorías viejas y ciertas sobre el resentimiento como modelo de convivencia nacional. No seré yo quien lo critique, pues desde mi antimadridismo irredento anhelo la derrota de los blancos con quien sea y cuando sea. Ahora bien, convendría no perder la perspectiva de dónde estamos y qué se nos escapa de las manos. La felicidad es una hierba infrecuente y viendo jugar estas noches al Barcelona uno, del Atlético al fin, no sufría por la impotencia blaugrana, sino por lo que eso adelanta como hipótesis del futuro de la selección. El estilo de juego de la Roja es demasiado similar al del Barça como para suponer que la crisis profunda del once catalán no va a influir en la trayectoria del combinado de Vicente del Bosque. Si hay una entidad, un conjunto, una cosa que haya procurado alegría a la mayoría de los españoles es el equipo nacional de fútbol, y eso ha sido así gracias a una mixtura extraña entre buenos resultados y buen juego. Ganar es la primera fuente de gozo, pero cuando se gana deleitando al público y con el elogio general, el placer se torna incontenible. Efímero, claro, pero emocionante y fijado para siempre en la memoria: que nos quiten lo bailado. Con Quevedo: sólo lo fugitivo permanece y dura.

Los periódicos alemanes recogen con júbilo comprensible, y también con cierta saña, las derrotas de Madrid y Barça frente a Borussia Dormund y Baryern de Munich, entonando ya la canción de los fieros guerreros del norte que dan por acabado el breve reinado de los caballeros del sur. Quizá se apresuren, es posible que no. Todo es cíclico y la justicia poética es una flor sublime y frágil, una florecilla al borde del camino, que diría Hegel, expuesta a ser pisada por las botas marciales del soldado enemigo. En cualquiera de los supuestos no me gusta el eco de esos germanos soberbios que no solo dominan las huchas de Europa sino que sueñan nuevamente, y de modo legítimo, claro, con otra hegemonía en el balompié. Nunca me cayó simpática la selección alemana, ni en sus mejores días, y aun admirando su poderío, suspiré porque se le impusieran la Holanda de los 70, la Francia de los 80, el Brasil de siempre, propuestas poéticas todas ellas, no digamos ya la de la España reciente, a galaxias luz de la brava locomotora germana. De manera que a barajar y a ver si sale o no sale y por dónde el sol de un nuevo imperio futbolero. Ojalá que siga saliendo por la guapa Antequera.

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Cincuenta sombras de Grey es el sabor de lo prohibido… Colaboración especial de SIN REFLEJO

UnknownUna novela de amor y lujo. El sexo de rienda suelta para cuarentañeras y…que, no nos engañemos, esta poniendo “muy muy cachondas” a mujeres de todo el mundo con fantasías  sexuales y eróticas, que sin duda se alejan de lo común y que retratan los deseos de muchas mujeres de encontrar un hombre ideal, un macho esquivo, seductor, guapo, distante e impenetrable, pero al que es capaz de humanizar y de hacer cambiar por amor.

El poder de la imaginación que sumerge en una fantasía sexual, un cocktail de negligé de seda y encaje o un camisón abierto de satén y los deseos de convertirse en  “femme fatale”, como marca del deseo, esta vez llena de látigos y consoladores; en los que la idea de someterse a los deseos de un joven viril y millonario es, al mismo tiempo, repugnante y cautivadora y en la que muchas de las mujeres, tanto de mediana edad como adolescentes, se sienten identificadas con una protagonista ingenua, insegura y tímida que consigue transformar al “ Chico malote”.

‘Cincuenta sombras de Grey’, bautizada como “porno para mamás” por su éxito entre las lectoras de más de 35 años, al contrario que ‘Crepúsculo’ aboga por el autocontrol como contrapunto a la fuerza de los impulsos primarios.

Una mezcla de conde Drácula, (Bram  Stoker 1897), donde el mal se abre paso, una fuerza subyugante y sexual, que obliga a entregarse (contra su voluntad) a actos impuros, con “Cenicienta” que conoce al príncipe inaccesible.

Una mezcla de cuento de Princesas con escenas eróticas. Es algo sobre lo que no se acostumbra a escribir ni a leer, y hablar sin tabú de una práctica sexual desconocida por la mayoría, la mezcla explosiva de sexo salvaje y ternura, y sobre todo un final feliz.

Algo así tenía que convertirse sin duda y con un marketing de lujo y, en un momento ideal, en un fenómeno de masas.

En este caso no es tan importante la calidad literaria. Solo importa la libertad de la persona para poder decidir por sí misma lo que  quiere leer o lo que se quiere practicar en la intimidad.

’50 sombras de Grey’ es el triunfo de la libertad de las lectoras a las que les sigue yendo la marcha, contra una legión de mojigatos que pretenden decir a los demás lo que deben leer o cómo deben de orientar su vida sexual.

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En el entorno de Seitaridis

El comentarista en su entorno

El comentarista en su entorno

Es arduo imaginarlo, sin embargo hubo un tiempo, y quizá no sea tan lejano, en que los personajes públicos no tenían entorno. Puede parecernos inverosímil, a mí mismo me cuesta concebirlo, pero durante décadas la gente que salía en los medios de comunicación tenía familia y amigos o directamente los periodistas utilizaban la locución “fuentes cercanas a” cuando querían atribuirle alguna noticia o estado de ánimo. Del mismo modo en que a estas alturas es un salto hacia nuestra prehistoria recordar un mundo sin móviles ni Internet, no sé cómo hemos podido vivir tanto tiempo sin saber que los futbolistas, los cantantes, los políticos y hasta los sastres tenían entorno. Si no tienes entorno no eres nadie.

- Según el entorno de Pancracio Celdrán, el profesor y erudito está muy satisfecho de intervenir como comentarista en “El país de Alicia”.

- En el entorno de Mou nos aseguran que piensa seguir entrenándose como bloguero en estas páginas.

- El entorno de Tirado confirma que Tirado no tiene entorno.

Y así.

El caso es que aquí estamos, reinventándonos, porque esa es otra. La gente tiene entorno y, además, está reinventándose continuamente. Con la que está cayendo y como no podía ser de otra manera, pues eso: toca reinventarse. Yo trato de reinventarme un par de veces por semana y unas veces me redefino como editor y director bloguero y pido colaboraciones a siniestra y a centro derecha y otras veces constato que no soy director/editor sino bloguero y me toca a mí sudar tinta y cazar metáforas al modo en que algunos cazan gamusinos y otras cazan maridos. Y se casan o no se casan. Estas páginas son un vendaval de libertad, y también de arbitrariedad, y de buena letra, la que ponen los comentaristas, y de humor y amor. Es lógico que los lectores no hayan echado cuentas, pero no es fácil encontrar un espacio de libertad como el de 21. Esta es una revista y una colección de blogs pertenecientes a una congregación cristiana, la de los Sagrados Corazones, que se sitúa en el “entorno” del beato Damián de Molokai. Como me decía un ex director de RS 21, el padre Damián es en sí mismo una ong. Bien, pues aquí, en estas páginas tan cristianas y tan cálidas la libertad de expresión no es una hipótesis ni un enunciado retórico. Es extraordinario que en más de cuatro años yo no haya recibido ni una censura ni una mínima crítica o sugerencia. Libertad, lo que quieras escribir, me dijo la gran María Ángeles López, MAL, redactora jefa de este 21 y no se diga más. Empecé, el primer día, presentándome como un agnóstico (me falta fe para ser ateo), que es como escribir en la revista del Real Madrid y decir que eres hincha del Barcelona y aquí he seguido. No creo que las chicas del AS, de Marca o las tías de Interviú estén en el ideario de la revista 21, una magnífica publicación con noventa y tantos años de vida, pero  yo las he mostrado a toda plana y dando lugar a los comentarios piadosos que ya conocemos. De forma que que no sé qué opinará de mí el entorno de MAL (no confundir con el deplorable MAR), pero me deja estar, yo se lo agradezco, me apetecía decirlo y escrito queda. Y, además, así he vuelto a reinventarme con un nuevo post que las y los Pancracios, Copos, Talavantes, doñas Perfectas, Espejos sin reflejo, Pilarespineda, Jaimes Godedes y los santos Gerundio y Perfecto… cada día piden más. Antes o después, tendré, me temo, que suicidarme tirándome desde el tejado de una metáfora. Etcétera, o sea.

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Los comentaristas

 

"La tertulia de Pombo". Gutiérrez Solana

“La tertulia de Pombo”. Gutiérrez Solana

En el recuerdo, siempre, a la maravillosa Beatriz

 

Este es el post número 223. En los cuatro años y tres meses que tiene el blog hemos registrado más de tres mil comentarios. Más que por la cantidad, los comentaristas han brillado aquí por la calidad, y no tanto por la mayor o menor belleza estética, cuanto por la buena y ocurrente argumentación. He espigado entre los cientos de comentarios para escoger una docena de ellos, tarea imposible si se pretende un mínimo rigor. Simplemente he querido que comparezcan los comentaristas más veteranos, los que acompañan a “El país de Alicia” desde los inicios. El blog se ha convertido con frecuencia en un juego que nos ha permitido pasar momentos muy divertidos, quiero recordar aquí solo un par de post, el de los recuerdos y fantasías de un seleccionador de fútbol y el de la formación de un desternillante equipo de gobierno.

 La Bayón  

Te recuerdo Juanito que las meigas haberlas haylas. Quizá por eso soy una especie de agnóstica en una búsqueda desesperada de la fe, que como aseguran los entendidos es un don (¿tiene algo que ver con la mafia?).

“Ateos”, 14 de enero de 2009

 

Beatriz

Describes la vida como llama que abrasa y me gusta. Las bitácoras me llevan a lugares tranquilos, donde la reflexión y la palabra queman por dentro. Verano en Cantabria donde a Beatriz le gustaría encontrar a Dante. Gracias.

“En verano”. 26 de junio de 2009

 

Seitaridis

Admiré a Beatriz desde que apareció en el blog. Admiré su sensibilidad y su prudencia. Sobre todo su prudencia, una virtud de la que carezco. Mi capacidad literaria no alcanza a presentarme, con decoro, en lugares como este.
“Firma invitada. Beatriz. Uno de los nuestros”. 29, julio, 2011

 

Sin reflejo  

Uno de los principales atractivos de este blog fue, desde el principio, que todos éramos uno más. Hemos comentado, parodiado, criticado, jugado al fútbol juntos…
Y sí, Beatriz, tú eres “uno de los nuestros”.

“Firma invitada. Beatriz. Uno de los nuestros”. 29, julio, 2011

 

Pedro Miguel Lamet

Gracias, amigo Tirado, por seleccionarme en la delantera. Realizas con eso la mayor liberación para este cojo de la pierna izquierda (tuberculosis ósea infantil de la cadera) que nunca pudo jugar de niño y al que en la vida le han metido muchos goles. Pero también con la pluma he metido los míos.

“Recuerdos y fantasías de un seleccionador”, 14, junio, 2010

 

Beatriz

Aquí estoy entrenando duro, para que el seleccionador no me cambie. Tened en cuenta que la única pelota que he visto últimamente es la que me hacen en clase. Juego por la izquierda porque soy zurda. Creo que por mi altura debería estar detrás, en defensa. Estoy en forma física pero algo baja de moral. Creo que a este equipo le falta espíritu ganador, confianza. Sugiero al seleccionador que fiche un psicólogo. Recordad, nada de relaciones íntimas durante la concentración, que os conozco!!!

“Recuerdos y fantasías de un seleccionador”,  14, junio, 2010

 

Macaón

Esa espesa soledad del deseo. No existe mayor verdad que el deseo. Con el deseo a cuesta me pongo todas las noches las botas. Bullen, escuecen los deseos, aguijonean. ¡Encanado hasta las uñas de los pies moriré deseando! No hay compasión para los condenados por el deseo. Deseo sin entender el deseo. El viejo deseo, el nuevo deseo, todos los deseos, no hay deseos, todo es deseo. Es una pena que esa imagen de papel no me produzca deseo.

“La chica del AS” 17, marzo, 2013

 

Ernesto Gil 

De la nada nada puede salir,  Macaón, y si del todo del que somos parte.Se le acusa a mi amigo Tirado de perezoso. Ni él puede dejar morir este blog. Ni usted, ni nadie, ni la misma Nada pueden quedar indiferentes a los que se están quedando sin techo. Un abrazo poético.

“La verdadera vida”, 9/2/2013

La Luna de Valencia 

En Madrid, recluido en su quinto piso, desde el que otea la meseta mágica, recostado entre libros de Descartes y cuentacuentos, pierna en alto, expectante, tenemos a nuestro bloguero imaginario.
“Un hombre a la expectativa”, 26, octubre, 2011

 

Jaime Goded

Morimos un poco cada día, cada minuto, cada instante. Eso es la vida…
No es preciso aguardar al sepelio para interpretar nuestro papel de mortales. Lo hacemos mientras vivimos.  El entierro, amigo Tirado, es en realidad la caída del telón.

“En la muerte de Aristóteles”, 25, marzo, 2011

 

Copos  

Todo clown tiene dos caras, casi siempre amargas. Eso debía  pasarle a Andrés Montes, debajo de su personaje se escondía una persona enferma que no se cuidaba…

“Andrés Montes”, 20, octubre, 2009

 

Pancracio

Señores, me he tenido que levantar de la cama porque me encontraba mal. Me acabo de tomar mi pastilla para la hipertensión. La verdad, tal vez debí de ir aquel 23-F a Las Cortes en mi Simca 1.000 y no haber hecho caso a mi Encarnita. Aunque lo mismo no hubiera encontrado a Tejero y me hubiera terminado fumando un cigarrillo con Santiago Carrillo. Y eso hubiera sido terrible. Pero sean sinceros, lo del se sienten coño, tenía lo suyo. Entonces había valores.  ¿Qué hay ahora? Nada. Y a ver si las pastillas me duermen, cóño!!!”

“Aquel 23 f”, 24, febrero, 2011

 

Pancracio Celdrán

Amigo Tirado, soy el Pancracio fetén y debo decirte que en todo prohijo tu escrito. Visión dinámica del disparate continuo en el que vive la sociedad política española. Lo del Pancracio 2 no está mal, pero debe ser criatura anciana a juzgar por los contextos. Tiene usted mi aprecio; tiene también mi respeto. Siga en esa línea con cuidado porque se avecinan peligrosas curvas.
Pancracio, el fetén, el de siempre, el de RTVE.

“El gobierno de las luces”, 4, marzo, 2011

 

Joaquín  

El otro día soñé que en mi informativo emitíamos una pieza sobre Ciorán, pero cuando desperté el youtubazo seguía en la pantalla.

“Una tarde con Ciorán”, 8, abril, 2011

 

 

Teófilo

“Admirado JAT: respiro tranquilo. Después de leerle descender por un rio de oro y desembarcar en algún meandro del bosque, pensé que había cambiado de timonel y del Giocondo habia transmutado en el agrimensor. Reaparece usted en coherencia con los anteriores escritos de este blog, y lo hace con un asunto nada menor como es el caso Garzón, el hombre que veía amanecer, según Pilar Urbano.

Baltasar Garzón, 17, abril, 2010

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Las tías de INTERVIU. Por Pilar Pineda

001_PORT-INTERVIU-1616Hace mucho, mucho tiempo, durante los hermosos días del génesis democrático, la revista Interviú encendía las carnes masculinas con altas dosis de carnes femeninas en pura pelota. Cierto que había velos, echarpes, túnicas transparentes y hasta balones de fútbol, pero lo que tenía que verse se veía. Como decía un amigo mío, a propósito del último tango en Paris, “después de ver a un montón de mujeres taparse lo importante con una toallita diminuta, va esta (María Schneider) y se envuelve en una toalla enorme para enseñarnos directamente el florón…”

Tras el aperitivo del top-less, una prudente etapa de transición (nunca mejor dicho) entre el refajo y la pelota picada, los florones brotaron orgullosos a través de la hojarasca tapadora. Los más rubios y rosaditos parecían pequeños hamsters bajo la pelusilla; los negros-negros, a veces negro carbón de propietaria igualmente negra, ponían el acento racial y calentorro en el posado, muy caliente ya de por sí. Entre medias, pubis acastañados y frescos, chochetes planos en tripitas andróginas, coños exuberantes y turbios como una resaca de opio… Ni depilaciones “ultimate”, ni tatuajes, ni mechas verdes… Tampoco esa salvajada del piercing, ¡que Dios nos coja confesaos!
Aquello era lo que era, y punto.

Aunque sigue desnudando a las hembras del momento (también a algún escultórico varón) Interviú no es ya el semanarios de gran tirada y gran tirón que fue en sus comienzos. De hecho, no lo veo en los bares ni en los autobuses, pero ahí sigue. Con las alevinas de aquellas santas sin bragas ni sostén, aquellas jacas, como diría un macarra. He echado un vistazo a las portadas de ahora y no se si compensan tantas alforjas para tan poco viaje. Las niñas que nacieron cuando se habían jubilado ya los vigilantes de la playa miden 1,80, la que menos, y a fuerza de paddle y de spining son mas músculo que carne, más bebida energética que elixir de perturbación y pecado. A fuerza de alimentos enriquecidos e igualdad de género suministrada en vena nos han salido guardias civiles, bomberas, paracaidistas y hasta boxeadoras. Eche un vistazo el lector al número de enero de este mismo año y dígame si no tenemos razones para inquietarnos: ahí está la soldado Davinia, Cohiba en mano, con una granada sobre los muslos y el mango de lo que parece un Kalashnikov sobre el mismísimo monte de Venus. Que nadie se mueva.

Pilar Pineda

Pilar Pineda

No se qué piensan los hombres de todo esto, ni aquellos de mi quinta que babearon con las primeras, ni los otros, más jóvenes, contemporáneos ya de esa nueva mujer endurecida por el andamio, las maniobras, el pico de minero o el soplete. Pero si sé lo que pienso yo de casi todos, criaturitas recorridas por un tubo unidireccional entre la coronilla de la iluminación y la punta de lo que ya sabemos: que me dan bastante envidia, porque mientras las mujeres seguimos haciendo, pensando y conquistando ese más difícil todavía que no termina nunca, ellos no se mueven de su bienamado código binario, aunque la corrección política o la moda les recomiende disimular y aparentar otra cosa. Para ellos, amigos míos, solo hay dos clases de mujeres, las que están buenas y las que no. Y a partir de ahí, hablamos de lo que sea.

 

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Julio Iglesias, etcétera

imagesCAQSUEGHA Julio Iglesias le han dado dos premios en China. Julio Iglesias es el más internacional de nuestros cantantes, etcétera. Un caso, Julio Iglesias, esa marca que españolea por el mundo desde hace 40 años. Afectado, cursi, sentimental, metido en historias dudosas, triunfador, etcétera. Me decía Carmen Rigalt (he preparado un reportaje para Informe Semanal) que ella participó de unos prejuicios un poco como de progres de la época, que nunca compró un disco de Julio, pero que había canciones que le gustaban, o sea que oías una canción y decías: mira, qué bonita, pero te costaba decirlo, porque era de Julio Iglesias. A mí me gusta mucho “Que no se rompa la noche”. Que no se rompa la noche, que no se rompa por Dios, que sea serena y clara, etc. Yo también he escrito con distancia e ironía sobre nuestro intérprete romperécords, me molesta esa cosa cursi, empalagosa y ese modo de hablar pijo, irritante. Un estilo, por lo demás, que tienen todos sus vástagos, al menos los que cuentan con una edad y una proyección pública.

 Y, sin embargo, hay algo. Hay algo que es un síntoma no de Julio sino de nosotros. Julio es el cantante latino más vendido de la historia, con 300 millones de discos. No es mala cifra. Ha cantado en doce idiomas. En China le han dado el título de intérprete extranjero más conocido. En España, según y cómo, no entra, o según y para quién. También en este caso se reflejan las dos Españas. Las dos Españas son un coñazo que marca la vida española de forma transversal y absolutista. Tan cansina es la cosa que a uno le hubiera gustado tal vez nacer en Italia, donde no nos van a la zaga en pícaros y arte, o en Brasil, donde también hay sol y, además, mulatas. Le vaya a uno o no el modo de hacer gorgoritos (yo no lo tengo entre mis cien cantantes preferidos), me parece que la España progre se acompleja tontamente con Julio. Sé que es un tópico, pero casi todo es un tópico: sería inimaginable que los franceses, de izquierda o de derecha, no estuvieran orgullosos de un triunfador como Julio Iglesias. Uno va a París y se extraña y maravilla al ver que casi todos los cines programan películas francesas. Allí es donde menos éxito tiene la música internacional, porque se escucha, sobre todo, música francesa. Y se lee y admira a los escritores franceses. Aquí, la derechona desprecia a la mayoría de los actores y cineastas a los que etiqueta maliciosamente como los de la ceja y otras tonterías por el estilo. Y los seguidores de Javier Marías (superventas en Alemania) miran por encima del hombro a los de Antonio Muñoz Molina y Andrés Trapiello mira para otro lado si se encuentra con Pere Gimferrer. De modo que quizá no son dos Españas, sino millones de españoles envidiosos, cainitas y airados. Ah, y he escrito esto gozosamente libre. Espero gustoso ser lapidado por algunos amigos lectores. Etcétera.

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La metáfora del drogadicto. Por Joaquín Armada

UnknownLos mercados no atacan, se defienden dice Daniel Lacalle, autor de Nosotros, los mercados’, uno de los libros de economía más vendidos en las últimas semanas. Lacalle es economista y trabaja en la City londinense como gestor de un hedge fund, que, como a estas alturas de la crisis usted ya sabrá, es un gran fondo de inversión que un buen día puede apostar a que el precio del trigo se disparará o que un país ya no es de fiar y que lo mejor es retirar cuanto antes todo el dinero de sus bancos. Los hedge fund ganan mucho dinero especulando sobre el futuro. Así que uno puede tender a creer que nuestro presente es ese futuro que ellos vieron antes que nadie.

Lacalle niega ese poder. Sostiene que su misión es lograr que sus inversores ganen lo máximo y pierdan lo mínimo, defender el dinero de las malas prácticas de unos gobernantes despilfarradores o de unos empresarios equivocados. Afirma que el papel de los hedge fund no tiene importancia frente al de los bancos centrales. Su discurso es una enmienda a la totalidad a ese relato de la crisis en la que quien compra nuestra deuda es un inversor y quien la vende un especulador. Tan total, que nos ha convertido en drogadictos. La deuda es una droga: crees que controlas, la puedes pagar y siempre la tendrás. La imagen es buena, tan buena como incompleta, tan fácil de comprender que permite poner en duda la tesis principal de Lacalle. Basta con hacer un ejercicio periodístico básico: completar la metáfora.

1980, una plaza rodeada de pisos sin ascensor y fachada de ladrillo desnudo. Es un barrio obrero de una ciudad dormitorio a la que le falta casi todo, como colegios. Es el

Joaquín Armada

Joaquín Armada

mundofeo que tan bien contó Pablo Gutiérrez en Nada es crucial, mi mundofeo. En aquella plaza, que todavía existe, había siempre un banco con hombres que a mí me parecían mayores y a los que ahora vería como críos. Anoraks y chupa de cuero, aunque fuera primavera. Estaban allí todos los días y parecían peligrosos, pero nunca les vi meterse con nadie. No lo sabía entonces, pero ahora sé que habían crecido en aquel barrio y que quizá alguna de sus madres los veía desde la ventana de su piso, anclados en aquel ‘bancocasa’, yonquis adictos a una heroína que comía literalmente su cuerpo, ingenuos que creían haber encontrado el atajo que llevaba de mundofeo a terrafeliz. Algún imbécil diría hoy que soñaban por encima de sus posibilidades.

No, los primeros drogadictos que vi no eran tipos ricos de traje y nariz de cristal. No, eran hijos de obreros. Si, como dice Daniel Lacalle, somos adictos a la deuda – y es tan obvio que no voy a discutirlo –, ¿quién es el camello?, ¿quién financió desde la nefasta entrada de España en el euro las ciudades que surgían en los secarrales,  los auditorios de firma, las autopistas de peaje que nadie necesitaba, los aeropuertos sin aviones,  las vías de un AVE insostenible?  Los drogadictos de traje – políticos nefastos siempre prestos a cortar cintas, constructores incultos hechos así mismos con cemento y ladrillo, empresarios que pagan en negro, banqueros de pega… -, se hincharon de rayas vendiendo nuestro futuro pero han salido de la crisis sin una gota de sangre en su nariz de cristal. Los otros, el millonario ejército de hipotecados – y sus padres y abuelos a los que cambiaron sus ahorros por una bolsa de basura con un lazo de colores -, se pueden reconocer por la calle, cada día más deteriorados, devorados por dentro, como aquellos chicos ingenuos de mi infancia. Por eso me cuesta creer tanto esta metáfora incompleta de la crisis. No puedo aceptar que el camello diga ahora que sólo se defiende de unos yonquis que ya no tienen con qué pagarle.

Joaquín Armada es subjefe de economía de la Sexta. Tiene un blog literario: “Después del hipopótamo”.

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Ignacio Camacho, estilista de poso y causa. Por Jesús Nieto Jurado

Ignacio Camacho

Ignacio Camacho

Ignacio Camacho forma parte de la mitología actual y eterna del Periodismo, de los profesionales que dignifican un oficio tan denostado como necesario. Ignacio Camacho bebe de las ricas fuentes de la literatura periodística, aquellas que canalizó Ruano, aliñaron entre Campmany y Vázquez Montalbán y brillaron, con vocación de deslumbre a los venideros, en el genial Francisco Umbral. Una columna de Ignacio Camacho en ABC, diaria, con el esfuerzo de inspiración y teléfono que conlleva, te da el latido del mundo con la fuerza expresiva del filólogo, la calma del editorialista y el brillo del escritor para que, por encima de los vericuetos del presente, sepa el lector que está ante una obra de arte que se consume en el desayuno, entre el tintineo de los cafés y la comodidad de la grapa de ABC.

Ignacio Camacho tiene una apostura británica y aristocrática que suele darse en Andalucía, y una asimilación por nacimiento u ósmosis de los azahares barrocos de Sevilla, donde el genio y el pícaro se trenzan y trazan el retablo completo y complejo del ser español. Pero Ignacio Camacho no escribe su columna diaria con la mala leche que se estila, y vende, en las trincheras de papel; tampoco gasta el folio en juegos florales como el profesor de instituto que opina del presente sin salir del casino de la villa, resentido porque su novelilla no trasciende la internacionalidad de la comarca. Lo de Camacho, amigo y maestro, es una bella argumentación de lo que le pasa al paciente, a España, como una rara pieza que engrana con maestría el sentido común, el conocimiento y la estética.

El ABC es la única aproximación que hace uno a la monarquía cazadora o rubia, pero frente a esa querencia a no sé qué vagos republicanismos míos va el gozo de leer a Ignacio Camacho en un periódico que no se deshace ni se dobla. A veces quedamos en el Gijón y yo me amparo en su cobijo y magisterio para creerme, tan iluso, que esto de dar letras a una rotativa me procurará futuro y habichuelas.

Jesús Nieto Jurado, nacido en Málaga hace 28 años, es escritor y periodista. De él ha escrito Montero Glez: “El columnista Jesús Nieto Jurado es cojonudo y una metralleta de hacer imágenes”

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