Ana Frank, historia de una confinada

                                                                                       descarga                                                     A mi amigo Mariano Rodrigo

Hasta que hice un reportaje en 2008 en la Casa Museo de Ana Frank, en Ámsterdam, la historia de la niña judía escondida de los nazis tenía para mí algo de impostado. No había sentido curiosidad por acercarme a su libro, uno de los más vendidos en el siglo XX, al que caprichosa y equivocadamente yo confinaba a una especie de biblioteca del kitsch. Pero esa vez, las circunstancias me obligaron a leer el diario y quedé impresionado. Era una historia emocionante y terrible, y al mismo tiempo delicada y naif. Las ilusiones de aquella adolescente, que con su familia había huido de la Alemania nazi, su carácter abierto y entusiasta, su tendencia soñadora y su aire vitalista la dotaban de una simpatía natural con la que era fácil empatizar.

Ana tiene 13 años recién cumplidos, y un diario que acaba de estrenar, cuando su familia se ve obligada a buscar un escondite en la parte trasera de un edificio de oficinas junto a un canal, en Ámsterdam. La cuestión es de vida o muerte. Allí, en un desván permanecerán recluidos los padres y una hermana de Ana, y otras cuatro personas. Una convivencia intensa y difícil, y también entrañable y profunda. Con amores y rencores entre los ocho. Ana, al principio, se siente contenta en el refugio. El 13 de enero de 1943, cuando llevan seis meses confinados, escribe en su diario: “Nos va bien. Estamos en un sitio seguro y tranquilo y todavía nos queda dinero para mantenernos. Somos tan egoístas que hablamos de lo que haremos después de la guerra”. Dos años permanecen en el escondrijo, gracias al apoyo de varias personas del exterior. En ese tiempo, refleja en su diario su primera regla, sus enfados, sus afanes, el miedo permanente, pero también la felicidad, sobre todo cuando después de compartir  durante meses el mismo espacio se enamora de un niño, Peter, un poco mayor que ella. Lo cuenta, eufórica, y describe el primer beso. El 2 de mayo de 1943 es domingo y Ana Frank escribe: “A veces me pongo a reflexionar sobre la vida que llevamos aquí, y entonces por lo general llego a la conclusión de que, en comparación con otros judíos que no están escondidos, vivimos como en un paraíso”.

Ana es coqueta, caprichosa y con frecuencia impertinente. Así lo refleja ella misma en las páginas de su diario. Es también reflexiva y muy observadora. En el libro discurre la vida interior en la casa, la vida íntima de Ana, pero también hay salidas al exterior, a partir de lo que les cuentan los protectores y de manera muy especial gracias a una radio en la que los recluidos van siguiendo con inquietud y esperanza los avances de los ejércitos aliados en la guerra contra los nazis. La vida pende de un hilo y ese hilo, desgraciadamente, se rompe . En una novela es probable que la historia acabara bien, pero la vida es casi siempre más despiadada que la literatura. El 1 de agosto de 1944 es la última vez que Ana escribe en su diario. El 4, entran los nazis en la casa secreta. Los ocho confinados acaban en varios campos de exterminio. Solo se salva Otto, el padre de Ana. Miep Gieps, una de las mujeres que ayudó a los escondidos encontró el diario de Ana y se lo entregó a Otto. De vivir hoy, Ana Frank tendría noventa años y estaría confinada, pero  en una condiciones mucho más llevaderas que las de aquella dramática reclusión. El coronavirus, con ser un bicho indeseable, es enemigo menos terrible y odioso que el nazismo.

Es un milagro que un libro como el “Diario de Ana Frank” exista. Un milagro de la vida, ese tesoro escondido en el corazón del tiempo donde la memoria crece como una hierba misteriosa.

 

 

 

ENTREVISTA INÉDITA CON LUIS EDUARDO AUTE. Colaboración especial de Luis Greciano

AAAauteBREVE HISTORIA DE UNA ENTREVISTA INÉDITA Y MALDITA

En el caluroso Junio de 1982 yo ya había decidido ganarme la vida dentro del convulso universo de la prensa. Profesional sí, pero pagado. Esa promesa hecha a mí mismo y un trabajo alimenticio en la administración local me habían permitido el lujo de rechazar algunas ofertas corruptas. Trabajo por experiencia proponían algunos jefecillos de medios en prensa y radio durante las vacaciones de la carrera cuando habían apreciado mi trabajo gratuito. Las rotundas negativas les asombraban, acostumbrados como estaban a doblegar fácilmente voluntades en cada promoción. No conmigo. Si trabajo, poco o mucho, cobro. Ese lema, marcado a fuego, lo puso en mi mente la voz ronca y socarrona de mi abuelo. Al no llegar los contratos me lancé a colmar mis ansias de escribir y publicar de manera artesanal. Por la admiración que sentía hacia ellos y porque estaban de actualidad, elegí varios personajes a los que entrevistar. Uno de ellos, fue Luis Eduardo Aute. Con toda amabilidad aceptó la propuesta de aquel novato y nos citamos, como corresponde a un oriundo filipino, en la cafetería Manila de Diego de León. Allí, fumando un pitillo tras otro, y con la presencia de un fotógrafo también novel y un condenado magnetófono, se desarrolló el encuentro. Cuando llegó la hora de transcribir la entrevista, hice una primera escucha. Tomé unas notas iniciales. Sorprendía la tranquilidad, el ritmo lento y sosegado que este artista desprendía. Metido en faena y, a fuerza de darle atrás y adelante, la cinta de casete desfalleció y quedó engullida por aquel aparatejo. La cosa se complicó aún más al abrir su portezuela porque al tratar de sacar el soporte de la grabación, la cinta que estaba hecha un ovillo, terminó por romperse. No hubo forma de recuperarla. Para salvar mi trabajo me quedaban la primera transcripción y mi buena memoria. Pero yo quería ser exacto y concienzudo. Así que volví a hablar con el protagonista y le propuse algo inaudito: Le haría llegar el borrador de la entrevista mecanografiado a su domicilio para que él lo corrigiera o aumentara a su gusto. A lápiz, moteada de ironía y dibujada con letra clara, me llegó la amabilísima respuesta. A través de mis contactos, intenté, -¡qué iluso!-, publicarla en EL PAIS. Mi carta no obtuvo respuesta alguna. O, mejor dicho, la contestación vino en forma de una entrevista del mismo tenor firmada y publicada en la revista semanal por una de las vacas sagradas del periódico que dispensa un especial odio a los medios públicos de comunicación. Pero al no publicar la mía se perdieron las dos noticias de las que iba preñada mi tarea. Porque Aute, elegantemente, reclamaba la autoría de la banda sonora de la película “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?”. Algo bastante coherente teniendo en cuenta que los chicos de Burning, con los agresivos Johnny Cifuentes y Pepe Rissi al frente, nunca han tenido tanta altura poética para componer. Fernando Colomo, el director de la película, tendría algo que decir sobre el asunto. Y, de otro lado, el plagio a cargo de Massiel de otro de sus temas. Fin del capítulo. Ahí va sin editar y sin comentarios descriptivos la entrevista doblemente escrita y transcrita.

Madrid, 11 de Abril, 2020

 

abcaute

 

AUTE: ESE AROMA MISTERIOSO A ESPECIAS DE ORIENTE

Aparte de tu nacimiento, ¿qué tienes de filipino o de oriental en tus venas? “No tengo nada de filipino en mis venas, desgraciadamente. Mis padres son españoles. A los que más recuerdo son a mis compañeros de juego de aquella época, pero no creo que tenga mayores huellas de mi paso por allí, puesto que mi familia y yo nos trasladamos a Madrid cuando yo tenía 11 años y no he vuelto por allí. Sin embargo, sí siento una cierta nostalgia de aquellas playas de agua muy salada. También del clima, excesivamente tórrido, de los tifones y de algún que otro terremoto que allí hace su visita cada año”.

Defiéndete: hay muchos que te califican de siniestro a veces, melancólico otras y taciturno el resto.“Ante todo, me considero una persona de lo más normal y no creo que cuadre conmigo ninguno de esos tres calificativos de los que me acusas. Quizá un poco introvertido, individualista y algo tímido ´ma non fanático´”

Los títulos de tus discos (Rito, Babel, Sarcófago, Espuma), tienen un cierto aire místico. ¿De dónde los sacas? “Estos títulos son palabras que se repiten o surgen a lo largo del disco. Cuando me planteo titular los elepés lo que hago es escoger una de ellas que pueda definir la totalidad de la obra. Lo del misticismo que puedan ocultar es totalmente involuntario. Puede que sea debido inconscientemente a mi puesta en cuestión del pensamiento materialista que nos invade desde todos los frentes”.

El otro día escuché en un programa de radio que piensas dedicar tu próximo libro de poemas a temas religiosos.“Hasta el momento son dos los libros de poemas que he publicado. El libro del que me hablas está aún en fase de elaboración, pero ceo que pronto lo acabaré. La religiosidad del libro nada tiene que ver con la escolástica tradicional sino con las cuestiones eternas que el hombre se plantea sobre el sentido de la vida”.

¿Qué lees ahora? “Pues ahora mismo estoy leyendo un libro sin título. Es de un amigo mío, poeta, que se llama José María Plaza, aunque creo que se titulará ´Nuestra elegía`”.

No pareces el tipo de persona al que las relaciones públicas atraigan demasiado y esté dispuesto a soportar una campaña publicitaria y de promoción. “Bien, no es que me guste demasiado, pero tengo que aceptarlo así pesto que, a fin de cuentas, yo vendo una obra, un producto. Hay gente interesada en conocerlo, cosa que me agrada, y, en cierto modo, mi obligación es difundirlo. A raíz de la elaboración de un disco, tanto yo como la compañía discográfica estamos interesados en que se venda. Aunque mi actividad en ese punto no pasa de la simple promoción, dejando a un lado otros compromisos o celebraciones sociales que no me convencen. Quiero decir que me margino conscientemente de todas las imposiciones que arrastra este negocio.”

Te adaptas mucho mejor que otros compañeros tuyos a los cambios de gustos y de mentalidad en cuanto a música. “Me imagino que te refieres a que desde mis primeras canciones (Aleluya, Rosas en el Mar, etc.) ha transcurrido bastante tiempo, en eso tienes razón. Lo que ocurre es que hay una serie de compañeros que han tenido problemas, malas relaciones con las casas discográficas, falta de apoyo, pocas ventas. No creo que sea una cuestión de adaptación, sino que mis canciones tocan temas atemporales, no circunstanciales como el amor, la vida, la muerte, el sexo, la soledad, las dudas, el paso del tiempo, etc.”.

Sí, pero a lo que me refería es que a estos compañeros de que tu hablabas se les ha adjudicado la etiqueta de cantautores, canción-protesta, etc., calificativos de los que tú siempre has rehuido.  “En efecto, es una actitud voluntaria, no pretendo ni he intentado nunca encuadrarme en un movimiento musical determinado. Voy por libre”.

Recomiéndame alguna buena película que hayas visto últimamente. “Pues mira, con diferencia la película que más impresión me ha hecho en este último año ha sido “Todos rieron” de Peter Bogdanovich. Una obra maestra.”

Por cierto, no sé quién me comentó que tenías la música de una película entre manos. “Es cierto. Estoy componiendo la música de una película para televisión que dirige Jaime Chávarri llamada ´Luis y Virginia`”.

¿Qué fue de la música que compusiste para ´¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? “Fue un encargo de Fernando Colomo. Lo realicé y le pasé una grabación con los temas. Por aquel entonces Fernando andaba buscando un grupo de rock para que actuase de protagonista en la película. Resultó ser Burning. Ellos, además de interpretar la película, se ofrecieron a tocar la música. Y así fue: lo que me pareció muy lógico y no puse objeción alguna. Lo que sí digo es que el tema de la película, su letra y su música, me recuerda mucho al que yo hice.”.

Aparte de tus facetas como pintor, poeta y cantante ¿no has buscado otros campos artísticos dónde desenvolverte? Como actor, por ejemplo. “Como actor desde luego que no. Pero sí como director. Hace años tenía intención de dirigir películas, lo que ocurría en esa época es que existían bastantes trabas para dirigir. Para ser director de cine con el carnet que te otorgaba el ministerio tenías que entrar en la Escuela de Cinematografía, pero allí te pedían haber superado el PREU (Curso preuniversitario posterior al Bachillerato) para ingresar, y como a mi me lo catearon dos veces, pues no te digo más. La otra optativa que te quedaba era dirigir tres cortos y que se estrenasen, acto seguido te daban el carnet de Director. Yo los hice, muy malos, por cierto. Se titulaban ´A flor de piel`, ´Chapuza 1` y ´Minutos después`”.

Leí en una revista de color que la canción de Massiel “El amor” es, en tu opinión, un burdo plagio de tu “Aleluya”. ¿Te reafirmas? “Bueno, todo aquel que oiga la canción creo que tiene elementos suficientes para enjuiciar. A mí me parece evidente. Pero no tengo ningún interés en reclamar los derechos de propiedad intelectual de ese tema. Aparte, hay una norma en la SGAE que estipula que para considerar plagio una obra musical, debe haber, creo, doce compases idénticos entre la original y la otra. Y, según tengo entendido, “El amor” no llega a ellos. Aún así, me da igual.”

Retomando los cortos que dirigiste, ¿no los musicaste? “Pues, no. No tenían música. Porque además de dirigir y montar los cortometrajes me parecería demasiado narcisismo el pretender ponerles música. De haberles incluido la música, en todo caso se lo hubiera encargado a otra persona que diera un punto de vista distinto del mío.”

Hablemos de tus ideas locas, de ese viaje que tienes en mente y que no has llevado a cabo aún. “Tengo en proyecto un viaje a Sudamérica, pero no de turismo sino a cantar. De momento, hay dos escalas ya previstas: Cuba y Méjico. Luego intentaría recalar en Brasil y algún otro sitio.”

¿Qué canción de otros autores hubieras firmado como tuya? ¿Cuáles son tus influencias en la música? “De canciones aisladas hay multitud de ellas que me satisfacen. De los autores que me han influido hay uno en especial que fue el que me movió a componer que fue Dylan. A partir de ahí, Beatles, Leonard Cohen, Brel, Chico Buarque, Yupanqui, La Nueva Trova Cubana. También me gusta el rock, pero siempre que no sea una fórmula de reclamo fácil a la marcha sin más.”

¿No te parece imperdonable que, en cuestión de música, nos fijemos en espejos extraños a nuestra cultura y no rescatemos lo propio?  “Pero es que no es sólo en cuestión de música. Sufrimos una colonización cultural intolerable en todos los campos. En concreto de la música yanqui con todas esas modas importadas y pasajeras (tecnos, pops, punks) que nos invaden. Les prestamos, sobre todo los grandes medios de comunicación, una atención que no merecen. Pero hay otras músicas que nos pillan mucho más cerca que la yanqui y por las que yo estoy mucho más interesado. Como la brasileña calada de imaginación y ritmo, la afrocubana, la salsa, incluso la árabe si me apuras. Y está la música clásica y el jazz y el flamenco y nuestro folclore. Pero no hay nada que hacer porque no hay una política cultura de ningún tipo. Esto es una cuestión de gobierno, pero tampoco lo hay. Y así, entre APLAUSOS y CUARENTA MUSICALES y, sobre todo a través de ellos, las multinacionales del imperio nos van borrando nuestra memoria cultural.”

El otro día asistí a una exposición de pintura en la que colgabas tus cuadros junto a un grupo de pintores. No te voy a pedir que me digas qué pretendes con tu pintura, sino que repliques a quienes la califican de torturada y más cerca de los sueños que de la realidad.  “Mi pintura tiene muy poco de onírica. No intento descifrar un mundo de sueños. Pinto lo que imagino, trato de representar una idea sin que los sueños estén de por medio. Fíjate que incluso los surrealistas no reflejan el sueño en sí, sino el recuerdo del sueño.”

Oye, ¿Y qué tipo de relación de trabajo mantenéis entre los pintores con los que exponías en esa galería madrileña?          “Formamos un colectivo llamado ABRA, en el que todos somos el marchante de cada uno. Es un colectivo itinerante. Se trata de exponer en diferentes ciudades y que, en cada una, se enriquezca la exposición con músicos, representaciones teatrales, o cualquier persona o actividad que puedan encuadrarse bien en la misma. No es una exposición en el sentido clásico de la palabra, sino que puedes llegar a ver los cuadros y encontrarte unos músicos tocando o ver actuar a un mimo. En definitiva, cualquier manifestación que pueda encajar. En parte, por eso se llama así Colectivo ABRA.”

¿En qué ciudades tenéis previsto exponer además de en Madrid? “La próxima exposición la hacemos en Santander. Y después nos vamos a Holanda, creo.”

  A propósito, ¿Cómo ves tú el mundo de la pintura en España, el binomio marchante-pintor? Es un mundillo un tanto infecto, porque el marchante lo que hace es explotar al pintor quedándose con un tanto por ciento muy exagerado tras la venta de la obra. Los marchantes levantan y desmontan corrientes estéticas pasajeras para revalorizar obras mediocres que tienen en su colección. Además, cuando un pintor tiene éxito lo obligan a pintar o concebir siempre lo mismo para mayor rentabilidad. Así funcionan también las galerías multinacionales y esto les ha restado credibilidad ante el buen degustador de la pintura.”

Volviendo a nuestra cultura, ¿Qué soluciones ves para potenciarla? Mira el otro día leía unas declaraciones del ministro de cultura francés Jack Lang, un tipo muy válido, al que le parecía inconcebible que se programasen tantas películas americanas en las televisiones europeas. Él abogaba por una colaboración entre las instituciones culturales de los dos países. Pero sucede que se lucha contra un montaje del que es muy difícil independizarse aquí y en todos los sitios. Bregamos con organizaciones multinacionales que han calado a todos los niveles. Es mucho más dificultoso emprender una estructura nueva que no engancharse al carro de las que ya están funcionando. Aunque la cultura que nos vendan sea tan sólo un fruto de la publicidad. En esto estamos implicados todos: prensa, artistas y público. A este respecto, el Ministerio de Cultura tiene un papel fundamental que no está desempeñando puesto que actualmente la cultura de nuestro país la dirigen personas cerriles, becerriles en este caso.

A la hora de interpretar tus canciones en un escenario, ¿qué es lo que más valoras en las reacciones del público?   “Pues se perciben muchas cosas encima del escenario. Yo estuve hace poco invitado en una fiesta de la CNT, y sentir cuando cantas que el público corea tus canciones es una cosa gratificante y que te satisface mucho.”

¿Dónde vas, a qué lugares de esta ciudad te escapas cuando quieres divertirte?“Suelo ir sobre todo al cine. Para divertirme no hace falta que me mueva de casa pues siempre está llena de amigos.”

Tú que eres un animal de ciudad, ¿Cuáles son a tu juicio los defectos de Madrid? Por cierto, ¿Qué te parece el Alcalde Tierno Galván? “Madrid entero es un enorme defecto. Es una superposición d defectos fruto de la especulación más salvaje y arbitraria. Son años y años de anarquía especulativa y el resultado es una ciudad híbrida, impersonal, provinciana con pretensiones, hortera, quintando unos pocos rincones que han sobrevivido milagrosamente. Yo creo que es una ciudad sin solución. El desastre no lo arregla Tierno ni mil Tiernos que le cayeran al Ayuntamiento. Sin embargo, el pueblo madrileño (pues ya empieza a haber pueblo madrileño) vibra con un latido generoso, abierto, alegre, solidario. Es un gran pueblo que ha sufrido el cáncer del centralismo más feroz dentro de sus entrañas.”

¿Háblanos de tu último disco. Sigues por los derroteros de la canción intimista? “Mi último LP “Fuga” sigue y profundiza el discurso de mis discos anteriores. Es más intimista y desarrolla con más intensidad esa disección del alma humana sumida en tantos miedos, tantas dudas, tantas contradicciones, tantas confusiones.”

 

Copyright Luis Greciano Junio de 1982

 

 

 

JUEVES DE PRIMAVERA SIN SOL

UltimaCena_AutorJuanDeJuanes_DominioPublicoEl día ha salido gris, feo, de primavera sin brillo. Ayer, desde la ventana se veía un pedazo, un atisbo de la España vacía, vaciada por decreto, un escenario original, como de teatro del absurdo, con un sol espléndido y de vez en cuando una figura solitaria cruzando por la plaza de Olavide. Hoy es Jueves Santo y las playas deberían estar repletas de bañistas, si es que el sol luce por el levante, y en muchas ciudades, los tambores y cornetas, las saetas desde los balcones, pondrían temblor y compás a la belleza, serena o atormentada, barroca siempre de las procesiones. Pero, de pronto, el siglo se ha roto, el mundo se ha descompuesto, ha caído en derrota, alarma y miedo y todo lo que era evidente, lo que no necesitaba aclaración o rúbrica ha quedado entre un paréntesis que es un abismo. El segundo paréntesis, el que clausura el túnel, no se ve entre las hojas de un calendario en que el porvenir es un porllegar.

El día ha salido feo, como tantos días sin gracia, pero sería transitable y abrumador de gente y terrazas, sino fuera por esta ley seca que amenaza con averiarnos el ánimo. La calle es un territorio que solo es visible desde el balcón, y uno tiene miedo y desgana por pisarla, siendo uno ese tipo al que nunca se le iba a caer la casa encima por gustar y degustar tanto el paseo, la taberna, la librería, las cosas que están fuera y que uno llevaba dentro de su alma de flaneur. Los días han perdido el número, la semana es reversible, el reloj es un juguete sin oriente, olvidado en alguna habitación, arrinconado porque las horas vale tanto una como otra. Y de pronto nace el temor, el pálpito, la corazonada de que estamos quizá naciendo a una nueva vida, que la casa, nuestro hogar de clase media, bien acondicionado, es un sitio propicio para vivir y que cuando llegue el momento en que se nos permita salir, tal vez ya hayamos echado raíces y no precisemos del bullicio de las aceras y de bares con ruido de gente, camareros acelerados y suelos con cáscaras de gambas y conchas de mejillones.

“El ángel exterminador”, la joya surrealista de Luis Buñuel, la película en que un grupo de burgueses de México DF es invitado a una mansión para cenar. Los cocineros y sirvientes sienten un repentino deseo de salir y se marchan. Al terminar la cena, los invitados comprueban que por alguna razón inexplicable no pueden salir de la habitación, aunque aparentemente no hay nada que se lo impida. Y así van pasando los días hasta que los anfitriones y los invitados enferman, pierden los buenos modales burgueses y, convertidos en salvajes, acaban sumergidos en un caos, que es un lodazal. Extraña película, nacida en el ángulo absurdo de un maestro del cine. Explosión de creatividad que se queda en esbozo ante la imaginación desbordada de la Naturaleza, convertida en guionista genial y terrible.

El día ha salido gris, feo, de primavera sin brillo, un Jueves Santo que vale por un martes cualquiera. Confinados en el centro de nuestro mundo, tantos días después, pasados tan a prisa, hay que pensar un momento antes de concretar si estamos en marzo o en mayo, mientras la gente se muere por miles y el miedo no escampa y dentro de un rato las ventanas serán, una tarde más, el palco desde el que aplaudiremos a los actores invisibles de este drama. Tenía razón Eliot, sí, abril es, por ahora, el mes más cruel. Y así hasta que caiga el telón.

 

 

EL AUTE NUESTRO DE CADA DÍA

imagesEl virus que vino de la China tiene poderío y furia de gigante de microscopio y llega con la intención de ajustar cuentas. Por lo pronto ha metido a medio planeta en casa y el medio que anda en la calle no tardará en esconderse tras el burladero para huir del toro de la muerte: más cornás da el coronavirus. Y en esto llegó el comandante microbio y mandó parar. Pararon las fábricas, cerraron los bares, se clausuraron los teatros, enmudecieron los estadios, quedaron desiertas las carreteras, el overbooking llevó el pánico a los hospitales y la muerte, que se había hecho fenómeno raro, acontecer discreto, clandestino en tanatorios como oficinas donde hacer un trámite rápido y limpio, impuso su presencia obsesiva y autoritaria. Morirse era una cosa selectiva, que siempre le pasaba a otros, y lejana, pero en apenas unas semanas la señora de la guadaña ha recuperado los viejos y buenos tiempos, los de las guerras, las pestes y hambrunas; ahora mata a destajo. Con ser antigua, la muerte nunca perdió el sentido de novedad y tenía algo de aristócrata de la existencia, ese culminar sereno de quien llega a Ítaca y sabe ya lo que son todas las Ítacas. Ahora se ha emborrachado de su propia gloria, y soberbia e incongruente, está cambiando las leyes del mundo.

 

Habiendo cobrado tanto protagonismo, la muerte está restándole notoriedad a los muertos. Cada vez conmueve menos la desaparición de alguien porque estamos todos en el punto de mira y el exceso de oferta ha abaratado la demanda. Morirse es cada vez más irrelevante. Aun así muertes como las de Luis Eduardo Aute, ido en medio de este festival de cadáveres que amenaza con convertir Madrid en una ciudad de un millón de muertos, según las próximas estadísticas, ha tenido su eco. Es tan grande su música, tan múltiples sus talentos, tan cadenciosa su voz, tan rítmica su letanía que forma parte de una generación muy larga de gente que nos enamorábamos en sus conciertos de canciones desesperadas y con mecheros como estrellas. Su latido iba al compás del nuestro y al alba de tantos amores frustrados o plenos hemos apurado la última copa, el primer beso, los sueños de seductores que nos reconocíamos en el pentagrama de este punto filipino de la música y la pintura, del cine, de la vida y sus quimeras. Hoy mismo he estado escuchando un buen puñado de sus canciones, líricas y cínicas, de verso bien medido y pareados a la virulé. Y con unos amigos hemos recordado a nuestro inolvidable Teófilo, Teo en todos los corazones, que vivía la música de Aute con devoción de creyente de las hermosas baladas del cantautor. Teo, con su bigote breve de presocrático de Puertollano, atravesó los mares profundos de la vida, en aquellos barcos que iban casi siempre hacia América y hace un par de años, dos años antes del Coronavirus, AC, atravesó la laguna Estigia de la mano de Caronte. Ahora ha seguido su ruta Aute,  Aute nuestro de todos los días, y es de esperar que en ese lugar-no-lugar, en ese espacio sin tiempo disfruten uno y otro de sus respectivas músicas y erudiciones, porque toda la vida es cine y toda la muerte, sueño.

 

AUTOCARTA DE AYUDA. Colaboración especial de Macaón

descarga (3)

En ocasiones, pocas, pero imprudentes, me escabullo a la azotea de mi casa a fumar un cigarrillo y contemplar el cielo. Alguna vez lo interrogo: ¿Quién vigila ahí? ¿qué estás haciendo? Nadie responde. Mejor. Mejor la nada que alguien que trate de venderte algún arreglo. La nada está siempre ahí, latente, lucha por evidenciarse y luego desaparece en la nada. Compañero, no se te puede dar bola, deja de elucubrar entelequias ¿tú cómo te encuentras? Bueno, aquí sigo que no me dejan estar en otro sitio, arrastrándome por las nubes y con la moral de un fantasma, y ahora que cargan días me mando esta carta para que no te aburras y la leas sin que la camisa te apriete demasiado el cogote y así entretengo la madeja dándome que pensar pues hago de doliente enfermo y a la vez de médico que vigila. ¿Y tú qué tal? Bien, el dolor no falta, tan encogido que echo babas de colores. Cierto que hay mañanas que me despierto extrañado, con efluvios de modorra, y cuesta saber con certeza donde me hallo. A lo mejor es que me olvido de mí mismo. La vida es un desagradable invento que no sé a quién se le ocurrió. Es como un decorado que se bambolea. Qué otra cosa decirte. Te percibo irascible y sanguíneo, ¿tal vez buscas en tu rincón sensaciones de existencia? ¿Sequía de la cabeza intentando descubrir qué se ve o no se ve? Sé bien lo que fastidia el sopor empapado en la camiseta y pierdes el aire de los pulmones quejándote de la vejiga, que todo es como raspar un fósforo encendido. Cuando el fuerte abrazo de lo imprevisto descarga un golpe sobre la roseta del hígado, sólo una sonrisa puede mantenerlo en orden, pero no es nada fácil. ¡Qué valiente el valiente que vacila! ¿Acaso presagias el fin del confín y te nacen infantes raigones? Lo tuyo son melancolías de serie. Eres un taciturno de primavera y deberías taponarte los sentidos para no perder el oriente de lo que ocurre. Yo me mantengo a tientas inventándome en un vaso de vino que hace creerme sublime anélido y poder seguir soportando lo que es posible soportar, y esto no es mucho vivir que me permite vivir, lo hago mirando como almuecín ciego y cualquier día abriré los ojos para cerrarlos sin duda antes que me alcance el dolor ajeno y el mío propio. Mejor acomodarse en el vacío, es saludable, relaja las malas sensaciones. El serrín del sentimiento. Sobretodo que la velocidad de la sangre no disminuya, a pesar de las calamidades de esta inicua existencia. Se pueden sufrir congojas de inquietud, pero deben ser sin muecas ni suspiros, sacando fuerzas de los olores que calman los dislates. Que desahogue la compasión hasta secar venas, mistifiquen las angustias y yo vuelva tranquilo a mi hoya donde escucho una pelota rebotar de una pared a otra. Podría dar un grito, pero espantaría a los fantasmas. Hay que aceptar que la angustia y la soledad y el absurdo y la pérdida y el lamento y la enfermedad y la muerte, son cuestiones de la movediza, compleja y misteriosa vida, con todos sus arrebatos. Algunos gimen y otros aguantan el golpe en silencio, y si uno obtiene cierta ventaja, más vale ocultarla. Como dijo un poeta: “hay que vivir ilusionados, pero sin hacerse ilusiones”. Cómo añoro estar frente al mar en un atardecer, cuando el cielo se pinta del morado portugués. ¿Cuajará algún día el mar? Cuando él nos cuaje a todos.

 

EL MUNDO QUE CONOCÍAMOS

estado-de-alarma-1Cientos de millones de personas asomados a sus ventanas, los que no están recluidos en sombríos interiores, viendo pasar la vida. Nos habíamos acostumbrado a las series distópicas, y muchos de nosotros aprovechábamos las noches en el sofá para darnos nuestra diaria sesión de apocalipsis. Hablo de los instalados en la zona confortable del mundo, los que teníamos aceptable sueldo, vacaciones transfronterizas en perspectiva y televisión de pago. Por las mañanas, en la oficina, (sin hacernos spoiler, por favor), hacíamos recuento de nuestras ficciones favoritas y unos hablaban con énfasis de Netflix, otros de HBO, otros de Sky, otros de Amazon prime video, y otros, las teníamos todas. El caso es que ahora que no vamos a la oficina y tenemos todo el tiempo del mundo para ver distopías, yo, al menos, he perdido el gusto por el género. Ahora paso las horas con “Fortunata y Jacinta” de Galdós, con comedias clásicas como “Con faldas y a lo loco” y con viejos estudios 1, de la videoteca de RTVE, amén del wasap en sesión continua. La distopía la tengo gratis y en abierto con solo mirar por la ventana. Cuando me canso, me voy al sofá y me asomo a la otra ventana, la del Telediario, donde le ponen cifras e imágenes a una tragedia a la que no conseguimos acostumbrarnos y que es la nuestra: no la vivimos por delegación sino en rigurosa carne propia, en primera persona, que dicen los cursis.

El mundo se ha vuelto extraño e inhóspito, un poco extraterrestre, y cuesta hacernos a la idea de qué es lo que pasa, dada la magnitud y la profundidad de la catástrofe. Estamos ante la mayor calamidad colectiva desde la Segunda Guerra Mundial, volvieron las pandemias, que asociábamos a la Edad Media. ¿Cómo imaginarlas en estos tiempos de tecnologías futuristas? Pero, aunque la peste, que tuvo diversas ediciones, mató a medio mundo en la Edad Media, hemos tenido pandemias mucho más recientes, la última la llamada “gripe española”, que se llevó por delante a más de cincuenta millones de personas. No creíamos que fueran posibles este tipo de enfermedades pegajosas, y han hecho mucho daño alertas como las de las vacas locas, el SARS o la gripe A, anunciadas en su momento con trompetería apocalíptica por los medios, y que quedaron en agua de borrajas. Esta vez, cuando quisimos caer en la cuenta, el lobo ya estaba aquí. Y cada mañana, Coronavirus-Enfermedades_infecciosas-Infecciones-Reportajes-Espana_475215027_148458640_1024x576cuando despertamos, todavía sigue ahí, porque ahora las pesadillas las vivimos en sesión diurna.

Imposible saber cómo va a acabar esta película, y cuándo, pero acabará, y difícil también entrever qué nos vamos a encontrar una vez derrotado el coronavirus. Hay quienes dicen que no aprendemos nada y que a los dos días todo seguirá igual. Me parece que se equivocan. Nunca la realidad que emerge de una guerra mundial es la misma que la que fue. Caen imperios, surgen instituciones, mueren certezas y aparecen nuevos fantasmas. Ciertamente, esto no es una guerra mundial, pero quizá sea lo que más se le parece. Estoy convencido de que el mundo que conocimos hasta hace unas semanas ya no existe.

 

 

 

 

 

 

CHOLO MÍO. COLABORACIÓN ESPECIAL DE PILAR PINEDA

CHOLEANDO 1¿Alguien se imagina a El Cholo entrenando al Real Madrid? Dan como calambres sólo de pensarlo. Y sin embargo, en 1994 se confesaba desesperado por jugar, en realidad por no jugar, en el equipo blanco. Dicen que su amigo y compatriota Fernando Redondo, que sí pertenecía a la plantilla del Madrid por entonces, le consolaba con teorías mágicas: Confíá en el destino ¿Y si te espera algo mucho mejor?

 

 

Es verdad, cada vez hay más mujeres que entienden el fútbol y de fútbol, pero servidora siempre se ha distinguido por entender más de hombres que de cualquier deporte. El fútbol, que no es cualquier deporte sino el FÚTBOL, es una inagotable, desbordante y sabrosísima exhibición de hombres en acción, en tensión, en estado de máxima alerta. Y ahí es donde brillan al máximo, con esplendor enorme, los mejores. Y no me refiero a los mejores futbolistas, ni a los mejores entrenadores, sino a esos hombres perfectos, hombres diez, y hasta veinte, que sólo de vez en cuando emergen sobre la vulgaridad, el endiosamiento, la torpeza, la doblez y no se cuántos vicios y deficiencias más . Él es uno de ellos.

 

 

Argentina, Sevilla, Italia, otra vez Argentina, otra vez Italia, creo (el orden, la verdad es que no me lo sé) pero el asunto es que el muchacho que soñaba con el Madrid acabó en el Atleti de Aragonés (según escribo esto, me pongo de pie y me quito el sombrero. Ya saben mis lectores qué otra prenda me quito, en sustitución del sombrero que no llevo, en circunstancias así). Aragonés, ¡casi nada! Yo podía haberme enamorado doscientas veces de D. Luis, si viviera, antes que de Mourinho (de quien, por cierto, no entiendo que pueda enamorarse nadie) o de Ronaldo (aquí ya sin comentarios, que hacer sangre está feo). Si viviera D. Luis…

 

 

El Cholo empezó a serlo muy pronto, a los catorce o quince años, así que ni siquiera en su casa creo que le llamen Diego, y menos Diego Pablo. Todavía jovencito empezó a cosechar fama (mala) decholo y torres intenso, que es como los periodistas afines llaman a sus protegidos. Los otros no se cortan y tiran de diccionario: duro, macarra, marrullero, provocador, sucio, violento, tramposo… (algunos blogueros del Madrid van más allá e ilustran el rapapolvo con la famosa patada-pisotón a Beckham, en el mundial del 98. Después de esto y de lo otro con el árbitro, Beckham se llevó una roja y el Cholo siguió en el campo tan a gustito. Eso no es ser sucio ni provocador, eso es ser un hijoputa muy listo).

 

Así pues, intenso, listo, levemente hijoputa y magnético como un ídolo del rock encima del escenario. Eso es lo que hubiera seguido siendo el resto de su vida deportiva, tanto de futbolista como de entrenador, de haber seguido trotando por clubes millonarios sin alma o por equipos de fantasía, con más alma que dinero. Pero le esperaba su destino, su antiguo equipo de Madrid, ¡ay!, el segundo equipo de siempre. El que había probado y saboreado sus esencias -y qué esencias, cuando ese gol al Albacete nos volvió literalmente locos- y ahora no quería ser el primero ni el ultimo, sino el único. Un equipo diferente. El Cholo dijo sí.

 

Y el Atleti fue suyo, y sobre todo nuestro, cuando por fin los años le sacaron del campo  -¡Chulooo, fantasmaaa, argentinoooo!- y le limaron esas zurraspas de peleón callejero.

 

 

Ser el líder del cole, del barrio, del equipo, eso vale a medias. Eres un verdadero líder cuando te pagan por eso, sólo por eso. La tensión de querer, inevitablemente, ser un líder, cuando aún es demasiado pronto, se acabó. “Vos sos ahora el líder absoluto, Diego. Hasé lo que haga falta”, le dijo alguien de entre los suyos. Más acá, y sin acento, le dijeron lo mismo los Cerezo, Gil y Cía. “Ahí la tienes, báilala”.

 

 

Bailó con tal entrega, que sólo el innombrable de Camas ha manchado, cosas del fútbol, su apabullante historial (innombrable y jugador cojonudo, dicho sea de paso).  Da igual. Simeone es el mismo jefe, noble, entregado, apasionado, frontal, decidido, responsable, carismático, apetente, jugoso, firme, lumínico, deseable, querible y solvente que el destino andaba buscando para el Atlético de Madrid, nuestro Atleti. Porque en nuestro Atleti hay mucha gente que no cabe, a pesar de la perfección, de la ambición o del pedigrí… Sólo caben los seres humanos exactos, héroes del liderazgo generoso y de la autocrítica justa, sin una gota de maquillaje que derrita a los aficionados y a la prensa. Sin más dolor ni más gloria que la que se necesita. Sin artilugios de venta. Sin censura. A veces sin perdón, pero muy pocas.

 

 

Las vueltas que has tenido que dar, Cholo querido, lo alto que has tenido que llegar, para ser lo más grande que le ha pasado al Atleti, ¿a que sí, Luis?

 

 

AFORISMOS DE LUNA Y FUEGO (A LA ATENCIÓN DEL LOCO DE LA COLINA). COLABORACIÓN ESPECIAL DE MACAÓN

eL LOCOAh compañero forjador de prosaicas fantasías, creador de imaginaciones que no sirven, sé que dejaste de buscar lo que no encontraste y eso está bien, hay que existir con lo mínimo.

                                    ********

Se debe huir de aquellos que se curan el vacío sin apenas esperar la risa del incrédulo. Es mejor pertenecer al gremio de los poetas mudos.

                                    ********

Sucedió el agua de olor y habitó entre nosotros la incertidumbre y agitación, la congoja y el perplejo, hasta llegar a la audacia de vivir sin armazón… y nunca debimos abandonar los lodos de la mar.

                                     *********

Ah compañero, eres un melancólico de secano y deberías taponarte los oídos para no perder el norte de lo que sucede.

                                    *********

Esta vida es sujetada y encima aprieta. Sé que duele el letargo empapado en el pañuelo y pierdes el aire quejándote de la panza, que todo es como raspar un fósforo amortiguado.

                                     **********

La miseria de un niño le interesa a una madre, la miseria de un hombre le interesa a una mujer, la miseria de un solitario viejo no le interesa a nadie.

                                     **********

El azar, que es sordo y mudo, suele poner su talego de oro en la casa del zorro. La casualidad no tiene leyes y si las hay los necesitados la desconocen.

                                      **********

Me resumo como puedo, me doblo por la mitad y recojo porciones de realidad que gimen por los rincones.

                                      **********

Por la noche la gaviota se convierte en araña, el suspiro en tramontana y a la mujer le da por comer algarrobas. También ocurre la dentellada del gusano.

                                       **********

¿Cómo está usted señor despachador de comprensiones ajenas, colocador de sentimientos, bateador de humores varios, reñidor de sueños, chupador de lenguas sordas? Yo bien, y usted. Bien, el dolor no falta, tan estrujado que echo babas de colores.

                                      ***********

Es que cuando yo nací mi madre no estaba, decía una pequeña huérfana cuando le preguntaban por su madre.

                                      ***********

Conozco el abandono, la estulticia y la indolencia en todas sus maneras, casi vivo de ello, conozco bien sus logros, altos y bajos, su forma de interrogar, sus caricias y desdenes, pero intento no darme cuenta.

                                      ***********

Ante los jodidos instintos, la palabra, la razón y la experiencia son cosas huecas.

                                       ***********

El reloj ha perdido las horas aplastadas por el peso de los segundos.

                                      ***********

Para no sentir el tiempo hay que embriagarse, ya sea de alcohol, de pasión, de quimeras. ¡Oh, ese grito del loco que desconcierta al tiempo!

                                       ***********

Los pobres siempre acaban pagando sus pecados, y muchas veces sin haberlos cometidos.

                                      **********

La felicidad es algo inasible que igual sucedió en el vientre de la madre y ahora la buscamos entre las cucarachas.

                                       ***********

Bienaventurados aquellos que nadan en ríos de vino y ven lo que no se ve y oyen lo que no se oye.

                                       ***********

Un niño judío en un campo de exterminio nazi le decía a su madre: “Mamá, cuando sea mayor quiero ser alemán”. ¿Puede una oveja envidiar al lobo?

                                        ***********

Para algunos la muerte es el final, para otros es el principio. La realidad es una cama que cambia de inquilino.

                                        ***********

Fumo, toso, escupo. Me miro al espejo. Aparece un espantajo asmático. ¿Cómo se hace para transitar con una fea costumbre?

                                        ***********

Me han diagnosticado el mal de Alzheimer, pero yo me acuerdo de todo, y mejor me lo callo.

                                         ***********

Pienso que no basta moverse para llegar, e incluso que todos los movimientos son inútiles, vanos. Claro que es posible que el movimiento sea aspiración, o incluso ilusión, de inmovilidad: moverse para permanecer inmóvil.

                                         ***********

No sé si el dolor de alma embrutece o tonifica.

                                         ***********

Quien dice luz no dice forzosamente alegría. En la luz se sufre, el exceso quema.

                                         ***********

Se puede decir de todo, nada nos ahoga, a pesar que sea de espanto lo que se diga. Chorretadas de paganas palabras (como un rollo de pianola sin fin) que distorsionan, despistan, traicionan, pero todo se engulle. Mientras tanto la vida no habla, la vida escucha y espera.

                                         ***********

Pensar sin pensar es la mejor forma de pensarlo todo, aunque algo te oprima por dentro.

                                         ***********

Las entrañas, el alma, el pensamiento, poco importa que sean perversos, eso no se ve, ni huele, ni hace ruido, pero nadie desea párpados cuarteados, ni manos escamosas, ni labios raleados.

                                        ***********

¡Hola eternidad, todo va bien mal!

                                        ***********

Pocas cosas tan excitantes como la furtiva mirada de la bella mujer de otro. Sé de miradas que hacen el amor cada día.

                                        ***********

El que busca la verdad es el que con más facilidad cae en el error.

                                       ***********

Resulta insoportable aguantar más de media hora la desesperación de otro.

                                      ***********

El mar y el desierto se asemejan: cada día son distintos, pero siempre son lo mismo: agua y arena. Y a pesar del empeño humano no existe mar o desierto que se deje acariciar.

                                      ***********

Debería entrar por el ojo de la cebolla a ver si puedo llegar a las venas de la mosca.

                                       ***********

La música del sordomudo, el aplauso del paralítico, el baile del beodo, la huella en el desierto de una serpiente que tiene frío. ¿Quién teme al amuleto de la mala suerte?

                                       ***********

De vez en cuando interrogo al infinito: ¿Quién vigila ahí? Creo que la nada. Mejor la nada que alguien que trate de venderte algún arreglo.

                                       ***********

Si agito lo razonable siempre quedan huellas de falsedad.

                                       ***********

¿Hay que beber el líquido de la mujer para no morir deshidratado?

                                       ***********

De la indolencia surge la virtud, de la febril actividad los desajustes. El tiempo vacío es en realidad el único tiempo lleno. Qué sentido tiene manejarse en un mundo de jugadores de ajedrez.

                                       ***********

Carezco de dioses y héroes, pero aun así los míos están suicidándose.

                                      ***********

¡Cariño, lávame las bragas!

                                     ***********

Como los que invocan a los muertos yo me invoco a mí mismo, pero no aparece nadie.

                                     ***********

Lo que hacemos no es tan importante como creemos. Nuestros éxitos, a fin de cuentas, no importan gran cosa, aún menos a un amigo. Posiblemente la meta puede ser no tener meta.

                                     ***********

La igualdad no existe ni siquiera en los muertos, no hay más que dar un paseo por un cementerio.

                                     ***********

Quien se aferra a las remotas mazmorras del pasado, arrastra las cadenas del condenado. De los viajes atrás no se vuelve con nada, a lo más con una pánfila nostalgia. Ningún éxtasis puede resucitarlo.

                                     ***********

Nunca hay que despreciar al solitario. En soledad se aprende a dialogar con las nubes, el mar, el viento, los pájaros, y sobre todo con el silencio.

                                     ***********

Me encantaría encontrar un espacio, un lugar de encuentro, de ausentes y sumergidos, desviados y arrecidos, tullidos y tarados, delirantes y aborrecidos, licenciosos y sudados, a todas las larvas que van errantes por la oscuridad y todos aquellos que aguardan al verdugo. Crearíamos un nuevo Nuevo Mundo.

 

Nostalgia de Quintero

QuinteroDe aquel tiempo solo va quedando el recuerdo extrañado de quienes lo vivimos. Los ochenta son ya una dictadura del calendario (cuarenta años). En la memoria hace frío, aunque también hay muchas luces, y quimeras y cubatas, y en las radios, cuando rompía la medianoche, se asomaba desde el lorquiano Guadalquivir de las estrellas un locutor de voz caliente y perfume antiguo llamado Jesús Quintero. Parece que se nota en el entorno de estos años veinte todavía sin adjetivos (felices y locos se antojan inapropiados) una cierta nostalgia del Loco de la colina, porque lo sacan por unos lados y por otros, por pantallas y papeles, como arrojándolo de los silencios en los que hacía años que se había quedado a vivir y trayéndole a esta provincia de bullicio y mala leche, de tertulianos y tuiteros, en que mal que bien, qué remedio, vamos echando el rato. Quintero, con su apellido de cancionero, es la cumbre de la radio romántica española, de manera que bienvenida sea la añoranza de aquellas noches profundas y lejanas en que un caballero más loco que cuerdo se asomaba a los acantilados de la soledad, a los manicomios del desamor con palabras donde lo hermoso no sentía reparo en compartir cama con lo cursi. Lo que no mata, engorda, lo que no acaricia puede hacer cosquillas.

            A los años les han ido creciendo piernas y la vida corre con cierto aire de desespero, pero algunos jóvenes que nunca lo escucharon rescatan aquella garganta profunda que musitaba versos con música de Pink Floyd, los Beatles y el Lebrijano y hacía preguntas que descolocaban a sus invitados y les llevaban decir lo que nunca habían dicho. Una noche Dolores Ibarruri Pasionaria rezó el Padrenuestro en latín. Quintero ponía voz a las palabras que le escribían inspirados guionistas como Javier Salvago o Raúl del Pozo, pero la resonancia de su voz era tan honda que hubiera sabido emocionarnos leyendo la guía telefónica. Mi compañero Santos López trabajó con él en Radio Sevilla de la SER cuando era un muchacho en flor y Quintero era ya un mito viviente, que se paseaba por Sevilla con un deportivo descapotable y seducía a mujeres de bandera. El Loco le ha dado a todos los palos y los géneros, ha sido y parece que sigue siendo seductor universal. Yo lo recuerdo cuando aún no se había encaramado a la colina y viajaba en Radio Nacional con una roulotte, pero fue desde las noches  de la Sevilla que fue cuna de facinerosos y truhanes, de ingenios y bribones donde le sacó las mejores notas a su guitarra. Luego en la tele se convirtió en señor de atmósferas, de claroscuros, de humo e invierno y puso en marcha programas inolvidables. Recordar a Quintero es evocar una radio y una televisión en la que había espacio para tipos como él, ajenos a politiquerías, cambalaches y cotilleos de garrafón. Divina locura la suya.

 

 

 

Sábados Literarios. Fernando Savater siempre está en el mejor lado

savater-sara-torres-arielEl último libro de Fernando Savater –esperemos que solo sea el último de momento- se titula “La peor parte” y lleva el subtítulo de “Memorias de amor”. A Savater hace cuatro años la vida le dio un golpe en su línea de flotación. El duelo del filósofo extraña, por largo, porque la vida no para de mostrar páginas y abrir ventanas y puertas, pero el caso es que nuestro hombre no levanta cabeza y eso nos extraña a quienes lo tenemos por uno de los tipos más divertidos y amables de esa jungla que llamaremos industria cultural. Savater dice que está triste y, naturalmente, le creemos, pero no hay manera de entristecerse leyendo su libro, porque él ha hecho de la amenidad y el ingenio literario sus grandes armas, y aunque cuente tristezas y desgarros, uno lo lee con fruición y aprovechamiento y con envidia también hacia quien ha sabido jugar el juego de la vida con pasión y apetito de sabio. Así que aunque la que cuente sea la peor parte, hay que constatar que él suele estar en el mejor lado y que a su lado se está bien, siquiera a su lado lector.

Como no soy crítico literario, ni malditas las ganas, no me veo obligado a buscar aspectos fallidos en la obra. A mí me gusta tal como está escrita, creo que lo ha hecho con sinceridad yportada_la-peor-parte_fernando-savater_201906121058 verdadero amor por Sara Torres, Pelo Cohete en el lenguaje íntimo de la pareja. Con ella compartió 35 años “toda una vida de felicidad”. Es verdad que no nos adentra en la espesura que es una existencia, con la profundidad y el drama que esta siempre conlleva. Ese drama solo aparece como el resultado de la muerte de Pelo Cohete, pero todas las peripecias que evoca Savater de su vida compartida son un fantástico catálogo de buenos momentos, de aventuras y dichas. La propia Sara le reprocha alguna vez su superficialidad, el hecho de que se lo toma todo como un juego, la ausencia de compromiso real con las cosas a ras de suelo. Eso es cierto, porque está en el ADN del escritor, para el que vivir ha sido una permanente búsqueda de deleites. Él mismo confiesa que hasta algo tan serio como la lucha contra ETA –ejemplar tanto en el caso de Fernando como de Sara, quien había pertenecido al grupo terrorista en los primeros setenta o al menos había coqueteado peligrosamente con él- le había divertido mucho. Bueno, cada uno está cosido de un modo singular y así como hay personas para quienes cualquier trance tiene un aire grave y funeral, hay espíritus festivos como el de Savater que saben encontrar el lado juguetón a todo, salvo cuando la muerte, claro, llega con su certificado de realidad inexorable y se lleva el juguete más amado. Pero no censuremos al elefante por ser elefante, a la rana por ser rana o a la mariposa por ser mariposa. Baste ser el mejor elefante posible, la mejor rana posible o la mejor mariposa posible. Savater no es, desde luego, elefante, pero en lo suyo nos ha ofrecido una versión exquisita, a lo que hay que añadir un sentido admirable de la educación y una sonrisa afectuosa e irónica que no ha perdido ni en los peores días, al menos en sus comparecencias públicas.

A su manera ha vivido y ha escrito Savater, una manera que le ha hecho ganarse muchas enemistades en las élites intelectuales, que durante años lo veneraron, pero ya se sabe que esas élites, con frecuencia, son alérgicas a los cambios de opiniones y posiciones y que hay una izquierda cargada de prejuicios y etiquetas que moriría antes de renunciar a sus catecismos. En fin, allá cada cual con su doctrina, y larga vida al donostiarra que ha escrito grandes páginas literarias en el último medio siglo, aunque con frecuencia las mejores no hayan sido las más graves. No está en su naturaleza.